Incomplete

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Capítulo Treinta y Siete
Estoy aquí para ti


Estaba vestida con una blusa azul de manga larga cuando él bajo esa mañana, con pantalones negros y botines grises de tacón. Su cabello rosa estaba suelto, cayendo por su espalda en ondas naturales y sus ojos jade sólo estaban ligeramente realzados. Estaba acurrucada en el sofá, con una pierna debajo de ella y una almohada en su regazo, observando imágenes moverse en la enorme pantalla de plasma. El control estaba en su mano y había una humeante taza de té en la mesita de la sala.

Él recorrió una mano por la nuca de Sakura para hacerla consciente de su presencia y ella giró la cabeza para mirarlo, sonriendo ampliamente.

—Hola —lo saludó mientras él se inclinaba para darle en pequeño besos en los labios.

—Te levantaste temprano —comenzó mientras tomaba asiento en el sillón a su lado.

Sakura asintió. —No dormí muy bien —admitió.

Su mirada fruncida fue de preocupación. —¿Te encuentras bien?

Ella sonrió. —Estoy bien. Hice panqueques, por cierto. Están en la cocina.

Mientras su esposo se paraba para caminar en la dirección que le había sido indicada, ella regresó su atención a la televisión. Un momento pasó y ella giró la cabeza hacia la puerta.

—Sasuke —lo llamó y casi sonrió cuando recibió un gruñido en respuesta—. ¿Tienes algo que hacer hoy?

—No —respondió mientras regresaba hacia la sala; había un plato de comida en sus manos, el cual asentó en la mesa de sala antes de retomar su lugar—. Es sábado.

—Quiero que vengas conmigo a un lugar —le dijo, mirándolo a los ojos.

No hubo nada en el comportamiento de Sakura que indicara cuáles eran sus verdaderos sentimientos sobre su oferta, salvo la pesada atmósfera que pareció descender sobre ellos—siendo eso lo que estrujó su corazón y lo que más lo preocupó.

~•~

Insistió en manejar de camino a ese lugar y Sasuke voluntariamente le tendió las llaves de su adorado Aston Martin, no porque fuera incapaz de negarle nada, sino porque todavía seguía enervado por su actitud. La sonrisa en su rostro todavía estaba ahí, y era igual de genuina que antes, y su risa también sonaba igual. Pero había algo en ella que había cambiado. Sasuke no estuvo seguro de qué. El aire a su alrededor había cambiado. Era como si algo la estuviera presionando, molestándola, afectándola sin importar lo mucho que intentara esconderlo.

El viaje tomó quince minutos. Ella nunca llegó a la autopista. Uso las sinuosas calles para llegar a las afueras de la ciudad, antes de detenerse suavemetne en frente de un portón que él —junto con otros habitantes de esa parte de la ciudad— conocía demasiado bien.

Ella estuvo callada al desabrocharse el cinturón de seguridad y salir del coche y él imitó sus movimientos sin hablar. Una vez afuera, ella se movió hasta su lado y agarró su mano. Sasuke quiso reprenderla por no haber traído su abrigo con ella, pero se mordió la lengua. Las enormes puertas de hierro pronto fueron abiertas por las manos de Sakura.

Lo que fuera que tuviera que decirle, no podía ser fácil y no podía ser agradable, se dio cuenta cuando ella comenzó a dirigirlo a través del laberinto que era el cementerio principal. Era un escenario espeluznante. El cielo estaba cubierto por nubes oscuras mientras que el suelo estaba cubierto por deslumbrante nieve—casi como una pintura monocromática. Pero Sakura continúo arrastrándolo y él se preguntó qué tanto de su pasado le faltaba por conocer.

Nunca tuvo la oportunidad de encontrar una respuesta a su propia respuesta ya que ella se detuvo en frente de una tumba en particular. Su pequeña mano envolvió fuertemente la de él, pero él estuvo tan congelado que ni siquiera consiguió darle un apretón de regreso antes de que ella lo soltara y se arrodillara en frente de esa lápida, ignorando la nieve que iba a empapar el material de sus pantalones. Con dedos temblorosos, extendió la mano para limpiar la fina capa de copos de nieve abarrotados que se habían reunido sobre el frío granito, revelando el nombre que él se estaba muriendo por ver.

