-Se oyen ruidos, Willem, despierta –Intentó decirle, pero tenía la lengua trabada y la voz enronquecida. En la habitación hacía frío, y desde lejos podía sentir la humedad de la lluvia mojando la fortaleza en la que estaba prisionero.

El sonido se intensificó. Oyó también un gemido de agonía. El corazón le comenzó a latir con fuerza cuando la puerta se abrió por fin y no fueron los guardias de Aguasdulces los que entraron a su reducida habitación, si no unos norteños con pieles sobre los hombros y tupidas barbas. tuvo el impulso desesperado de cubrirse con las mantas, fingir que no estaba allí, no, no estaba allí, pero Tion Frey era valiente.

-Willem, Willem...

Iba a sacudir a su primo por el hombro para que despertara, el muy rubio idiota de sueño pesado, pero la espada de aquel anciano barbudo con los ojos sedientos de sangre, le rebanó la garganta. La sangre de Will salpicó su cara, regándose por todas partes...

Sintió el agarre de sus duros dedos en el castaño pelo, el beso de la espada casi rozando su piel y gimió, debatiéndose contra él. Había matado a su primo, pero a él no lo tocaría, Tion lucharía.