Bonjour à tout le monde! :D Es lunes al fin, así que traigo la actualización para esta historia, espero les guste. Cabe mencionar que de ahora en adelante habrá mucha acción, ya que llegó el momento de que las batallas den inicio o Así que espero que les gusten (sinceramente odio describir batallas XD en cualquier fanfic que haga, y ésta no es la excepción, pero bueno, hay que hacerlo -3-). Un abrazo, saludos y nos estamos viendo :D
Capítulo 35.- ¡Ezio hace su primer movimiento: La Corte Real aparece!
Los cascos de los navíos rozaron con violencia la superficie arenosa de la playa mientras la misma empezaba a llenarse de numerosas y presurosas pisadas, todas con una única dirección, todas hacia aquella ciudad que empezaba a dar señales de decadencia.
Su ceño se mantenía imperturbable y sus grisáceos ojos agudizaban el panorama que se postraba frente a él, como si nada de lo que estuviera ocurriendo fuera sorpresivo; era como si todo aquello lo hubiera previsto desde antes.
Su modesto traje oscuro a rayas doradas, corbata carmesí y camisa blanca acentuaban su encanecido cabello y así mismo le daban el toque de elegancia que siempre había destacado a aquel astuto hombre de negocios.
Pasos lentos sobre la arena le llevarían tarde o temprano hasta sus aposentos; la prisa no era un modo de actuar en su persona y tampoco es como si transitara en solitario, tres sombras más se le habían unido sin siquiera emitir palabra.
—Quiero que encuentren a mi nieta y la traigan ante mí –ordenó sin siquiera girarse a verlos-.
—¡Así será mi señor! –contestaron velozmente, para abandonar de inmediato la escena-.
—Lynn, has estado causándome muchos problemas desde el día en que naciste…Si tan sólo hubieras seguido obedeciéndome fielmente no estaríamos pasando por este tipo de cosas…Pero veo que te has topado con una manzana podrida…con el hijo de ese bastardo…Monkey D. Dragon…-espetó furioso, frunciendo el ceño y apretando fuertemente sus dientes; algo en aquel nombre le producía aversión-.
El contenido casi hirviendo de aquella tetera se encontraba siendo vertido con lentitud, con una suavidad incomparable sobre aquella sustancia amarillenta que se había vuelto inclusive más elástica y viscosa que antes. La tensión inundó el ambiente, pero pronto se disipó; aquellas miradas observaban satisfechas el espléndido resultado.
—¡Se ha derretido por completo! –chilló contento el pequeño médico-.
—Se deshizo en su totalidad –contenta dijo Nami- Ahora que ya estamos completamente libres tenemos que ir por los otros y separarlos.
—Quién diría que el agua calienta con un exceso de azúcar disolvería por completo esta sustancia pegajosa –decía la arqueóloga que terminaba de separar a los piratas Heart-.
—Muchas gracias Robin-chan –agregó contento Shachi-.
—Robin-chan es muy inteligente –comentó Penguin-.
—Justo a tiempo –agregaba Law mirándola detenidamente- Porque tal parece que tenemos visitas.
—¡Marines! –gritaron rápidamente Nami y Chopper- ¡¿Pero cómo?!
—Tiene que ser obra de Ezio indudablemente –alegó Law con su nodachi descansando sobre el hombro-.
—Un hombre del bajo mundo que cuenta con la protección de la Marine, sin duda no es nadie ordinario –puntualizaba Nami-.
—No, no lo es…-espetó Robin seriamente- Ezio es un hombre intocable por el título que ostenta.
—Pero cosas triviales como ésas le importarán nada a mugiwara-ya –sonrió sarcástico el ex shichibukai-.
—Capitán –dijo Bepo quien ya se encontraba en posición de ataque-.
—Tenemos que deshacernos de ellos. Esto será rápido –agregó sonriente- ROOM.
Aquel perímetro delimitado no demoró en aparecer, dejando a un número considerable de incautos marines en su interior. Su nodachi se movió silenciosa y rápida, ejecutando los cortes con una precisión abismal, separando en un santiamén aquellos cuerpos, dejándolos solamente en viles fragmentos.
