¡Buenas nooooches, mis queridos lectores!
Me alegra saber que hay gente nueva por aquí así que les doy la cálida bienvenida y espero que disfruten junto con los demás esta historia. A mis habituales, darle las gracias por seguir siempre a pie de cañón.
Vale... eeem... creo que en este capítulo me pasé con la extensión, pero creo que eso a ustedes les va a gustar :D Así que espero que lo disfruten.
Besos & Abrazos.
Capítulo 37 – "Obsequios que vienen del corazón".
Una vez que se le pasó la conmoción de saber que la cena era en su honor y que los ojos se le llenaran de lágrimas debido a la felicidad la muchacha de ojos perlas no pudo dejar de sonreír durante la velada mientras sus amigos se deshacían en halagos hacia su comida y Chouji literalmente devoraría la vajilla si Ino no se la quitara de delante en más de una ocasión.
- No llores, Hinata-chan – le pidió Naruto, sentado a su lado, tomando el rostro delicado como la porcelana entre sus manos y limpiando las lágrimas con los pulgares.
Las mejillas se sonrojaron con furia, pero sonrió tiernamente mientras recargaba su rostro en la palma de la mano de Naruto, áspera y cálida.
- Es felicidad, Naruto-kun, no te preocupes.
Se vieron obligados a separarse cuando Ino plantó delante de la Hyuga un precioso arreglo floral lleno de orquídeas, margaritas, claveles y algunas flores que incluso no conocía, pero donde el color lila y blanco predominaba. La hermosura que destilaban las flores en conjunto fue tanta que la Hyuga se quedó sin palabras.
- Para ti, querida Hinata, hecho especialmente para nuestra ganadora – informó la rubia, orgullosa.- Este es el regalo del Equipo 10.
- ¿Q-qué? ¿R-regalos? No tenían que molestarse, no era necesario, de verdad. Que estemos todos aquí es suficiente... l-la fiesta es increíble.
- Hinata – la voz de Sasuke la silenció.- Deja que te mimen un poco.
La muchacha suspiró suavemente para luego sonreír hacia sus amigos.
- Muchas gracias, Ino-san, Shikamaru-san, Chouji-san, son increíblemente hermosas.
E Ino la abrazó cuando notó que estaba a punto de volver a llorar.
Al notar los brazos de su amiga alrededor de su cuello la Hyuga comprendió algo de lo que quizás no había sido lo suficiente consciente hasta ahora y que con los ojos de Naruto clavados en su figura y la sonrisa tenue en el rostro de Sasuke por fin lo notó: hacía mucho tiempo que no estaba sola, hacía mucho tiempo que no tenía solo a Kiba y a Shino.
Los regalos comenzaron a sucederse unos a otros y a cada uno Hinata no sabía qué decir más que un sincero gracias y un sonrojo permanente que decidió instalarse en sus mejillas. Nunca había sido el centro de un acto y nunca había recibido tantos obsequios pensados especialmente para ella. La verdad es que si la dejaran seguiría llorando de felicidad.
Kiba y Shino, sus amigos de toda la vida, sus mejores amigos, sus camaradas, le regalaron un peluche de un perrito que tenía una preciosa mariquita en una de las orejas. La muchacha rió al ver la seña de ambos chicos en el regalo, pero abrazó el peluche con cariño y se los agradeció con un beso en la mejilla que causó un alzamiento de cejas por parte de Sasuke y Naruto.
- Ese perro...
- Ese Kiba...
Dijeron los dos a la vez, por lo que se miraron.
- Teme, tus celos fraternales son muy tiernos – molestó el rubio pinchándolo con los palillos en el pecho.
- Los tuyos son una molestia – confesó, cruzándose de brazos.
- En realidad ustedes dos en sí, celosos, son molestos – aseguró Sakura quien se disponía a coger una bola de arroz rellena de salmón.
- Los de él son peores – se defendió Sasuke.- Sabe lo que ella siente, él sabe lo que siente y ninguno de los dos hace nada.
