Disclaimer: nada me pertenece, los personajes son de J.K Rowling y la historia es de Caeria, que me autorizó para traducirla.
Capítulo 36 – Consecuencias
Como había estado sucediendo con demasiada frecuencia últimamente, las voces y risas que solían llenar el Gran Comedor durante el desayuno quedaron en silencio. Era fácil escuchar los sollozos de Glynnis Colbern en la mesa de Hufflepuff y la voz sorprendida de alguien en Ravenclaw repitiendo una y otra vez, "No lo entiendo."
Entonces, el murmullo comenzó, suave al principio y aumentando el volumen y velocidad como la cresta de una ola. Entre ese ruido creciente, el profesor Dumbledore se levantó. No hizo ninguna llamada de atención, pero el silencio se extendió gradualmente por el salón. Hermione vio que varios de los Aurores apostados en la pared del fondo se removían con nerviosismo. Observó al Auror Garmin tocar su varita antes de que un movimiento brusco del Auror Dawlish lo hiciera bajara su mano.
La tez de Dumbledore era pálida, casi del mismo color de su larga barba. "Estamos frente a tiempos peligrosos." Comenzó. "Hombres peligrosos caminan entre nosotros." Se detuvo, barriendo el salón con su mirada. "Crean lo que quieran. No crean todo lo que lean o escuchen." Con una expresión ilegible en su rostro, Dumbledore recogió su túnica a su alrededor y salió del salón.
El silencio siguió su salida, y luego comenzó el alboroto, con las voces compitiendo entre sí para ser escuchadas.
"No entiendo." Dijo Ron." Por qué no... él no dijo nada en realidad."
Hermione golpeó el diario abierto con un nudillo. "Aquí. El nombre de Abeforth Dumbledore está en la lista."
"Pero por qué no-" Ron se detuvo y bajó su voz antes de volver a comenzar. "¿Por qué no dijo nada cuando nos contó sobre mamá, papá y Remus?"
"Puede que no lo supiera." Dijo Ginny.
Los labios de Ron apartaron de sus dientes en un gruñido silencioso mientras pensaba en las implicaciones. "Mierda. Aberforth es un rehén para garantizar el buen comportamiento del director. De hecho, apuesto a que se llevaron familiares de un montón de gente para garantizar un buen comportamiento o algún tipo de influencia."
Harry soltó un gruñido desde donde se sentaba junto a Ron. "De verdad, de verdad quiero a Voldemort muerto. Creen que el director va..." La voz de Harry se desvaneció, sin querer decir en realidad las palabras que pensaba.
Ron y Hermione se estudiaron entre sí antes de que Ron negara con la cabeza. "No podría decirlo con certeza. Pero-" vaciló, y después siguió adelante con su pensamiento. "Dumbledore ha invertido un montón de tiempo y esfuerzo en esta lucha, en derrotar a Ya-Sabes-Quién. Probablemente más que nadie excepto el viejo Snape. No creo que – incluso por su hermano – vaya a retroceder ahora."
"El director es tan despiadado y centrado como Voldemort a su propia manera."Dijo Hermione, y luego añadió con prisa al ver el rostro de Harry volverse blanco, "Y no estoy diciendo que eso sea malo. Necesitamos a alguien que sea despiadado, sólo es algo en lo que pensar y recordar."
Harry asintió después de un momento tenso. "Hermione, ¿cuántos nombres hay en esa lista?"
Ella hizo un conteo rápido "Veintidós personas fueron trasladadas vivas." Tomó una respiración rápida y agregó, "Otros cuatro murieron al ser aprehendidos." No dijo el nombre de Remus Lupin, pero sabía que los demás estaban pensando sobre eso junto a ella.
"¿Sabes cuántos eran miembros de la Orden?"
"Sólo los que veíamos regularmente en la casa. El director es el único que conoce los nombres de todos los miembros y simpatizantes."
"Maldición."
"¿Y ahora qué?" Preguntó Ron.
Tomando la mano de Harry, Ginny se levantó. "Haremos lo que conversamos. Mis padres y hermanos no son partidarios de Ya-Sabes-Quién." Con un movimiento de cabeza que levantó alto su barbilla, Ginny guió a Harry hacia la mesa de Hufflepuff.
Harry se sentó junto a Glynnis Colbern mientras Ginny se sentaba frente a la distraída chica. Cualquier sorpresa que causaran ambos Gryffindor sentándose en la mesa de Hufflepuff, fue ensombrecida por la charla sobre los partidarios de Voldemort y la respuesta del Ministerio. Mientras observaba a Harry y Ginny hablar con Colbern, Hermione mantuvo sus oídos abiertos a las conversaciones que la rodeaban. Fiel a las predicciones del profesor Snape, las conversaciones que podía escuchar variaban desde un lado del espectro hasta el otro. Una gran cantidad de sospecha estaba contenida en las voces a su alrededor, al igual que una gran cantidad de miedo.
