Descargo de responsabilidad: Harry Potter y todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.

El guardaespaldas

Capítulo 35 – La batalla final

Draco abrió los ojos y miró al techo manchado de hollín. Descansaba acostado sobre el tibio suelo de piedra. La cabeza le dolía.

─ ¿Harry? ─ murmuró. Lo último que recordaba era haber besado a Harry porque había tomado la sabia resolución de no intentar extirpar el horcrux.

Había humo que le irritaba los orificios de la nariz.

Y de golpe volvió a tener completa y horrorizada consciencia. Hermione y Ron estaban junto a él, comenzaban a moverse y emitir murmullos, aunque todavía no estaban del todo despiertos. ¿Pero dónde estaba Harry?

El Slytherin se incorporó de golpe, el cuarto empezó a girar a su alrededor, estuvo a punto de desmayarse de nuevo. Un estiletazo de dolor le perforó la cabeza, tenía la visión borrosa. Adivinaba la silueta alta y delgada de Snape, con sus ropajes ondulantes. Un remolino en el centro del cuarto reunía una miríada de partículas de cenizas grises. Los restos calcinados de un dementor.

Snape bajó los ojos hacia él y dijo en tono solemne: ─ Todo se ha cumplido. ─

oOoOoOo

Harry no sabía donde estaba, pero no estaba solo.

Bajo el cielo azul, a cierta distancia de la orilla del río donde los sauces se mecían pero no golpeaban, corría con un palo en la mano jugando con un perro negro. Le agitaba el palo frente al hocico y el perro saltaba y ladraba con entusiasmo. Pasaron corriendo por delante de una lona desplegada para un picnic. Una mujer pelirroja y un hombre de cabellos negros enmarañados estaban tirados despreocupados sobre la lona, los observaban jugar sonrientes. Había también un viejo mago de larga barba blanca que canturreaba como un abejorro, sus magníficas vestiduras se deslizaban sobre el pasto cubierto de rocío. El viejo mago lo saludó al pasar con guiño cómplice.

Pero Harry no se sentía del todo feliz, había algo que faltaba. De pronto hubo un brusco cambio del clima.

Oscuros nubarrones cubrieron el cielo, bloqueando la luz. Comenzó a caer una lluvia tibia. El viento lo sacudía y lo zarandeaba. Corrió hacia el lugar del picnic para refugiarse. Pero ahora la lluvia arreciaba. Se apretó contra el tronco de un árbol. Las gotas de lluvia le bañaban el rostro y la boca… tenían sabor salado.

Le empezó a doler terriblemente la cabeza, se dio cuenta que ya no estaba de pie sino acostado, todo se había vuelto muy oscuro. Las ráfagas seguían sacudiéndole los hombros y le bramaban en los oídos. Parecían palabras…

─ Harry, por favor, despierta.

─ Respira. El dementor no puede haberle sacado el alma.

─ Los cuerpos que han sido besados siguen respirando.

─ ¡Oh, no!

─ Esto es tu culpa, Severus. ¡Te voy a matar!

─ ¿Tú y cuántos más? Vas a necesitar un ejército.

─ ¡Te odio! ¡Espera y verás! ¡Harry, despierta! ¡Cómo pudiste hacerme una cosa así?

La frente le dolía y le quemaba. Alguien le estrujaba los hombros y lo sacudía. Harry quería que dejaran de hacerlo, quería que se detuvieran. No quería que los que lo amaban sufrieran. Abrió los ojos.

La cara de Draco, colorada hasta lo indecible por la emoción, flotaba por encima de la suya. Sus ojos se encontraron, los de Draco parecieron abrirse al máximo.

─ ¡Harry, háblame! Estás todavía ahí dentro. ─ Las lágrimas le chorreaban por la cara y sobre la boca de Harry.

─ ¿Draco? ─ Harry no reconoció su propia voz, sentía la garganta como papel de lija y un desagradable regusto a humo.

Pero la cara de Draco se encendió en éxtasis, como si ese nombre que había sonado como un graznido fuera la música más dulce que jamás hubiera escuchado. ─ ¡Estás vivo! ¡El dementor no te aspiró el alma! ─ Lo envolvió en sus brazos.

A pesar de su extrema debilidad Harry logró levantar una mano y le dio unas palmaditas en la espalda. Quiso decirle "Te amo" pero todo lo que logró emitir fue un resuello.

Draco lo miró con gran vehemencia en la expresión. ─ ¿Cómo te sientes? ─ demandó.

─ Bien. ─

─ ¡Y te vamos a creer y todo! ─ dijo Hermione con aspereza agachándose junto a él. También tenía la cara ardiente de llanto.

