Capítulo 37. Revelaciones Parte IV
– Está bien señora, le diré lo mismo que le dije a él.
Izayoi tomó asiento a un costado de Kagome, mientras ella se limpiaba las lágrimas que habían 'inundado su rostro, frotaba sus ojos y tomaba valor para contarle todo.
– Hace un momento aquí mismo Sesshomaru y yo... –dudaba, no sabía si debía contarle con detalles todo lo ocurrido, la mirada de Izayoi la penetraba y sentía como si le pudiera leer la mente, la vergüenza se apoderó de ella y aunque sitió que todo el valor que creía tener en ese instante se había esfumado, decidió continuar, – nos besamos, – soltó en un suspiro, el silencio que prosiguió a su confesión le indicó que continuara con el relato. – Es la primera vez en muchísimo tiempo que yo permito que alguien me bese, desde que conocí a Sesshomaru no he podido callar a mis sentimientos, constantemente me están gritando por él, Inuyasha nos vio besándonos, pero al parecer eso no nos importó y… no sé si es correcto. – Los nervios la traicionaron y sus ojos se cristalizaron, intentaba mantener la sonrisa fingida en sus labios en espera de alguna respuesta o reproche por parte de la madre de Sesshomaru.
El mutismo de Izayoi la desconcertó y ante el incómodo silencio creyó conveniente seguir hablando antes de que las lágrimas brotaran. – Después de besarnos, Sesshomaru me dijo que quería que yo fuera su novia, en ese momento solo pude mirarlo, a pesar de que deseaba decirle que sí, a pesar de que en mi interior una voz me gritaba que sí, yo iba a decirle que no.
– Y que sucedió ¿Le diste tu respuesta? – Fue lo único que salió de sus labios, aunque no perdió detalle de cada palabra, cada gesto y la mirada esperanzada que mostraban los orbes chocolate de aquella joven. Todo era contradictorio.
– Antes de que yo pudiera darle mi respuesta él me dijo que no tenía que responderle en ese momento, me dijo que si yo decía que no, él no me buscaría, ni insistiría como otros chicos, me dijo que probablemente yo no confiaba en las personas por qué me habrían hecho algo, le pedí que no siguiera, le pedí que no dijera más, pero...
– El insistió ¿Cierto?
– Él me dijo que si alguien me había lastimado, o que si mis relaciones pasadas me habían afectado, que no tenía por qué temer, que no todos los hombres eran iguales... ¿Sabe? le dije lo mismo que a usted hace un momento.
Kagome dejaba escapar algunas lágrimas, contenerlas era inútil, pero, sin dejar de llorar ella sonreía. Realmente el estado de ánimo de Kagome era tristeza absoluta por la batalla entre sus sentimientos y la razón en su interior.
– ¿ A qué te refieres? – La cuestionó.
– Le grite que él no entendía, creí que con eso el me dejaría, pero ya veo que se parece mucho a usted, porque en lugar de huir, en lugar de irse sin tratar de entenderme él se quedó aquí, me dijo que no me entendía y que si yo no le explicaba el no sería capaz de hacerlo, cuando escuche esas palabras de él, me sentí amada porque él se estaba preocupando por mí, y cuando usted hace un momento me pidió que le explicara para que me entendiera, me di cuenta que Sesshomaru tiene una maravillosa madre, y él sin duda se parece mucho a usted.
Izayoi la miro, los ojos de la mujer se cristalizaron por lágrimas que se habían acumulado, las palabras de Kagome estaban surtiendo efecto sobre ella.
– Y le explicaste a Sesshomaru la razón por la que no confías en él. – Más que una pregunta, lo dijo como afirmación.
– Sí, le dije lo mismo que le diré a usted... – Después de una pequeña pausa, Kagome comenzó a contarle a Izayoi. – Señora Izayoi, yo solo tuve un novio eso fue durante la secundaria, todo parecía ir bien, el me quería y yo a él, pero las cosas en casa no estaban del todo bien, yo me apoyaba en Koga, ese es el nombre de aquel chico, mis papás discutían todos los días, tenía mi propia habitación, pero los gritos eran cada vez más fuertes, cubría con mis manos mis oídos para no escuchar nada, cantaba una canción para esperar que todo pasara, pero no terminaba... Cuando me di cuenta que la relación de una pareja se puede terminar yo comencé a alejarme de Koga, usaba cualquier pretexto para mantenerlo lejos de mí, siempre tenía en el pensamiento los pleitos de papá y mamá...
Un día escuche cuando mamá le reclamaba a papá por encontrarle llamadas y textos de otra mujer, creí que todo era un error, creí que mi mamá estaba perdiendo la cabeza a causa de tantos conflictos, de tantos gritos, pero...No olvidare las palabras de papá.
…
– ¿Dime quién es ella? ¿Cuántas llamadas al día recibes de ella? ¿Piensas seguir mintiendo? ¿A caso no eres un hombre?