¿Pero por qué dejarlos solamente así cuando podían unirse al gusto y estilo del cirujano? Lo menos que requerían ahora eran molestias y ello significaba dejar completamente incapacitados a todos aquellos marines de una buena vez por todas. Tan curioso arreglo fisiológico sencillamente causaba gracia al mismo tiempo que imposibilidad de esos hombres de atacarles y perseguirles.
Sus reflejos apuradamente le habían servido para bloquear la ofensiva que le había sido lanzada. La hoja de su espada había soportado el impacto casi brutal de aquella pesada cadena y le había obligado sin querer a retroceder.
La cadena cedió rápidamente, oscilando peligrosamente a un lado de su diestro poseedor. ¿Quién era aquel sujeto?¿Cómo es que no le había visto antes?
Las vestimentas recordaban a los viejos monjes del budismo zen, con aquella característica canasta de paja en la cabeza como una manifestación clara de la ausencia de ego, tocando cándidamente aquella flauta japonesa con la única mano que tenía libre. Su interpretación era magnífica tanto como el poder que poseía al controlar ese kusarifundo.
—Tienes que ser uno de los hombres de Ezio –el cirujano simplemente se volvió a incorporar-.
—Efectivamente, Trafalgar Law…Soy conocido el Monje de la Condolencia, mi nombre es Zezan.
—¿Zezan Capobianco? –cuestionó Robin-.
—Efectivamente, Nico Robin. Parece ser que soy un poco conocido en el mundo.
—Tu sobrenombre no es derivación de tus buenos actos –inquirió la arqueóloga, viéndole detenidamente-.
—Yo soy un hombre humilde que jamás me ha agradado hacer alarde de mis habilidades. Sólo estoy aquí por una noble causa, defendiendo el nombre de un ilustre hombre.
—Me encargaré de ti –soltó Law con una discreta sonrisa burlona en sus labios-.
—Será un honor para mí enfrentar a un pirata insigne como tú, Trafalgar –musitó cortésmente Zezan- Disculpen a mis compañeros, ellos tienen un poco de prisa.
Era cierto, él no se hallaba completamente solo, contaba con dos fieros compañeros de combate que sin más se habían aproximado a la escena.
Una estilizada y larga pipa era sostenida con delicadeza por la mano femenina de aquella alta y escultural mujer. De tono naranja era su sedosa falda que comodonamente le llegaba hasta los tobillos con un corte provocativo a ambos lados de sus piernas. Una blusa blanca sujeta por un par de cintillos carmesí dejaba apreciar sin problema alguno los enormes atributos de la peli lila. Una especie de kimono de largas mangas era empleado como una simple gabardina, gozando de un tono verde ocre con decoraciones de blancas flores. Un peculiar sombrero de paja de forma cónica cubría su cabeza y dejaba ver apuradamente el inquisidor tono dorado de sus ojos.
Su mirada relajada tono chocolate embonaba perfectamente con aquel cabello carmesí echado completamente para atrás, conservando su rebeldía, luciendo indudablemente como el de un pandillero ligeramente descuidado. Portaba una chamarra corta y de cuero, y pantalones de igual naturaleza concluyendo con aquellas botas cafés que poseían un par de espuelas. No llevaba camisa alguna, prefería optar por lo natural y cómodo. No obstante llevaba sobre su ancha espalda una espada que oscilaba casi en los dos metros poseedora de una gran empuñadura.
—Biel Armas…y Milenka Ionescu…-hablaba secamente Robin observando a los nuevos que se habían unido a la fiesta-.
—¿Qué tan peligrosos son Robin? –le preguntó susurrante la navegante-.
—Biel es conocido por su crueldad hacia sus adversarios. Trabajó durante algunos años de forma modesta, pero renunció a ese tipo de vida…Tiempo después fue apodado como Biel, el Espadachín empalador. Milenka, es llamada la "La Cortesana" y hace gala de un peculiar ataque en el que emplea dos enormes abanicos de hierro; se desconoce sus orígenes ya que toda la información sobre ella ha sido eliminada.
—Parece que nos conocen muy bien, Biel –dijo Milenka con suavidad tras liberar un poco de humo de su boca-.