─ Dinos la verdad para que podamos curarte bien. ─ dijo Ron y también se agachó junto a él. Su cara mostraba gran pesar pero también algo de furia.

Harry hizo una mueca ante todas esas miradas severas. ─ Siento que la garganta se me cierra y como si me hubieran sacado una muela sin anestesia. ─ graznó. ─ Pero no de la mandíbula sino de la cabeza. ─ Se llevó la mano a la frente y cuando la bajó estaba toda ensangrentada.

─ Tu cicatriz se abrió. ─ dijo Snape. ─ Y aspiraste humo caliente cuando destruí al dementor. ─ Se agachó con elegancia junto a Harry y lo apuntó con su varita.

Harry vio una serie de resplandores sucederse rápidamente. Sintió un gran alivio, el dolor en su cabeza desapareció y también el de la garganta. La frente ya no le ardía y ya no la sentía pegajosa. ─ Gracias. Ahora me siento mucho mejor. ─

─ ¿Y encima le agradeces? ¡Convocó a un dementor para que te atacara! ─

─ Nos despertamos y te encontramos allí tirado, cubierto de sangre e inconsciente. ¡Y no reaccionabas! Usamos ¡Enervate! sin ningún resultado. ─ dijo Hermione medio entre sollozos contenidos y secándose los ojos con el dorso de la mano.

─ ¡Yo quería llevarte a St. Mungo sin demora pero Severus nos obligó a esperar! ─ Draco giró la cabeza y lo taladró a Snape con ojos de furia. ─ Dijo que te teníamos que esperar a que reaccionaras naturalmente. ¡Y estuvimos desesperados esperando durante CINCO minutos! ─

─ ¿Cinco minutos? ¿Eso fue todo? ─ preguntó Harry divertido. Por la forma en que actuaban sus amigos se hubiera dicho que había estado en coma durante días.

─ ¡Parecieron años! ─ dijo Draco, volvió a mirar feroz a Snape. ─ ¡Y todo por tu culpa! ─

─ No le eches la culpa a Severus. ─ dijo Harry. ─ Fue idea mía. Usé Legilimancia y le pedí que me ayudara a desmayarlos para que pudiéramos proceder a extirpar el horcrux. ─

Los tres estaban escandalizados y no sólo porque había usado el nombre de pila de Snape.

─ ¿Fue idea TUYA desmayarnos? ─ preguntó Draco y su tono de voz semejaba las crepitaciones previas a una erupción volcánica.

─ Me temo que lo que dice Harry es cierto. Ni siquiera seis años en Gryffindor pudieron ahogar sus naturales tendencias de Slytherin. Lástima que no haya podido echarte la mano antes, Harry. Te hubiera sacado muy bueno. ─ dijo Snape con sarcasmo.

Harry se limito a gruñir.

─ Hay una prueba más que tengo que hacer para estar seguro de que el horcrux ya no reside en ti. ¿Puedes decir algo en parselmouth, Harry? ─ preguntó Snape.

─ Necesito una serpiente… ─

¡Serpensortia! ─ dijo Snape al instante. Una pequeña serpiente negra apareció en la palma de su mano y se enrolló sobre sí misma.

Harry supo inmediatamente que algo había cambiado. Antes, cuando veía una serpiente, aunque fuera sólo un dibujo, sentía una especie de chasquido, como si una serie de engranajes se acomodaran en su cabeza. Pero ahora no. Trató de saludar a la serpiente en parselmouth: ─ Eh… hola. ─

─ Eso fue castellano… ─ dijo Snape.

─ Hola, serpiente… ─ probó Harry una vez más. La serpiente no contestó.

─ Sigue siendo castellano. ─ dijo Snape. ─ Es suficiente. ─ Snape hizo desvanecer a la serpiente. ─ Ya no puedes hablar en parselmouth, Harry. El alma de Voldemort ya no está en ti. ─

Harry se sintió un poco decepcionado. ─ Voy a echar de menos las charlas que tenía con las serpientes. ─ dijo.

─ Puedes estar seguro de que Voldemort va a echar de menos mucho más su fragmento de alma. ─ lo miró a los ojos. ─ Prueba de sentarte, Harry. ─

Harry se incorporó. Y se estudió el cuerpo buscando zonas quemadas, secas o muertas como la mano de Dumbledore; no encontró ninguna. ─ Es extraño, no me quemé. ¿Por qué no me quemé? Los otros horcruxes ardieron. ─ miró a Snape. ─ ¿Hiciste algo para parar los hechizos de protección que había puesto Voldemort? ─

─ No los había. Sospecho que Voldemort tenía la intención de ponerlos después de matarte. Pero cuando la Maldición Mortal rebotó sobre él ya no pudo hacer magia. ─

─ Genial. ─ dijo Harry y se puso de pie. Los demás lo rodearon. Harry se apoyó en el hombro de Draco para sostenerse hasta recuperar por completo el equilibrio. Entonces vio la cara de Draco y se quedó helado. Draco estaba furioso como nunca antes lo había visto. E incluso Hermione y Ron parecían muy enojados.

