Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, provienen de la bella imaginación de la hermosa Stephenie Meyer. La historia es completamente mía, ya que a mi loca cabecita le encanta soñar despierta.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)


Berlín era un sueño.

Bella tenía la mejor vista del mundo mientras secaba su cabello apretujándolo con la toalla, envuelta en otra con una calientita chamarra de Edward cubriéndola del frío inclemente de la capital alemana.

Rosalie y Emmett cumplieron su cometido cuando en enero se anunció que Un Día Para Amar se encontraba entre las seleccionadas para el Festival de Cine de Berlín. Los representantes de las estrellas se apresuraron a la tarea de confirmar la asistencia de todos, aun cuando tenían trabajo que hacer, como Bella que dejó en marcha la edición de la segunda temporada de Cupido... con el inmediato permiso de Liam y Marcus. Era su primer festival, no podía perdérselo, y menos cuando se estaba encaminando a la actuación.

—¡Izzy! —gritaron Tanya y Angela.

—¡No se atrevan! ¡Sigo en toalla! —advirtió, al tiempo que Edward caminaba a la puerta.

—Chicas, solo quince minutos —pidió él, asomando solo la cabeza por la puerta entreabierta.

—Estamos solas —respondió Tanya. Edward se aseguró de que así fuera y miró a su novia.

—Vienen solas.

—Bien —dijo Bella. Edward abrió completamente la puerta y dejó pasar a las amigas de Bella, quienes lo saludaron con besos en la mejilla. Las chicas fueron inmediatamente con Bella, sacándole unas risitas a Edward mientras cerraba la puerta.

—¿Qué te vas a poner? —le preguntó Angela. Bella señaló a la cama donde se encontraba un conjunto de leggings de cuero, blusa de cuello alto y chaqueta estilo motociclista, con zapatos de tacón transparente al pie de esta—. ¿Dónde encontraste esos zapatos? Desde que te fotografiaron usándolos en la universidad todo el pueblo los ha estado buscando.

—Jacob los consigue en una tienda de Beverly Hills. Son lindos, ¿no?

—Increíbles. ¿Hay venta por internet?

—Supongo, puedes preguntarle a Jake cuando lo veas.

—Hecho.

—Chicas, ¿saben qué es lo mejor de esos zapatos? —preguntó Edward—. Que se le ven excelentes —dijo, y le dio a Bella un beso en la mejilla.

—No empieces.

—No le hagas caso, continúa —rio Jacob, entrando a la habitación con Sasha y Charlotte.

—Hola, chicos —los saludó Bella.

—Sentada, preciosa —le dijo Charlotte—. Se aceptan sugerencias, chicos.

—Lo que sea se le ve hermoso —dijo Edward.

—Algo quiere —rio Sasha.

Bella rodó los ojos porque sabía exactamente lo que Edward quería. Y Stefan. Y Carmen. Y Liz, Maggie, Collin. Y Charlie, Renée...

Una sesión de fotos en pareja para la promoción de la película. Culpaba exclusivamente a Rosalie y Emmett por ese ofrecimiento.

—No lo digas —advirtió Bella, apuntándolo con el dedo cuando lo vio abrir la boca.

—Estás igual que en los Globos y el Sindicato.

—Cállate, Tanya.

Cupido... estuvo nominada en los Globos de Oro y el Sindicato de Actores y, como en los Emmy, Bella entró en estado de negación. No la podían culpar. Eran sus primeras premiaciones.

—Solo sigue considerándolo —le dijo Edward, probándose dos suéteres detrás de ella—. ¿Qué opinas?

—El gris, en el otro te vas a congelar.

—Buena elección, como siempre, mi amor.

—No, no. Ni lo intentes. No va a funcionar.

—¿Y qué tal la artillería pesada?

Bella lo miró, sin responder. Detrás de él, se podía ver a Tanya y Angela admirando los icónicos zapatos y hablando con Jacob. Rápidamente, Bella supo de qué hablaba su novio.

