Advertencia:Cualquier parecido que veas en ésta historia con otras ajenas a mi persona, es la simple señal de que lo que te estás fumando no es nada bueno, o que necesitas urgentemente comprarte una vida.
Disclaimer: Odio decirlo, pero "Axis Powers Hetalia" como obra maestra no me pertenece, sino a Hidekazu Himaruya. No es mi intención lucrar con su creación, sino hacer de ésta historia una actividad de mero entretenimiento para quien se interese en leerla.
XXXVII
Navegar con tierra a la vista proporcionaba, ciertamente, una mayor sensación de calma y seguridad a los tripulantes que hacerlo a la suerte del destino. Muchos miembros de la hueste, incluso, se mostraban bastante cómodos y felices, y se distraían observando a sus alrededores o bromeando entre ellos.
— ¡Eh, mira! ¿Qué son esas mujeres tan feas que nadan junto a nuestro barco? — preguntó uno de los tripulantes más jóvenes, inclinándose por la barandilla de la cubierta.
— Son sirenas— dijo Kyle, poniéndose junto al muchacho — Pero no como las de los cuentos, que cantan y seducen humanos, o los ayudan cuando están en aprietos. Ellas COMEN humanos.
— Oh…
— ¡Y son muy rápidas para nadar! Si caes al agua, a menos que puedas hallar rápidamente un refugio, estás jodido.
— Una de esas me lastimó en el pantano— dijo Sadiq, removiendo la tela de su pantalón, mostrando cuatro arañazos en su pierna.
— ¡Vaya! ¿Y no escuece? — preguntó Gansükh, tocando maliciosa y repetidamente la herida de su compañero.
— ¡Basta, basta, animal…!— protestó el turco, apartándose — ¡Claro que me duele si la tocas, salvaje…!
— Deberías lavarla y cubrirla— sugirió el australiano — Podría infectarse.
— ¡Señor! — llamó uno de los hombres.
— ¿Si?
— Estamos a tan sólo doscientos metros de la isla. Esperamos sus órdenes para aprontarnos a desembarcar.
— Alisten las armas, muchachos. La tropa de exploración bajará primero, y hará un reconocimiento del terreno. Los demás aguardaremos en el barco a su llegada, y luego, procederemos a levantar el campamento en un sitio seguro.
— ¿Yo qué hago? — preguntó Kyle.
— Tú me caes bien, así que te quedarás conmigo y esperaremos a que regresen los del primer grupo.
Una vez que el navío arribó a la costa de aquél desconocido terreno, un grupo de experimentados soldados mongoles bajó junto a Gansükh, y divididos en secciones que se movilizaban a caballo y a pie, comenzaron a explorar el lugar.
Había bosques, pero ciertamente, mucho menos densos y oscuros que los vistos en Australia. Los árboles tendían a ser gruesos, fuertes y altos, y los arbustos a sus alrededores eran bastante ahormados y estéticos. Caminos de tierra por entre los árboles parecían conducir a una pequeña villa que se avistaba desde las afueras de la arboleda.
— Éste sitio está poblado— observó uno de los exploradores.
— Donde hay gente viviendo, hay comida— saboreó otro, sobándose las manos con gesto malicioso.
— Y bienes y mujeres que robar…
— Eso ya vendrá después, muchachos— corrigió el arquero, volviéndose con su caballo hacia donde estaba el barco — Regresemos y reportemos a Sadiq lo que hemos visto. Es más que suficiente. En lo que a mí respecta, un buen sitio para levantar nuestro campamento es…
— ¡Gansükh!
— ¿Qué quieres? ¿Por qué me interrumpes?— reprendió con gesto ceñudo.
— ¡Alguien acaba de pasar corriendo a tu lado!
— ¿Uh?
— ¡Acaba de esconderse! ¡Ahí! — señaló el joven guerrero en compañía del comandante asiático — ¡Tomó esta ruta, y brincó hacia los arbustos!