─ ¿Está curado? ─ le preguntó Draco a Snape con voz fría sin sacarle los ojos de encima a su novio.

Snape asintió con un gesto rápido.

─ ¿Estás absolutamente seguro? ─ los ojos de Draco se habían ido entrecerrando, ahora eran dos ranuras.

─ Estoy bien. ─ dijo Harry.

Se desató una tormenta en la cara de Draco. ─ ¡HIJO DE PUTA! ¡CÓMO NOS HICISTE UNA COSA ASÍ! ¡ESTÁBAMOS ESPANTADOS, MUERTOS DE PREOCUPACIÓN! ─ vociferó Draco.

Harry dio un paso atrás. ─ Perdón. ─

─ ¡USASTE STUPEFY CUANDO TE ESTABA BESANDO! ¡CÓMO TE ATREVISTE A APROVECHARTE DE MÍ, ASÍ! ─ aulló.

─ Nos mentiste, Harry. ─ gritó Ron.

─ ¡Pudiste haber muerto! ¡Podrías haber sufrido daño cerebral! ─ gritó Hermione.

─ ¡Y AHORA CÓMO VAMOS A SABER SI EL DAÑO CEREBRAL ES EL DE ANTES O EL DE AHORA! ¡MALDITO, JODIDO, ESTÚPIDO, NOBLE GRYFFINDOR! ─ chilló Draco.

─ Un Gryffindor con tendencias de Slytherin. ─ señaló Snape. Parecía muy divertido con la andanada de gritos. ─ Tus amigos estuvieron a punto de atacarme, hace unos instantes, creyeron que te había matado, Harry. ─

─ Pero no nos dejó ni acercárnosle. ─ dijo Ron.

─ ¿Así que ahora es HARRY, no? ─ le gritó Draco a Snape.

Snape casi sonrió. ─ Sí que se trata de un cambio, ¿verdad? Lo cierto es que me siento mucho más inclinado a estar en términos amistosos con alguien que pudo haber estado en mi casa. Un Gryffindor Slytherin, por ponerlo de alguna manera. ─

─ ¡Pero ésa es una clase incluso peor que un Gryffindor común! ─ le espetó Draco. ─ No sólo actúa irracional y estúpidamente noble y valiente, ¡sino que encima lo hace de manera solapada! ─

─ Tenía que sacarme ese horcrux. ─ dijo Harry. ─ Perdón que te haya asustado tanto pero era algo que tenía que hacerse. ─

─ ¿TENÍA que hacerse? ¿Y se supone que con eso tengo que conformarme, así como así? ¡Eres un heroico, vivillo, traidor, embustero, taimado HIJO DE PUTA! ─

Harry lo agarró y lo silenció plantándole un beso en la boca. Cuando se separaron Draco tenía los ojos cerrados y se había quedado sin aliento.

─ Buena forma de hacerlo callar. ─ dijo Snape ─ Casi tan efectivo como la palabra mágica. ─

─ ¿Te refieres a "perdón"? ─ preguntó Harry. ─ Hermione me la enseñó. ─

─ No, ¡Silencio! ─ dijo Snape. ─ Mucho más potente que "perdón". ─

─ ¡Atrévete nomás a usar ¡Silencio! sobre mí y ver…! ─ gritó Draco abriendo los ojos.

Snape levantó su varita, pero Harry se interpuso rápidamente ─ ¡Basta! ¡Por favor! ¡No peleen más! Ya pasó y por suerte salió bien. ─

─ Ciertamente. Muy bien. ─ Snape miraba fijo la frente de Harry. Harry nunca lo había visto con una cara de felicidad como ahora. ─ Tu cicatriz ha desaparecido por completo, Harry. ¿Sabes lo que eso implica? ─

Harry se llevó la mano a la frente. Sus dedos sólo tocaron piel lisa y sana. Sonrió. ─ Significa que Voldemort es mortal, ¡gracias a ti! ─ Snape sonrió mostrando los dientes. ─ ¡Felicitaciones, Severus y gracias! Ésta es tu victoria. Usar los dementors para destruir los horcruxes fue una idea genial. ─

Snape se mostró muy contento con el halago. Aparentemente no recibía gracias o felicitaciones con frecuencia. Harry tenía que decirle algo más que Snape no sabía.

