CAPÍTULO 36: UN REGRESO DIFERENTE AL PLANEADO
N/A: ¡Hola, amigas! Espero que hayan pasado un buen fin de semana. ¡Vaya que tuvo éxito el capi anterior! Estoy contenta. Lain, todas nos quedamos con ganas de más, qué va. ¿Krissel, tú ya te has recuperado de la euforia? XD Jiji, con que te gusta la dupla de Conrad y Gontran, ¿eh? Son totalmente dispares, ¿no? O quizás no tanto, Gontran tiene lo suyo, al igual que Erwin. ¡Hecho, el día de la boda todas vamos al One-Eyed Chicken de parranda!
-¡Conmigo!
-¡Cielos! e.e Megumi, lo importante aquí es que él las gane, no yo, soy una mera servidora de Su Majestad. n .n' Es que… no quiero terminar siendo un goblin… : Bueno, Darkalma, estoy segura de que era eso de lo que hablabas, pero, verás, una historia, y una relación en una historia, es como la crema para el pastel, debe estar bien batida. (Sarah es la crema para Jareth y yo me debo enteramente a él para que no me convierta en goblin. n.n Así que no se asusten si algo parece no ir bien, porque a nuestro rey le gusta la crema bien a punto. Y a mí me gusta él, pero, ya ese es otro asunto que no viene al caso. ¡Ah…!) Bueno, de ser sincera, Moonlightgirl yo tampoco le hubiera dejado salir del cuarto. ¡Qué noche de bodas ni qué diablos! ¡No, no, no!ò.ó ¡Señorito, usted se queda a terminar lo que empezó! XD ¡Jaja, qué loca! Sobre Conrad, el Indomable, rebelde, (y agrego) con encanto infantil, vive para gozar a todo mundo, especialmente a Gontran, el atractivo; (agrego nuevamente) muy masculino y contrario a él.
-¿Nombraste a mi amor? ¬.¬
-¡Oh, Alin! No… Bueno… : Sí, pero, no como piensas. Él está vedado so pena de muerte. ò.ó
-¡Cierto! : )
-Bueno, simplemente gracias una vez más, chicas. (Lain; Krissel; Moonlightgirl; Darkalma; Megumi) Y recuerden, la crema, la crema… Sólo manténganse pensando en eso.
CAPÍTULO 36: UN REGRESO DIFERENTE AL PLANEADO.
Los dos días siguientes fueron los mejores. Mañanas llenas de sonrisas y miradas cómplices, tardes de juegos o paseos junto al resto por la residencia y noches de caminatas por el jardín. Ahora, podía vérselos abrazar delante de sus anfitriones; se los podía escuchar bromear entre sí y por primera vez, se los podía oír hablar sobre el venidero festejo con gran ansiedad. Alin se informaba sobre todo lo que hubiera querido saber cuando habían llegado. Entonces, se daba cuenta de que Jareth había puesto al tanto a Sarah en muy corto tiempo sobre los preparativos de los cuales no había estado enterada hasta el momento. Y también se encontraba con algunos baches en dónde él le había asegurado que eran 'sorpresa.' Sir Erwin se sentía muy feliz por su sobrino; de seguro, de ahora en más, su reino prosperaría más de lo que ya lo había hecho. Y sonrió pensando que sólo le quedaba uno de sus pichones por encauzar; estudió a su primogénito discutiendo con Sir Medardo.
Finalmente, llegó la última noche allí, a la mañana siguiente partirían temprano. Los criados ya había seleccionado los atuendos que usarían durante el viaje el rey y su prometida y guardado el resto.
-¡Oh, voy a extrañarlos mucho!- clamó Alin.
-Yo también.- sonrió Sarah. -Yo… quiero agradecerles por toda su generosidad y… ayuda.
-Eres muy bienvenida, Sarah.- le sonrió Erwin. -Y, pronto serás parte de la familia, de manera oficial. Porque, por afectos, ya lo eres. Y agradecemos que no hayas huido como el resto.- bromeó.
-¡¿Por qué dice eso?! ¡Usted tiene una maravillosa familia, y un bellísimo hogar! No puedo imaginarme a alguien huyendo de todo esto o de ustedes.
-Bueno, eso es hasta que conocen a Conrad.- siseó Alin y éste le hizo un gesto despectivo. Medardo suspiró. ¡Imposible!
-Su Majestad, en verdad me alegro mucho de que usted haya encontrado a ésta magnífica mujer. Y nuevamente, les deseo todo lo mejor para ésta nueva vida que emprenderán juntos.
-Gracias, Sir Medardo.- le sonrió.
-Bueno, jóvenes.- Sir Erwin se puso de pie. -Suponiendo que hoy irán a dormir temprano no haremos más larga ésta sobremesa. Estoy seguro que querrán dar un último paseo por los jardines.- sonrió.
-Eso sería encantador.- Jareth observó a Sarah a quién se le dibujó una sonrisa. -¿My Lady?- la instó a ponerse de pie junto a él ofreciéndole su brazo. Sir Medardo se los quedó viendo complacido.
-¿Usted ve, joven Conrad? Ojala fuera la cuarta parte de caballero que es Su Majestad.- la respuesta del joven fey fue una irrespetuosa carcajada.
-¡Por las barbas que no tengo!- se mofó palmeando la mesa ante sus desconcertados compañeros. Su padre se pasó una mano por el rostro y dejando ésta sobre sus labios se lo quedó viendo. ¿Eternamente sería así? ¿Alguna vez maduraría?
-¡Sir Conrad, está hablando de Su Majestad!- le retó el pobre tutor.
-Sí, de Jareth.- afirmó despreocupadamente llevándose una manzana a la boca y mirando al resto con una satisfecha sonrisa.
-Al menos, agradezcamos que… mi hermano tuvo un heredero y que por ende, el reino no quedará en manos de él.- suspiró su padre.
-Sí, muy cierto.- concluyó Gontran.
En el jardín, Jareth y Sarah permanecían sentados en la misma hamaca en la que, hacía tres días atrás, Sarah había revelado sin querer que gustaba de Jareth para luego huir hacia el establo. Él estaba recostado sobre el brazo de la misma, un brazo alrededor de la cintura de la chica y el otro sobre sus hombros de manera posesiva. Ella tenía apoyada su espalda en su pecho, su castaña cabeza debajo de su barbilla y en sus manos un cristal en dónde podía ver a su pequeño hermano, ahora convertido en un revoltoso chiquillo rubio. ¡Para ella sólo había pasado casi un mes, y él ya casi tenía tres años! Ciertamente, el tiempo en el Underground era muchísimo más lento.
-¿Entonces, a eso te referías?- sonrió viendo a la orbe. -¿Si él llegara a estar ante algún peligro inminente tú lo traerías al Underground?
-Así es.- él observó al niño en la esfera. -Él me gusta. Es inteligente, simpático y por cierto bien parecido. Por eso lo había nombrado mi heredero.- Sarah rió.
-Una gran muestra de humildad de tu parte.- él sonrió dejando ver sus puntiagudos dientes. -¿Y por qué no me dijiste antes? ¿Por qué dejaste que pensara…?
-Porque nunca me diste oportunidad, Sarah. Tú… no querías escuchar nada de lo que yo dijera, y si lo hacías, nunca creías en mí.