Haruno Seiji estaba grabado en la piedra, junto con dos años que le revelaron a Saske que no era mayor de dieciocho.

—Él es mi hermano —la escuchó susurrar. Su voz fue suave y baja, con un oculto indicio de tristeza, de desesperación, de desgarradora melancolía que él aborreció en demasía.

Sasuke entrecerró los ojos. Ella nunca antes había hablado de él y Sasuke se preguntó si fue su falta de confianza en su relación lo que la había detenido o sus propios miedos internos. ¿Acaso fue una mezcla de ambos?

—Sabes… —comenzó, interrumpiendo su hilo de pensamientos—, solía estar celosa de ti.

Él frunció el entrecejo.

Sonrió con tristeza mientras lo miraba. —Tu mamá lo era todo. Demonios, era más de lo que yo alguna vez me había atrevido siquiera a soñar. Era… increíble. Tu papá se preocupaba por ti. Te dedicaba un segundo vistazo. Escuchaba lo que tenías que decir. Y todavía tenías a tu hermano. Y tú —como el altanero cabrón del que me enamoré— los alejaste a todos, como si no los necesitaras, como si no los quisieras.

Sasuke suspiró. Quitándose el abrigo, lo colocó sobre los hombros de Sakura y se agachó a su lado. —Di muchas cosas por hecho —admitió. Su tono claramente implicó que él había cambiado y ell sonrió. Él era el hombre que ella siempre había sabido estaba dentro de él—el hombre que ella siempre había querido en secreto.

—Te amo —le dijo, la adoración brillando en sus ojos jade.

—Yo también te amo —respondió sin reservas.

Su mirada bajó y sus dedos repasaron el nombre grabado de su hermano mayor de nuevo. —Él tenía dieciocho cuando murió —confesó—. Yo tenía dieciséis. Él… acababa de comprar su primer coche… y yo lo molesté para que me llevara de paseo. Estaba joven. Era temeraria. Él era más calculador; debió haber sabido que no era una buena idea. Hacía frío y estaba nevando y todo nos dijo que no lo hiciéramos, pero yo me negué a ceder… y él me amaba. Dios, él me amaba tanto, Sasuke. No había nada que no hubiera hecho por mí.

—Accidente automovilístico —razonó.

Ella asintió. —Fue horrible. Cuando me desperté sola en ese hospital… cuando el doctor me dijo que él no lo había logrado… juro que quise morir. Todos me culpaban—mis papás me culpaban. Por un largo tiempo, yo también me culpé.

—No fue tu culpa —la interrumpió con firmeza, con determinación.

—Ya sé —respondió, sorbiendo la nariz—. Me di cuenta hace no mucho. El viaje a Nueva York me ha hecho darme cuenta de muchas cosas. Tuve tiempo para pensar… y llegué a la conclusión de que no pudo haber sido mi culpa. Lo amaba, Sasuke —susurró, mirándolo—. Él era… él era todo—todo. Él era el único que me amaba, el único que se preocupaba por mí, él único que estaba dispuesta a protegerme. No había nada que necesitara cuando lo tenía a mi lado—él se aseguraba de que yo tuviera todo. Él era el único que quería verme feliz, Sasuke… ¿cómo pudo haber sido mi culpa ese accidente cuando todo lo que yo quería era estar muerta en su lugar?

—No fue tu culpa —le aseguró, su mano haciendo círculos en su espalda, los dedos enredados en sus mechones rosas—. Tú lo sabes. Él lo sabe. Yo lo sé. No importa nadie más.

