Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de la fabulosa Stephanie Meyer y la historia es completamente de la grandiosa escritora Venezolana Lily Perozo (serie: Dulces mentiras, Amargas verdades) La historia es Rated M, por contener alto contenido sexual. Yo los adapto sin fines de lucro, solo por mero entretenimiento.
Leer bajo tu responsabilidad.
Gracias a Lily Perozo, la autora por permitirme adaptar su historia, sin ella esto no fuera sido posible.
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Capítulo No. 36
La mirada de Bella que en ese momento era de un hermoso violeta claro, brillaba ante la emoción que la embargaba, mientras los frenéticos latidos de su corazón hacían fiesta, la excitación no la dejó esperar a Edward y como una niña curiosa corrió al hermoso helicóptero en colores morado y blanco que los esperaba.
No pudo evitar acariciarlo y elevar la cabeza para observar las aspas y no podía controlar la sonrisa.
— ¿Te gusta? —preguntó Edward y sin perder tiempo ni esperar poses en Bella, le hizo varias fotos.
—Es maravilloso… —y se mordió la lengua antes de decirle que era primera vez que veía un helicóptero de cerca—. Pero no perdamos tiempo, debemos seguir con el viaje… —se encaminó hacia el auto—. Ven Edward que allá vienen los dueños. —le dijo al ver que dos hombres salían de la pequeña edificación que parecía ser una central, pero no pudo avanzar mucho porque el brasileño en un movimiento rápido la retuvo por el brazo.
— ¿A dónde vas? Ese helicóptero es para nosotros.
— ¿Qué? ¡No! eso sí que no, ahora si has enloquecido Edward —dijo y el pánico se instaló en sus ojos—. Yo no me voy a subir a esa cosa, ahí se ve hermoso, volando también, pero sin mí adentro… Le tengo miedo a los aviones.
—Ah no Bella, deja de ser tan miedosa… Pensé que tenías más ovarios.
—Y los tengo pero también quiero seguir manteniéndolos… —se acercó a él, al ver que los hombres venían cerca y le habló en voz baja—. ¿Sabes cuántos helicópteros tienen fallas mientras sobre vuelan el gran cañón? Docenas al año… Y yo sinceramente no confío en esos señores, tal vez ni son pilotos certificados.
—Está bien que no confíes en ellos, porque quien va a pilotear soy yo.
— ¡Tú! —soltó una carcajada nerviosa—. ¿Te has vuelto loco? Definitivamente el sol que has recibido en estos días te ha rostizado las neuronas.
—Y a ti te ha derretido el valor… Vamos Bella quiero que salga a flote tu sentido de la aventura.
—Aventura una mierda, contigo piloteando esa cosa no me monto, no eres piloto certificado.
—No necesito serlo, pero sé pilotear, sino supiera ni lo intentaría, no voy a exponernos… Recuerda que mi primo tiene una aeronáutica y prácticamente vivíamos en las pistas de controles de vuelo, un helicóptero no es nada comparado con los aviones militares que he piloteado.
—Bueno no quiero comprobarlo, mi sueño es solo ver desde una meseta el atardecer no hace falta que me mate en el intento…
—Buenas tardes señor Cullen. —saludaron los hombres llegando.
—Buenas tardes señores, les presento a mi pareja.
—Mucho gusto señorita, Steve Garson —saludó uno de ellos tendiéndole la mano amablemente.
—Un placer, señor Garson.
—Ronald Heinz. —el otro hombre se presentaba ante Bella.
—Bella Swan —dijo sonriendo, pero el nerviosismo se dejaba ver.
—Entonces ¿Está listo señor Cullen? —preguntó con una franca sonrisa Heinz.
—Todo listo. —siguiendo a los hombres que se encaminaron al helicóptero, mientras tomaba a Bella por una mano y la arrastraba con él.
La chica sentía que el corazón le oprimía la garganta y no la dejaba respirar, sus manos empezaron a sudar demasiado y su vista se tornó borrosa, sumiéndose en una nube de temor que no le dejó ser consciente de nada a su alrededor, completamente aturdida apenas veía la boca de Edward y de los hombres moverse, pero no podía escucharlos, ni siquiera reaccionó cuando su novio la cargo y la metió dentro de la nave.
Los nervios no le dejaban opciones para resistirse, cuando las hélices del helicóptero empezaron a dar vueltas sus oídos empezaron a silbar ante el sonido, pero antes de que pudiese llevarse las manos a los oídos todo quedó en silencio, apenas sintió la vibración del aparato elevarse se aferró a la barra de al lado y cerró los ojos lo más fuerte que podía e intentaba tragarse los latidos del corazón que hacían desastre en su garganta. No podía decir exactamente cuánto tiempo pasó hasta que la voz de Edward caló en sus oídos.