-Lo siento tanto…- elevó su mirada hacia él. -Todo.- él la observó con sorpresa.
-¿Qué significa 'todo'?
-Que te estoy pidiendo disculpas aún desde lo que ocurrió en mi primer viaje. Tú… en verdad fuiste generoso y yo… era muy tonta como para comprenderlo. Y…, aún hay cosas que no comprendo, sólo que… ahora lucho contra mi terquedad, antes era contra ti.
-Tú no eres tonta. Eras… y eres demasiado joven. Y…, yo debí haberlo previsto. Pero, temo que también soy… terco. Eso será un problema a lo largo de nuestras vidas.- rió.
-¿Entonces, no te molestarás cuando yo me enoje?- tanteó divertida.
-¡Por supuesto que sí! ¡Especialmente cuando no entienda o no crea que exista motivo para hacerlo!- volvió a reír.
-Entonces, seguiremos siendo enemigos.- combino ella.
-¡Oh, sí! Pero…,- se acercó a su oído -por las noches, mi conejita, firmaremos acuerdos de paz.- ella lo miró risueña.
-¿O tregua?
-O tregua.- besó su nariz y ella rió tontamente. En un momento, tras disfrutar la mutua compañía, ella tomó la mano que circundaba su cintura para jugar con ella. Él la observó con intriga. ¿Qué estaría pasando por esa cabecita? La presionó más contra sí y se bamboleó junto con ella. -En seis días, quince horas, tú serás mía.- Ella volteó incrédula.
-¡Algo como eso le dijiste a Toby el primer día!- él sonrió con fingida inocencia.
-¿Yo? ¿Cuándo?
-¡Jareth, yo no estaba allí, pero podía oírte!
-¿No me digas? ¡Ay!- clamó cuando ella pellizcó su brazo a través de la delgada camisa. -¡De acuerdo, de acuerdo! Sí, lo dije. Y…, sí, la idea era que me escucharas.
-Malvado.
-Pero, te gustaba.- sonrió ladino y ella no pudo más que reír. Y se frotó la faz con ambas manos echando su cabeza hacia atrás.
-¡Todo éste tiempo divirtiéndote a mi costa!- murmuró.
-Sí. Y todo el que sigue también.- continuó con picardía.
-Insoportable.
-Pero, encantador.
-¡Cállate!- rió aún con la cabeza en la misma pose, ya sin cubrir.
-¡Tú cállate!- se apoderó de sus labios.
Ya todo estaba dentro del carruaje, y las despedidas terminadas. Las dos muchachas se abrazaron con fuerza.
-En tan sólo días volveremos a vernos.- sonrió Alin y se separó para verla con orgullo. -Mi futura Reina.
-¡Oh, no vayas a empezar con eso! Quiero que al menos ustedes me llamen por mi nombre. Temo que me volveré loca cuando todos empiecen con eso de Su Majestad, Su Alteza. Ya bastante tengo con 'My Lady.'
-De acuerdo.- rió la fey dejándola ir hacia su prometido que la aguardaba junto a la puerta del vehículo.
-Les avisaré ni bien arribemos.- Jareth informó a su tío.
-Sí, por favor. Y tengan cuidado.
-No hay problema; aquí están mis mejores hombres.- palmeó a Scary en la espalda que aguardaba a que él ascendiera para cerrar la portezuela. -Arriba, mi chiquitita.- la ayudó a ubicarse en el interior.
-Gracias, mi… Rey Goblin.- le correspondió con una sonrisa. Él la besó veloz.
-No empieces a provocarme, conejita.- le advirtió divertido.
-¡Oye, Jareth!- Conrad exclamó en tanto corría, por lo que éste volteó a verle. -¡Espera, tengo algo para ustedes!- les dijo y le extendió un enorme frasco con miel que el monarca tomó. Sarah rió con franqueza.
-Gracias, Conrad.- masculló Jareth. -Muy lindo gesto de tu parte.
-De nada, primo.
-Por favor, Scary, ponlo en el posterior.
-Sí, Su Majestad.- el goblin de inmediato se hizo del frasco rogando para sí que al llegar no lo descubrieran los goblins más pequeños. ¡Se volvían locos por las cosas dulces y al comerlas era el caos por doquier, entraban en una hiperactividad difícil de tolerar! -Lo cubriré para que no lo vean.
-Sí, hazlo. Muy bien…, sólo…- de repente, cerró los ojos y se presionó el tabique de la nariz. Sarah lo miró preocupada. -¡Cielos! ¡No justo ahora!- desapareció.
-¡¿Jareth?!- clamó Sarah alarmada. -¡¿Jareth?!- Conrad la atajó para que no saliera del carruaje. -¡Déjame! ¡¿Dónde está Jareth?!
-Él está bien, Sarah. Tranquila.- le sonrió tratando de calmarla.
-¡¿Cómo que está bien?! ¡Desapareció y parecía estar sufriendo!
-Él ha recibido un llamado.- le explicó Erwin.
-¿Un llamado?
-Sí; alguien deseó entregarle un niño. Ése es su trabajo, Sarah.
-¿Su trabajo? Yo… creí que sólo lo hizo por Toby o… por mí.
-Ustedes dos fueron un caso especial.- Erwin sonrió comprensivo. -Pero, como Rey Goblin, debe hacerse cargo de los niños que no son deseados en el Aboveground.
-¿Por qué no me llevó con él?- se mostró dolida. Erwin se dominó para no reír. ¡Ésta juventud! Primero no se podían ni ver y luego se adoraban.
-Porque no va al castillo. Cuando alguien lo convoca, automáticamente se traslada ante dicha persona.
-¡Oh!- clamó sintiéndose algo tonta. -¿Y…, ahora qué hago?
-My Lady,- se entrometió Scary -debemos regresar al castillo. En tan sólo doce horas Su Majestad habrá resuelto el caso, y estoy seguro de que estará agradecido al verla allí sana y salva.
-De acuerdo.- dijo ella tratando de ser razonable.
-Espera, mi niña; iré contigo. Una dama no debe viajar sola. ¿Aceptas mi amparo como si fuera un padre?- le sonrió.
-Será un placer, Sir Erwin.- le correspondió.
-¿Por qué no mejor tío Erwin?- ella rió agradecida.
-De acuerdo, Tío Erwin.
-¡Gontran, hazte cargo! ¡Y tú, muchacho, más te vale que al retornar no reciba ni una sola queja! ¡¿Comprendido?!
-Sí, papi.- arrojó un beso al aire y le sonrió con desvergüenza. Gontran lo espió de reojo, en tanto, Erwin subía al carruaje.
-Ésta vez lo golpearé si no obedece.- murmuró Gontran entre dientes a su esposa, la cual rió.
Durante el viaje, Sarah pudo conocer un poco más de su futuro esposo gracias a Erwin. Lo mucho que debió haber sufrido con sus padres revoloteando alrededor sin prestarle demasiada atención salvo cuando debían hablar sobre él ante otros, como si fuera un bien más de su reino. Que cuando llegó a manos de Erwin tenía su edad y que hasta los dieciocho vivió con él para finalmente hacerse absolutamente cargo de sus deberes. Y se alegró de saber que ante cualquier cosa pudo contar con el apoyo de su tío. Se enteró también de que al poco tiempo de adquirir el poder absoluto, algunos parientes habían cuestionado sus capacidades y habían urdido un plan para derrocarlo, mas, con su tío de su lado y con los goblins ya a su favor consiguió destruir sus proyectos. Pues, nadie contaba con que el muchacho se ganaría lo que ningún monarca del reino antes, el incondicional apoyo de los goblins, pues, tal parecía, éstos ya le guardaban simpatía desde niño.
