FF Original: The Trajectory of Laughter – PK Samurai
Capítulo Treinta y Siete: Postludio de Miyuki
~ Esto se desarrolla después del capítulo 32 y justo antes del capítulo 1. ~
"¿Estás seguro de esto?" preguntó el doctor, sus manos estaban cruzadas firmemente sobre su abdomen. "Como te dije antes por teléfono, es un procedimiento nuevo y de alto riesgo. Sería mejor que lo pospusieras hasta que sea sometido a más pruebas."
"¿Y cuánto tiempo tomará eso?" preguntó Kazuya.
"… aproximadamente otros diez años," admitió el doctor. Sacándose las gafas, dirigió una penetrante mirada hacia Kazuya. "Sí entiendes cuáles son las posibles consecuencias, ¿no? De encontrarnos con alguna complicación durante el procedimiento, podrías quedar completamente paralítico… o peor."
Kazuya se puso de pie. "Finales de Julio, ¿cierto?"
El doctor suspiró. "Muy bien. Sin embargo, considerando el nivel de riesgo que acarrea esta operación, te recomiendo encarecidamente que comuniques a tus seres queridos acerca de esta decisión."
Durante las clases, Kazuya siempre se sentaba al medio de la sala de conferencias. Si estaba demasiado adelante, creía que podía sentir los ojos del profesor sobre él. Si estaba demasiado atrás, tendría que tomar un descanso antes de llegar a su asiento.
La verdad, no tenía amigos. Existían rostros que Kazuya reconocía en varias de sus clases, y en cierta forma se saludaban entre ellos. Sin embargo, ya que no era parte de ningún grupo y raramente salía con alguien los viernes, hasta ahí llegaba su relación con sus compañeros de clases. No era una situación completamente inusual en la universidad; y tampoco era tan diferente a cómo había pasado sus días de preparatoria, pensó en su interior.
Un día, a finales de primavera, justo cuando el catedrático se había ubicado en el atril, un conocido—un muchacho de despeinado cabello castaño llamado Saitō, si no se equivocaba—se dejó caer en el asiento junto a Kazuya.
"Hola… Miyuki-san, ¿cierto? ¿Tendrás los apuntes de ayer?" preguntó en voz baja y con un tono suplicante. "Es increíble pero no pude levantarme de mi cama."
Kazuya le mostró su carpeta—la cual estaba en blanco, excepto por unas palabras subrayadas que decían "Política Pública" y junto a eso, la fecha.
Después de un instante, Saitō levantó la mirada y asintió solemnemente. "Sí. Eso bastará."
"¡Miyuki-san!"
Levantando su bolso más arriba de su hombro, Kazuya volteó. "¿Qué sucede?"
Mostrando una radiante sonrisa, Saitō extendió su celular—un modelo antiguo que Kazuya reconoció al instante "¿Puedes darme tu dirección de correo?"
Kazuya alzó una mano hacia su boca en un claro gesto escandalizado. "¿Eres de esos?"
Él sonrió. "Algunos de nosotros nos juntamos de vez en cuando para salir. Ya sabes, pasar el rato. Pareces un buen tipo—me gustaría que nos acompañaras, es todo."
Encogiéndose de hombros, Kazuya apuntó su celular hacia el de Saitō para transferir la información, y después de unos segundos, su teléfono le indicó que tenía un nuevo mensaje. Inmediatamente, Saitō dio la vuelta y gritó hacia alguien en el fondo del salón—"Erika-chan, vendrás a nuestra siguiente reunión, ¿no?"
"¡Saitō-kun!" se escuchó una nerviosa voz femenina.
Resultó que ambos tomaban el tren para llegar al campus, así que ocasionalmente caminaban juntos hacia la estación.
"Yo sólo digo— ¿es ilegal si estoy en mi propio baño?"
"Sí que suena a algo ilegal."
Saitō suspiró. "Eso creí." Cruzando sus brazos detrás de su cabeza, miró de reojo hacia Kazuya. "Oh cierto—He querido preguntarte, ¿quieres venir con nosotros mañana? Iremos a un izakaya después de clases."
