Capítulo 37
Turbulencia
No había más que meditar, ni siquiera había sentido alguno en albergar arrepentimientos mundanos, no cuando las acciones caerían rápidamente en la contradicción. Y en ese instante el tiempo jamás fue tan irónicamente relativo como añorante.
Las sensaciones sustituyeron la incapacidad de la mente para describir con certeras y bellas palabras lo que el corazón fugaz e intensamente acababa de experimentar; los sentidos se avivaron y sólo lograban intensificar lo que pobremente había surgido.
No había sido demasiado prolongado aquel contacto, no había sido siquiera cercano a lo memorable, pero había tenido la entrañable calidez que hacía palidecer a la razón y cautivar al corazón; aquel fugaz acercamiento había sido el perfecto embrujo, la condena silenciosa que llevaría a la felicidad o a la tragedia.
—¿Y-Ya…nos íbamos, no? –cuestionaba ella nerviosamente, poniéndose de pie y colocando su mirada en cualquier punto; todo con tal de no confrontar a aquel pelinegro.
—Sí…-contestó Red sin titubeo alguno tras levantarse-. Me adelantaré.
—Sí, está bien…Yo iré en un momento –no se atrevía a encararle, continuaba con aquella pena entumeciéndole el pecho. No esperaba que las cosas fueran a terminar de ese modo.
Avanzó la distancia que él consideró como prudente y simplemente se detuvo en seco; un ruido agitó la copa de aquel indefenso árbol al haber recibido aquel inesperado y brusco golpe por parte del pelinegro.
—¿Pero qué demonios acabo de hacer? –cuestionaba frustrada e internamente, apretando sin compasión alguna sus dientes. Eso estaba fuera de toda contemplación.
—Golpear los árboles no va a servirte de nada, más que para que un enjambre de Beedrill salgan y se te echen encima –comentaba socarronamente aquel viejo rival suyo quien llevaba una sonrisa burlona en labios y transitaba por allí en compañía de su Umbreon.
—Ojalá saliera un enjambre completo de Beedrill. Al menos así nos atacarían a los dos –reaccionó con molestia.
—Tú sólo empeoras de humor, ¿no es verdad? Sólo espero que no estés desquitando todo ese horrendo carácter tuyo con Shade, como es tu santa costumbre.
—Ella tampoco tiene un buen humor –se defendió. No iba a permitir que él fuera el único atacado.
—Si me lo preguntas jamás la he visto enfadada, ni siquiera por lo que le dices o por como la tratas. Así que no te quejes del día en que te toque a ti soportar su genio –mencionó Green descaradamente.
—En todo caso, ¿qué es lo que andas haciendo aquí? –cambiar de tema le iba a sentar mejor o es lo que creía.
—A diferencia de "otros", hay quienes se toman en serio su entrenamiento. ¿Eso contesta tu pregunta?
—Yo paso del entrenamiento de este día –indicó sin mucho ánimo Red.
—¿Y ahora qué demonios te pasa a ti? Hoy en la mañana alardeabas de que no caerías en ninguna ilusión hecha por Mismagius y que le derrotarías, y ahora simplemente arrojas la toalla.
—Nada en especial. Así que tú sigue en tu entrenamiento –expuso como último antes de continuar con su avanece.
De aquel vehículo descendieron ese grupo de cuatro chicas sin dudar ni un momento en dirigir sus pasos hacia la tienda de comestibles ubicada a escasos metros del estacionamiento; el tiempo había llegado y era hora de preparar la comida para el grupo de hambrientos chicos, por lo que el tiempo de las compras había llegado.
El piloto apagó el motor de aquel jeep y se acomodó de mejor manera en su asiento. Sabía que aquellas compras demorarían mucho más tiempo y lo mejor era estar cómodo. Aunque los que le acompañaban no tenían muchos deseos de permanecer más tiempo sin hacer nada.
—Ya quiten esas caras de aburrimiento. Si bien que se han divertido en estos días con mi didáctico entrenamiento –señaló Max cínicamente mientras abría una barra de chocolate y empezaba a comérsela.
