Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer
Capítulo beteado por Esmeralda Cullen.
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Capítulo 35
Semanas después, Tanya regresó y lo primero que hizo fue llamar a Bella, le pidió que fuera discreta y no se lo comentara a nadie, no se sentía preparada para hablar todavía con su amigo y para evitar cruzarse con alguien quedaron en reunirse en su casa, la cual estaba deshabitada desde su partida. Apenas vio a su amiga la abrazó con fuerza, necesitaba de su compañía y sus consejos. Eleazar aún no pensaba volver, él necesitaba más tiempo.
—¿Cómo estás? —preguntó Bella preocupada, no se veía como la Tanya que conoció.
—Creo que nunca podré sobreponerme a esta pérdida, sin embargo, sé que puedo vivir con ese dolor —aseguró con tristeza.
La invitó un café y mientras ella lo preparaba Bella se sentó en el sofá, pensando en las palabras adecuadas que pudieran ayudar a Tanya.
—Edward te extraña mucho —comentó Bella al verla sentarse a su lado.
Tanya sonrió melancólica, desde que se fue se sintió mal por haberse alejado sin hablar con Edward, ella lo quería como un hermano y no le gustaba estar distanciados, pero no podía olvidar lo que hizo Alice.
—Ustedes necesitan hablar, siempre han sido buenos amigos —prosiguió Bella, estaba segura que ambos se sentirían mejor si recuperaban la hermosa relación que tenían.
—¿No está molesto conmigo? —Eso era lo que más le preocupaba, haber terminado con todos los años de amistad.
—No, jamás lo estuvo, él entiende lo que hiciste, pero como te dije, te extraña y sé que tú también a él.
—¿Y Alec? —preguntó finalmente, en todo ese tiempo no se había comunicado con él. Alec se había mostrado comprensivo con su decisión, pero ella temía que no la esperara hasta su regreso.
—Él te ama —aseguró, veía a diario a Alec y siempre le preguntaba por Tanya, vio que ella bajaba la cabeza, tal vez avergonzada o temerosa, no sabía cómo interpretarlo—. Sé que has sufrido mucho, pero ¿dónde dejaste a mi amiga Tanya? —preguntó y ella se sorprendió, no entendía lo que quería decir.
—Soy la misma.
—Comprendo tu tristeza porque pasé por lo mismo, tú fuiste la que siempre me animó, me acompañaste en los peores momentos. Siempre he admirado la seguridad que demostrabas al tomar tus decisiones y enfrentar cualquier situación. Es por eso que extraño ver el brillo en tus ojos, no sé a qué le tienes miedo, pero te aseguro que aquí todos hemos estado esperándote, jamás estarás sola porque cuentas con personas que te quieren, deseo que seas feliz y sigas con tu vida, tú me ayudaste a continuar cuando mis padres murieron, y ten por seguro que pienso hacer lo mismo.
Edward, junto con Alec, estaba en la oficina, al fin habían logrado salir de todos los problemas ocasionados primero, por el desfalco de Emmett, y luego por el escándalo producido por Alice, eso había alejado a varios clientes y proveedores, pero después de mucho trabajo consiguieron que la empresa volviera a ser tan próspera como antes.
—¿Cómo está Esme? —preguntó Alec a su amigo.
Inesperadamente ella había decidido marcharse, alegó que necesitaba ver a Alice y prometió cuidarla, convenció a Edward de permitirla marcharse y vivir cerca de ella, diciendo que lo mantendría informado de su progreso.
—Bien, parece que se ha adaptado a su nuevo hogar —contestó, él sabía lo mucho que quería a su hermana, pero jamás imaginó que estuviera dispuesta a vivir lejos de su país y, en especial, de su hija.
—¿Y Alice?
—Hablé con los médicos ayer y me dijeron que no hay un avance, no quiere hablar con nadie excepto con Esme, parece que es a la única que desea ver, en mi última visita se negó a recibirme, sólo pude observarla de lejos —explicó dolido, era evidente que su hermana no lo perdonaba por enviarla a ese lugar.
—Al menos sabes que no está sola.
El que Esme estuviera con ella era un alivio, aunque le hubiera gustado ser él el que la acompañara.
—Estaré en deuda con mi tía toda la vida.
Rosalie comenzó a trabajar con Jasper, él la convenció de no marcharse del país, la ayudó para que continuara estudiando, pero ella insistió en que también iba a trabajar. Todavía le costaba adaptarse a su nueva rutina, pero estaba esforzándose en ello.