—No se podía esperar menos de alguien que durante estos años estuvo trabajando para los Revolucionarios. Es normal que nos conozca, nuestro jefe tiene problemas con Dragon.
—Y pensar que ahora tiene de enemigo a su pequeño hijo –sonrió con cierta malicia- Y todo por traer consigo a esa problemática niña.
—Pero descuiden, les quitaremos ese problema de encima y podrán irse con los marines calmadamente –sentenció Biel con una mirada endurecida que desentonaba por completo con la amplia sonrisa que había esbozado-.
—Zezan, te encargamos. Nosotros iremos a cumplir el pedido del jefe.
La educación no formaba parte de sus principios, mucho menos al momento de marcharse y dejar al oponente con las palabras en la boca. Aquel par iniciaron de forma rápida y destructiva su partida, había una misión que cumplir, por lo que no podían simplemente entretenerse con los enemigos que se atravesaran en su camino. Sin embargo, alguien habría de encargarse de interceptar el escaparate.
La espada del pelirrojo simplemente chocó con abrumadora fuerza contra la larga superficie de la nodachi del cirujano. No es que no poseyera la suficiente fuerza, no es que no estuviera al nivel de un combate de fuerza bruta, simplemente se trataba de que aquel guerrero tenía prisa y ningún motivo para quedarse demasiado tiempo estático.
—Nada mal Trafalgar –musitó velozmente Biel- Pero tengo un poco de prisa, me disculparas mi grosería.
¿Cuánta más fuerza podía imprimir?¿Cuánta más había necesitado para lograr estampar de lleno al cirujano contra la pared y hacer que ésta se quebrara con la fragilidad del hormigón? Pero la situación no iba a cesar en algo así. Pronto la pared más próxima a donde aquellas mujeres se encontraba fue cortada, como si hubiera sido rebanada como vil mantequilla. ¿En qué instante Milenka les había sobrepasado y usado esos engendros de abanico para tirar abajo los muros que le resultaban estorbosos para continuar movilizándose?
¿Correr tras los que recién habían escapado? No, ésa era una mala idea con un enemigo todavía presente, uno que por alguna razón había empezado a tocar su melodiosa flauta; por cada pequeño espacio se llenó de esa canción relajante, tan ajena al escenario de violencia que se contemplaba.
—Miserable espadachín –maldijo el moreno tras escupir un poco de sangre-.
—¡Capitán! –gritaron preocupados sus subordinados que se aproximaron hasta a él-.
—No se metan idiotas. Este sujeto es mío –expresó autoritario con una mirada que caía en el enfado-.
—Iremos con Luffy y los demás. Tenemos que liberarlos –decía Nami con su Sorcery Clima Tact listo-.
—Te dejamos a cargo de Zezan –comentó Robin-.
—Ey, Zezan-ya…¿Estás preparado para nuestro enfrentamiento? No te dejaré ir fácilmente…Serás mi paciente en esta ocasión.
—Quiero ver si eres capaz de hacerlo, Trafalgar.
—Andando Nami, no tenemos tiempo –señalaba Robin mientras salía corriendo en compañía de la pelirroja y Chopper-.
—Ustedes apártense –sugirió a sus camaradas-.
—Erres un buen capitán después de todo, mira que ser tan amable con tus camaradas. Si no logras vencerme, iré sobre tus subordinados.
—Para ser alguien a quien no le gusta presumir sobre su persona, alardeas demasiado. Aunque con esa cosa en tu cabeza eres mucho menos irritante –soltó mordaz el cirujano-.
—Provocarme no te va a llevar a ninguna parte, Trafalgar.
—…ROOM…
No costaba demasiado ubicar la localización del gigantesco molusco, no con el tamaño que ahora poseía, producto de su ingesta continúa de alimento. El problema en cuestión era que no localizaban a quien verdaderamente les interesaba hallar.
Si no tuvieran ya suficientes inconvenientes, también tenían que lidiar con la locura de la gente que se encontraba bañada en pánico y simplemente corrían sin una dirección aparente; sólo les interesaba alejarse del monstruo que estaba destruyéndolo todo a su paso. Era como nadar contra la corriente.