—Abre los ojos, no seas cobarde… Te lo estás perdiendo. —en ese momento fue consciente de que tenía puesto unos audífonos y que por ahí escuchaba a Edward.
—Estás loco… Eres un loco de mierda… —chilló y sus manos no dejaban de querer hacer polvo la barra—. ¿Qué he hecho Dios mío?
—Nada en este momento, no estás haciendo nada y si nos estrellamos morirás sin ver lo hermoso que se ve el Gran Cañón desde aquí y todo porque dejas que el puto miedo te manipule… Abre los ojos Bella, si no lo haces voy estrellar el helicóptero, no vine hasta aquí para que no apreciaras el paisaje. —tratando de convencerla de alguna manera.
— ¡Dame tiempo! ¡Dame tiempo! —gritó colérica y respiró profundo en varias oportunidades, mientras Edward se burlaba de ella, algo de lo que no podía ser consciente por estar con los ojos cerrados.
Bella soltó lentamente el aire por la boca y primero abrió un ojo y luego el otro, para después abrir la boca ante lo que veía, el color terracota reinaba en el paisaje, los desfiladeros de ambos lados y ellos volaban por el medio de la brecha más grande y profunda del planeta, algunas mesetas se imponían más que otras y el Sol calaba con sus rayos creando un espectáculo único en el mundo.
Sin darse cuenta las lágrimas rodaban por sus mejillas y no podía cerrar su boca ante la impresión, no podía siquiera asimilarlo, había tenido tanto tiempo haciéndose a la idea y ahora que podía apreciarlo en todo su esplendor no se lo creía.
— ¿Qué te parece? —preguntó Edward al ver que ella no emulaba ni una palabra.
—Es… es magnífico… Gracias Ed, gracias. —sin poder apartar la mirada del paisaje y sentía que toda su vida se reducía a ese asombroso momento.
—Hoy vamos a sobrevolarlo, mañana bajaremos al río, hay muchas cosas por hacer, te había dicho que serían dos días pero, en realidad serán tres.
—Ahh —casi inmediatamente volviendo la mirada a Edward, quien fruncía el ceño y la mueca en su cara le avisaba que había calado con su grito en él—. Eres genial. —le dijo levantándole el dedo pulgar y él le correspondió de la misma manera y una amplia sonrisa, maravillándola con ese gesto que era magnifico, ese gesto que le robaba el oxígeno y la cordura.
—Vamos a divertirnos, la adrenalina te llegará al punto más alto.
—Eso de que la adrenalina me llegará al punto más alto, no me gusta cómo se escucha, no hagas locuras con esta cosa.
—No pienso maniobrar con el helicóptero, no quiero que mueras de un ataque al corazón, solo te hablo del Rafting que haremos en los rápidos, tal vez no te va a gustar como se ve, pero si cómo se siente —dijo con una amplia sonrisa—. Esta noche acamparemos en un lugar seguro.
El cuerpo de Bella se tensó ante las palabras de Edward aunado a eso tuvo que aferrarse a la barra, cuando el helicóptero ladeó para entrar por uno de los laberintos, el cual era realmente increíble el contraste del rojizo de las tierras y el verde selva de la vegetación que coronaba esa zona.
La tarde se hacía notar cuando todo el paisaje se cubría de naranja, inclusive el cielo con su Sol inmenso adornado por nubes que adoptaban la misma coloración, nadie podía discutir que era uno de los misterios más maravillosos en el planeta.
—Vamos a descender sobre esa meseta y después nos iremos al pueblo Supai que es habitado por los indios Havasupai, en una de sus tiendas pasaremos la noche. —le informaba para no darle sorpresas que tal vez no le agradarían, pero ella asintió con entusiasmo.
Edward hizo el descenso con la mayor precaución posible, le habían informado que el clima estaría a su favor, pero nunca le gustaba fiarse de los "Expertos en meteorología"
Bella inconscientemente se aferró una vez más a la barra cuando el helicóptero empezaba a tocar tierra y se balanceaba de un lado a otro, hasta que dejó de hacerlo y entonces pudo respirar con tranquilidad.
Después de unos minutos Edward abría su puerta y le ayudaba a quitarse el cinturón de seguridad, la tomó por la cintura y la ayudó a bajar.
— ¿Estás preparada para esto? —preguntó colocándola en el suelo.
—Desde que nací —dijo con emoción parándose firme para sentir debajo de sus botas de excursión el suelo firme de la meseta.
