Gracias a Charlaine Harris por dejarme jugar con algunos de sus personajes, los demás son míos.


37.

Al separarse de él, su cuerpo notó la ausencia y casi sintió el frío en el lado que quedaba sin su roce. No era el momento, tenían que hablar y hacer un frente común por su hija.

_ Lo siento, Sook – musitó Eric en un susurró-. No quería incomodarte...

_ No lo haces, ninguna de las dos cosas – sonrió-. No lo sientes y no me has incomodado – hizo una pausa y acarició su mejilla-. Es lo que siempre ha habido entre tú y yo...

_ ¿Qué ha habido siempre entre tú y yo? – su tono estaba tan lleno de esperanza que se asustó pero se obligó a contestar.

_ Esta pasión cegadora – la voz apenas si era audible y la mejilla de Eric se amoldó a la forma de su mano-, ¿qué si no?

_ Sookie... – su nombre siempre le parecía el sonido más hermoso cuando salía de sus labios, pero no era el momento para sucumbir, y él pareció entenderlo. Asintió levemente mientras sonreía- Está bien, luego... – dijo Eric y nunca un simple adverbio sonó más prometedor.

Suspiró y se retiró de su proximidad porque si no lo hacía, posiblemente, su propósito no llegaría a buen puerto. Era el momento para unificar criterios con respecto a Adele y ejercer de padres.

_ ¿Qué te parece que deberíamos hacer?

_ Ya he hablado con él, le he explicado mi postura ante lo que pasó ayer. Es un chico inteligente y muy serio para su edad, esperaba que fuese de otra manera pero me ha sorprendido estos meses – sonrió-. Lo negaré ante quien haga falta, pero me cae bien, ni siquiera yo le hubiese buscado un novio mejor – hizo una pequeña pausa-. Bueno, yo no le hubiese buscado un novio hasta los treinta, claro.

_ Claro... – se rió.

_ El caso es que no creo que vuelva a repetirse en breve, al menos.

_ Supongo que se han asustado lo suficiente para desistir de hacerlo – se mordió el labio-. Joder, Eric, si es una niña aún, nosotros éramos algo mayores, no te voy a decir que fuésemos más maduros pero...

_ Habrá que rezar, no sé si quiero saber de la vida sexual de mi niña. No, estoy seguro, no quiero saberlo – durante unos segundo se perdió en sus ojos y se quedó mirándola con aprensión y con tanto anhelo que le cortó la respiración-. ¿Qué es de tu vida, Sookie?

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Nicole entró en el salón con una sonrisa pícara, no era el tipo de sonrisa que se le escapaba pero no sabía a qué se debería, normalmente siempre la tenía por algo que él hacía o que iba a hacer... Se sentó junto a él y le besó.

_ ¿Sabes si Sookie ha terminado de hablar con Adele?, me gustaría ir a verla.

_ No le irás a regañar, ¿verdad, Jase? – le preguntó.

_ Claro que no, al menos, no ahora... Primero tengo que amenazar con arrancarle los huevos a David y luego ya hablaré con ella seriamente.

_ Ah, dejad al pobre chico ya – se rió Nicole-, le vais a crear un trauma y tampoco ha hecho nada malo ni nada para lo que no se requiera, al menos, otra persona... – la sonrisa pícara volvió- Además, vengo a cotillear, ¿a que no sabéis quién estaba con Sookie en su habitación a punto de besarla cuando he entrado a dejar las toallas?

Intercambió una sonrisa con Jason y se volvió a besar la sonrisa socarrona de su mujer.

_ Bueno, va bien, ¿no? – se rió Jason-. Al final, que Adele le haya metido mano a su novio ha dado su fruto – se paró en seco-. ¿Crees que...?

Durante unos segundos los dos se miraron con la boca abierta.

_ Ay, Dios – suspiró-, esta niña siempre va diez pasos por delante y sólo tiene quince años...

