La historia es una adaptación del libro Making Faces de Amy Harmon los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original
35. CUIDAR DE BELLA
Graduación, 2002
Bella jugueteaba con su escote por centésima vez desde que había llegado y alisaba su falda como si esta repentinamente se hubiese arrugado desde la última vez que la había alisado cuatro segundos atrás.
—¿Tengo lápiz labial en mis dientes, Ben? —susurró a su primo, haciendo una mueca en una parodia de sonrisa así podría ver las dos filas blancas de perfectos y derechos dientes por los que había sufrido durante tres años con frenos.
Ben suspiró y sacudió su cabeza en un no.
—Estás bien, Bella. Luces genial. Solo relájate.
Bella tomó una profunda respiración e inmediatamente comenzó a morderse nerviosamente el labio que recién había cubierto con una nueva capa de labial rojo coral.
"¡Mierda! ¡Ahora sé que tengo labial en mis dientes!", susurró en una voz aguda solo para sus oídos.
—Regreso enseguida, ¿está bien? Solo iré al baño de chicas por un segundo. ¿Estarás bien sin mí?
Ben alzó sus cejas como si estuviera diciendo: ¿Estas bromeando conmigo, mujer?
Bella no se había ido por cinco segundos antes de que Ben se estuviera dirigiendo a través de la pista de baile hacía el circulo de luchadores con los que había estado esperando hablar desde que había llegado al baile de graduación con Bella.
Emmett, Peter, y Garrett habían venido sin citas. Ben no sabía por qué. Si él tuviera una oportunidad de invitar a una chica al baile de graduación, sostenerla en sus brazos, oler su cabello, y pararse sobre sus dos piernas y bailar, no dejaría pasar la oportunidad.
Q y Laurent estaban allí con sus chicas, pero sus citas estaban apiñadas un poco más allá en una seria discusión acerca de zapatos, cabello y vestidos: los suyos y de todos los demás.
Los cinco amigos vieron a Ben venir a una velocidad rompe cuellos en su silla de ruedas, esquivando de un lado a otro a los bailarines en la pista como un hombre en una misión, y le sonrieron a modo de saludo. Eran buenos tipos y siempre lo habían hecho sentir como si no les importara tenerlo alrededor.
—Luces bien, Cheney. —Garrett silbó.
Peter enderezó el moño de Ben solo un milímetro y Emmett caminó alrededor de su silla, haciéndole una evaluación.
—¿Viniste solo como el resto de nosotros? —preguntó Emmett, deteniéndose en frente de Ben y bajándose en cuclillas así Ben no tendría que estirar su cuello para hacer contacto visual.
—Habla por ti mismo, hombre. Estoy con la adorable Victoria —se pavoneó Beans, sus ojos en su cita.
Victoria era bastante linda, pero era de la clase para pasar el rato, y Ben pensaba que sería más linda si tuviera un poco de la discreción de Rosalie. Rosalie mostraba solo lo suficiente para sugerir que solo se ponía mejor debajo de su ropa. Victoria mostraba tanto que te preguntabas por qué siquiera se molestaba con la ropa. Pero Q parecía apreciar eso acerca de ella.
—Irina, luce bien. —Ben felicitó a la chica de Laurent y Laurent meneó sus cejas
—Sí, luce bien, Cheney. Sí, luce bien.
El vestido de Irina también era bastante revelador, pero no era tan voluptuosa como Rosalie o Victoria, lo que lo hacía parecer menos revelador. Era pequeña como Bella, pero tenía largo cabello negro y una exótica inclinación en sus ojos y pómulos. Ella y Laurent habían sido una pareja desde segundo año y lucían bien juntos.
—Estoy aquí con Bella. —Ben fue directo al asunto, no queriendo que Bella volviera y lo viera trabajando a la multitud en su nombre. Emmett inmediatamente volvió a pararse y Ben suspiró internamente. Emmett actuaba como si Bella fuera una espía rusa que lo había engañado para revelarle los secretos del país en lugar de una chica que le había escrito unas cuantas cartas de amor y firmado con el nombre de alguien más. Su reacción le hacía a Ben preguntarse si después de todo quizás tenía sentimientos hacía Bella. No te pones tan enojado acerca de algo que no te interesa.
