37- Escondido

El respetable anciano continuó su vida sin más como si de otro día normal se tratara, solo que sin él, entre fotografías y recuerdos, a veces, que le decían que él seguía allí en algún lugar porque lo sentía así.

Lo primero que hace todas las mañanas es mirar el portafotos en la mesilla y sonreírle a su amor, luego lo deja de lado y se dedica a recordar aquellos desayunos que compartían en cama antes de empezar el día ya sin prisas, al fin y al cabo ya no tenían que defender la galaxia de ningún mal.

Hoy, en cambio, el recuerdo de su marido se había materializado de manera especial. En su mesilla de noche había encontrado una jarrita transparente como las utilizadas en las conservas, solo que su contenido no tenía nada que ver con una simple conserva. El interior del tarro de cristal estaba lleno de pequeñas estrellas de papel, algunas de ellas eran blancas, otras de colores, todas perfectamente dobladas. En la tapa había una pequeña carta que su mano, algo temblona ya, había escrito.

''Hola, amor mío.

Si has encontrado esta jarra después de que haya muerto, enhorabuena. Me has ganado. Sé que en el fondo me echarás de menos y yo a ti también, pero quiero que sepas que voy a estar siempre cerca de ti.

Todas estas estrellas me ha llevado un tiempo hacerlas, mis manos ya no son lo que eran, y ahora es tu turno deshacerlas. Cada una de ellas es un recuerdo, un momento que hayamos pasado los dos. Solo quiero recordarte cosas que quizá hayas ya olvidado, pues algunas de ellas han pasado hace muchos años. Espero que con ellas todo se haga algo más llevadero ahora que no estoy. Tienes permiso para leer mi diario, en él hay también muchas cosas que a lo mejor quisieras revivir.

Te amo, cariño, y siempre estaré junto a ti.''

Sonríe y deja de lado la carta tras un pequeño beso.

No era algo caro, y al contrario de cuando más joven y le gustaban los regalos caros, este podía ser el que más quisiera en este mundo, ahora y antes. Toma la lupa de la mesilla por no ponerse las gafas, es entonces cuando saca del tarro una estrella amarilla. Busca la esquina doblada hacia dentro, achata el pentágono de papel y la desenrolla pudiendo ver el mensaje que guarda en su interior

''¿Recuerdas el día de la conjunción de planetas en Titania?''

Titania, aquel lugar al que su viejo amigo Slippy todavía guardaba temor antes de morir. La conjunción de planetas ocurría una vez en milenios y ese era el lugar que habían escogido para verla. Aquel día también toda su familia los había acompañado, incluidos aquellos que ya no sabían bien si eran nietos cuartos o quintos de tantos que tenían.

El anciano dobla entonces aquella estrella para que coja forma de nuevo y la deja en la mesilla para poder sacar otra.

La siguiente era algo menor, verde clara. ''Aquella vez en la academia cuando nos cogimos de la mano.''

Ríe, avergonzado. No lo podría olvidar nunca. Aquel momento su corazón latía con fuerza y saldría de su interior rebotado por los nervios. Supone que les pasa a todos los jóvenes cuando hacen tal acto de valentía para luego convertirse solamente en un juego de niños.

''El día en que vimos una puesta de Solar en nuestras naves.''

Aquel día habían superado una de sus batallas más peligrosas. Si lo son cuando se conoce al enemigo, peores lo son todavía cuando nadie sabe a lo que uno se enfrenta. En el medio de Katina luego de derrotar al último enemigo, Solar se ponía a lo lejos ya. Los colores rojizos bañando la tierra seca se les antojaron un nuevo mañana, una nueva vida. L zorro oyó a Falco respirando erráticamente a través el comunicador y lo miró a lo lejos.

-Pensé... que nuca te volvería a ver.

El zorro le devolvió una sonrisa con el cuerpo temblando todavía y dejó su mirada en uno de los pedazos de su nave, quemándose en el suelo por el impacto.

-Yo también pensé que te perdía.

Esa noche fue quizá en la que se miraron con más miedo que nunca a perderse y no se atrevieron casi a pronunciar una palabra entre los dos.

Deja de lado también aquella tira de papel doblada y continúa.

''Cuando fuimos a Cape Claw y acampamos allí durante una semana.''

Fox le enseñó a Falco los rincones de aquel planeta y de ellos su favorito fue aquella playa paradisíaca de arena templada, brisa cálida, altas palmeras y mil y un lugares que explorar. Quizá una de sus cosas favoritas había sido comer al lado de una catarata o simplemente oír el sonido del mar sin más estando allí junta al fuego con él.

El enamorado continuó su labor plegando y desplegando estrellas hasta bien entrada la noche y fue entonces cuando sacó la última estrella, roja.

''El día en que nos vimos por primera vez.''

Quince años ambos, el zorro nacido en invierno, el faisán el verano anterior, y hubo algo que los unió el uno al otro, tenía que ser así. Durante años las dudas y remordimientos estúpidos habían habitado en ellos haciendo todo más complicado.

Aquello último había sido hacía casi un ciento de años y todo era extraño y muy banal entonces.

El anciano deja la estrella doblada en el tarrito que cierra con cuidado.

Aún recuerda lo guapo y diferente de los demás que le pareció su amor aquel primer día. Desde ese momento fueron dejando de sentirse solos en aquel mundo.

Esa noche el anciano soñó con su amado, que vestido con su uniforme lo acompañó con el resto del equipo a su nueva vida, otra vez junto a él.