—Sabes, nunca le conté a nadie de esto. Seguro, Naruto lo sabe, pero eso sólo es porque él solía ser su mejor amigo… pero nunca le conté todos los detalles tampoco. Tenía miedo de que hablar con él disminuyera de alguna manera la intensidad de mis recuerdos, los desvaneciera… y la simple idea era aterradora porque él era mi hermano y la única persona que alguna vez me había amado y no podía aceptar el hecho de que él ya no estuviera conmigo —confesó, su voz baja y estrangulada.

Sasuke suspiró. —Necesitas dejarlo ir —murmuró.

—Pienso que ya lo hice —confesó, limpiándose las lágrimas—. Sacarme todo esto es un enorme paso para mí. Pero nunca lo olvidaré.

—Nadie dice que deberías —le aseguró con gentileza—. Él siempre será tu hermano.

—Y él siempre me cuidará —terminó, su tono ilusionado, como si rogara que él estuviera de acuerdo, como si lo confirmara.

Sakura asintió. —Y yo te cuidaré en su lugar —suplió.

Dando vueltas sobre la información recién adquirida, el Uchiha se preguntó si su hermano hubiera aprobado su relación. Supuso que no. Supuso que, de haber estado él vivo, su relación nunca hubiera existido en realidad. Él la hubiera mantenido alejada de Sasuke, alejada de ese matrimonio indeseado, seguro. Ella nunca hubiera tenido que aguantar todo lo que había aguantado a su lado.

Una parte de él deseó que eso hubiera sido real, deseó que su hermano hubiera estado vivo—deseó que él hubiera detenido a sus padres de tratarla con tanta crueldad. Quizás el mismo trato le había sido aplicado a él por su padre, pero Sasuke sabía que era diferente. De haber dudado Fugaku, aunque fuera por un segundo, que Sakura era perfecta para él, él nunca se la hubiera impuesto. Era bueno para leer a las personas. Había estado seguro de que ella podría ganarse su corazón justo como Mikoto se había ganado el de él, aunque su situación no pudiera haber sido más diferente.

Satoru era totalmente otra historia. Sasuke podía apostar toda la herencia de su familiar que él no había pensado dos veces en el matrimonio de ellos. Por duro que suene, a él no le importaba su hija. De acuerdo con ella, la única persona que alguna vez se había preocupado por ella había sido su hermano y luego de presenciar lo que vio, él creía cada una de sus palabras.

Brevemente se preguntó lo horrible que era de su parte ser tan egoísta y estar contento de que ella hubiera llegado a él, aun en tan desafortunadas circunstancias. Dejó ese pensamiento de lado. Las cosas habían ocurrido de la forma en que lo hicieron y el monstruo dentro de él estaba feliz, pero sabía que si había algo que pudiera hacer para aliviar su dolor, para regresar en el tiempo y detener a la vida de romperla, lo haría sin dudarlo.

Con una pequeña sonrisa en su rostro, Sakura dejó que la acunara en su pecho. —El próximo mes… el próximo mes es su cumpleaños —susurró.

—Sakura… —murmuró, las palabras insuficientes, con los labios presionados en su cabello rosa.

—Sabes… en realidad estoy contenta de que estaremos lejos para entonces. Será más fácil para mí lidiar con el dolor —lo miró—. Amo mi ciudad natal. En serio. Pero todas las cosas malas de mi vida ocurrieron aquí y hay momentos —momentos como este— cuando se vuelve demasiado… algunas veces, deseo poder dejar todo atrás y simplemente irme—lejos. Contigo.

Besó su sien y con un suspiro se puso de pie, convenciéndola de imitar sus movimientos. —Vamos —dijo—. Vayamos a casa.

Sakura lanzó un suspiro. Tocándose los labios con sus dedos, dejó que rasguñaran la superficie de la lápida una vez más, antes de ponerse pie. Sasuke envolvió un abrazo alrededor de sus hombros y ella se apoyó en él, amando el consuelo y la seguridad que la simple presencia de Sasuke le ofrecía tan desinteresadamente.

—¿Sabes qué es lo que quiero? —preguntó en voz baja. Pensó que ella sonó como una niña—. Quiero algo de chocolate caliente.