-¿Y…, antes de que fuera a vivir con usted no se hablaban?- Erwin suspiró.
-Mi hermano y yo no éramos muy… unidos. Nuestro padre lo prefería a él porque era su primogénito y por lo tanto heredero. Cuando se casó con mi madre… Sí.- sonrió ante su expresión de asombro. -Mi padre tuvo dos esposas; la abuela de Jareth falleció durante un parto prematuro. Si alguna vez llegas a quedar en cinta no hagas esfuerzos inútiles y nunca vayas a cabalgar.
-¿Entonces…, cuántos años le llevaba su hermano? Si… no me equivoco, cuando Jareth nació usted tenía trece años. Humanos, quiero decir.
-Exacto.- sonrió él. -Y todavía vivía en el castillo. Mi hermano ya era el rey. Ilhan era doce años mayor que yo; eso… no ayudó mucho a nuestra relación. Yo siempre fui el 'comedido' para él y el 'posible usurpador del trono' para todo su círculo. Nuestro padre no era mejor que él como tal. La diferencia es que yo siempre tuve una madre amorosa, demasiado delicada para… la crueldad de mi padre…- su mirada pareció entristecerse.
-¿Ella…?- su voz quitó al hombre de sus pensamientos.
-¡Oh, no! Ella está viva, pero, se ha vuelto muy temerosa.
-¿Él… la golpeaba?
-No. Cuando se cansó simplemente la ignoró. Esa es la mayor crueldad para alguien muy devoto a los afectos. Supongo que Ilhan no era tan malvado pese a su frialdad con su hijo, pues, amaba a su esposa y ésta a él.
-Ahora veo que ninguno de ustedes ha llevado una vida fácil.- comentó ella pensando que la suya parecía pequeña. "Trataré de compensarte, Jareth. Trataré de llenar todos esos vacíos." Suspiró. -¿Entonces, todos los Reyes Goblins se han encargado de los niños que no son queridos en el Aboveground?
-En teoría. Hubo quienes se hicieron cargo con gran dedicación, como Jareth; otros que sólo ocasionalmente, si no estaban ocupados o borrachos; y hubo quienes directamente dejaban dicha tarea a los goblins, y éstos hacían cuanto podían. No sé si habrás notado lo mucho que los goblins disfrutan de la compañía de los niños y éstos la de ellos.
-Sí.- sonrió recordando a su hermano. -Toby parecía pasarla muy bien aquí.
-Hablando de eso, Sarah…, sé que… te enfadaste con Jareth porque insinuó que quizás Toby regresaría…
-Sí, pero…, ya me explicó todo. Y…, ya le pedí disculpas.- Erwin sonrió contento. ¡Perfecto!
-Sólo deseo que siempre recuerdes que él es un buen hombre aunque a veces deba jugar o se muestre como un verdadero villano. Temo que… eso es parte de lo que le enseñé.- le volvió a sonreír como si estuviera hablando de sí mismo. -Muchas veces la corte no es el lugar más encantador, como algún día te darás cuenta. Entonces, debes mostrarte orgulloso, frío y peligroso. De ésta manera te temerán y evitarán meterse contigo y con los tuyos. Algún día verás hasta cómo mis hijos cambian ante éstas… nobles gentes. El cinismo es una buena herramienta contra ellos. Estoy seguro de que Jareth evitará hacerte rozar demasiado con ellos, pero, alguna vez deberás paliar con la situación. Entonces, recuerda nuestra charla y cómo es Jareth cuando pensabas tan mal de él.
-Lo haré. Gracias.- le agradeció.
Cuando llegaron a Goblin City, ella pudo notar el alboroto entre los goblins, por lo que Erwin le recordó que todavía no habían pasado las doce horas que se le daban al corredor del laberinto; pues, sólo a ella Jareth le concedió trece. Eso viéndolo del punto de vista antes del túnel y su gran bocota.
-Bienvenida, My Lady.- los goblins de la entrada le saludaron. -Su Alteza.
-Gracias.- respondió Sarah. -¿Dónde se encuentra Su Majestad?
-En la sala del trono, My Lady. Pero…, está ocupado.- el goblin pareció algo nervioso.
-Sí, lo sé. Alguien lo convocó y está corriendo el laberinto.
-¡Oh, Lady Sarah!- clamó Twig ni bien la vio. -¡Qué alegría!- fue hacia ella y se inclinó ante Erwin. -Su Alteza.
-Buenas tardes, Twig.- le sonrió afable.
-Buenas tardes. Por favor, vamos a su cuarto, le prepararé un baño y le asignaré un cuarto a usted, My Lord.
-Bueno, supongo que puedo quedarme hasta mañana.- convino.
-Pero…, yo quiero ver a Jareth.- se quejó Sarah, y Twig abrió sus ojos al oír cómo se había dirigido al monarca. ¿No más 'Rey Goblin.'? ¡Vaya, vaya! Rió para sus adentros.
-My Lady, con más razón sería bueno que usted se refrescara y bajara ya cambiada a verlo. En tanto, él casi habrá terminado con su tarea.
-Ella tiene razón.- recalcó Erwin estudiando al goblin que había impedido que Sarah ingresara a la sala del trono.
-Ésta bien.- suspiró rendida. -Sólo deseaba ver si se encontraba bien. Me preocupó mucho cuando desapareció.
-¡Oh, My Lady, usted es tan linda! Venga conmigo, la pondré más hermosa de lo que es para ver a Su Majestad.
-De acuerdo.
-Vayan, yo… subiré dentro de un momento. No te preocupes por mí, Twig.
-Bien, cualquier cosa, encontrará a Brisky en la cocina dirigiendo a todos como de costumbre.- se retiró con la muchacha.
-Bien.- esperó a perderlas de vista escaleras arriba y entonces, se dirigió hacia el goblin que llamó su atención. -Muy bien, ahora estamos solos. Además del niño indeseado por los del Aboveground, ¿quién más está con el rey?- el soldado observó las escaleras con temor a ser oído.
-Esa mujer, Su Alteza.
-¿Cuál mujer?- increpó intrigado.
-La Condesa Lilith.- susurró.
-¡¿Qué?! ¡¿Y qué diablos quiere esa mujer aquí?!
-Nadie sabe. Vino aquí y prácticamente se adueñó del castillo. Todos estábamos aguardando con ansias el regreso de Su Majestad.
-¡Ya mismo iré a donde el rey! ¡Esa mujer sólo traerá problemas!
-Jareth, querido.- sonrió la mujer de extenso cabello azabache y oscuros ojos. Su vestido negro era lujurioso, parecía estar pegado a su piel marcando cada movimiento de sus músculos, por más pequeños que fueran éstos. El género era tan delgado que dejaba poco a la imaginación, y la ropa interior era tan escandalosa como toda ella. -¿Por qué estás tan inquieto?