—Eso fue como una vista rápida y ligera del infierno –murmuraba Green. Lo peor es que era cierto.
—¿Pues qué clase de entrenamientos les daban? Pareciera que lo único que hacían era darle órdenes a sus pokémon y esperar a que ganaran y ya –habló despectivamente el peli rosa.
—Y lo peor de todo es que todavía no termina –suspiraba Red.
—Así es…Falta el entrenamiento de Shade –aclaraba, viendo de reojo a aquel par de chicos.
—¿Q-Qué? –exclamaba Green con sorpresa; ¿todavía tenían que soportar más doloroso entrenamiento?
—¿No se los dije? La razón por la que llamé a Shade fue para que viniera a terminar su entrenamiento. Después de que termine el mío, seguirá el de ella. Pero descuiden, es la más blanda de todos nosotros.
—¿Qué es lo que nos pondrá a hacer ella? –preguntaba el pelinegro un poco desconfiado. Capaz y era peor que su hermano.
—Nada fuera de este mundo. Únicamente les ayudará a reforzar sus lazos y comprobará que tan buenos son trabajando conjuntamente. Cosas simples –no parecía estarles animado demasiado un comentario como ése.
—¿Por qué creo que será una pesadilla? –comentaba el castaño por lo bajo.
—Porque lo será…-contestó Red.
—Iré a ver cómo van las compras. Ya saben que las chicas suelen entretenerse en ofertas y ropa. Ustedes pueden venir si quieren –comentó cómo último antes de irse.
—Oye Red.
—¿Qué pasa ahora Green?¿También quieres irte a comprar un vestido o algo así?
—Muy gracioso –soltó sarcástico el entrenador-. Más bien me preguntaba por qué en estos días pasaste de desquitar tu mal genio con Shade a evitarla, para no tener que cruzar palabra alguna con ella. Ha sido un cambio de comportamiento bastante notorio.
—Quiero evitarme desgastes innecesarios. Y como siempre termino peleándome con ella, prefiero pasar de esas situaciones. Al menos hasta que hayamos dado por concluido el entrenamiento.
—Ummm…Ya veo… Creía que había pasado algo incómodo entre ustedes dos y que por eso te habías enemistado con ella –mencionaba entre burla y seriedad. Quizás sabía algo más de lo que sus indirectas dictaminaban.
—Pues qué imaginación más rara la tuya Green. Mejor piensa en otras cosas y deja de entrometerte en la vida de los demás.
—No hay duda, sigues igual de amargado que siempre.
Aquel carrito de compras se hallaba repleto de una multitud de productos alimenticios; la gran mayoría posiblemente no eran destinados a la comida que iba a elaborarse, pero igualmente formarían parte de las compras.
—¿No creen que son muchas cosas ya? –cuestionaba Shade contemplando cómo continuaban subiendo más cosas al carro.
—No te preocupes, traemos suficiente dinero para esto –alegaba Blue felizmente.
—El problema no es el dinero, sino más bien…cuándo haremos toda esta comida -aclaraba la peli azul suspirando.
—Mejor apresuremos el paso porque ninguno de los chicos que están esperándonos son pacientes –sugería Yellow leyendo cuidadosamente la lista de compras, fijándose de que no faltara nada de lo que estaba indicado allí.
—Pues que se aguanten –comentaba Misty; a ella le importaba poco o nada la impaciencia de sus amigos.
—Bueno, creo que ésa no es una opción –decía Shade burlonamente, dirigiéndose hacia la zona donde permanecían los refrigeradores-. Helado...Helado...-miraba entusiasta en cada uno de esos refrigeradores, en busca de su postre favorito-. Ya que ellas llevarán lo que quieren, no creo que haya problema que lleve helado de vainilla –sonrió campantemente ante la idea.
—Aquí está –señalaba una voz masculina, mismo que le indicaba el estante y refrigerador donde estaba el helado-.