—Demonios, no veo a Luffy por ninguna parte, ¿dónde diantres se metió? –balbuceaba malhumorado Sanji-.
—No creo que haya sido comido por la babosa –decía Lynn que intentaba hallarlo en algún punto de aquel animal-.
—Todo se está complicando por sus tonterías –dijo con cierta desesperación el cocinero que bien ya había acabado con dos cajetillas enteras de cigarrillos-.
—Tranquilízate Sanji, no lograremos nada perdiendo la cordura –aplacaba Usopp-.
—¡FRANKY RADICAL BEAM!
¿Quién necesitaba preocuparse por pequeños detalles de cómo encargarse de aquel animal cuando se tenía un ataque tan fulminante como el expedido por el cyborg? Aquellos rayos láser destruyeron sin inconveniente alguno al frágil molusco que simplemente colapsó en una lluvia de viscoso contenido.
—¡IDIOTA! –le gritaron rápidamente sus compañeros-.
—¡Eres un completo estúpido! –exclamó Sanji con la vena saltada tras haberle atestado tremenda patada- ¿Y si Luffy estaba dentro de esa cosa y lo hiciste estallar?
—Bueno, está claro que sí se encontraba dentro de la babosa…Aunque está totalmente integro…y dormido –comentaba Zoro que ya se había acercado lo suficiente a donde se encontraban la mayor cantidad de los restos de la fallecida babosa-.
—Sí que tiene el sueño pesado como para no despertarse con la explosión –Lynn examinaba a su capitán, notando de inmediato que él no estaba en menos problemas que él- Está hecho una bola de esa cosa pegajosa.
—Sólo es un idiota con suerte –comentó Sanji un poco más calmo-.
—Ummm…Tengo hambre…-decía somnoliento el capitán- ¿Dónde estoy? –preguntaba parpadeante y mirando a su alrededor- ¿Y qué es esto?
—Qué lento…-dijeron todos-.
—Sanji, ¿ya estará lista la cena? –cuestionaba tras haberse puesto de pie; se veía gracioso, lucía como un balón de bolleyball mal fabricado-.
—Ciertamente ya ha caído el atardecer –mencionaba Usopp contemplando el naranjado cielo-.
—Se nos ha ido el tiempo volando…¡Un momento! No tenemos tiempo para apreciar el cielo. Luffy, Ezio ha llegado a la isla con la Marina y sus guardaespaldas –comunicó sin chistear Sanji-.
—Ya veo…-Luffy acomodó su sombrero con calma, escondiendo repentinamente su mirar- Vayamos a patearle el trasero de una buena vez por todas.
—Primero tenemos que deshacernos de esta molesta cosa o no podremos pelear bien –expresó Franky- Estaremos en desventaja si nuestro enemigo aparece y continuamos de esta manera.
—Eso es cierto, Luffy-san…Yohoho…-un poco de humo escapaba de su afro a causa del ataque de Franky-.
—Regresemos con Nami y los demás –sugería Sanji-.
¿Si ya no existía más aquella babosa qué era lo que estaba amedrentando a la ciudad y la estaba llevando a la destrucción total? No lo vislumbraron de inmediato, pero en menos de lo que esperaban hallaron su anhelada respuesta.
Un feroz viento arremetió, haciéndoles retroceder contra su voluntad. ¿Quién lo había producido? Porque estaba claro que había sido creado de forma frontal y con un único objetivo, quitarlos del camino.
No podrían avanzar si ellos se hallaban allí, dispuestos a bloquearles el avance sin importar qué. No estaban de suerte, no podría simplemente haber un peor momento para toparse al enemigo.
—Así que aquí estaba la tripulación restante de Monkey D. Luffy –espetó Milenka-.
—Aunque parece que están en apuros. No podrán moverse adecuadamente del modo en el que están –comentó Biel que había enterrado su espada en el piso-.
—¿Quién demonios son ustedes? –cuestionó hostilmente Zoro; no despegaba su mirada del espadachín, que si bien se apreciaba descuidado y tranquilo, le trasmitía una sensación desagradable-.
