Capitulo XXXVII
Sueños Felices
Hoy Tonks se veía bastante bien, su cabello si bien no era rosa, azul o violeta, era de un brillante negro cortado en capas desiguales que caían hasta la mitad de su espalda. Verla moverse con la destreza de un malabarista entre un par de archivadores, sosteniendo una taza de café caliente recién hecho entre sus manos, unos expedientes en la otra y tarareando una canción de las Hermanas Raras producía escalofríos a cualquiera que conociera su tendencia a tropezar con las cosas.
"¿Y a qué debemos el buen ánimo de esta mañana?" preguntó un joven alto y bien parecido con el cabello largo recogido en una cola de caballo quien también estaba vestido con un uniforme de auror.
"Nada en particular Williamson, es una bonita mañana eso es todo," dijo Tonks sonriéndole. Colocando los expedientes debajo de su brazo derecho, Tonks comenzó a servir otra taza de café para Williamson.
"Permíteme," dijo Williamson, tomando la mano de Tonks que sostenía la cafetera y ayudándola a servir su café. Williamson estaba invadiendo el espacio personal de Tonks, pero si ella lo había notado, no parecía molestarle en lo absoluto.
"Es bueno verte de buen ánimo," continuó diciendo Williamson terminando finalmente de servir la segunda taza de café y liberando la mano de Tonks.
"Yo siempre estoy de buen ánimo," dijo Tonks dejando los expedientes sobre un escritorio cercano y apoyándose con una mano en él. No era una posición demasiado insinuante, pero realzaba en algo el poco busto de Tonks.
Williamson entretanto parecía haber sido hipnotizado por los labios de Tonks que tanteaban la humeante bebida. Sintiendo su mirada Tonks se sonrojó. Decidiéndose, Williamson acercó su rostro al de ella. Tonks dejó a un lado su taza de café. Williamson se acercó aún más, un simple roce entre sus labios, apenas si podría ser considerado un beso. Tonks parecía insegura y sorprendida por el gesto de su compañero.
"¿Qué haces?" susurró Tonks produciendo una suave vibración. Williamson no le respondió con palabras, sino que tomando entre sus labios el labio inferior de Tonks comenzó a succionarlo. Tonks cerró los ojos y comenzó a corresponderle.
Las manos de Tonks ahora estaban entre el cabello de Williamson y las manos de éste, buscaban el final de la camisa de auror de Tonks para introducirse entre su piel y la tela. Parecían haber olvidado dónde estaban, hasta que ella intentó detenerlo. "No podemos hacerlo aquí," le dijo.
"Claro que pueden," dijo la voz de Dolores Umbridge, Asistente Especial del Ministerio de Magia, quien ahora estaba de pie junto al par de archivadores. "Según el inciso tercero del código décimo del manual de comportamiento de funcionarios del ministerio." Código que había hecho aparecer entre sus manos mientras hablaba. "No hay ningún inconveniente en que los aurores tengan relaciones interpersonales entre sí." Cerrando el código produciendo un fuerte sonido agregó conmovida, "además hacen una pareja tan linda." Remus despertó en ese momento, todo había sido un sueño, o una horrible pesadilla si quería ser sincero.
Al parecer el fuerte sonido que despertó a Remus lo habían ocasionado Marcus y sus amigos bajando de unos árboles las nuevas trampas para cazar aves que habían ideado. Una serie de estacas afiladas con algún tipo de carnada insertada en la mitad de ellas, hacia las cuales las aves volaban quedando ensartadas.
Remus se dirigió hacia el río. Deseaba alejarse de todos, de todo. Deseaba estar al lado de ella, comprobar de una vez por todas si sus pesadillas eran ciertas, decirle cuanto la amaba, poserla una vez más, hacerla su mujer para siempre, para que ningún otro hombre tuviese el derecho de ponerle un dedo encima. 'Ella tiene el derecho de estar con quien quiera,' recordó una voz en la cabeza de Remus. 'Ella es nuestra,' respondió otra voz. 'No tienes ninguna seguridad de que esté con otro' '¿Quién no desearía estar con ella?'. Remus se inclinó en una orilla del río y sumergió su cabeza entre el agua, pero incluso allí las voces persistían.'Si está con otro es tu culpa, tú no le diste ninguna seguridad cuando te marchaste' '¿Qué te preocupa? Nunca tuviste ninguna esperanza de ser su compañero, tarde o temprano se iba a cansar de tí'. Remus sacó la cabeza del agua para respirar.
