37. Secretos.
Apenas abrió la puerta que daba al jardín trasero y se asomó un par de pasos, percibió dos enormes golpes de impacto de algo bestialmente enorme que se acercaba por el borde del río. Un par de pájaros que piaban en el árbol más cercano interrumpieron su canto para echar a volar despavoridos y las gotas del rocío que moteaban los macizos de rosas cayeron estrepitosas sobre la tierra mojada que las sostenía.
-¿Ja…ke?- titubeó Bella.
Hacía mucho tiempo que no se lo veía en fase y temió lo que se pudiera encontrar. Quizás ya fuera más alto que un caballo o que un oso a punto de atacar. Si su figura metamorfa había seguido creciendo lo mismo que su forma humana ahora mismo daría terror verlo.
-¿Jake?- volvió a repetir- Está todo bien, puedes acercarte.
¿Estaba todo bien? ¡Y un cuerno! ¡Todo estaba peor que nunca! Podía volver a aparecer Victoria para atacarla en ese mismo momento y ni siquiera le importaría. Le extrañaba que tuviera fuerzas para seguir en pie y no hubiera sucumbido como Edward cuando no quiso dar ni un paso más en la escalera y se había quedado sentado en el descansillo de la misma apoyando la cabeza en las palmas de las manos.
Se volvió para comprobar si seguía allí y como no se había movido ni un ápice, insistió:
-Estoy yo sola, Jake.
Ahora se sintió ridícula. A la sensación de terror de saber que los Volturis habían estado allí, se había llevado a los Cullen y probablemente estaban buscando a Edward, donde el aire le pasaba por los pulmones como el filo de una navaja se sumó la sensación de ridículo. ¿Con quién pensaría Jacob que estaba? Él sabía que los Cullen se habían ido - o habían sido obligados a irse - y que ahora mismo, no había tratado que sirviese para proteger su terreno.
Se repitieron dos nuevos golpes de impacto y uno de los matorrales que protegían la curva del río se movió. De un salto y en medio de un pestañeo Jacob se plantó al otro lado y sacudiéndose el pelo mojado apareció para caminar hacia ella con forma humana.
Echó un vistazo rápido hacia la casa de nuevo y como Edward seguía en la escalera, echó a correr hacia el jardín.
-Espero que puedas explicármelo todo. Los chicos están muy perdidos.
Pero Bella no contestó. Las lágrimas que había intentado contener para hacerse fuerte delante de Edward brotaron a la vez que se abrazaba al flamante cuerpo de su amigo. Musitó algo, intentó formular unas palabras de agradecimiento pero todo lo que le salió fue un incongruente ruido gutural.
Jacob la recogió en el abrazo y también iba a decir algo. Una palabra de consuelo o de calma, pero apenas le besó la cabeza para mecerla porque parecía a punto de sufrir una crisis nerviosa: Su corazón latía como si fuera doble, totalmente desacompasado y formando un requiqueteo que casi tapado al anterior, por lo que poco más pudo hacer:
-Está bien, Bells. No va a pasar nada. Ni a ti ni al exchu…- carraspeó- a Edward va a pasaros nada. Sean quienes sean los tíos de las capas negras. Ya nos cargamos a muchos como esos. Todo saldrá bien.
-Los Volturis- gimoteó la chica.
-¿Qué?
-Los Volturis- sorbió la nariz ruidosamente e incluso se pasó la manga a la vez que levantaba la cabeza incrustada en su pecho- Son los vampiros italianos que convirtieron a Edward en humano.
Iba a decir un par de cosas, la primera que si habían convertido al vampiro en exvampiro y le habían dejado ir a qué fin venían ahora y se llevaban a los otros, pero enseguida vino a su mente la fiereza de sus ojos rojos o la velocidad a la que cruzaban el bosque como si no tuvieran que impulsarse sobre sus pies así que desechó cualquier tipo de combinación sumando el recuerdo de que a los vampiros no les gustan los hombres lobos, más cuando una voz irrumpió sus pensamientos.
-Bella.
