¡Hola queridos Terrafofans!

Tras unos cuantos capítulos sin que la acción se centrase en ellos, de nuevo volvemos a tener a Michelle y Akari como personajes principales. Quedan pocos días para el examen de Anatomía, y el pobre Akari se ha dado cuenta de que tiene dudas, sobre todo relativas a los días que faltó a clase. Desde luego le vendrían genial unas clases particulares pero ¿habrá alguien dispuesto a ayudarle?

Conforme más se acercan las vacaciones navideñas más se van calentando las cosas entre diferentes personajes, y con el Secret Santa a la vuelta de la esquina los nervios de más de uno están también a flor de piel. Adelantamos ya que en esta semana y la siguiente puede que haya personajes que poco a poco se vayan dando cuenta de lo que realmente sienten, otros que afiancen aún más lo que ya sienten y alguno que llegue a tomar alguna decisión que para bien o para mal puede tener consecuencias en el futuro próximo...o lejano.

- Título: Un silencio significativo siempre es mejor que unas insignificantes palabras
- Autora: Eme sylvestris
- Palabras: 17221
- Personajes: Michelle, Akari, Adolf y Joseph.

¡Gracias a todos por seguir con nosotras! ¡Sois amor!

Para más información al respecto podéis consultar nuestro tumblr: cockroacheswetdreams


UN SILENCIO SIGNIFICATIVO SIEMPRE ES MEJOR QUE UNAS INSIGNIFICANTES PALABRAS

Se comería un jabalí…o incluso dos. Tenía tantísima hambre que en lo único en lo que podía pensar era en la deliciosa comida que guardaba en su mochila y que parecía mirarla con lujuria incitándola a que la devorase. Soltó un suspiro exasperado, quedaban 15 minutos para el descanso y se le estaban haciendo eternos. En realidad podía salir cuando quisiera ya que no teniendo clase disponía de un horario bastante libre siempre y cuando cumpliese su trabajo, pero salir antes de tiempo implicaría saltarse su propia planificación, y odiaba salirse de sus planes. Tamborileó con los dedos en la mesa y dejó escapar otro bufido, uno de sus compañeros le miró con la ceja enarcada así que optó por levantarse e ir a hacerle una visita a Adolf. Al fin y al cabo quería preguntarle si había visto a Eva y así de paso aprovechaba y hablaba un poco con él.

Esa mañana había tenido infinita suerte y no se había topado con Joseph, al parecer estaba ocupado con un grupo de sus alumnos de Biología en el campo, ya que fueron a descubrir las maravillas de la madre Naturaleza…o algo así. El caso es que se había librado de él en lo que llevaba de día, y esa era razón más que suficiente para sentirse contenta. Pasó junto al despacho de susodicho sin preocuparse porque la detectase y golpeó con suavidad pero firmeza la puerta de Adolf, esperando unos segundos a obtener permiso para pasar desde el otro lado.

- Oh, hola Michelle- saludó en cuanto ella asomó la cabeza- Pasa

Ella obedeció y entró, no pudiendo evitar depositar la mirada en la multitud de libros sobre Actinopterigios anguilifromes que poblaban las estanterías de la estancia. Se sentó en la silla frente a él y torciendo el gesto al ver la fotografía de su mujer e hija que tenía sobre la mesa. Adolf era muy hermético en lo que a su vida privada se refería, pero no era secreto para los más allegados a él que las cosas en su casa no iban bien. Michelle había tenido el placer (o no) de coincidir varias veces con Rose en casa de Shokichi y en la de Adolf mismo, y su impresión sobre ella nunca había sido muy buena. Llámalo intuición femenina, sexto sentido o capacidad de observación, pero generalmente una persona casada no se dedica a contestar menajes de teléfono con una sonrisa ausente para irse poco después alegando que le ha surgido un plan de última hora con una amiga.

- ¿Ocurre algo?- cuestionó al ver que pasaban unos segundos sin que se pronunciase.

- No, nada concreto- se quitó las gafas y empezó a limpiarlas con la manga del jersey- Buscaba a Eva.

- Tenía un poco de fiebre y la mandé a casa- apagó la pantalla del ordenador y apoyó los codos en la mesa y la barbilla sobre sus manos cruzadas - Se fue hace un par de horas.

- ¿Está bien?

- Creo que sí, sólo parecía un catarro. Pero con la epidemia de gripe que tenemos mejor prevenir.

- Cierto, ayer me faltaron 5 en una clase, y hoy 8 en otra.

- ¿Tú estás bien? Estás un poco pálida- la escrutó con la mirada y ella simplemente ladeó un poco la cabeza

- Será hambre. Me comería un oso hora mismo

- Te creo- sonrió levemente para sí

- Por cierto ¿irás a casa de Shokichi este sábado?

- Aún no lo sé, estoy pendiente de una cena familiar. Además ya sabes que el boxeo no me llama especialmente- reconoció.

- Sabes que no va a dejar de darte la lata hasta que lo confirmes ¿verdad?

- Sí- suspiró- Es bastante…insistente

- Es un pesado, dilo claramente- se levantó de la silla y se dirigió a la puerta- Voy a comer

Se despidieron y Michelle salió del despacho resoplando. Ya se había hecho a la idea de comer con Eva, y aunque habitualmente no le molestaba el pasar sola sus ratos libres lo cierto es que iba echar de menos la compañía de la joven. No obstante la suerte pareció sonreírle, y en cuanto echó andar por el pasillo pudo divisar al final del mismo una conocida y fornida figura envuelta en un extrañamente favorecer anorak de corte militar. Con la mochila colgando de un hombro, el pelo revuelto y sus características botas acordonadas negras por encima de los pantalones, no necesitó que se diera la vuelta para reconocerle.

- ¡Akari!- le llamó al ver que se alejaba en dirección a la puerta del departamento. Pudo verle girar como activado por un resorte y dedicarle una breve sonrisa. Tenía en la mano lo que parecían apuntes de su propia asignatura. Michelle no pudo evitar mostrar una expresión de suficiencia y una vez lo alcanzó se paró junto a él cruzándose de brazos.

- Hola. Esto…

- ¿Dudas?- le preguntó señalando las hojas. Él asintió- Al final vas a necesitar esas clases particulares ¿eh?- el chaval abrió los ojos de par en par y tragó saliva

- N-no quería implicar nada…

- Akari, tranquilo. Ya lo sé- Michelle miró al interior de su despacho, se habían parado a hablar en la puerta y sus compañeros la miraban desde el interior con suma curiosidad- ¿Te parece si comemos juntos y te ayudo con eso?

- No quiero molestar- dijo con tono de disculpa e inclinando ligeramente la cabeza- Come con calma, ya me paso luego.

- No molestas- le restó importancia haciendo un gesto negativo con la mano- Eva está mala así que me tocaba comer sola- Michelle entró a por su comida seguida de un tímido Akari, que pese a que cada vez se pasaba por allí más habitualmente, seguía sintiéndose intimidado por el hecho de estar en un "territorio" que no era el suyo.

Si al chaval que se balanceaba sobre los talones de sus pies tras ella le extrañaba la cantidad de comida que era capaz de ingerir, había tenido la decencia de no mostrarlo. Podía parecer poco, pero ya era más de lo que había conseguido la mayoría de la gente con la que compartía mesa alguna vez, que no dudaba en hacer algún apunte sobre su capacidad estomacal. Abrió su mochila y comprobó con resignación que a lo largo de la mañana ya había consumido casi todas las reservas de cosas para picotear con las que se abasteció esa mañana. No le quedaría más remedio que o disminuir su ritmo de ingesta o gastarse dinero en la máquina, y la primera opción no le parecía aceptable.

- ¿Qué me querías preguntar?- le cuestionó de repente conforme dejaba de rebuscar en la mochila y posaba las cosas en la mesa.

- Es que…

- Si empiezas con un "es que", malo…

Uno de sus compañeros soltó una casi imperceptible carcajada, otra de ellas negó con la cabeza sin preocuparse de ocultar una sonrisa divertida conforme salía del despacho. Por alguna razón les entretenía en sobremanera ver a Michelle tomándole el pelo al chico. Estaban acostumbrados a su naturaleza más reservada y seria, y les gustaba esa nueva faceta de la mujer que estaban conociendo desde que el japonés había empezado a hacer aparición por el departamento. Akari rebuscó nervioso entre los apuntes que tenía en las manos y a punto estuvo de tirarlos, el que las miradas del resto de doctorandos además de la de su profesora estuvieran clavadas en él no ayudaba.

- ¿Acabas?- le recriminó cruzándose de brazos y tamborileando con los dedos sobre uno de ellos. Akari se aceleró rebuscando en los apuntes y se le cayeron par de hojas. La miró mortificado y al agacharse a recogerlas se le resbalaron de los dedos el resto que tenía en la mano.

- No seas tan dura Michelle, que le pones nervioso

- Sabe que es una broma- se justificó agachándole junto a Akari y ayudándole a organizar los papeles

- ¿Ah sí?- murmuró el aludido de forma casi inconsciente. Michelle le dio un puñetazo en el brazo que pretendía ser leve pero que debió dolerle más de lo que era su intención inicial, pues emitió un quejido llevándose la mano al golpe.

Se incorporaron una vez hubieron terminado de recoger los papeles, y sin cruzar con su compañero nada más que una mirada iracunda en respuesta a la sonrisa socarrona que recibió de él, sacó a Akari del despacho y le guio por el pasillo hasta el lugar donde acostumbraba a comer. Pese a que ya era la tercera vez que el chico la acompañaba a esa hora, la facultad de medicina seguía resultándole ajena, y el único camino que conocía al dedillo era el que había desde la puerta principal hasta el departamento donde ella trabajaba. Mientras se sentaba y comenzaba su ritual de colocación de comida sobre la mesa, pudo atisbar por el rabillo del ojo a Akari quitándose la mochila y el abrigo dejándolos en el banco de enfrente. Aprovechó el momento que el chico empleó en sacar su bento de la bolsa en la que lo traía para repasar los apuntes de la discordia, y en cuanto tuvo las hojas en las manos arrugó la nariz y lo miró con incredulidad.

- Dime que esto no es tuyo.

- No, me lo han dejado mis compañeros- se sentó finalmente junto a ella y la miró excusándose- Son de los días que falté

- ¿Y pretendes estudiar con esto?- empezó a pasar hojas con consternación- Los folios están amarillos, y huelen…- olisqueó el papel- …huelen raro ¿y qué demonios es esta letra? ¡Y esto está mal!- entrecerró los ojos escudriñando la ininteligible caligrafía- Creo…

- Por eso tenía dudas- le dio un trago a la cantimplora con agua que tenía sobre la mesa, sin quitar ojo a la mujer a su lado, que seguía repasando los apuntes- Sobre todo con la contracción muscular.

- Te lo dije- apuntilló ligeramente ausente. Estaba demasiado anonadada con lo que tenía frente a ella, si todos los apuntes que tenía ese alumno eran así, dudaba muchísimo que fuese capaz de aprobar su asignatura - Pero esto es a sucio o algo ¿no?- Akari negó con la cabeza

- Hace así los de todas las asignaturas- Michelle se los devolvió con una expresión de estupefacción aún marcada en el rostro- No me entero de nada y no puedo avanzar.

- No te preocupes, te explico ahora lo que pueda y mañana te traigo un libro que te va a venir bien…

Se estaba metiendo un pedazo de comida en la boca cuando lo notó. Esa manera inconfundible de caminar, esa característica esencia que no era capaz de comparar con nada que hubiera olido antes, el eco de su voz canturreando conforme se acercaba.

- Oh mierda…- murmuró notando una sensación desagradable por el cuerpo. Ni siquiera había aparecido aún y ya sentía como si la estuviera desnudando con la mirada. Miró a su alrededor buscando algún sitio al que huir o en el que esconderse, pero las opciones disponibles implicaban tener que dejar su comida a solas, y eso era algo que no estaba dispuesta a hacer

- Michelle ¿qué pasa?- pudo oír la voz preocupada de su alumno a su lado y tras dedicarle una significativa mirada se desplazó en el banco y agarrándole de los hombros le giró haciéndole darle la espalda. Subió las piernas al asiento flexionándolas y pegando sus rodillas al cuerpo y se ocultó tras él.

- Es Joe, tápame.