"Algunas veces yo también desearía convertirme en pez." La voz tomó totalmente por sorpresa a Remus. Se trataba de Marta, la mujer oficial de Greyback, quien ahora estaba de pie a su lado y jugaba entre sus manos con un par de piedrecitas de rio. "Fenrir me dijo que ellos no tenían oidos. Así cuando la bestia dijera come, yo no podría escucharla y cuando la niña dijera tengo miedo tampoco podría oirla," le explicó como si hubiese explicado el más simple de los conceptos. "Pero si la bestia no come, va a intentar salirse por algún lado ¿no? a ella nunca le ha importado que no la escuchen. No. no funcionaría," dijo ya como hablando para sí misma y dándole la espalda se dirigió hacia el campamento.
Remus contempló su propio reflejo en el río. Su cabello, su barba y su bigote habían crecido considerablemente, pero lo que le asombraba era notar las chispas amarillas que persistían en sus ojos.
Cuando Remus regresó al centro del campamento de la manada después de desmontar las trampas del campamento anterior. Marcus presumía sobre un cuervo que había logrado cazar con una de sus trampas. "No son tan inteligentes despues de todo ¿no," reía en voz alta. Retirando el ave de la mitad de la trampa de púas, Marcus salpicó de sangre la cara de Lilith.
"Mira lo que haces," se quejó Lilith limpiándose la sangre del rostro.
Marcus no tomó bien el comentario de Lilith y sujetándola por el cabello le comenzó a recordar, "eres mi mujer y yo hago contigo lo que yo quiera." Tomando el cadáver del cuervo con la otra mano, lo dirigió hasta el rostro de Lilith y comenzó a acariciarla con este.
"Ya basta," susurró Lilith, pero Marcus no iba a detenerse, no en frente de la mirada de todos sus amigos, no en frente de la mirada de Remus Lupin.
"Ella dijo, ya basta," dijo Remus, acercándose a la pareja.
Marcus sujetó a Lilith más firmemente por el cabello haciéndola arquear su espalda.
"Pero a quién tenemos aquí, si es nuestro superhéroe favorito, el defensor de todas las especies desvalidas," dijo Marcus causando la risa generalizada de los presentes.
"¿Qué vas a hacer, sacar tu varita y fulminarme con un rayo?" preguntó Marcus haciendo gemir a Lilith de dolor.
"Suéltala. Por favor," dijo Remus en su tono de voz más calmado. Marcus sonrió y comenzó a introducir el ave por el cuello de la camisa de Lilith.
"Si crees que hay honor en dominar a alguien que ya está bajo tu control..." dijo Remus girándose como para seguir de largo.
Marcus empujó a Lilith hacia el suelo y lanzó más allá el cadáver del cuervo. "Yo creo que ya es hora que alguien te enseñe cómo son las reglas dentro de esta manada," dijo en tono amenazante. Remus simplemente exhaló una risa. "¿Qué te parece tan gracioso?" preguntó Marcus enfadado.
"Para ser sincero, que alguien como tú hable de enseñar. Creí que no conocías el concepto."
El primer golpe lo lanzó Marcus rompiendo el labio de Remus. "Golpeas como una niña," le dijo Remus probando el sabor de su propia sangre. Marcus lanzó el siguiente golpe pero esta vez Remus fue más rápido haciendo que Marcus cayese directamente al piso y haciendo que uno o dos de sus amigos soltaran carcajadas.
"Vas a ver," dijo Marcus arremetiendo contra Remus de nuevo y tumbándolo consigo hasta el piso. Patadas, arañasos, rodillazos, cabezasos ningún golpe estaba prohibido. Los dos podían probar el sabor de la sangre del otro en sus manos. Toda la manada se reunía ahora alrededor de ellos para apreciar el espectáculo gritando y animando la pelea. Unos en favor de Marcus y otros para sorpresa del propio Remus en su favor.