—Son los miembros de la Corte Real…Es Biel y Milenka…¿Dónde está Zezan? –interrogó con cierto hosquedad la castaña-.
—Zezan se ha quedado atendiendo a Trafalgar –dijo sin demasiada importancia Milenka-.
—No te preocupes, con nosotros dos tendrás la diversión suficiente –comentó el pelirrojo con una diminuta sonrisa en sus labios; estaba desafiando al espadachín de forma discreta, incitándole a que fuera el primero en lanzar la embestida-.
—Maldición, de la manera en que estoy ahorita no podré enfrentarlo adecuadamente…No se ve que posea un estilo en particular, parece más bien un bruto con mucha fuerza y habilidad innata con la espada –pensó Zoro, injuriando su mala suerte desde sus adentros-.
—Todo se puede arreglar fácilmente, Lynn-sama –dijo Milenka- Ven con nosotros pacíficamente y no les haremos nada a tus queridos amigos.
—Tu abuelo te está esperando, está muy ansioso por volverte a ver, después de que fuiste una desagradecida y escapaste nuevamente hace un año –completó Biel-.
—Ella no va a ir a ningún lado…Ella es nuestra nakama y no permitiremos que se la lleven –habló seriamente Luffy, quien miraba con desagrado a aquel par-.
—Es muy hermosa mellorine, pero…simplemente no puedo decirle que sí a su proposición. Nunca me perdonaría que Lynn-swan fuera encerrada nuevamente en esta isla.
—He venido a patearle el trasero a Ezio, así que guárdense sus propuestas –indicó Luffy sonriendo tranquilamente chocando sus puños con enorme ánimo-.
—Es tal y como nos lo describieron –señaló de mala gana Milenka-.
—Nada que ver con su padre –musitó por lo bajo Biel-.
—Si golpeamos a Lynn-sama, el jefe se enfadará Biel…Debes tener cuidado, no le gustará que la llevemos con un brazo menos –expresó burlonamente cerrando aquel par de abanicos suyos-.
—Despreocúpate Lynn-sama, no pasará lo que en aquella ocasión…-sonrió macabro-.
—Tsk…Biel….-dijo fríamente; ella sabía a lo que se refería y no era algo que gustara de recordar-.
—Es irónico que el brazo que tienes libre sea el derecho…Si intentas oponerte a que te lleve, volveré a romperte el brazo como hace nueve años atrás…¿Lo recuerdas Lynn-sama?
—Maldito bastardo –gruñó furioso Sanji- No te atreverás a ponerle un dedo encima a Lynn-swan. Me encargaré de molerte a patadas y romper cada uno de tus huesos.
—Si tan sólo pudiéramos separarnos –se quejó Usopp intentando apartarse de Sanji-.
—No pienso volver con ninguno de ustedes –se escuchó firme- Aborrezco a esta isla y a cada uno de ustedes.
—No sea tan obstinada Lynn-sama, es por su bien. Usted no debería juntarse con calaña como ésta. Los piratas son de mal gusto. Son la escoria de la sociedad –dramatizaba Milenka-.
—Ellos no pertenecen a su mundo. ¿Cómo podrían comprenderla si jamás han gozado de riquezas, influencias y privilegios únicos? Jamás pensarán en usted y le darán la vida que requiere.
—¡Ellos son mis amigos…mis nakamas, y no requieren formar parte de esta podrida sociedad para entenderme! ¡No te atrevas a insultarlos nuevamente! –gritó con violencia la castaña; aquellas palabras simplemente la habían hecho rabiar-.
—Mira lo que te han hecho Lynn-sama, te han lavado por completo el cerebro. ¿Es que ellos saben de dónde vienes?¿Saben la historia que hay detrás de tu sangre?¿Conocen tu pasado? –soltó como letal veneno Biel-.
—Cuando lo sepan seguramente la abandonarán en alguna isla y la dejarán a su suerte, Lynn-sama –agregaba maliciosa Milenka-.
—Su pasado no nos importa –defendió Zoro-.
—Lo único que nos interesa en este momento –agregaba Sanji con una sonrisa burlona-.