"¿También irá Matsumoto-san?"
"¿Erika-chan? No."
"Está bien, entonces."
Saitō alzó una ceja. "Qué, ¿Ya tienes novia o algo así? Puedes confiar en mí."
"No, no es eso. Es solo que no estoy interesado."
"Oh, bueno," dijo Saitō, luciendo aliviado por alguna razón. Se quedaron en silencio hasta que llegaron al edificio de la estación y Saitō señaló hacia la máquina expendedora. "Oye, ¿no tienes sed? ¿Cuál quieres? Yo invito."
Mirando las opciones, Kazuya estaba por escoger lo de siempre—sin embargo, al notar algo, cambió de opinión. "Entonces, elegiré una ramune. La de naranja."
Presionando un botón, Saitō hizo una mueca. "¿Te gusta eso? Creo que su sabor es algo desagradable."
¡Clack!
"Sí," dijo Kazuya, inclinándose para recogerla del dispensador.
Después de tomar caminos separados, estaba esperando en la plataforma del tren cuando sintió que su teléfono vibraba. Preguntándose si acaso era Saitō de nuevo, lo sacó de su bolsillo. Mirando hacia el número que llamaba, sintió que sus labios se retraían en una sonrisa. "¿Aló?"
El aire estaba cargado con humo procedente de la parrilla y con el sonido de voces animadas. Sin embargo, en la mesa en la que se encontraba, la conversación había ido disminuyendo hasta que sólo quedara una pieza de carne que todos, educadamente, se habían rehusado a tomar. Pronto, con un traqueteo, todos empujaron sus sillas hacia atrás—mejor dicho, todos excepto uno.
Kazuya sacudió su hombro. "Oi, ya es tiempo de irnos."
"Realmente no era mi intención," sollozó Saitō, presionando su puño contra la mesa. "No quería matar a nadie. Pero… solté al bebé… y… ¡ardió en llamas!"
"Tú… espera, ¿qué?"
"Ignóralo, está hablando sobre un juego," dijo una chica junto a ellos.
Saitō sacudió su cabeza enérgicamente. "¡No es sólo un juego! ¡Es un estilo de vida!"
Afortunadamente, Kazuya pensó en su interior, no había seguido el consejo de cierta persona sobre interesarse en los videojuegos.
Cerca a mediados de Junio, Kazuya tuvo un inesperado visitante. Acababa de terminar su última clase del día, cuando repentinamente, escuchó una divertida voz que lo llamaba.
"¡Miyuki!" Levantó la mirada y vio que Saitō le sonreía desde la puerta del salón. Saitō señaló hacia atrás con su pulgar. "Tu novio te está buscando."
A mitad de camino de acomodar la correa de su bolso, Kazuya parpadeó. "Mi, ¿qué?"
Encogiéndose de hombros, Saitō lo guio hacia la ventana. Casi de inmediato, reconoció a una muy familiar figura parada a un lado de las bicicletas, quien sostenía un letrero que decía 'Miyuki Kazuya' en grandes garabatos.
"¿Es por eso que siempre rechazas mis invitaciones a las reuniones?" lo molestó Saitō, golpeando el hombro de Kazuya con un puño, en son de broma. "Oye, está bien, no soy de los que juzgan."
"Idiota, ese es mi kōhai de la preparatoria," respondió.
"¿Tu preparatoria? ¿Quieres decir que ha venido desde Tokyo?"
Pero Kazuya ya se había ido.
Apresurándose en bajar las escaleras tan rápido como podía—a una velocidad que a las justas podría considerarse como un paso acelerado—Kazuya sintió que su ceño se fruncía. Las regionales de verano estaban próximas. Así que, ¿qué estaba haciendo el capitán de Seidō aquí, en el campus de su universidad? Tomaba casi tres horas llegar aquí desde Tokyo, usando la línea Hokuriku. No era como si simplemente pudiera dar un paseo hasta este lugar durante su descanso del almuerzo.