Por la ventaja de la altura que proporcionaba la tarima de los profesores, Severus observó las ondas de shock que se movían a través de los estudiantes reunidos en el Gran Comedor. Era casi como observar múltiples guijarros siendo arrojados a un estanque de aguas lisas. La primera de las piedras cayó, plop, cuando El Profeta y sus insinuaciones de apoyo a Voldemort atravesaron la habitación. Plop. La segunda onda fluyó rápidamente justo después de que los primeros estudiantes miraran a sus vecinos y compañeros, preguntándose ¿tú eres uno? Plop. La tercera, una piedra más grande, sus olas de reacción generaron pequeñas ondas cuando las palabras de Albus y la salida abrupta que siguió se combinaron con el nombre de Abeforth siendo encontrado en la lista del Ministerio.
Él trató de observar las ondas, trató de ver cuáles estudiantes respondieron a las noticias con horror e ira y cuáles lanzaron miradas culpables a sus compañeros. Albus estaría interesado en su reporte de cómo reaccionaron los estudiantes. Trató, trató de hacer lo que tenía que hacerse pero su concentración y control habían palidecido y encontró que su mirada se dirigía una y otra vez hacia la mesa de Gryffindor.
A ella.
Cada vez que sus ojos la encontraban, sentía que la ira crecía dentro de él, fundiendo su visión a negros y rojos. Plop. Luchó y peleó para calmar sus propias emociones turbulentas bajo la quieta superficie de su control, pero como los estudiantes bajo su mirada, las ondas lo atravesaban, incontroladas y sin obstáculos.
Plop.
¡Cómo se atrevió! ¿Creyó que podía hacer pasar por tonto?
Plop.
Ella lamentaría el día en que se cruzó por su camino.
Plop.
Rechinando los dientes, se tragó el profundo aullido de rabia que quería escapar por su garganta. Alcanzando su copa, enganchó sus dedos alrededor del frío metal, apretándolos hasta que sus nudillos quedaron blancos por la fuerza ejercida. No voy a ser gobernado. La misma naturaleza contradictoria del pensamiento le trajo una cantidad de control. Él siempre era gobernado – gobernado por Dumbledore, gobernado por el Señor Tenebroso, gobernado por las mismas emociones fuera de control que buscaba controlar tan desesperadamente. Normalmente controladas. Hubo momentos a lo largo de los años en los que había fallado. Cuando el tenaz control, desgastado por años de uso de Magia Negra, se rompía y perdía la vista de todo excepto sus propios deseos y necesidades. Ese perro roñoso de Sirius Black siempre había tenido la habilidad de traerlo a este estado. Los Potter, padre e hijo, también podían.
No había esperado que Hermione ejerciera tal control sobre él.
Su mirada volvió a recorrer la habitación, notando inmediatamente las posiciones de los Aurores, antes de volver a la mesa de Gryffindor.
Había despertado esa mañana en un enredo de sábanas, algo que no había pasado en un largo tiempo. Hubo un tiempo en el que despertarse empapado en sudor y sábanas retorcidas era casi la norma para él. Pero como no pudo recordar ninguna pesadilla y se sentía perfectamente descansado, le restó importancia al evento y comenzó su rutina matutina. Sólo fue cuando se le ocurrió enderezar la ropa de cama que encontró el sigilo.
Sus ojos encontraron la delgada figura. Ella y sus amigos se cernían sobre El Profeta extendido, sus cabezas se inclinaban juntas en compañerismo compartido.
El primer pensamiento al encontrar el sigilo había sido una especie de confusión, la incredulidad luchaba con alguna clase de desconcierto ante la idea de un hombre adulto con lo que eran obviamente sábanas de sueño para un bebé. Al ver la leona, su segundo pensamiento habían sido Albus y Minerva. No fue hasta que extendió el patrón bordado sobre su mano y sintió la firma mágica incrustada en las hebras que se dio cuenta de lo equivocado que estuvo. La incredulidad se fue para ser reemplazada por una sensación de traición que no había sentido desde Lily Potter. La furia llego velozmente luego de esa traición. Su profundidad y extensión lo sorprendió incluso a él. Enfurecido, alcanzó las sábanas, arrancándolas de la cama y sintiendo una oleada de satisfacción cuando la sedosa tela se rasgó.
Pero ese sólo había sido el inicio. Lo había visto entonces. Todas las pequeñas cosas que habían seguido, los pequeños pasos para ganar su atención, ganar su confianza, acercarse a él. Ella había aprendido bien sus lecciones, le tenía que conceder eso. Subvertir a su elfo doméstico había sido una táctica brillante y digna de cualquier Slytherin.
Ahora, sólo habían preguntas: ¿por qué él? ¿Por qué ahora? ¿Y qué ganaba ella?
Pensó que tal vez conocía las respuestas a todas ellas. Potter. Era siempre, siempre, sobre Potter y Hermione Granger haría lo que fuera necesario para salvar a Potter. Si hubiera convencido a Severus... si hubiera pedido... ¿Qué habría hecho si ella le pedía, o incluso le rogaba por la vida de Potter?"