Gansükh se aprontó a seguir el camino señalado por su soldado, no sin antes indicarles que mientras tanto, ellos fueran aproximándose al resto de la hueste. El mongol no distinguió nada, sino hasta recorridos al menos unos diez metros, en donde claramente distinguió una pequeña silueta, similar a un duendecillo, que salió de entre las plantas llevando consigo un cesto con bayas. Se movía a prisa, pero sin correr.
— ¡Oye…! ¡Tú! — llamó — ¡Detente!
El duendecillo pareció no escucharlo, pues siguió su camino sin detenerse siquiera a pensar en voltearse. El mongol cabalgó hacia la criatura, y le cerró el paso. Cayó en la cuenta de que no era un duendecillo, sino una pequeña niña. Iba vestida con ropas muy ligeras: pantaloncillos y sanlaias café, una blusa corta blanca, y sobre ella, una chaquetilla rosa. Tenía una mirada serena y penetrante, sobre la que se enarcaban un par de gruesas cejas del mismo color castaño que su coleta rizada que caía sobre el hombro izquierdo.
— ¿Eres de por aquí, jovencita? — inquirió, mirando a la pequeña a la cara. Su expresión era indiferente, incluso con un extraño frente a ella. Sorpresivamente, la muchachita rodeó al jinete montado, pretendiendo seguir su camino hacia la villa.
Gansükh, levemente enfadado, bajó del caballo, y nuevamente le cerró el paso. Sin mucho cuidado, puso sus manos sobre los hombros de la jovencita, que seguramente no debía tener más de ocho años por lo que aparentaba. La sujetó firmemente, y se hincó frente a ella.
— No me hagas ponerme como un ogro contigo ¿Quieres? — amenazó. El gesto de la chica aún no se modificaba — Dime ¿Qué te hace ignorar mis órdenes y seguir caminando como si nada, eh?
Con voz inocente y un tanto seria, la chica le respondió:
— Es día de sándwich.
Un largo momento de incómodo silencio, en que la cara del mongol era todo un poema, culminó con un suspiro cansino exhalado impacientemente por la niña.
— Cada jueves le doy a "Pato", mi pez, un sándwich de mermelada…
— Espera— interrumpió el arquero — ¿Le pusiste "Pato" a un pez?
— ¡Y hoy no había mermelada! — exclamó ella dramáticamente — Entonces mi hermano, Nathaniel, me dijo que le diera un sándwich de atún… ¡No le puedo dar a "Pato" atún! — luego, hizo una pausa, tras lo cual le susurró cómplice a su interlocutor — ¿Tú sabes lo que es atún?
— Sí, es un tipo de pe-…
— ¡Es PEZ! — chilló enfadada, comenzando a removerse y brincar en una especie de rabieta — ¡Si "Pato" come pez, sería una abominación! Voy tarde a mi casa, porque tuve que recoger bayas para hacer mermelada, por culpa de que hoy sólo había ese… ¡ESE TONTO ATÚN…!
— ¡Hey, hey…! ¿Por qué me estás diciendo todo esto? ¿Acaso es importante? — ante la pregunta, la muchachita asintió enérgicamente con la cabeza, tras lo cual añadió:
— "Pato" controla el clima.
Un nuevo lapso de silencio tomó lugar. Gansükh no sabía por qué de pronto esa desconocida le salía con una sarta de incoherencias para justificar su apuro, y por qué parecía no inquietarse siquiera un poco ante la presencia de un desconocido que de la nada la había increpado. Ciertamente le había resultado también muy extraño que aquella niña, de apariencia dulce y semblante sereno, de la nada presentara una faceta más bien histérica al mencionar el atún.
— … ¿Me deja pasar?
— Sí… claro.
El mongol soltó a la pequeña, y justo cuando esta lo había rodeado para seguir con su camino, aparecieron en escena los demás miembros de la expedición, escoltando a Sadiq y Kyle.
— Tus hombres nos dijeron que habías encontrado algo, caníbal— dijo el turco.