Por un instante, Kazuya se preguntó si acaso existía otro Miyuki Kazuya en el campus—sin embargo, cuando empujó las puertas de vidrio y avanzó hacia el patio iluminado por el brillo rojizo del atardecer, sintió que sus últimas dudas se desvanecían.
Antes de que pudiera abrir su boca para llamarlo, la figura de cabellera castaña dio la vuelta. Con una expresión radiante, bajó el cartel y empezó a correr hacia Kazuya, quien desaceleró hasta un ritmo menos agotador. "¡Miyuki-senpai!"
"Oi, Sawamura," habló Kazuya, tratando de ocultar que estaba sin aliento. "¿Qué haces aquí? ¿No tienes entrenamiento?"
Su entusiasmo se desvaneció visiblemente, Sawamura frenó hasta detenerse. Desvió la mirada. "Fue, uh, cancelado."
"Cancelado," repitió Kazuya. "Claro. Un mes antes de las regionales de verano y… ellos cancelan el entrenamiento. Qué, ¿Acaso el campo se incendió?"
"Pudo haber sucedido," dijo Sawamura de mal humor. Pero al echar un vistazo a la expresión de Kazuya, sus hombros se encorvaron al aceptar la derrota. "Bueno, está bien. Me estoy saltando el entrenamiento. Pero para que sepas, sí le dije al entrenador, y Kanemaru y Harucchi aún están allí. Y, bueno…"
Repentinamente, desde un lugar cercano a su hombro, la voz de Saitō se unió a la conversación, "¿Entonces, tú eres el kōhai de Miyuki?"
Luciendo ansioso por cambiar de tema, Sawamura asintió con la cabeza. "¡Sí! Mi nombre es Sawamura Eijun. ¡Soy de Nagano y mi tipo de sangre es O!" Se inclinó en una reverencia. "¡Gusto en conocerte!"
"Nagano, ¿eh?" Saitō sonrió amigablemente. "Soy de Iida."
Los ojos de Sawamura se iluminaron. "¡Yo de Chikuma!"
"Ahh, Chikuma… eso está algo lejos. Sólo he ido allí una vez cuando era niño para recoger fruta."
"En el verano, ¿cierto? ¿La villa de los duraznos?"
"¡Sí! ¡Vaya!, hasta ahora pienso que esos fueron los mejores duraznos que he probado en toda mi vida."
Kazuya, quien ni siquiera sabía que Saitō era de Nagano, observó mientras continuaban su parloteo por varios minutos, el cual finalmente terminó cuando los dos hicieron una promesa de visitar Hawaii juntos.
"¿Me das tu dirección de correo?" Saitō levantó la tapa de su celular, e inmediatamente Sawamura sacó el suyo. "¡Mira, tenemos el mismo celular! ¡Genial!" Una vez que terminaron, Saitō pasó un brazo por encima de los hombros de Sawamura. "Pareces un buen tipo. Dime… Igual iba a invitar a Miyuki, pero si ustedes no tienen ningún plan, ¿quieren venir con nosotros?"
"Oi, oi…" empezó Kazuya, pero Saitō levantó una mano.
"Algunos de nosotros estamos juntando para alquilar una sala de karaoke, y bueno, ya sabes." Saitō hizo un guiño. "Mientras más gente, mejor."
"Sawamura tiene que regresar a Tokyo –"
"¡Suena divertido!" interrumpió Sawamura ruidosamente.
"¡Genial, entonces así quedamos!"
Con dos sonrisas idénticas en sus rostros, Saitō y Sawamura se volvieron hacia él. Kazuya empezó a sudar.
Teniendo en mente el presupuesto de un estudiante universitario, todos se amontonaron en una habitación individual pálidamente iluminada. Cegadoras luces estroboscópicas parpadeaban en sincronía con la música. De alguna manera, Kazuya terminó sentado en un sofá, en medio de Saitō y una estudiante de otra universidad.
Mientras otros dos cantaban a dueto en la parte delantera de la sala, notó que la muchacha sentada frente a ellos se inclinaba hacia Sawamura.
