Bergine
Me cubrí la cabeza con la sencilla capucha de color gris que adornaba la capa de mi vestido ciñéndomela con firmeza sobre los hombros.
Observé discretamente a mi alrededor el bullicio mañanero que había en el mercado cercano a la casa de mi hermana y esperé con impaciencia a que Kale terminase de comprar una caja de dulces que quería llevar para mi pequeña sobrina.
Para Raina había escogido varias de las mejores telas y ordenado confeccionar a mis modistas dos vestidos preciosos que seguramente le iban a quedar de maravilla.
Aunque todavía tenía mis reservas de que los fuese a aceptar, seguramente cambiaría de opinión al verse con ellos puestos. Ya iba siendo hora de que la tozuda de mi hermana se preocupase un poco más por su aspecto para variar, probablemente después incluso Toma me lo agradecería, pensé con una leve sonrisa.
Me eché un poco hacia atrás cuando pasó justo a mi lado un hombre que tiraba de una carretilla sin apenas esfuerzo portando varias tinajas llenas de agua. Al parecer no me había reconocido porque soltó un gruñido e hizo un aspaviento de fastidio al ver que tardaba un poco en darme cuenta de que pretendía pasar.
- Majestad, quizá sería mejor alejarnos un poco de aquí. Alguien podría averiguar quién sois… y la gente se suele poner un poco pesada…
Fruncí el ceño con un gesto de desidia en el rostro y observé de reojo al musculoso soldado que me acompañaba unido a mí como una sombra. Desde luego si pretendíamos pasar desapercibidos esta no era la mejor manera de conseguirlo, aunque el tipo no alcanzase la imponente estatura de Nappa, poseía una envergadura más bien llamativa con los brazos surcados de cicatrices y una gran marca oscura como si fuese un tatuaje recorriendo la zona derecha de su cuello.
Su gesto de desgana por tener que acompañar a dos mujeres en aquella aburrida visita familiar era más que evidente, y un arrebato de fría rabia inundó mi pecho al recordar las tajantes órdenes del rey. Aunque realmente llevaba varios días sin verle y sin saber de él, se las había arreglado para enterarse de que tenía pensado visitar a mi hermana y había ordenado a aquel hombre que me "custodiase".
- "¡Maldito seas Vegeta! ¿en serio crees que soy estúpida y de que no me doy cuenta de tus intenciones?" – pensé con amargura apretando los dientes – "no te fías de Kale porque a pesar de que entrena muy duro para poder protegerme piensas que ella me solapa durante los encuentros con mis "supuestos" amantes y por eso mandaste a este idiota a seguirnos!"
- Majestad…
- ¡Cállate! ¡necesito estar sola! ¿acaso es un delito tratar de ser libre durante unas horas?
- Pero el rey ha ordenado…
- ¡Ya sé… lo que el rey ha ordenado…! – le contesté interrumpiéndole alzando la voz.
Observé como Kale se despedía agitando la mano de la mujer del puesto que le había vendido los dulces a la que debía conocer, y se acercó hacia donde estábamos nosotros
- Escúchame bien… ¡cuando esté en casa de MI familia quiero que te retires y nos dejes tranquilas! no creo que sea mucho pedir… que no se te olvide que yo también soy tu reina.
Me di cuenta que el soldado miraba a Kale con un gesto de desesperación en el rostro intentando encontrar algún tipo de apoyo, pero ella se encogió de hombros sonriendo mientras daba un mordisco a una de las galletas que le había regalado aquella mujer ofreciéndomelas a mí también.
- De acuerdo… mi Señora – aceptó él a regañadientes con una leve inclinación de cabeza –haré lo que vos me ordenéis…
Tras dejar las cosas claras nos dirigimos hacia la casa de mi hermana y durante unos breves instantes desee recuperar mi vida anterior, quizás no exactamente igual, pero sí el poder volver a disfrutar de la libertad y del anonimato como una persona normal, como una mujer y guerrera cualquiera. Ser la reina de todo un planeta podía resultar anímicamente agotador…
Hoy no me apetecía ir volando… necesitaba recorrer a pie todo el trayecto hasta la casa para poder despejar mi cabeza del ambiente enrarecido y agobiante que se respiraba en la Corte. Incluso no le había dado importancia al hecho de que mi hijo no hubiese querido acompañarme… últimamente estaba adoptando unos comportamientos y un carácter tan parecido al de su padre que me daban ganas de gritar. Aunque solo fuese por hoy necesitaba descansar de la alargada sombra del rey que todo lo envolvía.
A medida que íbamos caminando observé las humildes casas abovedadas de una sola planta de los soldados de clase baja que se desperdigaban sin ninguna lógica alrededor de toda la zona.
Dos hombres apostaban a los dados sentados en una mesa circular mientras otros tres les miraban expectantes soltando de vez en cuando alguna carcajada y dándoles palmadas en la espalda cuando perdían.
Una mujer reñía a sus dos hijos pequeños haciendo unos aspavientos exagerados mientras con el otro brazo sujetaba a un bebé de pocos meses que lloraba desconsolado. Los niños sin intimidarse lo más mínimo se miraban de reojo con una velada sonrisa en los labios pensando probablemente en las futuras travesuras que continuarían haciendo después de aquella bronca.
Algunas de las personas con las que nos cruzamos durante el camino parecieron reconocerme e incluso algunas de ellas se acercaron a saludarme con palabras de admiración y respetuosas reverencias. Me di cuenta de que el soldado que nos acompañaba estaba empezando a ponerse nervioso al no poder evitar que la situación se le escapase de las manos.
¡Qué irónica podía ser la existencia a veces! Cuando vivía en la casa familiar, en miles de ocasiones había tenido que escuchar a esas mismas personas opinando e inmiscuyéndose en nuestros asuntos privados. Yo siempre había ignorado todas esas habladurías, pero lo que verdaderamente me sacaba de quicio era que me criticasen porque siempre había aspirado a tener una vida mejor. ¿Qué demonios había de malo en ello?