Sintió la risa, fría e implacable que se levantaba, pero no emitió un sonido. La chica había hecho todo por nada. Ella no podría haberle pedido más de lo que Dumbledore le pedía... de lo que le pedía el recuerdo de Lily. Había imaginado la escena mil veces con mil variaciones distintas. No importaría quién se lo pidiera. Potter desafiaría al Señor Tenebroso. El Señor Tenebroso respondería. Potter haría algo estúpido y Severus se interpondría entre Potter y una prematura, pero certera muerte para lograr que el chico ganara más tiempo.
Ella lo hizo por nada. Él sonrió entonces, afilada y heladamente. Tal vez se lo diga.
Voldemort se reclinó en su silla mientras contemplaba al Ministro de Magia al otro lado del escritorio. Detestaba estas reuniones pero eran un mal necesario para controlar al Ministerio. Aún no tenía a suficientes de los suyos en posición para dominarlo por completo. No usar sus recursos con sabiduría y su propia impaciencia por el éxito habían formado parte de su caída la última vez. No volvería a cometer ese error. Moviendo sus ojos alrededor del escritorio, regresó su atención al Ministro.
"Como se discutió en la última reunión del Ministerio, se han tomado medidas para aumentar la seguridad del Ministerio en estos tiempos difíciles." Dollort inclinó la cabeza con gracia en dirección al Ministro de Magia. "En base a las recomendaciones presentadas por nuestro propio Ministro de Magia, los Aurores han salido y detenido individuos que pueden tener lazos con El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. Sobre la base de esas detenciones, hemos abierto Azkaban a una mayor población. Las medidas tomadas pueden haber sido angustiantes," dijo Dollort, reconociendo a aquellos jefes de departamento que habían expresado una oposición al plan inicial, "pero creo que veremos resultados positivos proviniendo de estas medidas."
"¿Qué es esto que escuché sobre gente nueva?" Preguntó Marigold Shrinker, la jefa del Departamento de Agricultura, en un quejido nasal.
Dollort le dio una sonrisa practicada mientras planeaba la desaparición de la viejecita en su cabeza. "Sí, añadimos personal adicional a los roles del Ministerio."
Juntando sus dedos frente a él, Dollort se concentró, profundizando el agarre del Imperius. "Varios de mis empleados han elegido cuidadosamente personas con antecedentes impecables para que sean instaladas en Azkaban para asegurarse de que todos los detenidos sean atendidos apropiadamente.
Thicknesse parpadeó, un vago ceño fruncido bajo sus cejas. "¿No sería mejor tener Aurores ahí?"
"Después de discusiones adicionales, se consideró que los Aurores serían mejor utilizados manejando emergencias reales y no haciendo de guardias. Uno o dos Aurores supervisores deberían ser más que adecuados."
El ceño fruncido del Ministro se profundizó mientras luchaba contra el dominio extraño en su voluntad. "Debemos comenzar las investigaciones oficiales de inmediato. Estoy seguro de que muchos son sólo errores."
Un divertido Dollort lo dejó luchar por un momento antes de apretar su control. "Excelente idea, Ministro. Queremos que todos sepan que estamos por encima de la situación."
Thicknesse parpadeó rápidamente y luego les sonrió a los Ministros reunidos. "Bueno, creo que eso es todo, a menos que alguien más tenga algo que agregar." Ninguno de los jefes de departamento que ya se habían reportado antes tenía nada que agregar. Cuando la reunión de terminó, Dollort se levantó. "Si no queda nada más ¿puedo volver a mis deberes?"
Thicknesse le hizo un gesto de despedida. "Si, si, por supuesto."
Dollort se giró hacia su asesor, que estaba apoyado discretamente contra la pared del fondo. "Sr. Rowle. Si es tan amable, tengo algunos asuntos adicionales que discutir con usted."
"Por supuesto, señor. Lo seguiré a su oficina."
Ambos hombres se mantuvieron en silencio a través de los corredores del Ministerio. Al alcanzar la oficina de Dollort y la seguridad de sus hechizos de privacidad, Voldemort se giró hacia Rowle. "¿Todo está listo y en su lugar?"
"Sí, señor. Nuestra gente estará allí y la puesta en escena está casi completa."
"Bien, entonces casi es la hora. Reúne a la gente adicional en la lista. Entonces ejecuta el plan."
Rowle inclinó la cabeza. "Así se hará, mi Señor."
Miranda salió del Gran Salón con la cabeza gacha y propósito en su paso. Había estudiantes dispersos frente a ella pero estaba demasiado concentrada en sus propios pensamientos para notarlo de verdad. El desayuno había sido un desastre certificado. Entre el shock de las noticias en el diario El Profeta y las sospechas entre los estudiantes que habían atravesado el salón momentos después, y Albus saliendo – decir que Miranda podía sentir que cosas malas se acercaban era un eufemismo.
