¡Hola!

Estoy aquí por fin para actualizar el fic que ya parecía olvidado, de verdad lo siento, nunca fue mi intención hacer una pausa tan larga pero tuve un pequeño bloqueo mental porque… pues odio escribir finales.

Exacto, para bien o para mal acá les traigo el último capítulo del fic, ¡el último, ¿pueden creerlo?!

En fin, espero que lo disfruten y nos leemos al final ^^

~ Cindy Elric ~


Trigésima cuarta Melodía: Compromiso

Kagome miraba interesada su alrededor, ese lugar ya lo había visitado antes (contra su voluntad como en este caso), pero lo más importante era la explicación que Kasumi le había dado, es decir, sabía muy bien que la "ama" de esa youkay era la madre de Sesshoumaru pero, ¿también su padre lo era?

–¡Explícate, ¿de qué estás hablando?! –Exige el hanyou desesperado por la sorpresiva y nueva desaparición de la sacerdotisa.

–Pues si mal no recuerdo –murmura Kazuya aun haciendo memoria–, originalmente Kasumi era uno de las principales youkay que acompañaban al señor Inutaisho y cuando él se casó con la señora Irasue pasó a ser su dama de compañía.

–¿Entonces él le dijo que salvara a Kagome? –Pregunta el pequeño zorrito en brazos de la exterminadora.

–Es probable…

–Pero… ¿no estaba muerto?

–Eso nunca ha sido un impedimento para él –responde Sesshoumaru frunciendo su ceño, su padre siempre disfrutaba metiéndose en sus asuntos aun después de muerto, aunque quizás y en esa ocasión debería agradecerle.

–Kasumi, ¿por qué me has traído hasta aquí?

–Yo se lo pedí… –responde Inutaisho apareciendo frente a la sacerdotisa y a la youkay, sonriéndole amablemente a esta última–. Muchas gracias Kasumi.

–No agradezca señor, siempre será un honor el seguir sus órdenes –hace una reverencia.

–Y yo siempre te agradeceré tu lealtad, ahora puedes regresar al castillo yo me encargaré desde aquí.

–Como ordene –tras una última reverencia desaparece del lugar.

–Este… disculpe, pero usted es el padre de Inuyasha y Sesshoumaru, ¿no es así?

–Sí, me da gusto verte otra vez –le sonríe.

–¿Usted le pidió a Kasumi que me salvara?

–Sí y te pido disculpas por las acciones de Irasue.

–Pero… ¿por qué? ¿Por qué me ha traído hasta aquí?

–Porque quería conocer de forma oficial a la futura esposa de mi hijo mayor –le sonríe.

Mientras todos se encontraban discutiendo en el jardín del castillo aparece frente a sus ojos Kasumi.

–¡Tú! ¡¿En dónde dejaste a Kagome?! –Cuestiona el hanyou ya sin paciencia.

–Ella está en un lugar seguro.

–¿En dónde? –Se acerca a la youkay frunciendo su ceño–. Responde.

–Su padre me ordenó llevarla hasta donde él se encuentra, su tumba.

–¿La tumba del padre de Sesshoumaru? ¿Y eso en dónde está? –Pregunta el zorrito confundido.

–El camino hasta la tumba de ese sujeto está sellada –responde el hanyou recordando que la entrada estaba escondida en su ojo.

–Existe más de un camino hasta ese lugar pero sólo algunos los conocen.

–¡Llévame en seguida hasta ese sitio! –Grita Inuyasha acercándose a la youkay.

–Nada me obliga a hacerlo, yo sólo obedezco órdenes del señor Inutaisho y la señora Irasue.

–Hazlo –exige ahora Sesshoumaru acercándose a la youkay mostrando su enfado.

–Lo siento príncipe Sesshoumaru, pero no obedezco sus órdenes, aunque… –Mira al demonio que se había mantenido extrañamente en silencio–, quizás Kazuya pueda ayudarlo –sonríe y luego hace una reverencia–. Ahora si me disculpan tengo que arreglar todo para la hora de la cena.

