¡¡Hola a todas!! sé que he tardado un poco más, pero tengo excusa: universidad.
Así que, cerraré la bocota y os dejaré leer :)
CAPÍTULO 35 – DISTANCIA DE SEGURIDAD
-NARRA APRIL-
-Está bien, entonces por teléfono… tu novio me ha besado –dijo Matt.
-¿Qué? -pregunté sorprendida.
-Lo que oyes.
¿Estaba tomándome por tonta? ¿Cómo iba Nick a besar a Matt, a un chico? Empecé a reírme histérica.
-Matt, ¿qué te has tomado? –pregunté entre carcajadas.
-Nada, y te lo digo en serio. Tu novio, Nick Jonas me ha dado un beso –explicó.
-No soy imbécil, Matt. Sé que te lo estás inventando… creía que me conocías un poco más –dije, secamente. Oí que él se empezaba a reír.
-Está bien… sólo quería probar a ver si te lo creías –dijo Matt. Ahora sí que era yo la que no entendía nada.
-¿A qué viene esto? –pregunté.
-Verás, hace un rato que he quedado con tu novio –dijo él. ¿¿Esos dos habían quedado sin yo saberlo??
-¿Qué le has hecho? –pregunté alarmada –Matt, eres un bestia y Nick es demasiado bueno… ¿qué le has hecho? ¿No os habréis pegado o algo así?
Sólo la imagen de Nick en el suelo o con un ojo morado me asustaba demasiado. Si bien era cierto que los brazos de Nick eran imponentes, nunca le había visto señal de agresividad. Sin embargo, no podía decir lo mismo de Matt.
-No, tranquila. Ha sido una charla civilizada –trató de calmarme Matt.
-Pero, ¿por qué habéis quedado? –pregunté yo, aún preocupada.
-Él me ha llamado –fruncí el ceño, cada vez más curiosa –quería hablar conmigo… sobre ti y el beso que te he dado esta mañana.
Perfecto. Genial.
-¿Y? ¿Qué ha pasado? –le metí prisa a Matt para que se explicara.
-Verás, April –empezó él –no he sido del todo sincero contigo este tiempo...
-¿No me digas? –pregunté sarcásticamente. De él ya me podía esperar cualquier cosa.
-He vuelto a la ciudad para comprobar una cosa que me estaba matando por dentro… tenía que estar seguro de que no me equivocaba al… al… al enamorarme de un chico.
Lo soltó de golpe, o al menos así lo noté yo. ¿Había dicho de un chico?
-Matt… explícate –la cabeza me daba vueltas.
-Me fui de aquí porque sentía que te estaba haciendo daño –dijo él.
-Me lo hiciste cuando te fuiste, no mientras estabas a mi lado.
-Pero no estaba siendo sincero contigo y tampoco conmigo mismo –hizo una pausa, cogiendo aire –April, soy gay… y me di cuenta cuando tú y yo estábamos juntos.
-¿Qué…? ¿Cómo…? –balbuceé.
-No es por ti… eso está claro. Me enamoré de un chico… de Nick.
-¿¿Nick Jonas?? –pregunté, sobresaltada.
-Exacto –admitió –imagínate mi cara al ver que tu "Jack" era él. En serio, creí que me iba a desmayar.
-Pero, aún no me has explicado de qué habéis hablado Nick y tú hoy…
-Él me llamó porque estaba preocupado. Quería estar seguro de que no intentaba arrebatarte de sus brazos o algo así –aclaró Matt -. Aprilita, tienes mucha suerte de tenerlo.
-No sabes cómo lo sé… sigue.
-Pues nada, el pobre estaba dispuesto a pegarse conmigo y todo… pero en un impulso más bien tonto, le he besado –paró de hablar, como esperando mi reacción. Yo había dejado de respirar –por supuesto, él se apartó enseguida. Pero entiéndeme, era la única forma de que me creyera.
-Tranquilo, lo entiendo –de hecho, era cierto. No me preocupaba la competencia masculina.
-En fin, que después de dejarme bien claro que le gustan las chicas, en concreto tú, hemos quedado en que me presentará a Joe y a Kev. ¿Te lo puedes creer? –exclamó, emocionado.