Ben miró a Peter y Garrett y continuó, esperando que Emmett lo escuchara.
—Ustedes, chicos que no tienen citas, ¿la invitarían a bailar? Bella siempre está cuidando de mí, pero sería lindo si pudiera bailar con alguien además de su primo en su baile de graduación.
Emmett dio unos pasos hacia atrás y luego se giró y se alejó sin decir una palabra. Garrett y Peter lo miraron marcharse, con idénticas expresiones de sorpresa en sus cara.
Q estalló en risas y Laurent silbó bajo y lento, negando con su cabeza.
—¿Por qué actúa de esa manera siempre que alguien dice una palabra acerca de Bella? —se preguntó Garrett, sus ojos aún en la espalda de su amigo que se estaba retirando.
Ben sintió su cara arder y su cuello se sintió muy apretado de repente. Tomaba bastante para avergonzar a Ben. El orgullo era un lujo que un chico como él no podía costear y tener cualquier tipo de vida, pero el desaire de Emmett lo había avergonzado.
—¿Cuál es su problema? —preguntó Ben, desconcertado.
—Creo que tiene un algo por Bella —dijo Q, como si eso fuera la cosa más indignante del mundo.
Ben le dio a Q una mirada que hizo a Q detenerse de golpe y aclarar su garganta, tragándose su risa.
—De verdad apreciaría si ustedes, chicos, bailaran con ella. Si piensan que son demasiado buenos para ella entonces no importa. Definitivamente es su pérdida, no la de ella —dijo Ben, el calor de la vergüenza transformándose en enojo.
—Oye Ben, no hay problema, hombre. La invitaré a bailar. —Garrett palmeó su hombro tranquilizadoramente.
—Sí, estoy dentro. Me gusta Bella. Me encantaría bailar con ella —estuvo de acuerdo Peter, asintiendo.
—Yo también. Adoro a Bella —intervino Q, sus ojos brillando con regocijo. Ben decidió dejarlo pasar, solo era Q. No parecía ser capaz de evitarlo.
—Sabes que te apoyo, Cheney. Pero si bailo con ella, va a saber que algo planeado—dijo Laurent con pesar—. Irina es mi chica y todos lo saben.
—Está bien, Laurent. Tienes razón. No quiero hacerlo tan obvio. —Ben exhaló un suspiro de alivio.
—Así que, ¿qué vas a hacer mientras mantenemos a Bella ocupada? —bromeó Q.
—Voy a bailar con Rosalie —dijo Ben sin pausas.
Los cuatro luchadores inmediatamente rompieron en gritos y risas mientras Ben sonreía y giraba en su silla. Bella justo había regresado al gimnasio y estaba revisando el lugar y eso, buscándolo.
—Ustedes cuiden de Bella. Yo cuidaré de Rosalie —gritó sobre su hombro.
—Cuidaremos de ella. No te preocupes —lo tranquilizó Garrett, despidiéndolo.
—Nosotros cuidaremos de ella —repitió Peter—. Y cuidaré de Emmett. También necesita que alguien cuide de él.
—¿Me puedo quedar? —Emmett aclaró su garganta. Era tan difícil preguntar. Pero no se podía ir. No ahora. Todos habían estado levantados casi toda la noche, y el amanecer estaba a solo a una hora. Elliott Mccarty se había hecho cargo de la panadería, y Charlie y Reneé Swan habían corrido al lado de su hija cuando recibieron la llamada. Habían pasado solo dos semanas desde que habían sido despertados y les dijeron que fueran al hospital sin saber qué le había sucedido a Ben. Estaba claro por sus caras aterrorizadas seguidas por lágrimas de agradecimiento que habían esperado lo peor.
Bella y Emmett fueron interrogados largamente por los oficiales que respondieron, y Royce King fue llevado al hospital en una ambulancia y luego remitido a custodia policial. Bella se había rehusado a ir al hospital pero había permitido que la policía tomara fotos de sus heridas. Estaba amoratada y raspada, y estaría adolorida en la mañana, pero ahora dormía en su propia cama, y Emmett estaba parado en la puerta principal, su mano en la perilla, preguntándole a Charlie Swan si se podía quedar a pasar la noche.