- ¡Días de gloria que le está dando a su pobre madre esa hija tan rebelde que tiene…!
- ¡Pero qué dices! si Raina siempre ha sido una muchacha muy tranquila y trabajadora.
- ¡No, esa no!, la menor… la que es más presumida. Pero bueno… está muy claro a quien ha salido… mucho pico de oro y mucha presencia pero…
- ¡Esa es otra! ¿tú te crees de verdad que el padre de la criatura haya muerto en una misión?
- ¡Ese se ha largado por ahí con otra y está feliz viviendo la vida haciendo lo que le da la gana!
- ¡Ay pues no lo sé… ese hombre siempre ha sido un rufián muy atractivo y probablemente otra pobre e ingenua mujer se haya quedado prendada de él! ¡Pobre señora Ginger… desde la muerte de su hijo mayor y ahora con esta historia de su marido… ya no levanta cabeza!.
Sonreí con cinismo al recordar aquella cizañera conversación pero restándole importancia correspondí al saludo de todas aquellas gentes con la máxima educación que me fue posible. Ahora era la reina de este planeta y era mi deber actuar como me correspondía.
Estaba hablando con tres niñas que vinieron tímidamente a contemplar con admiración el precioso vestido granate que ahora apenas podía disimular bajo la capa, cuando me percaté que Kale se mantenía estática con la vista fija al frente y una ceja arqueada en gesto de suspicacia.
Alcé la mirada hacia donde se dirigían sus ojos y pude distinguir a Raditz a escasos metros de donde se encontraba la casa de sus padres, hablando con una joven muchacha vestida con un sencillo uniforme de combate y portando un scouter verde en la oreja. Ella le contemplaba con una tímida sonrisa en los labios y un brillo en los ojos cargados de absoluta adoración.
- Es increíble… - dijo Kale en un murmullo apenas audible – hace exactamente dos días ese mismo hombre estaba con una de mis amigas que vive en la Corte en una situación bastante… curiosa…
- ¡Ja! ¿hombre? ¡jajaja por favor Kale!. Es el hijo de mi amigo Bardock - exclamé con una sonora carcajada - ¡además no me hagas reír… si ese muchacho no es más que un adolescente! ¡no te dejes engañar por su estatura, realmente es más joven de lo que parece!
- ¿En serio?… no tenía ni idea… además como mi amiga es varios años mayor que nosotras pensé que…
- A ver… ¿y qué situación "curiosa" fue la que presenciaste? – le pregunté con una sonrisa pícara intentando sonsacarle toda la información posible. Aquello no era más que puro cotilleo pero al menos me ayudaba a distraerme de mi complicada vida durante un rato.
- Básicamente… digamos que se estaban devorando mutuamente apoyados contra una de las paredes de la zona sur del palacio…
- ¿¡Qué?! ¡¿en serio?!
- Y créeme que mi amiga realmente es una preciosidad además de ser una guerrera bastante dotada. Procede de una de las familias más ilustres del planeta y ciertamente no creo que le hiciese mucha gracia enterarse de esto. Siempre ha sido muy independiente y me sorprende que se enredase con un soldado de clase baja si no buscase algo serio…
- Bueno… tienes que admitir que aun así… es un muchacho muy atractivo…
Esto último se lo susurré al oído bajo la atenta mirada del imponente soldado que nos acompañaba, pues no me apetecía que aquellas jocosas palabras pudieran llegar a oídos del rey y que malinterpretase la situación. Desde luego no era el momento más oportuno para seguir echando leña al fuego…
Pero lo que había dicho era cierto. A pesar de su juventud, el chico se había convertido en un guerrero muy apuesto. Sus formas infantiles habían dado paso a unos músculos perfectamente desarrollados y a una estatura formidable de casi dos metros que muchos hombres envidiarían. Todavía mantenía aquella sonrisa pícara en el rostro idéntica a la primera vez que le vi con tan solo ocho años, y un cabello largo y abundante con varios mechones que cayeron hacia delante cuando se inclinó sobre la muchacha apoyando el antebrazo contra el grueso tronco de un árbol de hojas amarillas.
Observé como ella se sonrojaba y segundos después soltaba una coqueta carcajada mirando hacia el suelo cuando Raditz le comentó algo que le debió hacer gracia. La cercanía física entre ambos cuerpos creaba a su alrededor un aura de absoluta intimidad y por un momento no pude evitar sentirme incómoda al observarlos a escasos metros de distancia. Kale se cruzó de brazos con el ceño fruncido analizando detalladamente la situación probablemente juzgándolos en silencio mientras lo sentía por su amiga. Era imposible obviar que "algo" realmente tangible se estaba fraguando entre esos dos.
Observé como sus dedos se crisparon cuando vio a Raditz rozar sutilmente con el dedo la mejilla de la muchacha, la cual permaneció estática como si se fuese a desmayar por la emoción de un momento a otro.
Un sentimiento de nostalgia recorrió mi pecho al recordar los primeros y excitantes encuentros con el rey, cuando él me observaba con esos mismos ojos de adoración y me trataba con suma delicadeza como si yo fuese su tesoro más preciado. Parecía que hubiesen transcurridos mil años desde aquellos momentos y envidié a ambos muchachos que todavía tenían toda la vida por delante. Yo tenía más o menos la misma edad que Raditz ahora cuando había iniciado mis devaneos con Vegeta… solo esperaba que aquel chico no se complicase tanto la existencia como había hecho yo.
Unos segundos más tarde se escuchó el sonido característico del scouter sacándome de mis pensamientos y vi como la joven contestaba a la llamada asintiendo con la cabeza con gesto de concentración. Se despidió apresuradamente de Raditz con una inclinación de cabeza y se fue corriendo agitando la mano con una sonrisa lánguida en su aniñado rostro.