Efectivamente en cuanto el chico miró al fondo del pasillo pudo ver a Joseph acercarse, con una sonrisa radiante, una bolsa en la mano y tarareando. Michelle no necesitó asomarse para saber que se estaba acercando, podía sentirlo. Su intuición le decía que el encuentro no era fortuito, y que por tanto todos sus intentos por pasar desapercibida serían inútiles, pero aun así no desaprovecharía la oportunidad de intentarlo.

- Si lo prefieres os dejo solos- murmuró cubriéndose la boca con la mano, con la intención de que el hombre, que le acaba de saludar con un gesto de la cabeza, no le viese mover los labios.

- Ni se te ocurra.

Su autoritario tono no daba opción a réplica, así que aun con cierta reticencia se recolocó en el banco intentando tapar más a la chica que se ocultaba tras él. Ella sabía que estaba poniendo a Akari en un compromiso, la tensión que sentía cada vez que Joseph se acercaba a él era más que evidente, lo cual le parecía perfectamente normal teniendo en cuenta lo acontecido un mes y pico atrás. Realmente no quería hacerle pasar por esto, pero la idea de tener que quedarse a solas con Joseph la incomodaba de una manera tal que se le quitaban hasta la ganas de comer. Mierda. La comida. En cuanto la viese sabría que ella estaba allí, si es que no se lo olía ya. Suspiró con derrotismo y se echó hacia delante, apoyando la frente entre los omóplatos del chico. Lo sintió dar un respingo y quedarse tieso como un gato de escayola.

- Gracias, pero ya sabe que estoy aquí- le murmuró permitiéndose unos segundos de descanso apoyada en él antes de oír de nuevo esa voz que tanto era capaz de enervarla.

- ¿Estás segur…

- Hola Akari- saludó con total tranquilidad, interrumpiéndole- Buenas, Michelle. ¿Cómo te ha ido el día hoy, preciosa?

- Bien hasta que llegaste- bufó alejándose del japonés y sentándose con las piernas cruzadas sobre el banco- ¿Qué haces aquí?

- Venía a proponerte que fuésemos a comer por ahí dado que no nos hemos visto en toda la mañana- se sentó en el banco frente a ellos. Olía a campo, de hecho sus botas de montaña llenas de barro y briznas de hierba delataban de dónde acababa de llegar- Pero veo que ya estás acompañada. No obstante, puedo invitaros a los dos.

- Ya tenemos comida, gracias- le estaba costando mantener la compostura, si había un momento que odiaba que le interrumpiesen era precisamente ese. Con el ceño fruncido y algo de desgana le dio un bocado a su comida y se mantuvo en silencio intentando saborearla. Quizás así se le pasase un poco el mal humor.

- Oh, vaya- pese a que su voz parecía querer mostrar decepción su rostro seguía mostrando una expresión victoriosa, irradiaba tanta confianza que Akari sentía cómo la suya propia se empequeñecía cada vez que estaba a su lado- Me quedo con vosotros, que yo también traje.

Apoyó la bolsa que traía en la mesa y empezó asacar sus cosas, si a alguno de los presentes aún le quedaba algún atisbo de duda de que ese encuentro fuese casual, Joseph acababa de confirmar que no lo era. Michelle soltó un suspiro exasperado, sabía que en esos momentos estaba siendo excesivamente cortante con él y por una vez no tenía razón para serlo, pero especialmente desde la discusión que habían tenido no podía evitar ponerse a la defensiva cada vez que lo tenía cerca. Tomó aire para tranquilizarse y siguió comiendo intentando obviar la intensa mirada de Joe sobre ella, así como la de Akari, que se intercambiaba entre ambos. Al pobre chaval se le veía totalmente fuera de lugar y masticaba con desgana, pasándose más rato revolviendo la comida en el bento con los palillos que con ellos en la boca. Le dio algo de lástima. Era plenamente consciente de que la actitud intolerante que estaba teniendo hacia Joseph no ayudaba nada a que la situación fue un poco más cómoda para los tres, así que tras tragar suspiró con cansancio e intentó establecer una conversación para aligerar el ambiente.

-Joe- ambos clavaron sus ojos en ella con cierta curiosidad al oírla hablar- He estado avanzando en el análisis de los primeros resultados de los individuos control y tengo algunas dudas. Me gustaría que me echases una mano

- Sin problema Michelle, cualquier día que quieras - sonrió aún con más amplitud- Esta tarde mismo cuando salgas de clase- le dedicó una expresión presuntuosa y se echó hacia delante hablando casi entre susurros- Ya sabes que siempre estoy disponible para ti- ni siquiera le hizo falta mirar a su izquierda para saber que Akari estaba estupefacto. Ella dejó escapar un resoplido de exasperación conforme echaba la espalda hacia atrás.

- Joseph- le recriminó

- Estoy muy contento de poder servirte de ayuda, me alegra ver que por fin confías en mí- la penetró con la mirada y ella se revolvió incómoda en el asiento. Su alumno había dejado de comer y los observaba horrorizado.

- Sólo necesito que revises la estadística- le dijo con el ceño fruncido y un tono cortante - Nada más

- Está bien- retomó su posición y le guiñó un ojo- Ya conoces mi horario, pásate a verme cuando estés libre. Aunque si lo prefieres podemos discutirlo cenando, conozco un restaurante nuevo que…

- Joe, por favor, basta.

Él hizo un gesto de disculpa y siguió comiendo. Si ya normalmente era bastante pesado en lo que a sus intentos por conquistarla se refería, llevaba unas semanas que estaba especialmente insistente. Pasó a su siguiente plato casi engulléndolo, desviando sus ojos a Akari y topándose con que él también la estaba observando. Le dedicó una sonrisa de disculpa señalando los apuntes, al fin y al cabo había ido a su despacho a preguntarle dudas y vista la situación acabaría por no resolvérselas, y tampoco era algo que pudiera explicarle en un par de minutos en un cambio de clase.

- Akari ¿no comes?- centraron su atención a Joseph, que mordisqueaba algo que terminó de tragar antes de continuar- Desde que he venido prácticamente no has probado bocado

- No tengo mucha hambre- Michelle sabía que no era verdad, y el rubio probablemente también.

- Deberías comer igualmente. Haces un entrenamiento muy duro y necesitas mucha energía ¿verdad Michelle?- no sabía si lo estaba haciendo para congraciarse con ella o porque realmente y pese a lo que pudiera parecer el chaval le caía bien. Pero en esa ocasión tuvo que agradecerle a Joseph su esfuerzo por integrar a Akari en la conversación.

- Sí. Come- el joven asintió y como para demostrar que les hacía caso se metió en la boca un trozo particularmente grande

- Traes un bento muy equilibrado ¿lo preparas tú?- preguntó. Parecía sincero, no obstante Akari miró a Michelle cuestionándole sin palabras si debía responder o no. Ella hizo un gesto con la cabeza indicándole que continuara.

- No me importa madrugar así que suelo prepararlo cuando me levanto- ya un poco más relajado al estar en un terreno en el que se sentía más seguro empezó a comer con más ganas- Me enseñó a cocinar mi madre.

- Pues lo hizo bien ¿también te enseñó ella a preparar menús tan adecuados para deportistas?

- No, eso ha sido más cosa de Keiji - reconoció- y de Michelle.

- Mi chica siempre ha sido una excelente maestra- mostró una complacida expresión al mirarla y ella se sintió a sí misma enarcando una ceja - Aunque eso tú lo sabrás mejor que nadie ¿no Akari?

- Sí, lo es- desvió la mirada y carraspeó.

- No seas pelota- le robó un trozo de tamagoyaki y se lo comió- Está rico- alabó con cierta sorpresa en la voz- Bueno, a lo que iba. Tan buena no seré si tienes dudas.

- Fue culpa mía, falté esos días.

- Os puedo echar una mano- se ofreció- ¿Sobre qué es la duda?

- No es necesario, Joe. Mi clase, mi práctica, mis alumnos, mis dudas

- De acuerdo. Pero si necesitases cualquier cosa ya sabes que…

- Sí, sí, sí, ya te avisaré- le cortó.

Para su alivio pudo ver que Akari estaba un poco más relajado y comía con ganas. Ella ya casi había terminado con su ración y Joseph hacía rato que había recogido sus cosas y se había acomodado en el banco.

- Por cierto ¿Qué tal lleváis los regalos de Secret Santa?

A Akari estuvo a punto de caérsele el recipiente que tenía en la mano. De hecho se atragantó y mientras tosía tuvo que posarlo para echar mano del agua y beber. Michelle en un acto casi reflejo se acercó a él y le empezó a frotar la espalda. Joseph, que había lanzado la pregunta, esbozó una sonrisa traviesa, con algo tan sencillo como la reacción del chico había conseguido descartar de un plumazo a multitud de posibles candidatos. Se había propuesto adivinar quién regalaba a quién ese año. Normalmente no tenía problema para saberlo, pero en esta ocasión participaban muchas personas con las que tenía poco contacto o a las que directamente ni conocía, y se le estaba complicando.

- Bien, ya tengo la idea decidida y sólo me falta comprarlo ¿y tú?- no tenía claro con qué intención había hecho Joseph la pregunta, pero consideró que contestar del modo más neutral posible era la opción acertada - ¿Estás bien?- le murmuró a Akari aun acariciándole la espalda.

- Sí, sí- respondió una vez pudo recuperar el aliento

- Aún no lo he comprado. Pero tampoco me preocupa especialmente, sé que en cuanto me decida no fallaré con el regalo- se mostraba tan convencido que resultaba difícil no creerle- ¿Y tú Akari? ¿Ya lo has decidido?

- No- respondió la boca pequeña

- Por tu reacción parece que la persona a la que regalas está presente- le cuestionó pícaramente y llevándose la mano a la barbilla.

- N-no sé por qué lo dices- fijó la mirada en el suelo y Michelle dirigió sus ojos a Joseph, que sonreía para sí. De ser otra la situación probablemente sería ella la que estuviese pinchando al chico para que hablase, pero por alguna razón le molestaba que fuese precisamente él el que lo estuviese haciendo en su lugar.

- Joe- le llamó la atención, siendo su tono de voz lo suficientemente claro como para indicarle que dejase el tema.

- Por si te he tocado yo que sepas que lo único que quiero y no tengo es una cosita preciosa, rubia y despampanante que está sentada a tu lado- Michelle soltó un bufido exasperado y apoyó la cara en las manos cogiendo aire, o se relajaba, o lo mataba, y la segunda opción aunque más atractiva, era menos viable.

- Eso no está en mi mano- respondió Akari con una acritud que no le caracterizaba- Y no es una "cosita".

Ambos se quedaron mirándole con estupefacción, especialmente ella. Al fin y al cabo Joseph ya había sido testigo de los arranques del chaval defendiéndola, pero Michelle no estaba al tanto de esa faceta.

- Tienes razón- se llevó la mano al pecho y la miró fijamente a los ojos- Lamento profundamente si te he ofendido, era simplemente una forma de hablar- Akari chascó la lengua y se cruzó de brazos, mirando en otra dirección- Dada la hora que es debo irme, esta tarde volveré con mis chicos al campo y tengo que encontrarme ahora con ellos. Comprendo que me eches de menos, Michelle

- No te echaré de menos, en absoluto

- ¿Entonces a qué se deben esos ojos vidriosos?- le agarró la mano que tenía sobre la mesa entre las suyas y clavó la mirada en su cara. Ella se echó atrás e intentó soltarse, pero lamentablemente Joseph era de las pocas personas que conocía que tenía más fuerza que ella. - Hay dos opciones. Opción uno, estás incubando algún tipo de enfermedad. Opción dos, me vas a echar tanto de menos que no puedes contener tus lágrimas. La opción uno queda automáticamente descartada, dado que con tu excelente condición física difícilmente puedes enfermar, así que claramente estás enamorada de mí.

- Opción tres, me das alergia- le interrumpió antes de que pudiese seguir desvariando- Y como me sigas tocando voy a sufrir un shock anafiláctico- pudo oír a Akari reírse por lo bajo

- No sabía que tu cuerpo reaccionaba tan violentamente cada vez que me ves, tendré que andarme con ojo para no excitarte demasiado- ¿Es que siempre tiene respuesta para todo? Pensó Michelle desesperándose y tirando con fuerza de su mano, logrando, esta vez sí, soltarse de su agarre- Pero cuídate, no tienes buena cara- le dijo pasándole un dedo por el lateral del rostro para acto seguido levantarse.