Todos ven como la youkay se marcha y tras ella se va Kagura quien había perdido el interés en la situación.

–Kazuya, ¿qué quiso decir la señorita Kasumi con eso? –Le pregunta Hikari atrayendo las miradas de todos.

–Yo conozco uno de los caminos hasta la tumba del señor Inutaisho.

–Disculpe pero yo no gané el ritual… –explica Kagome mientras baja levemente la mirada–. Kagura es la prometida de Sesshoumaru.

–Quizás por el ritual sí, pero tú eres la única dueña del corazón de Sesshoumaru y eso te hace merecedora de ser su esposa.

–¡No digas tonterías!

Esa exclamación llama la atención de la sacerdotisa quien se voltea para encontrarse con la mujer que hace minutos estaba amenazando su vida.

–Irasue, esperaba que tardaras un poco más –le sonríe.

–¿Qué crees que haces ayudando a esta mujer? –Reclama acercándose a la aparición astral del youkay–. Puede que seas el padre de Sesshoumaru pero eso no te da el derecho de inmiscuirte en sus asuntos.

–Podría decirte lo mismo, ¿no? Tú eres su madre pero la elección que haga Sesshoumaru con respecto a su vida sólo le incumbe a él, a él y a esta joven.

–¡Llévame hasta donde se encuentra Kagome!

–Habla Kazuya, ¿dónde está la tumba de mi padre?

–La ubicación real de la tumba del señor Inutaisho es un misterio –suspira ante la molestia de los dos hermanos–, yo sólo puedo llegar sintiendo su presencia, pero hay un problema… el camino es difícil, una vez allá quedo sin energías así que debo tomarme unos minutos para descansar, en resumen, sólo puedo llevar a una persona a la vez y no puedo hacer viajes reiterados.

–Entonces sólo puedes elegir a uno para llevar en estos momentos… –Murmura Hikari temiendo una nueva pelea.

–Yo iré –habla Sesshoumaru acercándose al youkay–, llévame hasta la tumba de mi padre.

–¡Espera un…!

–Está bien Inuyasha –lo interrumpe la exterminadora–, si alguien ha de ir debería ser Sesshoumaru.

–Sango tiene razón –asiente el monje–, de seguro y él es el único que podría hacerle frente a su madre, será mejor dejarlo ir.

Inuyasha mira unos segundos a sus amigos y luego a Sesshoumaru, odiando esa decisión pero dándose cuenta de que en realidad a quien Kagome esperaría ver no era a él sino que al youkay… así que resignándose al desagradable deslace mordió el interior de su mejilla haciendo un desprecio general, maldiciendo por enésima vez al demonio.

–Entonces, nos vemos en unos minutos –sonríe Kazuya y entonces apoya una de sus manos en el hombro de Sesshoumaru haciéndolo desaparecer.

–Sesshoumaru es mi hijo –insiste mirando con molestia a su esposo–, tengo todo el derecho de preocuparme por él.

–No es la preocupación de madre la que te hace decir eso, es sólo tu orgullo el que está hablando… estás furiosa porque él haya escogido a una humana para amar.

–¿Y cómo no voy a estar enfadada? ¿Acaso no ves a esta mujer? ¿Qué podría tener para que nuestro hijo la ame? ¿Qué es lo que ves en ella como para elegirla tu favorita?

–Veo todo lo que Sesshoumaru aprendió a ver en ella, si te dieras el tiempo, si dejaras de lado el hecho de que es una humana podrías darte cuenta –apoya una de sus manos en el hombro de Kagome–, esta niña por el simple hecho de derretir el corazón de nuestro hijo ya es alguien extraordinaria.

–Sin importar que este muerto siempre será el youkay más sabio, señor –dice Kazuya apareciendo junto a Sesshoumaru–. Es bueno verlo una vez más señor Inutaisho –le sonríe.

–Kazuya, Sesshoumaru, esperaba su llegada –les sonríe.

–Así que finalmente descubrieron el lugar –frunce el ceño–. ¿Cuántas veces vas a desafiar mis órdenes Kazuya?

