Chicas sabemos que nos hemos tardado un poco pero aquí esta el nuevo capítulo. Recuerden que nada nos pertenece y a leer se ha dicho!


-Déjame tocarte -apoyo los dedos suavemente sobre uno se los senos-. Aquí, al sol.

La llamó por su nombre, al conjurar su nombre ella se perdió. Se abandonó a él, a sí misma. Algo en su interior se diluyó como un torrente de seda y su mente quedó dichosamente en blanco. Con una perezosa intencionalidad que la hacía estremecerse, las manos de Jasper empezaron un recorrido lento y pleno de deleite. Alice se estremeció de placer, sintió que la piel se le entibiaba. Era delgada como un junco y suave y fresca como el agua. La línea adorable de la garganta de Alice atrajo los labios de Jasper.

Con músculos temblorosos, se sostuvo sobre ella.

-Alice - el nombre sonaba vivo en su garganta, y lleno de deseo-. Mírame -tenía los ojos tan verdes y oscuros como las sombras que se cernían a sus espaldas-. Mírame, porque si importa. Mi amor eres tú. Siempre has sido tú.

Jasper le acercó la boca y se fundió en la de ella con un beso largo y apasionado.


Alice no podía moverse. No solo porque Jasper la atenazaba contra el suelo con el peso muerto de un hombre satisfecho, sino porque sentía su propio cuerpo debilitado por un torbellino de sensaciones distintas.

Había perdido el control, no solo del cuerpo sino de la voluntad.

Necesitaba recuperarlo y ponerlo a buen resguardo. Pero cuando empezó a moverse, a empujarlo, el sencillamente la tomo por la cintura, giro y la atrapó en un abrazo sobre él.

Alice hubiera querido apoyar la cabeza sobre el corazón de Jasper, cerrar los ojos y quedarse así para siempre, pero a la vez tenía un miedo mortal.

-Pronto oscurecerá. Tengo que preparar todo para cocinar, encender la fogata.

Él le acaricio el cabello.

-Hay tiempo.

-Oye -repuso ella, zafándose de su abrazo-, a menos que quisieras pasar frío y hambre, necesitamos leña.

Él la atrajo hacia sí.

-En un minuto iré por ella. Quieres alejarte de mí, Al, y no te dejare. Esta vez no -trato de disimular cuanto le dolía-. Quieres fingir que esto fue solo un arrebato momentáneo en el bosque, sin relación alguna con lo que iniciamos hace años. Pero, en el fondo, no puedes.

-Jasper, déjame levantarme...

-Y estas diciéndote que no volverá a suceder -prosiguió Jasper, enojado-. Que no volverás a sentir lo que sentiste conmigo. Pero te equivocas.

-No me digas lo que pienso ni lo que siento.

-Te digo lo que veo. Te lo veo en los ojos -la hizo a un lado y se levantó. En seguida, se fue a recoger la leña.

Mientras Alice empezaba a disponer todo para cocinar y limpiaba el pescado para la cena, se preguntó porque había creído que podía controlarlo y controlarse estando cerca de él. Jasper se sintió molesto con Alice por lo que ella no podía, ni quería cambiar.

Pero más tarde, después de cenar, cuando el bosque estaba oscuro y lleno de sonidos, fue ella quien esta vez se volvió hacia él, fue Alice quien necesito unos brazos que la rodearan y alejaran las pesadillas que la perseguían y el miedo que traían consigo. Y el estuvo allí para abrazarla en la noche, para moverse con ella con un ritmo suave y cómodo.

Así que para dormir se acurruco a su lado, con la cabeza apoyada en el hueco del hombro. Jasper permaneció despierto, observando como danzaba la Luna sobre la tienda, escuchando el aullido de un coyote. Y se preguntó cómo había sido posible que nunca hubiera dejado de amarla.


Atontado, adolorido, Jasper despertó al oír el canto de los pájaros.

Se sentó y se puso los pantalones vaqueros. En medio de la intensa fragancia de pino y tierra percibió el aroma del café, maravillosamente civilizado. Alice había encendido una fogata y tenía la cafetera hirviendo. Un largo sorbo le despejo lo ojos.

-¿A dónde vamos hoy, Ally?

Ella frunció el entrecejo.

-Pensé que querrías iniciar la entrevista.

-Ya llegaremos a eso. ¿Qué sendero te gusta seguir desde aquí?

-Hay un paseo muy agradable de un día a las montañas -repuso ella, encogiéndose de hombros-. Vistas maravillosas, algunas praderas nevadas muy atractivas.

-Me parece un buen plan.