Abeforth había sido una sorpresa. Ella y Dumbledore habían evaluado las implicaciones de la movida del Ministerio de detener a los Miembros de la Orden. Había estado levantada hasta tarde la noche anterior modificando las ecuaciones finales para tener en cuenta todo lo que sabía Albus desde sus fuentes que aún seguían en posiciones clave del Ministerio. El hermano de Dumbledore no había sido parte de ese trabajo.
Por las pelotas de Merlín, realmente odio esto.
Deslizándose en su sala de trabajo, Miranda lanzó una barrera 'no me molesten' y luego reactivó la matriz. "Eso no está bien" murmuró, antes de apagar la matriz y materializar las pizarras repletas de ecuaciones. Perdiéndose en las intrincadas complejidades de la Aritmancia, comenzó a recorrer cada una de las ecuaciones. Un largo tiempo después, Miranda se quedó mirando con incredulidad y algo que era casi indignación, "no puedes hacer eso," murmuró por cuarta vez. La matriz y las leyes de la Aritmancia ignoraron su indignación y continuaron haciendo exactamente lo que habían estado haciendo por la última hora o algo así.
Como lo había hecho las cuatro veces previas, Miranda agitó su varita y desvaneció la representación visual de sus ecuaciones aritmánticas. Otro movimiento más complicado materializó cada pizarra individual que contenía una ecuación de la matriz. Una vez más pasó por cada pizarra adicional buscando discrepancias o borrones accidentales... algo... cualquier cosa que explicara lo que estaba viendo. Por quinta vez, no encontró nada. Cerrando sus ojos, aún a sabiendas de la inutilidad del gesto, agitó su varita en el patrón que manifestaba la matriz. Tomando una respiración profunda, abrió sus ojos. "Bueno, mierda."
Frente a ella, la matriz parpadeó como uno de los aparatos muggle que se alineaban en las calles de Londres. En un momento la matriz estaba igual que ayer en la noche, algunos segundos después cambiaba para mostrar a Ya-Sabes-Quién ganando y el mundo mágico incendiándose en llamas multicolores. No tenía sentido.
La matriz se había mantenido estable anoche. Por supuesto, la pérdida de tantos miembros de la Orden había cambiado todos los patrones y probabilidades, pero tanto ella como Albus habían estado sorprendidos y agradecidos cuando esas probabilidades sólo habían cambiado en pequeñas cantidades, ni cerca de la cantidad que habían temido. Ella incluso había mencionado la extraña conclusión de Severus de que al final, la mayoría de la Orden no jugaría un papel decisivo de alguna manera u otra.
Y ahora esto.
"Me estoy perdiendo algo," gruñó en molestia. Entre el parpadeo, los colores y la gran cantidad de cálculos para individuos y grupos, era difícil ver algo más que una masa confusa de color. Se frotó los ojos. "Algo pasó." Pero en El Profeta no habían reportado nada que ella no hubiera contabilizado; incluso tenía incorporada la información de Severus sobre su reunión con Ya-Sabes-Quién.
Ese pensamiento la detuvo en seco. "¿Severus? Seguramente no," discutió consigo misma. Encontrando su conjunto de ecuaciones entre la maraña de pizarras, volvió a estudiar los números. "No puede ser. Es probable que él sea la ecuación más estable desde que comencé a trabajar con los números hace siete años. Nada parece que-" se detuvo y miró la matriz, buscando con los ojos. Con que casi era terror, esperó hasta que el cambio de probabilidad ocurrió una vez más y se congeló con la imagen. Agitando su varita, comenzó a remover las ecuaciones hasta que sólo quedó la de Severus, la probabilidad que lo representaba, flotando sola en su espacio de trabajo.
¿Dónde diablos está la línea rebelde?
"¡Hermione!" Al oír que gritaban su nombre, Hermione se giró para buscar entre la masa de estudiantes que llenaban las puertas del Gran Comedor. Detectando a Lavender, se dirigió hacia la chica. "Lavender." saludó a su compañera de cuarto.
"Tuve que volver al dormitorio justo después del desayuno para ir a buscar un libro que se me quedó."
Hermione, esperando que Lavender se apurara, asintió, sin entender exactamente lo que tenía que ver esto con ella.
Lavender le dio una mirada a Hermione que ella no pudo interpretar y después dijo. "Sólo pensé que deberías saber que escuché un montón de ruidos raros saliendo detrás de las cortinas de tu cama."
La inquietud inundó a Hermione. "¿Raros?" preguntó, luchando para mantener su tono de voz. "¿Qué clase de raro?"
Lavender se encogió de hombros a medias en respuesta. "De llanto y fuertes sonidos de lamentos."
La vaga inquietud se elevó a preocupación. Sólo un individuo estaría en su cama a esta hora. Rink. Alcanzando el brazo de Lavender, lo apretó. "Gracias Lavender." Ya se estaba dirigiendo hacia Gryffindor antes de que Lavender pudiera responderle.