Le bastó alzar la vista hacia la casa para ver - sujetándose en el marco de la puerta por la que Bella había salido - a Edward, y además, en un estado lamentable. Se arrepintió de pensar eso si él se lo estaba leyendo pero era la pura realidad. Le había visto portarse como un estirado, como un pomposo, engreído e incluso celoso, pero ni siquiera cuando creyó que la vampira pelirroja le había partido en dos, estaba tan demacrado como hoy: las ojeras le hacían parecer un vampiro, lo mismo que la palidez de su piel y si no fuera porque le escuchaba latir el corazón y porque sus ojos seguían siendo verdes, juraría que lo era.
Bella se giró como un resorte, le soltó, se limpió de nuevo la nariz con la manga y corrió hacia él, como un imán. Podía haber tropezado por el jardín, pero sus pies supieron el sitio exacto donde ponerse, como si siguieran un mapa. Llegó hasta él y uniéndose como si fuera una parte de su propio cuerpo, le tomó de la cintura para abrazarle apoyando su cara en la parte derecha de su cuello para susurrar:
-Jacob nos ayudará. Podrá rastrearles y saber dónde se los han llevado.
-Jacob no puede ayudarnos- contestó sin ni siquiera fuerza en la voz- Les dieron esquinazo y se perdieron hacia el norte. Si alguno de la manada se acerca les romperán el cuello sin apenas tocarles. Y yo sé perfectamente dónde se los han llevado.
Jacob dudó si acercarse. Cualquier situación con Bella y Edward le parecían tan íntima que le daba apuro hasta abrir la boca. A veces se miraban como si no necesitaran hablarse y se podía ver perfectamente que uno era parte del otro y que no podrían vivir separados. Como si estuvieran imprimados, si es que los vampiros tuvieran ese poder, además del de sacarle de quicio. Ya le quedó muy claro cuando se dio por vencido en el mismo momento que los dos estaban mal heridos el día de la batalla y Bella fue a proteger a Edward con su propio cuerpo, del mismo modo que él había hecho con ella.
Además, en ese momento, como nunca antes, la expresión de dolor de Edward le hizo sentirse ínfimo y diminuto, como si no supiera nada. Vio realmente en su cara, en sus rasgos que no aparentaban más allá de la mayoría de edad que estaba a punto de cumplir biológicamente, la eternidad que había vivido: era el semblante propio de un hombre consumido por el sufrimiento.
-¿A…- tartamudeó Bella sin quitar los ojos de Edward-… Italia? ¿Dónde tú estuviste?
Simplemente asintió y él sí que clavó la mirada, su mirada torturada en Jacob, con sus ojeras y las arrugas de la frente. Como si estuviera estudiándole, como si estuviera exprimiéndole. No, como si estuviera recabando toda la información que pudiera de su mente. Así que le ayudó. Abrió su mente todo lo que pudo, todo lo que su alfa le había enseñado, lo mismo que cuando querían bloquearle y le mostró de la manera más vívida cada uno de sus recuerdos propios y los de los demás de la manada.
Las capas negras cruzaban el bosque por el este.
Las capas negras llegaban a la mansión.
El médico intentaba hablar con ellos pero se rendía acompañándoles, tomando antes a su esposa para que ninguno la tocara.
-Pero… - insistió Bella-… tendrán que tomar un avión o… Deberíamos llamar a Charlie. Tiene amigos que trabajan en…
-Los Volturis tienen otros métodos para viajar- le interrumpió en una bocanada de aire, como si estuviera agotado- Me convirtieron en humano. ¿Crees que necesitan pasaporte?
El grandullón les seguía, lo mismo que la rubia. También se tomaban de las manos.
El último en seguirles era el rubio estirado. Éste tuvo un escolta para él solo. Un tipo tan corpulento como el grandullón de los Cullen.
Bella iba a decir algo, incluso abrió la boca para pronunciar, seguro que buscando cualquier pequeño atisbo de esperanza, pero también exhaló el aire, agotada y se volvió a refugiar en el cuello de Edward. Éste la rodeó ahora con el brazo, también le besó la cabeza, aunque juntar los labios pareció costarle un triunfo y se volvió a centrar en él, con aquella expresión de tortura.