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No era que no fuese a esperar una reacción a lo que había hecho, se mordió el labio al recordar a David debajo de ella y se ruborizó, pero no había previsto que se pusieran así. Se asomó a la terraza y le vio sentado leyendo un libro, suspiró viendo su pelo rubio brillar bajo el sol. Si sus padres sentían algo parecido cuando se miraban, tenía que hacer lo imposible porque estuvieran juntos, no importaba lo que costase ni los castigos que le acarrearan. Miró alrededor buscando algo con lo que llamar discretamente su atención y lanzó un pequeña piedra del arriate junto a su ventanal. David levantó los ojos y sonrió y le lanzó un beso. Ella sonrió y se lo devolvió, le hizo una ligera señal indicándole la parte de la piscina que quedaba resguardada de las miradas y corrió hacia allí. Él se levantó mirando a todos los lados y se fue para la piscina, se zambulló y disimuló desde el agua.

_ Como nos pillen se nos va a caer el pelo – se rió desde el agua.

_ Estás muy lejos... – protestó con un ronroneo que hasta a ella le sorprendió

_ Estoy demasiado cerca para tu padre – se mordió el labio reaccionando a su voz.

_ ¿Se ha pasado mucho contigo?

_ No, lo normal, eres su niña... – sonrió- Me sigue impresionando pero me gusta tu padre y creo que yo, pese a todo, tampoco le caigo mal.

_ Ah, vaya, me alegra, yo pasándolo mal por ti y ahora resulta que sois tan amiguitos – se enfadó.

Salió del agua y fue hacia ella, mojado como estaba y la abrazó, cogió su cara entre sus manos y la besó. El corazón se le salía por la boca, no era que fuese una novedad besarle pero aquello sabía y se sentía diferente.–

_ Te quiero – murmuró en su boca- y no importa lo que los años nos junten o nos separen, tú siempre vas a ser mi Sookie...

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Se quedó esperando la respuesta. No sabía si de verdad quería saber lo que tuviese que decirle, ¿y si le contaba que salía con alguien? No podría soportarlo, no después de que ella pusiera nombre a lo que los dos sentían el uno por el otro. Tenía razón, era una pasión cegadora que los consumía pero ahora tenía que ser inteligente y enamorarla de nuevo.

_ Bueno, mi vida ha ido mejorando poco a poco, Eric, mucho trabajo, salir a divertirme, estar con mis amigos, ya sabes, lo que se espera de una divorciada... – le sonrió inocentemente- ¿Y la tuya?

_ Tranquila, trabajando y con Adele, ya sabes, lo que se espera de una paternidad responsable...

La vio morderse el labio y mirarle con arrepentimiento, le había privado de esa opción durante demasiados años pero, aunque aún le dolía, ya no le guardaba rencor por ello.

_ Eso está bien... – musitó.

_ Sí, me he divertido mucho estos meses pero ahora me encuentro con una hija adolescente con novio, y, claramente, no estoy preparado para eso – se rió sin ganas ante la perspectiva.

_ Yo tampoco, la verdad, pero habrá que confiar en su criterio y en su inteligencia, nosotros hemos hecho lo que hemos podido con ella, ahora le toca a Adele mostrar qué ha aprendido de lo que le hemos enseñando y de nuestro propio ejemplo.

_ Somos un mal ejemplo, ¿verdad? – soltó una carcajada.

_ Pésimo, pero estoy segura de que no quiere algo así para ella – se revolvió inquieta. Era el momento de dejar la conversación.

_ Bueno, es lista, no lo hará... – se quedó dudando unos segundos- Voy a ver si ahora me recibe o no, a lo mejor después de hablar contigo no está enfadada conmigo.

_ No estaba enfadada contigo, estaba avergonzada.

_ Entonces, iré a verla – se dispuso a dirigirse hacia la puerta pero antes se paró ante ella y besó su mejilla. Un gemido casi se escapó de la boca de Sookie y él sonrió para sí-. Hasta luego, Sookie – susurró-, me alegra haber hablado contigo.

Salió y se paró contra la puerta cerrada, se apoyó en ella y suspiró. Si no conseguía que volviese a ser suya, moriría en el intento, ya nunca más podría seguir sin ella y ese convencimiento le estremeció porque no estaba tan seguro y cabía la posibilidad de fracasar. En cuanto se recuperó un poco se dirigió al dormitorio de Adele, tocó y esperó. Al cabo de unos segundos, su hija abrió la puerta, parecía apurada, como si hubiese corrido.