—Muchas gracias –gratificó con emoción sacando rápidamente su preciado helado e ignorando de cierto modo a quien le había dado las indicaciones-. Sí hay de vainilla, menos mal –se sentía afortunada con aquel bote de helado entre sus manos; aunque en breve posó su atención en la amable persona que le orientó-…R-Red…-¿no se supone que estaba con todos los demás en el jeep?
—Al parecer el helado de vainilla es tu debilidad –hablaba con cierto sarcasmo.
—No tanto así. Aunque me gusta mucho su sabor. Pero también el de fresa y café saben deliciosos. Deberías probarlos alguna vez, y sabrías a lo que me refiero.
—Me pregunto por qué compran tantas cosas si no van a comérselas todas y sólo se van a echar a perder.
—Todos ustedes comen demasiado, así que esa comida durará por máximo tres días. Así que deja de quejarte –comentaba Shade con un ligero tono de burla.
—Mejor apresúrate porque ya las demás están en caja –mencionó como último antes de marcharse. Sin embargo, fue la misma Shade la que le detuvo de golpe-. ¿Qué es lo que pasa?
—Sabes, quiero preguntarte algo…-pronunció, armándose de todo el valor posible-. Es sobre lo que pasó hace unos días…entre nosotros dos…-las carmesí pupilas de Red vibraron ante semejante insinuación. Sabía a lo que se refería y por algún motivo no quería hablar sobre ello.
—¿Qué sucede? –lo mejor era sostenerle la mirada.
—¿Qué se supone…? Bueno, ¿qué fue todo eso…? Es decir, ambos…accedimos. Fue algo consensual –no era especialista en esos temas, pero al menos recordaba tener un mejor manejo sobre ello
—…Lo sé –se había escuchado fácil, pero la verdad era otra-. Sin embargo, no estoy interesado en algo como eso…y mucho menos con todo lo que está pasando –aclaró seriamente, evadiendo su mirada. Seguramente su rostro poseía una mezcla entre sorpresa y decepción; pero él no tenía tiempo ni cabeza para esa clase de asuntos, no de momento.
—…Entiendo tu punto, Red –su respuesta había demorado en emerger de sus labios, sin embargo, allí estaba, tomando con cierta sorpresa al pelinegro. Y es que se veía de lo más tranquila, como si supiera que eso sería lo que obtendría de su parte o no le diera la suficiente importancia-. Lamento haber sacado el tema así de golpe considerando cómo está todo –se disculpó de inmediato. Incluso sonrió tontamente ante su propia impertinencia; lo que había hecho no era usual en ella-. ¿Seguimos como siempre?
—…Es la opción más sensata –dictaminó sin dedicarle una sola mirada. Lo siguiente que hizo fue marcharse de allí mientras intentaba reordenar nuevamente sus ideas, sofocando aquel tema.
—Sí, debí de esperar que ésta sería tu respuesta, Red. Pero de cierto modo las cosas son mejor de esta manera. Al menos así no habrá remordimiento alguno en mis decisiones –pensó con cierta mezcla de desasosiego y confort.
Las bolsas habían sido subidas sin problema alguno a la vez que los pasajeros iban acomodándose uno por otro de forma cuidadosa debido a que el espacio era reducido y había que economizar. Dentro de poco casi todos estuvieron listos, sin embargo, había alguien que faltaba y quien ya se encontraba saliendo con cierta celeridad.
—Mejor me apuro o empezarán a reñirme.
Aquellos pasos que llevaban enorme prisa sencillamente se detuvieron ante ese sonido poco usual y que al mismo tiempo resultaba ser aterrador. No había necesidad de voltear hacia atrás, ni siquiera sentía el impulso se moverse del punto en el que se había quedado estática porque sabía aquella verdad que le acechaba y el peligro que involucraba el moverse siquiera unos cuantos milímetros.
No parpadeó hasta escuchar aquel ruido que precisaba y que significaría que habría librado una de sus dos grandes preocupaciones.
—…¿De compras…Hassel? –preguntó sin mirar hacia atrás.
—Puedes llamarlo de ese modo, Shade –guardó su arma entre sus ropas con toda la calma del mundo, como si no fuera nada malo el portar un objeto como ése.
