Había hecho autoestop en la carretera y un matrimonio bastante mayor la había recogido en mitad de la carretera. Ambos se habían mostrado muy amables y solícitos con Echo Bells, cosa que ella había agradecido infinitamente.
Les había tenido que contar una mentira acerca de un novio que la había dejado tirada en la carretera llevándose consigo todo su equipaje y su dinero, y se habían apiadado de ella.
Cuando al fin llegaron a la ciudad, la dejaron cerca de una cafetería muy cercana al hospital y le dieron algo de dinero suelto.
Echo había intentado rehusar pero los ancianos insistieron diciendo lo mucho que se parecía a su hija mayor por lo que la idea de dejarla allí desamparada no cabía en sus cabezas.
Se moría de hambre a decir verdad, su cuerpo no se alimentaba hacía semanas por lo que lo primero que hizo fue sentarse en la cafetería y pedir algo para comer.
Tras dos buenas hamburguesas con patatas fritas y varios batidos de chocolate gigantes, Echo se había sentido mucho mejor, más saciada, más revitalizada. Incluso había recuperado el color en sus mejillas restando el duro maquillaje que llevaba.
Pagó la comida y después se marchó por la puerta en dirección al hospital.
Desconocía bien aquella parte de la ciudad pero no le costó encontrarlo tras preguntar.
En cuanto llego al mostrador de información y dio los datos de Ontari Rhiannon, su amiga, Echo se sintió mucho mejor.
Cuando subió al tercer piso y recorrió el largo pasillo vio a dos agentes de policía custodiando la puerta y enmudeció.
Era lógico después de lo ocurrido pensó, seguro que la estarían buscando a ella.
Solo debía encontrar la manera de entrar en la habitación y hablar con Ontari de lo ocurrido, saber que ella y su pequeña Adria se encontraban bien era su prioridad ahora mismo.
Echo miro a su alrededor, había varias puertas, algunas pertenecían a habitaciones, otras a mantenimiento y otra al office de las enfermeras. Fijándose en que nadie la viese, Echo se escabullo dentro y se dirigió a las taquillas. Intentó abrir la primera que encontró, la segunda tampoco abría, la tercera estaba demasiado sellada y la cuarta... ¡Bingo! Esa si, cedía.
Al abrirla busco en su interior parecía pertenecer a una estudiante de enfermería, había un bolso en la parte de arriba del cual no tardo en sacar la cartera y quedársela. Algunos apuntes y libros y algo de ropa doblada justo en la balda de más arriba.
Echo la cogió y no tardo en hacerse con unos vaqueros y una camiseta purpura lisa. Tomó una arrugada bata que colgaba de una percha y se la puso encima.
La verdad era que aquellas botas no pegaban demasiado con su atuendo pero buscando bajo los bancos logro hallar unas zapatillas, le quedaban un poco largas pero se las arreglaría.
Después se dirigió a uno de los lavabos y restregándose bien con agua y jabón la cara logró deshacerse de toda aquella pintura.
Por un segundo, Echo Bells volvió a reconocerse en el espejo y sintió que todo aquello había sido solo una mala pesadilla.
Los demonios no existían, las posesiones eran solo terroríficas historias que pasaban solo en las películas.
Halló una goma de pelo en uno de los lavabos y se recogió la larga melena oscura en un alto moño, realmente parecía una enfermera o al menos una estudiante de enfermería.
Tomando una carpeta y algunos apuntes que para ella no significaban absolutamente nada, la abrazó contra su pecho y respiro hondo preparada para lo que vendría.
Al encaminarse hacia la habitación de Ontari, la 315, Echo tuvo que reunir toda su confianza antes de ver a los agentes de pie cerca de la puerta charlando entre ellos.
Sin mirarles demasiado, Echo se dirigió a la puerta y justo cuando iba a entrar uno de los agentes la vio y la retuvo.
-Disculpe, ¿qué cree que hace?
-Agentes -saludo Echo forzando una sonrisa insegura-. El doctor Wilson, me han pedido que le tome la tensión y una muestra de su sangre, no tardaré nada.
El policía la miro y frunció el ceño al oírla.
-¿Wilson? -murmuró mirando ahora confuso a su compañero-. Creía que era el doctor Deglan quien se ocupaba de ella.
Echo se vio pillada en falta y aún así trató de salir del paso con una inocente sonrisa.
-Creo que Deglan ha acudido a Wilson como especialista, yo solo cumplo ordenes pero si quiere puede ir y preguntar -dijo a tientas jugándosela ya del todo.
-No, está bien, tranquila. Es solo que no esperábamos esto, la chica no recibe muchas visitas. Ya que va a estar un tiempo con ella, ¿le importaría si vamos a por un cafe?
-Oh no para nada, vayan tranquilos. Yo cuidaré de ella -repuso Echo mirando hacia la puerta antes de posar la mano en el manillar y abrirla.
Los agentes se alejaron por el pasillo y cuando Echo Bells cruzó la puerta el corazón se le paro, se le encogió.
Ontari yacía en la cama entubada y con algunos apósitos cubriendo su piel allá donde Azazel había enterrado su cuchillo utilizando la mano de Echo.
Palideció y por un segundo no fue capaz de moverse antes de acercarse a los pies de la cama tomando su informe.
-"Paciente de 26 años de edad, mujer. Múltiples fracturas, apuñalamiento a la altura de la clavícula, pecho y brazo izquierdo. Hemorragia interna. Pulmón comprometido. Múltiples paradas cardíacas, dos bolsas de O negativo y necesidad de respiración asistida" -leyó para si Echo sintiendo sus ojos llenarse de lagrimas-. "Necesidad también de coma inducido para estabilizar sus constantes vitales y sus niveles en sangre. A la espera de evolución o desconexión de la misma en el caso de no mejoría."
Las manos que sujetaban el informe le temblaron a Echo Bells mientras sus lagrimas caían y levantaba la vista del fatídico papel para mirar a su mejor amiga.
¿Pero que le había hecho? ¿por qué demonios había intentado matar a su mejor amiga?
"Adria", acudió a su mente al instante bajando la mirada a los informes tratando de hallar en ellos alguna respuesta de su pequeña.
Encontró una anotación del día de su ingreso y la leyó.
-"Ingresa de urgencias junto a una menor en la unidad de traumatología, los Servicios Sociales y la Policía ya han sido avisados".
¿Significaba eso que su hija seguía con vida? ¿qué no había resultado herida? ¿significaba aquello que Servicios Sociales se había hecho cargo de su pequeña? ¿qué su amiga había dado casi su vida por protegerla?
Echo tembló ligeramente con todas aquellas preguntas en su cabeza y se acercó a la cama con cautela.
Ontari parecía profundamente dormida, algunas marcas y moretones parecían haber ido desapareciendo de su piel, aunque imaginaba que se encontraría en el caso de retirar los apósitos y las vendas.
-Lo siento mucho, de verdad -murmuró Echo reteniendo las lágrimas compungida antes de inclinarse sobre ella y posar sus labios sobre la cabeza de su amiga-. Sabes lo mucho que te quiero y que yo jamás te haría daño a propósito. Esa no era yo, tú me conoces Ontari, sabes que yo nunca te heriría. Lo siento de verdad -volvió a disculparse ella cerrando sus ojos aún muy cerca de su pelo necesitando abrazar con cuidado a su amiga-. Lamento mucho lo ocurrido, amiga.
Tenía que encontrar la forma de ayudar a su amiga, de recuperar a su hija, tenía que hablar con la policía, tenía que explicarles lo ocurrido, pero después de todo... ¿ellos la creerían?
Continuara...