"Dime, Sawamura-kun, ¿de qué universidad eres?"
"Lo siento, no puedo oírte," dijo Sawamura, sacudiendo su cabeza.
La muchacha se movió aún más cerca; colocando su boca prácticamente junto a su oreja, repitió la pregunta. Ya que la alegre música pop resonaba alrededor de ellos, Kazuya tuvo que inclinarse más cerca para poder escuchar.
Sawamura se sonrojó. "Oh, uh, todavía estoy en preparatoria."
"¿Qué, en serio? ¡Aww!"
"A Miho-chan le gustan los muchacho más jóvenes," la amiga de ella sonrió.
"¿Miyuki-kun?"
Colocando sus codos sobre la mesa, Saitō se inclinó hacia adelante. "Eres de Seidō al igual que Miyuki, ¿cierto? ¿Estabas en el mismo equipo de béisbol?"
Involuntariamente, Kazuya alzó una ceja. No podía recordar haberle dicho a Saitō que había jugado béisbol. ¿Tal vez se le había escapado alguna noche después de algunas cervezas? Pero eso era algo improbable, ya que siempre se había asegurado de mantenerse dentro del límite."
"Sí, soy la estrella," dijo Sawamura, luciendo aún más avergonzado. "Pero cuando Miyuki-senpai estaba en el equipo, yo sólo era el relevista."
"¡Miyuki-kun!"
Kazuya dio un respingo y notó que la estudiante sentada junto a él lucía una expresión de indignación. "Ah… lo siento, ¿qué?"
Ella le mostró una sonrisa mientras acomodaba un mechón de cabellos detrás de su oreja. "¿Qué te gusta hacer en tus ratos libres?"
"Ah—ver televisión, supongo," dijo patéticamente.
"¿Televisión?" Ella rio, como si hubiera escuchado algo gracioso. "¿Algún libro?"
"Claro, de vez en cuando." En su mayoría revistas, admitió en su interior.
"Me preguntaba si serías del tipo intelectual, pero parece que no," dijo ella en son de broma.
Agitando una mano como tratando de llamar la atención, Saitō se inclinó hacia ellos. "¡Obvio que no, él se junta conmigo! ¿Qué te hace pensar eso?"
"Bueno, tú sabes, las gafas. ¿O acaso son sin medida?"
"No, mi visión es bastante mala," dijo Kazuya. "Pero es genético."
"Genético, ¿eh?" Ella deslizó sus dedos por el brazo de Kazuya de forma juguetona. "¿De quién sacaste eso?"
"Supongo que de mi papá."
"¿Supones? ¿No lo sabes?" Ella rio de nuevo, y luego acercó más su rostro al de Kazuya. En un tono bajo, preguntó, "Bueno, ¿y qué hay de tu aspecto? ¿Alguna vez te han dicho que eres guapo?"
Hubo una pausa mientras pensaba. "Puede que lo haya oído una o dos veces."
"Naomi-chan, Miyuki ya tiene novia," dijo Saitō ruidosamente.
La muchacha retrocedió mientras la coqueta expresión se desvanecía de su rostro. Luciendo malhumorada, cruzó sus brazos sobre su pecho. "Oh, claro que tiene. ¡Todos los chicos decentes nunca están disponibles!"
"¿Oh? Miyuki-senpai, ¿cuándo conseguiste una novia?" Kazuya miró hacia el frente y vio que Sawamura los observaba con un ligero sonrojo en el rostro. Sus ojos se desviaron hacia el vaso que el menor sostenía entre sus manos. "¡Felicidades! No lo sabía."
"¿Quién le dio alcohol al de preparatoria?" preguntó en voz alta.
Sawamura frunció el ceño. "Tú también eres menor de edad."
"¡Vamos, vamos, ya basta de eso!" dijo Saitō al instante, poniéndose de pie de un salto. "¿Quién quiere cantar la siguiente canción conmigo?"