Sakura saboreó las habilidades culinarias de Hinata mientras pensaba en las palabras de Sasuke.
- Sasuke tiene razón, Naruto, has perdido.
- ¡Sakura-chan, deberías estar de mi parte!
- No, porque estás haciendo que una de mis mejores amigas siga esperando – dijo con orgullo mientras volteaba su rostro fingiendo enfado.
- ¿Ves, dobe? Y para que Sakura me conceda la razón realmente tengo que tenerla.
- Cállate, teme.
Gaara y Temari se acercaron a la Hyuga.
- Sentimos no traerte ningún regalo, Hinata-chan, pero esto nos tomó completamente por sorpresa.
- No pasa nada, Temari-san, Gaara-sama, que ustedes estén aquí ya es suficiente regalo para mí – sonrió.- Las cosas materiales son muy bonitas y tienen un gran valor sentimental, pero la verdad es que esto – señaló a su alrededor.- Este gesto que han tenido todos conmigo... lo llevaré aquí dentro toda la vida –señaló su corazón.- Así que, Gaara-sama, Temari-san, gracias por ser parte de algo tan especial para mí.
Y Gaara comprendió más que nunca porqué Naruto la quería tanto.
En ese momento los miembros que quedaban del Equipo 9 se acercaron a ella. Tenten la miró con una especie de ternura y tristeza, Hinata comprendió inmediatamente porqué así que antes de que Tenten pudiera decir algo la Hyuga se levantó y rodeó a la chica de las armas con sus brazos. Ofreciéndole un refugio.
- A mí también me gustaría que él estuviera aquí, Tenten-san, no he dejado de echarle de menos en ningún momento – confesó, acariciando el cabello castaño que su amiga había decidido dejar suelto aquella noche, como le gustaba a Neji.
Sintió los brazos de Tenten abrazarla con más fuerza después de sus palabras y Hinata cerró los ojos para evocar la imagen de su primo. Cierto, lo echaba de menos, pero no estaba sola.
Neji-niisan, te prometo que cuidaré de ellos, de todos ellos, de nuestros amigos.
Aquella promesa se la había hecho la primera vez que tuvo el valor suficiente para visitar su tumba y seguía haciéndosela cada vez que iba a verlo. Ella velaba por todos en su nombre, ella era el sustento de todas las personas que estaban en la sala siempre que cada uno lo necesitaba porque se lo había prometido a su Niisan, porque se lo había prometido a ella misma; porque durante años ellos fueron los únicos que estuvieron a su lado.
Hacía semanas que no dejaba de llover en Konoha y también hacía semanas desde el funeral oficial que se había celebrado dentro de la mansión Hyuga en honor a todos los miembros caídos en combate por su fieldad a la Alianza Shinobi. Hinata no recordaba aquel funeral con demasiada claridad. Se dedicó a estar apartada, sola, sintiéndose extraña entre aquella cantidad de personas que presentaban sus respetos a los familiares más directos mientras sentía que la hipocresía que inundaba la sala comenzaba a asfixiarla.
Ahora se encontraba delante del muro de los caídos, recorriendo con sus ojos cristalinos los nombres y los apellidos hasta que lo encontró: Hyuga Neji.
El paraguas que había estado sosteniendo hasta ese entonces cayó al suelo donde se mezcló con el barro y la lluvia que comenzó a empaparla entera, pero la muchacha de cabellos pelinegros no pareció darse cuenta de ello. En su mente solo resonaba el lugar en el que estaba: el muro de los caídos, y el nombre que allí estaba grabado: Hyuga Neji.
Pensó que sería más sencillo. Durante la batalla no se había permitido flaquear a pesar de la gran pérdida que significaba para su corazón, para su mente, para su alma. Sin embargo, ahora que la guerra había terminado, ahora que la paz había regresado... el dolor le atravesó el pecho como si se tratara de un kunai envenenado cuya sustancia se extendía por todas las partes de su cuerpo.