—¿Por qué estás tan empeñado en hacerlo? Te estás comportando como un niño pequeño.

Edward suspiró, dejando su ropa en la cama junto a la de Bella.

—Iré por el desayuno.

—Edward...

—¿Lo de siempre?

—¡Edward!

—¡Bien! ¿Sabes por qué quiero hacerlo? Te lo diré: Carlisle habló... No, me gritó que tú no eres suficiente para mí, ni la persona con la que siquiera debería compartir el aire y estoy malditamente cansado de escuchar eso. ¿Huevos y tocino? —preguntó, antes de salir y cerrar la puerta de un aporreo detrás de él.

—¿Qué fue eso? —inquirió Angela.

Bella se puso de pie, sin importarle que Sasha y Charlotte estuvieran trabajando en ella. Tomó su ropa y le quitó sus zapatos a Tanya. Se metió al baño y salió a los pocos minutos, yéndose de la habitación sin decir una palabra. Jacob detuvo a Tanya y Angela cuando iban a seguir a Bella.

Bella bajó al lobby y se apresuró al escritorio de la recepción.

—¿En qué habitación se están hospedando Carlisle Cullen y Esme Parker?

La recepcionista la miró sorprendida, pero revisó sus registros en la computadora de última generación.

—Ciento veinte. Quinto piso.

—Gracias —respondió. Volvió al elevador y apuñaló el botón con un cinco en él. Al llegar, taconeó hacia la habitación. La golpeó con fuerza, sin detenerse hasta que Carlisle abrió.

—¿Isabella? —inquirió, al tiempo que Bella le propinaba una gran bofetada.

—Disfruten la película —soltó ella y se fue, con las manos dentro de los bolsillos de la chaqueta y más tranquila que antes. En la habitación, Edward caminaba de un lado a otro, no estaba fuera solo porque Jacob los mantenía dentro a falta de Carmen que estaba ocupada siendo la representante de Bella—. Hola —musitó Bella, entrando al cuarto.

—Dios. Nena —murmuró Edward, acercándose a ella. La tomó de los hombros y la envolvió en un fuerte abrazo. Bella sonrió—. Me metiste un susto de muerte. ¿Dónde estabas?

Bella suspiró. No podía mentirle a él, menos cuando involucraba a su padre. La chica se soltó y lo miró.

—Fui a... aclararle unas cosas a Carlisle...

Edward lanzó unas risitas.

—Espero que le hayan quedado muy claras.

—Yo también —respondió ella. Edward le dio un beso en la frente—. ¿Aún quieres hacer esa sesión?

—Solo si tú estás de acuerdo.

—Bien. Pero lo haremos por nosotros, por nadie más.

—Así será.

Tanya y Angela se golpearon la frente con una mano.

—Yo a ustedes dos los amo y odio interrumpirlos, pero si Bella no vuelve aquí se les hará tarde —dijo Charlotte.

—Ve, antes de que me lance el cepillo otra vez —rio Edward, rememorando el incidente que ocurrió durante la preparación de Bella para los Globos de Oro, cuando Charlotte soltó el utensilio por accidente, golpeándolo en la ceja y provocándole una pequeña cortada que sacó muchas risas esa noche.

—¡Fue un accidente! —gritó Charlotte.

—Díselo a mi ceja morada.

Bella terminó con el cabello peinado igual que siempre y un suave maquillaje digno de un evento de mañana como al que estaban por acudir.

Edward se peinó detrás de ella, alborotando su cabello con gel y usando el suéter gris que Bella eligió, jeans vino y con un abrigo negro esperando en el perchero.

Felix y Randall los recogieron y los llevaron a la sede principal del festival para el photocall y la conferencia de prensa. Tanya y Angela se quedaron en el hotel con Charlie, Renée, Maggie, Liz, Collin, Mike, Jessica, James y Victoria, estos últimos resultaron ser invitados de última hora cuando Bella extendió para ellos dos la invitación de Tanya y Angela. Idea de Edward, por cierto. Prepararon una de las tabletas para mirar la cobertura por el streaming proporcionado por el mismo festival.