─ ¿Sabías que Tía Petunia nunca le contó a mi mamá de tu visita, la que habías hecho para disculparte y para explicarle sobre la poción de amor? ─

Snape se quedó helado por unos instantes. Luego dijo hosco: ─ No, pensé que Lily había elegido no tener nada más que ver conmigo. ─

─ Ella nunca supo de tu visita. ─

Snape les dio la espalda de golpe sólo se le escuchó un tenue: ─ Ya veo… ─

Harry no sabía qué más decir. Se puso a pensar, si Tía Petunia se lo hubiera contado a su mamá, ¿estaría él allí? ¿habría existido alguna vez?.

Hubo silencio por unos momentos.

Ron fue el que habló primero. ─ Mortal… ─ parecía que degustara la palabra. ─ ¡Pero entonces ya hemos ganado! ─

─ No todavía. ─ dijo Snape dándose vuelta. Había levantado su barrera de Oclumancia, a Harry le pareció comprensible. ─ En un duelo, Voldemort sigue siendo un mago muy poderoso, probablemente el más poderoso. A eso hay que agregarle que está en Hogwarts rodeado por más de quinientos mortífagos. ─

─ ¡Hagrid tratará de enfrentarlos! ─ dijo Hermione llevándose la mano a la boca. ─ ¡Lo matarán! ─

─ Hagrid no está en Hogwarts ─ dijo Snape.

─ Lo vimos allí hace algunas horas. ─ dijo Ron.

─ Me ocupé de que recibiera un mensaje de que su hermano lo necesitaba en el Bosque Prohibido, estará ocupado durante varias horas. ─ explicó Snape. ─ También les dije a mi madre y a mi padrastro que huyeran, la directora McGonagall está en Skye visitando a unos parientes y como estamos en verano, no hay estudiantes y los profesores están de vacaciones. ─

─ ¿Y los elfos? ─ preguntó Hermione.

─ Todos ellos, los ciento diez, están en Hogwarts. No se perderían esto por nada del mundo. ─

─ No es correcto hacer bromas si los elfos están en peligro. ─ protestó Hermione. Pero Snape pareció no haberla oído.

─ ¿Y los rehenes, los del Ministerio y los de St. Mungo? ─ preguntó Harry.

─ Traté, sin éxito, de disuadir a Voldemort sobre esa parte del plan. De todos modos los rehenes sirven si están vivos, si no causan problemas, no creo que corran peligro. ─

─ Aunque yo no soy El Elegido quiero participar, quiero ir a Hogwarts para ayudar a destruirlo. ─ dijo Harry.

─ Ciertamente. ─ dijo Snape.

─ Podríamos escondernos bajo el manto de invisibilidad, pero Voldemort puede ver a través. ─

Snape suspiró: ─ Permítanme que les provea un disfraz que él no podrá descubrir. ─

─ ¿Qué disfraz es ése? ─ preguntó Harry con evidente interés.

─ Desde que Voldemort me asignó como Señor de los dementors, una de mis tareas era usarlos para someter a cientos de víctimas al beso: muggles, nacidos de muggles y otros que Voldemort consideraba enemigos. Lo que yo en realidad hice en esos casos es esto. ─ Su varita se agitó y Ron, Hermione y Draco emitieron exclamaciones.

─ ¿Qué? ¿Qué pasó? ─ preguntó Harry. No sentía nada fuera de lo normal, quizá…

Draco no dijo nada pero conjuró un espejo. Harry observó su reflejo: sus ojos parecían vacíos, muertos, sin alma.

─ Un simple retoque cosmético mágico en los ojos y un sedante leve y la víctima parece y actúa como si hubiese perdido el alma. ─ dijo Snape. ─ Voldemort no tratará de matarlos si cree que ya están muertos. De hecho le dije que los atraería a la Mansión mediante un ardid y que los transformaría en Inferi besados. Excepto a ti, Harry. Él quería que te mantuviera vivo. ─

─ En este momento no parece muy vivo que digamos ─ murmuró Draco.

─ ¡Tchut, tchut! En esto fracasé en cumplir las órdenes de Voldemort al pie de la letra. ─ dijo Snape burlón. ─ ¡Qué negligente de mi parte! ─ sus ojos relumbraron. ─ ¡La cara que va a poner Voldemort cuando se dé cuenta de que destruí uno de sus horcruxes! ¡Sin querer, por supuesto! Quítate el pelo de la frente, Harry. Que quede bien expuesta. Quiero que a Voldemort no le quede duda alguna que el horcrux ya no está. ─

─ ¡Lo matará! ─ dijo Hermione.

─ Quizá. ─ dijo Snape, restándole importancia.