-Entonces, ¿no es verdad que me engañaste con otra? –pregunté, tratando de aclararme las ideas.
-No. Nunca hubo otra… porque dudo mucho que consideres a Nick como "la otra", ¿verdad?
-¡Por supuesto que no! –exclamé. Me quedé un rato en silencio. Si lo pensaba bien, todo esto tenía mucha gracia.
-April, has sido y eres la mejor amiga que he tenido nunca… y la segunda en saber que soy gay. ¿Por qué no puede volver a ser todo como antes? –preguntó.
-Sí… supongo que ahora que todo se ha aclarado no hay problema… -titubeé. –Sólo prométeme una cosa.
-Lo que sea –sonaba alegre y a la vez aliviado.
-No te vas a volver a acercar a los labios de mi novio, o por lo contrario yo misma me encargaré de que lo próximo que beses sea el culo de un mandril. ¿Entendido?
Él rompió a reírse a carcajadas, tardando un rato en calmarse.
-Tranquila, nunca más. Aunque… si él se insinúa, tendré que darle lo que se merece –dijo Matt, tratando de ponerme nerviosa. Sin embargo, sólo conseguí reírme.
Estuvimos un rato más hablando por teléfono, a pesar de que se hacía tarde y al día siguiente teníamos clase. Pero en ese momento no me importaba, porque había recuperado a mi mejor amigo, que encima, era gay, mi ex novio gay. ¿Cómo de raro era eso?
Por fin, sobre la una de la madrugada, colgamos, quedando en seguir hablando al día siguiente. Antes de irme a dormir, busqué su número y llamé, rezando para no despertarle… sin suerte.
-¿Di-diga? –murmuró Nick con voz ronca. Sentí el impulso de colgar, dejar que siguiera durmiendo, pero no lo hice.
-Perdona, Nicholas… te he despertado –dije yo, tratando de disculparme.
-No, tranquila… no pasa nada –contestó él, intentando sonar despejado -¿pasa algo? ¿por qué no estás durmiendo?
-Necesitaba oír tu voz –murmuré, algo avergonzada –no sé cómo te ha ido el resto de la noche.
-No ha ido mal del todo –dijo Nick. Yo mientras, me recosté en la cama, apretando el teléfono a mi oído, como si así fuera a tenerlo más cerca.
-Me he dado cuenta de algo hoy –le dije. Una sonrisa apareció en mi cara.
-¿De qué? –preguntó él, tratando de contener un bostezo.
-De que te quiero. Mucho. Quizá demasiado –murmuré. Él se mantuvo callado –supongo que piensas que estoy loca… o que soy una obsesa…
-No –dijo Nick. –Si pensara eso, los dos seríamos unos locos obsesos. Estoy dispuesto a hacer lo que sea por ti, ¿lo sabes, verdad?
-Sí… como por ejemplo, besar a un chico –solté. Oí un resoplido.
-¿Has hablado con Matt? –preguntó –yo no he sido, se me ha lanzado él… no he podido hacer nada para contenerlo…
-Tranquilo –murmuré –todo está aclarado. Sólo espero que con las fans seas un poco más inalcanzable que con Matt, porque si no, sí que tendremos un problema…
-¿Estás celosa de un chico? –preguntó.
-Estoy celosa hasta de las sábanas que te cubren ahora mismo.
-Exagerada… -dijo Nick riéndose.
En algún momento debimos quedarnos dormidos, porque a la mañana siguiente me desperté con el móvil casi incrustado a mi oreja, sin batería. Sin embargo, sonreí. Iba a ser un día tremendamente bueno.
Cuando llegué al colegio, Liz no apareció, y ni siquiera se molestó en enviarme un mensaje. Me preguntaba dónde estaría…
***
-NARRA LIZ-
Oír a Joe gritándome "¡Galletitaaa!" nada más descolgar el teléfono, no debía ser bueno para mi salud. Era por la tarde, y al parecer, el pobrecito se aburría en casa solo.
-Nick está durmiendo y los demás no están en casa… ¿vienes a hacerme compañía? –preguntó.
