Por favor, Jasper...

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-Mañana, te entregaré a la custodia del obispo Bonne-Ame,- Jasper le dijo primero -Ya está acordado.

Observó la transformación de descreimiento a esperanza en su cara, y el deseo obvio de ella de herirlo.

-Si.- sacudió la cabeza. -Saldrás fuera conmigo, vamos al campo, donde esperarás con Bonne-Ame.

-¿Esperar? -Eso no tenía sentido. Había algo extraño en su actitud. Parecía distante pero también satisfecho y la estaba observando cuidadosamente. Ella se advirtió a si misma ser cautelosa.

-Esperarás con él mientras el Bastardo y yo determinamos a quien perteneces.

-¡No! ¡Jasper, no pueden... no van a...!

-¡No! Jasper, no pueden... no van a... -la imitó cruelmente. -Si, puedo, Isabella, y lo haré. Mañana por la noche, podrás rasgar tus ropas o arrancarte los cabellos y llorar como una viuda, porque finalmente todo terminará entre él y yo, y volveré a vos vencedor.

-Y yo te odiaré, -habló neutralmente. -Si lo matas, te odiaré.

-¡Lo olvidarás! ¡Te juro que lo harás! Cuando el bebé se vaya a Cullen y Edward esté enterrado, tus recuerdos sobre él se debilitarán. Y vendrás a mí porque no hay ningún otro.

-¡Mientes para atormentarme! ¡No puedes soportar que no te ame! -se movió incómodamente en la silla. -¡Déjame en paz!

-No.-sacudió la cabeza. -Por mi sangre, Isabella, te juro que ganaré-. Su voz era baja, casi un susurro. -Yo presioné a Charlie hasta que no le quedó nada más que su vida miserable, ¿me oyes? ¿Y para qué, me pregunto? ¡Por Vos! Tu padre te entregó a mí, Isabella.

-No tenía derecho a entregarme, mi Lord. Él no es un padre para mí.

-¡Él te entregó a mí! ¡Si, y Alec también! Ambos dijeron que yo podía tenerte si me retiraba y dejaba en paz a Charlie.

-Jasper, eso ya pasó. Escúchame. Yo me casé con otro, me casé con Edward. Si él muere mañana, yo todavía seguiré siendo de él. Ella razonaba con él como un adulto razonaría con un niño que rehusaba a entender. -No puedes cambiar eso.

-¡No me hables como si fuera un estúpido! -se agachó a su lado. -Le probaré al mundo que eres mía mañana, te lo juro. Y cuando te hayas recuperado de tu duelo, nos casaremos.- Él buscó tomar una de sus manos. -Mis hijos vendrán de tu cuerpo, Isabella. Nosotros concebiremos hijos fuertes que reinarán en Swan y en Hall.- Él rozó los dos pechos llenos con su otra mano. -Cuando mi hijo se alimente aquí, vos sentirás distinto sobre mí.

-¡Dios ayúdame! ¿No puedo hacerte entender que no puedo amarte? ¡No, Jesús, no me escuchas! -exclamó con frustración.

-No, vos no me escuchas. Te dije que enfrentaré a Edward en combate mañana y que vos pertenecerás al vencedor. ¡Acéptalo! Fue él quien me desafió, Isabella. Él aceptó que esto se resuelva así.

-Yo no soy un pedazo de tierra para que ustedes dos puedan disputar, mi Lord. Yo soy Isabella de Swan, una mujer de carne y hueso. A la tierra no le preocupa quien la posee. ¡A mi si me preocupa quien me posee! ¡Quiero a mi marido!

No estaban llegando a ninguna parte y ambos entendían eso. Reticentemente soltó su mano y se levantó.

-Resígnate porque es a mí a quien pertenecerás. Puedes ir y observar como lo mato si no crees que le hará daño al bebé.

-La Muerte está en manos de Dios, mi Lord. Yo rezaré.

-Entonces yo lo he ayudado a enviar a varios al infierno-. Tomó su mentón forzándola a mirarlo. -¿Crees que no he oído a hombres rezar por sus miserables vidas? ¿Crees que no he oído hombres rezar para morir rápidamente? Y todavía no he visto a Dios detener mi mano.- Su tono era exquisitamente suave y su humor había cambiado sutilmente. -Pero nunca te lastimaría, Isabella- habló suavemente. - Te amenacé, pero no pudo llevar a cabo mi amenaza. Una vez te quise por mi orgullo, porque Anthony el conquistador dijo que naciste para ser la esposa de un guerrero, y porque sois la mujer más hermosa que alguna vez haya visto. Pero cuando Wald vino a mí y me dijo que estabas enferma y en peligro de muerte, creí que no podría sobrevivir. Te amo, Isabella, y daría todo lo que tengo para hacer que me ames.

-Si me amas, mi Lord -respondió con calma - déjame ir. Yo no puedo ser lo que vos deseas.

Él enfrentó duramente su cara. Encontró la mirada de él con calma y esperó. Finalmente dejó caer su mano y dio un paso atrás.

