Llegamos al antepenúltimo capítulo de esta historia que ha gustado tanto. Lo cierto es que no me esperaba esta gran aceptación. Me alegra mucho. bueno. a disfrutar de este capítulo. Es uno de los más cortos del fic, más tranquilos, pero necesario para ver los planes de nuestras chicas.

So fine

Emma quiso mirar una vez más el rostro de su amiga. Nunca pensó que se sentiría tan feliz por Belle. Pensaba que ese momento iba a tardar, que Belle iba a esperar más tiempo para quedarse embarazada, pero ¿quién era ella para interferir en eso? Lo importante era que ahora sería madrina de un niño o niña y no veía la hora de ver crecer la barriga de Belle como ésta la había visto a ella cuando Henry. Las dos eran cómplices y, ahora, lo único que faltaba entre las dos era confesarle la historia de su pasado con Regina. Emma lo pensó, ya era momento de contarle todo, se lo había prometido.

Belle hablaba excitada de contarle la noticia del embarazo a Robert cuando se dio cuenta de que Emma había dejado de sonreír.

«¿Qué pasa, Emma? De repente, te has puesto seria»

«No es nada, algo mío. No quiero estropear tu momento, estás tan feliz» dijo Emma

Belle se rio levemente. Conocía a su amiga tan bien que nada de lo que hiciera Swan podría escapar a su mirada de lince.

«Te has acordado de algo. Vamos, cuenta. Te prometí que vendría y me haría la prueba, lo hice, todo salió bien, ya he tenido mi momento de euforia. Ahora es tu turno»

Emma asintió

«Ok. Es una larga historia»

«Tengo todo el tiempo que sea necesario» dijo Belle «Sé que vas a hablar de Regina. Para ser sincera, Emma, no hay nadie más ansioso que yo en saber lo ocurrido entre las dos en el pasado. Y me lo habías prometido»

La rubia tragó en seco

«Lo sé. Y ya que tú has confiado en mí en tantas cosas, creo que es justo que sepas cómo comenzó todo»

Belle se calló para escuchar a su amiga.

Emma tardó una hora entera en contarle su juventud, detalles íntimos de su vida con Regina. Desde el momento en que se conocieron, se enamoraron, hasta el fatídico día en que descubrió la traición.

Ya no era tan doloroso recordar ciertos acontecimientos de la historia, Emma ni siquiera soltó una lágrima, a pesar de que al llegar al final tenía un nudo en la garganta, pero lo controló bien.

«Tras aquel día no volví a ver a Regina. Esperaba no volver a verla más. Así que viajé a Michigan y el resto de la historia ya la conoces»

Belle no podía fingir no estar sorprendida con todo lo que la amiga le había contado. Lo que Regina le había hecho a Emma era algo más fuerte de lo que ella esperaba. No le sorprendía saber que había sido ella quien había buscado el perdón de Emma. Imaginó que si aquello le hubiese ocurrido a ella, no habría sido tan benevolente como Swan.

«Lo que me has contado parece historia de telenovela, Emma. Estoy bastante impresionada»

«Es mi historia. Mía y de Regina»

«Ahora entiendo muchas cosas. Entiendo tu recelo, las veces en que no me querías decir lo que estaba pasando. Puedo imaginar lo difícil que habrá sido darle una nueva oportunidad»

«Fue muy difícil. Casi imposible» Emma bajó la mirada, y se puso a mirar sus uñas para despistar

«Pero la perdonaste porque la amas, ¿no es verdad? Si no fuese así, y porque ella sabe que la amas, jamás te habría pedido que volvieras con ella»

«No andas desencaminada. Me costó admitirlo» Emma levantó la cabeza

«Y ahora estás aquí, dispuesta a cualquier cosa para ser feliz con Regina. En todo caso, Emma, tu historia es hermosa. Amor, perdón, redención…¿Hay cosa más romántica que esa? Parece de película en blanco y negro que tanto te gustaba ver»

Emma sonrió bobaliconamente

«Aún las veo. Y es hasta irónico, sí, parece que esas historias de película se han convertido en mi historia»

Comenzaron a reír.

Henry apareció por el pasillo, con un libro en las manos, mirando a las dos amigas con curiosidad. Quiso saber de qué se reían tanto y por qué tenían la cara roja.

