Hora 18: Asesorías para rencores olvidados.

Recomendación musical: "As If it's your last" de BlackPink

«Bésame como si fuera una mentira, como si fuera tu último amor.»

El frío ha bajado considerablemente, no lo suficiente para que me deshaga de las chamarras y camisetas de manga larga pero si de los gorros, guantes y bufandas, aunque mi madre insiste en que siempre lleve una bufanda por si las dudas. La verdad no soy de los que cargan cosas a lo tonto, prefiero la ligereza ante todo.

Los exámenes terminaron y con ello la saturación de letras, números y formulas en mi cerebro, de alguna forma me siento aliviado, no se cuanto más iba a soportar con las asesorías intensivas, admito que en más de una ocasión quise echar todo por la borda, pero tome fuerza de alguna forma invisible de vida. Me alegro por ello.

Cuando entregan calificaciones, casi lloro de la felicidad, un hermoso y resplandeciente siete punto nueve estaba brillando en rojo en una esquina de la hoja, Erwin y la profesora dijeron que debía poner más empeño al estudiar, pero para mí era como la mismísima gloria, tener esa calificación en una materia tan pesada como química me hacía muy feliz. Claro, dicen que la felicidad es momentánea y lo descubrí cuando, en el examen de Levi había un brillante diez en rojo. Casi lloro y deje de hablarle por dos horas seguidas. Pero se podría decir que lo peor ha pasado y que ya puedo tener un poco de paz y tranquilidad, Erwin ha dicho que tenemos que seguir con las asesorías pero que ordenara mi horario para que no esté tan saturado y mi cerebro no explote, por lo mientras puedo respirar.

—Entonces… ¿Pizza o hamburguesas?

—No sé.

Las clases también han bajado de nivel, tenemos tiempo libre de más y podemos, incluso, salir antes de lo que dicta el horario normal. Así que como no hay nada mejor que hacer, tanto Levi como yo estamos en medio de la plaza discutiendo sobre la comida de media tarde, yo no sé cocinar y él mucho menos, mis padres no están en casa y la señora Dennis tampoco, Mikasa y Hanji han ido a casa de una de sus amigas y Farlan sigue en clases. Por lo que debemos comprar fuera para no morir de hambre. Suena patético.

— ¿Qué tal pizza y hamburguesas?

—No suena mal ¿Cuánto dinero traes?

Meto las manos en mis bolsillos y saco las monedas.

—Cuarenta y creo que tengo algo más en la tarjeta de la beca ¿Y tú?

—Cinco.

Lo miro con cara de pocos amigos.

—Planeabas que yo invitara.

Se encoje de hombros y alza la vista.

—Siempre como en tu casa, ¿Cómo iba a saber que hoy tu mamá no cocino? —dice sin mucha culpa. —Aparte, mis tarjetas siguen decomisadas.

—¿Sabes? Ya no voy a invitarte a comer.

—No es necesario que me invites, iré solo, no hay problema.

Gruño y como siempre yo termino pagando la comida de los dos. Debo empezar a trabajar o va a terminar por llevarme a la bancarrota.

Como aún es temprano optamos por ir a comer a uno de los quioscos del parque, no hay mucha gente y el sol está ocultándose, a pesar de que aun hace frio es un bonito espectáculo de colores.

Tal vez sea mi imaginación… tal vez solo soy yo. Pero las miradas de Levi sobre mí, cuando cree que no lo estoy viendo, son más examinadoras que antes, no en el mal sentido, si no que parecen que tratan de saber qué es lo que pienso, siento que en determinados momentos trata de meterse en mi mente, navegar en mis ideas y tratar de desenredar algo. Hace que me sienta como si tuviera un pasado obscuro que deseo ocultar. Como en esas películas de acción y suspenso. Pienso que soy un libro abierto por lo que sus miradas me desconciertan y dan miedo algunas veces. No le he preguntado el porqué, siento que quizá no me lo diga o simplemente lo evite. Además, si fuera algo grave, me lo diría ¿No?

El queso de la hamburguesa se corre por el dorso de mi mano, chasqueo la lengua y succiono el queso amarillo con los labios, sería un desperdicio si lo hago con la servilleta, amo demasiado el queso como para hacer eso.

Comemos sin decir nada, miramos el cielo cambiar de colores, hacer su combinación rutinaria de tarde y anochecer, me pregunto si no se aburrirá de hacer lo mismo todo el tiempo, como nosotros. Levantarse, ser el día, esperar a que sea tarde y luego volver a ser de noche, los humanos simples como yo disfrutamos de ese espectáculo, pero ¿La persona encargada de esos cambios se aburrirá? O ¿Ya está acostumbrado? Creo que no debería preocuparme por cosas tan simples o sin base como eso.