En la pantalla no se veía nada, ya que en la sede continuaban preparándose. Stefan y Carmen recibieron a sus muchachos con vasos de café y barras de cereales; iba a ser un día muy largo, sin el tiempo para poder comer apropiadamente, con que tuvieran algo en el estómago era suficiente. Después de cepillarse los dientes otra vez, Bella masticó goma de menta para calmar sus ansias.

—Listo, chicos. Pueden pasar —dijo una representante del festival. Rosalie y Emmett salieron adelante de Edward, Bella y los dos villanos de la historia. Los flashes comenzaron a disparar desesperados en cuanto tuvieron el primer vistazo. El streaming comenzó a transmitir pocos segundos antes de la entrada de las estrellas. Edward, Bella y los dos villanos posaron a los costados de los directores por unos minutos antes de que la misma mujer que los hizo entrar, se llevara a Emmett y Rosalie y dejara solamente a los actores frente a los fotógrafos que demandaban a gritos que las estrellas miraran y sonrieran a sus lentes. Posteriormente, los villanos se fueron, quedando Edward y Bella, los más solicitados.

Bella se aferró al abrigo de Edward, esbozando una pequeña y coqueta sonrisa para disimular el miedo que sentía de escuchar como los fotógrafos gritaban sus nombres cada vez más demandantes y desesperados.

La encargada volvió y se llevó a Edward, dejando a Bella sola. La chica respiró hondo, metió las manos a los bolsillos de la chaqueta y posó para las cámaras.

—Gracias —articuló Bella cuando regresaron por ella. Edward la recibió con un beso en la mejilla antes de volver al salón.

—¿Todo bien? —le preguntó Carmen.

—Me aturdí —respondió Bella, recibiendo la botella de agua que le daba Renata.

—A la próxima, simplemente no pienses, solo sonríe y muévete a donde te indiquen. Es más sencillo así —le dijo Siobhan, la villana.

—Lo haré. Gracias.

Edward volvió y Rosalie y Emmett entraron.

—¿Cómo estás?

—Mejor.

—Lo hiciste excelente —halagó Edward, abrazándola. Ella se acurrucó en su pecho, sonriendo.

Los llevaron a otra sala, donde la prensa ya esperaba el comienzo de la conferencia. Entraron bajo otra lluvia de flashes y tomaron sus lugares, Edward y Bella separados pues los acomodaron a ella junto a Emmett, y a él a lado de Rosalie. El resto —incluyendo ya a dos de los productores— seguía esa misma línea con la intención de que los directores quedaran justo en el centro. En la mesa había vasos de cristal, botellas de agua y audífonos para escuchar las traducciones de las preguntas. Lo primero que Bella hizo fue servirse un poco de agua y después se colocó el audífono. No quería perderse de nada y delatar su inexperiencia.

Esta vez, un hombre fue el mediador. Sentado en la punta izquierda de la larga mesa, saludó a los invitados conforme tomaban sus lugares.

—Bienvenidos a la conferencia de prensa de Un Día Para Amar. Comenzando en mi lado opuesto, tenemos a Siobhan Jenkins. Bienvenida a Berlín. Frederick Martín. Bienvenido a Berlín. Edward Cullen. Bienvenido a Berlín. —Edward asintió en agradecimiento al mediador y a la prensa por sus aplausos de reconocimiento—. Los directores: Rosalie Hale y Emmett McCarty. Bienvenidos. Isabella Swan. Bienvenida a Berlín —dijo, con más entusiasmo. Bella le sonrió en agradecimiento—. La productora, Eileen Wright. Bienvenida. Y el segundo productor, Paul Evans. Bienvenido. Comencemos con las preguntas, por favor.

La conferencia duró cerca de una hora, tiempo durante el cual hubo preguntas que sacaron risas y otras que pusieron a pensar a los entrevistados, bien por su profundidad o porque no tenían respuesta preparada.