─ ¡Lo mataremos primero! ─ dijo Harry con decisión. Hizo una pausa y agregó con menos seguridad: ─ O El Elegido lo matará. Si es que aparece. Incluso si esta noche nos toca morir, al menos Voldemort ya es mortal. ─

─ No intenten nada. ─ dijo Snape, sus ojos de pronto brillaron enojados. ─ AÑOS de planes llegarán a su conclusión y realización esta noche. Voldemort está exactamente donde lo quiero. Ustedes no tienen que hacer nada. ¡Quédense callados, parezcan muertos y no me delaten! ─

─ Si crees que Harry va a dejar pasar la oportunidad de comportarse heroicamente esta noche, te vas a llevar una gran decepción. ─ murmuró Draco

oOoOoOo

Aparicionaron a pocos metros de las puertas de Hogwarts.

─ Las defensas están activas dentro del castillo, pero no en el exterior. El Castillo está en manos del Señor Oscuro. ─ dijo Snape, llevaba máscara blanca y las usuales vestiduras negras. No había nadie en el predio externo pero si alguien los hubiera visto habría pensado que Snape hablaba consigo mismo, los cuatro que estaban con él parecían cadáveres ambulantes.

Harry notó que Snape había vuelto a usar "el Señor Oscuro", ahora estaban en territorio enemigo. Disimuladamente, señaló hacia una de las torretas más altas, se veían salir volutas de humo blanco.

─ Hubo un fuego en el sexto piso hace unas horas, alguien abismalmente imbécil le dio a Hagrid whisky de fuego ─ murmuró Snape.

Draco agradeció su actual condición de Inferi besado, qué mejor para no darse por aludido.

Snape abrió las puertas empujandolas.

Un mar de cabezas se dieron vuelta. El Gran Salón estaba más lleno que nunca antes. Las mesas de las Casas habían sido destruidas para dar lugar a las hordas de mortífagos de máscaras blancas y togas negras. Estaban parados en filas, dejando un espacio en la parte central.

Mortífagos de alto rango ocupaban la mesa de los profesores, había un sitio vacío. Voldemort se sentaba en el espléndido sillón del director. La cara blanco tiza resaltaba luminosa. Cientos de velas flotaban alto en el aire. El techo simulaba el estrellado cielo nocturno.

Los rehenes estaban amontonados a uno de los lados de la mesa principal. Estaban inconscientes. El cadáver de Barnes yacía frente a la mesa principal. Al parecer había intentado atacar a Voldemort y lo habían matado. A los demás los desmayaron para que no causaran más problemas. Entre ellos se podían distinguir a Scrimgeour y a Umbridge. Los mortífagos habían irrumpido en una reunión de las altas esferas y habían secuestrado a toda la cúpula del Ministerio. Rita Skeeter también estaba allí, quizá había estado cubriendo la reunión como reportera.

Para horror de Harry, también los mellizos Weasleys estaban entre los rehenes, ¿habrían estado en el Ministerio o en St. Mungo? Por el momento Harry no podía hacer nada por ellos.

Pero el corazón pareció saltársele cuando divisó a Neville Longbottom y a su formidable abuela. Ambos inconscientes. ¿Así que el que tenía las mayores posibilidades de ser El Elegido estaba presente?

─ Buenas noches. Veo que me han guardado un lugar. ─ saludó Snape marchando a grandes pasos hacia la mesa principal seguido por el cuarteto de cadáveres ambulantes. No había hablado en voz demasiado alta pero todos lo escucharon.

Los ojos rojos de Voldemort se fijaron en él. ─ Llegas tarde. ─ dijo con voz fría.

Snape levantó apenas una comisura a modo de sonrisa. ─ Por favor, acepte mis disculpas, mi señor. Tenía asuntos que atender, como puede Ud. ver ─ hizo un gesto hacia los cuatro.

─ ¿Es ése Harry Potter? ¿Muerto? ─

Harry no había visto al que había hablado y no podía volver la cabeza. Pero empezó a oírse un murmullo creciente, todos los mortífagos parecían haberse puesto a hablar y torcían las cabezas para poder mirarlo.

─ ¡Silencio! ─ gritó Voldemort. Y el vocerío murió. Se puso de pie, sostenía una copa de vino tinto en la mano. ─ ¡Acércate! ─

Snape y los cuatro se aproximaron a la mesa, Harry pudo escuchar susurros a su alrededor en los que se distinguía la palabra "cicatriz".

─ Sí. ─ dijo Snape en tono dialogal dirigiéndose a los reunidos. ─ Fue algo muy peculiar, ese terco dementor consumió la cicatriz de Potter primero, ¡como si tuviese un pedazo adicional de alma adentro! ─

La copa en la mano de Voldemort explotó. Si se cortó y sangra puede llegar a tener un ataque, pensó Harry. Voldemort no tuvo un ataque pero el shock que le produjo el enterarse de la pérdida de uno de sus Horcruxes quedó reflejado claramente en su cara.