Una vez pasada la aglomeración de estudiantes, Hermione despegó en una caminata rápida. Dirigiéndose hacia la escalera, estuvo agradecida cuando uno de los conjuntos más bajos de escaleras osciló en su dirección cuando ella alcanzó el escalón de abajo. Sabía que Severus probablemente había sido llamado anoche y que, junto con la mirada negra que le había enviado en el desayuno, tenía sus miedos trabajando horas extras. En algún lugar del segundo piso la caminata se convirtió más bien en un trote. Para cuando se dirigía por las escaleras hacia el dormitorio de las chicas la ansiedad tuvo a Hermione corriendo. Dejando caer su mochila mientras pasaba por la puerta del cuarto, Hermione patinó hasta detenerse, con su aliento saliendo en jadeos pesados. Sobre el sonido de sus boqueadas por aire, pudo escuchar claramente a través de las cortinas cerradas de su cama el suave sonido Rink en el borde de la miseria más absoluta.
Abriendo las cortinas de su cama, Hermione sintió que el suelo se desmoronaba frente a ella. Rink se sentaba balanceándose en medio de la cama, grandes y gruesas lágrimas bajaban por su rostro, mientras que sus orejas estaban dobladas en señal de angustia élfica. En un charco alrededor de las piernas de Rink estaban las sábanas que había hecho para Snape.
"¿Rink?" Cuestionó, aunque ya lo sabía.
Rink levantó las sábanas entre sus manos estiradas en una respuesta silenciosa. Hermione no tuvo problemas para identificar el gran rasgado que atravesaba la sábana inferior, como si alguien hubiera agarrado un borde y tirado la tela con fuerza.
Hermione cerró los ojos por un momento mientras la decepción y tristeza crecían dentro de ella. Entonces, guardando sus sentimientos para lidiar con ellos después, los abrió de golpe. Subiendo a la cama, cerró las cortinas de la cama y con un movimiento de varita lanzó un hechizo silenciador. Acomodándose con las piernas cruzadas frente al elfo doméstico, tomó suavemente sus manos y las desenredó de las sábanas. "Hey, está bien. Dime lo que pasó."
Rink dejó escapar un gran sonido nasal. "Rink no sabe lo que pasó. El Maestro de Pociones llamó a Rink muy temprano. El Maestro estaba enojado. Cuando Rink apareció el Maestro dijo... el Maestro dijo..."
Ella apretó las manos de Rink tranquilizadoramente. "¿Qué dijo, Rink?"
Rink hizo otro de esos grandes solo estremecidos. "El Maestro dijo que ya no requería de los servicios de Rink."
Hermione sintió un nudo en su estómago. "Oh, Rink, lo siento tanto. Nunca debí haberte envuelto en todo esto." Entonces un pensamiento horrible la golpeó. "Rink, ¿el profesor Snape te dio prendas?"
Rink negó violentamente con la cabeza, con las orejas golpeando su rostro. "El Maestro debió hacerlo. Rink desea que el M-maestro le hubiera dado prendas."
Los ojos de Hermione se agrandaron con eso. Ni siquiera Dobby había deseado prendas. Ella volvió a apretar las manos de Rink, agarrándolas con fuerza. "Él no te dio prendas. Ni te atrevas a ir deseando que lo hubiera hecho." Dijo con fiereza. "¿Me entiendes?"
Rink asintió pero Hermione pensó que no estaba convencido. "¿Qué más pasó?" Preguntó, aunque tenía una idea bastante buena.
"El Maestro tenía las sábanas en su mano. El Maestro las botó a los pies de Rink. Le dijo a Rink que le diera un mensaje a la señorita Hermione." Rink se detuvo ahí y Hermione se forzó a sí misma a hacer la próxima pregunta. "¿Qué fue lo que dijo?"
"El Maestro dijo, 'Dile a la señorita Granger que cualquier juego que creyó estar jugando se terminó. Sus servicios ya no son requeridos tampoco."
Hermione siempre había sabido que existía la posibilidad de que Snape descubriera las sábanas. La verdad, a medida que pasaba el tiempo, comenzó a creer que nunca saldría a la luz y nunca lo había pensado más allá del bien que estaban haciendo. En realidad nunca pensó en las consecuencias que habría si eran descubiertas, ni en el inicio o a medida que pasaba el tiempo y se había ido acercando a Snape.
Consecuencias, se burló de sí misma. Muy, muy Gryffindor. Era hora de lidiar con esas consecuencias.
Mirando su reloj, se dio cuenta de que ya se había perdido el comienzo de Historia de la Magia. Empujando las sábanas a un lado de la cama, Hermione forzó tanto buen humor como pudo en su voz. "Vamos, Rink. Necesito que me lleves a las cocinas. ¿Puedes hacer eso?"
Rink asintió, y con sus manos aún agarradas a las de él, Rink los desapareció. Ambos reaparecieron sentados en el largo mesón entre el ajetreo y bullicio de las cocinas de Hogwarts.