Se despidió de ellos y se marchó por dónde había venido. Michelle miró su reloj de pulsera y comprobó que tan sólo le quedaban 15 minutos más de descanso antes de volver al trabajo, había tenido una mañana casi perfecta y de un momento a otro su día se había chafado. Entendía que las intenciones de Joseph no eran malas, de hecho eran bastante claras y él mismo no tenía reparo en reconocerlo, pero eso no quitaba que no se sintiese asqueada e incómoda. Además estaba Akari, el pobre chaval parecía que no llevaba muy buen día y para colmo al final no había podido resolverle las dudas que tenía a cuenta de haber faltado a clase ¿por culpa de quién? Ah, sí ¡Joseph!

- Siento que hayas tenido que ser testigo de esto, Akari. Pero no tenía ganas de quedarme a solas con él

- Normal, si se toma esas libertades con testigos que no hará sin ellos.

- Ah, por eso no te preocupes- se echó hacia atrás en el banco, extrañamente pese a haber comido más que bien se encontraba algo cansada. Probablemente debido al agotamiento mental al que le había sometido Joe- No le importa tener público, de hecho creo que hasta lo prefiere - resopló y cerrando los ojos apoyó la cabeza en la pared que tenían tras ellos- Al final no he podido explicarte eso

- No importa. Estudiaré otra cosa esta tarde, o lo busco por internet- revolvió la comida que le quedaba aún en el bento con los palillos con desgana, desde que se había atragantado no le había apetecido seguir comiendo- No me apetece más ¿lo quieres?

- ¿No te lo vas a comer?- él negó con la cabeza- ¿En serio?- a modo de respuesta se lo ofreció, así que antes de que el chico se arrepintiese aceptó el ofrecimiento y empezó a comérselo - Esto está buenísimo- alabó entre bocados.

- Gr-gracias- por el rabillo del ojo pudo ver como un rubor teñía sus mejillas a la vez que una sonrisa se le dibujaba y se rascaba la nariz, avergonzado.

- Un día te voy a pedir que me hagas la comida- le miró y se topó con su expresión anonadada.

- Cuando quieras- Michelle sonrió al percatarse de que pese a que apartó la mirada, el chico mostraba una expresión de orgullo.

- Oye, estaba pensando… ¿qué tienes pensado hacer hoy al salir de clase? ¿Vas a pasar por el gimnasio?

- No, la verdad- se rascó la nuca- Ayer ya fui y tengo los exámenes muy encima, prefiero irme a casa a estudiar.

- ¿Quieres venir a mi casa?- en el momento en el que lanzó la pregunta se imaginaba perfectamente la reacción que Akari iba a tener, y no la decepcionó. Abrió los ojos de par en par y se quedó paralizado, como intentando asimilar lo que acababa de oír- Ya te dije que las clases particulares seguían en pie. Explicarte esa práctica me va a llevar bastante más de 10 minutos. Tengo apuntes y un par de libros que te pueden venir bien- se encogió de hombros- Es lo más práctico, y así de paso podemos dar un repaso general a lo que lleves peor.

- ¿En serio?

- Sí, en serio

- Pero, pero… ¿cómo voy a ir a tu casa? Eres mi profesora y yo soy sólo tu alumno

- Yo he estado en tu casa

- Ya pero…

- ¿Pero? ¿Qué pasa? ¿No quieres venir?- le cuestionó enarcando una ceja. Juraría que pudo percibir el momento exacto en el cual entró en pánico.

- N-no es eso…

- Akari, si es por lo de tus amigos del otro día, ya sé que no tuviste nada que ver- terminó de comer y le devolvió el bento - Son clases particulares, en ese tipo de clases o bien el profesor va a casa del alumno o viceversa, no tiene nada de raro. ¿Tanto te intimido?

- Un poco sí- reconoció agachando la cabeza

- Idiota- se rio y volvió a mirar su reloj, ahora sí o sí tenía que irse- Me tengo que marchar ya.

Terminaron de recoger y echaron a caminar por el pasillo en dirección al departamento de Michelle, una vez delante de la puerta se pararon un momento para ultimar detalles.

- A las 4 nos vemos en la parada de bus. Puede que llegue un poco tarde, pero de todas formas la línea que lleva a mi casa hasta y cuarto no pasa. Nos vemos en clase luego- se despidió con la mano e iba a entrar en el departamento cuando le oyó llamarla y se dio la vuelta. Agarraba el tirante de su mochila con nerviosismo y se mordió el labio.

- Es cierto que no tienes muy buena cara. Cuídate…- parecía más una súplica que una orden, por lo que le sonrió.

- Lo haré ¡y tira para clase que no llegas!

Abrió la puerta del departamento y entró, saludando a los conocidos y enfilando el camino hasta su despacho. Sabía que le iba a tocar enfrentarse a múltiples miradas y comentarios por parte de sus compañeros, pero en ese momento le daba igual. Tras haber sobrevivido a una comida con Joseph cualquier cosa le parecía fácil.

Por fortuna para ella, el resto de la tarde transcurrió sin más inconvenientes, incluso en la clase de Anatomía en el grupo de Akari las cosas estuvieron bastante tranquilas y las fans no dieron mucho la lata. Por lo menos, no estando ella presente, lo que hicieran a partir del momento que salió por la puerta del aula era algo que no sabría hasta que le preguntase al afectado.

Horas más tarde Akari se encontraba apoyado en la marquesina del autobús esperando a Michelle. Se abrió el cuello del abrigo, pese a estar entrando en el invierno amenazaba tormenta y el tiempo había templado, por lo que sentía que el pelo del cuello y la capucha de su anorak le atosigaban más de lo habitual. Sacó el teléfono del bolsillo para mirar la hora, sólo pasaban unos minutos de las cuatro, y sus amigos parecía que se habían cansado de mandarle mensajes tomándole el pelo. Tras salir de la Facultad de Medicina les había enviado un mensaje a sus compañeros para avisarles de que llegaría tarde. En cuanto dijo la razón las respuestas no se hicieron esperar, y así como Alex le preguntó si no le convendría pasar antes por casa a buscar condones, Marcos directamente le dio la enhorabuena y le pidió que hiciese fotos. Suspiró ¿por qué siempre lo tenían que llevar todo al ámbito sexual? No todo en la vida era sexo...o quizás sí y él pensaba que no porque no había tenido su debut. Apoyó la cabeza en la marquesina mirando los nubarrones que parecían más densos y más negros conforme avanzaba el día. Esperaba que Michelle estuviese bien, realmente se la veía menos vivaz que en su estado habitual, tenía la piel más pálida y la notaba cansada, y ser profesora en una universidad llena de alumnos contagiados de gripe era el caldo de cultivo perfecto para que enfermase. De hecho sus dos amigos de clase habían faltado durante todo el día a cuenta de que tenían gripe. Pudo oír un trueno muy a lo lejos, no se había traído paraguas así que esperaba que en caso de romper a llover el agua les diese tregua hasta que llegasen a casa de Michelle. Puede que el día fuese un poco más cálido que los anteriores, pero seguían estando en diciembre.

La vio llegar andando a paso rápido, y tras saludarle lo primero que hizo fue disculparse por llegar tarde. Una vez a su lado, la mujer se recolocó el pelo mirándose en el reflejo del cristal de la parada de autobús, se había levantado un viento bastante molesto y en su camino desde la facultad se había despeinado.

- Es la línea 7, creo. Siempre voy andando y no me acuerdo del número- comentó repasando las rutas de las diferentes líneas en el mapa convenientemente ubicado en la parada.

- Podemos ir andando si quieres

- Son unos 40 minutos, perderíamos mucho tiempo. Con el bus a menos 25 ya estamos en mi calle- rebuscó en el bolsillo de su abrigo y sacó una bolsa con un mix de frutos secos- ¿Quieres?

Alargó la mano hasta la bolsa y cogió un puñado. Siendo sincero, una vez se había recuperado del mal trago de la comida le había dado un hambre voraz. Si ya de por sí a esa hora estaba hambriento, habiendo comido menos de lo habitual lo notaba aún más. No obstante, pese a que intentó que le durasen un buen rato, aún no había llegado el autobús cuando volvía a tener las manos vacías, y de hecho juraría que tenía hasta más hambre. Intentó distraerse con el resto de la gente que esperaba en parada, pero su mirada se seguía desviando a la bolsa de frutos secos inconscientemente. Si le daban a elegir preferiría comer algo más contundente, pero no le diría que no a unas cuanta nueces y cacahuetes en ese momento. Alzó la mirada y se topó con los ojos escrutadores de Michelle, que sonrió levemente e inesperadamente le cogió de la mano y le puso en ella la bolsa, cerrándole el puño alrededor de la misma.

- Eso te pasa por no comer al mediodía, que ahora tienes hambre-

- Michelle, no hace falta- alargó la mano hacia ella con los frutos secos aun dentro de su puño, pero le ignoró

- Come y calla.

- Gracias- empezó a picotear al principio con algo de reparo y luego con más ganas. Por lo que su profesora le había dicho el autobús no tardaría mucho en llegar, y eso esperaba, el viento cada vez era más molesto y aunque no resultaba especialmente frío sí que era incómodo.

- ¿Quedan pistachos?- se le acercó hasta que estuvieron hombro con hombro, agarrándole del brazo y tirando un poco de él hacia abajo, lo suficiente como para poder asomarse dentro de la bolsa. - ¡Oh! Aquí hay uno.

Si la mujer era consciente de la serie de sentimientos que le estaba provocando al pegarse a él, era algo que Akari no sabía. Lo único que tenía claro en ese momento es que desde donde estaba podía oler su colonia además de su esencia característica, y que con tan sólo bajar un poco la cabeza podría enterrar la cara en su cuello, para mordisquear la nunca inmaculada que su corta melena dejaba al descubierto al estar ligeramente inclinada hacia delante. Agitó la cabeza, no debía pensar esas cosas, no de su profesora, no en ese momento y mucho menos en ese lugar.

- Mira, ya llega el bus.

Y como si no hubiera pasado nada se separó de él y quitándose uno de los tirantes de la mochila se giró sobre ella para buscar su cartera. Él tardó unos segundos en reaccionar, y para cuando el autobús frenaba frente a ellos, aún seguía en la misma posición en la que ella le había dejado al despegarse de él. Notó a alguien tirando de su manga y la miró, Michelle le soltó un "¡Vamos!" y se puso a la cola para subir al vehículo mientras sacaba las monedas correspondientes al importe del viaje. La imitó y se colocó a su lado, guardado finalmente la dichosa bolsa en el bolsillo del abrigo para sacar el también su cartera. ¿Cómo demonios lo iba a hacer? Olerla había disparado sus instintos más primarios y se disponía a pasar el resto de la tarde a solas con ella, en su casa para más señas. Necesitaba calmarse, y tenía que hacerlo ya.

El autobús estaba lleno, no de una forma exagerada, pero sí lo suficiente como para que al montarse no les quedara más remedio que quedarse de pie. Le indicó que la siguiera y aprovechó un rincón junto a una de las ventanas, apoyándose en la pared tras dejar la mochila a sus pies. Él se agarró a la barra que había sobre ella, aprovechando su propio brazo estirado para apoyar un poco la cabeza. La observó, parecía que algo la molestaba, y conforme más avanzaban en su trayecto más encogida en sí misma la veía ¿le pasaría lo mismo que a Alex en los autobuses? Recordaba que cuando habían ido a casa de Shokichi tiempo atrás su amigo se había agobiado muchísimo, y la cara que estaba poniendo Michelle era bastante similar a la de él. Se acercó un poco más a ella, cubriéndola un poco con su cuerpo. El olor de su champú volvió a llenarle las fosas nasales, pero tenía la mente tan ocupada en si debía preguntarle si le pasaba algo y cómo hacerlo, que todos los pensamientos puramente sexuales que ocupaban su cabeza minutos antes se habían desvanecido. Alguien empezó a silbar ¿quién demonios silbaba en un autobús? Estaba acostumbrado a su país natal, donde en los medios de transporte el silencio era característico, y no era capaz de acostumbrarse al jaleo que podía oírse en los autobuses llenos de universitarios de los que habitualmente hacía uso. Frenazo, parada, gente bajaba y gente subía, pero el maldito silbido seguía sonando. Frenazo, parada. Se repetía la operación y el molesto sonido seguía en el ambiente, frunció el ceño mirando a su alrededor ¿pero quién silbaba en un medio de transporte público?