Cuando Kazuya retornó del baño, descubrió que la sala del karaoke estaba casi vacía. Debían de haberse ido afuera a fumar, pues todavía había alguien inconsciente echado en el suelo frente a la pantalla—y en el sofá, estaba Sawamura, quien miraba hacia su vaso con una expresión muy seria.
Dando zancadas hacia adelante, Kazuya le arranchó el vaso. "Levántate. Tienes que regresar."
Sawamura no levantó cabeza. "Tus amigos son amables. ¿'S divertido estar con ellos?" Tal parecía que cuando Sawamura estaba ebrio, parte de su acento de chico de campo retornaba a su voz.
"Lo es." Kazuya suspiró, colocando el vaso sobre la mesa. "Sawamura, ¿por qué viniste? ¿Qué estabas pensando?"
"¿Sa'es qué me dijo alguien?" dijo Sawamura, ignorándolo. "Me dijo que sólo debería esperar. Pero la cuestión es que… No quiero esperar."
"Nadie te ha dicho que lo hagas," dijo Kazuya. "Ahora, levántate."
"Oblígame," gruñó."
En un inexplicable estallido de ira, Kazuya sujetó al otro muchacho del cuello de su camiseta e intentó empujarlo contra el sofá. Sin embargo, se dio cuenta tardíamente que Sawamura era más grande y pesado de lo que solía ser, y que él mismo ya no era el de antes. Una punzada de agudo dolor recorrió su pecho y soltó a Sawamura, quien cayó de nuevo con un sordo sonido.
Su mano estaba temblando. Mirándola, Kazuya la cerró en un puño, tan fuertemente que sus nudillos se tornaron blancos.
"Miyuki-senpai."
Volteó. Sawamura había alzado su cabeza, e incluso con la tenue iluminación, Kazuya pudo reconocer que lo estaba mirando de esa forma, esa que había empezado a notar desde hace algún tiempo. Al ver eso, sintió que la ira se desvanecía tan rápido como había aparecido.
Durante años, se había contenido. Pero en ese momento, algo en su interior se rompió. Kazuya se acercó, caminando hacia delante de tal forma que las piernas de Sawamura se encontraban entre las de él. Extendiendo una mano para apoyarse sobre el sofá, su mirada descendió hacia los labios entreabiertos del otro muchacho. Se inclinó hacia adelante, y entonces estaba tan cerca que podía sentir la respiración de Sawamura en su boca, cargada con el olor del nihonshu.
Ante eso, se detuvo abruptamente, y la realidad recobró su lugar alrededor de él.
Estaban en una sala pública de karaoke. Los otros podrían regresar en cualquier momento. Y más que nada, este era Sawamura.
Kazuya inhaló profundamente. ¿Qué estaba haciendo? Ya había tomado una decisión, ¿no?
Empezó a retroceder—pero, de improviso, soltando un sonido de impaciencia, Sawamura sujetó su mano y lo jaló hacia abajo. Antes de que pudiera entender qué estaba sucediendo, Sawamura presionó sus labios contra los de Kazuya, y esta vez, sintió que sus ojos se ensanchaban.
Varios segundos después, el agarre en su mano se aflojó. Kazuya dio unos pasos hacia atrás. Sawamura estaba sonrojado—aunque no estaba claro cuánto de eso se debía a la influencia del alcohol y cuánto era debido a algo más.
"Sawamura," dijo, parpadeando. Eso era lo único que podría haber dicho en ese momento.
"Ya era hora," murmuró Sawamura. Se hundió en el respaldar del sofá y levantó la mirada hacia Kazuya con una expresión determinada. Extendiendo sus brazos en una clara invitación, dijo con un tono de voz serio, "Vamos, senpai. Estoy justo aquí."
Debió de haber estado más afectado por el alcohol de lo que había creído. O tal vez, después de todo este tiempo, Sawamura le había pegado su forma de ser más de lo que había esperado. Dudando sólo por un instante, Kazuya se unió a él en el sofá, hundiendo sus rodillas a ambos lados de las piernas del otro muchacho. Sintiendo el corazón de Sawamura latiendo bajo el suyo, lo besó una vez más, una y otra vez, y en cada una de ellas, Sawamura correspondió.