Alice preparo huevos y se terminaron rápidamente el café. Llevando sus mochilas livianas, dejaron el campamento e iniciaron el ascenso. Un sendero agreste llevaba a laderas aun mas escarpadas. Entre el bosque que se alzaba hacia el cielo a su izquierda y el rio que serpenteaba abajo, recorrieron la vertiginosa senda que zigzagueaba, accediendo al aire límpido y fresco donde se remontaban las aguilas.

Alice permaneció inmóvil, silenciosamente divertida, cuando Jasper se detuvo y contemplo un punto donde el sendero trazaba una curva y el cielo se fundía con las montañas.

-Si alguien construyera una casa aquí -señalo-, nunca haría nada. ¿Cómo podría uno dejar de contemplar el paisaje?

¿Por qué no podía ser como cualquier otra persona?

-Pero son terrenos del gobierno.

-Ayúdame a pensar, Ally. Haremos una casa aqui, con enormes ventanales en la sala que miren hacia este lado, para poder ver las puestas de Sol. Necesitaremos una gran chimenea de piedra. Creo que debería ser abierta, con techos muy altos, sin espacios cerrados. Con cuatro dormitorios.

-¿Cuatro?

-Claro. Querrás que los niños tengan su propio dormitorio, ¿o no? Cinco dormitorios -se corrigió, regocijando al ver como se dilataban las pupilas de Ally-. Uno para huéspedes. Además, necesito una oficina de buen tamaño, con muchos estantes y ventanas. ¿Donde quieres tu oficina?

-Yo ya tengo uno.

-Pero necesitas otra en la casa. Eres una mujer profesional. Creo que debería estar junto a la mía, pero habrá que establecer normas para respetar cada uno el espacio del otro. Las pondremos en el tercer piso -enlazo los dedos con los de ella-. Piénsalo un minuto. Somos las dos únicas personas en el mundo y acabamos de aterrizar aquí. Podríamos pasarnos toda la vida en este lugar, con la mente extasiada.

Azul, blanco, verde y plateado. El mundo estaba hecho de esos colores intensos y las pinceladas borrosas de otros más. Picos, valles y el rumor del agua. La sensación cálida de la mano de Alice en la suya, como si así tuviera que ser. Nada más. Sin temor, ni dolor, ni recuerdos, ni mañana.

Alice, al descubrir que él podía anhelar todo eso, se retrajo.

-No te gustaría tanto en pleno invierno, cuando se te congelen hasta los huesos y nadie pueda traerte comida rápida.

La miro, silencioso, paciente, y la hizo avergonzarse.


Cuando llegaron a su destino, Jasper se regocijó con la vista. Era un océano de flores, ríos del color corrían entre el verde y bañaban la ladera de un pico boscoso que ascendía al cielo como el torreón de un castillo. En los puntos más elevados, pequeñas lagunas de nieve resplandeciente asomaban entre rocas y árboles. Las mariposas danzaban blancas, amarillas, azules, coqueteando con todo cuanto estaba en flor.

-Sorprendente. Increíble. Aquí es donde pondremos la casa.

Esta vez, ella rió.

-¿Qué son esos?, ¿altramuces?

-Sí, tienes buen ojo. Son altramuces de hoja ancha. Las mariposas azules de esta región los prefieren. Y aquellas que están más allá son margaritas alpinas.

-Y eso es milenrama –examinó las flores blancas y planas.

-Sabes mucho de flores. No me necesitas aquí.

-Sí –la tomó de la mano-, claro que te necesito. Dio media vuelta y la tomó por sorpresa con un beso suave y estremecedor. Ella empezó a volverse, pero él la retuvo-. No.

Ella cerró los ojos antes de que la boca de Jasper volviera a alcanzar la suya.

-Está bien.

Sin embargo, Jasper se llevó la mano de Alice a los labios y vio cómo a la expresión sombría de los ojos se sumaba cierta confusión.

-¿Qué buscas, Jasper?

-Ya encontré lo que busco. Sólo falta que tú también sientas lo mismo –temió que hubiera sólo una forma de lograrlo-. Vamos a sentarnos, Ally. Este es un buen lugar. Es un buen momento –se quitó la mochila, se sentó en una roca y abrió aquella para sacar su grabadora.

Al ver el aparato, Alice sintió que le faltaba la respiración.

-No sé cómo hacerlo.

-Siéntate –la invitó él, amable-, y háblame de tus padres.

-No recuerdo gran cosa de mi padre.

Jasper permaneció en silencio.