Él curvó los labios levemente mirándola con intensidad mientras se cruzaba de brazos en un gesto de absoluta satisfacción. No podía adivinar sus intenciones pero seguramente estaría pensando en lo poco que le faltaba para que aquella inocente niña sucumbiese ante sus encantos. Casi podía sentirlo por ella…
- "Hombres…" - puse los ojos en blanco maldiciendo en silencio porque una ya no se podía fiar ni siquiera de los más jóvenes.
El muchacho se dio la vuelta encogiéndose de hombros y cuando nos vio observándole a pocos metros de distancia pareció un poco desconcertado por encontrarme allí. Una amplia sonrisa que por un momento me recordó a su padre, adornó su rostro mientras se acercaba hacia nosotros para saludarnos con una leve reverencia.
- Vaya, vaya… Raditz… veo que no pierdes el tiempo… ¡te hemos visto pero que muy bien acompañado! – dije con picardía mientras le daba un leve codazo – tengo que admitir que esa muchacha con la que estabas es muy bonita…
- Por supuesto… pero no tanto como vos… Majestad – me respondió teatralmente guiñándome un ojo – además, es solo una amiga, que lamentablemente se ha tenido que ir justo en este momento para combatir en una misión.
Dijo todo esto sin ningún tipo de reparo como si mostrase encantado de que hubiésemos podido presenciar aquel despliegue de seducción por su parte. Kale soltó un resoplido detrás de mí al oír aquellas palabras pero no dijo nada. El muchacho arqueó una ceja fijándose en ella durante unos segundos y yo intenté evitar que se me escapara la risa al ver el gesto de desconcierto en el rostro de Raditz.
- Disculpa… ¿y tú eres…?
- ¡Oh! ella es Kale, la más cercana de todas mis damas – contesté rápidamente en su lugar al ver la cara que ponía ella – nos conocemos desde hace tiempo.
- ¡Ah…! encantado señora… ¿o señorita…?
- Señorita… - dijo ella entre dientes
- ¡Vaya!... entonces mejor…
Tuve que morderme los labios al ver la cara de rabia de Kale por aquella ladina respuesta y en contraste, el semblante despreocupado del chico completamente ajeno a la aversión que la muchacha sentía por él.
- En fin… justo ahora iba de camino hacia la casa de Raina... he quedado en encontrarme allí con mi padre. Me parece que él ya está allí entrenando con Toma.
- Pues me parece perfecto… nosotros también teníamos intención de ir.
- ¡Estupendo! ¡iremos juntos entonces! – observó durante unos segundos al soldado que nos acompañaba, el cual se había mantenido a cierta distancia de nosotros pero sin perder detalle alguno de la conversación - ¡bueno amigo! ¡si quieres ya te puedes ir! yo me encargaré de escoltar a estas hermosas mujeres hasta allí.
El hombre le miró seriamente con el ceño fruncido como si el muchacho hubiese sugerido una locura y se acercó a él observándolo con detenimiento de manera intimidante. Aunque eran prácticamente de la misma estatura, Raditz parecía incluso más pequeño frente a la gélida actitud de aquel hombre tan estirado.
- Su Majestad ha depositado en mí su confianza y me ha ordenado expresamente velar en todo momento por la integridad de la reina, y eso es justo lo que voy a hacer.
No pude evitar poner los ojos en blanco al oír aquello y el muchacho esbozó una sonrisa condescendiente sin dejarse amedrentar.
- ¡Vale vale! ¡lo he entendido! – dijo encogiéndose de hombros - ¡tampoco es para ponerse así!... además yo sería el primero en impedir que alguien pudiese dañar una belleza tal como la de nuestra querida reina…
Me ofreció el brazo con gesto galante y no pude evitar sonrojarme levemente al darme cuenta de la confianza que el muchacho había ganado con el paso de los años. Hubo una época cuando era algo más pequeño que todavía se ponía nervioso si yo aparecía por casa de mi hermana o si me lo encontraba por casualidad. Supuse que serían etapas diferentes de la vida… me imaginaba que cuando mi hijo fuese más mayor y empezase a interesarse por las chicas también se comportaría de manera distinta dependiendo de la edad.
¡Pero noooo! ¡solo de pensarlo ya me ponía enferma! ¡mi hijo era solo mío! ¡él era mi niño adorado! ¡mi bebé! ¡simplemente el imaginar que alguna fresca pudiese quitármelo y alejarlo de mi lado me hacía rabiar de celos! ojalá pudiese congelar el tiempo y evitar que creciera para mantenerlo siempre conmigo siendo un niño pequeño…
Cuando llegamos a casa de mi hermana un halo de tristeza me envolvió de repente como la hoja de un cuchillo atravesándome poco a poco el pecho. El césped del pequeño jardín que rodeaba la vivienda se encontraba pulcramente recortado tal y como yo lo recordaba, y adornado con unos sencillos árboles de tronco fino con follaje azulado. Casi podía imaginar a mi madre saliendo por la puerta de la casa vestida con su sencilla falda de tela marrón, llevando una enorme cesta de mimbre para abastecer nuestra despensa en el mercado de la zona. Sin embargo fue una pequeña silueta de pelo oscuro plagado de tirabuzones la que salió corriendo a nuestro encuentro con los brazos en alto.
No pude evitar echarme a reír cuando la pequeña Kauri se lanzó a los brazos de Raditz con un entusiasmo tan grande que cuando se agachó para intentar quedar a su altura por poco lo tira al suelo.
- ¡Os he visto llegar desde la ventana! – gritaba emocionada con su graciosa voz infantil mirando al muchacho con auténtica devoción - ¡el tío Bardock se ha ido a entrenar con papá, están los dos en la zona de atrás del bosque! ¿tú también has venido a luchar contra ellos?