-¡Lilith, estoy en medio de mi trabajo, así que por favor, vete a tu cuarto o a dónde quieras! ¡Ya bastante tengo con verte aquí sin invitación!- espetó furioso desde su trono.
-Oh, vamos, Jareth.- sonrió seductora. -¿Acaso es así cómo me pagas por mis… antiguos servicios? Yo no soy una simple cortesana. A mí no puedes echarme a una de tus tantas propiedades como si fuera… basura.
-Lilith, por última vez te lo pido, vete antes de que te saque a la fuerza. No olvides que más allá de lo que alguna vez hubo entre nosotros, soy un rey. Y dirígete a mí como tal.
-Seguro.- dijo asomándose a la ventana viendo la muchacha saliendo del carruaje ayudada por Sir Erwin. -De hecho, he venido ha felicitarte y a desearte prosperidad y todo lo demás. Y…,- sus labios dibujaron una macabra sonrisa echando provocativamente su trasero hacia atrás para que el monarca tuviera una buena vista de éste -a ofrecerte consuelo mientras… aguardas a tu pequeña niña.- Jareth la observó gravemente. Estaba seguro de que Sarah se enfadaría ni bien supiera de la presencia de su antigua amante. Debido a su título había tenido que invitarla a la boda, como a otros tantos, pero, eso no significaba que le hubiera insinuado que necesitaba de sus servicios.
-Sarah no es ninguna pequeña niña, Lilith. Es mi prometida y me corresponde. Y no necesito ningún 'consuelo' en tanto ella esté a mi lado.
-¿Y…, por eso estás tan susceptible?- giró para verle con apasionada mirada.
-Lilith, faltan seis días para mi boda. ¿Por qué no regresas a tus oscuras tierras fuera de Labyrinth y regresas para ese entonces? Tanto mi futura esposa como yo estaremos demasiado atareados con los preparativos y demás como para… disfrutar de tu agradable compañía.- la mujer rió.
-¡Oh, cariño! ¡Veo que nada ha cambiado tu sarcástico humor!- se encaminó hacia él contoneando su figura. -Eso me excita…
-¡Lady Lilith, si va a permanecer en mi castillo con éste tipo de intenciones, le recomiendo que se retire ya mismo de mi reino!- se puso de pie.
-Jareth…, no seas así. ¿Cómo puedes ser tan frío? ¿No entiendes que te he extrañado? ¿Cuánto ha pasado? ¿Seis meses? Recuerdo que solías viajar mucho hacia el Aboveground; antes de esa muchachita, yo era lo que más amabas.- siguió avanzando.
-Yo nunca te amé, Lilith…- De repente, las puertas se abrieron dejando ver a un Erwin bastante molesto.
-Su Majestad.- saludó a su sobrino según el protocolo y miró con desprecio a la fey. -Lady Lilith, la hacía en su nuevo castillo con su nuevo… hallazgo, el Príncipe Apollon.
-Su Alteza.- Lilith le saludó también bajo las reglas. -También es un placer verlo. Y… Apollon y yo sólo somos amigos.
-¡Oh!- se hizo el sorprendido. -Las malas lenguas, entonces.
-Siempre las hay.- miró a Jareth. -Bueno…, iré a descansar un poco. De repente, está haciendo demasiado calor.
-Hay una excelente fuente con agua fría en el parque para ello, My Lady.- la fey rió ante el comentario del príncipe.
-¿Quién dijo que quiero enfriarme? Adoro quemarme.- pasó una mano por el hombro de Erwin.
-Trataré de no tomar eso literalmente.- advirtió a ésta que sólo volvió a reír para dejarlos a solas. -¡¿Qué diablos hace ésta… mujer aquí?!
-Ya estaba antes de que yo llegara.- su voz sonaba agotada. -¿Dónde está Sarah?
-En su habitación con Twig. Ésta arpía trama algo, Jareth. Estoy seguro.
-Eso me temo. Pensé que sólo tendría que lidiar con ella durante el día de la boda; no antes.
-De hecho, el día de la boda tendrás que lidiar con más de una. Yo que tú… iría preparando a Sarah. Ella no está habituada a la corte. Ella es muy…
-Inocente, lo sé. Y yo no podré estar durante todo el festejo con ella. Allí confío en que ustedes me ayuden.
-Ni lo dudes. Ahora, con respecto a la Condesa…
-No puedo echarla porque sí, tío. Ni siquiera pertenece a mi reino. Y ahora, me vengo a enterar que además anda de 'amigos' con el Príncipe Apollon.
-Bueno, siempre anda tras los hombres casaderos, ya sabes.
-Pues, no creo que le queden muchos más por intentar. ¿Apollon no tiene la edad de Conrad?
-Unos cincuenta años mayor.
-Y ella tiene setecientos setenta y uno. Apuesto a que cuando haya algún infante a punto de tomar la corona ella también irá a por él.
-Jareth, debes hablar con Sarah antes de que ésta mujer lo haga.
-Lo haré, tío. Claro que lo haré. Pero, ahora debo atender a la pequeña que me entregaron hoy. Ahora su madre está perdida con la pandilla salvaje.
-¿Con los fireys? Pobre chica.
-En verdad lo es. La bebé es producto de una violación. Quiero ver qué posibilidades hay de regresarlas a ambas con un vínculo más fuerte que el daño que ha hecho ese hombre o bien que las dos permanezcan como ciudadanas aquí. Ambas necesitan cuidado y atención.
-Entiendo. Bueno, con tu permiso, iré a cambiarme y estaré pendiente de esa… mujer.
-Gracias de nuevo, tío.
-No hay de qué. Por cierto…, no pareciste sorprendido de verme.- el monarca sonrió.
-Estaba seguro de que la acompañarías.- Erwin rió.
-Ya te estás volviendo un viejo zorro como yo.
-Pues, siempre te he prestado atención.
-No siempre.- lo sermoneó con una ceja levantada.
-De acuerdo. Siempre me aconsejaste no ser tan libertino y ahora,- suspiró rendido -estoy pagando por mis pecados. Pero…, era joven y necesitaba de ese tipo de compañías, tío.
-Jareth, yo lo sé mejor que tú. Inevitablemente, la corte influye y… especialmente en un hombre joven. Yo… me recluí a mí mismo y por ende, me he visto poco afectado, pero, recuerdo a tu padre cuando yo apenas era un niño y puedo asegurarte que por lo que he visto y oído, es inevitable caer en esas redes.
-Me alegra que me entiendas, sólo me gustaría que así también lo entienda Sarah. No veo la hora de volver a verla. Ella es mi aire, tío. ¡Y…, estos últimos días han sido los mejores de toda mi existencia!
-Soy testigo. No te preocupes. Estoy seguro de que ella te comprenderá.
-Su Majestad, la muchacha ya salió del bosque.- dio aviso un goblin.
-Muy bien. Envíen a las fairies para engañarla y enviarla de regreso al comienzo.
-Sí, Su Majestad.
-Bueno, Jareth, te dejo terminar y así más pronto podré estar atento a los acontecimientos.- el soberano cabeceó en asentimiento y volvió a sentarse en el trono. En tanto, Sir Erwin desapareció.
-¡Oh, Lady Sarah; por favor, cuénteme cómo les ha ido!- suplicó Twig junto a la bañera donde Sarah Williams estaba sumergida con placidez.