–Lo siento señora Irasue pero usted nunca me dijo que no podía traer a Sesshoumaru a este lugar, además él también es mi amo así que tengo que obedecerlo… –cae sentado por el cansancio–. Y si me disculpan esta vez sólo seré un espectador, estoy demasiado agotado… –suspira profundamente.

–¿Estás bien? –le pregunta a Kagome mirándola seriamente.

–Sí Sesshoumaru, no te preocupes –le sonríe.

–Lamento interrumpir este momento pero hay una sentencia que cumplir –advierte desenvainando su espada–, ¿acaso lo olvidan?

–Esa sentencia es absurda Irasue –interfiere mirando con seriedad a la youkay–, nació de una situación innecesaria, nadie te da el derecho de quitarle la vida a esta chica.

–Ella escogió su destino, le di dos opciones y decidió morir –frunce su ceño–, eso me da el derecho.

–No puedes hacerlo, no puedes quitarle la vida a la futura esposa de tu hijo.

–No actúes como que no lo sabes, el ritual de luna llena ha terminado y esta niña lo perdió, la futura esposa de Sesshoumaru es Kagura y no pueden hacer nada para revertirlo.

–Conozco los resultados del ritual, pero el que Kagura haya ganado no la convierte en la prometida de nuestro hijo, eso está lejos de la realidad –advierte–, el ritual dejó de importar en el momento que Sesshoumaru finalmente se enamoró.

Nadie entendió esas palabras, hasta Irasue parecía perdida en la conversación, el veredicto del ritual era irrefutable, nadie podría cambiar los resultados, entonces… ¿de qué hablaba el youkay?

–Explícate Inutaisho, ¿a qué te refieres?

–¿Algunos de ustedes sabe el verdadero significado del ritual de luna llena?

Todos se miraron sinceramente confundidos, Kazuya que aún no recuperaba sus fuerzas trataba de hacer memoria entre todos los recuerdos y detalles del ritual, Kagome no entendía palabra alguna y Sesshoumaru andaba por las mismas, de verdad nadie podía responder a la pregunta hecha.

–Obviamente el ritual es para decidir la futura esposa de Sesshoumaru.

–Eso es verdad pero en cierta parte –asiente–, esta tradición es antigua porque nuestra estirpe lo es pero en realidad no tiene más que cuatro generaciones de antigüedad, es decir, todo comenzó con tu bisabuelo Sesshoumaru –le sonríe a su hijo–. Los matrimonios anteriores a él eran fáciles de formar, las familias reales eran escasas por lo que las parejas eran casi instantáneas, pero después se fueron mezclando las sangres y apareciendo nuevas razas, así que los matrimonios se volvieron difíciles de decidir y muchos empezaron a rehusarse a relacionarse entre sí, en fin, al mismo tiempo que empezaba a surgir el matrimonio "por amor" los arreglados eran dejados atrás, el padre de tu bisabuelo temía que nuestra estirpe desapareciera ya que si lo dejaba todo en manos del amor era casi imposible que se formara una unión y es que en ese tema todos hemos sido reacios al principio, por esa razón decidió iniciar esta tradición para que, aunque nunca se formara un matrimonio por amor, nuestra estirpe no desapareciera, además de que de esta manera también se nos obligaba de cierta forma a no vivir en la soledad, el padre de tu bisabuelo fue el último demonio de nuestra familia que se casó por decisión propia y por amor.

–¿Y eso qué tiene que ver con nuestro hijo? Eso ya es historia antigua.

–Lo dicho es el origen de nuestra tradición, la que fue creada sólo para asegurar la continuidad de nuestra estirpe pero si se desea llevar a cabo un matrimonio por amor este no se puede detener.

–¿Estás diciendo que el ritual es un simple juego? –Exige–. ¿Qué se puede prescindir de años de historia?

–El ritual no es un juego –niega–, si Sesshoumaru no se hubiera enamorado tendría que casarse con la ganadora, pero como se enamoró está en el derecho de cambiar a su prometida.