El muchacho rodeó el sofá sin esperar, y preguntó

«¿De qué estaban hablando?»

Las dos se callaron al verlo. Emma agarró su mano, le acarició el rostro, apartándole los cabellos de la frente antes de hablar

«¿Adivina quién va a tener un bebé?»

Henry abrió, asombrado, los ojos de par en par

«¿Tú?»

Ellas se echaron a reír.

«No, cariño. Otra persona» respondió Swan

«Ah…» el niño miró rápidamente hacia Belle «¿Vas a tener un bebé, tía Belle?»

«Adivinaste» dijo Belle animada, recibiendo un fuerte abrazo del muchacho que saltó a su cuello como siempre hacía para demostrarle el afecto a alguien.

«¡Qué guay! Entonces, ¿aquellas pruebas que vi en el baño del cuarto de mi madre son tuyas? Vaya, ¡qué alivio!» Henry era bastante astuto para un chico de su edad. Cuando veía algo diferente, le gustaba leer. Fue lo que hizo cuando cogió las cajas con las dos pruebas que Belle había dejado en el lavabo del baño.

Emma lo cogió por la capucha de la sudadera.

«¿Estuviste hurgando en mi baño, chico?»

«Bueno, es que sabes que me gusta bañarme allí. ¡Ay!» rezongó, intentando librarse de la madre «Por un momento pensé que estabas esperando un bebé»

Belle reía levemente por la impagable expresión que puso Emma.

«Aquellas pruebas eran mías, Henry. Puedes estar tranquilo, tu madre no te va a dar otro hermanito, por lo menos de momento»

Swan se puso más roja

«Por lo menos de momento…»balbuceó. Obvio que pensó en Regina y en Roland en aquel momento. Recordó que tenía que contarle al hijo lo de su novia.

Henry finalmente se libró de las garras de la madre, sentándose en medio de ella y Belle.

«¿Cuánto tiempo pasará hasta que tengas al bebé? ¿Ya escogiste el nombre? ¿Y si es una niña? ¿Cómo la vas a llamar?» preguntó de un tirón, curioso como era.

«Henry, calma. Es muy pronto para saber si el bebé es niño o niña» comentó Emma «Y Robert aún ni sabe que Belle está embarazada. En cuanto se lo cuente, ya pensará en ello» Emma le guiñó un ojo a la amiga

Belle suspiró, alzando, decidida, la cabeza

«Esta noche lo haré»


Cuando Robert supo que su joven y bella esposa estaba embarazada de su primer hijo, solo le faltó caerse de la cama de la alegría que le embargó. La señora Gold olvidó el plan que había montado para hacer que el marido adivinara lo que pasaba, prefirió contárselo de la forma tradicional. Estaban acostándose cuando le dijo que iba a ser padre. Fue un momento gracioso, por no decir trágico cuando se golpeó la cabeza en el cabecero de la cama al escucharlo. A Robert le saldría un chichón bastante grande en lo alto de la cabeza, y sin duda, sería el chichón que luciría con la mayor de las alegrías a lo largo de toda su vida. Claro está que al día siguiente contó a los cuatro vientos en la empresa que iba a ser padre. Casi monta una fiesta para celebrar el acontecimiento, pero Belle lo convenció para que no exagerara, ella sabía que el marido se pasaba de los límites cuando estaba demasiado feliz.

Algunos días más tarde, nada relevante ocurriría en Boston, en la constructora o en la vida de Emma y Regina, por lo menos era lo que pensaba Mills, que comenzaba a extrañarle esa calma. En su opinión, Emma estaba muy misteriosa esa última semana, como si estuviese preparando algo a sus espaldas. Para suerte de la rubia, el trabajo en Gold & Mills iba a todo vapor con los nuevos proyectos y, la mayor parte de las veces, Gina se olvidaba de preguntar qué estaba pasando.

Emma, de hecho, había preparado una sorpresa para Regina, y consiguió esconderle a todo el mundo su idea, que no era tan nueva. Lo había pensado mucho desde que Regina se lo había propuesto el día de su cumpleaños, pero era una idea un tanto absurda, pero posible. Emma acabó haciendo lo que creyó mejor y esperó el momento oportuno para mostrarle a su amada lo que había preparado.