Me meto una papa con cátsup a la boca y la mastico con lentitud, amo las papas, mamá las ama bañadas en queso y papá las ama con sal y salsa, Isabel, ella dice que tienen muchas calorías para su cuerpo pero aun así las come de vez en cuando. ¿Cómo será el gusto de Levi por las papas? ¿O las hamburguesas? ¿Con queso? ¿Extra carne? ¿Vegetariana? Son cosas sin mucho chiste pero creo que me gustaría saberlas, conocer cada parte diminuta de él, saber en qué posición le gusta dormir, cuál es su color favorito, de qué lado se levanta en las mañanas, cuál es su primer pensamiento del día, que marca de tenis le gusta…

—¿Puedo hacerte una pregunta?—Levi me mira fijamente. Tiene esa mirada que dice que habla en serio, que no hay chistes o bromas de por medio.

—No voy a darte de mí hamburguesa. —respondo fingiendo que no me he dado cuenta de su tono de voz o la forma de su mirar. —¿Qué es lo que ha pasado entre tú y Armin?

Mastico con lentitud la papa y después, el pedacito que queda entre mis dedos, lo baño en queso hasta mancharme.

—¿Por qué la pregunta?

Él se queda callado por un buen rato, luego suspira y separa los labios para responderme.

—El otro día, vi una foto tuya de la secundaria y el cuaderno de dedicatorias de tus compañeros, también… leí un cuento que escribiste.—parece que no está seguro de haber querido decir eso.

Hago una mueca pero al final termino suspirando con pesadez.

—Ehh… hago muchas tonterías cuando estoy molesto, soy inmaduro y muchas veces no pienso lo que voy a hacer, soy impulsivo en ese aspecto.—tomo el vaso de refresco y sorbo con tranquilidad.—Y si piensas que voy a enojarme por andar de chismoso entre mis cosas, no te preocupes, no eres el primero que las ve, aunque trata de mantenerte alejado de ellas, soy muy posesivo y no me gusta que las toquen.

Trato de poner un tono de molestia fingida, pero su mirada no cambia, quiere respuestas.

—No voy a contártelo, así que hazme el favor de no volver a preguntar. —esta vez pongo más formalidad a la hora de hablar.

—Pero…

—Por favor, es algo que no quiero recordar, prefiero que se quede en el lugar al que pertenece y ese lugar es el pasado. —alzo la mirada, como si lo retara, aunque en realidad lo que quiero es que quede claro que no deseo hablar de ello.

Él agacha la mirada, arrepentido.

—No quiero que lo tomes a mal, pero no tiene chiste alguno, no es algo relevante o importante, son cosas que pasan.—digo con un tono de voz más suave.—Voy a volver a casa.

El hambre ha desaparecido por completo y la hamburguesa ha perdido el sabor, no me gusta pensar en ello, me pone de malas, así que por el momento planeo desaparecer, como siempre hago cuando ya no me quedan más opciones.

—Lo siento. —dice.

—No importa.—tomo mis cosas.—Me debes una hamburguesa y unas papas.

Con eso, trato de que el golpe sea un poco más suave, aunque ambos sabemos que no es así.

◘•◘•◘•◘

Si me dieran la oportunidad de olvidar algo definitivamente seria ese día. A finales de enero de hace tres años… Aun me reprendo por recordar la fecha, es como si siguiera sintiéndome mal por lo que paso cuando en realidad no es así, digan lo que digan, ya no me importa, tenía que pasar, de esa forma o de otra. Sentir una puñalada por la espalda es algo un poco terrible pero el hecho de que no te digan la razón de porque te la dieron es algo doloroso, quizá si me hubiera mentido, quizá yo seguiría siendo el de antes. Ingenuo y pequeño.

Llego a casa y dejo mis cosas en la sala, me siento algo liviano. La luz del cuarto de Isabel esta prendida, supongo que ella está en casa. No dudo mucho para subir y verla acomodando la ropa de su maleta dentro de su ropero, tararea una canción que escucha por los auriculares, esa es la razón por la cual no me ha escuchado llegar, me muevo quedo y me siento sobre la cama, ver su cara asustada va a ser un premio para mi propia satisfacción. Al girarse para tomar una prenda de ropa grita, se quita los auriculares rápidamente y me reprende por asustarla de esa forma mientras yo me carcajeo por su reacción. Termino ayudándola a acomodar su ropero, hablamos de cosas triviales, como el hecho de que sus clases van a dar comienzo pronto y luego me felicita por mi mediocre calificación en el examen de química, jugamos con las almohadas, bajamos a tomar leche con galletas…

—Levi leyó el cuento.—comento mientras vemos la televisión.