_ Papá... – murmuró y se hizo a un lado para que pasara.

_ Hola, cielo – besó su mejilla que estaba ligeramente mojada y entró-. ¿Vas a hablar conmigo?

_ Claro, papi – bajó la vista-, simplemente me daba vergüenza.

_ No quiero que te sientas mal, que creas que no puedes confiar en mí. Necesito que entiendas que eres demasiado joven, ya sé que no debería decir esto, menudo ejemplo tienes en tu madre y en mí, pero quizá puedas aprender de nuestros errores – una expresión apenada surcó su preciosa cara-. Tú no eres un error, eres lo mejor que nos ha pasado nunca, pero si hubieses venido unos años después, hubieses sido igual de querida y, probablemente, te hubiésemos disfrutado los dos y juntos... – suspiró- Me estoy liando..., el caso es que quiero que cuentes siempre conmigo, que tengas claro que siempre quiero lo mejor para ti y que, como ya he estado ahí, sé que eso no es lo mejor...

_ Por favor, ya vale... – dijo con un hilo de voz y completamente sonrojada-, no hubiese pasado nada, papá, lo digo en serio... Los chicos os ponéis así..., es..., joder, papá...

_ Ya lo sé, cariño, pero es tan fácil pasar de ahí al resto... No quiero que te rompan el corazón, no quiero que sufras por nada, lo harás, es inevitable, pero si está en mi mano, no pasará.

_ No está en tu mano, papá...

_ Lo sé, por eso te estoy dando la brasa – sonrió-, quizá por no escucharme otra vez, no habrá una próxima vez, al menos, en breve.

_ No la habrá, no te preocupes.

_ Ven aquí – abrió los brazos para acogerla y ella se refugió entre ellos.

_ ¿Has visto a mamá? – murmuró contra su pecho.

_ Sí... – una leve sonrisa se curvó en sus labios

_ ¿Habéis hablado algo?

_ Sí.

_ ¿Ha ido todo bien?

_ Sí.

_ ¿Has usado más palabras, o palabras, simplemente – sonrió levantando las cejas-, con ella?

_ Sí – le devolvió la sonrisa.

_ Al menos, se te ve contento. Es más de lo que te he visto los últimos meses...

_ Sí – asintió completamente de acuerdo en eso, Sookie seguía teniendo ese poder sobre él.

Le dedicó una sonrisa pícara y cómplice a su hija y ella le abrazó.

_ Ahora, ten cuidado y no lo jodas, papá...

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La mañana transcurrió con tranquilidad, pese al drama de la noche anterior. Leif y Jason preparaban una barbacoa para comer en la terraza. Eric estaba tumbado en la piscina, por variar, le tocaba comer algo que no cocinara, no podría asegurarlo porque tenía las gafas de sol puestas, pero juraría que la estaba mirando. Ella estaba haciéndose la despreocupada, se reía con David y Liv, que se sentaban con ella a la sombra, bromeaba con Nicky y jugueteaba con su pelo y lanzaba miradas furtivas a donde él se encontraba. Quería estar atractiva, coquetear con él, le apetecía que él volviera a sentirse atraído por ella. Bueno, ya sabía que a él le atraía, pero quería que la deseara hasta tal punto que le perdonase todo y acabara de una vez con todo el rencor entre los dos. Después de su conversación anterior, sentía que esta vez si era posible, que ya habían pasado dos años y que ahora era diferente. Ella se sentía más liviana y él se veía más maduro, haber compartido con él la responsabilidad sobre Adele les había venido bien a los dos. Ella, además, debía dar las gracias a Luc por hacerla sentir bella y deseada. Ay, Dios, Luc... Ya pensaría en ello cuando viniese, ahora prefería tontear desde la distancia con el padre de su hija. Estaba pensando en una excusa con la que contonearse hasta la piscina, cuando Margaux vino con la respuesta.

_ Sookie, por favor, ¿podrías llevarle una cerveza a Eric? – le sonrió con complicidad y le guiñó un ojo, dejó dos botellas sobre la mesa y volvió a entrar en la casa.