—Así deberías decir al montarte en un helicóptero —dijo sonriente.
—Eso es otra cosa, no me gustan los aviones, pero admito que el viaje ha sido divertido.
Edward buscó en el asiento trasero las mantas que había llevado por si enfriaba y para sentarse al borde del mundo y la cámara fotográfica para revivir ese momento siempre, le tomó la mano a Bella y se encaminaron lo más cerca posible, pero manteniendo la distancia prudente.
Bella se encargó de quitarle las mantas y colocarlas en el suelo y se sentaron, ella se ubicó en medio de las piernas de Edward quien la adhirió a su cuerpo y le cerró la cintura con los brazos.
—Su magnitud y belleza son perfectas —murmuró Bella anonadada ante el paisaje—. Mi imaginación nunca llegó a hacerle justicia, gracias por traerme Edward, es algo que nunca olvidaré.
—Por ende nunca me olvidarás —dijo besándole una mejilla de manera juguetona.
—Recuerdo que en el banco, cuando me porté como estúpida insegura, me dijiste que solo te importaba el presente y marcar la diferencia… Lo has hecho y sé que con esto tu ego alcanzará la magnitud del Gran Cañón. —acariciándole los brazos al chico con energía, esa que la embargaba.
—Si eres tú quién me lo dice, que no te quede la menor duda. —estrechándola un poco más entre sus brazos y apoyando la barbilla sobre el hombro derecho de Bella.
La chica quería inmortalizar el momento, por lo que agarró la cámara y empezó a hacer fotografías, a medida que capturaba el paisaje para la eternidad, pensó en hacer un collage y mandar a hacer un mural para su departamento y vivir todos los días esa oportunidad que Edward le había brindado.
— ¿Me podrías hacer una secuencia? —preguntó volviendo medio cuerpo y entregándole la cámara a Edward.
— ¡Claro! —exclamó agarrando el aparato, y entonces vio como Bella se dio media vuelta y se puso de rodillas frente a él.
Edward empezó a fotografiarla extasiado con lo hermosa que se veía con el paisaje detrás, mostrándosela, sensual y exótica.
Bella con cuidado jaló la liga que le sostenía el cabello y su cabello empezó a agitarse al aire libre y Edward no perdía el tiempo.
—No quiero que dejes de hacer la secuencia. —le dijo y empezó a quitarse la camiseta sin mangas que llevaba puesta, una blanca con el águila americana estampada al frente, con lentitud y toda la sensualidad que poseía se deshizo del brassier y escuchaba una y otra vez el sonido de la cámara al capturar la serie de fotografías, se llevó una de sus manos y desabotonó el short de tela en color caqui, se detuvo para que Edward captara el momento con el botón entre sus dedos, mientras ella le regalaba una mirada sugerente y se mordía el labio inferior, para después sonreírle con picardía.
A Edward el corazón se le instalaba en la garganta, al verla tan perfecta y además regarle su sonrisa, sensualidad y belleza, sintiendo que el jean empezaba a molestarle y lo hacía sufrir con esa ganas que despertaba en él.
Los cambiantes juegos de luces y sombras se posaban sobre el cuerpo desnudo de Bella, se tornaba, naranja, rojo, amarillo, oscuro y era algo fuera del planeta.
En el momento menos esperado por Edward ella llevó la mano al zoom de la cámara y la agarró. Gateó hasta él y se puso a ahorcajadas tomándole el rostro con ambas manos, presionándolo solo para constatar que ese momento era real.
—Esa secuencia es mi regalo para ti, te la quedarás, pero quiero que tú me regales una también. —tuvo que apretar los dientes reteniendo con eso el jadeo que irrumpió en su garganta cuando sintió las manos tibias de Edward cubrirle los senos.
—Te daré todo lo que quieras, con tal que en unos minutos mates este deseo que has hecho nacer en mí. —posando una de sus manos en la nuca de Bella y la acercó para tirar suavemente del labio inferior de la chica, ese que sugerentemente ella había invitado a que lo hiciese, mientras su otra mano aprisionaba con un poco más de fuerza el pecho al que se aferraba.
—Quedamos en que me cogerías en este lugar… Estamos perdiendo el tiempo. —rozando la punta de su nariz con la de él.
—Entonces no perdamos tiempo que ya estoy adolorido, este maldito jean me está torturando.