—¿Te molesta? ¿Quieres que le pegue hasta que lo olvide?

Me rio de su chiste y niego con la cabeza.

—No… soy demasiado idiota, debería disimular más, actuó muy reacio cuando Armin está frente a mí, es como si todo hiciera coalición dentro de mí.

—Eres muy abierto en cuanto a tus emociones, no puedes ocultar cuando estás feliz, enojado, cuando quieres llorar incluso ahora que estás enamorado eres muy inútil al tratar de ocultarlo.

Suspiro y muerdo una chispa de mi galleta. Tiene razón, soy muy torpe para ocultar quien soy en realidad.

—¿Qué debería hacer?

—No vas a contárselo, ¿Verdad?—niego con la cabeza.—Lo sabía, pues trata de hacer que él olvide todo este asunto. Tú deberías hacer lo mismo, ya paso, déjalo ir. No todas las personas son como él, ábrete, deja que Levi Ackerman te amé, solo has eso, eres muy joven como para que te amargues por eso.

Sonrió.

—Lo sé.

—Aunque… le hubieras preguntado qué tal le pareció el cuento, me preocupa que piense que eres un maldito psicópata capaz de usar una motosierra para cortarle el cuello a alguien, recuerda que en ese cuento hacer una hermosa variedad de torturas impresionante.

Me sonrojo y casi me atraganto con la leche. Estaba tan lleno de odio e ira en ese momento que deje que el lápiz absorbiera esas emociones negativas para transformarlas en palabras de sangre negra, en serio deseaba llegar a hacer eso en la vida real, pero me sentía muy cobarde para hacerlo y me adentre tanto en las letras que me convertí en un asesino en serie. Aquel cuento no es el único. Hay una carpeta llena de ellos, cuentos y cuentos, de terror, matanzas, torturas, sangre, asesinos, psicópatas, mi mente estaba muy retorcida en ese entonces, debería tomar la opción de prenderles fuego y dejarlos en el olvido antes de que también sean encontrados por Levi y de verdad piense que soy un desequilibrado mental. Tres años después en serio no puedo creer que haya sido capaz de escribir todo eso.

Durante la mañana mamá me prepara el desayuno, huevos fritos y tocino, hablo con ella sobre la situación actual y me recomienda que hable de eso con Levi, dice que la curiosidad puede ser tanta que se verá obligado a investigar por su parte y si llegara a preguntárselo directamente a Armin no me lo perdonaría, él y yo tenemos versiones distintas de la historia.

Me debato internamente en hacerlo o no hacerlo mientras camino hasta la escuela, pero al llegar decido que no quiero que lo sepa, me avergüenza esa pequeña parte de mi vida, lo que ocurrió, como me sentí y lo que fue después, es una página de mi libro que voy a quemar y dejar que el viento sople sobre sus cenizas, va a ser el pasado obscuro de mi propia historia en miniatura.

El presente es la época dorada de mi línea de tiempo y quiero disfrutarla al máximo, quiero que sea mi pequeño momento perfecto.

◘•◘•◘•◘

La tarde del sábado se ha puesto obscura, las nubes anuncian una llovizna de esas que parecen que van a derrotar a todo aquel que se le ponga en frente, el viento ruge como si esto fuera Esparta y de pronto la lluvia cae como golpes, los azotes contra los techos son ruidosos y dan escalofríos, todo se vuelve violento y peligroso.

Incluso cuando se está enamorado los días no siempre son soleados, al clima le importa muy poco lo feliz que seas, le vale y se desata igual a ahora, me pregunto si al Dios de la lluvia lo regañaron o hicieron enojar, son pensamientos que usualmente tengo cuando no hay nada mejor que hacer.

Miro por la ventana y suspiro, la lluvia me gusta, pero no cuando es tan violenta como ahora, vuelvo a ponerme los lentes y regreso mi atención a la lectura, pedí prestado un libro en la biblioteca, un libro grueso de cuentos de terror, no es buena idea leerlos ahora que estoy solo en la casa, posiblemente este de paranoico dentro de un par de minutos. El masoquismo literario es lo mío al parecer.

Tengo que hacer bastantes ejercicios de química y matemáticas, Erwin se ha ofrecido a ayudarme también con Cálculo, lo que me facilita muchas cosas pero la verdad no quiero arruinar mi fin de semana quemándome el cerebro con las materias que más odio, así que me he ido por el camino de la desidia y me he puesto a leer, tengo chocolate caliente frente a mí, galletas y una bolsa de bolitas de queso, tengo hambre pero estoy acobijado y calientito en los enredos de cobijas y no tengo deseos de moverme, mi madre diría que el momento que vaya a vivir solo posiblemente vaya a morir de hambre por la flojera. Bueno… al menos sabrán porque morí.