—Es patearles el trasero a todos ustedes para que se queden callados de una buena vez por todas –espetó Luffy sin temor alguno-.
—…Chicos…-decía Lynn con la mirada vibrante; aquellas palabras habían logrado conmoverla indudablemente pese a su simpleza-.
El olor de aquel fino vino con toque a vainilla llamó de inmediato su atención y le hizo direccionar su mirada hacia el punto donde su olfato le indicaba. ¿Cómo es que podía tener semejante descaro aquel hombre? Parecía que ni siquiera se inmutaba ante quien lo miraba de forma tan inquisidora.
Descendió suavemente desde lo alto del acorazado sosteniendo con maestría aquella copa de vino; sorbió un poco y simplemente miró al hombre de negocios como si estuviera frente a cualquier hombre y no ante uno de los sujetos más influyentes que podría existir.
—Esto es lo que pasa cuando no eres lo suficiente severo con tu estudiante, Baldassare –concretó Ezio-.
—Tu sangre corre por las venas de esa chica, es normal que cometa estupideces como éstas.
—No importa qué tan rebelde sea, ella obedecerá a su abuela sin chistear.
—No existe nada más con lo que puedas aferrarla a la isla. Hasta tú lo sabes…Rompiste el único lazo que tenía con esta isla y contigo.
—Siempre habrán modos Baldassare, siempre los habrán. Y a todo esto, ¿a qué has venido? Te has negado a trabajar bajo mi mandato.
—Soy un hombre libre, no tengo por qué atender a los caprichos que tengas o los que Sable posea. Si estoy aquí es por entretenimiento. Sabes cómo soy.
—Siempre pensé que tenías una afición desagradable Baldassare. Ésa idea no ha cambiado en estos casi veinte años que te conozco.
—Tú también te preservas como siempre Ezio. Yo sólo he venido a contemplar el desenlace de este polémico encuentro –sonrió disimuladamente mientras empezaba a caminar tranquilamente- Así mismo también creía que ésta podría ser nuestra fatídica…despedida.
—Ese maldito de Baldassare….Jamás ha sido confiable….Pero me encargaré de él después, ahora sólo me precisa recuperar a Lynn y llevarla de vuelta.
No era para nada estúpido, conocía muy bien las debilidades de los usuarios de aquellas primorosas frutas del diablo y al mismo tiempo parecía entender muy bien en qué consistía la habilidad del cirujano. No iba a dejarse cortar por aquella nodachi pese al enorme alcance que poseía. Aún dentro de aquella área limitada se movía con gran gracia; era rápido, como un condenado gato salvaje arisco que posee el nulo deseo de dejarse contemplar por quien se aproximara demasiado.
¿Cómo podía ver venir los ataques del moreno? Y sobre todo, ¿cómo podía quitárselos de encima empleando su primitiva arma? Estaba claro, se hallaba construido de esa molesta roca marina que causaba debilidad en los usuarios, pero había algo más que la hacía diferente.
—Nada mal Trafalgar –indicó con satisfacción Zezan- No creas que permitiré que hagas de mí tu paciente. Escuché los rumores de que te gusta quitarle los corazones a tus enemigos.
—Eres bastante escurridizo –expresó lleno de desgano con su nodachi a la mano- Escapas rápidamente y al mismo tiempo prevés en dónde atacaré. Debes usar el Kenbunshoku haki.
—Buen observador Trafalgar. Es algo indispensable saber dónde te van a golpear tus adversarios, y creo que hasta a ti te vendría de maravilla una habilidad como ésa. Pero ya que me has probado, pasemos ahora contigo. Tengo curiosidad sobre la fuerza que posee un ex shichibukai.
—Vaya sujeto más raro con el que me ha tocado pelear –dijo con una media sonrisa-.
—Y no sabes cuánta razón albergan tus palabras, Trafalgar…Pero estás por descubrirlo….
Aquella melodía sencillamente no abandonaba su cabeza, se había tatuado en sus pensamientos, le estaba privando del sonido del exterior y estaba reduciendo su propia perspectiva. ¿Cómo una melodía podría tornarse tan intolerable y prácticamente letal?