—No quiero irme. Cada vez que cierro mis ojos, veo a ese bastardo arrastrándola lejos… perdón, señor. —Emmett se disculpó, a pesar de que en realidad no estaba seguro de qué otra palabra podría haber usado para describir a Royce King.
—Está bien, Emmett. Mis sentimientos son los mismos. —Charlie Swan sonrió débilmente. Sus ojos analizaron la cara de Emmett, y Emmett supo que no era debido a sus cicatrices. Eran los ojos de un padre, tratando de determinar las intenciones de un hombre que estaba claramente enamorado de su hija.
»Te haré una cama aquí abajo. —Asintió una vez y se giró, alejándose de la puerta, haciendo un gesto para que Emmett lo siguiera. Se movía como si hubiera envejecido diez años durante la semana anterior y repentinamente Emmett se dio cuenta de cuán mayor era Charlie Swan en realidad. Tenía que ser unos veinticinco años mayor que Elliott, lo que lo ubicaría en los setenta. Emmett nunca había pensado realmente en los padres de Bella, nunca los había mirado realmente, de la manera en que nunca había mirado a Bella realmente hasta esa noche en el lago.
Tenían que haber sido bastante mayores cuando nació Bella. ¿Cómo se sentiría descubrir que vas a tener un hijo cuando nunca pensaste que podrías? ¡Cómo puede balancearse el péndulo! Tal inmensurable alegría al dar la bienvenida a un milagro a este mundo, tal incomprensible dolor cuando ese hijo es tomado de este mundo. Esta noche Charlie Swan casi perdió su milagro, y Emmett había sido testigo de un milagro.
El Pastor sacó una sábana, una almohada y un viejo edredón rosa del armario de la ropa, caminó hacia el salón principal y comenzó a arreglar el sofá como si lo hubiese hecho cientos de veces.
—Me encargo de esto, señor. Puedo hacer eso. —Emmett se apresuró a relevarlo de la labor, pero el padre de Bella lo ignoró y continuó asegurando la sábana debajo de los cojines y plegándola a la mitad así Emmett podía meterse dentro como un taco.
—Ahí está. Estarás cómodo aquí. A veces cuando tengo muchas cosas en mi mente y no quiero mantener despierta a Reneé, vengo aquí abajo. He pasado muchas noches en este sofá. Eres más alto que yo, pero creo que estarás bien.
—Gracias, señor. —Charlie Swan asintió y palmeó a Emmett en el hombro. Se volvió como si fuese a irse, pero entonces se detuvo, mirando hacia la vieja alfombra que rodeaba el sofá donde dormiría Emmett.
—Gracias, Emmett —respondió, y su voz se quebró con repentina emoción—. A menudo me ha preocupado que cuando Ben muriera algo le pasaría a Bella. Es un miedo ilógico, lo sé, pero sus vidas han estado tan entrelazadas, tan conectadas. Incluso Angie y Reneé descubrieron que estaban embarazadas el mismo día. Me preocupaba que Dios hubiera enviado a Bella por un propósito específico, una misión específica, y que cuando esa misión estuviera completa se la llevaría.
—¿El Señor nos da y el Señor nos quita?
—Sí… algo como eso.
—Siempre he odiado esa cita.
Charlie Swan lució sorprendido, pero continuó.
—Esta noche, cuando llamaste… antes de que incluso hablaras, sabía que algo había ocurrido. Y me preparé para escuchar las noticias. Nunca le he dicho a Reneé esto. No quería que acompañara mi miedo. —Charlie alzó la mirada hacía Emmett, y sus grandes ojos marrones, ojos tan parecidos a los de Bella, estaban llenos con emoción.
»Me has dado esperanzas, Emmett. Quizás restauraste mi fe un poco.
—La mía se restauró también —admitió Emmett.
Charlie Swan lució sorprendido una vez más y esta vez solicitó una aclaración.
—¿Cómo es eso?
—No hubiera escuchado su grito. No debería haberlo hecho. Tenía la radio encendida. Y la licuadora. Además, para empezar, no escuchó para nada bien. —Emmett sonrió, solo un irónico giro de sus labios. Pero este no era un momento para frivolidades, e inmediatamente comenzó indagar una vez más—. Escuché a Peter, mi amigo Peter. ¿Recuerda a Peter Kimball?