Los murmullos en el recinto se multiplicaron a la vista de la reacción de Voldemort.

─ Fue todo muy repentino y había terminado antes de que pudiera asegurarme de cumplir sus órdenes de mantener a Potter vivo, mi señor. ─ dijo Snape con tono despreocupado. Estaban parados frente a Voldemort, el Señor Oscuro había quedado sin habla y le chorreaba vino de la mano. ─ Me pregunto si es por esa cicatriz que teníamos órdenes de mantener a Potter vivo ─

Harry no era el único que esperaba ansioso la respuesta, Voldemort notó que todos los ojos estaban clavados en él. Se lamió los labios como si tuviera la boca seca. Los engranajes de su cabeza debían de estar trabajando a toda máquina, Harry casi podía verlos. ¿Debía matar a Snape por haber destruido el horcrux? Pero lo último que quería era atraer más atención a la importancia de la cicatriz. Algunos mortífagos podrían sospechar, de hecho estaba seguro de que algunos ya sospechaban. Si la cuestión de sus horcruxes pasaba a ser un hecho conocido por todos, todos los horcruxes correrían peligro.

Trató de desviar la cuestión y de restarle importancia. ─ ¡Por supuesto que no! Quería a Potter vivo para poder sacrificarlo en frente de toda la familia de los mortífagos; tal como ese mocoso se lo hubiera merecido. ¿Qué mejor entretenimiento! ─

─ Mis más humildes disculpas por haberle quitado ese placer, mi señor. ─ dijo Snape con una breve reverencia.

Eran evidentes los esfuerzos de Voldemort para contener la ira que lo invadía, aparentemente no era tan bueno en Oclumancia. ─ SERÁS castigado por haber desobedecido mis órdenes. ─ parte de la ira se le colaba en la voz. ─ Ve a hacer guardia junto a los rehenes, Wormtail ocupará tu lugar en la mesa principal. ─

Con otra corta reverencia y con una expresión mostrando apropiados remordimientos, Snape caminó hacia los rehenes seguido de cerca por los cuatro.

Harry se moría por atacar a Voldemort con Avada Kedavra, pero estaba rodeado por sus amigos y los rehenes, los mortífagos los despedazarían a todos. Además, ¿qué más tendría planeado Snape?

Apareció un resplandor blanco detrás de la mesa principal, los fantasmas de Hogwarts se hicieron presentes atravesando la pared.

─ Hogwarts fue invadida en una oportunidad anterior, durante la conquista normanda. Fue entonces que yo morí ─ le comentó el Monje Gordo a Casidecapitado Nick.

─ Qué cosa tan terrible que haya sido invadida de nuevo. ─ dijo Casidecapitado Nick contemplando con desmayo a los mortífagos que poblaban el salón.

─ ¡Retira lo que has dicho! ─ chilló Bellatrix poniéndose de pie en su puesto en la mesa principal y apuntando la varita al fantasma. Nick le devolvió una mirada de completo desprecio.

─ ¿Y qué es lo que piensas hacer? ¿Matarme? ─

Brotaron risas del grupo de fantasmas.

Peeves flotó por encima de la mesa. Con una sonrisa maligna que le ocupaba toda la cara. ─ ¡Lo que hay que ver! Pero si es Tom Marvolo Riddle, ¡el alumno mayor se cree el director! ─

Voldemort había estado a punto de tener un ataque cuando se había enterado de la destrucción del horcrux, hubiera hecho falta mucho menos que las burlas de Peeves para hacerle perder los estribos por completo. ─ ¡SILENCIO! ─ rugió.

Pero Peeves parecía encantado, no asustado. ─ ¡Tom! ¿No te gusta que te llame Tom, Tom? ─ Voldemort levantó su varita amenazante, Peeves se le burló con una pedorreta.

Hubo una explosión. El cuerpo chiquito y gordo de Peeves salió disparado como una bala de cañón y desapareció de la vista. Hubo exclamaciones de los fantasmas y risas de los mortífagos.

─ Esos no son modos de comportarse. ─ dijo el Monje Gordo.

─ He expulsado a Peeves de Hogwarts, algo que ni Dumbledore había logrado. ─ alardeó Voldemort.

─ Volverá. Peeves es un espíritu travieso, no puede ser expulsado definitivamente de la escuela. ─ dijo el Barón Sangriento. Tenía una voz profunda y sepulcral, como de ultratumba. Harry era la primera vez que la escuchaba.