- Mmmmm… pues ahora que lo dices sí… - dijo Raditz fingiendo un gesto pensativo sentando a la niña sobre su rodilla - ¡aunque en realidad yo he venido a verte a ti!
Una enorme sonrisa adornó el dulce rostro de Kauri y me enternecí al contemplar cómo le brillaban los ojos mientras el muchacho le acariciaba la cabeza con actitud protectora. Kale contemplaba la escena casi boquiabierta como si le pareciese imposible contemplar aquel gesto de despreocupado cariño de un hombre de nuestra raza hacia la niña pequeña. Quizás ahora su primera y reticente impresión sobre Raditz cambiase un poco…
- Bueno, bueno señorita… ¿y cómo es que a mí nadie me saluda? ¿acaso soy invisible o qué? – dije bromeando arqueando una ceja mientras le entregaba la caja de dulces que habíamos comprado en el mercado – ¡aquí tienes preciosa!
- ¡Hola tía Bergine! ¡muchas gracias! – dijo ella muy educadamente mientras juntaba su mejilla con la mía haciéndome reír - ¡mamaaaa! ¿me puedo comer uno?
Se giró hacia atrás dando un grito mientras mi hermana salía por la puerta quitándose unos guantes que se ponía para fregar los platos dejándolos encima del alfeizar de la ventana. ¡Bendita suerte la mía de haberme podido librar para siempre de las odiosas tareas del hogar!, pensé mientras elevaba los ojos al cielo.
- Hola Bergine… que guapa estás… tan impresionante como siempre – dijo con ironía.
- Tú también querida hermana… creo recordar que ese vestido que llevas se lo he visto puesto a la jefa de las cocinas del palacio…
Me mordí el labio sonriendo de forma mordaz e inesperadamente ella me devolvió el gesto divertida por mi comentario.
- Genio y figura…
- ¡Mamáaa! – volvió a llamarla la niña tirando suavemente de su brazo – que si puedo…
- Que sí, que sí, de acuerdo Kauri… como hoy has comido todo y sin tardar mucho te dejaré que te tomes incluso dos.
- ¡Bien! – exclamó sonriente dando un salto- ¡mira Raditz vamos dentro, acompáñame, ven conmigo! ¡te quiero enseñar lo que me ha traído mi padre de la última misión a la que fue!
Observé como mi hermana negaba con la cabeza y vocalizaba con los labios en voz muy baja un avergonzado "lo siento" cuando el muchacho pasó por su lado con la niña tirando de su brazo para llevarle hacia el interior de la casa. Él hizo un gesto como restándole importancia y obedientemente siguió a la pequeña que iba dando brincos de pura felicidad.
- ¡Kauri no seas muy pesada y no acapares todo el rato a Raditz! ¿eh? ¡qué seguramente habrá venido para entrenar con los chicos! – dijo mi hermana haciéndose oír.
Saludó amablemente a Kale a la cual ya conocía de veces anteriores y de haberla visto en la Corte cuando me di cuenta que el guerrero que nos había acompañado hasta ahora, se había retirado discretamente cumpliendo con obediencia mis órdenes. Ya le avisaríamos a través del scouter cuando fuésemos a regresar al palacio. Ahora mismo lo que verdaderamente necesitaba era disfrutar de un día tranquilo rodeada de mi familia alejada del bullicio de la Corte y las intrigas de la gente.
Nappa
- ¡Vamos! ¡eso es! ¡bien hecho príncipe Vegeta! ¡los brazos un poco más hacia arriba! ¡debes aprender a cubrirte mejor!
El niño soltó un gruñido ante mis palabras y frunció el ceño protegiéndose la cara mientras reducía su silueta encogiendo las piernas acercándolas hacia el cuerpo. Esquivó con facilidad varios de mis puñetazos dando un fuerte salto desde el suelo para después lanzarme una bola de energía que a duras penas desvié con la mano haciendo que explotase contra una roca.
Nos encontrábamos entrenando en el exterior de la zona trasera del palacio y a pesar de que intentábamos ocasionar los mínimos destrozos posibles la potente energía de Vegeta era bastante difícil de contener. Cuando luchaba entraba en una especie de furia desatada y parecía no preocuparse por lo que sucedía a su alrededor, sin importarle lo más mínimo si alguien podía resultar dañado. El rey también se había dado cuenta y me había ordenado ayudarle a canalizar todo ese poder para no tener que lamentar una desgracia en el futuro.
Aunque eso no me extrañaba nada… Vegeta nunca había sido un niño como los demás… como buen príncipe, se le exigía en todo momento comportarse al igual que un adulto a pesar de su edad, y estaba claro que de alguna manera tenía que sacar al exterior toda esa energía infantil que no podía manifestar espontáneamente como hacían otros niños.
Era un muchacho extremadamente disciplinado. Nunca se saltaba un entrenamiento por extenuante que fuese y últimamente parecía obsesionado con la leyenda del Súper Saiyan legendario. Sin embargo para mí aquel cuento no era más que un mito, una estúpida superchería infantil para motivar a los niños a que se superasen cada día en los entrenamientos para llegar a ser más fuertes. ¡Por favor…! ¿la historia de un guerrero sumamente poderoso que solo aparecía cada mil años?. Aunque muchos de los nuestros sí que creían en aquella leyenda incluyendo al rey, yo tenía mis reservas al respecto.
Es cierto que el príncipe Vegeta había nacido con un poder muy elevado siendo solo un bebé, superando con creces a muchísimos adultos de este planeta… pero… ¿cómo sabríamos si él era el auténtico Saiyan de la leyenda? ¿cómo se manifestaba tal poder? ¿se trataba de un cambio físico… mental… una transformación…? solo el tiempo lo diría…
- ¡Eh Nappa! ¿qué haces ahí abajo? ¿acaso ya estás cansado? ¡quiero seguir luchando!