El reproductor se detiene y vuelvo a pulsar play para reanudar la música, la canción que suena es Forbbiden Colours algo relajante, el piano lo es.

Bostezo y me restregó los ojos, recargo mi cabeza en el respaldo del sillón y cierro los ojos, estar solo ya me es algo deprimente, dejo el libro en la mesa y abrazo mis piernas, me hago pequeñito, como si el sillón pudiera absorberme.

Soy débil, me he vuelto tan débil que podría romperme, no soportaría la presión de algún tipo de juego de emociones o el aplastamiento de mi corazón, siento que tanto por fuera como por dentro soy como las cenizas, solo bastaría un leve soplido para que me derrumbe, me preocupa, porque si llegara a pasar sería un problema muy grande recuperarme, creo que tal vez no pueda volver a levantarme, tuerzo los labios y suspiro, no quiero que me vean débil e indefenso, porque así sabrán que pueden moldearme a su antojo y después dejar de hacerlo, pensamientos atormentantes parte mil, genial. Tengo un trauma psicológico que no me deja en paz.

Últimamente solo pienso en Levi, en Armin y en lo que paso hace tres años, y siendo sinceros esas tres cosas juntas son un dolor de cabeza constante, me hace pensar que soy una mala persona, alguien rencoroso y sumamente inmaduro. No me dejan tranquilo ni siquiera para dormir, lo cual es realmente molesto, me levanto de malas y entonces no hay quien me soporte.

El estómago me gruñe, exigiendo mi atención entera. Saco mis piernas fuera de las cobijas y voy hasta la cocina por un sándwich, el hambre le está ganando la batalla a la flojera, o tal vez solo quiero dejar de lado los pensamientos que no deberían estar allí.

Como no hay nada mejor que hacer y menos ganas para hacer algo con este clima, subo a mi habitación, me llevo la comida chatarra que encuentro, galletas, bolitas de queso, un par de sándwiches, chocolates, refresco, lo cual posiblemente me haga subir de peso conforme mi dieta se base solo en eso.

Viajo a mi librero, un modelo básico de madera pintada de beige, rayoneada con el paso del tiempo y con marcas de mi vida, como la marca de plumón donde quise poner mi nombre para hacerle saber al mundo que el librero me pertenecía, mamá me puso a lavarlo hasta que el plumón desapareciera pero allí sigue, o que tal las marcas de corrector, antes, en ese hueco donde ahora hay una caja de madera con cartas, un bote de metal de paletas que contiene estambres, un montón de libros de texto y carpetas y una caja de revistas que está llena de artículos de papelería, había una máquina de escribir, de esas enormes que fueron sustituidas por computadoras en el seguro social, grande, de mental, pesada y con teclas tan duras que casi creí que podría romperme los dedos en cada teclaso, durante la primaria, de cuarto a sexto grado, curse mecanografía, llore tantos fines de semana por no poder terminar los trabajos a tiempo, el profesor solo permitía cuatro errores de ortografía por un mal dedazo, algunas veces intente usar corrector para tapar los errores y no repetir toda la plana, era un fiasco, el profesor odiaba el corrector y nos hacía volver a repetir la plana de nuevo, me desvelaba haciendo los trabajos o me levantaba muy temprano para hacerlos, años después me rio de esos trabajos, ahora soy capaz de escribir sin la necesidad de ver el teclado, lo cual es a veces muy útil.

Arriba, hay un tablero de ajedrez doblado por la mitad, es de madera y tiene un compartimiento para guardar las piezas, ha pasado por tanto, como la vez que accidentalmente le tire jugo, sobrevivió de suerte, también hay un joyero que mamá compro y como no tenía donde ponerlo me lo dio a mí, tiene juguetes en miniatura, muñequitos o curiosidades a las que mamá llama basura. Guardo mucho de eso, también hay un pequeño joyero de cerámica con listones azules que compre para guardar mi colección de figurines de plástico de Iron Man, promociones que salieron en los pastelitos para la tercera película del superhéroe, hay una flauta, un microscopio y telescopio de juguete, figuritas de metal que me salieron cuando tenía tres años y allí… abandonado, solitario y sin chiste ni amor, está la carpeta, es un portafolios de plástico negro con una agarradera de plástico más grueso y un cierre.