Voldemort lo miró con furia. ─ ¿Dudas de las habilidades de tu propio descendiente? ─

El Barón Sangriento habló con gran pesar en la voz y en la mirada. ─ Tú eres descendiente de Salazar Slytherin como yo, pero serás el último de nuestro linaje. ─

─ No necesito descendientes. ¡No he de morir nunca! ─

─ También yo pensé, alguna vez, que podía vencer a la muerte con magia… ─ dijo el Barón Sangriento con un suspiro.

─ Lo lograste. ─

El Barón Sangriento se pasó los dedos por la sangre de unicornio que manchaba sus vestiduras. ─ Ojalá no lo hubiera hecho. Tengo sólo una media vida, una vida maldita. ¡Viviré por siempre como un fantasma! Tom… ─

─ ¡No me llames así! ─ aulló Voldemort.

Pero el Barón Sangriento continuó como si no lo hubiera oído. ─ Tom, pasaste siete años en Hogwarts, en mi Casa. ¿Acaso mi deplorable ejemplo no fue suficiente para detener tus anhelos de obtener vida eterna a cualquier costo? ─

─ ¡Tu ejemplo sólo me llevó a buscar otras formas! ¡Mejores formas! ¡No soy como tú que estás cubierto con la sangre de experimentos malogrados! ─

El Barón Sangriento miró fijo a Voldemort como si pudiera escrutarlo en lo profundo, como si conociera todo sobre él. ─ No te ensalces tanto, Tom, eres más sanguinario y maldito que yo. ─

Voldemort se sacudió de rabia. ─ ¡Los exorcizaré a todos ustedes! ─ chilló. ─ ¡El castillo es MÍO! ¡Lo limpiaré! ¡Basta de fantasmas! ¡No más sangresucias o squibs! ─

Miró el techo estrellado. ─ Desde el momento en que pisé Hogwarts a los once años supe que algún día sería mía. Ese día ha llegado. ¡La mayor fortaleza de magia milenaria de todo el mundo… mía! ─

Hubo relámpagos en el techo. Voldemort disparó una centella con su varita y los relámpagos cesaron.

─ Puede que tú ames a Hogwarts. Tom. Pero tu amor no es correspondido. ¡Hogwarts te quiere muerto! ─ dijo sir Nicholas.

Se multiplicaron los murmullos temerosos entre los mortífagos.

─ Yo había planteado mis reparos, mi señor. ─ dijo Bellatrix. ─ Hay mil años de protecciones mágicas que defienden al castillo. Hogwarts nos destruirá a la primera oportunidad. ─

─ ¿Por qué habría de ser así? Soy descendiente de Salazar Slytherin, uno de los cuatro fundadores. ¡Hogwarts me pertenece por derecho! ─

─ Hogwarts no le pertenece a una persona, les pertenece a los niños de cada generación. Les pertenece a los niños mágicos, sean de sangre pura o nacidos de muggles. ─ dijo sir Nicholas.

─ ¡Pero ahora está en mi poder! ¡Yo controlo el sistema de defensa de Hogwarts! Por completo. ¡Nada en Hogwarts puede hacernos daño! ─

Pero un nuevo sonido inundó el Gran Salón. Las disimuladas y agudas risitas malevolentes de más de cien elfos domésticos. Y una particularmente chillona se elevó por sobre las otras. ─ ¡No todo el sistema de defensa, NO POR COMPLETO, Tom Marvolo Riddle, señor! ─

Voldemort y los mortífagos buscaron alrededor. Pero no había visible ninguna criatura con grandes orejas puntiagudas.

─ Los buenos elfos domésticos no pueden verse, señor. ─ chilló la voz.

─ ¡Somos muy buenos elfos, señor! ─ ésta era una voz distinta, sonaba como un berrido.

─ ¡Pero estos no son buenos magos! ─ ésta otra había sonado más vieja, temblequeante y muy, muy enojada. ─ Algunos de nosotros todavía recordamos cuando Ud. era estudiante aquí, señor, Tom Marvolo Riddle. Alumno mayor y premiado por servicios especiales a la escuela. Pero nosotros sabíamos cómo era en realidad, señor. Vimos cómo trataba a los que consideraba débiles e indefensos. Ud. trataba a los elfos como indeseables. Ud. les hizo creer a muchos magos que era bueno, pero a nosotros no nos engañaba, ni tampoco a los magos sagaces, señor. ─

Hermione debe de estar sintiéndose jubilosa, pensó Harry.

─ ¡Ustedes SON indeseables! ─ gritó una mortífaga de la mesa principal. Harry reconoció la voz, era Alecto Carrow. ─ ¿Por qué habríamos de tenerles miedo?, son unos engendros minúsculos, podríamos destruirlos sin despeinarnos. ─

La contestación le llegó como un rayo de luz púrpura que partió desde arriba, de las vigas y le acertó directamente en la cabeza. Quedó inconsciente instantáneamente y aparecieron cuerdas que la fueron envolviendo por completo transformándola en un capullo.