Y, ¿cómo iba a decirle que no? En menos de quince minutos me planté en su casa, deseando lanzarme a sus brazos… pero él se me adelantó.
-No sabes cuánto te he echado de menos, preciosa –dijo nada más verme.
-Lo mismo digo, precioso –intenté hacerme la graciosa, pero no me salía cuando estaba nerviosa.
Estuvimos un buen rato en el sofá, "viendo" un DVD, cuando de repente Nick irrumpió en el salón. Al parecer, dispuesto a planchar su camisa. Yo sabía que no debía haberlo mencionado, pero se me escapó lo del beso de April y Matt. Así que, después de pedirme el número de teléfono de él, Nick agarró sus cosas y desapareció de la casa.
-Soy una bocazas –le dije a Joe, cuando nos quedamos solos.
-¿Por qué?
-April va a asesinarme. No quería que Nick se enterara del beso de Matt –le expliqué.
-¿Le gustó? –preguntó intrigado Joe.
-¡¡Qué va!! ¡Le repugnó! En serio, sólo le faltó lavarse los dientes después de aquello… estaba enfurecida.
-Entonces, tranquila. Nick sabrá qué hacer. Siempre lo sabe –trató de calmarme Joe… con éxito.
Y es que, estando con él sólo podía preocuparme por sus ojos, por sus pestañas, sus labios, sus brazos alrededor de mí… Lo de ver una película no estaba funcionando.
-Me parece que no estás prestando atención a la película –murmuré, incorporándome en el sofá.
-¿Acaso tú sí? –respondió. Me había pillado...
-La verdad es que no –contesté. Él dio un salto, cogiendo el mando y apagando la televisión -¿Qué haces?
-Si ninguno de los dos está atento, supongo que tendremos que encontrar otra cosa que hacer, ¿no? –dijo, tendiéndome la mano para levantarme del sofá.
-Supongo… -murmuré, siguiéndole.
-Se me ocurre algo –dijo, sonriente –voy a hacerte un tour por la casa Jonas… ¿te apetece?
Asentí con la cabeza, sin demasiadas fuerzas para emitir sonido alguno. Al decir "tour" mi mente directamente lo relacionó con "habitación de Joe", lo cual no ayudaba a calmarme.
-Venga, sígueme –dijo él. Yo le obedecí
Lo primero que vimos fue la cocina.
-Vaya, esto es gigante –murmuré.
-A mamá le gusta cocinar –se encogió de hombros Joe. Yo me acerqué al bote de galletas.
-Está vacío… -murmuré, sacudiéndolo delante de su cara.
-Con una galleta ya tengo suficiente –dijo él, acercándose a mí.
¿Allí, en su cocina? Sus padres podían llegar en cualquier momento, y no era esa la imagen que quería que se llevaran de mí. Traté de apartar a Joe.
-Joseph… tus padres van a llegar dentro de poco… -dije.
-Es cierto –se apartó, frustrado.
-Tendremos que establecer una distancia de seguridad –propuse. Mantenerlo alejado era la única forma de evitar atacarle.
-¿Distancia de seguridad? ¿Tan irresistible soy? –murmuró, sonriendo.
-¡Calla! –dije, sonrojada –Joseph, es en serio. ¿Quieres que tus padres piensen que soy una pervertida que sólo quiere que la beses?
-¿Es eso cierto? –insistió él. Mi cara ardía, muerta de la vergüenza.
-Mantente… alejado –murmuré. Joe se rió, levantando las manos en el aire, haciéndose el inocente.
-Está bien, galletita tonta –dijo –no me acercaré a ti…
-Más te vale –le advertí. Pero me fiaba muy poco de él, así que se me ocurrió una idea –Joseph, vamos a hacer algo: la distancia de seguridad será de 3 pasos, y el primero que la rompa tendrá que… ¡invitar al otro a cenar!
Joe sonrió, como si ya hubiera ganado.
-Me parece bien. Pero que sepas que nunca pierdo una apuesta –dijo.
-Eso ya lo veremos –le provoqué. Ya había descubierto mi nuevo juego para el día: intentaría hacerlo caer.
