Hola hola como estamos despues de el capi pasado? espero que el shok haya pasado jeje

Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer

Capitulo 37

-Estrellas de cine -soltó un bufido-. El tipo comentó que trabajaba cerca de la señorita Cullen. Cerca de verdad.

Emmett apretó con fuerza el pomo de la puerta.

-Gracias.

Al salir a la acera, metió las flores en los brazos de una mujer que arrastraba un carrito de la compra. No se volvió para ver su cara de asombro. Sentía un nudo en el estómago. Conocía a alguien que de vez en cuando llevaba un sujetabilletes. Que había sido regalo de Rosalie. Matt Burns.

No quería creerlo. Matt era un amigo, y nadie mejor que Emmett sabía lo difícil que era hacer y mantener amigos en el negocio. Se preguntó lo bien que conocía a Matt Burns.

No había sabido nada de su obsesión por el juego hasta que se puso a investigarlo. En aquel entonces Matt había traicionado a un cliente por una debilidad. ¿Eso no lo situaba el primero de la fila para traicionar a Rosalie debido a otro tipo de debilidad?

«Muchos hombres llevan sujetabilletes», se recordó mientras se alejaba del hotel en vez de ir hacia allí. Necesitaba reflexionar antes de regresar con Rosalie. «Muchos hombres llevan sujetabilletes», continuó, «así como muchos hombres fuman cigarrillos importados». Pero se preguntó cuántos hombres que conocían a Rosalie y que trabajaban en estrecha relación con ella hacían ambas cosas.

«Estoy siendo estúpido», decidió al detenerse junto a una cabina telefónica. No era su trabajo encontrar motivos de por qué no podía ser Matt, sino al revés.

Abrió el bloc de notas, buscó el número de Matt y lo marcó.

-Agencia de Matt Burns.

-Necesito hablar con él.

-Lo siento, el señor Burns no está disponible hasta el lunes.

-Haga que esté disponible, encanto. Es importante.

La voz adquirió un tono seco.

-Lo siento, el señor Burns se encuentra fuera de la ciudad.

-¿Dónde? -sintió como una mano fría por la espalda.

-No se me permite dar esa información.

-Soy Emmett McCarthy. Llamo de parte de Rosalie Cullen.

-Oh, lo siento, señor McCarthy. Debería haberme dicho quién era. Me temo que el señor Burns ha salido de la ciudad. ¿Le pido que se ponga en contacto con usted si nos llama?

-Me pondré en contacto con él el lunes. ¿Adónde ha ido?

-Voló a Nueva York, señor McCarthy. Por un asunto personal.

-Sí -contuvo un juramento y colgó. Era muy personal. Supo que la información le iba a hacer daño a Rosalie. Y mucho.

-Tres horas más -Alice Cullen se levantó de un salto del sillón, atravesó la habitación y se dejó caer en el sofá. Deberíamos habernos casado por la mañana.

-No tardará en llegar la tarde -Rosalie bebió su tercera taza de café y se preguntó cuándo volvería a ver a Emmett. ¿No tendrías que estar disfrutando de tus últimas horas de mujer soltera?

-Estoy demasiado cansada para disfrutar de nada -volvió a ponerse de pie, y su pelo negro se agitó en todas direcciones-. Me alegro tanto de que estés aquí -se detuvo el tiempo suficiente para abrazar rápidamente a su hermana-. Si no estuvieras conmigo, ya me habría vuelto loca. Me gustaría que Bella bajara.

-Lo hará, en cuanto deje a Edward y a los niños con papá. Piensa en otra cosa.

-En otra cosa -el cuerpo esbelto de bailarina de Alice dio una vuelta-. ¿Cómo puedo pensar en otra cosa? Marchar por el pasillo de la iglesia será mi mayor representación.

-Hablando de eso, dime cómo es la obra.

-Magnífica -sus ojos ambarinos se iluminaron de amor por el teatro-. Quizá sea subjetiva porque fue la obra que nos unió a Jasper y a mí, pero es lo mejor que he hecho. Esperaba que pudieras verla.

-Regresaré a Nueva York pronto para rodar unos exteriores. Tú volverás de la luna de miel y subirás otra vez al escenario -sacó un cigarrillo-. Y si las críticas sirven como indicadores, estará en cartel durante años.

Alice vio a su hermana jugar con el cigarrillo, luego encenderlo. Era algo que hacía en contadas ocasiones, y solo cuando se sentía tensa.

-¿Cómo va la filmación?

-No tengo quejas.

-¿Y Emmett? ¿Va en serio?

-Solo es un hombre -se encogió de hombros.

-Vamos, Rosalie, soy Alice. Ya te he visto antes solo con un hombre. ¿Han discutido? -logró quedarse quieta el tiempo suficiente para sentarse en el reposabrazos del sillón de Rosalie-. Anoche parecías tan feliz. Prácticamente resplandecías cada vez que lo mirabas.