Descendió despacio poniendo los pies en el suelo y se cruzó de brazos alzando una ceja observándome con fastidio desde su pequeña estatura. Debía resultar muy curioso vernos combatir teniendo en cuenta la enorme diferencia de tamaño que había entre nosotros, pero lo más irónico de todo era que él superaba con creces mi poder a pesar de ello.
Observé su rostro infantil un poco magullado por algunos de mis golpes y se sacudió el pantalón azul oscuro del uniforme salpicado de tierra. Por el sonido de su respiración se veía a leguas que estaba bastante fatigado aunque no lo admitiría jamás. Su orgullo era tan grande como pequeño era su cuerpo.
- Creo que ya es suficiente por hoy Vegeta. Está anocheciendo y deberíamos ir a cenar. Me imagino que estarás hambriento después de tanto entrenar.
- ¡Primero quiero ducharme! – dijo tajantemente frunciendo el ceño
- ¡Claro, claro… por supuesto!
Otra de las cosas que me llamaba la atención de él era lo pulcro que era siempre. Cualquier niño de su edad intentaría escaquearse de tener que lavarse sin embargo Vegeta era muy meticuloso en ese aspecto. Supuse que tanta disciplina recibida desde pequeño englobaría al final todos los aspectos de su vida…
Recogió la pequeña toalla blanca que había dejado colgando de la rama de un árbol y se la echó por los hombros mientras daba un largo sorbo a una botella de agua que siempre le traía para después de entrenar.
- Y dime Vegeta… ¿cómo es que no has ido hoy a acompañar a tu madre a casa de tus tíos?
Nos dirigimos caminando hacia el palacio y todas personas con las que nos cruzábamos se deshacían en profundas reverencias hacia el príncipe que miraba fijamente al frente con el semblante serio y la mirada imperturbable.
- Tenía que entrenar… ¡ya no puedo perder el tiempo con tonterías Nappa! ¡debo esforzarme día tras día para llegar a ser el mejor y convertirme algún día en el Súper Saiyan de la leyenda!
- ¿Y… crees que lo conseguirás? – pregunté con cautela
- ¡Por supuesto que sí! ¿acaso lo dudas? – dijo arqueando una ceja – mi padre me ha dicho que tiene todas sus esperanzas puestas en mí. Incluso el todopoderoso Freezer sabe que yo soy uno de los guerreros más fuertes de nuestro planeta. Por eso últimamente aparece por aquí mucho más a menudo que antes. Estoy casi seguro que algún día me reclamará para luchar entre sus filas.
Este niño era sumamente listo… el propio rey Vegeta me expresó esas mismas dudas hacía ya un tiempo… sin embargo él no parecía muy emocionado con aquella idea. A saber qué demonios estaría tramando ese taimado de Freezer… teniendo en cuenta con qué soberbia se dirigía hacia su Majestad y como humillaba a nuestro pueblo. Dudaba mucho que tratase al príncipe con algún tipo de consideración solo por ser el hijo del rey.
- ¿Y sobre eso… qué opinas al respecto? ¿estarías interesado en combatir directamente bajo las órdenes de Freezer?
- Lo que yo necesito es mejorar todo lo que pueda superando siempre mis límites. Freezer es el dueño y señor de todo el universo y por lo tanto sabe exactamente en qué planetas se encuentran las razas más fuertes. Necesito combatir en todas esas misiones si lo que quiero realmente el progresar. ¡No me importa tener que vender mi alma al diablo para conseguirlo! – dijo con pasión apretando los puños.
Entrecerré los ojos mirándole de reojo sin saber muy bien qué pensar… ¿estaría diciendo la verdad? ¿realmente no le importaría acatar las órdenes de aquel tirano con tal de volverse más poderoso?. Ya no estaba seguro de nada… el príncipe Vegeta era un muchacho sumamente complicado de entender… siempre había sido un niño de pocas palabras y nunca decía abiertamente lo que en realidad pensaba. Mantenía aquel semblante serio tan similar al de su padre y parecía que te atravesaba el alma solo con mirarte fijamente, como si estuviese escudriñando meticulosamente cada rincón de tu mente. Tenía que admitir que en ocasiones me daba escalofríos…
Solo con su madre parecía mostrarse más relajado y su comportamiento se asemejaba más al de un niño de cinco años. La presencia de Bergine ejercía sobre él un efecto tranquilizador y parecía que durante un momento se olvidaba de su posición como príncipe del planeta.
- Sé perfectamente que Freezer oculta un mayor poder del que parece tener. Nunca antes había visto la verdadera angustia y el terror en los ojos de mi padre cuando está frente a él. ¡Nunca antes le había visto mostrar tanto odio hacia alguien! ¡es humillante! ¡los Saiyans somos la raza más fuerte y orgullosa del universo! ¡me enferma ver como nuestro propio rey tiene que arrodillarse ante ese monstruo!.
Realmente estaba en lo cierto. Yo mismo había sido testigo de los violentos arranques de cólera de Su Majestad después de que Freezer se presentase en el palacio para denigrar a nuestro pueblo e intentar intimidarnos con su mera presencia. El rey se volvía loco de ira y en algunas ocasiones había tenido que sujetarlo para evitar que matase a golpes a alguno de nuestros soldados tras haber tenido una audiencia con el tirano. Vegeta era un hombre con un carácter firme e implacable y le avergonzaba quedar en ridículo por tener que postrarse ante alguien cuando precisamente estaba totalmente acostumbrado a lo contrario.
- Su Majestad es un guerrero muy inteligente… - dije alzando la cabeza hacia el cielo - por el momento sabe que tiene que mostrarse muy cauteloso con Lord Freezer por lo que pudiera pasar. Como dice el refrán: "el furor del tirano es como mensajero de muerte, pero el hombre sabio lo aplacará". Sé que es difícil, pero un paso en falso podría llevarnos a todos a la ruina.