—Jane te espera en la noche, ha organizado una cena con algunos amigos.
—Lo sé, no te preocupes, llegaré temprano —aseguró Rose, sonriendo—. Necesito que firmes estos documentos.
—¿Cuándo podré conocer tu departamento? —preguntó, él no quiso que se marchara de su casa, pero ni siquiera tuvo oportunidad de que lo escuchase, ya que ella lo había decidido y parecía feliz por eso, además, Jane y él habían empezado a vivir juntos y Rose no quería molestarlos.
Bella regresó a casa después de dejar dormida a Tanya, la convenció de ver a todos, a lo que ella aceptó y llamó a Jane para preguntarle si podía llevar a su amiga, ella se emocionó al escuchar de su regreso y prometió no contárselo a nadie para que fuera una sorpresa.
—¿Qué planeas? —preguntó Edward, ella no había notado su presencia y se asustó.
—Nada. —Sonrió inocentemente y lo besó—. ¿Cómo ha ido tu día?
—No intentes cambiar de tema, sé que algo planeas, conozco cada una de las expresiones de tu rostro.
Ella resopló resignada, sabía que nunca podría ocultarle algo, sin embargo, en esta ocasión no podía decirle nada, tenía un par de sorpresas que aún no era el momento de contarle.
—Por favor, Bella, dime lo que ocultas. —Ella negó con la cabeza y volvió a besarlo—. No lograrás distraerme con tus besos.
—¿Estás seguro de eso? —inquirió sin alejarse de él, envolvió sus manos en su cuello y lo atrajo más a ella.
Edward no estaba dispuesto a perder pero tampoco quería apartarla, le encantaba estar entre los brazos de su esposa.
Por la noche, Edward y Bella llegaron a casa de Jasper, los habían invitado a una cena para una celebración, todavía no conocían el motivo, pero esperaban grandes noticias. En la entrada se encontraron con Alec, Bella no podía creer que llegara acompañado y menos con Victoria, si Tanya llegaba y los veía estaba segura que no podrían ni siquiera hablar. Edward los saludó amablemente, mientras que Bella lo hizo por cortesía, evidentemente no se encontraba feliz. Tocaron la puerta, Jane fue quien les abrió y tuvo la misma reacción que Bella. Tanya iba llegando cuando los vio entrar, no sabía qué pensar sobre la presencia de Victoria, pero había acudido para volver a ver a las personas que quería y no pensaba marcharse por su causa. Jane no se extrañó cuando tocaron el timbre, a pesar de que aparentemente todos los invitados se encontraban ahí. Rosalie se ofreció a abrir la puerta y fue la primera en sorprenderse al ver a Tanya frente a ella. Ella se apartó y la dejó pasar, Bella y Jane corrieron a saludar a su amiga, Edward las siguió y la abrazó efusivamente.
—Te extrañé muchísimo —le dijo, dándole un beso en la mejilla—. Bienvenida.
Jasper y Rosalie la saludaron cordialmente, no eran tan cercanos a ella, pero la recibieron con alegría. Victoria se sentía culpable por el modo en que había intentado involucrarse en su relación, pero ahora sólo deseaba ser su amiga. Se había encontrado a Alec por casualidad, y él la invitó porque la vio muy sola. Tanya ignoró por completo a Alec, sabía que había llegado con su antigua amiga. Él tenía que seguir con su vida y no lo culpaba por salir con otra persona; intentó ocultar el dolor y la decepción que sentía, por ello centró su atención en Edward, el amigo al que también había abandonado.
—¿Podemos hablar? —preguntó a Edward y él asintió—. Necesito decirte tantas cosas…, pero hoy no es el momento, no quiero arruinar la cena de Jane y Jasper.
—No arruinas nada, Tanya —aseguró Jane—. Tu llegada es otra de las tantas buenas noticias que tenemos.
—Entonces, hay que celebrar —dijo Edward entusiasmado, la alegría que sintió al ver a su amiga era indescriptible.
Alec trató de acercarse, pero no se lo permitieron, todos pasaron al comedor y disfrutaron de la deliciosa cena preparada por Jane. Entre amenas conversaciones transcurrió la noche y brindaron por la felicidad de todos los presentes.
Todos tenían mucho que celebrar, aunque algunos todavía no lo sabían.