Se levantó asombrada por su actitud, se encontró la sonrisa burlona de David que murmuraba por lo bajo que si Margaux no era un amor. Le dedicó una mirada seria que él recibió con la debida guasa y cogió las botellas y se dirigió hacia la piscina. Dio un trago a la suya porque, de repente, se había puesto nerviosa, menuda tontería, pero era como si fuese una adolescente de nuevo, tonteando con el chico que le gustaba, como si no hubiesen hecho mucho más que tontear a lo largo de sus vidas. Se paró al darse cuenta de algo, eso era lo que nunca habían hecho. Habían pasado de amigos a novios, habían sido amantes ocasionalmente a lo largo de los años, pero jamás habían tonteado, jamás habían pasado por esa etapa y cómo le apetecía. Llegó hasta el borde de la piscina donde Eric estaba en una tumbona y le tendió su cerveza.

_ Te traigo algo para que te refresques – sonrió torpemente.

Eric sonrió y le dio las gracias, se quedaron callados unos instantes y le pareció una situación bastante ridícula, así que se dispuso a volver a su rincón avergonzada y maldiciendo por haberse quedado en blanco en semejante momento. Se iba ya cuando Eric la paró, su mano grande y bonita se curvó alrededor de su pierna, su roce era suave y acariciador, era sólo su corva pero consiguió con su contacto que tuviese línea directa con su vagina. Deslizó la mano delicadamente por su gemelo y, sorpresa, también repercutía en el mismo sitio.

_ No te vayas – musitó-, siéntate y tómate la cerveza conmigo...

Hizo lo que le pedía más que por las ganas locas que tenía de hacerlo, porque no hubiese sido capaz de negarle nada y menos si lo decía con ese tono. Se levantó de la tumbona y acercó la que había más cerca, la puso al lado, pegando a la suya, pero hacia el otro lado, para que así estuviesen cara a cara. Se sentó frente a ella.

_ Se está bien aquí – se acomodó y casi le salió un ronroneo-. Lástima que sólo va a ser media hora...

_ ¿Crees que tendré que cocinar algo de urgencia a última hora? Esperaba librarme hoy, estoy de vacaciones...

_ No, Jase y Leif son buenos con la barbacoa – se rió-. Son los machos que van al supermercado y proveen a sus hembras de carne que luego cocinan. Muy primitivo todo.

_ Vaya, no me veo yo a Nicole siendo de las que se dejan proveer por su hombre, me temo que en esa pareja hay hembra alfa en vez de macho... – soltó una carcajada y casi le dolió darse cuenta de todo lo que había echado de menos su risa.

_ Sí, ¿quién hubiese pensado que Leif iba a ser del tipo "sí, cariño" a todo...? No me malinterpretes, me gusta y lo que es más, me gusta para él, lo necesitaba, había estado muy perdido hasta que ella le encontró.

_ Nunca me habla de esos años... – bajó los ojos, ¿quizá estaba recordando lo que le había dicho sobre Leif y ella en Berlín?

_ Desde que se fue a vivir a Londres, nunca le había conocido una relación. Siempre eran rollos de una noche o de alguna más y amigas que repetía de vez en cuando pero con las que tampoco tenía más relación – sonrió-. Me temo que los Northmans estáis muy acostumbrados a que se os adore y por eso no os impresionan la mayor parte de las mujeres que conocéis, sólo las que no podéis tener o simplemente, son un desafío. En el instituto contigo, también era así...

_ En el instituto yo sólo tenía ojos para una, ya lo sabes, pero sí, fue todo un desafío – sonrió-, aún lo eres.

_ ¿Tú crees...? – se rió con coquetería porque si no lo hacía y se lo tomaba con seriedad como quería pese al tono ligero con el que lo había dicho, acabaría abalanzándose sobre él.

_ No sabes cómo me alegra poder estar así contigo – dijo con dulzura-, por fin... – clavo su mirada en la suya y llevó la botella hacia ella para chocarla con la suya – Por nosotros.

_ Por nosotros – repitió con un hilo de voz porque por primera vez desde que Leif la besara aquella tarde, sentía que sí había un "nosotros".

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