–Eso… –murmura Kagome mirando de reojo a Sesshoumaru–. Eso quiere decir que él…

–Que puede elegirte a ti en vez de a Kagura –le sonríe a la sacerdotisa que ahora se sonrojaba hasta las orejas.

–¡Eso no es posible! ¡Nunca lo permitiré!

–Irasue entiende, esto ya está fuera de tu alcance.

–¡No puede ser! –Voltea hacia su hijo–. Sesshoumaru no puedes estar con una humana, no puedes hacerlo –frunce su ceño–, no puedes elegir a un ser tan despreciable…

–Es mi decisión –responde también frunciendo su ceño–, y la escojo a ella, sólo esta mujer puede ser mi esposa.

Kazuya que aún no recuperaba sus fuerzas tuvo deseos de aplaudir mientras que Kagome sólo sintió que toda la sangre se le iba a la cabeza.

–Es la decisión de Sesshoumaru, tienes que aceptarla Irasue –la mira frunciendo su ceño–, su unión tiene mi bendición y haré cualquier cosa para defenderla.

La mujer frunció aún más su ceño ante esas palabras, mirando alternadamente a su esposo, a su hijo y por último a esa molesta humana, esa unión era algo que jamás aceptaría, nunca.

–Sabes que jamás aceptaré esto, pero no soy quien para desafiar las palabras de mi esposo… –suspira y luego mira a su hijo–. Espero te des cuenta de tu error, cuando te aburras de jugar con esta niña puedes regresar al castillo.

Irasue hace una pequeña reverencia ante el espejismo de su esposo y da media vuelta, alejándose lentamente del lugar, calculando los nuevos pasos a seguir después del infructuoso ritual.

–Bueno, creí que sería algo más difícil… –dice Kazuya poniéndose de pie–. Después de todo la señora Irasue nunca podría desafiar una decisión de Sesshoumaru que es alabada por el señor Inutaisho.

–Es una youkay de frío corazón pero aun así no somos tan diferentes –mira a su hijo–, a pesar de todo siempre estaremos pendientes del futuro de nuestro hijo y de la familia.

–Y ahora… ¿qué? ¿Quieren que los regrese al castillo?

–No te preocupes Kazuya, yo puedo regresarlos… –mira a Kagome–. Estoy sinceramente feliz de haberte conocido y que te cruzaras en el camino de mi hijo, muchas gracias por todo lo que has hecho y harás –le sonríe.

–Este… no agradezca señor, gracias a usted por salvar mi vida –hace una reverencia.

–Espero que sean felices… –y dicho eso hace una ademán con su mano que los hace desaparecer.

–¿Los regresó al castillo? –Pregunta una vez se ve solo.

–No, los envié a un lugar más tranquilo, de seguro y tienen mucho de qué hablar.

–Bueno, entonces yo me quedaré unos minutos más, si llego sin ellos al castillo tendré que dar muchas explicaciones –suspira pesadamente.

Kagome y Sesshoumaru de un momento a otro se vieron rodeados de árboles, parecía un bosque cualquiera y la sacerdotisa no supo distinguir si era el que rodeaba el castillo o se trataba de otro lugar.

–Ese sujeto… –frunce el ceño.

–¿Qué sucede Sesshoumaru? ¿Estamos cerca del castillo?

–No, estamos demasiado lejos…

–¿Lejos? Pero… ¿por qué nos envió lejos del castillo?

–No sé lo que trama ese tipo pero será mejor que empecemos a caminar –responde caminando lentamente viéndose seguido por la sacerdotisa.

Sesshoumaru aunque insistiera en mantener una expresión seria y quedarse en silencio en realidad estaba lejos de estar enfadado, una parte de él le agradecía a su padre el que los enviara lejos del castillo, no tenía deseos de ver al híbrido una vez más y de verdad ni siquiera quería regresar… quizás y por eso no ponía atención al camino y simplemente seguía el sendero predispuesto entre los árboles.