Se centró en Michelle de nuevo, tenía la cabeza gacha y la vista clavada en el suelo ¿qué le pasaba? El autobús frenó de nuevo y ella se agarró a su abrigo, instintivamente le llevó una mano al hombro para sujetarla creyendo que iba a perder el equilibro, pero se mantuvo estática. En esta ocasión bajó bastante gente y no subió casi nadie, era una zona residencial llena de pisos ocupados por estudiantes por lo que no resultaba raro. El silbido cesó y Akari juraría que pudo oír a la mujer frente a él respirar aliviada. Le dio un apretón en el hombro que aún le estaba sujetando. Fue entonces cuando pareció reaccionar y tras mirar la mano que la estaba sujetando y luego a él se soltó de su anorak, echándose hacia atrás de nuevo apoyándose en el cristal.

- ¿Estás bien?

- Quedan dos paradas- dijo ignorando su pregunta y cruzándose de brazos, desviando la mirada al exterior.

Entre los nubarrones y que no quedaba ni media hora para que se pusiese el Sol, en los cristales se reflejaba el interior del autobús y apenas sí se podía ver ocurría fuera, así que sabía que no es que le hubiese llamado algo la atención. Claramente estaba evadiendo responderle. Dejó que su mano se deslizase por su brazo desde su hombro hasta el codo por encima de la manga de su abrigo y la soltó con cierta reticencia. La chica sumió en un absoluto mutismo hasta que llegaron a su calle y le indicó con un gesto que les tocaba bajarse. No quería presionarla, pero no podía evitar dirigirle miradas de reojo conforme caminaban hasta su portal. Michelle aún tenía el ceño ligeramente fundido y parecía perdida en sus pensamientos, pero por fortuna su expresión se suavizó al sentir el aire fresco en la cara. El ruido de los truenos era cada vez más cercano, el viento más húmedo y traía olor a lluvia, pero la tormenta no terminaba de arrancar.

Ella abrió el portal aun algo distraída, indicándole que entrase y cerrando la puerta una vez los dos estuvieron dentro. Sin mediar más palabra subieron las escaleras hasta su piso, quería preguntarle otra vez qué le pasaba, a qué se debía ese repentino cambio de humor, pero parecía irritada, o molesta, y por estúpido que pudiera parecer no se atrevía. Metió las manos en los bolsillos conforme ella introducía la llave en la cerradura de la puerta blindada que daba a su casa, y se topó además de con su teléfono, con la bolsa de frutos secos de los cuales se había olvidado al momento de poner el pie en el autobús. Tenía que decirle algo, ella hasta le había dado uno de sus preciados aperitivos y él se acobardaba hasta para preguntarle qué le pasaba, se sentía estúpido.

Entró en su apartamento y ya en un primer vistazo se notaba el toque personal de la chica. Los libros sobre medicina que poblaban las estanterías, el saco de boxeo en el salón y especialmente esa fragancia que ella siempre llevaba encima y que impregnaba toda la casa. La miró conforme dejaba la mochila al lado de un escritorio y finalmente se decidió.

- Michelle…

- Hooola cosita- se vio interrumpido por los imperceptibles pasos y el leve maullido de un gato rayado de penetrantes ojos azul hielo que se frotó con las piernas de la rubia en cuanto la vio entrar. Ella la cogió en brazos y enterró la cara en su cuello, Akari no pudo evitar sonreír al ver cómo la expresión de la chica cambiaba radicalmente y se iluminaba de nuevo- Mi gatina linda que lleva sola todo el día ¿me has echado de menos?- se alejó un momento de la gata que ronroneó y le dio un cabezazo afectuoso- Yo también- respondió frotando la mejilla con la del animal y estrujándola entre sus brazos. La gata empezó a ronronear con más fuerza- ¿Quién es la gatina más linda que hay? ¿Es Influenza?- como respondiendo la aludida maulló- Sí, es Influenza.

Él no sabía que hacer salvo observar la escena embelesado. Tras haberla visto jugar con Max era consciente de que a Michelle le gustaban los animales y que se ablandaba con ellos, pero eso superaba con creces cualquier tipo de expectativa que se pudiera llegar a haber hecho al respecto. Había llegado ya al punto en el cual la joven mantenía una conversación con la gata que Akari no llegaba a comprender, dudaba siquiera que ellas mismas la entendiesen, pero no sería él el que se lo dijese.

- Vamos a conocer a Akari, ven- escuchó de repente de entre la serie de murmullos ininteligibles que llevaban un rato sonando desde el lugar donde estaba Michelle con el animal. Se acercó a él con la cabeza apoyada en la de la gata, ligeramente ladeada y penetrándole con la mirada- Akari es un buen chico, y a Akari le gustan los gatos ¿verdad?

- S-sí- respondió sin saber muy bien que decir

- Dile hola a Akari- no podía más, en esos momentos quería abrazarla y no soltarla, enterrando la cara en su pelo tal y como ella hacía en el pelaje de la gata. La rubia cogió una de las patas del animal y la agitó como si le estuviese saludando. Él, no sabiendo cómo responder, hizo lo propio y la saludó con la mano. Michelle soltó una leve carcajada- Deja que te huela, bobo.

Akari aceró la mano y la gata empezó a olisquearle. Por un momento le entró pánico ¿y si no le aceptaba? Seguro que Michelle le echaba de su casa, no querría que estuviese allí alguien que no le gustaba a su preciada mascota. Le iba a odiar, olía a perro y a los gatos no les gustaban los perros así que probablemente le bufaría, o le arañaría o algo peor. Iba a retirar los dedos cuando sintió algo húmedo y rasposo rozarle la piel ¡le estaba lamiendo! ¿Querría decir eso que se lo iba a comer?

- ¡Está áspera!- exclamó mirando a Michelle con total confusión.

- Claro que está áspera, es la lengua de un gato- resopló como si fuera lo más obvio del mundo - Pero es buena señal, le has gustado.

- ¿Sí?- intentó acariciar al animal y para su sorpresa se dejó. Era suave, mucho más que Max, y vibraba - ¿Por qué vibra?- ella se echó a reír posando a la gata en el suelo, la cual tras estirarse y bostezar fue hasta la cocina

- Ronronea- Akari la miró, desde que había entrado en casa su expresión era otra y se la veía mucho más relajada que momentos antes. Ella le dedicó una sonrisa- Cuando están relajados y se sienten seguros los gatos ronronean.

- Oh, es raro.

- Es relajante- apuntilló mirándole - Deja tus cosas por ahí, que voy a ponerle la comida.

La perdió de vista en cuanto cruzó la puerta a la cocina y se dirigió al escritorio en el que indicó que dejase las cosas. Le recordaba al que tenía en su despacho, con botes de lápices con bolígrafos de colores, objetos de papelería en forma de animales y comida y alguna libreta, lo que más lo distinguía del que tenía en la universidad además de la ubicación y el color, era la presencia de un ordenador portátil en lugar de uno de sobremesa. Dejó su mochila en el suelo y se quitó el abrigo, desviando su mirada al corcho que había sobre la mesa. Fotografías de los que suponían que eran sus padres, dos o tres fotografías con Shokichi en diferentes etapas de su vida, otra con el mismo y Keiji… pero lo que destacaba sin duda eran láminas sobre anatomía, una tabla periódica y múltiples imágenes de animales, especialmente gatos. Alargó el dedo hasta un llavero de tela en forma de felino con un cascabel que colgaba de una chincheta, y fue entonces cuando lo vio. Con esta misma chincheta se clavaba al corcho algo que él conocía muy bien, un fragmento de papel ligeramente arrugado escrito de su puño y letra. La nota que le había dejado acompañada de un café meses atrás, el día después de conocerla. Sintió un vuelco en el estómago y la emoción embriagarle por completo, sonrió inconscientemente y aunque nadie lo miraba se sintió repentinamente avergonzado. Si hubiera sabido que la iba a guardar habría utilizado un papel más bonito, o se habría esmerado más con su caligrafía o le habría dicho algo menos insustancial. Aún tenía el anorak entre las manos cuando oyó a Michelle preguntándole desde la cocina por qué tardaba tanto, se aclaró la garganta, sabía que si hablaba en el estado en el que estaba probablemente sólo le saldría un hilo de voz. Dejó el abrigo en el mismo perchero que lo había hecho ella y se la encontró vaciando una lata en el comedero de Influenza, que la rondaba con maullidos lastimeros.

Entró en la cocina quedándose parado cerca de la puerta, observando a su alrededor. No era muy grande, pero si más amplia que la que tenían en su piso y desde luego, mejor ordenada. Por mucho que Alex intentase mantenerla impecable no dejaban de ser tres personas ocupando un espacio reducido que obligaba a tener que dejar algunas cosas por el medio. Suponía que cuando no era un día nublado y no estaba anocheciendo, como en ese momento, sería bastante luminosa dado que daba a lo que parecía una terraza. Pero en ese instante no les quedaba más remedio que encender la luz.

- Voy a prepararme merienda ¿quieres algo?

- No hace falta

- No te he preguntado si es necesario, sino si quieres- reiteró tirando la lata vacía a la basura y aclarándose las manos en el fregadero

- Bueno…- se rascó la mejilla, aún con mariposas en el estómago consecuencia de lo que acababa de ver en el corcho.

Michelle sonrió negando con la cabeza mientras se sacaba las manos en un trapo que volvió a dejar en su sitio. Akari no le quitaba ojo de encima y tampoco es que supiera donde posar su mirada de no estar sobre ella, y más aún cuando la vio empezar a quitarse el jersey que llevaba. No lo entendía, no era capaz de comprender como podía llamarle tan poderosamente la atención esa franja de piel entre la cintura del pantalón y la camiseta que pudo ver conforme la mujer se desprendía de su prenda de abrigo. En el gimnasio habitualmente llevaba tops que dejaban toda su barriga al descubierto, realmente desconocía la razón por la cual ese par de centímetros de su espalda le resultaban tan poderosamente llamativos. Quizás fuesen los milímetros de su ropa interior que asomaban por encima de sus vaqueros, o que con esa postura podía fijarse más que nunca en la bonita curva de su espalda allá donde ésta perdía su nombre. Se pasó las manos por la cara intentando dejar de devorarla con la mirada. No hacía ni 15 minutos que la pobre chica había pasado lo que parecía un mal rato en el autobús y ahí estaba él, preguntándose si sus bragas serían enteras del mismo tono malva que la cinturilla de goma que quedaba al descubierto. ¿Cómo podía estar tan salido?

Le dijo que se iba a poner más cómoda y salió de la cocina. Tomó aire. Vale, debía calmarse. Todavía podía notar una sensación agradable recorriéndole el cuerpo fruto de haber descubierto que guardaba la nota que le había escrito, así que necesitaba preguntarle por qué la tenía para salir de dudas. En realidad le daba un miedo atroz hacerlo, pero sabía que se montaría todo tipo de películas mentales si simplemente lo dejaba pasar. Y más importante y aunque había fallado en su primer intento, quería saber qué es lo que le había ocurrido antes. Se había asustado mucho al verla en ese estado, como ausente, claramente algo no iba bien y si a eso le sumaba el hecho de que se la veía un poco más apagada de lo normal su preocupación no hacía más que aumentar. Miró hacia el suelo, la gata le olía las botas. Michelle entró a los pocos minutos con unos pantalones de chándal que se le caían un poco y la misma camiseta que llevaba antes, ajustada y de color negro.

- ¿Te gusta el yogur?

- ¿Eh?- cuestionó, estaba tan distraído que tardó un instante más largo del necesario en asimilar la pregunta- Sí

La vio sacar dos cuencos de cristal de un armario y empezar a rebuscar en la nevera. Influenza salió de la habitación y sintió que esa falta de testigos era quizá el momento más oportuno para atreverse a lanzar la pregunta.

- A-ah…una pregunta...- carraspeó y comenzó a rascarse la mejilla con un dedo de nuevo, no conseguía deshacerse de esa manía cuando estaba nervioso- Antes cuando estaba dejando mis cosas me fijé en tu corcho y vi que tenías una nota mía puesta, la que te dejé con el café hace tiempo. Eh… ¿Por qué la guardas?

- Así tengo un registro de tu letra y sé si las cosas que me entregas a mano las has escrito tú o no.