Justo en ese momento, oímos el ruido de la puerta, seguido de un correteo. Sus padres y Frankie habían llegado. Salimos los dos, distanciados reglamentariamente.
-Buenas tardes –saludé avergonzada cuando vi a Denisse y a Frankie. Al parecer, el padre no estaba.
La señora Jonas levantó la cabeza, mirándome sorprendida. Luego, sonrió.
-Hola, Liz –dijo -¡qué sorpresa verte!
-La he invitado a venir… espero que no importe –le informó Joe.
-¡Por supuesto que no! –exclamó ella. Frankie vino corriendo hacia mi.
-Hola Liz, ¿cómo estás? –preguntó educadamente.
-Genial, Frank. ¿Y tú qué tal? –contesté.
-Muy bien… hemos ido a por unos helados –me dijo.
-Sí, y ahora, te toca darte un buen baño –le ordenó su madre -. Mira cómo te has puesto con el helado…
Al parecer, a Frankie se le había caído encima la bola de helado de chocolate que había pedido y ahora estaba completamente sucio.
-Está bien –se quejó el pequeño, encaminándose a las escaleras.
-Liz, cariño, ¿te quedas a cenar? –me preguntó Denisse.
-Verá, no quiero ser una molestia… -murmuré.
-¿Quién te ha dicho que lo seas? –exclamó ella –Te quedas a cenar, y no hay más que hablar.
-Está bien, pero tendré que decírselo a mis padres.
-Como quieras –dijo. Luego, se puso a recoger un poco las cosas del salón –id a hacer vuestras cosas, yo os avisaré cuando todo esté listo. Por cierto Joseph, ¿dónde están tus hermanos?
-Kevin salió a mirar algo… no estoy seguro de qué, y Nick está en casa de April –contestó Joe.
-Es cierto, hoy iba a conocer a su madre, ¿no? –preguntó Denisse.
-Sí, y no sabes lo histérico que estaba –dijo Joe, riéndose –ha quemado su camisa intentando plancharla.
Denisse cogió el trozo de tela quemado, encima de la tabla de planchar, mirándola apenada.
-Vaya, esta era una de sus favoritas –murmuró.
-No os preocupéis, estoy segura de que le estará yendo bien –dije, tratando de calmarlos -. La madre de April es muy simpática… y si su abuela está con ellos, seguro que la apoya…
-Eso espero –dijo Denisse.
-Claro que sí –la calmé -, Nicholas es perfecto, señora Jonas, y April le quiere muchísimo.
-Él también a ella, cielo –dijo ella, sonriendo. Luego, se dirigió a la cocina.
Cuando Joe y yo nos quedamos solos, él me miró con reproche, aún a distancia.
-¿Qué pasa? –pregunté alarmada. Él levantó una ceja.
-Así que "Nicholas es perfecto", ¿no? –dijo, imitando mi voz. Puse los ojos en blanco.
-Sí que lo es –afirmé, levantando la voz.
-Entonces, ¿te has equivocado de hermano? –preguntó, aún celoso. Yo me reí, divertida por la situación.
-No seas tonto, Joseph –le dije –estoy exactamente con quien quiero estar.
Él giró la cabeza, sin estar convencido del todo, aún ofendido.
-En realidad, no te lo mereces, pero voy a enseñarte el resto de la casa –murmuró. Yo le seguí, dispuesta a poner el plan de "hacer fallar a Joe en su apuesta" de nuevo.
Entramos en una sala en la que estaban los instrumentos: un piano, incontables guitarras, una batería, el equipo informático... y la pandereta de Joe.
-Así que os recluís aquí a hacer ruido cuando tenéis tiempo, ¿no? –comenté –vuestros padres deben de estar encantados…
-Está insonorizado, para no molestar a nadie –me informó.
-¿Insonorizado? Eso es como aislado, ¿no? –pregunté. Él asintió –ya decía yo que hacía calor aquí…
Con teatralidad, me quité la chaqueta, quedándome en tirantes. Joe levantó la cabeza, observándome con atención. Una sonrisa invadió mi rostro: iba a ser muy fácil hacerlo fallar… y me tendría que invitar a cenar.