—Me enteré de que dejaste escapar a Blake pudiendo haberlo dejado morir y librarte de él por fin.
—Que bien informados están todos. ¿Pero a qué has venido? Tú no haces visitas sociales y sinceramente no me agrada verte.
—Hoy tuviste suerte Shade. La ruleta rusa ha estado de tu lado este día –sonrió con cinismo dando unos cuantos pasos para quedar frente a ella-. Sabes que no puedo ponerte una mano encima por el simple hecho de que eres propiedad de Blake y a él no le gusta que toquen sus cosas.
—Qué amable de tu parte…Ahora que me has dado tu sermón, ¿me permites pasar?
—Fue agradable que nuestros caminos se cruzaran por mera casualidad. Porque en realidad no venía a verte a ti o a alguno de tus amiguitos –dijo despectivamente empezando a caminar, no sin antes dedicarle una mirada burlona a aquel chico que conocía a la perfección y que había aparecido a pocos metros de él; uno que le apreciaba con aversión-. Brooklyn te envía saludos, Max.
El único sonido resonante era el de aquella motocicleta negra con escarlata cuyos motores rugían con furia y su velocidad era tan alarmante como el tamaño que poseía. No había más que hacer, no se podía hacer más que mirar el camino previamente transitado por aquel maniático de la velocidad y adrenalina, quien ya estaba demasiado lejos para poder ser seguido.
—¿Pero qué demonios estaba haciendo él aquí? –cuestionó Max molesto tras acercarse lo suficiente a su hermana-. ¿Qué fue lo que te dijo?
—Nada relevante. Extrañamente le creo que solamente nos topamos por mera casualidad, aunque…si anda por aquí significa que Leia también anda por los alrededores; pero los motivos podrían ser ajenos a nosotros por el momento.
—No me trae buena espina todo esto. Regresemos y después empezaremos a investigar…No quiero llevarme una sorpresa desagradable con ese maniático de las armas. Está claro que a ti no te dispararía, pero el resto son otro cuento –no tenían más opción que subir al auto y retornar a casa.
Tras retornar a casa y mientras la comida era preparada por las chicas, alguien había sido comisionado para una labor poco agradable.
Sin demasiada motivación se dirigió con lentitud hacia aquella pequeña casa que servía para guardar las herramientas del hogar.
—Y tenía que ser yo el que tuviera la mala suerte de venir a traer el carbón –espetaba de mala gana el pelinegro sacando el bulto del interior de aquel cuarto.
Sin embargo, al tiempo que ejecutaba su tarea pudo escuchar claramente unos pequeños y suaves pasos cerca de la zona en la que se encontraba; fue inevitable no mirar y encontrarse con aquel tímido pokémon.
—Un Leafon –Red le miraba con detenimiento, percatándose de que éste parecía sentir el mismo interés por su persona.
Y aquella simple palabra parecía haber sido más como un anuncio a voz alta que otra cosa. Ahora lucía un poco más confundido al contemplar que posiblemente el dueño de aquel pokémon había aparecido.
Respiraba agitadamente debido a que posiblemente llevaba un largo tramo corriendo siguiendo a aquel pokémon que en el instante en que la vio se lanzó a sus brazos, restregando con enorme cariño su mejilla contra la de ella.
Sus ojos eran de un tono grisáceo mientras su piel rosácea realzaba aquel vestido negro strapless que llevaba puesto y que gozaba de encajes y pequeños adornos que lo hacían lucir irremediablemente adorable. Llevaba puestos unos zapatos negros de piso con una pequeña flor lila y esas calcetas largas bicolor que le llegaban a las rodillas y que combinaban con la tonalidad amatista de su largo cabello.
Su estatura era promedio y su rostro era agradable a la vista, pero había mucho más que se escondía tras esa sonrisa y esa mirada llena aparentemente de ternura y buenas intenciones.
—…Leia…-fue lo único que emergió de la boca de Red dejando a un lado aquel bulto de carbón; ya se había encargado de mandar Pikachu el frente.