-Bueno, los primeros días…, fueron… algo difíciles.- Twig suspiró descorazonada. -Mas, los que le siguieron…- Sarah sonrió feliz y el brillo volvió a la mirada de la goblin -fueron un sueño. Es como… si aún estuviera viviendo uno.- suspiró y Twig no pudo evitar unir sus manos en un aplauso de júbilo.
-¡Ay, My Lady; lo que yo recé por que ustedes dos se entendieran!- sonrió y Sarah a su vez a ella.
-Supongo que habré sido un dolor de cabeza para todos, especialmente para él.
-¡Claro que no!- rió Twig enjabonándole la cabellera. -Sólo teníamos miedo de que usted no deseara conocerlo tal cual es. Nunca en toda la historia de Labyrinth hemos tenido un rey tan generoso y amable. Claro que tiene sus días, como todos, pero, él es un gran muchacho. Todo el mundo aquí lo ha cuidado, incluso cuando se lo llevaron lejos para pasearlo de casa en casa tratando de darle lo que no tenían. En el único momento que pudimos respirar fue cuando finalmente lo designaron con el Príncipe Erwin. Él también nos frecuentaba cuando niño. Un muchacho muy dulce nuestro príncipe. Pero, él tenía a su madre, en tanto, Su Majestad siempre estaba solo. Muy solo.
-Pero, ustedes siempre estuvieron presentes.- Sarah le sonrió agradecida.
-Sí, pero, no es lo mismo. Un niño…
-Quiere a sus padres.- terminó Sarah relajada. Sí. Había tomado la decisión correcta con Toby. -Bueno. No más soledad para el Rey Goblin.- sonrió cerrando los ojos. -No mientras yo viva.- Twig cubrió sus labios abiertos para ahogar la exclamación de felicidad, en tanto, su mirada se nubló.
-Los dioses la bendigan, My Lady.- fue todo lo que pudo decir pasando una mano por sus ojos. -Usted es todo lo que nuestro Rey necesita. ¡Sabía que tarde o temprano usted se enamoraría de él!- Sarah abrió los ojos. ¿Enamorada? ¿Ella estaba… enamorada? Sonrió ante lo irónico de la idea.
-¿Yo… lo estoy?- cuestionó a la nada con una tonta sonrisa en sus labios.
-¡¿Pues, por qué si no decir todas esas cosas tan bellas, My Lady?!- rió su criada ahora enjuagando su cabellera. Sarah recordó que no estaba sola y miró a Twig.
-Yo… Yo nunca lo he estado, Twig. ¿Cómo te das cuentas? ¿Cómo puedes asegurarte a ti misma de que es así?
-Bueno…, si usted está dispuesta a dar el resto de su vida para compensar a Su Majestad, debería ser más que suficiente. Es como cuando corrió el laberinto por su hermano.- vino con un toallón en sus manos y una cálida sonrisa en su faz. Sarah parecía estar algo amedrentada por la última pieza de su corazón que deseaba acomodarse en su lugar y que su cerebro aún la rebatía, por lo que Twig no agregó más nada ante su desconcertada expresión. -Bueno, My Lady, si en verdad tiene prisa para ver a Su Majestad, le aconsejo que salga de la bañera. ¿Qué vestido preferirá usted lucir?
-¡Oh…! Bueno…, yo…- se sentía como perdida.
-¿Quiere que le dé mi consejo?- la muchacha cabeceó. -Hay un amarillo limón que le asentará a usted de maravilla y… que mantendrá los ojos de Su Majestad sólo en usted.
-Eso suena bien.- sonrió cándida.
-¡Su Majestad, la muchacha está en el oubliette!- avisó una de las hadas.
-¿Cómo llegó allí? No creo que sea el lugar más adecuado para una chica que ha pasado por semejante experiencia.- se lamentó el monarca.
-¿Irá usted a verla, My Lord?
-Por supuesto que no, Scary. Lo que menos necesita esa muchacha es que vaya un hombre allí.- observó el reloj a un costado del trono. -Aún tiene casi dos horas y media. ¿Y la bebé?
-Ella ha empezado a llorar. Ya la nana no sabe qué más hacer.
-Que la traigan ante mí, de inmediato. Veré qué puedo hacer por ella.- En menos de cinco minutos, la goblin encargada de la guardería apareció con la criatura y se la entregó al soberano.
Cuando Sarah ingresó a la sala del trono, se halló con el Rey Goblin sentado en su trono sonriendo cálidamente al bebé en sus brazos, una de sus manos sostenía un cristal donde se veía a la extremadamente joven madre. Sarah sintió cierta aprehensión en una especie de 'deja vu' y en interrumpirlo. Se mordió los labios y dio un paso hacia adelante, por lo que pronto tuvo la atención del monarca.
Jareth la estudió de pies a cabeza y sonrió. No alcanzaban palabras para describirla. El amarillo hacía resaltar su cabello y el escote 'V' simplemente era sugerente y dejaba apenas cubierto los suaves hombros. Las mangas largas se ampliaban a partir de los codos cayendo con gracia, el torso se ajustaba a su cuerpo hasta la altura de la cintura donde la falda caía en un prolijo drapeado.
-Sarah.- le sonrió con afecto. -Ven, cosa preciosa.- La muchacha le correspondió y fue hacia él. Jareth estudió con picardía el tajo que el drapeado escondía y sólo se revelaba al moverse. Hermosa. Entonces, se puso de pie para ir a su encuentro. Cuando al fin estuvieron frente a frente, él descendió su cabeza, en tanto, ella elevó la suya, y unieron sus labios. -Luces muy bella, conejita. Te extrañé.- le confesó él aún con ambas manos ocupadas.
-Cuando desapareciste me preocupé mucho. Yo… no sabía que era así.- pareció excusarse de las veces que ella lo había convocado.
-No te preocupes. Es mi trabajo y… tiene sus recompensas.- la rodeó con el brazo cuya mano tenía el cristal. -Especialmente cuando me llamas tú.- volvió a besarla con más pasión. Sarah rió cuando la pequeña entre ellos chilló.
-¿Ocupado?- Jareth sonrió.
-Ella es Anna y ésta…- le mostró el cristal.
-¿Es su hermana?- cuestionó Sarah al ver a la morena niña de unos doce o trece años.
-No.- su voz sonó apagada. -Ella es Lucia, su madre.
-¡¿Qué?!- lo observó espantada. -¡Pero, ella es más joven que yo!
-Sí. Ella tiene trece años apenas cumplidos. Fue víctima de un abuso.- Sarah pudo advertir la pena en el tono y la mirada del fey. -Anna es la prueba.- suspiró.
-¿Y…, qué piensas hacer? Si ella está tratando de resolver tu laberinto es porque quiere a su niña.
-Lo sé. Pero, ella también es una niña. Sólo… mírala. No puedo dejarlas desamparadas y… a ese hombre sin un castigo.
-¿Ese es tu trabajo?- cuestionó curiosa.
-No siempre. Todos los niños que pisan Labyrinth son mi responsabilidad.- le sonrió afectuosamente desvaneciendo la esfera. Sarah dejó escapar una triste sonrisa.
-¿Por qué… dejaste que yo creyera que eras un villano?