— Sí… a una niña un poco extraña— señaló, apuntando a la pequeñuela que ya había avanzado varios metros hacia la villa.
— ¡Qué sorpresa! Gente en este lado del mundo…— celebró Kyle. Tras echar un vistazo más minucioso hacia la jovencita, su rostro fue desencajándose en una mueca de asombro.
— ¿Qué? ¿Qué te pasa?
— ¿Podrá ser…?— preguntó para sí, acercándose a la pequeña con gesto curioso. Luego, trotó tras de ella, y a dos pasos de alcanzarla, se detuvo. Carcajeó emocionado, y seguido de esto, soltó una especie de sollozo de felicidad — ¡Amber!
La niña volteó al llamado del australiano. La primera duda que asaltó a los miembros de la expedición fue ¿Era ese el nombre de la niña, y de serlo, por qué Kyle lo sabía?
En seguida, la muchachita abrió sus ojos de par en par, y soltó la cesta con bayas que traía en las manos. Permaneció estática mientras asimilaba la identidad del sujeto que la encaraba, y tras mucho analizarlo, su boquita, antes una delgada línea de seriedad que apenas y se abría para hablar, esbozó una enorme sonrisa, y se abrió ante una igualmente sobredimensionada risa de felicidad.
— ¡Kyle…!— gritó, antes de correr a los brazos del australiano, que la refugiaron en un apretadísimo abrazo. Luego, poniéndose de pie, Kyle giró con ella sujeta a su cuello, riendo de felicidad.
— ¡Creí que jamás volvería a verte, Amber!
— Creímos que las sirenas te comieron, Kyle.
— ¡Qué curioso! Yo pensé lo mismo de ti…— respondió, separándose de la niña para poder observarla mejor — Estos tres años no han pasado en vano ¡Qué grande y bonita estás!
— Tus cejas se han puesto más gruesas.
— ¡Oigan, oigan…!— llamó Sadiq, adelantándose al resto de la hueste — No quisiera interrumpir su emocionante reencuentro, pero… ¡Explíquenme qué está pasando aquí!
— ¡Ella es mi hermanita menor! — respondió el australiano.
— ¿No que tus hermanos habían muerto cuando su barco naufragó? — preguntó Gansükh.
— Al parecer no— rió el joven — Nadamos en direcciones contrarias, y supuse mal de su destino en cuanto los perdí de vista.
— ¡Cierto! Nos dijo que jamás vio que las sirenas los devoraran— espetó el espadachín — Una suerte que haya venido con nosotros en ese caso.
— ¿Vienes, Kyle? Hoy habrá sándwich de mermelada para el almuerzo— invitó la pequeña, recobrando su tono serio y calmo en la voz.
— ¿Pueden venir ellos también? — preguntó, refiriéndose a la agrupación de invasores. La niña echó un rápido vistazo a los forasteros, cargado de reprobación.
— Pero huelen mal…
— ¡Vamos, Amber! Son buena gente. Te agradarán.
— Hum… bueno, que vengan.
Kyle depositó de pie a Amber en el suelo, y ella, tras recuperar su cesta de bayas, guió a la agrupación hacia la pequeña villa que se encontraba en el centro del bosque.
La villa en el bosque no debía estar conformada por más de doce casas, todas ellas de una apariencia muy rústica, humilde y pintoresca, confeccionadas con madera y ramas sujetas con cáñamo vegetal. Habían varios huertos de cultivo en los jardines, diferenciados gracias a sogas que servían como cercas separadoras entre las propiedades que colindaban.
Amber entró a una de las casas, indicando a sus invitados que aguardaran en el jardín. Muchos invasores se mostraron sorprendidos con lo que encontraron a sus alrededores, y comenzaron a explorar.
— Miren esta flor— señaló uno de ellos, riendo — ¡Parece una bailarina de cabeza!
— ¿Qué son estas…?— otro, de colosal estatura y gruesa contextura, desenterró algunas zanahorias del jardín, y tras mirarlas largo rato, metió dos de ellas en su boca, y las masticó con bastante agrado.