- Cuando yo sea rey… eso se acabará… ¡y créeme que no voy a parar hasta conseguirlo! ¡si mi padre ha puesto todas sus esperanzas en mí… no le defraudaré! ¡algún día seré el más fuerte de todo el universo y será ese monstruo el que tenga que arrodillarse ante mí! la sola mención de la raza Saiyan le hará temblar de terror…
Escuchaba hablar al príncipe con tanta rabia y tanto rencor que supuse que precisamente era ese resentimiento hacia Freezer lo que le hacía mejorar en los entrenamientos y querer superarse cada día. Aunque yo estaba convencido que en el fondo también sentía cierta fascinación ante la inmensa fuerza del tirano. Esa fuerza que tanto recelo producía en todos nosotros al no saber exactamente cuál era el verdadero alcance de ese impresionante poder…
Bergine
- ¡A quién demonios hay que matar para conseguir un poco de privacidad en este maldito lugar! ¡y no lo digo en el sentido figurado…!
- Vaya, así que aquí estáis… por fin os encuentro… Majestad…
Él levantó la cabeza del montón de documentos y mapas que tenía sobre la mesa y me miró perplejo entrecerrando los ojos sin decir nada durante unos segundos. Llevaba puesto el pantalón del uniforme de combate de color azul oscuro y una camiseta blanca que se le ajustaba sutilmente al pecho con las mangas arremangadas por encima de los hombros. Estaba tan atractivo vistiendo esa ropa desenfadada que tuve que hacer un gran esfuerzo para no quedarme embobada mirándole.
- ¿Cómo has entrado mujer? ¿qué diablos estás haciendo aquí? – gritó poniéndose de pie - ¡di órdenes expresas a los guardias de…!
- Lo sé… les has dicho que no me dejaran pasar… ¿pero sabes? he estado mucho tiempo en "El refugio" y conozco otras maneras de colarme sin tener que usar la puerta principal – caminé despacio acariciando con el dedo los bordes de la mesa y escogí con sumo cuidado las palabras que iban a salir de mis labios – sé que te has ido de misión a pesar de que no me habías dicho nada ¿acaso estás escondiéndote de tu propia esposa?
- Eso es absurdo… ¡además no es de tu incumbencia! simplemente estoy muy ocupado eso es todo. Así que lárgate de una vez y déjame continuar con lo que estaba haciendo.
- Claro… estás tan ocupado que por eso mandas a tus esbirros a hacer el trabajo sucio interrogando a mis damas – me senté en una amplia butaca tapizada de color granate que había en una esquina y crucé las piernas mientras me recostaba sobre el cómodo respaldo – ¿a qué viene esta rabieta? ¡me parece increíble lo que estás haciendo!
- ¿Ah sí? ¡y por qué! – exclamó dando un golpe sobre la mesa sin negar lo evidente - ¡he visto cómo te comportas mujer! ¡he visto cómo te miran otros hombres, cómo los tratas! ¡no soy idiota, los rumores corren como la pólvora por toda la Corte!
- ¿Rumores? ¿desde cuándo hay que hacer caso a los rumores Vegeta por Dios? ¡la gente se aburre mucho y por eso se inventa esas cosas! ¡son todo mentiras!
De repente se dirigió hacia donde yo estaba sentada y agachándose con brusquedad me sujetó con fuerza la muñeca que tenía apoyada sobre el reposabrazos de la butaca impidiendo que pudiese moverme.
- ¿Se puede saber qué haces? ¡me estás haciendo daño! – me retorcí intentando librarme de su agarre - ¡suéltame!
- ¡Eres una descarada! – me amenazó mirándome fijamente a los ojos con el rostro al mismo nivel que el mío - ¡¿acaso me vas a negar que el imbécil de Turles ha estado en tu habitación alguna vez durante la noche?!
- ¿¡Qué!? ¿pero qué estás diciendo? ¿acaso te has vuelto loco?
- ¡No mientas! – rugió haciéndome tragar saliva por el susto - ¡Vegeta me lo contó! me dijo que una noche os escuchó hablando en tu habitación mientras él dormía en tu cama! ¡¿lo vas a negar?!
Intenté hacer memoria y recordé aquella vez que el niño medio somnoliento se había despertado y nos había visto a Turles y a mí hablando justo en la entrada de mis aposentos. Evidentemente no era nada de lo que el rey se estaba imaginando, y estaba segura que el niño no había dicho nada por iniciativa propia.
- ¡No me puedo creer lo que estoy oyendo! ¿acaso utilizas a nuestro hijo para espiarme? ¿a él también lo habéis estado interrogando?
- No tengo por qué darte explicaciones mujer…
- ¡Por supuesto que sí! ¡te he repetido una y mil veces que Turles es solamente mi amigo! ¡y además de eso forma parte de mi guardia personal, es totalmente normal que alguna vez haya estado en mi habitación, todas mis damas lo han visto varias veces!
Conseguí zafarme de él y me levanté de la butaca con toda la dignidad que fui capaz. No quería seguir discutiendo más, tenía reservada una de las salas exteriores para ir a entrenar con mi hijo y por nada del mundo iba a perder la oportunidad de pasar un tiempo con él.
- Deja en paz a mis muchachas Vegeta… no quiero que ninguno de tus secuaces las vuelvan a molestar… ¿amenazar a unas simples mujeres que solo están cumpliendo con su trabajo? ¡por favor! ¡ya está bien de imponer tu reinado del terror!. ¡Si quieres decirme algo, me lo dices a la cara! nunca imaginé que fueses un cobarde…
Aquel comentario pareció enfurecerle porque se dirigió hacia mí con los dientes apretados y me agarró por los hombros empujándome con rabia contra la pared impidiéndome mover los brazos. Sus ojos ardían de furia y un escalofrío recorrió mi columna cuando juntó su rostro a escasa distancia del mío.
- ¡Suéltame de una vez! ¡soy la reina de este planeta! ¡me debes un respeto…!