-Porque esa era tu aventura. Y…, cuando quise ponerle fin a esa imagen…- exhaló un suspiro recordando lo mal que había manejado la situación. -Supongo que interpreto muy bien ese papel.- Sarah se mordió los labios y lo abrazó cuidando de no molestar a la niña. Su brazo cubierto de blanca seda rodeó su cintura.
-No del todo.- elevó su rostro para verle y él la miro divertido y con un dejo de haber sido desairado.
-¿Cómo es eso?- exigió.
-Como villano resultas ser muy generoso. Sólo que no lo supe entonces.- recostó nuevamente su cabeza en su pecho.
-Hablando de generosidad…; sobre tu perro… ¿podrías aguardar a que termine con Lucia y Anna?
-Seguro. ¿Puedo ayudar?
-¿No te molestará volver a ser niñera?- inquirió divertido. Ella giró los ojos.
-Si voy a casarme con el Rey Goblin mejor que me acostumbre, ¿no es así?- él rió, mientras, ella tomaba a la ahora dormida Anna entre sus brazos.
-Y eso que todavía no has visto nada. Sólo… aguárdame aquí, debo aparecer frente a Lucia y quizás, llegue a un acuerdo con ella, si no… deberemos esperar a que se termine su tiempo.
-De acuerdo. Anna y yo te esperaremos aquí.- él volvió a darle un beso.
-Espero que Lucia no sea tan cabezadura como tú.- se mofó. Y desapareció antes de que ella pudiera replicarle.
-¡Tramposo!- se dirigió a la ventana para admirar su futuro reino.
Lucía estaba en el Ballroom, vestida con elegancia en color rosa, pero, como la niña que era. Su negro cabello contrastaba con su atuendo y su tostada piel. Sus oscuros ojos mostraban todos sus temores. Jareth pudo advertir lo incómoda que se sentía cuando algún hombre se le acercaba. Esperaba no ocasionarle el mismo efecto; ya bastante se había asustado cuando apareció para quitarle el bebé.
-Lucia.- la nombró con suavidad cuando se presentó frente a ella con una suave inclinación. -Bienvenida a mi reino.
-Por favor…- rogó. -No me haga daño…, yo… sólo quiero a mi bebé.
-Lo sé. No me temas. ¿Me concederías ésta pieza para poder hablar sobre ello?- la chica se encogió más contra la pared. Jareth suspiró. -Lucia, no voy a lastimarte ni a ti ni a Anna. Sólo quiero ayudar.
-¿Por qué?- sus ojos se llenaron de lágrimas. La vida le había enseñado a que nadie era compasivo.
-Porque yo soy el Rey Goblin.- sonrió con calidez y extendió su mano hacia ella. -¿Prefieres sentarte a tomar algo?- Ella seguía desconfiada. -Lucia, mi novia me está esperando en mi castillo. Yo sólo quiero estar junto a ella y si no hablamos más larga será la espera.- La muchachita lentamente extendió su temblorosa mano hasta ubicarla sobre la enguantada del fey. Jareth fue en extremo delicado para no sobresaltarla y la guió hacia una mesa donde ordenó un café para él y una chocolatada para ella.
-¿Chocolatada, Su Majestad?- cuestionó el criado con asombro ante la citación de una bebida del Aboveground.
-Sí, chocolatada. Eh…, mejor trae dos y suspende el café.
-Como ordene, Su Alteza.- Lucia observaba incrédula. ¿Quién era éste hombre que le había parecido tan demoníaco al principio y ahora lucía como un ángel? Él resplandecía como uno.
-Lucia, yo… sé todo lo que has sufrido. También comprendo el por qué deseaste entregarme a Anna. Ahora, quiero ayudarlas y puedo hacerlo. ¿Tú quieres mucho a tu hija?
-Sí. Pero…, a veces me duele.- secó una lágrima de su infantil mejilla. Y seguidamente apareció una mano con un fino pañuelo delante de ella. -Gracias…, Su Majestad.
-No es nada.- su voz era suave y calma. -¿Entonces…, tú deseas quedarte con ella?
-Ella es mi bebé.
-Y tú aún eres una niña.- sonrió con dulzura e hizo una pausa para que el criado les sirviera su pedido y se retirara. -¿Te gustaría que alguien cuide de ambas, Lucía? ¿Alguien que te ayude a crecer y te ayude a criar a tu bebé?
-No existe nadie así.- se entristeció la chica. -A nadie le importa.
-Oye, pequeña, no me ofendas.- sermoneó sin ser demasiado grave. -Lo que yo te ofrezco es permanecer con una familia que las aceptará a ambas y velarán por ustedes. No es una adopción, pero, casi. Tú tendrás que trabajar para ellos después de recuperarte un poco, mas, te garantizo que ambas recibirán un excelente y cálido trato. Si no, es tener que separarte de Anna. Ella sería adoptada rápidamente; las mujeres de mi raza no son muy fértiles y siempre hay buenas familias en busca de niños tan pequeños. A ti no puedo ofrecerte lo mismo, debido a tu edad.
-¿Y…, si ambas vamos con ésta familia…, podré cuidarla? ¿Ella seguiría siendo mi bebé?
-Claro que sí.- sonrió.
-¿Usted… conoce bien a esas personas…? Quiero decir…, allí… nadie me haría… algo malo?
-Nunca, mi niña. Y sí, los conozco muy bien. De hecho, si vas con ellos me verás junto a mi prometida de tanto en tanto. ¿Qué decides?
-¿En ésta familia…?
-Sí. Hay hombres como yo; y también una bella dama. Y ninguno de ellos se atrevería a perjudicarte a ti o la pequeña Anna. Al contrario, las protegerán. Te doy mi palabra.- la muchacha pareció analizar concienzudamente, en tanto, Jareth bebía de su vaso con cierto asombro. Él jamás había probado semejante cosa. Nada mal.
-Si… no me gusta…
-Si no te sientes cómoda, entonces, podrás vivir en mi castillo. A Sarah le agradaría mucho.
-¿Sarah es su futura esposa?
-Sí, ella es humana como tú.- La muchachita pareció meditarlo. Ella no tenía a nadie en su mundo, y vivía prácticamente en la calle.
-Bueno…, supongo… que puedo intentar…
-¿Eso es un sí, entonces?
-Sí.- suspiró todavía algo insegura de haber hecho lo correcto.
-Hecho, entonces.- el reloj desapareció y los bailarines se convirtieron en los pequeños goblins que empezaron a reírse entre sí viéndose con pelucas y demás. Lucia observaba asombrada. ¿Todo éste tiempo habían sido esas… criaturas simpáticas aunque horripilantes? -Terminemos nuestras bebidas e iremos a por tu hija.
-¿Dónde está ella ahora?
-Con Sarah. Conocerás a la futura Reina Goblin.- sonrió con orgullo. Y se contentó con la leve sonrisa de los infantiles labios que pronto comenzaron a deleitarse con el trago.
Cuando el Rey Goblin y Lucia aparecieron en la sala del trono, Sarah no pudo evitar notar que ni Jareth ni la chica estaban abrazados. El monarca sólo tenía una mano puesta en el hombro de la jovencita. Ella recordaba que él le había asegurado que la única manera de que la tele transportara era abrazándolo fuertertemente. Apretó una sonrisa en sus labios. ¡Otro truco del Rey Goblin y ella había caído como una tonta!