Con el corazón encogido, Hermione subió la vista, insegura de cómo sería su recepción ya que estaba segura de que la despedida de Rink había causado que las orejas se batieran por todo Hogwarts. Bajó cuidadosamente del mesón, sólo para ser abrumada por un mar de elfos domésticos dándole la bienvenida. Momentos después se encontró sentada, con una taza de té en una mano y un plato de galletas aún tibias frente a ella. Rink estaba sentado a su lado y también estaba siendo mimado.
"Señorita Hermy nos honra." Dijo un elfo que no conocía.
Hermione sacudió su cabeza. "No estoy segura de cuánto honor es conocerme en este momento."
El elfo desconocido le dio una mirada de diversión tolerante. Era la misma mirada que Hermione había recibido de sus padres a lo largo de los años cuando hacía algo que consideraban infantilmente inocente e infantilmente divertido. Dándole una corta reverencia, el elfo dijo. "Neena irá a buscar a Lonny." Y desapareció.
Hermione supo el instante en que apareció Lonny, ya que el círculo de elfos a su alrededor se dividió para admitir a la Matriarca de los Elfos de Hogwarts. Hermione estuvo de pie en un instante. "Lonny me honra." Dijo.
La boca de Lonny se crispó con esa misma mirada de diversión antes de conjurar el mismo taburete bajo que Hermione había visto cuando la conoció. Sentándose con gran dignidad, Lonny agitó una mano y dijo, "¡Fuera!" En segundos, sólo Hermione, Rink y Lonny quedaron en las cocinas.
Consecuencias, pensó, mientras se preparaba a aceptar la responsabilidad por lo que había pasado con el profesor Snape y Rink. Inhalando profundo, comenzó por el principio, desde el día en que fue con los elfos por ayuda con el profesor Snape y continuó hasta la destrucción de las sábanas y la reacción del profesor con ella y Rink esta mañana, incluso si estaba segura de que Rink ya le había contado esos detalles a Lonny. Pero quería asegurarse de que Lonny supiera que Hermione se consideraba completamente responsable, especialmente si Rink se iba a meter en cualquier clase de problema.
Lonny escuchó con atención hasta que Hermione terminó. Entonces estudió al par hasta que Hermione tuvo que luchar contra la necesidad de removerse.
"Rink," dijo Lonny, "¿a quién sirves?"
Las orejas de Rink, que se habían levantado con lentitud durante la recitación de los eventos, se volvieron a doblar hacia abajo. "Rink no sirve a ningún amo o ama excepto Hogwarts."
Lonny asintió, como si estuviera satisfecha con la respuesta. Entonces preguntó. ¿A quién servía Rink?"
Las orejas de Rink volvieron a subir. "Rink servía al Maestro de Pociones y la señorita Hermione."
"¿Yo?" Escupió Hermione en sorpresa, con lo ojos como platos. "No puedes servirme a mí."
Por su arrebato, Lonny la clavó con la mirada. Hermione hizo una mueca de vergüenza. "Lo siento."
Lonny asintió y e giró hacia Rink. "¿El Maestro de Pociones ha terminado el servicio de Rink?"
"Sí."
Lonny lanzó una mirada hacia Hermione y después de vuelta a Rink. "¿Rink cambiaría el servicio de Rink?"
La respuesta de Rink vino de inmediato y sin duda alguna. "Rink sirvió al Maestro de Pociones. El Maestro de Pociones está mejor ahora. Rink no habría servido tan bien sin la ayuda de la señorita Hermione. Rink no cambiaría el servicio de Rink."
Hermione se dio la vuelta en su asiento. "Pero Rink, él te dejó ir."
Antes de que Rink pudiera responder, Lonny golpeó la mesa, atrayendo la atención de Hermione de vuelta a ella. "¿A quién sirve la señorita Hermione?" Demandó la elfina.
Hermione se sobresaltó, sorprendida por la pregunta, pero se dio cuenta inmediatamente de lo que estaba haciendo Lonny. "No sirvo a nadie." Dijo con una sonrisa triste.
"¿A quién servía la señorita Hermione?" Preguntó Lonny a continuación, justo como había hecho con Rink.
"Servía al profesor Snape."
"El Maestro de Pociones ha terminado el servicio de la señorita Hermione."
Como Rink, Hermione respondió con un simple, "Sí."
"¿La señorita Hermione cambiaría el servicio de la señorita Hermione?"
Hermione suspiró suavemente. "No, no cambiaría lo que he hecho. El profesor Snape necesitaba a alguien... aún necesita a alguien. Estoy feliz de haber hecho lo que pude. Sólo deseo..." su voz se desvaneció y luego sacudió su cabeza. "No importa," dijo con suavidad.
Lonny la miró por un largo momento antes de asentir con su cabeza como si estuviera confirmando algo. Entonces se giró hacia Rink. "El próximo servicio de Rink será a la Casa de Slytherin."
Rink asintió, y Hermione leyó su alivio en la inclinación y doblez de sus orejas. Ella supuso que probablemente tenía que ver con el hecho de que al menos podía quedarse cerca del profesor Snape.