Kagome siguió los pasos del youkay en silencio, anticipándose al rencuentro con sus amigos, con Inuyasha… ella había tomado su decisión, eligió al demonio y no al hanyou, y aunque no se arrepentía, porque sentía que esa había sido la elección más sincera, eso no desvanecía el miedo al volver a ver los ojos del joven de orejas de perro, el tener que repetir quizás esa declaración, ver nuevamente el dolor y la decepción en su expresión.

–Maldición…

Tan absorta estaba en sus pensamientos que simplemente no vio esa rama que sobresalía del suelo, tropezando y cayendo dolorosamente al suelo, haciéndose daño en el tobillo evitando el poder seguir caminando con normalidad… por lo menos no enseguida.

–¿Qué ocurrió?

–Me lastimé el tobillo –toca su pie sintiendo el dolor al tacto, de verdad se había hecho daño… por dios, debía dejar de ser tan distraída.

–¿Duele? –Se acerca a la sacerdotisa arrodillándose frente a ella, mirando desde la distancia el pie lastimado.

–Un poco… sólo necesito descansar unos minutos –responde un tanto avergonzada por la abierta preocupación del youkay.

–Entonces descansaremos –dice alejándose finalmente sin revisar la herida, consciente de la incomodidad de su acompañante y él mismo se sintiéndose fuera de lugar al actuar con preocupación, ¿qué demonios le pasaba? ¿Desde cuándo había desechado todo su orgullo?

Al principio el silencio fue incómodo, ninguno quería mantenerlo pero tampoco ninguno se atrevía a iniciar la conversación… Kagome repasó en su mente varias preguntas pero no se animaba a pronunciarlas, no sin el temor de que el youkay se enfadara, mientras que Sesshoumaru simplemente no sabía qué hacer, él no es alguien que se caracterice por su conversación y el querer iniciar una era reciente.

–Cuando lleguemos al castillo… –comenzó la sacerdotisa–. ¿Qué vas a hacer?

–Nada en especial.

–¿Qué harás con Kagura?

–Nada.

–Pero es tu prometida.

–Ya no.

–¿Vas a decírselo?

–No.

–¿Te quedarás en el castillo?

–No.

–¿Regresarás junto a Rin y a Jaken?

–Sí.

–¿Seguirán su viaje en busca de Naraku?

–Sí.

Kagome sonrió con un tic nervioso en su ojo, ese sujeto… ella estaba tratando de iniciar la conversación pero era inútil si él simplemente respondía con monosílabos.

–¿Dónde caigo yo en tus planes?

–¿De qué hablas? –La primera pregunta que capta su atención, volteando a ver la expresión seria de la sacerdotisa.

–Es sólo que me pregunto si debería seguir viajando con Inuyasha o…

–Irás conmigo –la interrumpe viéndola directamente a los ojos.

–¿Iré contigo? –Arquea una ceja–. ¿Y nuestros viajes serán así de entretenidos?

–Sí.

–¿De verdad crees que esto es entretenido?

–No me importa.

–Pues a mí sí.

–Es tu problema.

–¡Por dios Sesshoumaru! ¿Podrías por favor pronunciar más de tres palabras seguidas? –lo mira enfadada.

–¿De qué hablas?

–De que yo trato de iniciar una conversación y tú la cortas con tus estúpidos monosílabos, ¿es que acaso no puedes decir oraciones más largas?

–Sí puedo.

–¿Y por qué no lo haces?

–Porque no quiero.

–¡¿Ves?! Tu límite son tres palabras seguidas.

–No digas tonterías.

–"No digas tonterías" ¿Cuántas palabras son? Tres, ¡tres! –Reclama mostrándole tres dedos alzados al youkay–. Eres desesperante.

–Y tú molesta.

–Estúpido.

–Desagradable.

–Pero amas a una humana desagradable –sonríe de lado.

–Y tú a un demonio desesperante –devuelve la misma sonrisa.

–No olvides "estúpido" –se ríe y ve que el semblante del demonio se relaja un poco–, ya veo que para iniciar una conversación debo insultarte.