—Parece que ya me conoces –suspiró desilusionada-. No es justo, el cabezota de Max ya les fue a contar el chisme de nosotros. Sería mejor que se metiera en sus propios asuntos –Leafon encaraba frente a frente a aquel pokémon eléctrico.
—Te haré pagar por la bromita de mal gusto que nos hiciste a todos esa noche.
—Al final las encontraron, ¿no es verdad? Entonces no deberías odiarme y mirarme con esos ojos que me dan miedo –exponía con normalidad, cruzándose de brazos, haciendo sonar con cierta melodía las pulseras que adornaban sus delgadas muñecas.
—Lo menos que quiero escuchar son tus excusas, Leia –dijo sin ánimo alguno. Pikachu ya había dado inicio al ataque.
La celeridad dl ratón eléctrico le permitió escapar airoso de ese potente ataque de hoja aguda que ante la falta de blanco había impactado de lleno contra el suelo, destrozándole con una facilidad abrumadora, sinónimo de que debía cuidarse o las consecuencias no serían nada gratas.
¿Y para qué esperar cuando se podían lanzar aquellas medias lunas verdes y brillantes que se dirigían sin despiste alguno contra el pequeño roedor que esquivaba y contraatacaba con cola férrea? El ataque de Pikachu funcionada como una defensa prácticamente impenetrable que se encargaba de mandar lejos aquellas hojas mágicas.
—Tu pequeño roedor no lo hace para nada mal –aplaudía la peli morada, dedicándole una pequeña sonrisa bañada con cierto infantilismo-. Pero no nos dejaremos ganar tan fácilmente. No creas que ganarás sólo por ser una pequeña leyenda en el presente.
—Al menos disfruta la única ventaja que tienes –le sugería Red acomodando un poco su gorra; él se mantenía totalmente inmutable-. Aunque al final podría no significar nada.
—Tan pedante como dicen las lenguas que eres –mencionaba burlonamente.
—De ti no me dijeron precisamente que fueras una persona cuerda y de buenas intenciones. Mejor ser un completo pretencioso a una maniática como tú.
—No hay duda, ese Max hablando de más siempre –el tema del peli rosa estaba empezando a causar un tremendo malhumor en su persona.
—Conoce a tu enemigo y obtendrás la llave de la victoria. Eso debería decirte algo.
—La curiosidad excesiva no es buena Red –pronunció, empezando a dar unos cuantos pasos al tiempo que su Leafon no despegaba su mirada de aquel Pikachu por si decidía irse contra su entrenadora-. Tal vez el día que su curiosidad sea saciada, ese día se arrepientan de haberse dejado seducir por ella –sentenció como último; ahora se hallaba frente a aquel chico, encarándole con cinismo. Incluso le dedicaba una apremiante sonrisa.
—Tus advertencias no servirán de nada, así que mejor ahórratelas.
—No se quejen después. Uno que se toma las molestias de prevenir a los ingenuos entrenadores, ¿y cómo responden? Como tú –soltó dramática con una suave carcajada-. Aunque ahora que lo pienso los rumores no exageraban, eres ligeramente lindo y un tanto atractivo –comentaba la chica con picardía.
—Tú sí que eres extraña –no iba a quitarle la mirada de encima, no cuando sabía que era tan peligrosa.
—Los chicos como tú siempre tan desconfiados…De seguro espantas a todas las chicas que se fijan en ti o simplemente las ignoras como si no fueran la gran cosa. Es tan típico de chicos como tú –expuso con seriedad a la vez que depositaba sus manos sobre sus caderas.
Sus reflejos habían logrado ser lo suficientemente rápidos y efectivos como para impedir que aquel acto culminara por completo. ¿Cómo se supone que iba a esperar que ella intentara algo como eso y más considerando las circunstancias en las que se encontraban?
Aquello no había sido esperado por ninguno de los dos al punto en que sus miradas se toparon no con lo que estaba ocurriendo, sino con las consecuencias de lo que había pasado en unos cuantos segundos.
Los troncos desquebrajados de los inocentes árboles que habían pasado a ser unas víctimas innecesarias dentro de aquel feroz embiste no dejaban ver con facilidad cómo aquel Leafon se levantaba, sintiendo en su cuerpo todavía los estragos de aquel giga impacto que no le permitirían reincorporarse rápidamente a la batalla.