Tomo el objeto y deslizo el cierre haciendo que una capa de polvo me reciba, la cosa no se ha abierto desde hace un muy buen rato, tiene argollas que sujetan un millar de hojas de doble uso, hace tres años en lugar de ir a la biblioteca a leer, iba a escribir, me gaste todo un paquete completo de bolígrafos, hay una hoja con los bordes quemados y dibujos con el título: "Welcome to my hell" tintado en rojo, es una letra de molde bastante artística y los dibujitos son un poco tétricos, muñequitos sin ojos, degollados, dibujados con tinta negra y roja para simular la sangre, me recuerda un poco al arte de Tim Burton, un poco más fantoche pero algo similar, largas extremidades y perfiles tristes y deprimentes. Debo admitir que tenía imaginación.

La siguiente página también esta quemada por los bordes, esa página es el índice, hay títulos tanto en inglés como en español, unos muy simples y otros muy rebuscados. Como: "Teenage tragedy", "Clowning", "Blood", "Nightmare", "Love Tragedy", "Dolor", "Cartas a Julietta", "Muñeca mecánica", "Ternura insipiente", "Grotesque romance", "Imán", "Travesuras", "Night", "Victoria", "Welcome to Eal Charms House" y la primera edición de "The tragedy love story"

Al pasar las hojas estas me dejan marcas de polvo en los dedos, polvo y un poco de las cenizas de las hojas que llegue a quemar por pura curiosidad, no tenía nada mejor que hacer en ese momento.

Leo párrafos de los cuentos olvidados, mi letra no era la mejor, sigue sin serlo, y hay algunas letras y frases que no entiendo, me rio de mi propia discapacidad al escribir. Hay cuentos un poco ligeros, que muestran tristeza y soledad, en realidad el sentimiento que me llego después de aquel día, los primeros son más sanguinarios, es decir, use una motosierra para desgarrar el cuello de alguien y un cuchillo para cortar ligamentos. Definitivamente no estaba bien de mis facultades mentales. También hay cosas graciosas, como ese cuento que imagine en los pasillos del área de química, es chusco y no tiene nada de sentido pero me da risa.

Hay hojas en blanco, cuentos que jamás llegue a escribir y solo se quedaron en mi cabeza, tomo un bolígrafo de la caja de artículos de papelería y escribo. "Los rencores deben escribirse en papel, para que así se puedan quemar y olvidar, es hora de comenzar una nueva historia"

Tomo la carpeta y salgo al patio trasero, hay una lámina que protege de la lluvia, tomo la botella de alcohol para emergencias, baño las hojas de él y luego les prendo fuego con el encendedor que tome de la habitación de Izzy. Veo las lengüetas rojas consumiendo las hojas blancas que pronto pasan de un café obscuro a un gris para terminar en negro, se desintegran y al final no quedan más que virutas polvorientas. Las observo durante un instante, tratando de adivinar que parte de cada ceniza pertenece a uno de esos tantos cuentos, pero por supuesto no encuentro ninguna pista de ello.

Sonrió y niego lentamente, una vez más pienso más de lo que debería.

Barro las cenizas, limpio el desastre que he hecho con todo esto. Limpio el portafolio, le quito el polvo y lo guardo en lo más alto del librero, quizá sirva para otra cosa. Algún trabajo académico o algo más interesante que simples cuentos que no tenían nada mejor que lanzar veneno y odio a quien ya no lo merece.

Tomo la libreta de dedicatorias y repito el procedimiento, arranco todas las hojas y las quemo, lo mismo pasa con las fotos y las cartas, todo se consume con el fuego, las lengüetas rojas abrazan esos recuerdos, los asfixian hasta que ya no pueden seguir viviendo y desaparecen, se van entre el humo que acompaña el viento y las cenizas que se quedan en el piso, como si pidieran dormir un poco más, admito que me gustaría hacer lo mismo con los recuerdos que están en mi mente. Pero a esos no les puedo prender fuego por desgracia. Esos seguirán allí, atormentándome todo lo que quieran, hasta la muerte si así lo deciden, pero no podrá verlos nadie, a ese apartado de mi nadie tiene acceso, solo yo. Y yo puedo simplemente fingir que sigue sin importarme, aunque siga haciéndome muchas preguntas que jamás tendrán respuesta.

Regreso a mi habitación en busca de más evidencia que me incrimine, pero ya no hay nada, ese pasado plasmado en objetos dedicados al odio, ha desaparecido, una parte de mí se siente ligeramente aliviado, es como si me quitara una roca más de encima, sonrió y suspiro, me quedo un par de segundos mirando a la nada, la luz que entra por la ventana se vuelve grisácea y algo opaca, de repente tengo frio.

Entonces… me pongo a llorar, igual que el cielo.

Gracias por leer.

Parlev.