-Porque soy feliz -palmeó el brazo de Alice-. Mi hermana pequeña va a casarse con un hombre que he decidido que se la merece.

-No desvíes mi atención, Rosalie -seria, Alice tomó la mano inquieta de su hermana. Los nervios parecieron saltar de la una a la otra-. Eh, algo va mal, ¿verdad?

-No seas tonta... -calló cuando llamaron a la puerta.

Alice sintió que los dedos se le ponían tensos.

-Rose, ¿de qué se trata?

-No es nada -disgustada consigo misma, se obligó a relajarse-. Cerciórate de averiguar quién es, cariño. No queremos que pase un novio demasiado entusiasmado.

Lejos de sentirse satisfecha, Alice se levantó y fue a la puerta.

-Es Bella -anunció después de asomarse por la mirilla. «Y con la ayuda de Bella podré llegar al fondo de lo que preocupa a Rosalie», pensó-. ¿Cómo es que aún no estás gorda? -acusó al abrir la puerta.

Bella rió y apoyó una mano en su estómago y la otra en la mejilla de Alice.

-Porque aún me quedan cinco meses más. ¿Cómo es que no te encuentras lista ya?

-Porque quedan tres horas para la boda.

-El tiempo justo -Bella apoyó una bolsa sobre el respaldo de la silla antes de acercarse a Rosalie-. ¿Crees que podremos ayudarla a vestirse?

-Es posible. Al menos de esa manera dejará de ir de un lado a otro de la habitación. Menos mal que Jasper te convenció de dejar el apartamento. Ahora estaríamos sentadas la una encima de la otra.

-Todavía lo echo de menos -con una sonrisa, Alice se acercó y rodeó los hombros de sus hermanas con los brazos-. Me cuesta tanto imaginarme en un ático en la parte alta de la ciudad. ¿Edward y los niños están con papá?

-Los dejé ante su puerta. A Mamá la están peinando y papá estaba a punto de convencer a Edward para un brindis prenupcial. Estoy impaciente por ver otra vez al pequeño Ben con esmoquin. Le sienta tan bien. A Chris lo irrita que los alquilemos en vez de comprarlos. Cree que es algo ideal para exhibir ante sus amigos cuando estén en casa. A propósito... -apretó con afecto el brazo de Rosalie antes de soltarla-... me ha gustado tu Emmett.

-El pronombre posesivo es un poco prematuro -logró sonreír. Luego, siguiendo un impulso, se dirigió al teléfono-. Ya sé lo que falta aquí -llamó al servicio de habitaciones-. Me gustaría que nos subieran una botella de champán y tres copas. Dom Pérignon del setenta y uno. Sí. La suite de Alice Cullen. Gracias.

-Si apenas son las once -Bella enarcó una ceja.

-¿Y a quién le importa? -quiso saber Rosalie-. Las Trillizas Cullen van a celebrarlo -sin advertencia previa, los ojos se le llenaron de lágrimas-. Oh, Dios, a veces las echo tanto de menos que apenas puedo soportarlo.

Al instante estuvieron juntas, próximas por el vínculo que las había unido incluso desde antes de nacer. En ese instante Rosalie se derrumbó.

-Oh, querida -Bella la ayudó a sentarse en el sofá y miró preocupada a Alice-. ¿Qué sucede, Rosalie?

-Nada, nada -se secó las lágrimas-. Solo estoy siendo sentimental. Supongo que me siento un poco nerviosa, tengo demasiado trabajo. Verlas a las dos, a ti con tu hermosa familia, Bella, y a ti a punto de empezar la tuya, Alice... me pregunto si las cosas hubieran sido diferentes... -calló y movió la cabeza-. No, hice mis elecciones, ahora he de aceptarlas.

Bella apartó el pelo de la cara de su hermana. Su voz siempre era serena, sus manos siempre gentiles.

-Rosalie, ¿es por Emmett?

-Sí... no -alzó ambas manos, luego las dejó caer-. No lo sé. Tengo algunos problemas con un seguidor entusiasta explicó, minimizando el problema-. Contraté a Emmett más o menos para mantenerlo a raya, y luego me enamoré de él y... -volvió a callar y suspiró-. Acabo de decirlo.

-¿Te ha ayudado? -Alice se inclinó para darle un beso en la cabeza.

-Tal vez -parte de la tensión se liberó-. Soy una idiota -buscó un pañuelo de papel-. Y bajo ningún concepto pienso avanzar por el pasillo como dama de honor con los ojos hinchados.

-Esa parece la Rosalie de siempre -murmuró Alice-. Además, si estás enamorada de Emmett, todo va a salir bien.

-Siempre la optimista.

-Por supuesto. Bella encontró a Edward, yo a Jasper, así que ahora te toca a ti. Si pudiéramos localizar a Garrett...