Tanya fue la primera en despedirse, Edward y Bella decidieron acompañarla, se despidieron de sus amigos y se marcharon. La relación de Rosalie con su primo había mejorado, él insistió en ayudarla, mas ella se negó a recibir nada de su dinero, pero sí aceptó compartir algo de tiempo con él y Bella.
—No quiero que te quedes sola en casa, ven con nosotros, por favor —insistió Bella, sabía que no le haría bien estar sola—. Además, hay algo importante que aún no te he dicho.
Aceptar la propuesta de sus amigos significaba quedarse en la casa de Alice, Tanya la quería fuera de su vida, pero no podía rechazar la invitación, ellos no eran culpables de nada y ya que Esme tampoco vivía allá, decidió acompañarlos.
—¿Cuál es esa maravillosa noticia de la que hablaste en el camino? —preguntó Edward, estaba seguro que Bella le ocultaba algo, la llegada de su amiga era increíble, pero había algo más y esa duda no lo dejaba estar tranquilo.
Bella lo miró sonriente, había pensado dar esa noticia delante de sus amigos, pero no lo creyó oportuno, así que ahora estaba nerviosa por la reacción de Edward y de su amiga. Ella estaba feliz por la noticia, pero no dejaba de preocuparse, tal vez él consideraba que no era el momento…
—Yo también estoy impaciente por escucharla —aseguró Tanya, aunque ya tenía una idea de lo que podría tratarse, Bella le había dado algunas pistas—. ¿Será posible que lo que estoy pensando sea cierto?
—Eso depende, ¿qué es lo que estás pensando? —inquirió Bella, le encantaba impacientar a Edward, Tanya se acercó y le susurró algo en el oído, ella sólo asintió y las dos se abrazaron.
—Ya díganme de una vez que está pasando —intervino Edward, le gustó ver la cercanía de ambas y lo felices que se encontraban, pero él también quería ser partícipe de eso.
Tanya se despidió de ellos alegando cansancio, pero en realidad quería dejarlos solos para que festejaran la noticia.
—Bella, mi amor, ¿tendrías la amabilidad de contarle a tu amadísimo esposo cuál es la buena noticia?
Ella permaneció en silencio, respiró profundamente antes de hablar.
—Por supuesto, pero quizá mañana, yo también estoy muy cansada. —Empezó a caminar hacia su habitación, pero fue retenida por los brazos de Edward, quien no estaba dispuesto a dejarla escapar.
—Por favor —insistió mientras la besaba—. Sabes que no me gusta que me ocultes cosas.
Bella se estremeció ante su contacto, la corriente eléctrica que sintió el primer día que la tocó todavía no desaparecía, él podía envolverla en un mundo lleno de felicidad en donde no existía más que ellos.
—Vas a ser papá —susurró contra sus labios y se aferró a él.
Edward quedó en shock al escuchar la noticia, por un momento Bella se preocupó, pero cuando levantó el rostro y vio la enorme sonrisa que adornaba el rostro de su esposo ella supo que estaba feliz.
—¿Edward?
—¡Esto es maravilloso! —gritó eufórico y comenzó a dejar pequeños besos en los labios de Bella—. Gracias, amor, no tengo palabras para expresarte cuánto te amo y cuán feliz y agradecido estoy por que estés en mi vida y ahora me des este hermoso regalo… Voy a ser papá —añadió emocionado mientras tocaba el vientre de su esposa—. Voy a cuidar de ti y de este pequeño con mi vida.
A Bella se le llenaron los ojos de lágrimas al contemplarlo, cuando era pequeña nunca se imaginó sentirse tan amada y dichosa como lo estaba en ese instante, en su interior agradeció a sus padres por acompañarla en todos los momentos, porque ella sabía que a pesar de todo, ellos siempre estarían a su lado.
Rosalie visitó a su padre en prisión. Él y Emmett fueron acusados no solo del robo en la empresa Masen, sino también de lo sucedido con la familia Swan, ya que a pesar de no haber actuado directamente, habían ordenado que eso ocurriera. Les cayeron muchos años de cárcel.
—Gracias por venir —dijo Carlisle, las visitas de su hija siempre lo sorprendían, pero le agradecía que no lo olvidara completamente.
—Eres mi papá, a pesar de todo… —Se quedó en silencio—. No quiero cometer tus mismos errores, yo estoy tratando de aprender a apreciar lo que tengo, no voy a guardar ningún rencor, así que debes saber que te perdono por lo que hiciste.