Naturalmente, después de un corto tiempo, la parte delantera de su pantalón se tensó. Sabía que Sawamura debía de haberlo notado, pues sus ojos miraron hacia abajo.
"Lo siento," se disculpó Kazuya, preguntándose si acaso estaban yendo muy rápido para el menor.
En respuesta, Sawamura se movió, frotando la parte inferior de su cuerpo contra él, y pensó, Supongo que no.
No sabía cuánto tiempo había pasado mientras se abrazaban torpemente en ese sofá de la sala del karaoke. Podían haber sido diez minutos, podía haber sido una hora. En algún punto, la puerta se abrió, y un rayo de luz cayó sobre sus entrelazadas figuras.
"Oh mierda," escuchó decir a la voz de Saitō, y la puerta se cerró de nuevo con un golpe seco.
"Estás engañando a tu novia, ¿sabes?" dijo Sawamura sin separarse de su boca.
"Lo superará," dijo Kazuya.
"Te amo, ¿sabes?"
En lugar de responder, besó nuevamente a Sawamura.
El siguiente lunes, Saitō evitó cuidadosamente a Kazuya, y si bien era divertido observar a su amigo dar un respingo cada vez que sus ojos se encontraban, la novedad desapareció rápidamente.
"Sí, soy gay," dijo. "¿Tienes algo que decir al respecto?"
"No," dijo Saitō. Desvió la mirada. "No estaba bromeando cuando dije que no era de los que juzgaban."
"Bueno."
Hubo una pausa.
"¿Tu… errr… novio sabe?" Saitō se removió con incomodidad. "Que tú… ya sabes… aceptaste la cirugía."
"No."
"Oh," dijo, y por un momento, Kazuya pensó que lucía algo feliz.
Las semanas pasaron. El verano alcanzó su punto más alto, el hostigador calor causaba que sus vestimentas se pegaran a su piel por el sudor. Los periódicos se apilaban encima de su escritorio.
Dos días antes de la final de las regionales de verano, Kazuya se internó en el hospital. Por primera vez en lo que parecía mucho tiempo, su padre condujo su carro para llevarlo.
"¿Cuándo serás dado de alta?" preguntó su padre, estaba mirando directamente hacia adelante. Sentado en el asiento trasero, Kazuya sólo podía ver su rostro por el espejo retrovisor, e incluso así, gran parte estaba oculto bajo un par de gafas oscuras.
"El doctor dice que si todo sale bien, pasaré al menos un mes en rehabilitación," respondió.
"Ya veo."
Salió del carro, y estaba por cerrar la puerta, cuando su padre dijo, "Kazuya."
"¿Sí?"
Aunque su padre no volteó para mirarlo, Kazuya pudo ver que sus dedos apretaban fuertemente el volante. "¿Tienes que hacer esto?"
Hizo una pausa. "No. Pero quiero hacerlo."
"Eso también fue lo que dijo tu madre," habló su padre.
Kazuya no respondió.
La habitación del hospital estaba igual como Kazuya la recordaba. Estrecha, con blancas paredes y blanco techo, y el olor del antiséptico que se impregnaba en sus sentidos.
Echado en su cama, recordó algo de ese día en la oscura sala del karaoke. Un día que había empezado como cualquier otro. Un día de errores, tal vez. Pero, si bien todavía no sabía si se arrepentía o no, ya era demasiado tarde para retractarse, y no tenía planes de hacerlo.
Bueno, ¿y qué hay de tu aspecto?
Cuando la muchacha le había hecho esa pregunta a Kazuya, se había dado cuenta de algo de forma repentina. ¿Su padre? ¿Su madre? ¿Cómo se veían ellos?
No lo sabía. No podía recordar.
Bzzzt bzzzt.
Su teléfono empezó a vibrar. Dejándolo sonar un par de veces, Kazuya finalmente se inclinó para tomarlo.