Stefan y Carmen se los llevaron a tomar un rápido almuerzo después de que los fotografiaran para los retratos oficiales del festival, los mismos que serían colgados en los pasillos del teatro para ser firmados por los fotografiados y admirados por los asistentes.

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Bella despertó en la gran cama del hotel, cobijada por una mullida y blanca colcha que le dio calor y la ayudó a luchar contra el frío de la ciudad. Estaba en ropa interior, aunque no recordaba haberse dormido de esa manera. Su ropa de día de prensa estaba acomodada en la silla donde la dejó al regresar de la rueda de prensa, dos horas atrás. Jacob, Charlotte y Sasha ya estaban ahí, preparando sus cosas para comenzar a arreglarla.

—Hola, otra vez —saludó, con voz pastosa.

—Hola, Bella durmiente. ¿Descansaste?

—Sí. ¿Dónde está Edward?

—No sabemos. Cuando llegamos él ya no estaba.

Un golpe sordo debajo de la cama la sobresaltó.

—¿Qué fue eso? —inquirió, bajando de la cama. Tomó la bata de satín rosada y se arropó con ella, anudándola en su cintura. Cuando iba a ver qué había provocado ese golpe, Jacob la llamó.

—Cariño, tienes que decidir qué vestido usar. Ven acá.

Bella se incorporó y fue hacia el clóset donde Jacob había colgado los cinco vestidos que empacaron. Uno en color caqui con cinturón y escote barco, otro de top blanco y falda negra de lentejuelas con apertura en una pierna, el tercero imposible de vestir con ese clima por el profundo escote y la ausencia de tela para los brazos, el cuarto era negro y rojo corto por delante y largo por detrás, y un jumpsuit lavanda que también la congeló de solo verlo.

—Este —dijo, tomando el diseño blanco y negro.

—Perfecto.

Otros dos golpes provenientes de la cama hicieron que, ahora, los cuatro miraran en esa dirección, pero fueron distraídos cuando Carmen y Renata entraron a la habitación.

—Qué bien. Despertaste —dijo Carmen, al tiempo que Renata comenzaba a recoger la ropa de Bella para empacarla de nuevo—. ¿Ya elegiste?

—Sí —respondió Bella, mostrándole el vestido.

—Me gusta. Empieza a arreglarte.

—¿Dónde está Edward?

Carmen suspiró.

—En la habitación de Carlisle. Stefan está con él, no te preocupes. Volverá pronto. Chicos, déjenla preciosa, ¿bien?

—Por supuesto, Carmen.

—Carmen, ¿puedes decirle a Tanya, Angela, Jessica y Victoria que vengan?

—Seguro. Nos vemos en un rato.

—Bien.

Sasha y Charlotte pusieron manos a la obra. Minutos después, las cuatro amigas de Bella entraron a la habitación y lanzaron un gran grito de emoción cuando ella les dijo que escogieran el diseño que quisieran de los que aún estaban colgados fuera del clóset, porque no les iba a permitir que vieran la alfombra roja desde la tableta y menos que se perdieran la película. Stefan había conseguido entradas suficientes para todos. Y, como Edward ya había elegido su traje, envió a Jacob con los otros para que James y Mike se los probaran.

Edward regresó furioso a la habitación, respiraba acelerado intentando calmarse. Cuando Bella le preguntó qué había pasado, él respondió:

—Carlisle es un verdadero imbécil.

—Edward...

El chico suspiró y miró a su novia con dulzura.

—No importa. Stefan dijo que la revista quiere aprovechar que estamos aquí, ¿qué opinas?

—No suena mal...

—Eh. No. Examen el lunes —cantó Renata.

Jessica y Bella se miraron, sorprendidas.

—¿De qué? —preguntó Jessica.

—Derecho.

Bella y Edward torcieron el gesto.

—Está bien. Le diré a Stefan.