— ¡Qué suerte, encontré un perro! — saboreó otro, sosteniendo al cachorro en sus manos mientras este movía amigablemente la cola— Con lo que se me viene antojando una sopa desde que salí de casa.
— ¡Prepararé el fuego!
Comenzó a armarse un escándalo entre los pacíficos pobladores del lugar. Y con tanto alboroto, el dueño de la casa a la que Amber había entrado salió, un tanto alterado.
— ¿Qué está pasando aquí…? ¡Oye, esas son mis zanahorias…!— retó, acercándose al enorme guerrero bárbaro para arrebatárselas. Sin embargo, una vez que estuvo frente a él, desistió de la idea — ¡Qué va! Quédatelas… ya tienen tu baba.
Se trataba de un joven de apariencia frágil y pulcra. Iba vestido con una especie de uniforme militar al estilo europeo, con cazadora roja con decorativos dorados y pantalón negro. Sobre su cabello, rubio oscuro y ondulado, había una boina blanca con visera negra. Tenía una expresión dulzona y temerosa, ojos verdes y gruesas cejas castañas que rompían con la suavidad de su rostro redondeado y pálido.
— ¡Nathaniel! — exclamó Kyle, encerrando al muchachito en un efusivo abrazo — ¡Estás vivo! Oh, y mucho más delgado…
— ¿K-K-Kyle…? ¡¿Eres tú?! — cuestionó el joven de cazadora roja, separándose del australiano — ¡Kyle! ¡Por fin nos encontramos de nuevo!
— ¡Han pasado tantos años! ¡Hey! Pero si tú y Amber están vivos… ¿Peter…?
— También. Los tres logramos aferrarnos a una puerta doble que usamos como balsa para mantenerlos lejos de las sirenas y remar hasta esta isla. Tratamos de gritarle, pero nadaste tan rápido que te alejaste y al parecer no pudiste oírnos cuando te llamamos…
— ¡Qué locura…!
— Espera, Kyle… ¿Éste es otro de tus hermanos también? — preguntó Gansükh.
— ¡El segundo de la familia! Les presento a Nathaniel.
— No puedo decir que es un placer conocerlos…— dijo el muchachito con timidez — Pero… sean bienvenidos a Nueva Zelanda.
— ¿Así se llama este lugar?
— Así lo bautizamos los sobrevivientes que llegamos aquí.
— Déjame ver si entendí… Señor Kyle— increpó el turco — ¿Fue usted acaso el único que nadó en la dirección contraria que todo el resto de la tripulación que sobrevivió al naufragio?
— Uh… no exactamente. Pero todos los que me siguieron murieron al poco tiempo de llegar a Australia. Ya sabes: los devoraron los animales, y los picaron serpientes e insectos venenosos.
— … Entiendo…
— Amber me dijo que todos ustedes venían a almorzar— dijo incómodo Nathaniel — No estoy seguro de que haya lugar para todos en la mesa, pero… creo que sí tengo suficientes panecillos y hay bayas para hacer mermelada de sobra. Si no les molesta comer afuera, sentados en el jardín…
— ¡Ah, descuide, señor Nathaniel! Cierta chusma sin modales que conozco considerará que es un lujo hacerlo— bromeó, mirando de reojo a Gansükh y a los soldados mongoles.
— Entonces aguarden aquí… ¡Y por favor, no le hagan nada al perro! Es la única compañía de la señora ermitaña que vive en la casa de junto— pidió el neozelandés.
Cuando Nathaniel volvió a entrar a la casa, Amber salió llevando consigo una pecera donde un bocadillo con mermelada de bayas se encontraba sumergido, y el pececito que la habitaba nadaba en torno a él. En compañía de la niña, venía un jovencito que no aparentaba más de diez años, vestido con un curioso traje de marinero blanco y azul, con boina incluida. Sus curiosos ojos azules, también coronados por unas cejas pobladas que desentonaban con su cabello rubio y despeinado, inspeccionaron a la hueste invasora, hasta que dieron con el australiano. Entonces, brincó hasta él, emocionado.