Los cinco desapareciendo hacia el norte tras una carrera imposible, perdiéndose en el océano. Los empujones que el capa negra grandote le iba dando al rubio o las veces que se revolvía la Barbie. A la paz que intentaba poner el médico mientras su esposa sollozaba que no parecía servir de mucho.
Y entonces no pudo más. Se llevó la mano que tenía libre y no abrazaba a Bella a la frente como si le fuera a explorar la cabeza y emitió un gemido, entre la frustración, el dolor y el desgarro para a continuación tambalearse.
Perdona, tío, creo que me he pasado. Quizás no debieras ver esto. Son tu familia. Yo no quisiera que nadie se llevase a mi familia.
-¡Edward!- exclamó Bella asustada.
Intentó sujetarle contra el marco, pero ella también parecía al borde de sus fuerzas por lo que se tambaleó, casi quedando de rodillas. Le volvió a llamar, le dijo que la mirara y después se centró en Jacob:
-¡Deja de pensar en lo que estés pensando! ¡Le hace daño!
Jacob apenas pestañeó e incluso puede que diera un saltito hacia atrás. También había visto a Bella en muchos estados de ánimo, desde nerviosa a aterrada, pasando por tranquila y conciliadora intentando hacer a todo el mundo feliz, pero jamás la había visto así de furiosa. Se volvió a volcar sobre Edward suplicándole que la mirara y entonces fue cuando él reaccionó.
Le necesitaban y mucho, además. Fuera los juegos mentales.
-Eh, venga- dijo- ¿Para qué estoy yo aquí? ¿Quién tiene super poderes de los tres? Vamos dentro y hablemos más calmados.
Casi pidiéndole permiso a Bella con la mirada, se acercó y cuando ésta asintió, rodeó los hombros de Edward con el brazo y tiró de él para ayudarle a incorporarse, lo que libró a Bella de cargar con su peso. Quiso empezar a aguantar la respiración porque de seguro que apestaría a vampiro como de costumbre, pero le agradó a lo que olía, a algo muy parecido a lo que Bella. Pero después sí que se preparó para el hedor de aquel salón porque lo recordaba perfectamente de la última vez que estuvo allí pero sus fosas nasales le picaron por el olor a lejía y a desinfectante que reinaba en toda la casa, por lo que incluso llenó sus pulmones de aire no fuera que cambiara y se tornara todo más desagradable. Ayudó a Bella a sentarle en el sofá, ambos volvieron a fusionarse como las dos piezas del puzzle que eran - Bella de nuevo bajo el brazo de Edward - y se quedó de rodillas delante de ambos.
-¿Puedo hacer algo por vosotros? ¿Un vaso de agua o…?
Bella dejó de respirar e incluso de pestañear como si con eso el color volviera a la cara de Edward o sus labios dejaran de estar secos y agrietados hasta que él dijo con un hilo de voz:
-Bella debería beber.
-Estoy bien- contestó la chica acariciándole el brazo que le rodeaba.
-No has bebido en horas. Seguro que estás a punto de deshidratarte- insistió él.
-Te he dicho que estoy bien. Y no beberé a menos que tú lo hagas.
-Bella,- dijo Edward en un suspiro- yo no soy quien…
Exasperado, suspiró. ¡Con razón no podían vivir el uno sin el otro! Eran igual de cabezotas, así que alzó la voz:
-¡Está bien!- interrumpió Jacob- Agua para todos. Todos beberemos. A mí también me vendría bien- se incorporó- Oleré en busca de la cocina.
Se incorporó cuando nadie rechistó y así cruzó el salón. Le pareció que antes estaba más lleno de cosas, como por ejemplo un pomposo piano de cola y muchas más fotos o recuerdos pero sin más cruzó una puerta que llevó a un formal comedor con una mesa redonda de madera en torno a ocho sillas forradas - bastante irrisoria si se pensaba que en aquella mansión nadie comía a excepción de ahora Edward y Bella - y de ahí pasó a una moderna cocina. Casi tose por el olor a desinfección pero se aguantó al menos hasta llegar hasta la nevera.
Vale. El tosido se convirtió en un estornudo. ¿Qué pasaba con aquellos vampiros? ¿Tenían algún problema con los gérmenes? En la nevera debieron regar con lejía pura antes de vaciarla porque no había ni una migaja. Lo mismo que en los armarios, donde vajillas completas esperaban a ser usadas. Y en los cajones. Ni un forense encontraría allí un mísero cabello.