"Bueno, bueno," dijo. "¿Acaso no es la súper estrella Sawamura? ¿Qué podría querer de mí el respetado segundo Narumiya?"
La voz al otro de la línea bufó. "Muy gracioso."
"¡Haha! Lo intenté."
"¿Alguna vez has considerado ir a un espectáculo de comedia?"
Dejó escapar un exagerado suspiro. "Desafortunadamente, fallé por cinco puntos en la parte escrita."
Hubo una breve pausa. "Espera-¿de verdad hay un examen para eso?"
"Nunca cambias, Sawamura."
Podía sentir que el otro muchacho fruncía el ceño, incluso estando al otro lado de la línea. "No soy como tú."
Una sonrisa jugueteó en sus labios, Kazuya concedió. "Estás en lo cierto."
A diferencia suya, por ejemplo, él no era un idiota.
"… Vendrás a vernos jugar, ¿cierto?"
Tomándose un tiempo, respondió a la ligera, "Por supuesto." De reojo notó que había un reloj digital en su mesa de noche. Empezó a deslizar sus dedos por encima. "¿Puedes hacerlo? ¿Puedes llevar a Seidō hacia Kōshien?
"Sí."
"Bien."
"Yo… Desearía que estuvieras atrapando para mí."
Su mano cayó hacia uno de sus costados, y Kazuya pensó en todas las cosas que podría decir. "Okumura es un buen catcher."
El tono de voz al otro lado se escuchaba lleno de perplejidad. "Lo sé."
"Estaré observando mañana. Haz tus mejores lanzamientos."
"Lo haré." La voz dudó—y luego añadió, "Estaré lanzando para ti en mi mente."
Con una risa, Kazuya finalizó la llamada.
Soltando el celular a un lado, se recostó en la cama y miró hacia el techo, y por un instante, todo estaba inmóvil.
Cuando ya no pudo soportarlo, apartó la mirada, y en su lugar, la dejó deambular por el resto de la habitación—el extremo de la cama, una solitaria silla, la puerta—para finalmente terminar en la ventana cerrada que estaba a un costado. Podía ver los últimos rayos del sol brillando a través de ella. Todo estaba en silencio, excepto por los latidos de su corazón.
En ese entonces había sido diferente, recordó de improviso. Aquella vez, mucho tiempo atrás, cuando no había sido el que estaba en la cama, sino junto a ella. Había pasado días, semanas, meses en ese lugar, a menudo sin hablar durante horas, y algunas veces, su corazón se sentía tan ruidoso que se había preguntado si acaso eso era lo único que quedaba de él.
Sin embargo, había sido diferente durante el verano. Durante ese periodo, las ventanas habían estado completamente abiertas. La luz del sol había entrado a raudales hacia la cabecera de la cama. Una frágil y cálida mano había estado bajo la suya. Y en todos lados, alrededor de ellos, el sonido de las cigarras; llenando la habitación con sus agudos llantos.
Llevando sus piernas hacia un lado de la cama, Kazuya se puso de pie. Un paso y ya se encontraba en la ventana. La empujó. En un principio, no se movió—quizás un poco trabada por la falta de uso—pero después de algunos intentos más, finalmente cedió y se deslizó hasta abrirse. De inmediato, una cálida briza recorrió su rostro, y como un recuerdo distante que se alza del olvido, pudo escucharlo nuevamente.
Minminminmin.
"Eso también fue lo que dijo tu madre."
Minminmin.
"Te amo, ¿sabes?"
Este ruido… En retrospectiva, había estado junto a él cada tarde de verano cuando había creído que había estado solo, en una casa vacía—simplemente no se había dado cuenta de eso en aquel momento. Y aunque antes no había podido encontrar las palabras que había querido decir, estas finalmente fluyeron hacia Kazuya.
"Gracias," dijo en voz alta.
Nadie respondió, por supuesto. Pero, al menos, pensó que las cigarras debían de haber estado escuchando.
Notas del autor: Saitō es un OC, y no volverá a aparecer. Una de las frases entre Saitō y Miyuki era una referencia a la parodia de Free! "50% Off."