—Hn —gruñó. Una sonrisa socarrona se abrió paso entre su fachada. Traer el chocolate a discusión sólo podía significar una cosa—ella ya estaba bien de nuevo—. Te dije que agarraras tu abrigo.

—Tu abrigo me mantiene caliente —discutió—. Sólo quiero chocolate.

Él sonrió con socarronería y con un último beso en sus mechones rosas, continúo dirigiéndola al coche.

~•~

Más tarde ese día, mientras la pequeña luz solar que había traspasado las nubes una vez que se fueron del cementerio comenzaba a meterse en el horizonte, ambos se acurrucaron en el sofá de la biblioteca—Sakura con una taza de chocolate caliente en las manos y una suave manta alrededor de sus hombros y Sasuke con su conservadora taza de té. El viento había agarrado velocidad de nuevo y la nieve caía fuertemente en el exterior mientras las llamas rugían en la chimenea, iluminando la habitación oscurecida de otro modo.

—Cuéntame sobre Itachi —lo animó la pelirrosa, sus ojos jade eran cálidos al penetrar sus ojos ónices.

Sasuke dudó. —Sakura… —murmuró, inseguro de si dar el paso que ella le estaba pidiendo que diera era una buena idea después de presenciar lo que había presenciado y descubrir lo que había encontrado esta mañana.

—Vamos, dime —presionó, acercándose a él—. Quiero que saber cómo era él cuando eras pequeño.

Su sonrisa lo convenció, pero incluso así, tiempo suficiente pasó antes de que él reuniera el valor para hablar. —Él era… él lo fue todo alguna vez —confesó y tragó saliva. A pesar de que su relación se había reparado hasta la última fisura, Sasuke dudó que hubiera superado el hecho de que había decepcionado a su hermano mayor en tan alto nivel, pero estaba en el camino correcto hacia la recuperación—. Siempre lo estaba siguiendo a todos lados, queriendo ser como él… él no siempre tenía tiempo para mí, pero cuando lo tenía…

—Hacía que valiera la pena, ¿no? —lo interrumpió con una sonrisa intencional.

Sasuke asintió. Todavía tenía problemas para compartir piezas de su vida y mente e incluso de su corazón con alguien más. Era un hombre de pocas palabras y si estaba dispuesto a hacer el esfuerzo de abrirse más de lo que estaba cómodo, era por ella y sólo ella. Nunca sería capaz de cambiar por completo esa parte esencial de su ser, esa pieza de su estructura, pero Sakura parecía contenta con él exactamente de la forma en que era—y por eso, él estaría agradecido.

—Fue muy fácil para nosotros —murmuró y aunque, físicamente, ella estaba ahí con él, su mente parecía haber hurgado muy en el fondo del pasado—. Íbamos a la misma preparatoria, así que siempre estaba con él, ya fuera que él quisiera o no —ella rió ligeramente, pero sus ojos estaban cristalizados y doloridos—. Ni siquiera tenía amigos normales —o amigas— porque no era como ellas. No podía tener pijamadas, no podía… —se detuvo y negró con la cabeza—. Pero no me importaba porque lo tenía a él.

Asentando su taza de té en la mesa de sala, se movió para acunar el rostro de Sakura entre sus manos, gentilmente quitando con los pulgares las lágrimas espontáneas que inconscientemente se habían escapado de sus ojos. —Sakura, no tienes que hablar de esto si no quieres —le dijo.

—No quiero —respondió, sus pequeñas manos descansando sober las muñecas de Sasuke—. Duele, pero… pero se siente bien al mismo tiempo. Porque ya sabes… ya no puede empeorar. Sólo puede mejorar. Y lo hará, porque tú estás aquí ahora. Ya no estoy sola.

Él besó su frente, luego su sien y luego la envolvió con sus brazos. Ella de inmediato se acurrucó contra él, colocando la mejilla en sus hombros y permitiendo que su fuerte abrazo la envolviera por completo. Unas cuantas lágrimas saltaron de sus ojos jade, pero salvo por el sorbido ocasional, ella permaneció en silencio.