Y por si el hecho de que utilizase un tono tan cortante no resultaba lo suficientemente aterrador el que eligiese justo ese momento para empezar a cortar un plátano en rodajas hizo el resto. Akari tragó saliva y clavó la vista en sus botas, ajeno por completo a la ligera sonrisa en los labios de la mujer y al hecho de que pese a su exterior imperturbable, en su interior se abofeteaba a sí misma por no haberse acordado de quitar la dichosa nota del corcho antes de dejarle entrar en el salón. Tras unos segundos de silencio incómodo se acercó a él dejándole un cuenco en las manos, alzó la mirada con cierta confusión topándose con la mujer lamiéndose lo que parecían restos de miel del dedo pulgar.

- Yogur con plátano, copos de avena y miel. Rico y sano- metió una cucharilla en el cuenco que le dejó en la manos y otra en el suyo propio y se dirigió a la puerta de la cocina- Vamos.

La siguió al salón, sentándose en la silla que le indicó a continuación. Pudo ver a la gata tumbada en el sofá, la cual comenzó a revolcarse entre los cojines llamando la atención de Michelle cuando ésta fue a dejar en la mesa de café algunas de las cosas que tenía sobre el escritorio. Le fascinaba verla así. Mucho más relajada que en la facultad, con su pantalón de chándal viejo, unas zapatillas de estar por casa en forma de oso panda, con una sonrisa tierna mientras rascaba a la gata ¡cómo le gustaría ser esa gata! Akari, basta…se dijo metiéndose una cucharada de la merienda en la boca. Tras rebuscar algo en la estantería que ocupaba prácticamente la totalidad de una de las paredes del salón, acercó una de las sillas de la cocina al escritorio y se sentó junto a él.

- Tengo un libro que te va a venir bien- comentó mientras él sacaba su material de la mochila dejándolo sobre la mesa - Ya no lo uso porque es muy sencillo para mi trabajo, pero a ti te puede servir- arrastró la silla colocándose a su lado e inclinándose sobre los apuntes que Akari había dejado sobre la mesa- Pero lo debo de tener en el desván, luego subimos a buscarlo.

- Vale, gracias-empezó a rebuscar entre las hojas intentando poner algún tipo de orden, pero su amigo parecía no numerar los apuntes, y al habérsele caído esa mañana en el despacho ordenarlos ahora parecía misión imposible.

- Deja eso y saca folios limpios, vamos a hacer los apuntes de cero- ella también abrió su mochila y sacó de ella un estuche y una libreta- ¿te parece si damos un repaso rápido a los tipos de músculos? Un vez tengamos claro cómo son y qué los diferencia es más fácil entender la contracción- Akari asintió.

- Ah, también necesito ayuda con la diferencia entre movimientos voluntarios, involuntarios y reflejos- se rascó la cabeza, pensativo- Me lío un poco- reconoció

- Bueno ya llegaremos, ahora vamos con esto- comenzó a dar golpecitos con un bolígrafo la libreta frente a ella- ¿Sabrías decirme los tipos de músculos?

Entre los dos fueron construyendo unos nuevos apuntes. Ella le preguntaba, él contestaba con lo que creía que eran la respuestas más correctas. Si acertaba le animaba, si fallaba le hacía pensar hasta hallar la solución, y si no lo conseguía, partía de cero y se lo explicaba. El tiempo fue pasando y Akari cada vez se mostraba más confiando en la materia, su profesora le estaba haciendo ver que realmente sabía mucho más de lo que creía, y que su mayor problema no había sido el no entenderlo, sino que se había agobiado al no ser capaz de descifrar los apuntes.

Los cuencos, ahora vacíos y con restos de yogur, reposaban en un rincón del escritorio cuando un rayo iluminó la habitación y su trueno correspondiente los hizo botar en el sitio. Llevaban rato oyendo la tormenta aproximarse, pero en esa ocasión había sonado mucho más cerca. La gata salió corriendo en dirección a la habitación de Michelle con el pelaje erizado. Ambos se rieron por lo bajo y Akari juraría que pudo oír a la mujer de su lado murmurar "tonta" conforme la seguía con la mirada. Se estiró en la silla y lo miró fijamente, medio sonriendo.

- ¿Viste? Un reflejo

- ¿El rayo?

- No, el tuyo- y sin previo aviso le dio un toque con el dedo índice en el costado, haciéndole botar de nuevo- Como ese- Akari se llevó la mano al lateral de su cuerpo inconscientemente, alejándose un poco de ella y mirándola con desconfianza. Tenía bastantes más cosquillas de lo que le gustaría reconocer.- ¿Te parece si aprovechamos para hacer un descanso?

- Vale, estoy entumecido- reconoció estirando la espalda hacia atrás todo lo que el respaldo le permitió.

- Normal, tienes mala postura- Michelle se levantó y se colocó tras él, cogiéndole de los hombros y haciéndole tomar una posición más erguida- Así te salen luego contracturas- se inclinó sobre él con una mano aún apoyada en uno de sus hombros y alargando el brazo hasta la mesa, chascó la lengua- Pásame eso, que no llego- le ordenó señalando los cuencos.

Un rayo volvió de nuevo a iluminar la habitación, y el trueno sonó tan cercano que casi podía sentir vibrar todo su cuerpo. Cuando su profesora volvió de la cocina tras dejar los cacharros en el fregadero, lo hizo mordisqueando lo que parecía una rebanada de pan tostado. Le ofreció un poco pero lo rechazó, y tras coger el teléfono móvil de su mochila se sentó de nuevo en la silla a su lado. La vio poner una expresión extrañada y luego mirarle a él inquisitivamente.

- ¿Qué es lo que les has dicho a Marcos y Alex?

- ¿Sobre qué?

- Sobre venir aquí- siguió leyendo mensajes en el teléfono con una ceja enarcada y soltando carcajadas sardónicas de vez en cuando

- Ehh…eh…..eh ¿Nada en concreto?- Oh no. ¿Qué demonios le estarían diciendo? Se la iban a liar otra vez con ella, y le habían prometido que iban a dejar de hacerlo. Eran unos traidores, cuando llegase a casa iban a tener que aguantar un buen sermón por su parte, estaba empezándose a hartar.

- Ya…- murmuró ella no muy convencida- Pues Yaeko me está diciendo que usemos protección y Kanako que si realmente estoy segura de querer hacerlo con alguien como tú, que puedo aspirar a alguien con más experiencia- le dio otro bocado a la tostada- Que tú eres muy crío y muy virgen.

Akari notó su cara arder casi literalmente. Los iba a matar, tanto a ellos como a ellas. Se cubrió el rostro con las manos, sin atreverse a alzar la mirada. Se la habían vuelto a jugar, no era justo, no les había hecho nada. Aunque le molestaba, podía entender que le tomasen el pelo, pero no quería que la metiesen también a ella de por medio. A saber qué pensaría de él, de lo que les habría dicho. Sentía un vacío en el estómago y una vergüenza terrible.

- Si quieres te enseño la conversación- murmuró.

- No hace falta, ya sé que es cosa suya- le rascó la cabeza suavemente con las uñas y se levantó- Vamos a por el libro.

La siguió hasta el exterior de la vivienda, dejándose guiar por el tintineo de las llaves que la chica llevaba en las manos. Y entonces, cuando ya estaban a punto de llegar a las escaleras, algo llamó la atención por el rabillo de su ojo.

- Michelle ¿Cuántos pisos hay hasta el desván?

- Tenemos que subir 9 pisos andando ¿por?- le cuestionó dándose la vuelta y cerrando el puño alrededor del llavero

- ¿Podemos ir en ascensor?

- ¿Me lo estás diciendo en serio?- pudo verla mirarle enarcando una ceja y con algo parecido a la decepción en sus ojos. Soltó una exhalación- Vago

Pero pese a ello retrocedió dos pasos y dio al botón para que el susodicho sistema de transporte acudiese a la planta en la que se encontraban. Un "ding" anunció la apertura de la puerta y ambos hicieron entrada en el cubículo, pulsando Michelle la "planta 11" segundos después. Se apoyó en la pared mientras ella le explicaba que no había ascensor directo al desván y el último piso tendrían que subirlo por las escaleras, hizo también un comentario jocoso al respecto, pero no fue capaz de reprochárselo. Ella se apoyó también en la pared a su lado, con la mirada fija en el techo de la cabina. Akari había olvidado lo incómodo que se podía hacer el espacio reducido de un ascensor, y estaba recordándolo justo en ese instante cuando los acontecimientos decidieron tomar un giro inesperado. Aunque siendo sinceros, podría tratarse de un giro esperado teniendo en cuenta las condiciones meteorológicas, pero desde luego fue una opción que no consideró a la hora de pedirle a Michelle utilizar el aparato en lugar de las escaleras. Los truenos que se oían amortiguados desde el interior del cubículo se hicieron más intensos y justo cuando Akari iba a comentar que parecía que la tormenta se estaba acercando aún más, una completa oscuridad los envolvió y con un crujido el ascensor se detuvo de golpe. En un primer momento no supo cómo reaccionar, simplemente se quedó petrificado en el sitio esperando que sus ojos se acostumbrasen la ausencia de luz alrededor suyo.

- Una idea fabulosa la de usar el ascensor- escuchó el tono ácido de Michelle recriminándole, e incluso aunque seguía siendo incapaz de ver nada, podía sentir sobre él su mirada reprobatoria

- Lo siento.

- Ya estamos…- la pudo oír resoplar- Deja de pedir perdón por todo… ¿dónde estás?

- ¿Eh? Aquí

Haciendo gala de su fino oído, tan sólo esa respuesta le valió para localizar dónde se encontraba gracias al sonido de su voz y no tardó en sentir los dedos de Michelle apoyándose en su brazo.

- ¿Tienes aquí el móvil?- Akari se llevó la mano al bolsillo del pantalón instintivamente, sacando el dispositivo y desbloqueándolo, consiguiendo que la blanquecina luz de la pantalla los iluminase a los dos. Su expresión serena consiguió calmarle, no es que le incomodasen en exceso los lugares cerrados pero la perspectiva de quedarse atrapado en un ascensor no le resultaba para nada agradable.

- Sí- respondió pese a que fuese obvio

- Déjamelo, voy a llamar al servicio técnico.

Y tal cual se lo pidió, se lo dio. Y reflexionó una vez ya era demasiado tarde, cuando ella tenía el aparato en la mano y le miraba inquisitivamente tras haber paseado sus ojos por la pantalla. Jamás en su vida había sentido un "tierra trágame" tan claro, o bueno quizás sí, cuando se había dado contra la farola o…no, definitivamente no, ni tan siquiera cuando sus amigos le habían quitado el móvil para tomarle el pelo con ella había deseado desaparecer de la faz del planeta tanto como en ese momento. Al menos en las anteriores ocasiones o bien no la conocía o bien no la tenía enfrente, pero ahora jugaba con diferentes condiciones; mantenían una relación de amistad y estaba a escasos centímetros de ella. Se cubrió la cara con las manos y sólo se atrevió a mirarla entre sus dedos, había sido tan insensato como para dejarle su teléfono sin recordar que su fondo de pantalla era una fotografía de ellos dos en la fiesta de Halloween. En ese instante quería desaparecer, o morirse, o lo que fuese con tal de no tener que enfrentarse a la mujer que le dirigía una sonrisa curiosa iluminada por la pálida luz de su dispositivo móvil. Negando con la cabeza pero sin decir nada, Michelle se dirigió al panel donde se localizaban los botones de los diferentes pisos y marcó el teléfono de emergencia que se indicaba en él. La cobertura dentro del ascensor no era muy buena, pero sí lo suficiente como para hacer una llamada rápida. Se dejó resbalar por la pared y se sentó en el suelo, sumiéndose en sí mismo a tales niveles que ni siquiera se percató de la conversación que Michelle mantuvo con el servicio técnico y de que ésta finalizó, hasta que la mujer se sentó a su lado encendiendo la linterna del teléfono y dejándolo en el suelo entre ellos para que iluminase un poco la cabina.

- Me vas a hacer preguntártelo ¿verdad?- la miró por el rabillo del ojo no sintiéndose capaz de enfrentarla directamente. Por fortuna, tenía la vista clavada en el techo.