-Eh… ¿te apetece probar el micrófono? –dijo, encaminándose a la otra parte del estudio, detrás del cristal –ponte los cascos para poder oírme.
Cerró la puerta, mientras yo me cubría los oídos y me acercaba al micro. Segunda parte del plan en marcha.
-¿Quieres cantar algo para mí? –oí la voz de Joe por los auriculares.
-Se supone que el experto eres tú –susurré al micro -¿tienes alguna proposición?
-Unas cuantas... –dijo él, sonriendo misterioso. Puse los ojos en blanco.
-Me refiero a canciones, Joseph.
-¡Ah, sí, claro! –murmuró –lo dejo a tu libre elección.
Estrujándome el cerebro, pensando en algo para que Joe sintiera el irremediable deseo de venir hasta mi, romper la distancia de seguridad… no podía cantar delante de él. Al menos no sin hacer el ridículo…
-Joe, no puedo cantar –confesé, mirándole a través del cristal.
-¿Por qué no? –preguntó. Esta era la mía.
-Porque no podría concentrarme contigo mirándome desde ahí detrás.
-¿Ah, no? –dijo él, algo escéptico –creía que el "perfecto" era Nick…
-Puede que sea perfecto, pero él no me gusta tanto como tú –dije, seductora. Él puso los ojos en blanco.
-Sí, ya, claro –dijo, sin creerme.
-En serio, Joe –contesté –cuando le veo a él no siento el irremediable impulso de arrancarle la camiseta, pero cuando te veo a ti, sí.
Me quedé mirándolo a los ojos, aún a pesar de estar bastante lejos. Joe pareció alarmarse, porque también mantuvo la mirada.
-No puedes decir esas cosas pretendiendo que me quede aquí parado –escuché a través de los auriculares.
-Sólo digo la verdad –me encogí de hombros. Casi lo tenía.
-Pues no lo hagas, al menos no mientras tengamos una apuesta de por medio –dijo. Luego, desconectó su micro, haciendo que dejara de oír su voz. Debía volver al ataque, así que hablé, segura de que él me escuchaba.
-¿Sabes qué me apetece hacer? –pregunté. Él me miró interesado desde su posición –ver tu habitación.
Le miré desafiante, tratando de adivinar lo que pasaba por su mente.
-No… podemos ir allí –murmuró, volviendo a conectar su micro.
-¿Por alguna razón en particular? –pregunté, curiosa.
-Sería demasiado peligroso…
-¿Peligroso para quién?
-Para ambos… aquí por lo menos el cristal me impide que salte sobre ti –reconoció –y en mi habitación, las cosas serían demasiado fáciles.
-Pero, ¿y si yo quiero que saltes sobre mi? –pregunté, sonriente.
-Te olvidas de la distancia de seguridad –murmuró.
-Ya veo… así que, ¿dejas de ser un seductor por culpa de una estúpida distancia?
-Yo sigo siendo un seductor –dijo él, altivo. Sonreí. Sólo me faltaba un poco más.
-Allá tú si quieres quedarte en tu parte del estudio –dije, encogiéndome de hombros. Luego me di la vuelta, dispuesta a interpretar el siguiente acto -. Cada vez hace más calor aquí dentro…
Me estiré, desperezándome. Luego, de espaldas a él, me recogí el pelo, dejando mi cuello al aire, sin demasiado valor para girarme a comprobar si estaba funcionando el plan. Intentando parecer inocente, me dirigí a la pandereta de Joe, cogiéndola para probarla, y así aproveché para mirar hacia el cristal. Él no estaba.
-¿Joe? –le busqué con la mirada. No podía haber desaparecido sin dejar rastro. Di media vuelta para colocar la pandereta en su lugar, de nuevo, preocupada por saber dónde se habría ido, pero algo me sobresaltó.
-¿No esperarías que me quedara tan tranquilo en esa parte mientras que tú te insinuabas de esa forma, verdad? –susurró Joe a mi oído. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. No le había sentido llegar hasta ahí.
-Joseph, has roto la distancia de seguridad –murmuré, sonriente.
-¿A quién le importa eso? –dijo él, colocando su mano en mi cintura. Luego, dio un breve y suave beso en mi cuello.