—Itachi nunca fue el que se casaría contigo —decidió decir, cambiar el curso de la conversación y ahuyentar los demonios de Sakura.

—¿Qué? —respiró, separándose con la mirada fruncida—. Eso significa que… todo este tiempo…

—Aa —suspiró. Aunque la noticia lo había impactado bastante cuando se la habían entregado, Sakura había pasado para ese entonces la etapa en donde comenzaría a juzgar a la gente de inmediato. Con la retrospectiva adecuada, supo perfectamente bien el capullo que había sido. Había reaccionado mucho peor de lo que le había correspondido. Pero con su vida de la forma en que estaba ahora, ya no quería pensar en las razones ni analizar las situaciones. Simplemente quería dejar todo atrás, aceptar la verdad y seguir adelante, como debió haberlo hecho desde el principio.

—Necesitamos encontrar una forma de agradecerla a Itachi, Sasuke —susurró, atrayendo su atención—. Todo lo que hizo… nunca sentí como si lo estuviera haciendo por obligación, pero aun así, la idea estaba ahí, en el fondo de mi mente. Pero ahora que sabemos que no lo hizo por culpa, sino porque se preocupaba por nosotros dos… —dejó su oración sin terminar mientras negaba con la cabeza.

Sin embargo, él no necesitó escuchar el resto. Acariciando su mejilla, la acercó más y la besó con gentileza, sus labios dulces e impregnados con el aroma del chocolate. Cuando se separaron, ella colocó la cabeza en su pecho, acurrucándose aun más en su calidez, mientras Sasuke se movía para agarrar la manta y envolver la pequeña espalda de Sakura para más comodidad.

Un botón pareció haberse encendido en la oscuridad que era su pasado y él finalmente sintió como si pudiera entenderla mejor. Muchas cosas tenían sentido ahora—su inseguridad, su dolor, la tristeza que siempre había estado escondida en las profundidades de sus ojos jade. Pero desde hacía un tiempo ya, desde que ella regresó de Nueva York, había habido una luz parpadeante en ellos que estaba dándole a él esperanza—esperanza de que no sólo ellos estarían bien, sino también ella.

—¿Por qué te mintió tu papá? —preguntó desde el cómodo lugar entre sus brazos.

Acariciando su cabello rosa con una mano, Sasuke se encogió de hombros lentamente. —Supongo que no estaba seguro de cómo manejar mi reacción. Él es… como yo—no es muy bueno con los sentimietos. Pero él sabía —lo sabía, Sakura— que sería feliz contigo. Él no lo hubiera hecho de otro modo.

Mientras ella se movía contra su pecho, él fue capaz de ver su suave —y de alguna manera triste— sonrisa. —Ya sé —susurró, moviéndose para trazar la mejilla de Sasuke—. Es por eso que debes apreciarlo. Apreciar su presencia en tu vida y todo lo que él ha hecho por ti. Él quiere lo mejor para ti.

—Sí lo aprecio —respondiendo, tomando su mano entre la suya—. Tú me has enseñado eso.

~•~

En su primera cita ella usó un simple vestido rojo de estilo cruzado, de un largo bastante conservador, pero con algo que sólo podía ser descrito como un pronunciado escote. Sus ojos tenían un maquillaje oscuro y sus labios estaban brillosos y su largo cabello nunca se había visto más suave. El hombre que los atendía tuvo que mirar dos veces—lo que no pasó desapercibido por Sasuke.

Por un momento, cuando sus instintos protectores se despertaron después de permanecer dormidos por tanto tiempo en una oscura esquina dentro suyo, él casi gruñó. Pero consiguió contenerse al último minuto y simplemente reforzó su agarre en la mano de Sakura—también se puso en frente de ella en un esfuerzo por ocultarla de su mirada.