– No tienes caso seguir mintiendo, nuestro matrimonio nunca funcionó, si permanecí a tu lado fue porque me amarraste.
– ¿Yo te amarré? eres un estúpido, ¿Y dime al menos ella es mejor que yo?
– Claro que me amarraste, cuando me dijiste que estabas embarazada, qué más podía hacer… y si fui un estúpido por soportarte tantos años, pero ahora la tengo a ella.
– Crees que ella no se va a cansar de ti, algún día lo hará, como tu hoy te cansaste de mí.
– Ella es una mujer completa, no como tú, solo me sirves para lavar y para cocinar, además, mientras yo tengas dinero ella no se cansara de mí, ¡ella me ama!
– Maldito bastardo ¡CALLATE!
…
– Ese día, durante esa discusión, mi padre renegó mi existencia, permaneció a lado de mi madre por una hija no planeada, no deseada, después de unos meses ellos se divorciaron, mi padre recogió sus cosas y desde aquel día no he sabido nada de él, después de eso los gritos por fin se fueron, en lugar de todos aquellos gritos quedo un completo silencio iracundo y penetrante, un silencio que lastimaba día a día, mi madre cayó en una fuerte depresión, dejo de comer, no salía de su habitación, lucia demasiado descuidada, yo ya no sabía que más hacer por ella, le llevaba la comida hasta su dormitorio, casi tenía que alimentarla en la boca, fue entonces que tome una decisión, estar sola, para no ser lastimada, no estar cerca de nadie, para no ser traicionada, tome la decisión de vivir solo para mí, y tome la decisión de ...¡NO AMAR!
– Cortaste con tu único novio después de eso, y hasta ahora estas sola ¿Es así? – La mirada impasible de la elegante mujer parecía no perturbarse con nada, ni la tormentosa historia relatada por Kagome ni su decisión ferviente de no amar jamás.
– Así es, a unos pocos días del divorcio de mis padres, Koga me dijo que me amaba, que él se casaría conmigo, pero mi decisión ya había sido tomada, así que le dije que no lo amaba lo suficiente, le dije que nunca me casaría con él, así que él se marchó de mi vida también.
– ¿Mi hijo te dijo algo más después de que le contaste esto?
– Creí que con decirle esto, le quedaría claro que mi respuesta era no, pero sin embargo él, dijo que tenía que irse, me dijo que tenía asuntos que atender con su padre, pero que el volvería por una respuesta y se marchó.
– Kagome cuando te sucedió todo esto tú eras una adolescente tenías alrededor de 11 o 12 años supongo ¿No es así?
– Si así es tenía 12 años.
– Ok mira, yo entiendo tu historia y si es triste lo que te sucedió, pero eras una adolescente, creo que fue más fácil para ti razonar lo que sucedía en ese momento, déjame contarte una historia.
Kagome miró fijamente a Izayoi, quería escuchar atenta la historia que tenía para ella.
– Hace 18 años un hombre estaba casado con una mujer, que resultó ser muy ambiciosa, era una mujer hermosa, eso no se podía negar, pero no tenía escrúpulos, un día ellos decidieron separarse, el sentía que la amaba, estaba tan acostumbrado a someterse a los caprichos de ella, pero para ella el solo era un juguete, él era su caja fuerte, esa pareja tuvo un hijo, un hermoso niño, el padre quería a su primogénito, pero Irasue no permitía que el hombre viera a su pequeño.
– ¿Irasue?
– Sí, ese era el nombre de ella, le exigía dinero al hombre para solventar sus gastos y los de su hijo, un día ese hombre conoció a una mujer, ella y su familia atravesaban por fuertes problemas económicos, parecería que sería fácil conquistar a un hombre rico y solucionar sus problemas, pero no fue así, porque ellos dos verdaderamente se enamoraron, él le conto a aquella mujer sobre Irasue, y sobre su pequeño hijo, ya había pasado más de un año, un año en que el padre solo podía ver a su pequeño por un par de horas... y así fueron los 3 años que siguieron, el niño ya había cumplido 4 años y era un niño muy inteligente, el entendía todo.
…
– Irasue, déjame llevar a mi hijo, ni siquiera te importa, siempre lo está cuidando la gente del servicio.
– Crees que dejaría que te lleves a mi minita de oro.
– Como puedes expresarte así, es también tu hijo.
– Ya sé que es mi hijo y por eso quiero que esté a mi lado.
– Por favor Irasue no seas falsa.
– Que estas insinuando querido... Que no me importa mi hijo, no seas tan cruel.
– Irasue entrégame a mi hijo.
– ¿Cuánto estarías dispuesto a pagarme por él?
…
– ¿Esa mujer estaba vendiendo a su propio hijo?
– Así es Kagome, Irasue estaba vendiendo a su propio hijo, un pequeño de 4 años, un pequeño que no tenía malicia, un pequeño que parecía no entender lo que sucedía a su alrededor, pero sabes algo Kagome, ese niño escucho esa conversación.