–Querrás decir discusión.

–Contigo es lo mismo… –sonríe y luego desvía levemente la mirada–. Sesshoumaru, ¿puedo hacerte una pregunta?

–¿Qué? –la mira interesado en el repentino sonrojo de la joven.

–Cuando dijiste… cuando dijiste que yo sería tu esposa, ¿hablabas en serio?

–Yo no bromeo.

–No bromeas pero sí mientes.

–No mentí –frunce su ceño.

–¿Y por qué te enfadas?

–Por tu culpa.

–Sólo dije la verdad, ¿o acaso negarás que mientes? –Arquea una ceja.

Sesshoumaru mantuvo el silencio, después de todo la respuesta a esa pregunta era obvia para ambos.

–No sé si quiero estar con un mentiroso –menciona con tono de fingido desinterés–, además ni siquiera lo pediste apropiadamente –se cruza de brazos y le hace un leve desprecio.

–¿De qué hablas?

–De que le dijiste a tus padres que sería tu esposa pero ni siquiera preguntaste mi opinión, ¿qué pasa si no me quiero casar contigo?

–Como que no quisieras.

–¿Y qué te hace pensar que quiero pasar el resto de mi vida a tu lado?

–Sé que quieres hacerlo –sonríe de lado.

Kagome vio la sonrisa y tuvo la tentación de sonreír también, sí, era verdad, ella quería pasar el resto de sus días junto al youkay pero debía ser fuerte, no podía ser siempre la débil entre ellos dos, no… si el demonio no se lo pedía como debía con el dolor de su alma no aceptaría el compromiso.

–No estoy segura de sí quiero… no si no me lo pides como es debido.

–No te rogaré.

–No te estoy pidiendo que me roges.

–Entonces, ¿qué quieres?

–Que me pidas matrimonio como es debido –voltea hacia el youkay descruzando sus brazos–. Adelante, te escucho.

–Vas a ser mi esposa –la mira sin expresión, él no quería caer en ese juego al que estaba siendo arrastrado.

–¿Es una amenaza?

–Tómalo como quieras.

–Eres un bruto, no pienso casarme contigo –vuelve a cruzarse de brazos.

–Deja de actuar, sé que quieres hacerlo.

–Y yo también sé que tú quieres, así que me lo pides como se debe o no accedo a nada y tendrás que casarte con Kagura.

–¿Estás segura de tus palabras?

–Sí –asiente con decisión y sin dejarse intimidar–, es tu decisión, o dejas tu maldito orgullo de lado y lo pides como debes, o te aguantas el matrimonio con ella.

–¿Y lo aceptarías?

–Obvio que no quiero que eso ocurra –frunce su ceño–, pero tampoco quiero estar con un bruto insensible.

Los orbes dorados se enfrentaron con los marrones, amor y el odio entremezclándose ambos ardiendo con la misma intensidad, era tan increíble, para ambos eran tan extraordinarias todas esas sensaciones que podían transmitirse con una sola mirada, no hacían falta palabras, las discusiones siempre terminaban de esa manera entre ellos dos, desafiándose con su mirada, lastimándose y enamorándose cada vez más.

–Quiero que estés conmigo –admite el youkay casi sintiendo como la calidez empañaba los ojos que se cristalizaban frente a él.

–Pídelo –lo reta, podía sentir su cuerpo temblar y bien sabía que su respuesta sería un automático sí pero aun así quería hacerlo sufrir un poco, sólo un poco.

–¿Para qué pedirlo si también lo quieres?

–Porque quiero oírte pedirlo, no des por hecho las cosas.

–Lo doy por hecho porque lo sé.

–De todas maneras quiero que lo pidas.

–Eres imposible.

–Y tú igual.

–Tú… –gruñó entre dientes repasando en su cabeza miles de insultos, muchos ya pronunciados y otros aun no dichos, pero sobre todos ellos estaba lo que le pedían, esa pregunta que creyó no ser necesaria y que sólo podría ser dicha por culpa de un maldito capricho de la mujer, un capricho que él no quería y se moría por complacer, maldición–. ¿Quieres pasar el resto de tu vida conmigo?