Al final de la tarde, después de acabar la jornada laboral, Emma entró de puntillas en el despacho de Regina, cerrando la puerta para tener unos minutos a solas con su novia. Swan la vio concentrada en la pila de documentos que tenía sobre la mesa, y no se extrañó cuando la confundió con Ruby.

«Deje lo que tenga para mañana en el cajón, que en cuanto llegué le echo un vistazo» dijo, sin apartar los ojos del papel que firmaba, sin notar que era Emma quien estaba de pie, frente a la mesa. Swan se metió las manos en los bolsillos del chaleco y se quedó un tiempo admirándola, sonriendo tontamente a la morena, esperando la cara de sorpresa que pondría cuando levantara el rostro. No dijo nada hasta que eso pasó. Regina estaba tan concentrada que tardó en darse cuenta de que no era Ruby quien estaba allí de pie «¡Mi amor!» Regina le dedicó la mayor de las sonrisas «No te había visto, creí que era Ruby para dejarme más informes»

«Pues llevo parada aquí cinco minutos esperando para ver esa carita hermosa de asombro» Emma bromeó, sacando las manos de los bolsillos para llamarla hacia un abrazo.

Regina soltó la pluma en la mesa, se quitó las gafas de lectura y se levantó rápidamente, corriendo hasta su amada, de una manera que recordaba a esas parejas románticas de las películas antiguas. Se abrazaron, se dieron un rápido beso en la boca y algunas caricias en el rostro antes de mirarse a los ojos, y de que Regina sonriera enamorada a la rubia.

«Sé que nos vemos todos los días así, llegamos juntas, no salimos sin darnos un beso la una a la otra, pero yo siento que siempre es como la primera vez. Ha sido tan bueno para mí, para nosotras» hablaba Regina mientras arreglaba el cuello del chaleco de Emma, mientras se enrojecía un poco al confesar aquello.

«Yo también me siento muy bien con todo lo que está pasando y por lo que aún queda por ocurrir» admitió Emma con soñadora expresión «Escucha, ¿tienes algún compromiso ahora?» preguntó

«¿Si tengo algún compromiso? Solo tengo que ir a buscar a Roland dentro de una hora al colegio, ¿por qué?» Gina descendió las manos por los brazos de Emma, mientras la miraba.

«Es que quiero enseñarte algo» Swan se mordió el labio inferior

«¿El qué?»

«Una cosa, no te lo puedo decir, porque es una sorpresa» explicó Emma

«¿Sorpresa?» Regina cruzó los brazos «Emma, sabes que esas cosas me ponen nerviosa. Has estado tramando algo, ¿no? Lo sabía»

«Sí, pero no te voy a decir nada hasta que lleguemos. Venga, recoge tus cosas, no es lejos de aquí»

«¿Dónde me vas a llevar?»

«No te voy a decir nada. Ya verás. Venga, coge las cosas, nos vamos en mi coche» replicó Emma

Regina no tenía elección. Estaba curiosa, pero sería por poco minutos. Fingió enfadarse con su novia por no contarle de lo que se trataba, pero ella no sabía que valdría la pena esperar para ver lo que Emma había preparado. La rubia sonreía, tranquila, viendo la cara enfurruñada de Mills, ansiosa por otro lado, pero segura de la elección tomada.

Emma llevó a Regina a un edifico a tres manzanas de donde trabajaban. Un edificio bonito, parecido al sitio donde la familia Mills vivía. Gina no sabía a dónde la estaba llevando Emma, hizo varias preguntas por el camino y Emma las respondía con una sonrisa casi siempre. Cuando entraron, Swan cogió de manos del portero un manojo de llaves, la morena se dio cuenta de que el hombre ya la conocía, lo que provocó aún más curiosidad a Regina. Subieron en el ascensor hasta la novena planta, Emma se dirigió a uno de los apartamentos y pidió que Regina cerrara los ojos.

«Emma, ¿qué sitio es este? ¿Estás segura de que es aquí?» preguntó Regina impaciente.

«Ahora lo sabrás. Cierra los ojos y no los abras hasta que no te lo diga» pidió Emma una segunda vez, y Regina lo hizo, a regañadientes, pero lo hizo.