La pelea iba bastante igual, hasta que Marcus decidió sacar un cuchillo de una de sus botas y utilizarlo mientras Remus estaba incorporándose del suelo, el filo de la navaja penetró limpio en el abdomen de Remus. Remus no lo pensó. Simplemente reaccionó. Murmurando un hechizo envió a Marcus de espalda y le dejó inconsciente, ni siquiera había utilizado su varita.
La multitud enmudeció inmediatamente. Siendo en su mayoría de origen muggle se podía afirmar que estaban aterrorizados con el despliegue de poder de Remus.
Greyback fue el primero en romper el silencio comenzando a aplaudir, los demás le siguieron a continuación, pero los aplausos murieron en cuanto Greyback se agachó a revisar el cuerpo inconsciente de Marcus y fueron reemplazados por una oleada de murmullos. " Ya es suficiente," gritó Greyback levantándose. "Patrick, Maurice lleven a Marcus a las grutas, despertará en un par de horas. Esta noche nadie dormirá a la intemperie." Cuando nadie se movió tuvo que gritar de nuevo, "qué esperan, todos tienen algo que hacer ¿no?"
Estaba con vida, era todo lo que Remus deseaba escuchar, '¿Cómo llegamos a esto?' 'El Cretino se lo merecía''No debiste utilizar la magia en su contra, si el ministerio se enterara que atacaste a un muggle''¿El ministerio?Ellos no pueden opinar nada aquí además Marcos no es ningún muggle ya, es un maldito hombre lobo, prácticamente inmortal y capas de defenderse solo''Hicimos un buen trabajo dejándolo inconsciente'. Deseaba sentirse mal, deseaba poder decir que no se sentía terriblemente orgulloso de sí mismo por haberle cerrado la boca a ese desgraciado, pero entre más lo intentaba más difícil le resultaba negar que había disfrutado 'cada maldito segundo de la pelea.' De hecho era lo mejor que había logrado sentirse en semanas.
"Déjame ver." Lilith le había seguido hasta el río e intentaba examinar la herida de cuchillo que Remus tenía en el abdomen mientras él batallaba con deshacerse de sus zapatos y medias.
"Ya sanará," dijo Remus desenterrando el cuchillo y lanzándolo al río, por fortuna la hoja del cuchillo era de acero y no de plata, así que aunque la herida sangraba escandalosamente, en un par de horas sería simplemente un recuerdo.
"No tenías que defenderme," le dijo Lilith sinceramente preocupada.
"No te estaba defendiendo. Marcus es un maldito imbécil iba a suceder un día u otro," dijo Remus tratando de no sonreír.
"Hacer magia aquí no te servirá de mucho para ganar la confianza del grupo," le dijo Lilith cruzando los brazos delante de sí.
"¿Quién dijo que deseaba su confianza?" le respondió Remus bebiendo un sorbo de agua del rio.
"¿Qué demonios viniste a hacer aquí? Es tan evidente que no encajas, odias cazar, odias dormir a la intemperie, odias la luna y nos odias a nosotros," preguntó Lilith.
"Eso no es cierto, yo no los odio."
"Quiero la verdad. Quiero saber a qué estas jugando."
Remus consideró su respuesta por un par de segundos y se decidió por una verdad a medias. "Necesitaba alejarme de ella antes de que saliera lastimada. Yo no encajo en su mundo así que este fue el lugar más lejano que se me ocurrió. ¿Satisfecha?"
Lilith movió la cabeza y dejó exhalar una respiración. "Definitivamente el drama nunca fue echo para mi. Te doy un veinticinco por ciento de sinceridad en tu actuación, pero aquí no hay máscaras que duren Remus Lupin."
"No dirías eso si conocieras al verdadero Greyback," le objetó Remus.
"Quién crees que me mordió. Como te dije, el drama nunca fue echo para mí. Si el demonio me ofrece un trato, yo pongo las condiciones," dijo Lilith girándose para marcharse.