-Marchando dos vasos de agua corriente de la Península de Olympic- anunció al empujar las puertas del salón- Si querías alguna marca en especial o algún refresco, lo siento: no hay nada. Supongo que es lo que pasa cuando se comparte casa con vampiros, ¿no?
Bella, centrada de nuevo en la expresión torturada de Edward, le miró frunciendo el ceño como si hubiera dicho algún tipo de locura, pero le sonrió - o al menos lo intentó - al tender la mano para tomar el vaso. Dio un sorbito sin quitar los ojos de los movimientos lentos de Edward al hacer lo mismo y cuando él bebió la misma cantidad, lo dejó sobre la mesilla de café a su izquierda.
-Lo han limpiado todo- dijo Edward- Siento que te moleste el olor a lejía.
-No te preocupes. Mejor eso que el olor a… ya sabes. Sería bastante insoportable.
-Pasamos la noche en Seattle, por eso olemos a lo mismo. Y no, no sé por qué se han llevado el piano o el resto de las cosas.
Encogiéndose de hombros porque ahora que le tenía en su mente le ahorraba tener que formular ninguna palabra más, dio otra pasada visual al salón. Aquello era un galimatías de primera. ¿Aparecen los capas negras y a los Cullen les da por limpiar la casa a fondo? ¿O por esconder cosas? ¿Y a Bella y a Edward a por pasar la noche en Seattle? ¿Acaso lo sabía Charlie?
-No- le respondió directamente- Supuestamente los chicos estamos de acampada y Bella se quedaba en casa con las chicas en una fiesta de pijamas.
-¿Crees que lo sabían? ¿Qué podían venir?- intervino Bella.
-No… no lo sé. Quizás Alice. O no. Conocen demasiado bien su poder, pudieron dejarla ciega de cualquier manera, dando las decisiones a cualquiera que supieran que ella no vigilaba.
-Vale- volvió a decir Jacob- Creo que es necesario que alguien rebobine y me explique de qué va esto. Ya sé que esos tíos de las capas son los vampiros italianos que te hicieron esto y que parecen malos-malísimos. Ahora decirme que demonios me estoy perdiendo.
-Los Volturis son la personificación de mi especie, o al menos a la especie a la que yo pertenecía antes, la razón por la que se te pone el pelo de punta cuando olfateas a vampiro, la esencia de las pesadillas o al pavor que hay detrás de tus instintos.
-Sí, eso lo pillo. Dan miedo. Pero te volvieron humano. ¿Y por qué se llevan ahora al resto de los Cullen?
Edward bajó la cabeza para negar así que Bella tomó la palabra. Inspiró temblorosa, le volvió a acariciar la mano que le rodeaba y susurró:
-No es culpa tuya, Edward- después miró a Jacob- Le hicieron una advertencia cuando le devolvieron su mortalidad: debía de proteger el secreto y alejarse de Carlisle y de su familia.
-Oh- acertó a decir el chico.
Oh, repitió en su mente. Oh, a la vez que veía de nuevo en sus recuerdos las imágenes de las capas negras llevándose a los Cullen a toda velocidad por el bosque.
Pero después se enfadó. ¡Y mucho! ¡Demonios con los Cullen y sus secretos! ¿Acaso ahora no eran algo como…? Vale, amigos no, pero era amigo de Bella y lucharon juntos, así que… ¡podía haberlo dicho!
Oye, tío, ¡podías haber avisado!- gritó mentalmente- Yo sé lo tuyo y tú sabes lo mío, así que ambos tenemos secretos con los que taparnos el culo. ¿Qué te parece un poco de sinceridad para empezar? ¿Y si uno de los chicos les hubiera intentado detener? ¿O si se hubiera alimentado en el pueblo? ¿Podrías además con eso sobre tu conciencia?
Vio como se arrugaba, literalmente, cómo se encogía en el sofá, agachando incluso más la cabeza acurrucándose en Bella, así que se sintió mal. Era mucho peso para unos hombros humanos, para una persona que acababa de perderlo todo y que estaba en peligro de muerte así que añadió un "perdón por la bronca" y un "te la debía por lo de la gasolinera", para después decir en voz alta.