Emma abrió la puerta, guiando a Regina con la mano, comprobando todo antes de decirle que abriera los ojos. El sitio estaba vacío, la sala era enorme, tenía una zona al fondo que daba a una cocina con barra y, donde se detuvieron, una cortina dividía el balcón del resto de recinto. Emma se soltó de Regina, y la dejó libre para que viera todo el sitio.

Cuando Regina abrió los ojos, siguió sin entender lo que significaba aquello, dónde estaban o lo que hacían dentro de ese apartamento vacío. Lo miró todo, buscó algo diferente en las paredes, en el suelo, en las esquinas…Todo lo que veía eran paredes blancas. Se giró hacia Emma y la cuestionó con la mirada.

«¿Te gusta?» dijo la rubia

«No sé» respondió la morena «¿Me puedes decir qué significa esto? ¿Qué estamos haciendo aquí, mi amor?»

«¿Acaso no te has dado cuenta de que el sitio donde estas de pie será tu nueva casa?» Emma sonrió ante la cara que puso Gina, se acercó lentamente «Este apartamento, Regina, es el lugar donde quiero vivir contigo en un futuro» dijo con voz tranquila

Mills la miró sorprendida. No supo cómo reaccionar.

«¿Cómo?»

«He pedido financiación. Hace algún tiempo que le había echado el ojo, pero ahora es cuando reuní el valor» Emma dio algunos pasos, mirando todo alrededor «Sé que tienes tu apartamento, te sientes cómoda allí con Roland y con tu madre, es un lugar espacioso. Solo pensé que podríamos comenzar nuestra vida juntas en un nuevo hogar»

Regina observaba a Emma. Se dio cuenta de que ella estaba ansiosa por una respuesta.

La idea era maravillosa. No podía negar que vivir con su novia-futura esposa-era tentador, sin embargo, no se esperaba eso.

«Entonces, ¿era esto lo que andabas tramando? Un apartamento nuevo…Emma, me encanta, estoy maravillada, te lo juro. Solo que me cogiste de sorpresa» Regina gesticuló

Emma, de repente, se puso seria. Se acercó a ella hasta quedar cara a cara.

«Muchas cosas han pasado desde que regresaste a mi vida. Hasta ese momento me preguntaba si viviría para alguien más que para Henry, y encontré esa respuesta. Yo sé que parece una tontería haber hecho esto, pero lo he pensado mucho, he hecho lo que he creído mejor, y al ser un poco creída como tú, me siento con derecho de pedirte esto. Quiero construir una vida contigo, quiero que te quedes conmigo. Tú, Roland y Henry. Quiero vivir con ustedes aquí, como una familia» Swan acarició el rostro de Regina «Te amo, Regina. Quédate conmigo, cásate conmigo»

Gina tomó aire y la besó cálidamente en la boca, aferrándola por el cuello del chaleco.

«Ya estoy contigo, mi amor» detuvo el beso «También te amo, mucho más de lo que crees y me voy a casar contigo, sí. Acepto. Acepto casarme contigo y vivir aquí, mudarme a este apartamento, comenzar una nueva vida contigo y con nuestros hijos» sonrió de una forma dulce, pero convincente.

Swan sonrió satisfecha, feliz y llena de emociones que no podía definir en aquel momento. De forma bruta, pero divertida, la cogió en brazos y giró con ella por la vacía e inmensa sala que tenían a su disposición. La llenó de besos cuando la dejó en el suelo, agarrando sus manos, pegando su cabeza a la de ella.

«Me siento muy dichosa, Regina. Creo que ha llegado el momento de contar lo nuestro a algunas personas» dijo la rubia

«Confieso que estaba retrasando ese momento, pero tienes razón, mi amor. Tenemos que contarlo» Regina la miró preocupada después de intercambiar cariños

«Sé que, en el fondo, todos tienen la mosca tras la oreja y algunos ya están seguros de lo hay ente tú y yo, pero es el momento de dejarlo claro. Principalmente a Roland y Henry»

La ingeniera desvió la mirada por unos segundos.

«Nuestros hijos, sin duda. Ellos son los que lo merecen y necesitan saber» dijo ella, después de reflexionarlo.