—No merezco tu perdón. —Estar en ese lugar era difícil, nunca había extrañado tanto la presencia de su familia como en esos momentos.
—Pero lo tienes y te aseguro que jamás te abandonaré.
Una vez terminada la conversación, ella salió más tranquila rumbo al trabajo. Edward le había asegurado que parte de la empresa era suya y que podía incorporarse a ella cuando lo decidiera, pero no era eso lo que ella buscaba, necesitaba aprender y empezar de cero, se sentía orgullosa de su nueva actitud, a pesar de que le costaba acostumbrarse a su nueva vida.
La noche anterior, Alec había acudido a casa de Tanya después de acompañar a Victoria a la suya, tocó en varias ocasiones y al ver que nadie abría, decidió esperar en el auto. No se movió ni durmió un solo minuto, en cuanto amaneció volvió a insistir con el timbre.
—Ella no está aquí —comentó Bella al llegar a la puerta—. He venido a recoger sus cosas para llevárselas.
Se había ofrecido a ir allá para que Edward y Tanya tuvieran la oportunidad de hablar, se sorprendió al encontrar allí a Alec, pero al mismo tiempo se alegró por eso, porque confirmaba que la seguía amando.
—¿En dónde está?
—En mi casa. —Él quiso marcharse al instante, pero ella insistió en que la ayudara a recoger las pertenencias de su amiga.
—No hay necesidad de pedir perdón —aseguró Edward por décima vez a Tanya, él entendía el motivo de su partida—. Soy yo el que debe disculparse.
—No tienes la culpa de nada. —Habían hablado sobre Alice y ella le dejó claro que no lo culpaba por nada de lo hecho por su hermana—. Mi mayor temor al regresar fue pensar que no me querías en tu vida, después de todo, es posible que no haya actuado del modo correcto. —Desde que se fue, todos los días pensaba en lo mismo, sin embargo, hasta ese momento no se sintió preparada para volverlos a ver.
Después de una larga conversación y que sus miedos desaparecieran, volvieron a sentirse como los amigos que siempre fueron, los hermanos que se protegían y amaban. Se trataron con la misma familiaridad, daba la impresión que no había pasado el tiempo. Hablaron de cosas serias y bromearon con otras, como lo hacían siempre.
—Te quiero, Tanya, gracias por estar nuevamente en mi vida.
La abrazó fuertemente, ella le correspondió sintiéndose feliz al darse cuenta de que nunca perdió a su amigo. Le contó sobre su papá y todo lo que hizo en su ausencia, cuando él le preguntó sobre Alec, Tanya prefirió no hablar de eso, había decidido seguir ahí, deseaba quedarse junto a sus amigos y más ahora que Bella iba a tener un bebé, iba a intentar que su relación con Alec fuese lo más cordial posible.
Estaban tan ensimismados en su conversación que no se dieron cuenta que Alec y Bella llegaron, hasta que uno de ellos habló. Se notó la incomodidad en el ambiente, Tanya trató de marcharse, pero gracias a la insistencia de su amiga, finalmente, se quedó a solas con Alec.
—Te ves mejor —comentó Alec, tenía mucho que decirle, pero no sabía cómo empezar.
—Lo estoy, hay cosas que jamás podré olvidar, pero aprenderé a vivir con eso.
El silencio se instaló en la habitación, ninguno parecía dispuesto a decir nada, Tanya lo miraba impaciente.
—Tanya, por favor, no soporto verte tan distante, dime qué tengo que hacer para recuperarte, yo te amo y nunca dejaré de hacerlo. —Se acercó a ella y la besó, no encontró otra forma para demostrar que sus palabras eran ciertas.
—Aléjate. —Se separó en contra de su voluntad—. No es posible que hagas esto si estás saliendo con Victoria.
—No sé de dónde has sacado esa idea, pero ella es sólo una amiga, te prometí que te esperaría y eso he estado haciendo —aseguró con convicción.
Tanya recordó la velada anterior y no había visto ningún gesto romántico entre ellos, únicamente había asumido que estaban juntos, él parecía sincero y no encontró motivos para dudar, no podía dejar escapar la oportunidad que tenía frente a ella. El hombre que amaba también la quería, no era tiempo para miedos injustificados, sino para dejarse llevar por lo que sentía, separarse de él fue difícil, pero le había servido para valorar lo que tenía. Sin dudarlo se unió a él y tras unas breves palabras le dijo "te amo" con tal seguridad que a ella misma le sorprendió.