— ¡Kyle! ¡Sobreviviste!
— ¡Peter! ¡Qué bueno es verte de nuevo!
— ¿Quiénes son tus amigos?
— Peter, te presento a Sadiq, jefe del ejército bárbaro— señaló el australiano — Y el de la trenza es Gansükh, segundo al mando. Con ellos vienen sus amigos bárbaros a hacer barbaridades y a almorzar sándwich de mermelada.
— ¡Hola a todos! — saludó el pequeño, agitando enérgicamente su mano. Luego, dijo de vuelta a su hermano mayor: — Kyle, después de almorzar ¿Te gustaría jugar conmigo? ¡Hay un lugar fantástico que quiero mostrarte!
— ¡Claro, campeón!
— ¿Y qué hay de ti, pequeña? — interrogó el mongol, inclinándose junto a Amber — No se te da hablar mucho ¿Cierto?
La niña se mostró aterrada por la sonrisa del asiático, que enseñaba sus dientes aguzados y filosos como cuchillas. Abrazó su pecera con el bocadillo de mermelada, y se apartó de Gansükh mirándolo con desconfianza. Kyle lo notó, abrazó a la menor por los hombros atrayéndola hacia él, y rió.
— Tranquila, Amber. No muerde.
— Pues pareciera que sí— respondió la muchacha. El arquero rodó los ojos con fastidio — Y a "Pato" no le agrada tampoco.
— ¡Oh, pues "Pato" necesita conocerlo un poco más entonces!
El australiano, cuidadosamente, quitó de las manos el cuenco con el pececillo y se lo cedió a Gansükh, quien en un principio con gesto muy divertido, sumergió uno de sus índices en el agua, esperando a que el pez lo tomara en cuenta.
— ¡Mira, ya creo que nos hicimos amigos! — celebró. "Pato" nadó en torno al dígito, y luego, posó su boca y comenzó a succionar la yema — ¡Oye, me haces cosquillas…!
Una sensación de desvanecimiento invadió al arquero. Cayó en una especie de trance, aún estando despierto. Su mirada permaneció fija en un punto, más estaba vacía.
Sin embargo, había algo que no estaba tan vacío. Su mente.
En lugar de verse a sí mismo en ese instante en que jugaba con el pececillo de Amber, Gansükh visualizó frente a él un escenario rocoso, húmedo y caliente, similar al interior de una cueva. Ante él, brillaba un inmenso montón de brillantes monedas de oro y plata, piedras preciosas y joyas que se acumulaban en un cerro que debía superarlo al menos cien veces en altura. Sorprendentemente, a sus pies también había una infinidad de preciosos tesoros ¡Y su alrededor estaba lleno de más cúmulos de ellos!
El más alto estaba a sus espaldas. Lo descubrió en cuanto volteó a ver desde dónde provenía la luz blanca que iluminaba el interior de la caverna –pues ciertamente, el oro y las joyas no desprendían ese brillo-, sorprendiéndose de encontrar en lo alto de aquél cúmulo de bienes un resplandeciente óvalo, semejante al azulado y el rojo que ya se encontraban en su poder.
Un buen rato permaneció así, contemplándolo, embobado e incrédulo, hasta que repentinamente la visión lo abandonó.
Amber le había quitado la pecera, con "Pato" en su interior nadando en torno al bocadillo de mermelada de bayas.
— ¿Qué fue…? ¡O-oye…! Algo raro hay con tu mascota…
— Ya le dije que controla el clima— repuso la jovencita con gesto impaciente.
— No es eso…
— ¡El almuerzo ya está listo! — avisó Nathaniel desde dentro de la casa. En seguida, Peter y Amber entraron corriendo a sentarse a la mesa. Kyle los siguió de cerca, y los invasores permanecieron fuera de la morada. Pronto, el neozelandés salió, trayendo consigo una bandeja confeccionada con gruesas tablas que seguramente antes habrían pertenecido a alguna estructura del naufragio en que había llegado, y la encargó en manos de Sadiq.