—De acuerdo. ¡Edward! —lo llamó, divertida, al verlo apresurarse de nuevo a la puerta—. Hazlo en el teatro. Mira la hora.

—Diablos. ¿Dónde está mi traje?

Charlotte y Sasha señalaron hacia el clóset. Edward lo tomó a las prisas y se metió al baño.

Bella no pudo evitar pensar que esa nueva discusión entre Edward y Carlisle fue por su culpa y lo que hizo en la mañana. Pero es que no se pudo contener, ¿quién se creía que era él para meterse en su relación? No tenía la autoridad moral para reclamarle a Edward sus decisiones cuando él había engañado a Liz y abandonado a sus hijos. De verdad, él menos que nadie podía opinar.

Charlotte alisó su cabello y lo sostuvo en una media coleta cruzada, mientras que Sasha le hizo un maquillaje un poco más cargado que el de la mañana con sombras café, delineador negro, pestañas espesas, blush bronce y labial mate del mismo tono que las sombras.

—¿Sí? —le preguntó Sasha.

—Sí. Me encanta. Gracias.

Edward salió con un traje negro de tres piezas, liso, para variar, a excepción del chaleco que tenía un diseño de damasco, su favorito, zapatos negros de agujeta y el cabello en su despeinado habitual. Las chicas, que estaban arreglándose sentadas en la cama, soltaron un silbido cuando lo vieron. Bella se rio.

—Perfecto. Superada la prueba de las fans.

—Tus fans dirían que te ves bien incluso si llevas un costal de papas —soltó Victoria.

—Y es por eso que ustedes dos pegan tan bien —dijo Angela, apuntando a Edward y Bella.

—Gracias —rio Edward, tomando a Bella de la cintura. Ella sonrió y le dio un beso en la mejilla.

—Ay, los amo —dijo Tanya, sacando su celular.

—No, ni se te ocurra. Estoy en bata.

—Bien, solo porque eso es para Edward.

—¡Tanya! —gritó Bella, desanudándose la bata mientras Renata descolgaba el vestido.

—¿Qué? No dije nada que no fuera cierto.

Bella rodó los ojos con diversión, metiéndose en el vestido. Renata lo subió por su cuerpo y la ayudó a meter los brazos en las mangas largas.

—Guau —exclamó Edward.

—Te odio —soltó Victoria, sonriendo y quitándole seriedad a su comentario.

—Chicas, entren a cambiarse —les dijo Sasha. Las cuatro amigas de Bella se metieron al clóset y al baño con sus respectivos atuendos.

La puerta del cuarto se abrió. Jacob entró, seguido de Mike y James que llevaban trajes oscuros ajustados a sus cuerpos sin que se notaran que eran de la talla de Edward.

—¿Qué tal, eh? Me he superado a mí mismo. Nunca había ajustado algo tan rápido.

—Te ayudaron Liz y mi mamá, ¿no?

—Tal vez.

—¿Nerviosos? —rio Bella, al tiempo que Edward palmeaba la espalda de James. Se acercó a Jacob y lo sacó de la habitación.

—¿Se nota mucho? —inquirió Mike, frotándose las manos.

—Algo. Tranquilos, no pasarán por la alfombra roja, solo se trata de mera formalidad. ¡Chicas! ¡Vengan a ver a los chicos!

Las cuatro amigas salieron del baño y del vestidor. Tanya usaba el jumpsuit lavanda, Angela el vestido caqui, Victoria el negro y Jessica se arriesgó con el guinda. Solo de ver a esta última, todos temblaron.

—Bueno, estamos listos para nuestra primera alfombra roja —dijo James.

La puerta se abrió después de dos suaves golpeteos. Felix y Randall entraron, ambos en trajes negros con abrigos por el frío.

—Es hora —avisó Randall.

—Jess, espera —le dijo Bella. Del clóset, tomó su abrigo negro y una estola de piel falsa negra que llevó en caso de escoger el vestido guinda. Se la dio a su amiga—. Tú estás loca, pero no te resfriarás por eso.