Entonces Lonny se giró hacia Hermione y a ella le dio curiosidad saber cuál sería la 'tarea' que le daría la Matriarca de Hogwarts. "La señorita nunca volverá a servir."
"¿Qué?" Espetó Hermione y casi inmediatamente se llevó la mano a su boca, murmurando "lo siento" entre sus dedos.
Lonny le dio otra de esas miradas. "La señorita ya ha hecho todo lo que puede hacer la señorita con el servicio. Ahora, es hora para que la señorita tome un nuevo papel. El Maestro de pociones necesita más que alguien que le sirva." Dijo Lonny.
Hermione frunció el ceño en confusión. "No entiendo."
"La señorita Hermione encontrará la respuesta de la señorita Hermione. Rink servirá a Slytherin y los elfos de Hogwarts servirán al Maestro de Pociones en lugar de Rink y la señorita Hermione."
"Pero-" Hermione volvió a intentarlo y luego se detuvo cuando las orejas de Lonny bajaron en señal de desaprobación. La palabra de Lonny como Matriarca de Hogwarts era ley, y Lonny había hablado. "Sí, señora." Dijo Hermione con un suspiro descontento. "Estoy fuera del deber de servicio."
Lonny se rió. "La señorita encontrará el camino de la señorita". Cambiando su atención a Rink, Lonny asintió. "Rink regresará a la señorita ahora."
Hermione sintió que la mano de Rink se cerraba alrededor de su brazo y luego se encontró de vuelta en su cama. Un momento después, Rink se había ido a cumplir con sus nuevos deberes y Hermione quedó sola. Bajando de su cama, miró alrededor, insegura de lo que debía hacer exactamente en este punto. Se había perdido, por primera vez desde que entró a Hogwarts, una buena porción de clases sin una buena razón. Si se iba ahora y se apuraba, podía llegar a Pociones pero realmente no quería ir. Encontró que no era capaz de preocuparse de alguna manera u otra por Slughorn o su calificación. Una parte de ella se dio cuenta de que estaba en estado de shock y podía catalogar los signos y síntomas. Al resto de ella simplemente no le importaba. Tanto había cambiado las últimas veinticuatro horas – los Weasley, el mundo mágico, Severus y Rink. Realmente no sabía lo que debía sentir primero.
Vagando sin rumbo por la habitación, tomó varios objetos al azar antes de volver a bajarlos. Alcanzando su mochila y sus contenidos dispersos, se dispuso a ordenarlos pero descubrió que realmente le faltaba la energía para volver a levantarse del suelo. Evitaba deliberadamente mirar a la cama donde yacían arrugadas las sábanas de Severus en un montón. No tenía idea de qué hacer ahora. Ella siempre tenía planes y siempre sabía lo que tenía que hacerse. Los planes y medidas eran buenos y encajaban en su mundo ordenado. Harry necesitaba ayuda así que encontró algo para poder volver a encaminarlo. Ron y Ginny necesitaban apoyo así que les ofreció su amistad. Rink estaba perdido, así que hizo lo que pudo para aliviar el daño que había creado. Pasos pulcros y ordenados.
¿Pero Severus? Aquí estaba perdida. No había medidas presentándose. No había planes surgiendo en su mente. Ningún libro la llamaba a investigar. Sentándose en el suelo con el silencio presionando a su alrededor, Hermione escuchó el extremadamente fuerte latido de su corazón. Cada tanto, levantaba el brazo y se secaba las lágrimas.
Durante los próximos días, todo lo que predijo Snape sucedió. Hogwarts se convirtió en un lugar lúgubre, lleno de estudiantes silenciosos, con ojos llenos de sospecha. Pequeños grupos de estudiantes susurraban en los pasillos, sólo para quedar en silencio cuando se acercaba otro individuo. Peleas y acusaciones habían estallado más de una vez, no sólo entre las distintas Casas, sino que dentro de las Casas también. Una pelea en la sala común de Ravenclaw había terminado con cuatro estudiantes bajo el cuidado de Madame Pomfrey.
La tensión forjándose con lentitud dentro del castillo crecía cada día, sólo para explotar cada mañana cuando aparecían más nombres en cada edición del diario El Profeta. El único aspecto positivo era que Harry parecía haber encontrado su vocación. Los cambios bruscos de temperamento y paranoia, aunque no se habían ido, al menos ahora tenían un foco. Harry había encontrado un enemigo en el que enfocarse en lugar de la figura nebulosa y fuera de alcance que era Voldemort, y él estaba haciendo una diferencia.
"¿Cuántos hoy?" Harry le preguntó a Hermione.
Para Hermione se había hecho un hábito ser quien revisara el diario cada mañana. Hojeando hasta la página correcta, escaneó rápidamente la información. "Sólo cuatro. Ningún nombre que reconozca."
Ron hizo una mueca. "Eso es algo. No mucho, pero algo." Luego, empujando su plato del desayuno a un lado, lanzó una mirada Rápida alrededor del salón. "¿Vamos a hablar con alguien esta mañana?"