Las piernas no la sostuvieron y se dejó caer al suelo, el barro manchó sus ropajes negros y sus rodillas quedaron heridas por el fuerte golpe, pero las lágrimas que sus ojos derramaban no se debían al dolor físico ni al frío que apenas sentía: se debía a la pérdida de uno de sus seres más queridos, se debía a comprender que era cierto que nunca más volvería a verlo, que solo le quedaban sus recuerdos.
Entonces, algo comenzó a surgir desde lo más profundo de su estómago. Ira. Y un grito desgarrador salió de su garganta a la vez que las lágrimas ya no eran lágrimas, a la vez que la lluvia ya no era lluvia.
No reaccionó cuando sintió unos brazos que la alzaban con fuerza y la pegaban al muro. En medio de la pared de lágrimas pudo distinguir un cabello rubio y unos ojos azules que la miraban asustados, desesperados, que la analizaban de arriba abajo.
- ¿Hinata-chan? Te hemos estado buscando...
La voz que tanto amaba sonaba lejana, muy lejana.
- Neji-nii, Neji-nii...
- Neji no está, Hinata.
Su voz sonó dura, sus ojos se volvieron fríos. Necesitaba hacer reaccionar a la chica Hyuga porque le asustaba aquel vacío, aquellas cuencas inundadas de tristeza.
- ¡No digas eso, Naruto-kun! – intentó alejarlo de ella, de su cuerpo.
- ¡Es la verdad, Hinata! ¡Escúchame! – la agarró de los hombros con fuerza temiendo hacerle daño, pero era necesario para que ella estableciera contacto visual con él y se mantuviera quieta.- ¡Ya han pasado muchos meses, Hinata! ¡Deja de pensar en los muertos!
- ¡NO PUEDO! ¡Él merecía vivir más que nadie! – golpeó el pecho de Naruto, pero la fría lluvia había hecho su efecto y se encontraba débil.
- Nadie merecía morir en esa guerra, ¡pero los vivos te necesitamos más que los muertos, Hinata-chan! ¡Yo te necesito conmigo!
Y fue entonces cuando Hinata dejó de revolverse en sus brazos y lo miró, quieta. Movió los labios, pero Naruto no fue capaz de escuchar lo que iba a decir porque la joven se desmayó debido al cansancio y a la fiebre.
Hinata ahogó un gemido y trató de ignorar la punzada cerca de su corazón ante aquel recuerdo. No era momento de pensar en cosas tristes. Estaba con sus amigos, con los de siempre. A pesar de todo, para ella siempre serían los novatos porque desde algún lugar Neji los estaba cuidando.
Cuando volvió al presente recibió de parte de Tenten y de Lee algunos accesorios para su cabello adornados con perlas; eran realmente hermosos. Al parecer, cada uno había pensado en ella a su manera.
Sonrió y les dio las gracias con otro abrazo.
- Por un momento... – murmuró Naruto que no le había quitado la vista de encima a Hinata desde que había comenzado la cena.
- ¿Sucede algo? – preguntó el Uchiha.
- Naruto, vamos a darle los rollitos de canela. Seguro que eso la alegrarán – propuso Sakura, quien había visto lo mismo que Naruto: el leve gesto de tristeza que cruzó el bello rostro de Hinata y ambos sabían el porqué.
Entonces, el Uchiha entendió. Él no podía ni quería sustituir a Neji en el corazón de Hinata, así que simplemente era él mismo queriendo a aquella chica como si fuera de su misma sangre. Suspiró. Él no sabía hacer sentir mejor a la gente, pero tenía algo que decirle a Hinata.
¡Tachán! En este capítulo hay un poquito de todo :D Espero que les guste con todo mi corazón.
Es el más largo que he escrito O.O Casi llego a las 2000 palabras, casi.
¡Nos leemos de nuevo mañana y ya saben que espero sus opiniones!
Buenos días & Buenas tardes & Buenas noches.