-¿Crees que volverán? ¿A por ti? ¿A por…- pronunció con cuidado- Bella y los que conocemos el secreto?
Volvió a negar con la cabeza y sin levantar la vista, aferrando la mano de Bella que estaba sobre su pierna, contestó con un hilo de voz.
-Si quisieran venir a por mí o haceros daño, lo habrían hecho. Los Volturis no necesitan tener ningún tipo de excusa para hacer cumplir las reglas. Unas reglas que ellos dictan y ejecutan a su antojo.
El silencio se hizo unos segundos en la Mansión, sólo roto por el piar de los pájaros fuera o por el tic-tac del reloj de pared. Bella volvió a acurrucarse en Edward y a acariciarle el brazo para reconfortarle susurrándole algo que no quiso esforzarse por interpretar ya que sentía que estaban en otro momento de esos de los suyos por lo que los observó simplemente con el rabillo del ojo: ambos estaban pálidos - puede que Edward más -, ambos parecían cansados - puede que Edward más - pero formaban parte el uno del otro y no sólo porque parecían encajar físicamente - el hombro de Bella bajo el brazo de Edward y su cabeza en el hueco de su cuello. Iban incluso vestidos con las mismas tonalidades de marrón y de azul, sus corazones latían casi a la misma velocidad, aunque quizás la sangre de Bella fluía más deprisa y la manera en la que a Edward le caía el cabello revuelto hacia adelante hacía juego con los bucles despeinados de la larga melena de Bella que caía por sus hombros.
¿En eso te convertías cuando te enamorabas de otra persona? Bella tenía algo que resaltaba entre el típico olor a jabón y champú además del detergente de la ropa o un contra repiqueteo a la vez del de su corazón que no podía descifrar pero sería casi imposible diferenciarlos por el olfato en la oscuridad.
Pero hasta ahí llegó. Su paciencia se acabó. Cuando se cansó de observarles - quizás a los 15 segundos - suspiró estrepitosamente incorporándose, tan deprisa que echó la mesilla de café hacia atrás.
-Blah, blah, blah. Paparruchas, tío. No puedo creer que te des por vencido. Si fuera mi familia lucharía. Que diablos, el médico y su esposa me caen bien, mejor que tú. Como la brujilla. Voy a salir ahí fuera y voy a rastrear…
-Jacob, es muy peligroso- le interrumpió Bella con gesto severo, echándose hacia adelante- Edward ya te ha contado lo peligrosos que son. Le hicieron pruebas durante semanas y odian a los hombres lobo.
¡A la mierda el odio a los hombres lobo! ¡Yo también odio a los vampiros y estoy aquí, en el salón de unos delante de uno que lo fue! ¿Me lees, tío?- insistió mentalmente con el recuerdo de nuevo de la carrera por el bosque tras los Cullen y las capas negras.
-Ya le has oído- insistió Bella- Podrían mataros con sólo…
Se los llevaron a todos. Uno tras otro. Si tú no vas a hacer nada al menos dame permiso para hablar con Sam e ir en su búsqueda.
Añadió el recuerdo de la figura frágil de la esposa del médico bajo su brazo - del mismo modo que él abrazaba a Bella - sollozando y…
… Edward volvió de nuevo a la vida, echándose también hacia adelante como Bella.
-Son sólo cinco.- dijo Edward atropellado.
-¿Qué?
-Sólo son cinco. Sólo he visto a Carlisle, Esme, Rosalie y Emmett. Jasper iba custodiado a parte. Está lleno de cicatrices por sus luchas con neófitos tiempo atrás, sólo visibles a los ojos de los vampiros y le considerarán peligroso. Pero Alice no está. No está en tus recuerdos ni en los recuerdos del resto de la manada.