La sonrisa deliberada que ella tuvo en su rostro mientras eran dirigidos hacia su mesa asignada le hizo darse cuenta de que su posesividad no había sido tan sutil como hubiera deseado que lo fuera—pero también que no había cruzado inconscientemente ningún límite de nuevo.

Mientras miraban el menú, Sakura se encontró sonriéndole a su esposo en frente de la mesa. Sasuke sintió su mirada y alzó la cabeza, una mirada inquisitiva en sus ojos obsidiana.

—Sabes… si alguien me hubiera dicho un año atrás que estaría quí, contigo, ahora… —sonrió con vergüenza—. O hubiera estallado en carcajadas o los hubiera cacheteado.

Él pareció divertido al considerar la situación. —Yo los hubiera golpeado —confirmó después de un momento, haciéndola reír.

Una dulce sonrisa en su rostro, se movió para alcanzar su mano. Aunque un poco confundido, el Uchiha se la dio y la observó intercalar sus dedos cariñosamente.

—Hemos pasado por mucho —dijo, su voz más baja. Mientras lo miraba, sus ojos jade parecieron cansados y llenos de vida al mismo tiempo—. Pero ahora… ahora siento como si todo hubiera valido la pena. A pesar de todas las dolorosas situaciones y las palabras hirientes… te tengo ahora y todo lo demás de repente ya no importa.

Su lengua atada, Sasuke nunca tuvo la oportunidad de responder ya que el mesero regresó para tomar sus órdenes. Una vez que él salió del aturdimiento, su respuesta fue breve y al grano. Cuando Sakura ordenó, ella alzó la mirada y le envío una resplandeciente sonrisa que casi lo hizo tropezarse con sus pies. Sasuke lo fulminó todo el camino de ida y para el momento en que regresó su mirada a la mujer sentada en frente de él, ella estuvo riendo en silendio detrás de su mano.

Él le arrojó una mirada exasperada mientras ella luchaba por recuperar control de sí misma y eso pareció ser suficiente para suspirar profundamente y enderezarse, bajando la mirada hacia la mesa.

—Supongo que tendrás que encerrarme en la casa de ahora en adelante —afirmó, antes de que risitas silenciosas se apoderaran de su cuerpo de nuevo.

Sasuke la fulminó. Que ella no estuviera afectada por su posesividad y que él estuviera aliviado por eso era una cosa. Que ella estuviera burlándose de él por ello era otra.

Aunque su naturaleza sobreprotectora había sido un problema en el pasado, el joven Uchiha podía ver claramente la diferencia ahora—podía ver la línea proverbial. Lo que estaba sintiendo ya no eran celos, pero tampoco iba a permitir que los hombres se comieran a su esposa con los ojos, y eso—eso estaba bien; entendible incluso.

—¿Quién los entiende, hombres? —continuó—. Todos ustedes quieren casarse con las mujeres más bonitas, pero no quieren lidiar con las consecuencias —su barbilla estaba descansando sobre la palma de su mano mientras hablaba con un tono burlón y sus ojos centelleaban con travesura.

Él hubiera respondido a su desafío, pero la vio exactamente cuando su expresión cambió. Él enarcó una ceja.

Aclarándose la garganta, el humor de Sakura pareció volverse sombrío de repente. —No voltees —dijo—. No creo que te guste lo que vas a ver.

Sasuke no la escuchó y cuando él se dio cuenta de lo que estaba hablando, tuvo el presentimiento de que ella ni siquiera pensó que lo haría.

—¿Quieres irte? —preguntó mientras se reclinaba en su asiento, mirándola atentamente.

Negó con la cabeza con tal firmeza que lo sorprendió. —No. No voy a vivir mi vida alrededor de ellos —dijo, sus ojos mirando en la distancia a las dos personas que le dieron la vida—las dos personas que se supone debieron haberla amado y protegido, pero que apenas le dedicaban una segunda mirada, incluso ahora—. Ellos no me quieren y lo han dejado en claro. No puedes obligar a alguien a que te ame.

—¿Acaso siempre fueron así? —preguntó.