Bella y Edward los observaron desde lejos, estaban felices de ver a sus amigos juntos, no querían interrumpirlos, así que salieron al jardín para darles más intimidad.
—Estoy segura de que a partir de ahora serán tan felices como nosotros —comentó Bella sonriendo, estaba abrazando a su esposo, dejaron de caminar y se sentaron en el césped, en medio de las flores.
—Tal vez parezca egoísta, pero no creo que alguien pueda ser tan feliz como yo en estos momentos. —Tomó su mano y la acarició suavemente—. Gracias por todo, en especial por permanecer a mi lado.
—Por favor, Edward, no hay que recordar los malos momentos —pidió y acarició su mejilla—. Nos espera un hermoso futuro junto a nuestro hijo y amigos.
—Y todos los niños que lleguen después —agregó con mucha ilusión, desde que conoció a Bella soñó con una gran familia, el solo pensar en tener un hijo suyo le producía una inmensa alegría.
—¿Quieres muchos hijos? —preguntó cautelosamente, no deseaba destruir su felicidad.
—Sí, ¿acaso tú no los quieres?
—En realidad, nunca lo había pensado —contestó sinceramente, meditó unos segundos antes de continuar—: Fui hija única y acepto que me hubiera encantado tener hermanos. —Por un momento se imaginó tener junto a ella a unos hermosos niños, esa simple imagen la enamoró y deseó tenerlos con ella—. Con gusto tendré a todos los niños que tú quieras.
—Definitivamente, no puedes ser más perfecta, no sabes cuánto te amo —dijo antes de abalanzarse sobre ella, con sumo cuidado la recostó sobre la hierba, sin dejar de acariciarla y disfrutando del sabor de sus labios.
Sus amigos salieron en ese momento y no dudaron en acercarse, Alec se aclaró la garganta para llamar su atención.
—Mi novia —dijo con orgullo y abrazó más fuerte a Tanya—, me acaba de dar la gran noticia, felicidades.
Se separó de ella y los abrazó fuertemente.
—Gracias, amigo —contestó Edward con una gran sonrisa—. Espero que ustedes pronto nos den la buena noticia, ya que mi niño necesita alguien con quién jugar.
Tanya se puso alerta, sabía que si alguien quería niños era Alec, pero ella todavía no se sentía preparada, así que enseguida cambio de conversación. Hablaron de cosas triviales hasta que se hizo tarde. Alec le había propuesto irse a vivir juntos y Tanya no dudó en aceptarlo, deseaba empezar una vida junto a él.
Cuando se despidieron, Edward llevó a Bella adentro, ya que hacía mucho frio, Bella pensó que estaba exagerando, sin embargo, no quiso discutir con él, imaginó que serían unos meses muy largos con un esposo tan sobreprotector.
—Todavía no he olvidado la promesa que te hice —comentó Edward, sacándola de sus pensamientos—. Creo que es hora de cumplirla.
—¿Cuál? —preguntó sorprendida, no recordaba nada que hubiera dejado pendiente, por lo general, Edward cumplía de inmediato cada una de sus promesas.
—Recuerdo haberte dicho que caminarías hacia mí en una iglesia —contestó con alegría, durante mucho tiempo se imaginó ese día y ahora estaba listo para verlo hecho realidad.
A Bella se le iluminaron los ojos al escucharlo, aunque no quisiera admitirlo, había soñado con eso durante mucho tiempo, no necesitaba una gran celebración, sólo la certeza del amor que compartía con Edward, así que no le importaba si ese día no acudía nadie, ya que ella sólo tendría ojos para él.
Después de todos los momentos difíciles que pasaron, estaban felices por haberlos superado juntos, sin separarse un solo instante, brindándose el apoyo y el amor que ambos necesitaban. Edward empezó a besarla suave y sensualmente, con una delicadeza que la hacía suspirar. Ella se derritió por completo contra su cuerpo, sus labios se abrieron gustosos para recibir cada uno de sus besos, sabían que todo por lo que tuvieron que pasar valió la pena para, finalmente, haber llegado a ese instante, en el cual nada más existía salvo ellos, demostrándose la profundidad e intensidad de su amor.
Este es el capítulo final, el siguiente será el epílogo. Mil gracias por haber leído la historia y todos sus comentarios. Espero les guste el capítulo.