Las lágrimas en los ojos de Kagome comenzaron a brotar sin que ella pudiera controlarlas, ella nunca se había puesto a pensar que podían haber historias más crueles, que la que ella había vivido.
– ¿Y qué paso con ese pequeño? – Kagome cuestionó, con algunas lágrimas en los ojos.
– Irasue insistió en ponerle precio al pequeño, así que él estuvo dispuesto a pagar…
…
– Irasue entrégame a mi hijo.
– Cuanto estarías dispuesto a pagarme por él.
– ¿Qué demonios estás diciendo? ¿Cómo que cuanto pagaría por él? es acaso que pretendes venderme a nuestro propio hijo.
– Querido, si a ti te interesa el bienestar de él, solo tienes que darme una cifra, eso es todo lo que pido.
El pequeño se encontraba escondido detrás de la puerta, unas lagrimillas se escapaban de sus pequeños ojitos inocentes.
– Dime ¿Cuánto quieres Irasue? te daré lo que me pidas por mi hijo.
– Ya nos estamos entendiendo más querido, así me gusta, solo quiero lo que me merezco, para empezar quiero que esta mansión sea mía, así que te llevaras a ese niño de aquí.
– Como puedes hablar de esa manera de él es tu hijo, con qué clase de monstruo me case.
– Por favor querido, no me vengas con eso ahora, ya estas divorciado de mí, y estas con una mojigata, estas con alguien que se hace la santa, ella te dijo que vinieras por el niño ¿no es así?, no le basta con el hijo que acaba de parir.
– Cállate Irasue, por dios cállate, el niño te puede escuchar.
– Y cuál sería el problema, el tendrá un hermanito, vivirá con su padre, y yo por fin tendré el dinero suficiente para darme la vida que deseo, así que, quiero un millón de dólares por él.
– ¿Qué? ¿Un millón? A caso estás loca, de donde demonios sacare tanto dinero.
– Por favor querido, no te hagas el miserable ahora, yo sé que eso no es nada para ti, y dime si tu hijo no lo vale
– Está bien Irasue, te daré un cheque por esa cantidad, pero ahora entrégamelo.
– Ok, ordenaré que te entreguen todas sus cosas, yo tengo que organizarme para un viaje que hare, adiós querido.
…
– ¿Ese hombre pagó un millón de dólares por su hijo?, entonces el sí amaba a su hijo.
– Sí, Kagome… Él sí amaba a su hijo a diferencia de ella, cuando ese niño llego a su nuevo hogar no confiaba en nadie, mucho menos en la nueva esposa de su padre, ese pequeño se la pasaba escondido en los rincones, o debajo de un gran árbol, absorto en sus lecturas, a veces comía, a veces no ¿Crees que el merecía algo así? ¿Crees que por lo que le sucedió el debía alejarse siendo solo un pequeño?
– Él era muy pequeño señora, parecería algo fácil que el olvidara su pasado, pero no fue así, y su padre lo amaba, la esposa de su padre no sé cómo sería.
– Ella había dado a luz a un bebé, era el segundo hijo de aquel hombre, pero él no marco distinción entre ellos, para él los dos eran sus adorados hijitos, y para ella tampoco había diferencia, a pesar de que ella no había sido quien lo llevo durante nueve meses en su vientre, ella quería darle mucho amor, quería cuidarlo y protegerlo, pero él se alejaba, el no permitía que traspasaran su barrera.
– Y entonces ¿Como le hicieron?
– Un hombre maduro, trabajador de la familia corría tras el pequeño, cuando se perdía en la casa, el hombre se daba a la tarea de buscarlo, ese hombre se encariño mucho con el pequeño, y el niño parecía haberse acostumbrado a la presencia de él hombre.
– Y su padre, y la mujer de su padre ¿cómo se acercaron a él?
– Poco a poco y con él paso del tiempo, el comenzó a acercarse, no era un acercamiento común, pero al menos se sentaba en la mesa cuando sus padres estaban comiendo, y no se alejaba tanto, aún recuerdo la primera vez que ese pequeño me llamo mamá.
Esas palabras cargadas de sentimiento y acompañadas por lágrimas de Izayoi, hicieron que Kagome abriera los ojos como platos. Kagome miraba a Izayoi, la sorpresa que sus ojos mostraban era evidente.
– U...usted...Usted está diciendo que... – Los ojos de Kagome se estaban llenando muy rápidamente por lágrimas.
– Así es Kagome, la historia que te conté es la historia de mi hijo Sesshomaru, yo soy su madre adoptiva, Irasue era su madre, me tomaron 3 años de luchas constantes en los que no me rendí, para que pudiera escuchar a mi pequeño Sesshomaru llamarme mamá.
CONTINUARÁ...
Kristhen Love