- ¿El qué?- en realidad sabía perfectamente a qué se estaba refiriendo, pero si hacerse el tonto le ayudaba a librarse de responder, se convertiría en idiota profundo de ser necesario. Ella simplemente golpeó con la uña la carcasa del móvil a modo de respuesta, y giró la cabeza en su dirección. Akari desvió la y se empezó a masajear el cuello con la mano- Eh..eh…bueno…

No tenía ni idea de qué contestarle. De hecho ni siquiera sabía él mismo muy bien por qué tenía esa fotografía de fondo. Ahora era evidente para él que Michelle le gustaba mucho, muchísimo, pero en el momento que decidió poner esa imagen en su pantalla fue algo instintivo. Incluso cuando la volvió a seleccionar por segunda vez tras el combate con Joseph. Si le preguntaba por qué la mantenía, eso sí que lo tenía más claro, pero tampoco pensaba respondérselo claro está. Tragó saliva sonoramente, agradeciendo que el ascensor estuviese tenuemente iluminado para que así no fuese tan patente el intenso tono rojizo que estaba tiñendo su cara.

- Está bien. Cambiemos de conversación- Michelle flexionó las piernas y las pegó a su cuerpo, apoyando sus brazos cruzados sobre las rodillas y su barbilla en ellos- Los del servicio técnico me han dicho que ha caído un rayo en un tendido eléctrico cercano, nos tocará esperar un rato hasta que vuelva la luz

- Ah, vale- murmuró. Todavía notaba la cara caliente- ¿Te han dicho cuánto tardarán?

- Ni idea- inclinó la cabeza hacia él - Pueden ser 15 minutos, pueden ser varias horas. Depende un poco de la tormenta.

El silencio se volvió a instalar entre ellos, y pese a que no era muy amigo del ruido, la falta de conversación se le estaba empezando a hacer bastante agobiante. Se revolvió no terminando de encontrar una postura cómoda, lo cual no era de extrañar dado lo fríos que estaban el suelo y pared de la cabina. Pese a que ese día la temperatura hubiese subido unos grados seguía siendo diciembre, y la calefacción del edificio no llegaba al ascensor. Si él con su jersey, sus botas y sus fuertes pantalones empezaba a notar fresco, no se quería imaginar cómo estaría ella con una simple camiseta y él chándal que dejaba una pequeña franja de piel al aire, además de con unas simples zapatillas de estar por casa.

- ¿Tienes frío?- le preguntó casi inconscientemente. Quizás esa era la razón por la cual se había hecho un ovillo, y él había sido lo suficientemente desconsiderado como para no darse cuenta antes.

- Sobreviviré- bromeó. No obstante se acercó un poco más a él, lo justo hasta que sus hombros se rozaron.

- Si quieres te dejo el jersey

- Ni se te ocurra- ante su respuesta Akari se encogió un poco en sí mismo, pero se armó de valor y volvió a insistir.

- Michelle…no me importa y tú estás menos abrigada que…

- ¡Que no!-

Y antes de que pudiese decir nada más le dio un capirotazo en la frente que le hizo ver las estrellas y llevarse las manos a la cabeza. Puede que fuese un simple golpe con un dedo, pero lo sintió como un latigazo y casi pudo notar lágrimas asomando a sus ojos ¡cómo picaba!

Si se hubiese atrevido se la había devuelto al igual que haría con sus compañeros de piso, con algún puñetazo, otro capirotazo de o incluso un empujón. Pero con ella no se atrevía. No es porque fuese mujer, era simplemente porque se trataba de Michelle. No es que temiese que la fuese a hacer daño, de hecho en vista de su condición física probablemente sería al revés y acabaría doliéndole más a él; simplemente seguía sin tener el valor de tocarla sin una razón de peso. Pudo verla soltar un bufido exasperado ocultando lo que parecía una sonrisa para acto seguido darle un manotazo en el brazo con el dorso de la mano. Pese a que esta vez controló un poco más la fuerza y no le hizo tanto daño se frotó la zona golpeada y la miró con un halo de estupefacción.

- ¿Por qué me tienes tanto miedo?- él se señaló la frente y el brazo, como indicando que era evidente y Michelle chascó la lengua y se recolocó las gafas empujando la montura por el puente con el dedo índice- Eso lo entiendo, sé que hago daño cuando pego. Pero no me refiero a eso sino…- se detuvo un momento, intentando encontrar las palabras adecuadas. Akari dejó de frotarse el brazo y por primera vez desde que se habían quedado encerrados se vio capaz de mirarla a la cara- Es como si te diese miedo hablarme, preguntarme, incluso tocarme ¿tan mal te trato?

- ¿Qué? ¡NO! - no se lo podía creer ¿cómo podía pensar ella, ELLA de entre todas las personas, que lo trataba mal?

- ¿Entonces?- se apoyó de nuevo en los brazos que mantenía cruzados sobre las rodillas, con la cabeza ligeramente ladeada- Te lo pregunto en serio, no estoy muy acostumbrada a la interacción social y quizás me haya pasado

- No, no, para nada- empezó a negar con efusividad, acompañando sus palabras con movimientos de las manos y la cabeza- No eres tú, soy yo.

- Vaya cliché- bufó frunciendo el ceño

- Pero es verdad- se cubrió la cara con las manos, respiró profundamente un par de veces y tras aclararse la garganta se descubrió pese a verse incapaz de levantar la mirada del suelo- Es sólo que…no sé. Tengo miedo de meter la pata y decir o hacer algo inadecuado y que me termines odiando…y…bueno…sobre lo de tocar…La verdad es que me cuesta mantener contacto físico. En general. Con quien sea.

- Tché tranquilo, más de lo que metiste la pata al pegarte con Joseph no la vas a poder meter- se rio- Bueno, siempre y cuando no incumba a Influenza- Akari sintió cómo le agarraba de la barbilla y le alzaba la cabeza obligándole a mirarla, tenía el ceño fruncido- Eso sí que no te lo perdonaría.

Akari asintió y una vez ella le soltó se volvió a recolocar en el ascensor, apoyando de nuevo la espalda contra la pared y doblando una pierna sobre la que apoyó el codo, dejando la que tenía más cerca de Michelle extendida. Notaba el calor de la mujer a su lado pese al fresco de la cabina y le pareció que un escalofrío le recorrió el cuerpo, pero se abstuvo de ofrecerle de nuevo su jersey. No sabía cuál era la razón por la cual lo había rechazado antes, pero no quería ser pesado volviendo a insistirle. Un silencio bastante menos incómodo que el anterior los rodeó, y hasta ellos seguía llegando el sonido atenuado de los truenos al cual se había unido el de algunos vecinos bajando las escaleras o caminando por los pasillos. Ninguno de los dos hizo nada por alertarlos, al fin y al cabo las personas que realmente debían estar informadas sobre su encierro ya hacía un buen rato que conocían su situación.

Estaban manteniendo una conversación intrascendente sobre tormentas, apagones y anécdotas relacionadas con la lluvia cuando Akari notó un peso extra en su hombro y algo suave cosquilleándole el cuello. Todo ello acompañado de una para él muy conocida voz preguntándole si molestaba. Cuando respondió que ni mucho menos, Michelle apoyó la cabeza con más tranquilidad en su hombro y cerró los ojos. Podía olerla de nuevo, antes no había sido capaz de identificarlo, pero en ese momento fue capaz de reconocer el característico olor a vainilla de su champú. Siempre le había parecido que tendría el pelo muy suave, y ahora que podía sentirlo en su piel había superado sus expectativas. Si dijese que no se había puesto nervioso, mentiría, pero sí era cierto que al menos fue capaz de hacer algo más que quedarse tieso cual escultura de escayola y él también inclinó su cabeza un poco en dirección de la de ella, apoyándose en su coronilla.

- ¿Ves como no es para tanto?- le habló sin siquiera volver a abrir los ojos, aunque tampoco era algo que Akari tuviese muy seguro desde su posición

- Sí- contestó sonriendo. Carraspeó y tomó aire - ¿Puedo preguntarte algo?

- Dime

- ¿Qué te pasaba antes en el autobús?

Esta vez fue él quien pudo sentirla tensarse, incluso le pareció que la atmósfera en el ascensor se hacía más pesada y que la respiración de Michelle se detuvo un instante. Fuera como fuese el caso es que la oyó chascar la lengua y moverse en el sitio buscando una nueva postura, pese a no levantar aun la cabeza de su hombro. Daba la impresión de que había tocado fibra sensible, o sino sensible, por lo menos un tema del cual prefería no hacer comentarios. Aunque hubiera sido ella quien le animó a preguntarle cosas y a hablar más, por un momento sintió que había ido demasiado lejos con la pregunta y que habría estado mejor callado.

- Michelle…

- ¿Sabes lo que es la hiperacusia?

- No- reconoció - Ni me suena- ella se rio con desgana por lo bajo

- Irónico lo de "sonar"- tomó aire- Es una hipersensibilidad auditiva

- ¿Por eso oyes tan bien?

- No, no está relacionado- musitó por lo bajo, como reflexionando sobre qué era lo próximo que debía decir- Por decirlo de alguna manera, la hiperacusia se refiere a que mi límite de tolerancia a ciertos ruidos es muy bajo. Por ejemplo, ruidos normales como el viento, silbidos, perros ladrando, cubiertos en platos… para mi llegan a ser dolorosos- Akari se quedó pensativo unos segundos, intentando asimilar la información. No conocía nada al respecto del trastorno del cual le estaba hablando Michelle y le costaba imaginárselo- Por eso suelo comer sola.

- Porque la cafetería es demasiado ruidosa- añadió creyendo empezar a comprender el problema

- Sí

- ¿Y qué te provoca?

- Generalmente es muy molesto, incluso algo doloroso…en especial con los sonidos agudos- resopló- Es muy irritante. Habitualmente simplemente me siento incómoda y me pongo de mal humor- se quitó las gafas y se frotó los ojos con una mano- Pero a veces puedo llegar a agobiarme mucho e intento aislarme, y si no puedo hacerlo…

- Te pasa como en el autobús- la sintió asentir contra su hombro

- Los silbidos son de los sonidos que peor soporto. Y estar encerrada no ayudaba- se acurrucó un poco más contra él- Hay personas que llegan incluso a sufrir ataques de pánico- dejó escapar el aire de golpe- A mí nunca me ha llegado a pasar.

- Menos mal- respiró aliviado

- Pero también hay sonidos que me relajan- continuó mientras se ponía las gafas de nuevo - Influenza, la lluvia, las tormentas…incluso la voz de algunas personas.

- Deduzco que la de Ashley no- bromeó. La escuchó reírse por lo bajo y sonrió abiertamente

- No. Desde luego que no- se separó de él y Akari sintió un frío repentino a su lado cuando la chica se levantó- Estoy agarrotada- musitó estirándose y profiriendo a continuación un largo bostezo - ¿Cuánto rato llevamos aquí?

- Unos tres cuartos de hora- contestó mirando la hora en el teléfono.

- Buf

Michelle movió el cuello hacia los lados para recolocar sus vértebras y giró los brazos intentando desentumecer sus hombros. Puede que no tuviese problema con los espacios cerrados, pero llevaban mucho tiempo dentro y empezaba a preocuparse por la gata. El pobre animal tenía pánico de las tormentas y por lo que podía oír los truenos aún seguían resonando. Además ella misma tenía hambre y sobretodo, ganas de ir al baño. Se pasó mano por la cabeza, desenredándose el pelo con los dedos y fijó su vista en Akari, el cual tras confirmar la hora comprobó algo en el teléfono y alzó la vista hacia ella con los ojos abiertos de par en par.

- No me he olvidado de la foto

- Supongo- sonrió tímidamente y desvió la mirada al suelo, no percatándose de que se acercó a él quitándole el dispositivo de la mano.

- A mí también me gusta- dijo tras analizar de nuevo la instantánea. El chico alzó la vista cuestionándola, pero sonrió cuando sus ojos se cruzaron.

Le devolvió el teléfono y se sentó en el suelo de nuevo, esta vez frente a él. Tenía verdadera curiosidad por saber la razón por la cual tenía una imagen con ellos dos juntos en la pantalla. Era plenamente consciente de que al chico no le era indiferente, al igual que él no lo era para ella, aunque quizás en Akari fuese más evidente. La atracción era indiscutible, no obstante hasta qué punto llegaba la del japonés era algo al respecto de lo cual Michelle no tenía idea. Eran amigos, o al menos como tal lo consideraba pese a lo estricto y limitado que era ese término para ella; y puede que tan sólo lo conociese desde hacía unos meses y que el día que lo hicieron fuese cuanto menos accidentado. Pero le había demostrado que era alguien en quien podía confiar y que no iba a huir ante el primer contratiempo, tal y como habían hecho muchos de sus supuestos amigos y amigas en el pasado.