"No parecías exactamente en condiciones de negociar hace un rato," le dijo Remus haciendo girar a Lilith con su comentario.
"Que no te engañen las apariencias, Marcus sólo estaba provocándote, sería incapaz de lastimarme," dijo Lilith topandose de frente con Greyback en su retirada.
"¿Tan nuevo en el clan y ya detrás de una Alpha?" dijo Greyback mirando a Lilith mientras ella se perdía de vista. "Ese es mi chico."
"Qué demonios quieres Greyback," dijo Remus tomando asiento sobre una de las piedras del río y comenzando a remover los girones de lo que quedó de su camisa, no iba a perder el tiempo intentando repararla con magia.
"Yo quiero lo que siempre he querido. Libertad para nuestra especie y un poco de felicidad para mí," le contestó Greyback tomando asiento en otra roca cercana.
"¿Y tu felicidad aún incluye niños pequeños?" preguntó Remus dirigiéndole una mirada de puro odio a Greyback.
"Ese es el problema Remus, la felicidad no es la misma para todos," le contestó éste sonriendo. Remus debió hacer algún gesto amenazante, porque Greyback le advirtió, "yo lo pensaría. Yo también soy un mago si no lo recuerdas y tú no estas en condiciones de retarme, ni darle una segunda oportunidad a Marcus para cortarte en pedazos." Cuando Remus se relajó, Greyback continuó, "la vida aquí es simple Remus, vivimos en libertad y dejamos que cada uno encuentre su felicidad. A Patrick hace feliz la caza y el sonido de los huesos quebrándose, a Gustav le hace feliz construir cosas, Isabel tiene un gusto particular por los paisajes, a Marta le gusta coleccionar piedras, a Michael le hace feliz el peligro, William es un poeta, Anastasia una bailarina, Maurice es un payaso, Cristian un atleta, Mario es un catador de aromas, a Marcus le hace feliz Lilith y a Lilith... bueno, a Lilith no hay nada que la pueda hacer infeliz. Podría continuar describiéndote a cada uno de la manada, pero el punto Remus, es que nunca he entendido lo que te puede hacer feliz a ti. ¿Será acaso la infelicidad perpetua?"
Remus no le contestó, sencillamente continuó lavándose la herida. Greyback continuó, "hubo una época en la que yo mismo dudaba de que mi sueño pudiera hacerse realidad¿recuerdas cuando nos conocimos?"
Era evidente que Greyback se refería a la primera vez que Remus se unió a la manada de hombres lobo, pero Remus le contestó un sarcástico, "es difícil de olvidar," señalando con su mirada la cicatriz de su tobillo izquierdo.
"En fin, veo que es imposible dialogar contigo," dijo Greyback levantándose de su roca. "Pero quiero que sepas que tengo amigos fuera de acá Remus, amigos muy influyentes." La frase de Greyback tomó a Remus por sorpresa, finalmente Greyback había capturado por completo la atención de Remus. "No te molestes, no tienes que fingir sorpresa, eso tú ya lo sabías porque también tienes amigos influyentes afuera," continuó diciendo Greyback al tiempo que se acercaba un par de pasos hacia Remus. "Quiero informarte que si estas con vida en estos momentos, es porque sé que pese a nuestras diferencias del pasado, yo sé que compartimos el mismo sueño Remus. Tú me ayudaste a hacerlo realidad entonces y estas dispuesto a velar por él ahora." Para el final de la frase Greyback estaba justo al lado de Remus. "El mundo está por cambiar, pero yo prefiero jugar como natura. Si Dios y el demonio deciden pelear más nos vale tener emisarios en los dos bandos ¿no lo crees? Así sin importar quien gane, la manada se salva y sólo perdemos un emisario." Inclinándose al oido de Remus, pero sin tocarlo Greyback susurró, "tú eres mi propio Judas Remus que no se te olvide." Y enderezándose añadió, "por cierto, Marcus es alérgico a las bayas silvestres, ridículo pero efectivo, sus vías respiratorias se obstruyen completamente y ni siquiera un hombre lobo puede vivir sin respirar... por mucho tiempo. Una vez casi muere por probar una fresa."