- ¿Respeto? ¡comenzaré a hacerlo cuando seas tú la que me respetes a mí mocosa engreída! ¡que no se te olvide que fui yo el que te sacó de ese agujero en el que vivías! ¡no eres más que una vulgar niñata de aldea, y si no llega a ser por mí ahora estarías labrando la tierra o vendiendo comida en un triste mercado y aguantando a un idiota de clase baja pariéndole hijos uno tras otro!
Me rechinaron los dientes al oírle decir esas palabras pero no quise demostrarle lo que me dolía escuchar aquello. No quería darle esa satisfacción…
- Aunque con este asombroso cuerpo… - continuó diciendo mientras deslizaba sus ojos hacia abajo e introducía un dedo en la zona del cuello de mi armadura despegándola unos centímetros de mi pecho mirando con descaro lo que había debajo – a lo mejor ahora estarías en una taberna de mala muerte deleitando a los hombres con tus preciosas curvas…
Sentí una ira irracional recorriendo todo mi ser y sin poder contenerme le escupí en el rostro mirándole fijamente con un odio exacerbado. El cerró los ojos y se llevó el dorso de la mano a la mejilla lentamente para limpiarse la cara y mi respiración comenzó a agitarse por la angustia de lo que sabía que vendría después.
Me separó de la pared con tanta violencia que tuve que apretar los dientes del susto y me dio una fuerte bofetada que me tiró al suelo dejándome momentáneamente aturdida.
- ¡Debería mandar que te azotasen por lo que has hecho estúpida! ¡pero entonces no sentiría el placer de hacerlo yo mismo!
Me levanté a duras penas llevándome la mano al rostro y le miré a los ojos con una leve sonrisa en los labios. Ya no me asustaban sus amenazas. Nada de lo que me hiciese a partir de ahora me dolería más de lo que ya me había hecho sufrir.
Unos fuertes espasmos comenzaron a sacudir mi cuerpo, e intenté evitar que las carcajadas saliesen repentinamente de mi garganta. El rey me miraba perplejo con una ceja arqueada como si me hubiese vuelto loca.
- ¿Se puede saber… de qué re ríes mujer?
- ¡Jajajaja qué iluso sois… Majestad…! ¿de verdad creéis que me salvasteis la vida con ese generoso gesto? ¡vos no me sacasteis de ningún agujero… ¡fui yo!, la que con mi gran esfuerzo y picardía conseguí salir de él…!
Me acerqué lentamente a donde estaba sin quitarle los ojos de encima y sin amedrentarme lo más mínimo por su imponente presencia.
- Desde el primer momento logré desempeñar muuuuy bien el papel que me había asignado a mí misma. Mi gran belleza hizo que os entrase como una ráfaga por los ojos, y después… mi perspicaz astucia solo tuvo que hacer el resto.
- ¡¿Qué… de qué demonios estás hablando?!
- Cuando aparecíais por los aposentos de Shargot yo estaba allí, cuando os pasabais por la sala de entrenamiento yo estaba allí, durante los banquetes… yo estaba de nuevo allí… regia, y bien vestida, bailando en el centro de la sala, joven… fuerte… sana… Para nadie era ningún secreto que odiabais a vuestra aburrida y gris esposa, yo simplemente tuve que dar con la clave para que me hicierais reina. Darme a desear solamente fue un juego para mí… y desde luego uno muy entretenido…
Me acerqué a él con altanería y poniéndome de puntillas le agarré por el cuello de la camiseta acercando mis labios a los suyos pero sin llegar a tocarlos. Su cálida respiración entrecortada me envolvió y sentí una excitación totalmente diferente al deseo carnal. Aquello era mucho más… cómo explicarlo… ¿gratificante?.
- ¡Cómo me divertí observando tus reacciones, mi rey… las fuertes ansias por poseerme de una vez, por arrancarme la ropa y hacerme gritar de dicha! Cada roce, cada gesto… cada mirada… caíste en mis redes como un muchachito que empieza a despertar al mundo del placer…
Vegeta apretó con rabia la mandíbula y me echó la cabeza hacia atrás tirándome con fuerza del pelo mientras sentía su aliento rozando sutilmente mi cuello. Sonreí mirando al techo y pude notar su otro brazo rodeando mi cintura mientras me estrechaba cada vez con más rabia contra él.
Aquel gesto no era un abrazo, ni si quiera una muestra de cariño… más bien era su manera de demostrarme que a pesar de mis cínicas palabras él tenía el control sobre mí, la fuerza física necesaria para acabar conmigo si le daba la gana.
- He aquí el claro ejemplo en el que las palabras hacen más daño que la daga más afilada… - dije con sorna.
- Eres una maldita… mocosa miserable… - masculló entre dientes mientras sus ojos echaban chispas de furia
- ¡Oh por favor… Majestad…! no me digáis que no os lo imaginabais… siempre os consideré una persona inteligente – tosí con fuerza y noté como todos los huesos de mi cuerpo crujían bajo aquella enorme presión – en el fondo… tú… lo sabias… pero preferiste obviarlo con tal de llevarme por fin a la cama… y ahora… yo soy la madre de tu valioso heredero – mascullé entrecortadamente – y ese hecho nada ni nadie lo va a poder cambiar…
No podría resistir mucho más. Si seguía apretándome de esa forma iba a terminar partida en dos. Gimiendo de dolor encogí rápidamente las piernas hacia mí y de un certero rodillazo en el estómago conseguí librarme de los poderosos brazos del rey. Él ahogó un jadeo por la sorpresa y se dobló hacia delante llevándose las manos al vientre mascullando varios improperios.
- Al fin y al cabo… - dije sonriendo intentando normalizar mi respiración – te he demostrado que soy algo más que una estúpida pueblerina con pájaros en la cabeza. Yo sola he conseguido lo que me proponía… ahora soy la reina de todos los Saiyans, y aunque te deshicieras de mí como hiciste con la anodina de Shargot… mi hijo seguiría siendo el único heredero al trono.