-A… a mi –tartamudeé –eso significa que me he ganado una cena contigo.
-Una cena, y dos… y quizá tres –dijo él, sin parar de besarme. Traté de contenerme, pero nunca lo conseguía con él. ¡Era imposible!
-No deberías hacer esto –murmuré.
-¿Quién es el seductor ahora? –preguntó.
-Tú, desde luego –admití. Él sonrió, triunfante.
Seguí besándole, abrazándome a él, haciendo que cayéramos los dos en el sofá que había allí, muy oportunamente.
-¿A qué te recuerda esto? –murmuró Joe, sonriendo.
-Eh… no sé… -traté de hacerme la tonta.
-Sí que lo sabes –dijo él, divertido –camerino, en aquel concierto.
-¡Ah, sí, ya me acuerdo! –exclamé sonrojada. Él siguió besándome.
-Joe… ¿y si entra tu madre? –pregunté, alarmada.
-He cerrado con llave, tranquila –siguió a lo suyo.
-No… puedes… seguir –murmuré, demasiado ida.
-¿Por qué no? –levantó la cabeza.
-Tu anillo… -comenté.
-Ya te dije lo que pensaba sobre eso. He encontrado a la persona que quiero, y esto es una realidad. Tiene que pasar, Liz –dijo –aunque claro, sólo si tú quieres.
-¡Claro que quiero! –exclamé.
-Entonces, déjate llevar.
Eso era muy fácil, sobre todo tratándose de él. Dejarse llevar era lo mejor que se me ocurría en esos momentos…
-¿Quién ha cerrado el estudio? –exclamó una voz, al otro lado de la puerta. De un empujón, tiré a Joe del sofá, que cayó sobre el suelo de espaldas.
-¡Ay! –murmuró él. Yo miré asustada la puerta -siempre acabo en el suelo...
-¿Joe? –dijo el que estaba al otro lado -¡ábreme!
-Es Nick –me informó Joseph, desde el suelo. Se levantó, arreglando un poco su ropa, tratando de adecentarse –¡ahora te abro, Nicholas!
De un salto, me levanté, alisando mi vestido y arreglando mi pelo, haciendo un esfuerzo para calmarme. Respiré profundamente. ¿Es que nunca nadie nos iba a dejar llegar hasta el final?
Cuando Joe le abrió la puerta a Nick, este pareció contento, pero a la vez un poco malhumorado por que su hermano hubiera tardado tanto.
-¿Qué estabais haciendo? –preguntó, extrañado. Mi cara se puso roja a una velocidad alarmante.
-Nada que te interese, enano –contestó Joe, seguro de sí mismo.
-¿Qué tal te ha ido en casa de April? –pregunté yo, tratando de cambiar de tema.
-¡Perfectamente! –exclamó él, sonriente de nuevo. Luego, se puso a contarnos algunos detalles, emocionado. Había funcionado el intentar distraerle.
Al parecer, era mi día de suerte. Joe había fallado al intentar mantener la "distancia de seguridad" y, me esperaba una cena con él, privada… quizá otro día.
¡Esto es todo por hoy! He cumplido mi sueño de escribir con un vaso de cappuccino en la mesa, sentada en un sofá del Starbucks, a solas. Todo tenía su gracia hasta que medio capítulo se me borró de repente, sin más. Suerte que lo he podido reconstruír...
En fin, para las que odiaban a Matt... bueno, tenéis que reconocer que el chico no es tan malo, después de todo.
Para las interesadas en Galletita y Joe, ¿os gustan sus juegos? sé que la mayoría (o todas?) queríais que llegaran hasta el final... sólo trato de encontrar el momento más adecuado (tanto para Liz&Joe como para April&Nick y Anne&Kev)
Por si no lo sabíais, sois geniales, con vuestros estupendos y tronchantes reviews. Me encanta leerlos, de verdad!
Creo que esto es todo por hoy... ah, no!! el miércoles tengo mi primer examen universitario... DESEADME SUERTE!!
gracias gracias gracias por pulsar el botón Review y tomarte tu tiempo en comentar.
-Vicky.