Charlie Swan asintió una vez, una breve afirmación.
—Fue como si estuviera de pie justo a mi lado, hablándome al oído. Me advirtió, me dijo que escuchara. Peter siempre estaba diciéndonos que escucháramos.
Los labios de Charlie Swan comenzaron a temblar y presionó una mano en su boca, claramente conmovido por el relato de Emmett.
—Desde Irak, ha sido… difícil… para mí creer que hay algo después de esta vida. O, de hecho, algún propósito en esta. Nacemos, sufrimos, vemos a las personas que amamos sufrir, morimos. Solo parecía todo tan… tan inútil. Tan cruel. Y tan definitivo. —Emmett se detuvo, dejando que el recuerdo de la voz de Peter lo calentara e incentivara a continuar.
»Pero después de esta noche, ya no puedo decir eso. Hay mucho que no entiendo… pero no entender es mejor que no creer. —Emmett se detuvo y apretó el puente de su nariz. Miró hacia Charlie Swan buscando afirmación—. ¿Tiene esto algún sentido?
Charlie Swan alcanzó el brazo de la silla más cercana y se sentó abruptamente, como si sus piernas ya no pudieran sostener más su peso.
—Sí. Sí. Tiene todo el sentido del mundo —dijo silenciosamente, asintiendo con su cabeza—. Todo el sentido del mundo.
Emmett se sentó también, el viejo sofá recibiendo a su cansada persona en sus dobleces.
—Eres un buen hombre, Emmett. Mi hija te ama. Puedo notarlo.
—La amo —dijo Emmett, pero se detuvo de decir más.
—¿Pero…? —preguntó el Pastor Swan, los muchos años escuchando los problemas de las personas lo habían hecho muy consciente de cuando alguien se estaba guardando cosas.
—Pero a Bella le gusta cuidar de las personas. Estoy preocupado de que mi… mi… mi… —Emmett no podía encontrar las palabras.
—¿Necesidad? —reemplazó Charlie Taylor delicadamente.
—Mi fea cara —corrigió abruptamente Emmett—. Estoy preocupado de que mi desfiguración haga que Bella quiera cuidar de mí. No soy exactamente hermoso, Pastor. ¿Y si un día Bella me ve como soy realmente y decide que mi necesidad por ella no es suficiente?
—Tu padre vino a verme una vez, hace mucho tiempo. Estaba preocupado acerca del mismo tema. Pensaba que si luciera diferente tu madre no lo habría dejado.
Emmett sintió una inmediata oleada de dolor por su padre y un correspondiente destello de rabia por la mujer que lo había descartado por un anuncio de autobronceado en ropa interior.
—¿Puedo sugerirte lo que le sugerí a él? —preguntó gentilmente Charlie Swan—. A veces la belleza, o la falta de ella, se entromete en el medio de realmente conocer a alguien. ¿Amas a Bella porque es hermosa?
Emmett amaba la manera en que lucía Bella. Pero repentinamente se preguntó si amaba la manera en que lucía porque amaba la manera que reía, la manera que bailaba, la manera en que flotaba de espaldas y hacía declaraciones filosóficas acerca de las nubes. Sabía que amaba su desinterés y su humor y su sinceridad. Y esas cosas la hacían hermosa para él.
—Supongo que hay muchas chicas que físicamente son más encantadoras que Bella. Pero amas a Bella.
—Amo a Bella. —Emmett estuvo fácilmente de acuerdo, una vez más.
—Hay muchos chicos que son más necesitados… y más feos… que tú en este pueblo, aun así eres el primer chico por el que Bella alguna vez ha mostrado interés. —El Pastor Swan se rió—. Si todo es acerca de altruismo, ¿por qué Bella no está allí afuera buscando comenzar un hogar con un descarrilado hombre feo?
Emmett se rio también, y por un minuto Charlie Swan lo miró afectivamente, lo avanzado de la hora y el roce con la muerte dándole a la conversación un giro surrealista que invitaba a la franqueza.
—Emmett, Bella ya te ve por quien eres en realidad. Es por eso que te ama.
No puedo creer que estemos a punto de terminar esta historia, solo nos quedan dos capitulos + el epilogo.
Espero que la esten disfrutando.