- La verdad es que no sé por qué la puse- confesó finalmente- estaba con resaca, de repente vi mensajes tuyos con fotografías de la que ni me acordaba y no sé. Fue algo automático.

- Es curioso, ahí no tenías problemas para tocarme- le chinchó refiriéndose a la forma en la cual la agarraba de la cintura.

- Estaba borracho- murmuró algo avergonzado. Pese a que hubiera pasado tiempo, seguía arrepintiéndose de su comportamiento de esa noche y sobretodo de las consecuencias del día después. Lo vio rascarse la nuca y mirarla apretando los labios en una línea, claramente quería decirle algo y le estaba costando, pero por fortuna, esta vez no tuvo que insistirle para que hablase- Cuando después de lo de Joseph dejaste de hablarme la quité- Michelle sintió una punzada de remordimiento en ese momento- Justo el día que hablamos otra vez la volví a poner, fue algo automático, no lo pensé mucho. Siento no poder ser más claro.

- No, está bien. Me gusta que me lo cuent…

No le dio tiempo a terminar la frase cuando la luz volvió al habitáculo y un estruendo muy desagradable, similar al de estar arrastrando un mueble presado sobre un suelo irregular, los envolvió. Dio un fuerte respingo y se cubrió los oídos con las manos instintivamente, Akari se medio incorporó pero volvió al sentarse cuando la cabina se detuvo de nuevo.

- ¿Qué pasa?- le escuchó preguntar con confusión en la voz, algo lejano.

- Volvió la luz pero el ascensor sigue teniendo problemas- se descubrió los oídos y se colocó el pelo detrás de las orejas- O eso parece

Resopló y apoyó la cabeza en la pared, mirando el techo. Michelle desvió la mirada de él y volvió a encoger las rodillas abrazando sus piernas, tenía algo de fresco, pero se negaba a aceptar el jersey de Akari y que pasase frío él. Al fin y al cabo era culpa suya por no haberse abrigado más. El teléfono del chico empezó a vibrar y la miró con algo de confusión al darse cuenta de que no era ningún número que tuviese registrado, lo cogió con algo de desconfianza pero a los pocos segundos su expresión se tranquilizó. Ella escuchó la conversación con atención, se trataba del servicio técnico. Al parecer pese a que se había restaurado el suministro eléctrico del barrio, el ascensor había tenido algún tipo de problema que requería de la revisión manual de un operario al que ya habían enviado. Cuando Akari finalizó la llamada e iba a explicarle lo que le habían dicho, le bastó con un gesto con la mano y una mirada de Michelle para darse cuenta de que había estado atenta a la conversación.

Pasaron unos minutos más en silencio. Michelle mentiría si dijese que no los disfrutaba. Con lo poco amiga del ruido que era, y pese a que le gustase hablar con el chico, el toparse en su vida con una persona con la que podía estar en un espacio tan reducido en completo silencio, era más de lo que podía pedir. No obstante su remanso de paz duró poco y la voz del técnico anunciando su llegada no se hizo esperar ni un cuarto de hora. Resopló hastiada, lo que menos le apetecería en esos momentos era oír al técnico dando gritos con intención de tranquilizarlos, estaban más que tranquilos, no necesitaban una voz cascada y ahogada, probablemente fruto de décadas de fumar un bueno puñado de cigarros al día, diciéndoles que todo iba a salir bien. Eso lo tenía más que claro, si no le abrían la puerta la abriría ella. De hecho si no lo había hecho ya era para no destrozar el ascensor, ya que probablemente se lo harían pagar. Miró a Akari con una expresión de hastío para indicar su descontento con el técnico, él le mostró su rostro sonriente y con gestos le indicó que se cubriese los oídos.

- ¡Estamos tranquilos! ¡Sólo haga su trabajo!

Lo miró con cierta estupefacción. No podía creerse ya no sólo el que hubiera asimilado tan rápidamente en que se basaba su hiperacusia, sino que fuese tan considerado con ella. Se destapó los oídos una vez Akari y el técnico terminaron su conversación y le dio un puñetazo afectuoso en el hombro. Controló su fuerza todo lo que fue capaz, y esta vez sí que debió de hacerlo lo suficiente, pues no le vio encogerse en sí mismo ni llevarse la mano al golpe. Era buen chico, era muy buen chico.

Habían tardado, pero parecía que todo iba a terminar saliendo bien. Lo que peor llevaba en esos momentos era el frío, el hambre, y las ganas de ir al baño, pero no era nada que no pudiese solucionar en unos minutos en cuando saliese de allí, y ya los estaban sacando. Iba a decirle a Akari que finalmente iban a poder salir sin más contratiempos cuando algo chirrió por todo el edificio y evidentemente también en la cabina del ascensor. El técnico estaba utilizando algún tipo de herramienta que emitía un sonido extremadamente agudo y molesto, al menos para ella. De hecho debía serlo en general, porque podía ver a Akari encogerse cada vez que sonaba y dirigirle miradas de odio contenido al techo. Ella se encogió en sí misma, ya habían pasado 15 segundos y el chirrido no cesaba y estaba irritándose cada vez más ¿Era necesario que hiciese tanto ruido? ¿Qué demonios estaba usando? ¿Una sierra radial? Cogió aire lentamente y lo soltó con aún más paulatinamente. Un minuto, llevaba un maldito minuto haciendo ruido. La estaba enervando, mucho, de hecho estaba empezando a acumular tal cantidad de ira en su interior que de tratarse de otro tipo de animal en vez de un Homo Sapiens, como por ejemplo una hormiga explosiva, estallaría literalmente. Su ira e indignación conforme el sonido seguía de fondo crispándole los nervios, fue poco a poco disminuyendo, y empezaron las preocupaciones. La gata estaba sola y asustada, Michelle estaba helada de frío sobretodo en la franja de piel que esos malditos pantalones dejaban al aire, el condenado ruido cada vez se hacía más cercano y para colmo no tenía a dónde huir. Se obligó a respirar con más tranquilidad. Se encontraba fatal, tenía ganas de abofetear algo y al mismo tiempo de hacerse un ovillo en algún sitio, esconderse y no salir.

Se acurrucó más en sí misma con las rodillas pegadas al cuerpo todo lo que su flexibilidad le permitió, y se cubrió los oídos con las manos intentando atenuar el molesto sonido. Se mordió el labio. Cómo odiaba eso. No quería ni irritarse más de lo que ya estaba ni mucho menos agobiarse, y estaba consiguiendo las dos cosas. Akari no tenía por qué lidiar con ello pero lamentablemente era el que estaba con ella y a quien le tocaría soportarla. Lo sabía, lo tenía bien claro, pero igualmente no era algo que pudiese controlar tan bien como querría.

Notó movimiento a su alrededor y vislumbró por el rabillo del ojo como Akari, aún sentado frente a ella, se había acercado hasta estar a unos pocos centímetros. Flexionó las piernas poniendo una a cada lado de su cuerpo, y tras apoyar los codos en las rodillas utilizó sus grandes manos para ponerlas sobre las suyas propias, cubriendo así también sus orejas y ayudándola a amortiguar el escándalo.

Miró hacia arriba y se topó con que si bien su mirada se mostraba algo preocupada, a ella le estaba dirigiendo una sonrisa radiante. Y así tal cual estaba, con las manos de Akari cubriendo sus oídos y enredando los dedos en su pelo, con esa sonrisa tranquilizadora dirigida exclusivamente a ella y con los dedos pulgares del chico acariciando suavemente sus sienes…fue la primera vez en su vida que tuvo el impulso de abrazar a alguien que no fuese su padre. Y lo habría hecho, pese a ser una idea impetuosa y que no había llegado a reflexionar realmente habría terminado por darle un abrazo, aunque fuese corto e incómodo, sino fuese porque la cabina del ascensor empezó a moverse en ese mismo instante y en cuestión de segundos la puerta se abrió con su característico "ding". Sus miradas se cruzaron un instante, y Akari dejó caer sus manos suavemente desde los laterales de su cabeza. No se lo reconocería, no al menos en ese momento, pero el frío que sintió en sus propios dedos al dejar de notar la caricia de los del chico se debía a algo más que a la baja temperatura del aire que los rodeaba.

Se incorporó mientras Akari recogía el teléfono móvil del suelo, y le ofreció una mano para ayudarle a levantarse que él aceptó. Incluso para ella, que estaba mucho más acostumbrada que el japonés al contacto físico, lo que acababa de ocurrir, o más bien, lo que acababa de sentir, había sido algo extraño. Se quitó las gafas y las empezó a limpiar de forma compulsiva con el dobladillo de la camiseta confirme salía del ascensor seguida por Akari. Cruzaron unas palabras con el técnico, que les preguntó si estaban bien y les indicó lo que había ocurrido con el ascensor, pero a ninguno de los dos les importaba mucho en ese momento. Miró el piso en el que se encontraban, el noveno; irían a por el libro, bajarían a casa y cenarían. Sin opción a réplica.

- ¡Niña!- Oh no. Bufó con hastío, Akari le dirigió una mirada interrogante y ella le hizo un gesto para que se mantuviese callado

- Déjame hablar a mí- susurró cubriéndose la boca con la mano- Hola, señora Smith.

- Pobre niña- la susodicha se trataba de una mujer entrada en años, encogida en sí misma y ataviada con una bata floreada, pero que en lugar de parecer pequeña y frágil debió de ser una gran deportista en su años mozos, pues bajo su ropa hogareña se adivinaba un cuerpo robusto. También era más alta que Michelle y su piel se mostraba morena y sus ojos almendrados eran vivarachos y curiosos- ¿Fuiste tú la que se quedó encerrada?

- Sólo fue un momento, gracias por preocuparse. Si me disculpa tengo que ir…-

- Ay niña, si estuviste más de una hora- le apoyó una mano en el hombro no dejándola marcharse- que cuando vi que se fui la luz, como antes había ido el ascensor, fui a ver si estaba parado en algún piso- se llevó la mano al pecho- Y ya vi que había alguien dentro. Si hubiera sabido que eras tú habría insistido más al servicio técnico

- ¿Llamó al servicio técnico?- musitó Akari inconscientemente. Michelle se llevó mano a la frente y resopló. La señora, que parecía no haberse percatado de su presencia hasta el momento, clavó en él su mirada, escrutándole.

- ¿Qué tenemos aquí?- se acercó tanto a él que el chico no pudo evitar dar un paso hacia atrás. Michelle observaba la escena atónica, ¿le estaba oliendo?- Oh, no me extraña que te pareciese poco tiempo con tan buena compañía, niña.- Michelle puso los ojos en blanco, Akari tragó saliva- ¡Qué exótico! ¿Ya no va a volver el chiquito rubio? Es una pena, es espectacular

- Prefiero que no vuelva el rubio.

- Lástima, pero lo exótico tampoco está mal. Tiene cara de buena persona- pellizcó al japonés en la mejilla- Es más jovencito pero, ¡uy! Está igual de bien formado- le empezó a apretar uno de los bíceps y Akari miró a Michelle suplicando ayuda sin palabras.

- No es exótico, señora Smith, la población asiática en el Mundo es mucho mayor que la caucásica. Así que estadísticamente hablando, las exóticas somos usted y yo.

- ¡Ay niña! Qué inteligente eres- le dio unas palmaditas en el hombro a Akari- Cuídala, que chicas tan listas y guapas no se encuentran en cualquier parte ¿qué piensas tú?

- Pienso que estoy de acuerdo con la señorita estadísticamente exótica.

- No lo dejes escapar niña, que es un encanto- le pellizcó en la mejilla de nuevo y el chico volvió a mirar a Michelle horrorizado.

- Señora Smith, estamos muy ocupados- agarró a Akari de los hombros y lo apartó de la mujer, interponiéndose entre ambos- Ha sido un placer hablar con usted de nuevo. Muchas gracias por preocuparse- echó a andar hacia atrás arrastrando al chico con ella- Tenga usted una buena noche- se giró hacia él y con una sola mirada se lo dijo todo, "huye".

Y así lo hizo. Pudo oír al Akari despedirse rápidamente y echar a correr por las escaleras. Ella aguantó estoicamente un poco más, lo suficiente como para no parecer maleducada, y luego lo siguió. Lo localizó un piso más arriba, mirándola estupefacto mientras recuperaba el aliento.