Harry asintió y se inclinó hacia atrás también. "Dunnigan de Ravenclaw. Él es hijo de muggles."
"Será mejor ir, entonces. Oh, y no olviden, tengo la reunión de Premio Anual con Dawlish esta tarde. Maldito alcahuete."
"Funciona en nuestro favor si los Aurores aún creen que nos espías por ellos." Dijo Hermione.
"No quiere decir que lo disfrute, y actuar como Percy hace que me duela la cabeza."
Dejando escapar una risita a medias, Hermione asintió a la sala abierta, "Deja de refunfuñar y vayan." Mientras los observaba dirigirse hacia la mesa de Ravenclaw, se arriesgó a mirar la Mesa Principal con el rabillo del ojo. El profesor Snape observaba el progreso de Ron y Harry con un profundo ceño fruncido en su rostro, pero los ojos del profesor nunca se giraron en dirección a ella.
Hermione había comenzado a tratar de pretender que nada había pasado entre ellos. Trató de ser educada, simpática y de hacer que su presencia se notara, con la esperanza de que el profesor Snape viera su remordimiento. Eso no consiguió nada más que silencio. Cuando pasaba junto al profesor Snape en los pasillos seguía saludándolo. Él veía a través de ella ahora. Las clases de Defensa se habían vuelto un calvario. No era que Snape la reprendiera o que la convirtiera en un blanco. Por todo lo que él reconocía su presencia; bien podría no estar en la clase.
Hermione creía que su indiferencia debía herir más que si hubiera actuado como su habitual yo mordaz. Él no la miraba con desprecio u odio o incluso desdén, él no la miraba en absoluto. Era como si ella fuera incluso más invisible que los fantasmas del castillo. Incluso había considerado simplemente escribirle un mensaje, con la esperanza de poder explicarse, pero al final descartó esa idea. Lo que necesitaba hacer y decir, tenía que ser dicho y hecho en persona.
Una y otra vez se había dicho a sí misma que estaba herido y enojado, pero no podía ignorar el hecho de que también estaba herida. Hermione, aunque no era una gran lectora de ficción, había leído suficientes novelas de romance en su vida – la mayoría de la provisión de libros de su madre – para conocer el escenario de la heroína afligida. Personalmente, siempre pensó que eso era una basura pura y que ella nunca dejaría que un hombre la hiriera así. Ahora reconocía que había sido más que un poco inocente. El dolor era demasiado real y no podía dejarlo a un lado con facilidad pero los días pasaban y Hermione decidió que estaba harta de afligirse.
Podía ser que no fuera capaz de detener el dolor cuando los ojos de Severus la atravesaban, pero no tenía que andar languideciendo cono esas tontas heroínas de los libros. Harry y Ron la necesitaban. Y Severus... bueno, podía esperar que un día la perdonara y maldita fuera si se dejaba desperdiciar como una heroína gótica en un romance cursi.
Como la mayoría de las cosas en la vida, sin embargo, era más fácil decirlo que hacerlo. Pero estaba aprendiendo y avanzando un paso a la vez.
Fue con ese fin, que una vez más reunió sus materiales de costura, extendiéndolos sobre el cobertor de su cama. Ella eligió su aguja con gran cuidado y cardó varias docenas de los hilos blancos de seda fina. Luego metió la mano bajo el cobertor y palpó cerca del pie de la cama hasta que encontró un suave bulto de tela. Acercándolo a ella, agitó la sábana inferior hasta que quedó extendida sobre la cama. La magia imbuida en las sábanas seguía ahí, resonando en las puntas de sus dedos. Dejó escapar un suspiro de alivio. En realidad había estado asustada tocar las sábanas antes, temiendo que la magia se hubiera desvanecido. Había sido una tontería, pero si no lo sabía a ciencia cierta, entonces no tenía que admitir que todo había acabado en realidad. Pero no habían sido destruidas, incluso si todo lo demás lo había sido.
Pero esto, decidió, era el último paso para dejar ir algo que no estaba ni siquiera segura de haber comenzado.
"Niña idiota." Murmuró a la sábana en su mano. Inhalando profundo, Hermione invocó a su magia y la centró en su pecho. Cuando casi pudo sentir el pulso como un segundo latido, se sintió lista. Había recorrido un largo camino desde la primera vez que intentó esto, sintiéndose segura y confiada ahora, tanto de ella como de su magia. Esta vez, la magia no se drenaría como la última vez.
Suavemente, comenzó a cantar, y si esta vez había una nota de tristeza en las palabras, no había nadie que escuchara excepto la magia.
Nota de la Traductora:
¡Hola! aquí llega otro más, como advertencia, en el próximo capítulo pasan cosas muy malas :(
Por otro lado, ganó la opción de publicar en días distintos, así que voy a empezar a publicar los martes también.
¡Muchas gracias a todos y en especial a Aura-Von-Leau por betear! hasta el martes.