Voldemort levantó la varita. ─ ¡Mortífagos! ¡Maten a los elfos! ─

De repente, el Gran Salón fue cruzado por innumerables rayos de luz dirigidos a las vigas. Hubo una pequeña explosión y la ilusión del cielo estrellado se desvaneció. Pero no había elfos en las vigas.

─ ¿Dónde están? ─ gritó alguien. Se escucharon risitas estridentes que brotaban de todos los rincones del Gran Salón. Los Mortífagos se vieron atacados por chorros de luz púrpura de todos lados.

Harry había visto en segundo año cómo Dobby, apenas liberado, había hecho volar varios metros a Lucius Malfoy sin mayor esfuerzo. Por eso, para él, los siguientes minutos no fueron tan sorprendentes como para los demás. Los elfos no usaban varitas, por lo tanto no podían desarmarlos. Eran pequeños y rápidos, difíciles para acertarles. Podían aparicionar y desaparicionar en el recinto. Y atacaban en grupo, todos a una.

Pero había una excepción.

─ ¡Ama Bellatrix, Kreacher la protegerá, señor! ─ El viejo elfo se escabulló hacia la mesa principal, pero Dobby le cortó el paso y lo dejó inconsciente de un puñetazo.

─ ¡Elfo viejo, tonto y demente! ─ murmuró Dobby.

Bellatrix contraatacó, apuntó su varita a Dobby: ¡Veritasformo! Pero Dobby ya había chasqueado los dedos y desaparicionó. El hechizo siguió de largo y fue a perderse en el grupo de los rehenes.

Harry vio a otro elfo, elfina en realidad, a la que también conocía.

─ ¡El antiguo amo de Winky estaría tan orgulloso de verla ahora! ¡Peleando contra magos oscuros malos! ─ hipó ebria y le acertó a Peter Pettigrew con un hechizo tan potente que lo hizo girar tres vueltas en el aire y lo terminó dejando, desmayado y colgando de las vigas.

Había tantos mortífagos dando vueltas en el aire que el Gran Salón parecía un circo de tres pistas lleno de acróbatas… aunque si uno tenía en cuenta las máscaras, más que acróbatas parecían payasos.

Voldemort se agachaba y se bamboleaba tratando de esquivar los hechizos que venían en su dirección. De pronto vio a un mortífago delante de él, tenía dos elfos trepados a la cabeza que intentaban vaciarles los ojos. Fue demasiado para él, escapó disparado del Gran Salón en dirección a la Torre de Astronomía.

Los relámpagos estallaron en el techo. Voldemort ya no estaba allí para controlarlos. Un rayo cayó derecho a la cabeza de Bellatrix, quedó reducida a un montículo de grasa sobre el piso de piedra.

─ ¡Genial! ─ dijo Ron.

─ Ron, ¡no hables! ─ lo amonestó Hermione.

Cuerpos inconscientes amarrados cubrían el suelo, rayos del techo seguían cayendo sobre los mortífagos que aún seguían en pie.

─ Escuché a esos Inferi hablar. ─ dijo la abuela de Neville. Los rehenes estaban despertando, los hechizos de Voldemort que los habían desmayado se estaban desvaneciendo.

─ Harry, ¿estás muerto? ─ gritó Neville frenético. Trevor se asomaba de uno de sus bolsillos.

Harry no quería hablar para no delatar a Snape, pero el encantamiento cosmético se estaba desvaneciendo.

─ El disfraz ya no es importante. Ahora lo importante es capturar a Voldemort. ─ dijo Snape y salió raudo del Salón en persecución del Señor Oscuro.

Harry iba a ir tras él pero se detuvo. ─ Neville, tienes que venir con nosotros. ─ dijo. ─ Eres El Elegido. ¡Tienes que destruir a Voldemort! ─

─ ¡Yo? ─ los ojos de Neville se habían abierto como platos.

─ ¡Sí, tú! ─ Harry lo agarró de un brazo y Ron del otro y lo hicieron poner de pie.

─ Pero yo creía… ─ Neville notó entonces la frente ya sin cicatriz de Harry.

─ No soy yo. No estamos seguros de quién sea. Pero tú eres la única otra persona que nació a fines de julio. ─ dijo Harry. ─ ¡La profecía debe de referirse a ti! ─

─ El Elegido. ─ dijo la abuela de Neville. ─ ¡Tus padres habrían estado muy orgullosos de ti, Neville! ─

Neville sólo se sentía muy asustado cuando los otros cuatro lo arrastraron tras Voldemort y Snape a enfrentarse con su destino.

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