Di una vuelta sobre mí misma con los brazos abiertos mirando hacia el techo y me dejé caer boca arriba sobre la enorme cama con dosel de color crema que había en la habitación.
- Nappa tenía razón… - murmuró acercándose lentamente hacia mí entrecerrando los ojos – él siempre había sospechado de tus intenciones… desde el principio…
- Mmmm… pues deberías hacerle caso… - me incorporé con una sonrisa encogiéndome de hombros con fingida inocencia – es un hombre muy sabio…
- ¡Humph! no cantes victoria mujer… - me dijo sonriendo él también – que seas la madre de mi hijo no te da ninguna inmunidad. ¿Acaso crees que no me puede deshacer de ti cuando me dé la gana?
- ¿Y permitir entonces que otros hombres puedan besarme… acariciarme… fornicar… conmigo? – fruncí las cejas con gesto de mártir y bajé la mirada al suelo haciéndome la virgen doliente – para que me toquen… ¿así?
Me volví a tumbar llevándome la mano hacia el vientre bajando lentamente los dedos hasta la ingle y con la otra me acaricié la base del pecho por encima de la armadura soltando tenues gemidos de placer.
- ¡Ya basta! ¡no juegues conmigo, maldita mujer del demonio! – Vegeta se echó sobre mí sujetándome por la muñeca para apartarla de mi cuerpo y me mordí el labio intentando contener la risa al ver su cara roja de furia.
Le besé fugazmente en los labios haciendo que se sorprendiera y le aparté de encima de mí con un suave empujón poniéndome de pie dispuesta a marcharme. Ya había dicho todo lo que tenía que decir, ahora al menos había limpiado mi nombre demostrándole claramente que era mucho más astuta de lo que él se pensaba.
- Por cierto Vegeta… ya que estamos aquí hablando las cosas con sinceridad… estoy harta de esos soldados que me has puesto para que me acompañen a todas partes. No los conozco de nada, y además… son un auténtico aburrimiento. Me da igual lo que me digas o las tonterías que se te pasen por la cabeza… ¡quiero que Turles vuelva a su puesto de siempre!.
El rey se cruzó de brazos con arrogancia separando un poco las piernas y una sonrisa perversa adornó su rostro. Arqueé una ceja al ver que me miraba fijamente y no me respondía… aquella actitud suya no me estaba gustando nada…
- Siento mucho no poder complacerte con eso… querida, pero… ese muchacho inmaduro… bueno… digamos que ya no lo vas a volver a ver nunca más…
- ¡¿Q… qué… pero… por qué?!
Me quedé completamente helada al escuchar aquellas crueles palabras. Noté como el corazón se me paraba dentro del pecho y mi respiración comenzó a acelerarse. Dios mío… ¿se trataba de una broma? ¿qué demonios estaba ocurriendo?. Miré al rey con rabia a y sentí una angustia tan grande que casi no podía reaccionar.
- ¡Maldita sea Vegeta! ¡¿se puede saber que has dicho?! – me lancé sobre él agarrándole de la camiseta intentando encontrar una explicación lógica a sus palabras - ¡¿dónde está Turles?! ¡exijo saberlo ahora mismo!
- Vaya… hay que ver cómo te preocupas por tu… "amigo"… - dijo burlón
- ¡¿Qué le has hecho?! ¿dónde está? ¡¿por qué dices que no voy a poder volver a verlo?!
La voz salía de mi garganta en un tono tan agudo que empecé a darme cuenta de que me estaba poniendo completamente histérica. La maligna sonrisa del rey me daba escalofríos y temí por la vida de Turles sin saber muy bien donde se encontraba en estos momentos. Hacía días que no tenía noticias de él pero supuse que había partido a una misión de forma apresurada y por eso no me había dicho nada.
- ¡Vegeta te lo suplico por favor, por lo que más quieras, dime donde está! – le grité zarandeándole
- Como cambian las tornas mujer… te creías muy lista al confesarme tu magistral jugada y ya ves… ¡qué irónico…! – acercó su boca a mi oído y lentamente susurró aquellas pérfidas palabras - aunque solo quiero que tengas una cosa muy clara… el rey… siempre va un paso por delante de ti… que no se te olvide…
Un sollozo de impotencia se escapó de mi garganta cuando me sujetó por las muñecas para apartarme de él y se dirigió hacia la puerta doble que daba al pasillo.
- ¡Eres un… maldito… DESGRACIADO! – grité con todas las fuerzas de mi alma mientras ya no podía evitar que las lágrimas rodasen libremente por mis mejillas - ¡¿qué has hecho con Turles maldita sea? ¿acaso… acaso lo has matado?! – me daba pánico tener que decir aquello en voz alta pero necesitaba saberlo como fuese. ¡Jamás me lo perdonaría de haber sido así!
- Lo único que vas a conseguir mocosa, si sigues insultándome así, es que te encierre en lo más alto de una de las torres del palacio custodiada a todas horas y que tire las llaves al gran lago. Pero está bien… te haré ese favor y contestaré a tu pregunta…
Se volvió a acercar de nuevo a mí y entre hipidos no pude evitar tragar saliva cuando su temible silueta se impuso sobre la mía. Alcé los ojos hacia arriba rogando en silencio por la suerte de mi amigo y aguardé pacientemente a que se dignase a decirme algo por fin.
- Ese muchacho… ha sido expulsado para siempre del planeta Vegeta… yo mismo me he encargado de que así sea… y como se le ocurra volver a poner un pie aquí… personalmente me encargaré de terminar con su miserable vida…
Zira3000: mil perdones por la tardanza pero llevaba varios dias sin ordenador y aunque seguí escribiendo a mano he tenido que cambiar mil cosas que al final he dejado para el próximo capítulo.
espero reviews! muchas gracias por leer!