No obstante, aunque aquel Leafon intentó reaccionar lo más rápidamente posible su contrincante no tenía la idea de dejarle tomar su segundo aire y ahora lo único que podía experimentar era el certero golpe roca de aquel imparable Raichu.
Con aquel pokémon de hierba inconsciente no había mucho más que se pudiera hacer, habría que sustituirle, pero ahora sería Glaceon y Solrock quienes iniciaran el contraataque.
—Otra vez nos volvemos a ver las caras Leia –saludó aquella chica de ojo bicolor que se había acercado a la escena mientras su Raichu se colocaba a un lado de ella, emitiendo chispas eléctricas de sus mejillas.
—Tenías que venir a entrometerte donde no te llaman, Shade –la recibió de mala gana.
—Los ataques de su Raichu son fuertes, pero lo que hizo ahorita…está por arriba de las capacidades que creía que su pokémon poseía –pensó Red quien conserva su distancia de Leia y de sus nuevos pokémon.
—Después de encontrarme a Hassel y saludarme de forma fraternal como siempre lo hace, sentí el impulso de merodear por los alrededor y asegurarme de que no vinieras a arruinarnos la comida de este día.
—Vine aquí a conocer a Red y los demás, no estaba deseando verme las caras contigo, Shade. ¿Pero qué se le puede hacer? Por lo que veo estamos destinadas a pelear, posiblemente por los mismos motivos que en ese momento. ¿Lo recuerdas?
—No estoy interesada en conmemorar recuerdos compartidos. Mejor sigamos con el combate –recomendaba, manteniendo esa impasible mirada; Umbreon había sido llamado al instante.
—Te has vuelto una delicada con los años. Pero está bien, ya que has interrumpido mi amena charla con Red te haré pagar por ello –amenazaba con enfado.
—Eso está por comprobarse, Leia.
Brillante, esférico y azulado era aquel canto helado que sin titubeo alguno se dirigía amenazante hacia Umbreon mientras aquellas veloces y peligrosas piedras afiladas eran lanzadas directamente contra aquel pokémon eléctrico.
La bola sombra había provocado un tórrido impacto contra el canto helado de Glaceon a la vez que la férrea defensa producida por la pantalla de luz que Raichu generó, permitía protegerse del mayor daño posible. Ahora que todo había sido anulado, nuevamente reiniciaba el combate, pero ahora el contraataque había llegado por parte de Shade.
Los ojos de aquel Umbreon se iluminaron al tiempo que de su cuerpo emergieron aquellas ondas expansivas en forma de violento viento, mismo que poseía una certeza peligrosa. Tal poder oculto se encontraba dirigido hacia ambos adversarios y causó la confusión suficiente para permitir un bonus extra. No sólo era llamativo, también era destructor y un peligro si golpeaba de lleno, pero la confusión causada por el ataque anterior había dejado desorientados brevemente a ambos y ahora experimentaban el imponente trueno que aquel Raichu lanzaba y que mantenía sin problema alguno.
Pero no iba a permitir que todo concluyera allí, había que hacer algo más. Pronto el clima empezó a tornarse hostil y aquella ventisca comenzó a zarandearlo todo; esas ondas psíquicas se dirigían hacia el causante de la hostil aprensión. Sin embargo, esos espirales ennegrecidos que eran tan característicos del pulso umbrío impactaron de lleno contra la psicoonda lanzadas por Solrock, provocando una ligera explosión que empeoraría la visión con la ventisca llamada por Glaceon.
No obstante, aquello permitió un cambio poco deseado. El imponente trueno era regresado con el doble de fuerza hacia aquel par de pokémon. El impacto se encontraba siendo absorbido por el mismo que creó aquel rayo, aunque en esta ocasión la carga era mucho más grande y se esmeraba no sólo en resistirle sino en absorber lo que su cuerpo fuera capaz de tolerar.