-¿Me extrañaste, cosita?- le sonrió él ladino al advertir el sagaz brillo en sus ojos.
-Quizás.- fue la vengativa respuesta. Y advirtió la ansiosa mirada de Lucía sobre Anna. -Hola.- le sonrió con afabilidad. -Creo que esto es tuyo.- caminó hacia ella.
-Sí.- sonrió y abrazó a su pequeña con lágrimas en los ojos. -¡Lo siento tanto, Anna! ¡Lo siento!- Sarah acarició la cabellera de la chica frente a sí. Y observó a Jareth que sonriente asentó con la cabeza.
-Todo estará bien, Lucía. No llores.
-Gracias…, Su Alteza.- respondió la muchacha.
-¿Su Alteza?- cuestionó aturdida.
-Bueno, no estaría mal que te vayas habituando.- sonrió el rey. -Pero, si no te molesta, Lucía, por ahora ella es Lady Sarah.
-Sarah.- la futura reina se apresuró a decir. -Por favor, llámame Sarah.- Jareth elevó una ceja en advertencia. -Al menos cuando estemos a solas.- agregó fastidiada.
-Bien. Gracias, Sarah. Y a usted, Su Majestad.
-Tú y tu hija son bienvenidas. Ahora, si me permites, haré que te den un cuarto para ti y para Anna. Disfruten su tiempo aquí como mis invitadas.- indicó a uno de los goblins ir por Fussy, que de inmediato apareció para atender a la madre y a su niña. Cuando estuvieron a solas, Jareth trajo a Sarah contra su cuerpo. -¿Sabes qué, mi mascota?
-¿Además de tu truco de 'sujétate fuerte o no podré tele transportarte'?- el fey rió.
-Sí, además de eso.
-No, dime.- él se inclinó para hablarle al oído.
-Tú, mi chiquitita, serás una magnífica Reina Goblin.- mordió su lóbulo y ella sintió un escalofrío que ahora ya no reconocía como temor.
-¿Por qué estás tan seguro de ello?
-Porque hoy me lo has demostrado. Has cuidado de la niña y has consolado a su madre. Tú eres exactamente la reina que necesito a mi lado.- la miró con intensidad. -Sarah, necesito decirte algo. Te…
-No, Jareth. Yo quiero decirte algo muy importante. Yo…- se sonrojó. -Yo te a…
-¡Jareth, cariño!- - Las puertas se abrieron de par en par dejando ver a Lilith. -Estuve pensando, ¿qué tal si hacemos el amor en el jardín como la última…?- se hizo la sorprendida. Sarah observó a la fey con incredulidad y luego a su prometido. ¿De ésta forma la había extrañado? ¿Quién diablos era ésta… 'mujer'? Los ojos de Jareth bien podían ser confundidos con dagas dirigidas a la mujer mayor. -¡Oh, lo siento! No me di cuenta que estabas haciendo negocios.
-Sólo para alguien como usted el matrimonio es un negocio, Lady Lilith.- dijo cortante. -Y, creo ya haberle dicho que se dirija con el debido respeto. Espero que no olvide cuál es su lugar y cuál es el lugar de los demás.
-¡Oh, tan frío!- sonrió ella con perversión. Sarah no conseguía reaccionar. ¿Qué era esto? ¿Quién era esa 'Lilith' que le hablaba con tanta confianza y le había sugerido…? ¡Ella hablaba como si ellos…! ¡¿Cómo podía haber sido tan tonta?! ¡Por poco y le hubiera dado algo más para jactarse! -Sólo venía a invitarle, 'Su Majestad' a pasar un momento tan agradable como de costumbre.
-¡Basta!- ordenó él; su voz con la potencia de un trueno. Y entonces, sintió a Sarah tratando de deshacerse de sus brazos con delicadeza. -Sarah, por favor, déjame explicarte.- dulcificó su tono. La chica no deseaba verlo a los ojos, tan sólo deseaba irse de allí, ahora con más ímpetu. -Sarah.- quiso obligarla a verle al advertir su mirada levemente empañada.
-¡No!- exclamó ella liberándose de su agarre.
-¡Sarah! ¡Regresa!- ella salió corriendo de la sala del trono. Él la siguió hasta los portones, donde permaneció sujetándose del recuadro viéndola ascender las escaleras. Al oír la liberada risa de Lilith, volteó hecho una furia y comenzó a avanzar hacia ella. Ella lo miró soberbia y provocativa. Más poderoso y fuerte que ella sin duda que lo era, pero…, lamentablemente el mundo estaba regido por los hombres y la mayoría de ellos… por ella. ¿No era irónico que eso mismo se les volviera en contra?
-¿Qué pasa, cariño? ¿Vas a golpear a una débil mujer que además ni siquiera pertenece a tu reino? Dudo que a Apollon le agrade eso, ni a tantos otros.- Jareth detuvo sus manos a centímetros de su cuello, donde sus puños se cerraron.
-¡¿Por qué?!- espetó con abominación en su mirada. -¡¿Por qué haces esto?!
-Porque es fácil y me gusta. Porque no tengo nada mejor que hacer. Y porque ella no debería estar aquí.- sonrió satisfecha de tener tal poder. -Pobre Jareth.- se hizo la apenada. -La mocosa ni siquiera confía en ti y esperas que te ame. Mejor…, busca paliar tu deseo con alguien más porque… dudo que te deje tocarla… de nuevo.- desapareció del salón, mientras, su risotada se filtraba por las paredes del mismo. El Rey Goblin apretó sus dientes.
-¡Perra!- y siguió un grito de frustración. El cielo comenzó a cubrirse de oscuras nubes, iluminadas únicamente por los relámpagos. Todos los habitantes del Labyrinth huyeron a esconderse. Nunca era buena señal la furia de un rey.
Sarah corrió sin detenerse. No supo cómo llegó a su alcoba. Tampoco cómo hizo para evitar caerse por las escaleras. ¡¿Por qué?!, se cuestionaba una y otra vez. ¡¿Acaso, no sería ésta una forma de vengarse?! ¿Pero, y entonces, dónde encajaban la encantadora familia de Sir Erwin? ¿Y si ellos también habían sido engañados? ¿Y, entonces, todas esas palabras, todas esas promesas? ¿Dónde tenían cabida? ¿Dónde cabía su corazón? ¿Qué lugar tendría ella en su corazón? ¿Tenía uno? ¿Qué si sólo… era una cosa para mostrar al resto del mundo? ¿Qué si era simplemente para mostrar que después de todo, él había vencido finalmente a la Campeona de Labyrinth? ¡¿Cómo podía ella saber qué había pasado durante esas… más de ocho horas separados? ¡¿Y, por qué estaba esa maldita mujer con cuerpo de diosa pop, rock y todos los demás estilos musicales?! ¡Hasta las modelos se sentirían avergonzadas ante ella! "¡Y éstas estúpidas lágrimas que no dejan de caer!" Se pasó la mano por su rostro tratando de dominarlas, pero, su estado emocional empeoró y su llanto fue más desgarrador. Se sentía como aquella niña pequeña que había sido abandonada por su madre… Y, como aquella vez, se encontraba como ausente, echa un bollo abrazada a sus piernas. "¡Papá, papá, sácame de aquí!" Su mente recordaba las palabras dichas cuando ella se encerró en el armario para no despedirse de su madre y ellos sólo comenzaron a discutir. Ésta vez, no había gritos allá afuera, sólo sus propias lágrimas y gemidos. Sólo oscuridad y un gran dolor… Una traición más para su colección… No era justo.