- ¿Qué demonios ha sido eso?

- La señora Smith. Cotillea todo de todos, probablemente de aquí a mañana todos los vecinos pensarán que he dejado a mi antiguo novio heredero de una importante familia, por un jovencito exótico.

- ¿Qué?

- Está empeñada en que cualquier chico que traigo a casa es mi novio- empezó a subir las escaleras ya a un ritmo normal, seguida por él- Es curioso porque de las chicas no lo dice, y alguna vez sí que he traído alguna novia.

Ante su última frase pudo oír a Akari tropezar con un escalón y tener que agarrarse a la barandilla para no caerse. Sentía sus ojos clavados en ella, de hecho le vio abrir la boca de par en par y detenerse unos segundos siguiéndola con la cabeza conforme seguía subiendo.

- ¿Y esa cara? ¿No serás homófobo?

- ¿Qué? NO ¡por supuesto que no! - tosió un par de veces- Es que me he acordado de la fiesta de Marcos y…- se puso rojo.

¿La fiesta de Marcos?... ¡ah sí! Cuando se habían sobado las tetas las unas a las otras. La verdad es que para un joven tan impresionable como él en lo que a temas sexuales se refería, y tan poco acostumbrado tanto a ver como a recibir contacto físico, aquello debió ser algo cuanto menos curioso.

- Ya te recrearás mentalmente luego en tu casa, ahora vamos al desván- le dio un golpecito en el brazo para que siguiese caminando y finalmente llegaron al lugar.

El piso donde se encontraban los desvanes era algo lúgubre. Tan sólo estaba iluminado por un par de bombillas que colgaban de unos cables que no daban nada de seguridad, y la lluvia repiqueteaba en el tejado resonando más que en el resto del edificio. Los truenos seguían oyéndose cerca, y la luz de los rayos que se colaba por las ventanas le daba un aspecto aún más tétrico. El desván de Michelle era pequeño, y en él sólo había un armario, una pequeña estantería con libros y apuntes viejos, y algunas cosas de la gata, como el transporte y un arañador. En seguida localizó lo que estaba buscando, y con muchos menos inconvenientes de los que tuvieron para subir, tras una carrera por las escaleras estaban de nuevo en casa de la chica al abrigo de la calefacción.

Nada más cruzar la puerta la gata salió en su búsqueda, con la cola hinchada como una piña e intentando trepar por los pantalones de la mujer, que la cogió en brazos y se encerró en el baño con ella. La dejó en el suelo mientras vaciaba su vejiga, pero la gata no parecía estar de acuerdo y quería subirse a su regazo. La chistó y el animal se quedó quieto con las orejas hacia atrás hasta que abrió el grifo para lavarse las manos, que echó a correr hacia la puerta intentando huir y encontrándosela cerrada. Se secó las manos en la toalla que tenía para tal fin y tras coger de nuevo en brazos al animal salió del baño, topándose con que Akari se había puesto ya el abrigo y estaba guardando sus cosas en la mochila.

- ¿Qué haces?

- Es tarde, me voy.

- No, te quedas- posó a la gata en el suelo, la cual se acercó a Akari y empezó a olisquearle- De aquí sin cenar no te vas

- Pero…

- Nada, nada- se acercó a él y sin darle tiempo a reaccionar, le quitó el abrigo y lo colgó en el perchero. El chico sólo fue capaz de dejarse hacer mientras la miraba con curiosidad - Ven

Michelle lo llevó al sofá y le hizo sentarse. La gata los siguió a ambos y se subió también, acomodándose al lado de un cojín que debía utilizar con asiduidad, porque estaba lleno de pelos blancos y grises. La chica se dejó caer entre los dos y abrió uno de los pequeños cajones de la mesa de café, sacando un puñado de panfletos que le puso en las manos.

Le pidió que escogiese y se fue hasta su habitación, a abrigarse algo más. No conseguía quitarse del cuerpo el frío que le había entrado en el ascensor, y de hecho se sentía un poco destemplada. Cogió una sudadera que tenía para estar por casa del perchero que colgaba de detrás de la puerta y se arrebujó en ella, recolocándose el pelo despeinado una vez ya se sentía cómoda. Al hacerlo le vino a la cabeza lo ocurrido en el ascensor un momento atrás, cuando el chico que ojeaba trípticos de restaurantes domicilio en su sofá, le había cubierto los oídos, enterrando los dedos en su pelo y masajeándole las sienes. Normalmente odiaba que le tocasen su corta melena, pero por alguna extraña razón sentía que no le importaba que él lo siguiese haciendo, le resultaba agradable. Se recolocó la gafas de las que se había desprendido al vestirse y tras coger su teléfono móvil del escritorio, donde lo había dejado con anterioridad, se volvió a sentar en el sofá junto a él, rascando de paso a la ronroneante gata que emitió un maullido casi imperceptible al verla acercarse.

- ¿Decidiste ya?

- ¿Eh? No- le devolvió los panfletos, queriéndose quitar de encima la responsabilidad de decidir dónde pedir- No es necesario, ya cenaré en casa al llegar

- ¿Te atreves a probar lo mal que hacen la comida japonesa los estadounidenses?- preguntó ignorándole.

Akari se encogió de hombros, así que como el que calla otorga marcó el número del restaurante de sushi y pidió lo que le pareció. Hasta ella que no era muy conocedora de la comida japonesa sabía que lo que un restaurante de comida rápida especializado en sushi podía ofrecer, era de todo menos algo de calidad. Pero tenía hambre, le apetecería algo fácil de comer y con lo que pudiese llenar el estómago, y, para qué negarlo, se moría de ganas de ver la reacción de Akari al comer algo típico de su país pero de una calidad pésima.

El repartidor no se hizo esperar mucho, y sólo les había dado tiempo a hacer un repaso mental rápido de lo que le había estado explicando por la tarde, cuando el telefonillo resonó por la casa anunciando la llegada de su comida. Ante el sonido la gata se tensó y empezó a mirar la puerta con desconfianza desde el sofá. Michelle le rascó la cabeza y se levantó a abrir, obligando a Akari a volverse a sentar cuando éste se incorporó para ayudarla con la comida y pagar parte del pedido.

- Si quieres ayudar, trae platos y los palillos que tengo en el primer cajón al lado del fregadero- le dijo desde la puerta, mientras esperaba apoyada en el marco a que el repartidor subiese su pedido por las escaleras.

El chico obedeció y lo sintió pasar por detrás de ella conforme pagaba. Cerró la puerta de entrada con su cadera y fue directamente al salón, dejando los recipientes con comida sobre la mesa de café. Le preguntó a Akari qué quería para beber, pero esta vez el chaval no cedió a su petición de que la esperase en el sofá y la acompañó hasta la cocina, ayudándola a coger los vasos del escurreplatos mientras ella rellenaba una jarra de agua.

Cuando empezaron a comer Michelle tuvo la satisfacción de comprobar que dos cosas que había vaticinado se cumplieron. La primera y más evidente fue la de ver a Influenza sentada entre los dos maullando e intentando capturar con la pata los trozos de pescado crudo cada vez que lo cogían con los palillos. Y por otra parte la expresión de total horror de Akari al probar la supuesta comida típica de su país no la decepcionó para nada. De hecho pudo ver cómo le daba disimuladamente algún trozo a la gata creyendo que no se daba cuenta, pero se hizo la loca. Le gustaba que su gata hiciese buenas migas con las personas que apreciaba, y el japonés no era una excepción.

Una vez hubieron terminado y con los estómagos en un principio llenos, aunque probablemente ella acabaría tomándose un vaso de leche si tardaba mucho en irse a la cama, Akari se ofreció para fregar y terminó por hacerlo pese a la inicial negativa de Michelle, que aludió que podía hacerlo ella después de llevarle a casa. No obstante la mujer debía reconocer que el que el chico recogiese la loza además de servirle para ahorrarle trabajo, también le estaba resultando útil para alegrarse la vista. Nunca antes en la vida se le había ocurrido que ver a alguien fregar los platos podría ser sexy, pero con su jersey negro arremangado, su cara de concentración y la forma en la cual se rascaba la frente o la nariz con el dorso de la mano para no pringarse, lo conseguía. Se pasó la mano por la cara, intentando tanto alejar pensamientos que no debía tener sobre un alumno, como librarse del cansancio que la estaba agarrotando el cuerpo. Volvía a notar algo de frío, y empezaba a creer que el agotamiento generalizado que sentía no se debía únicamente a lo ajetreado que había sido el día. Fue a su habitación a cambiarse el pantalón de chándal por uno más abrigado y a ponerse las botas mientras él terminaba y volvió a la cocina justo a tiempo de verle secarse las manos con un trapo y volverse a bajar las mangas del jersey mientras la miraba con una sonrisa.

- ¿Estás bien?- le oyó preguntar repentinamente- Tienes aún más cara de cansancio que al mediodía

- Sí, sí- le quitó importancia- Hoy ha sido un día muy largo

- ¿De verdad?

Michelle asintió y le instó a ponerse el abrigo. Akari cedió, pero seguía sin parecer muy convencido con sus explicaciones, no le culpaba, de estar en su situación ella tampoco lo habría hecho. Cogió las llaves del coche y después de dejar que el chico acariciase de nuevo a la gata para despedirse, salieron de casa y enfilaron las escaleras rumbo a la calle.

Pese a que la tormenta ya había amainado mucho, seguía lloviendo. De hecho parte de la calle estaba inundada, fruto de una construcción mal hecha que provocaba que hubiese un desnivel. Por suerte había dejado el coche aparcado alejado de esa zona el último día que lo había utilizado. El vehículo era viejo, estaba descolorido y se trataba de esa clase de modelos que si bien aún no eran lo suficientemente antiguos para ser considerados como clásicos o como productos dignos de restauración, tampoco era lo suficientemente nuevo como para poder encontrar las piezas de repuesto necesarias.

El camino hasta el barrio en el que vivía Akari no se hizo largo pese a que la distancia que tenían que recorrer era bastante. Detuvo el vehículo justo en frente del portal, y conforme el chico estaba a punto de salir, teniendo ya de hecho la manilla de la puerta del coche en la mano, Michelle le detuvo para decirle algo que llevaba un rato mascando.

- Akari. Gracias por lo de hoy- el chico se dio la vuelta, mirándola y se inclinó un poco instintivamente

- No, gracias a ti

- ¿Eh?

- Por las clases, y la cena…y el libro - añadió señalando la mochila.

- No cambies de tema y acepta mi agradecimiento

- Vale, vale. Gracias aceptadas- la miró durante unos segundos- Pero acepta tú también las mías

- Está bien- le concedió resoplando y con un inicio de sonrisa dibujándosele en la cara- El viernes nos vemos.

Akari asintió y salió del coche, llegando a su portal en un par de grandes zancadas y abriendo la puerta casi al instante. Había aprovechado el rato desde casa de Michelle para buscar las llaves y así no tener que hacerlo bajo el frío y la lluvia nocturna. Ella esperó hasta que lo vio entrar y cerrar la puerta tras de sí para arrancar de nuevo y emprender el retorno a su hogar. En realidad no le gustaba mucho conducir, pero debía reconocer que tener coche era algo realmente útil especialmente en una ciudad en la que vivían, muy extensa y con un transporte público bastante deficiente.

Al cruzar la puerta de su piso el aire caliente la envolvió. Se puso el pijama y manta en mano fue hasta el sofá, haciéndose un ovillo con la gata a su lado. El cansancio que llevaba notando todo el día se hizo cada vez más patente y antes de que se pudiese dar cuenta se le estaban cerrando los ojos. Atisbó a ver la hora en su teléfono móvil mientras lo silenciaba, lo dejó encima de la mesa y se acurrucó. No era muy tarde, pero se sentía hecha polvo así que se acomodó más y añadió a la manta que ya tenía encima otra que mantenía por costumbre colgada del respaldo del sofá. Pese a que se repetía a sí misma que debía levantarse y arrastrarse hasta la cama, su cuerpo no parecía opinar lo mismo y cada vez se encajaba más en el hueco de los cojines.

- Buenas noches, Influenza-

Con el murmullo de la gata encogida en su cuello, se dejó arrastrar por la característica inconsciencia de los sueños. Y en cuestión de segundos su pequeño apartamento se sumió en el más absoluto silencio, siendo éste tan sólo perturbado por una respiración lenta y acompasada, y un relajante ronroneo.