—Gracias, Bells.

Edward y Bella salieron tomados de la mano, encontrándose con el resto de sus invitados en el pasillo.

Tomaron tres coches: Edward y Bella tomaron el auto oficial del festival, el resto se fue en las camionetas. Randall y Felix se fueron con Stefan y Carmen.

Había llovido durante la tarde, por lo tanto el aire era frío aunque sin llegar a lo gélido, incluso se podía decir que era soportable.

El auto llegó al teatro y se detuvo justo en el comienzo de la alfombra roja, frente a los fans, minutos después de la llegada de Rosalie y Emmett. Dos mozos abrieron las puertas y los novios bajaron. Saludaron rápidamente a los fans, después a los representantes del festival, a los productores de la película y volvieron con los fans. Felix le dio a Bella un marcador negro y recibió el abrigo que se quitó la chica.

—Hace frío —le dijo Carmen.

—Es estorboso.

—Eso que ni que. Jake —lo llamó Felix. Bella ya no vio como Jacob se llevaba el abrigo como si fuera Flash.

Edward y Bella firmaron autógrafos y se tomaron selfies con los fans, uno al lado del otro. Bella consideraba que esa era una de las mejores partes de esa locura. Ver a personas que no la conocían, pero que la admiraban y la querían con locura, que estaban dispuestas a soportar durante horas situaciones como el clima o empujones y gritos, era más de lo que se merecía. Y ellos solo pedían una sonrisa, una fotografía y una firma, no era mucho, sin duda Bella deseaba darles aún más.

—Chicos —los llamó Stefan. Los novios se despidieron de sus admiradores. Bella les sopló besos y les gritó un "Gracias, chicos". Se tomaron de las manos y caminaron a la alfombra roja, donde los fotógrafos los esperaban emocionados. Se tomaron de la cintura y posaron tan juntos como pudieron. A lo lejos, Bella pudo ver a sus padres y sus amigos entrando al teatro, los reconoció por la nada discreta estola que le prestó a Jessica—. Edward.

Edward se separó unos pasos de Bella, sin posar, solo con las manos dentro de los bolsillos del pantalón y mirándola, hasta que los fotógrafos le pidieron a gritos que él también les dedicara unos minutos. No hizo mucho, solo se giró para mirarlos y con eso debía ser suficiente. Volvieron a posar juntos y así continuaron hasta que Rosalie y Emmett se unieron a ellos, seguidos de Siobhan y Frederick y los productores. De esa manera, la prensa tuvo sus tomas del equipo junto.

Pasaron a las entrevistas, se unieron de nueva cuenta antes de entrar al teatro y se separaron para ingresar. Edward y Bella, tomados fuertemente de las manos, fueron los primeros en dar un paso al interior, solo para ser detenidos por más fotógrafos que solicitaron al grupo completo. Los dejaron ir cuando estuvieron conformes con lo que obtuvieron.

—¡Mira eso! —exclamó Randall mientras subían el primer tramo de las escaleras. En la pared del pasillo estaban colgados los retratos de primer plano que les hicieron más temprano. Emmett y Rosalie eran los únicos que aparecían en una misma toma, el resto se encontraban solos.

—Los odio a ustedes dos. Son los únicos que pueden salir bien en esta clase de tomas —soltó Rosalie, recibiendo el marcador que le ofrecía una chica vestida de negro.

—No es para tanto —rió Edward, con modestia. Después de firmar sus fotografías devolvieron los marcadores y se dirigieron al teatro, Edward y Bella tomados de la mano. Todos listos para ser un rotundo éxito o un triste fracaso.


Hola, chicas. ¿Como están? Aquí vengo de nuevo con este par. Espero que les haya gustado el nuevo cap. Gracias a saraipineda44, Yoliki, Adriu, jupy, randa1, Rocio, Guest, Semivampiro por sus reviews en el capítulo anterior. Nos vemos en los reviews, en el siguiente, o en Lady Alice.

Annie. xx