La sacerdotisa primero no supo cómo reaccionar y amplió su sonrisa cuanto su rostro se lo permitió, sonrojándose intensamente, deshaciendo casi al instante el cruce de sus brazos… en realidad dudaba que su capricho fuera complacido y que el youkay dejara de lado ese orgullo (que de seguro le recordaría toda su vida ese momento), pero ahí estaba él, pidiéndole lo que tanto ella quería, lo que en realidad no era necesario preguntar pero que por simple gusto quería escuchar.

–Claro que quiero estar contigo –murmura entre una sonrisa de sincero cariño agradeciendo el sacrificio, halagada y satisfecha por esa simple pregunta.

Sesshoumaru sintió que el sacrificio no fue tan terrible al ver la recompensa frente a sus ojos, esa hermosa sonrisa que jamás se había mostrado para él, sólo para él… sintió un pequeño escozor en su rostro y un nudo en la boca del estómago, algo que desde hace tiempo empezaba a molestarlo y que sólo desde hace poco se dio cuenta de la razón, esas sensaciones que le demostraban cuan débil y patético era, que le recordaban en lo que se había convertido, en ese ser que podía sentirse humillado pero al mismo tiempo feliz… tan repugnantemente feliz…

–Humana estúpida.

–¿Y ahora por qué me insultas?

–Porque me haces enfadar –sonríe de lado y se acerca arrodillándose frente a ella.

–¿En serio? ¿Y se puede saber por qué?

–Porque me convertiste en esto.

–¿"Esto"? ¿Qué es "esto"?

–Un ser patético, sin orgullo y que se humilla fácilmente.

–Yo no hice nada para que te convirtieras en "eso".

–Sí lo hiciste, al lado tuyo me volví estúpido.

–Ah no, de eso sí que no tengo la culpa, tú eras estúpido de antes de conocernos.

–Quizás tengas razón… –sonríe–, sólo un estúpido se fijaría en ti.

–Más bien yo diría que eso es lo único inteligente que has hecho –devuelve la sonrisa.

Se miraron por segundos, examinando a su eterno rival, al ser que sin quererlo se había convertido en lo más importante para ellos… los labios seguían en la curva de una sonrisa, relajándose poco a poco y captando la atención de quien estaba al frente, ¿cuánto había pasado desde que probaron su sabor? Desde ese beso robado, desde el estúpido impulso del youkay.

Los orbes dorados brillaron con intensidad, anticipándose a la idea en su mente, repasando en su memoria la textura de los labios que ahora estaban frente a él, esperándolo en una sonrisa, indefensos, tranquilos, como si en ese momento no necesitaran ser robados, que están a su disposición si él así lo quería.

–Me pregunto… hasta dónde puede llegar la estupidez de alguien.

Cuestionó la sacerdotisa sin apartar la mirada, sintiéndose débil ante esos ojos frente a ella, en verdad… ese youkay era un maldito desgraciado, no sabía, no entendía cómo fue que cayó tan fácilmente ante él, haciéndola enfurecer y perder el aliento al mismo tiempo… obligándola a creer que si él lo pedía ella debía obedecer.

–Eso nunca lo sabremos…

El youkay amplió su sonrisa antes de acortar la distancia, acercándose a la chica, sellando esos labios que tanto lo desesperaban (en todo sentido de la palabra), empezando como un toque suave, dulce, algo que no era natural en el demonio así que después de ganar confianza y sentir los dedos de la joven enredándose en su cabello se intensificó, volviéndolo más apasionado, casi en el punto de llegar a lo salvaje.

Kagome sintió que era levemente empujada y simplemente no se rehusó, apoyándose por completo en el árbol que le había servido de respaldo, permitiendo de esa manera que el beso fuera profundizado… pudiendo sentir como la lengua del demonio jugaba a danzar con la suya, invadiendo cada espacio de su interior, haciéndola emitir pequeños suspiros de satisfacción que eran ahogados en la boca de su ahora prometido.