— Me temo que no ha sobrado mucho pan, así que si desean repetirse, deberán contentarse con sólo poder comer la mitad de lo que les traigo ahora.
— Se agradece la amabilidad de todas formas— respondió, antes de que Nathaniel entrara nuevamente a almorzar con su familia.
Mientras se procedía a repartir los sándwiches, Gansükh se acercó a su compañero, y comentó en voz baja:
— He visto nuestro siguiente objetivo.
— ¡Ah! Por eso te quedaste pegado hace un rato ¿No?
— Exacto.
— ¿Y? ¿Dónde está?
— Vi una especie de caverna. En cuanto procedamos a realizar una mejor exploración de esta isla, hemos de buscar una cueva. Allí daremos fácilmente con ella. Salta a la vista casi tanto como las dos que ya tenemos.
— ¡Vamos muy bien encaminados en ese caso! — se jactó con una risotada el espadachín — A este paso tu muchacho quedará libre de la maldición que lo atormenta y yo podré llevar justicia a los desamparados de mi país.
La sola idea de ver concedido su mayor anhelo hizo que Gansükh se sonriera con gran alivio.
Notas de la Autora:
Aquí concluye el trigésimo séptimo capítulo de este fanfic.
Ya llegados a Nueva Zelanda, los bárbaros son testigos del feliz reencuentro familiar de Kyle con sus supuestamente fallecidos hermanos: Nathaniel (Nueva Zelanda), Amber (Wy) y Peter (Sealand). Y como si eso ya no fuera suficientemente bueno: ¡"Pato" el pez ha revelado con sus mágicos poderes la localización de la próxima pieza de la Llave Sagrada! ¿Qué tan cerca están los bárbaros de poder cumplir su objetivo? ¿Qué peligros deberán enfrentar para poder obtenerla?
¡Esperaba ansiosa poder escribir este capítulo por el breve homenaje a una de las películas más simpáticas que he visto en mi infancia: "Lilo y Stitch"!
Un pequeño alcance que debo hacer, es que si desean tener un referente sobre la descripción que hice de la sonrisa de Gansükh, busquen imágenes de Grell Sutcliff de Kuroshitsuji :D ¡En él me inspiré para este detalle!
Nuevamente, agradezco a todos los que han dejado sus comentarios: GoodLoverBoy, Horus100, Ginyang98, Corona de Lacasitos, Kayra Isis, Dazaru Kimchibun y Sorita Uchiha ¡Sin ustedes, haber avanzado tanto en esta loca trama hubiese sido imposible!
No todo puede ser color de rosa. Para esta ocasión, la pregunta dice así:
¿Te has llevado decepciones de Disney? ¿Cuáles? (¡Elaboren su ranking!)
5.- La muerte de Kerchak (en "Tarzán"): ¡Noooo~! ¡Justo cuando ya había aceptado a Tarzán como uno de los suyos! ¿Por qué? ¿Por qué fue necesaria tanta crueldad?
4.- La muerte de Raymond (en "La Princesa y el Sapo"): ¡Era un personaje muy carismático y simpático! ¿Por qué tuvieron que hacerle eso? ¡Fue una tragedia innecesaria en una historia que iba perfectamente bien! Oh... pero al menos está en un mejor lugar, junto a su amada Evangeline.
3.- Que Esmeralda se haya quedado con Febo (en "El Jorobado de Notre Dame"): No es que Febo no sea un buen tipo, de hecho es bastante noble y heroico... ¡Pero es que... pobre Quasimodo! Él no merecía que rompieran su corazón de esa forma... fue cruel. Aún no puedo superarlo.
2.- "El Jorobado de Notre Dame II": ¡¿Qué hace esa mujer con Quasimodo?! Ò.ó
1.- "Pocahontas II": ¡POCAHONTAS SOLO PUEDE ESTAR CON JOHN SMITH! D: ¡AGH!
¡Nos leemos!