Bella le brindó el espacio observando como Edward se ponía de rodillas y empezaba a desvestirse y entonces ella descubrió en él una sensualidad arrolladora, creaba un abismo en su estómago y apenas si podía mantener la cámara en sus manos y hacer la secuencia fotográfica de un Edward dorado pintado por la luz del Sol, desnudándose ante ella, la erección era amenazante, tanto como esa mirada que le desbarataba cualquier fortaleza, no dejó por fuera ningún cuadro, lo capturó todas las veces que pudo, porque eso sería para ella.
Una vez tan desnudos como la naturaleza, Edward le tendió la mano al tiempo que se sentaba con las piernas cruzadas y Bella se sentó encima de él. Con el solo hecho de retratarlo se había excitado al punto de que ella misma recurrió a la penetración al primer contacto, aunque lo hizo lentamente para que la lubricación de ambos ayudara a la fricción y a delirar de placer.
Ella colocó la cámara a un lado y cerró con sus brazos el cuello de Edward, quien empezó a enloquecerla con las caricias en su espalda y las lenguas se buscaron, se encontraron y se enredaron en una lucha íntima en la cual ambas resultaban ganadoras.
—Quiero que sepas que tu también has creado una gran diferencia en mí y lo sabes, estoy seguro que lo sabes —murmuró profundamente colgándose a los cabellos de Bella—. Muévete muñeca… No me hagas sufrir. —le suplicó besándole la punta de la nariz.
Esas palabras de Edward la cegaron, despertando en su interior un huracán de ansiedad y se empezó a mover lenta y constantemente, haciéndolo temblar entre sus brazos y se sentía poderosa, única, arrolladora. La seguridad en ella aumentaba ante cada beso y caricia que él le regalaba.
El brasileño la tomó por las nalgas y le instó a que hiciera los movimientos más rápidos e intensos, marcando sus manos ante la presión con que se aferraba, haciéndola danzar con intensidad o ligereza, dependiendo de lo que su placer le pedía.
Esa manera de Edward de dominar la situación, aunque se encontrase debajo de ella le gustaba demasiado, sentirlo deslizarse dentro y fuera de ella, era una sensación que la marcaría de por vida, nadie se había compenetrado de la misma manera, no solo era algo físico y placentero, era también espiritual porque podía sentirlo.
—Así Ed… Se siente muy bien… —musitaba en medio de jadeos ahogados—. Me haces flotar… Esto es solo una pequeña parte de lo que me haces sentir… Cada vez que entras en mí, me haces recorrer el universo, en segundos… en segundos.
La conexión existente entre todos los elementos de la naturaleza y ellos los llenaba de energía, la amplitud del cielo, que estaba más cerca que nunca y a pocos metros un abismo por el cual se sentirían caer en unos minutos y sabrían que no se harían daño alguno. La grandeza y eternidad del lugar, contrastaba inevitablemente con la existencia humana que ellos brindaban.
Edward sentía el pecho agitado de Bella contra el suyo y solo la cerraba más entre sus brazos con una enorme necesidad de fundir su piel con la de ella, mientras su boca no se detenía, arremetiendo con sus besos, ninguna otra mujer le despertó esa necesidad de besar, de querer comérsela poco a poco, enloquecer al sentir la piel de Bella estremecer ante sus caricias sólo avivaba la llama del deseo en él.
Sin poder evitarlo el cuerpo de Edward se revelaba y también participaba moviéndose, irrumpiendo con la fuerza que de momento poseía y en su vientre y testículos el orgasmo se arremolinaba, así como maniobraba con el cuerpo tensado de Bella viviendo la cumbre del placer y él se apuraba para llegar y estallar, para alcanzarla en el rito y recobrar poco a poco la calma.
Él quería quedarse en ese lugar, seguir abandonados en el placer, pero bien sabía que no podían hacerlo, tuvieron que vestirse y marcharse del mágico lugar, no sin antes hacerse una foto, desnudos y abrazados en la cual sus cuerpos salieron a contra luz en un paisaje entre rojizo y vetado por las sombras negras de las nubes.
Espero que les haya gustado el capitulo.
¿Qué les pareció?
Ame esta capitulo, fue tan hermoso.
No creen que merezca Reviews.
Adelanto del siguiente capitulo…
—Sería maravilloso coger en este lugar —murmuró la chica en el oído del brasileño.
—Insaciable… Aquí no podemos, no quieres brindarle una sesión porno al pobre hombre.
—Últimamente me he dado cuenta que puedes hacer cualquier cosa posible y sé que puedes cogerme sin que el señor se dé cuenta.
—Será rápido… Maldita sea, no sé por qué no puedo negarte nada —masculló pegándola a su cuerpo.
—Porque lo tengo comiendo en la palma de mi mano fiscal.