La esperanza se pintó de nuevo en la cara de Bella a la vez que le aferraba la mano con las dos suyas. Por supuesto que de todos, de todos los Cullen, que amaba y veneraba - y a los que había querido unirse - a la que más apreciaba era a la brujilla. Siempre estaba con ella cuando no estaba con Edward, eran uña y carne, casi siamesas, que le preocupaban sus estados de ánimo como los suyos propios, como le comentó aquella vez. Sería muy duro para Bella perder a los Cullen, ver a Edward tan hundido, pero separarse de su amiga seguro que le había roto el corazón como se lo rompió cuando él se marchó para volver humano.
-¿Crees que… escapó? ¿Puede haber escapado?- dijo Bella- Oh, ¡Alice!- exclamó- Si puedes vernos…
-¿Visteis alguna hoguera? Quizás ella no pudo lograrlo y vinieron a juzgarla por…
Pero Edward no pudo seguir porque Bella le gritó, e incluso le zarandeó, como si hubiera dicho la blasfemia más grande del mundo, levantándose del sofá como si no quisiera ni tocarle.
-¡Alice no está muerta! ¡¿Me oyes? No digas eso nunca más.
-Quiero creerlo, amor, pero…
-Pero, ¡nada! Alice está bien, puedo sentirlo. De la misma manera que lo sabía cuando tú te fuiste y no le vi en tres meses. Sabía que cuidaba de mí.
-Ahora es diferente.
-¡No lo es! Tú puedes creer lo que te da la gana, lamentarte y poner de nuevo la casa patas arriba. Pero yo lo sé.
-Jasper estaba solo, lo he visto en la mente de Jacob. Alice jamás dejaría a Jasper.
-Quizás…- dudó Bella- Jasper se lo pidió. Él sabe luchar, quizás…
Era hasta divertido verles pelear, sentirse como en un partido de tennis si no fuera porque hablaban de la posible muerte de la brujilla a la que él también tenía aprecio. Recordó la última vez que la vio pegando saltos por el bosque cuando le entregó la invitación de boda - que le dijo que era la primera por expreso deseo de Bella - y la carta de disculpas de Edward y sintió que debió haber sido más amable con ella, aunque en el fondo Alice sabía que le tenía cariño.
Pero Edward tenía toda la razón. ¿A qué fin iba a dejar solo a su pareja? Los Cullen eran un todo que se movían de dos en dos y donde se podía sentir el amor que se profesaban y sus lazos de unión. Incluso cuando lucharon contra los neófitos que se cubrían las espaldas. Ver al médico y a su esposa luchar era un espectáculo, totalmente compenetrados y coreografiados. Lo mismo que al grandote y a la Barbie, lo que le impidió lanzarle una buena dentellada. Y ahora Bella y Edward se habían perdido entrar a formar parte de ese clan, donde todos iban de dos en dos, por culpa de los malditos capas negras.
Ya no estaba enfadado por la falta de información. Ahora estaba enfadado por la situación. Bella elevaba el tono donde los quizás aumentaban abriendo cada vez más hipótesis así que intervino antes de que el bombeo cardiaco de uno de los dos necesitara de atención especial.
-Bella tiene razón. Tal vez pudo escapar y está viva. No tenemos por qué creer otra cosa, ¿no?
¿Le habían hecho caso? Milagro. No sabía el tono que había empleado pero había sido mano de santo, porque habían dejado de discutir y le miraban con los ojos como platos. Como si hubieran visto un fantasma.
Un momento…
No le miraban a él, miraban a su espalda.
Y el olor a lejía estaba mezclado ahora mismo con…
… esencia de vampiro.
Se volvió de un salto abriendo los brazos para protegerlos a ambos antes de entrar en fase. Pensó en décimas de segundo gritarles que huyeran hacia el jardín aunque si Edward le estaba leyendo y el miedo no le paralizaba sabría lo que tenía que hacer para sacar a Bella de allí. Lanzarse sobre el atacante y partirle a la mitad de dos buenas dentelladas y un zarpazo. Pero su posición de ataque quedó totalmente replegada cuando vio que el fantasma en la parte alta de la escalera no era más que…
… la figura de la brujilla de los Cullen.
-Preferiría no haber podido escapar y no estar viva- dijo con su voz de campanilla, como si fuera el hada de un cuento- Porque tendré que vivir una eternidad más y aún así no podré olvidar la visión de los Volturis llevándose a toda la familia.