-¡Papá, papá, sácame de aquí!- murmuró por lo bajo. ¡Se sentía tan desgraciadamente sola! Pero, entonces, apareció Twig que la observó preocupada y asombrada por encontrarla metida entre los vestidos.
-Venga, My Lady. Permítame ayudarla a salir de allí.
-Twig… él… Esa mujer…
-My Lady, primero salga de allí.- extendió una mano que la muchacha tomó lentamente y se dejó guiar. -Eso es, My Lady. Ahora, permítame ayudarla con su vestido. Le prepararé un baño caliente, eso la…- fue desconcertada con un abrazo y la cabeza de la joven en su pecho que se dejó caer sobre sus rodillas y se largó a llorar.
-¡Yo… nunca más…! ¡Nunca más confiaré en él!- juró. -¡Lo odio! ¡Lo odio!- Twig correspondió el abrazo y acarició la suave cabellera.
-Sh… No diga eso, Lady Sarah. Eso no es verdad.
-¡A él no le importa! ¡Él tiene a esa… perfecta buscona cara de zorra!- Twig suspiró. Ella no le había querido advertir nada para que el mismo rey lo hiciera, por temor a cómo reaccionaría la joven y por ende, Su Majestad al enterarse de que alguien que no fuera él la hubiere puesto al tanto. Ahora no estaba segura de haber hecho bien.
-My Lady, esa mujer no es nada en comparación a usted. Esa mujer no representa nada para Su Majestad.- Sarah se apartó para verla.
-¡¿Cómo puedes decir eso?! ¡Ella entró allí diciéndole si hacían el amor como la última vez! ¡En el jardín!- exclamó ante lo escandalosa que le parecía la idea.
-My Lady, con todo respeto, usted ha olvidado todo lo que Lady Brigitte le enseñó. Usted ha dejado que esa… malvada fey viera cuánto mal podía hacerle a Su Majestad y a usted.
-¡Pero…!
-Lady Sarah, mi futura reina;- le tomó las manos entre las suyas -ésta no será la primera ni la última mujer que tratará interferir en la felicidad de su matrimonio, o de su reino. Y tampoco faltarán hombres con el mismo objetivo. No puede dejarse vencer, My Lady. Usted es la única que resolvió el laberinto, usted es la Campeona de todo Labyrinth. Si usted es débil, el reino también. Si usted es débil, ¿quién nos protegerá? ¿Quién… cuidara de Su Majestad mientras sus agotadas fuerzas se restablezcan?
-¡No puedo, Twig! ¡¿No entiendes que no puedo?! ¡Él me engañó!
-Él no lo hizo.- cabeceó con tristeza. ¿Por qué no podía confiar en él? -¿Acaso él reconoció que sí? ¿O usted lo vio con sus propios ojos?
-¡Ella lo llama por su nombre y le dice 'cariño'!- espetó testaruda. -¡¿Qué más necesito?!- Twig soltó sus manos y se enderezó.
-¿My Lady, le permitió explicarle? ¿Se permitió oírle?- cuestionó con distancia.
-¡Por supuesto que no! ¡No iba a quedarme allí, mientras ellos…!
-¿Ellos estaban juntos y usted llegó?- indagó con la misma postura.
-¡No! ¡Yo estaba con él, y ella entró diciendo eso y…!
-Y usted dejó su mejor bocado a manos de una devastadora. ¿Es de ésta forma que piensa regir nuestro reino, My Lady? ¿Huir ante la menor oportunidad?- Sarah quedó sin palabras. -Si es así, My Lady, le aconsejo que piense seriamente en decirle al rey que ya no le importa nada y que será mejor que suspenda la boda; que no importa el balance de los dos mundos. Puedo asegurarle que es preferible eso a tener que servir a una reina que se deja vencer por una meretriz que todo lo que desea es la oportunidad de ejercer su dominio sobre un rey caído.
-¡Él no está caído!- protestó ella. La Goblin, en su imparcialidad la miró fijamente.
-Eso, Lady Sarah, depende de usted. Ahora bien, ¿se meterá de nuevo allí a lamentarse toda la noche o se recompondrá y se preparará para una gran guerra?
-¿Una… guerra?- indagó espantada.
-Sí. El enemigo está en casa, My Lady. ¿La dejaremos hacer lo que quiera y que avance sobre nuestras pertenencias o la detendremos el tiempo suficiente como para darle un puntapié que la regrese a donde pertenece? Le recuerdo, My Lady, que es usted quien está ocupando el cuarto de la reina y la única con disposición de ir y venir a la alcoba del rey a su antojo. Ahora, si está decidida a presentar armas, por favor, asómese a la ventana.- Sarah se incorporó lentamente y caminó lánguida hacia la abertura que llevaba al balcón. La tormenta era amenazante, transmitía una mezcla de ira y de pena, frustración y temor.
-¿Qué…? ¿Qué pasó con el hermoso cielo despejado…?- cuestionó pasmada por lo que aquel clima le provocaba.
-En Labyrinth, el clima es afectado por las emociones de quien lo rige. Es… casi como ver en el alma del rey, My Lady.- su voz fue más suave. De las mejillas de Sarah escaparon unas lágrimas. ¿Por qué él se sentía así? ¿Acaso no era ella la injuriada? -Lady Sarah, Su Majestad la necesita. Él no quiere a ninguna otra a su lado. Ésta mujer ha venido antes que él. Él ni siquiera sabía que ella estaba aquí hasta que arribó. Y no tuvo mucho tiempo para estar con ella con la joven Lucía y su niña. ¿Por qué duda tanto, My Lady? ¿Dónde está eso de que Su Majestad no estará solo mientras usted viva? ¿Dónde está esa valiente muchacha?
-Yo… no puedo enfrentarlo ahora, Twig… Yo… necesito ordenar todo esto.
-¿Y…, lo dejará así?- señaló la tormenta afuera. -¿Dándole más júbilo a esa ponzoñosa?
-¿No entiendes que no puedo verlo ahora mismo; que me siento destruida? ¿Cómo puedo hacer algo así?
-¿Qué tal una carta? Yo se la entregaré personalmente, My Lady.- le sonrió amablemente.
-¿Una carta? Pero… ¿qué le digo?
-Dígale cómo se siente en éste momento, exprésele lo mismo que me está diciendo a mí. -Sarah aspiró el aire de la tormenta, había poder en ella, magia, y ella podía absorberlo, sentirlo. Una ráfaga se dirigió hacia ella como exigiéndole explicaciones. Ella cerró los ojos.
-De acuerdo. Yo… intentaré escribir algo. Pero…, eso no significa que todo esté bien. Esa mujer está, esa mujer existe y… no es tan fácil como quieres hacer parecer.- dijo porfiada.
-¡Por supuesto que no!- exclamó la Goblin. -¡Usted tiene que escribir una carta para calmar una tormenta y yo tendré que lidiar con un monarca malhumorado! ¡¿Quién dijo que sería fácil?!- La mortal suspiró una vez más. A veces, no sabía si era mejor lidiar con los goblins o con el rey.