Sesshoumaru lentamente deshizo el beso para recuperar eso innecesario llamado "oxígeno", para luego seguir con ese juego que fácilmente se había convertido en su favorito… besando, lamiendo y en ocasiones mordiendo levemente esos malditos labios que eran su obsesión… bajando lentamente por el cuello de la sacerdotisa mordiendo suavemente la blanca piel.

–¿Q-Qué crees que haces? –Pregunta en un suspiro contra la oreja del demonio al sentir pequeñas presiones en su cuello.

–Marcando lo que es mío –responde separándose sólo para que la chica pudiera ver su sonrisa.

–¿Disculpa? –Arquea una ceja ante esas palabras y esa sonrisa, llevándose una mano a su cuello teniendo un presentimiento–. Maldito… ¡¿no me digas que me dejaste marcas?!

–Obvio.

–¡¿Qué te propones?! ¡¿Cómo demonios piensas que podré andar por ahí con esas marcas?!

–Tendrás que acostumbrarte, porque tú eres mía –muerde levemente el lóbulo de la oreja de Kagome–, y todos lo sabrán…

La sacerdotisa se estremeció, tanto por esa boca como por sus palabras, casi perdiendo el control de sus actos, casi dejándose llevar otra vez pero…

–¡Yo no le pertenezco a nadie! ¡No soy un objeto para que tú sepas!

–No eres un objeto pero sí me perteneces.

–Maldito demonio arrogante.

–¿Acaso miento? –sonríe de lado.

–¡Vete al diablo Sesshoumaru!

Lo empujó levemente totalmente enfadada, ese youkay… de verdad la podía enloquecer (para bien o para mal), tan engreído, tan pedante… tan malditamente sexy… ¡lo odia! ¡Por dios santo cuanto odia el que la tenga en ese estado de desesperación!

–Si quieres puedes hacer lo mismo.

Ese comentario la descolocó por completo… ¿acaso escuchó bien? ¿Eso significaba lo que ella creía?

–¿De qué hablas?

–Tú me perteneces y de la misma manera… –vuelve a acercarse a la sacerdotisa acercando su boca a su oído–, yo te pertenezco a ti.

Y con esas simples palabras el autocontrol de la chica y todo su enfado se fue al diablo, ¿por qué se estaba quejando? ¿Por qué demonios perdía el tiempo discutiendo si había cosas más importantes que hacer?

Sin siquiera preocuparse de la herida en su tobillo rodeó el cuello del youkay abalanzándose sobre él, descubriendo que el estar recostados sobre la hierba era mucho más cómodo que el estar sentados, sonriendo dentro del beso al sentir como el youkay rápidamente volteó las posiciones con tal de tenerla a ella bajo su cuerpo, como si de su orgullo dependiera el que él estuviera arriba… bueno, sea como sea mientras la besara de esa manera ella accedería a cuanta estupidez él demandara.

Porque eran dos par de estúpidos amándose tras infinitas dificultades.

~ Fin ~


Y… eso es todo, ¿les he dicho que odio los finales? Porque estos siempre te dejan con una sensación de decepción, de ese "¿y qué pasó con…?" odio, odio, odio eso, pero aun así la historia ya estaba lista para terminar, si la hubiera alargado más o hubiera terminado arruinándola o hasta abandonándola así que mejor terminar aquí.

Obviamente aquí quienes tienen la última palabra son ustedes, son libres de juzgar, yo sólo esperaré a leer qué opinan al respecto (lo que no significa que esté muriendo de nervios por eso ).

Muchas, muchas, muchas gracias a todas las personas que siguieron mi historia de principio a fin, fue un largo camino, ¿no? Espero que lo hayan tanto como yo.

Saludos, abrazos y besos a todas(os) mis queridas(os) lectoras(es).

¡Siempre agradeceré su apoyo y comentarios!

¡Espero leernos en alguna nueva ocasión! ^^

~ Cindy Elric ~