—…Raichu, manda la carga al suelo –ordenó a su Raichu quien con decisión usaba su cola como un parayos y pasaba toda aquella corriente al suelo para reducir el daño- ¡Umbreon, poder oculto una vez más!
—Glaceon, ¡poder oculto tú también! ¡Solrock, avalancha!
Nada bueno podría surgir de aquel doble poder oculto más que un reforzado impacto donde ambos pokémon habrían de salir disparados a lados opuestos del campo de batalla, sintiendo los estragos del recién impacto.
La fortaleza de Solrock minimizaba la descarga eléctrica de la que estaba siendo víctima mientras proseguía atacando con aquella garrafal avalancha en donde algunas de esas rocas eran reducidas a polvo en el instante en que hacían contacto con la electricidad y unas cuantas más lograban su objetivo y empezaban a causarle daños a Raichu.
Ya con aquella electricidad excesiva fuera de su cuerpo no pensaba seguir estando más bajo los abusos de aquel pokémon tipo roca y ahora era su turno de protegerse. Aquel campo verdoso traslúcido cumplía su función y le resguardaba de las piedras afiladas. Un momento de aliento, un minuto de decisión que implicaba arriesgarse un poco y embestir con rapidez y fuerza.
Raichu perdió velozmente en el instante en que se aproximaba a su enemigo, quien aun conservando su fortaleza soportaba valientemente de lleno su giga golpe; Solrock tenía cualquier deseo menos el de perder allí.
El pokémon eléctrico retrocedió para embestir con cola férrea no sólo una sino varias veces más hasta volver a replegarse y evadir lo mejor posible el giro fuego que podría resultar demasiado dañino si llegara a tocarle.
La neblina había emergido y las espesas bolas de granizo golpeaban sin miramiento alguno el de por si ya casi destruido campo de batalla; en aquel mundo donde el campo de visión disminuía, aquel Glaceon se movía con cautela, complicándolo todo con viento helado.
Umbreon evadía como podía las embestidas y los cola férrea que Glaceon le mandaba; no podía evitar ser golpeado por los granizos que seguían cayendo vertiginosamente del cielo.
La agilidad de Raichu abrumaba los sentidos de Solrock y al mismo tiempo sorprendía un poco que pudiera mantenerla por el ambiente circundante que también resultaba ser poco beneficioso para ambos. Solrock mantenía su fortaleza para no salir dañado por aquel granizo.
Un golpe certero dirigido hacia el pokémon roca/psíquico sirvió únicamente como un impulso, ¿pero para qué era necesario aquel empujón? Era justamente para lograr un intercambio.
Su cuerpo se movía con rapidez y decisión mientras era rodeado por la fuerte onda de volteos. No obstante, recibiría como premio aquel canto helado que provocaría un desvío de dirección, pero no de objetivo; únicamente era cuestión de atacar desde otro punto, aunque no se estaría seguro en que instante éste se presentaría, ¿por qué? Porque aquel Raichu estaba recreando fintas de un ataque que amenazaba con impactar y que en el instante más crítico sencillamente cedía. Esto confundió sobre medida a Glaceon quien rápidamente estaba cayendo en la desesperación de no saber hacia dónde dirigir su canto helado.
La tacleada de voltio al fin acertó y el resultado había sido abrumador; parecía que Raichu solamente había aumentado la carga de aquel ataque y ahora el resultado habría de ser no sólo llamativo sino devastador. Glaceon salió volando, golpeándose contra el quebrantado suelo y esforzándose una vez más por levantarse y continuar peleando. No obstante, Raichu se sentía motivado por su logro y simplemente concluyó aquello con un destructor giga impacto; del cual no habría manera que se recuperara.
La ventisca cesó y el ambiente volvió una vez más a la normalidad. Esta situación beneficiaría nuevamente a quienes todavía les quedaba por decidir quién era el que saldría victorioso. Pulso umbrío contra un feroz giro de fuego; otra oposición que llevaría a ambos rivales a alejarse para volver con placaje y tornar aquello en una resistencia física.
Las rocas afiladas fueron evadidas por la velocidad de Umbreon mientras se acercaba peligrosamente a la posición de Solrock, quien había reforzado su cuerpo una vez más con fortaleza.