-Pides demasiado -río Rosalie-. Si existe una mujer capaz de cazar a nuestro hermano mayor, me gustaría conocerla -se sobresaltó al oír la llamada a la puerta, pero se recuperó de inmediato-. Debe de ser el champán -se guardó el pañuelo en el bolsillo y fue a abrir, aunque primero lo comprobó por la mirilla-. Oh, oh -sonrió al mirar por encima del hombro-. Es el champán, pero hay más. Bella, llévate a Alice al dormitorio. Hay un maníaco enfermo de amor del otro lado.

-¿Jasper? ¿Es Jasper? -Alice quiso lanzarse hacia la puerta, pero sus hermanas la detuvieron.

-Ni lo sueñes -Bella podía estar embarazada de cuatro meses, pero aún era ágil. Pasó un brazo en torno a la cintura de Alice-. Mala suerte, cariño. Métete en el dormitorio. Rosalie y yo podemos transmitir cualquier mensaje.

-Esto es una tontería.

-No pienso abrir la puerta hasta que te largues de aquí -afirmó Rosalie-. Tú verás.

Después de fruncir la nariz, Alice cerró de un portazo a su espalda. Como medida de precaución, Bella se apostó delante. Con un gesto de satisfacción, Rosalie abrió la puerta que daba al pasillo.

-Por aquí -le informó al camarero-. Y tú... -puso un dedo esbelto y cuidado en el pecho de Jasper-... ni un paso más.

-Solo quiero verla un momento.

Rosalie logró contener una sonrisa y movió la cabeza. Casi podía sentir el amor que emanaba de él, los nervios, el anhelo. Todavía no se había puesto el esmoquin, y llevaba unos pantalones y una camisa que reflejaban su estilo conservador. Parecía un ejecutivo. «Es un ejecutivo», pensó con otro movimiento mental de cabeza. Lo más alejado que alguien habría imaginado para su hermana bohemia y de espíritu libre. Sin embargo, encajaban. Rosalie supuso que Alice primero se habría enamorado de esos ojos grises y serenos. El resto habría sido una conclusión lógica y suave.

-Mira, tengo una cosa para ella -acostumbrado a salirse con la suya, Jasper dio un paso, para verse bloqueado por Rosalie-. Habré salido antes de que parpadees.

-No entrarás -corrigió ella-. Somos irlandesas, Jasper, y pertenecemos al teatro. No vas a encontrar a un grupo más supersticioso. Verás a Alice en la iglesia.

-Eso es -al oír un movimiento detrás de la puerta que protegía, cerró la mano sobre el pomo-. Estoy segura de que eres demasiado caballero para tratar de pasar por delante de las dos -empleando el arma definitiva, sonrió y se llevó una mano al vientre-. ¿O debería decir de los tres?

Jasper no estaba tan seguro. Quería ver a Alice, tocarla, aunque solo fuera por un minuto, para asegurarse de que era real. Bella le sonrió con expresión cálida, pero no cedió. Rosalie firmó la factura del champán sin moverse de la puerta.

-Baja a la octava planta y tómate una copa con papá -aconsejó.

-Solo quería...

-Olvídalo -se suavizó y le dio un beso en la mejilla-. Un par de horas, Jasper. Créeme, la espera habrá valido la pena.

-¿Querrás darle esto? -sacó un estuche del bolsillo-. Era de mi abuela. Iba a dárselo más adelante, pero, bueno, me gustaría que lo llevara hoy.

-Lo llevará -iba a echarlo, pero se detuvo-. Jasper.

-Bienvenido a la familia -luego le cerró la puerta en la cara-. Señor, un minuto más...de eso y habría vuelto a ponerme a llorar. Déjala salir.

-¿Qué te ha dado? -Alice pasó por delante de su hermana. Le quitó el estuche a Rosalie y lo abrió. Dentro, había un diminuto corazón de diamantes en una fina cadena de plata-. Oh, ¿no es precioso?

-Va a quedar aun más hermoso con tu vestido -Bella pasó un dedo por las piedras-. Deja que te lo ponga.

-Ahora yo voy a llorar -Alice cerró la mano sobre el corazón. En cuestión de horas iba a comenzar su nueva vida.

-Basta de lágrimas -Rosalie abrió la botella de champán. Mientras llenaba las tres copas, el corcho aterrizó en la alfombra-. Vamos a emborracharnos un poco... Bueno, dos de nosotras van a emborracharse un poco, y Bella se tomará únicamente media copa. Luego, entre las tres, vamos a preparar a la novia más hermosa para que camine por el pasillo de la Catedral de San Patricio. Por ti, hermanita.

-No -Alice entrechocó la copa con la de Rosalie, luego con la de Bella-. Por nosotras. Mientras nos tengamos, jamás estaremos solas.


Amo la union en ellas tres, a poco ustedes no jejeje

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