-Nunca le dije algo así a ninguna otra -habló severamente. -¡Maldición! ¡Eres mas bruja que mi madre! Me tienes atrapado Isabella y no me sueltas. Te juro que ni yo mismo puedo salvarme-. Giró y caminó hacia la puerta, mientras decía por encima de su hombro -¡Me confundes, mujer!

Isabella no acompañó a Jasper en la cena. La ausencia de ella lo irritó, pero no tenía ganas de seguir discutiendo con ella antes de encontrarse con Edward. En cambio, comió fugazmente y bebió con moderación para tener su cabeza despejada en la mañana. Durante toda la cena escuchó a todos comentar lo fácil que sería para él derrotar a Edward. Sólo el viejo Eustace parecía extrañamente callado.

-¿No piensas que será tan fácil, verdad? -le preguntó a su administrador finalmente.

-Yo no subestimaría la habilidad de ese hombre, mi Lord. ¿Quien no oyó hablar del hijo de Charlie? Sus hazañas son cantadas por juglares hace mucho tiempo.

-Por lo menos eres sincero. Si, yo no lo veo como una tarea simple-. La euforia que había sentido en la reunión con Edward lo había abandonado. Abruptamente se levantó. -Se hace tarde, me voy a dormir. Deja que los otros coman y beban a gusto.

Fue hacia su cuarto y se desvistió casi en la oscuridad para no perturbarla. Recostando su cuerpo en la cama, descubrió que estaba vacía. Se levantó alarmado y salió desnudo al corredor. Tomó una vela de un candelero. Volviendo con ella a la habitación, la usó para encender las otras velas. El cuarto estaba limpio y en orden, pero ella no estaba allí. Maldiciendo, se puso la ropa apresuradamente y fue a buscarla. A ella no le gustaban las reuniones con los apenas civilizados hombres de Hall y nunca andaba sola por el castillo de noche.

El baño estaba vacío, el corredor que iba a las cocinas estaba vacío, y el patio estaba desierto. Ella no tenía los medios para escaparse, tenía que estar cerca. En un impulso, caminó hacia la capilla que había renovado y la halló de rodillas con dos velas ardiendo en un estante sobre ella. Sin sus botas, hizo poco ruido mientras iba hacia ella. Ahora podía ver que sus ojos estaban cerrados y que sus labios se estaban moviendo, pero no podía oír ninguna palabra. La intensidad de su expresión le dijo que rezaba fervorosamente y desesperadamente. Estaba tan hermosa que casi precisó tocarla para probar que estaba hecha de carne y hueso. La observó ávidamente, absorbiendo cada detalle de su bello perfil, sus pestañas oscuras y gruesas, su cuello esbelto, la curva de su hombro, y la masa de cabello lustroso. Ni siquiera su vientre prominente le desagradaba. Jasper cerró sus ojos para calmar el deseo furioso que sentía por ella. Si Dios le concediese un deseo en su vida, ese sería que ella lo amase; si le concediese dos, habría deseado que ella llevase a su hijo.

Aunque estuviesen separados por sólo algunos pies, la distancia entre ellos era tan grande como la que hay entre el cielo y el infierno. Él se acercó y buscó tocar su cabeza. -Isabella… - era un susurro.

Pudo sentirla encogerse debajo de su mano, pero se recuperó rápidamente.

-Sois vos, mi Lord, me asustaste.

-Si, pero deberías estar en la cama durmiendo, Isabella. Necesitas de tu fuerza.

-No puedo dormir.

-Dos velas, has encendido dos velas-, murmuró suavemente. – Una es para él, ¿verdad?

-Si, rezaba por su vida, Jasper.

-¿Y la otra?

-Para vos.- Ella giró debajo de su mano y lo miró. -Le pido a Dios clemencia por tu alma, mi Lord.

-Si Dios respondiese a tales oraciones, Isabella, no habría cabezas colgadas en mi portón. Ven, debes estar en la cama.- la levantó suavemente, sintiendo el calor su cuerpo, se sintió invadido por una sensación de pérdida. -Ven.

-Si.

-Estás descalza-, notó de repente, -y llevas solo la camisa.

-No podía dormir.

-¿Quieres que te lleve?

-No, caminaré.

-Isabella… - tomó su mano y la condujo de vuelta a la habitación. -No tengo que matarlo-. Tomó una respiración profunda y la observó. -Si. Si vos te quedarás conmigo, sólo lo forzaré a rendirse.

-Y me harías tu amante complaciente.

-¡No quiero que sea así! Pero si es el único modo en que puedo tenerte dispuesta para mí, lo aceptaré.

-No -sacudió su cabeza lentamente- no pudo robarle el honor a mi marido. Tendré que dejar esto en las manos de Dios.

-Entonces lo mataré.

En este capítulo casi… casi… siento cariño por Jasper… pobrecito… el solo quiere que le quiera… esta tan enamorado de ella que esta dispuesto a perdonarle la vida a Edward, con tal de no hacerla infeliz… piensen que es un cruel caballero… eso tuvo que estar difícil para él… bueno guapetonas… nos leemos un besote.