Nuevamente esas ondas expansivas dieron de lleno en su objetivo haciéndole estrellar contra los árboles, permitiendo una oportunidad que no sería desaprovechada. Una nueva explosión emergió, una producida por el golpe certero de bola sombra. Y así el intento de reincorporación se tornó nulo y el ganador se alzó campante.
—Tsk –chasqueó infantilmente Leia quien de forma molesta regresaba a sus dos pokémon de vuelta.
—No quiero ser grosera, pero la hora de la comida será pronto y no quisiera a invitados indeseados a la mesa –mencionaba Shade con una amabilidad que daba miedo. A la vez que aquellos dos pokémon suyos pese a las heridas se mantenían de pie y dispuestos a esforzarse un poco más para lograr una próxima victoria.
—No lo creo Shade –amenazó, liberando a un Skarmory y un Scyther.
—Por este día es más que suficiente diversión para ti, Leia -dictaminaba la voz de Hassel proveniente desde arriba; yacía descendiendo de ese alegre Tropius- Deja que coman alegremente –el chico no demoró demasiado tiempo en descender de su pokémon y saludarles con cordialidad-. Perdonen las molestias, simplemente es una joven adolescente que desea conocer a los entrenadores más reconocidos y apuestos de la región –se excusaba, mirando a Max y compañía, mismos que habían llegado desde el inicio de la batalla de Shade y Leia.
—Lárgate de aquí Hassel antes de que el buen humor se me acabe –insinuó con brusquedad Max liberando a Salamence y de forma simultánea emergían Blaziken y Mismagius también por parte de Allen y Dylan, respectivamente.
—Mira lo que provocas Leia. Eres una chica mala –regañaba burlonamente a su camarada; no demoró demasiado tiempo en volver a subir a Tropius, llevando consigo a aquella problemática chica.
Pronto de aquel encuentro únicamente quedaba la destrucción producida alrededor que contaba a un número alto de árboles inocentes y un terreno completamente descompuesto.
—Eso fue más rudo de lo que estaba esperando ver –apuntaba Green un tanto sorprendido por la batalla que había presenciado-…Los pokémon de Shade son de cuidado…
—Aunque aquí ocurrieron dos factores importantes –exponía Max tranquilamente.
—El factor número dos, es que los pokemon de Shade son fuertes –expresaba Dylan sonriente.
—El factor número uno, es que Leia le saca de sus casillas y le hace sacar ese mal genio siempre que abre su venenosa boca y cuando ese carácter sale hace que se ponga seria y destruya todo a su paso –enunció como si nada Allen.
—Por lo que sinceramente les deseo la mejor suerte de todas y que no pongan de malas a quien será su siguiente entrenadora –señalaba sonriente el peli rosa, mientras no podía evitar reírse por lo bajo junto con los demás.
—Hubieran visto sus caras cuando contemplaban el combate. Pareciera que jamás hubieran visto combatir a Shade –ilustraba entre risas el blondo-. Hasta diría que se impresionaron.
—Shade jamás sería tan seria con todos ustedes –habló Allen.
—Si no es seria, no me servirá su entrenamiento –manifestaba Red con Pikachu y Charizard listos para confrontar a la joven-. Así que mejor mantén esa actitud hasta que te derrote, Shade.
—Si el entrenamiento va a ser igual de interesante no sería mala idea que empecemos de una buena vez. La comida puede esperar –comunicó Green sonriente; su Arcanine y Umbreon estaban fuera de sus pokeballs-. Además Red, quien la va a derrotar primero, seré yo.
—Me estoy muriendo de hambre y no pienso pelear contra nadie hasta haber comido algo, así que mejor se mantienen tranquilos o lo lamentarán –advirtió esto último con una ternura aterradora siendo respaldada por aquel grupo de cuatro dragones que les apuntaban amistosamente con esos hiperrayo en formación.
—¿No les dije que sería linda con ustedes? –cuestionaba Max descaradamente-. Un poco de dolor les hará bien.