-Era muy apuesto –comentó Alice al cabo de unos minutos-. Los dos se veían muy hermosos juntos. Recuerdo cómo se arreglaban para las fiestas y cómo yo creía que los padres de todo el mundo eran apuestos, iban a fiestas y salían retratados en las revistas y en la televisión.

"Se amaban. De eso sí estoy segura –hablaba lentamente-. Y me amaban. No puedo equivocarme en eso. Recuerdo cómo podía observarse lo que sentían el uno por el otro. Hasta que todo empezó a cambiar".

-¿Cómo cambió?

-Aparecieron el enojo, la desconfianza, los celos. En ese tiempo, yo no sabía cómo nombrarlo. Peleaban. A principio, muy tarde en la noche. No lograba distinguir las palabras, pero si las voces, el tono. Me hacer sentir mal –sonrió pesarosa-. Pero no siempre era así. Recuerdo que mi padre me tomaba en brazos. "Alice, mi amor", me decía, y bailaba conmigo por toda la sala. Me abrazaba, y yo me sentía segura. Cuando iba a mi habitación para contarme cuantos, porque contaba unos cuentos maravillosos, me ponía muy feliz. Me decía que era su princesa. Y cuando tenía que irse a filmar, lo extrañaba tanto que me dolía el corazón. Al regresar, siempre me dejaba una rosa blanca en la almohada.

Alice se llevó una mano a los labios, como si quisiera contener las palabras y el dolor.

-Esa noche, cuando entró en mi habitación y rompió la caja de música y me gritó, fue como si alguien se hubiera robado a mi padre y se lo hubiera llevado. Nunca, nunca volvió a ser lo mismo después de esa noche. Ese verano yo esperaba que él volviera, que las cosas fueran como habían sido antes. Pero nunca volvió. Jamás. En su lugar vino el monstruo –se quedó sin aliento-. No puedo –apenas logró pronunciar esas palabras. Tenía los ojos dilatados por la pena y el dolor-. No puedo.

-Está bien –Jasper la abrazó. Pudo sentir que el corazón de Alice latía presuroso, sintió los intensos espasmos que la sacudían como latigazos.

-Todavía puedo recordarlo todo: mi padre arrodillado junto a ella, la sangre, los vidrios rotos. Tenía las tijeras en la mano. Me llamó. Yo la había oído gritar antes. La oí. Oí su grito y el vidrio que se rompía. Eso fue lo que me despertó. Pero fui a su dormitorio y me puse a jugar con los frascos. Yo jugaba en su habitación mientras él la mataba.

Jasper no pudo decir nada. Las palabras no eran ningún consuelo. La abrazó y le acarició el cabello.

-Nunca volví a verlos. Jamás hablábamos de ellos en la casa. Mi abuela los encerró en un baúl en el desván. Yo hablaba de mi madre en secreto con la tía Bella, y me sentía como una ladrona robando los fragmentos de recuerdos que ella podía desenvolverme. La odiaba por eso: por orillarme a recuperar a mi madre en breves cuchicheos robados en secreto.

Jasper le besó el cabello, la arrulló al tiempo que ella sollozaba. Luego, la acunó en su regazo hasta que sintió que se quedaba relajada y silenciosa.

A Alice le dolía la cabeza y le ardían los ojos. Pero la presión que le atenazaba el pecho se había disipado. Exhausta y avergonzada, se zafó de él.

Jasper le enjugó una lágrima de la mejilla.

-Te ves exhausta.

-Nunca lloro. La última vez que llore fue por ti.

-Lo siento.

-Me dolió tanto descubrir a qué ibas realmente. Cuando te marchaste, lloré por primera vez desde que era niña. No te diste cuenta de lo que me permití sentir por ti en esos dos días.

-Si me di cuenta –murmuró él-. Tanto como yo sentí por ti. Alice, la primera vez que te vi eras una bebita. Algo en esa triste imagen de ti salió de la pantalla del televisor y me atrapó. Nunca me ha dejado. No volví a verte hasta que tenías doce años, valiente y con esa mirada profunda. Pero nunca te olvide. Aparecías y desaparecías en mi mente. Y luego ya tenías dieciocho años. Delgada y adorable; abriste la puerta de tu departamento. Un poco distraída, un poco impaciente. Entonces me sonreíste y las piernas me flaquearon. Nunca he vuelto a ser el mismo.

"Sé que te lastime. En ese tiempo, no te comprendí muy bien; no me comprendía a mí mismo. Incluso cuando vine otra vez no lo entendía. Solo sabía que verte me emocionaba mucho".

-Estás confundiendo las cosas, Jasper.

-No, no es así –le acarició el rostro-. Al, hay algo sobre lo cual no me cabe duda. Estoy completamente enamorado de ti.

Alice sintió un nudo de felicidad y de terror en la garganta.

-Pero yo no quiero estarlo.

-Lo sé. Te da miedo. Sin embargo, eres lo que estoy buscando. Lo que sigue es averiguar qué es lo que buscas tú. Mientras tanto, solo dime una cosa. ¿Lo que sientes por mí es apenas un leve enamoramiento?

Lo que sentía era calidez, una corriente tibia y uniforme, y una añoranza tan honda e intensa que palpitaba como si fuera otro corazón. Jasper le vio la respuesta en los ojos.

-Te amo, Alice.


Jasper se mostraba tan despreocupadamente feliz, pensaba Alice, que era casi imposible no responder en la misma medida. Que más daba que el día siguiente hubiera amanecido con una llovizna pertinaz que sin duda los habría empapado menos de una hora después de emprender el regreso.

Jasper despertó, oyó el golpeteo de las gotas y anuncio que era una señal de que debían quedarse en la tienda y hacer el amor desenfrenadamente.

Ella no encontró ningún argumento lógico para rebatirlo.

Después, el froto la nariz contra la nuca, le dijo que se quedara dónde estaba, que él se encargaría de preparar el café. Alice se arrebujo en la tibia crisálida de la tienda y se dejó embargar por la placidez que surge Luego de hacer el amor. Ella no había dejado que nadie la mimara desde que era niña; creía que, si no cuidaba de si misma, estaría entregándole el control de su vida a alguien más. Como lo hizo su madre. El amor podía ser una debilidad o un arma mortal, y se había convencido de que jamás se permitiría sentir amor por nadie ajeno a la familia. Acaso, ¿este sentimiento no tenía para ella esas dos simientes en su ser interno, la de rendirse y la de usarlo con violencia?

Jasper se abrió paso a la tienda con dos tazas humeantes en una mano.

Tenía mojada de lluvia la cabellera jaspeada por el Sol e iba descalzo. Una oleada de amor envolvió a Alice, y le inundo el corazón y la cabeza.

-Creo que vi una musaraña -le entrego el café y se instaló a tomar el suyo-. No sé si era errante o parda, pero estoy casi seguro de que era una musaraña.

-La musaraña errante se encuentra más a menudo en las tierras bajas - se oyó ella misma responder-. A esta altitud, probablemente era una parda.

-Fuera lo que fuera, andaba buscando algo que desayunar.

-Las musarañas comen todo el tiempo. Igual que algunos forasteros que conozco.

-Ni siquiera he mencionado el desayuno. Lo pensé, pero no he dicho nada. Entonces, ¿qué? ¿Te invito a salir cuando regresemos?

-¿Perdón?

-Que si salimos. A cenar, al cine, a pasear en mi auto rentado

-Pensé que volverías pronto a Los Ángeles.

-Puedo trabajar en cualquier lado. Tú estás aquí -Jasper le aliso el cabello enmarañado-. ¿Te molesta?

-Sí, pero no tanto como creí. No tanto como debería -Alice respiro hondo y cobro ánimos-. Te quiero. No es fácil para mí. No sirvo para esto.

-Creo que es solo cuestión de practica -repuso el, besándola en la frente.


Emmett McCarthy miro por la ventana de la cabaña alquilada. Nunca había entendido lo que atraía a Rose hacia ese lugar de lluvias y frío, de tupidos bosques. Miro la grabadora en miniatura que había comprado. Tenía intenciones de volver a hablar con Jasper, pero no estaba seguro de cuánto tiempo le quedaba. Los dolores de cabeza lo torturaban con aterradora regularidad. Sospechaba que los médicos habían calculado más tiempo del que en verdad le quedaba, y las cintas serian su memoria.

En el centro de su cráneo empezaba a surgir el dolor. Saco pastillas de varios frascos, algunas recetadas por el médico, otras que se había arriesgado a comprar en la calle. Tenía que vencer el dolor. No podía pensar. Y le quedaba tanto por hacer, tanto.

"Alice", pensó con tristeza. Tenía una deuda que saldar.

Dejo los frascos sobre la mesa, junto al cuchillo largo y reluciente y una Smith y Wesson calibre.38.


Y bien chicas, que opinan? Cuantos infartos hubo al leer jajajaja, era lo que tanto esperaban cierto? Pero y Emmett que planes tendrá? Esperamos sus comentarios y que sigan la historia hasta el final. Besos!