—Sí —respondió con un encogimiento de hombros—. Por lo que recuerdo, sí. No eran abusivos o malos u horribles. Nos dieron todo. Pero no eso no significaba que nos amaran. Creo que amaban a Seiji. O quizás no, pero definitivamente había algo más ahí, entre ellos. Yo era más como un bono indeseado —resopló con diversión y él resistió la necesidad de rodar los ojos—. Pero ellos nunca fueron… ellos nunca fueron padres. Nunca fuimos una familia—como ustedes lo fueron.

—Eres parte de ella ahora —le recordó con gentileza.

Ella sonrió. —Tu mamá me dijo lo mismo —negó con la cabeza—. Es realmente sorprendente.

—Lo es —le dio la razón.

—Sabes —comenzó, inclinándose hacia adelante y extendiendo el brazo para buscar su mano de nuevo—. Un día, espero ser tan buena mamá como ella.

Por un momento, él apenas pudo respirar. Pero luego salió del aturdimiento. Tragando saliva, él acunó su mano con la de ella y la llevó hasta sus labios, presionando un beso en sus nudillos.

Su respuesta, cuando vino, fue el susurro más reconfortante que ella hubiera escuchado alguna vez. —Lo serás.

~•~

Naruto tuvo su boda en la mera mitad del invierno. Sakura estuvo extática porque eso garantizaría un hermoso escenario. Sasuke estuvo taciturno porque eso significaría que haría frío.

Fue una boda pequeña, contrario a las expectativas, con sólo los amigos más cercanos y la familia extendida, pero eso no la hizo menos especial. Resultó ser un evento memorable, pero para desgracia del Uchiha, eso no se debió a la exuberante personalidad de su amigo relativamente nuevo, sino al comportamiento gentil y calmado de su futura esposa—sin mencionar el buen gusto.

Sin embargo, el frío todavía lo molestó. Estaba claramente enojado mientras estaba parado con las manos en los bolsillos afuera de la iglesia donde la ceremonia de la boda iba a ser completada, fulminando a TenTen, quien pareció encontrar particularmente divertido que él estuviera incómodo y desorientado sobre algo tan simple como el clima. A lo que ella agregó que nunca se había imaginado que él fuera un hombre que disfrutara quedarse en casa, acurrucado en los fríos días de invierno.

—¿Dónde está Sakura de todos modos? —se quejó la castaña.

Sasuke enarcó una ceja. —¿Cómo se supone que deba saberlo?

—Ella salió por la puerta conmigo —razonó—. Nunca me dijo que tenía algo más que hacer, así que—oh, olvídalo —dijo, y antes de que el Uchiha pudiera exigir más explicaciones, una pequeña mano trepó sobre su espalda y el color rosa apareció en su visión periférica.

Cuando volteró para mirarla, sólo un pensamiento circuló por su cabeza: estaba preciosa. Sakura usaba un simple vestido azul, hecho del material más suave que él hubiera tocado alguna vez, y tacones beige. Sus ojos jade estaban resaltados por un pesado maquillaje y su cabello estaba agarrado en un peinado desordenado.

—Lo siento —la escuchó decir cuando sus orejas comenzaron a sintonizar con el mundo a su alrededor de nuevo. Ella estaba rodando los ojos y parecía mostrar una mezcla de diversión y exasperación mientras hablaba con TenTen. Puso un brazo alrededor de sus hombros—. Tenía que asegurarme de que Naruto no estuviera haciendo algo estúpido, como usar un traje naranja. Es mi deber como su amiga.

Antes de que él supiera lo que estaba haciendo, Sasuke bufó. —¿Y pensaste que deberías asegurarte ahora? —¿Qué es lo que ella haría, desnudarlo y enviarlo a su boda en un traje de negocios que no estaba seguro que tuviera siquiera?

Sakura le envío una juguetona mirada fulminante. —Oye, no juzgues —su mirada jade su dirigió hacia otro lado antes de que él pudiera pensar en una respuesta y ella sonrió y le agitó la mano a un Naruto clara y desvariadamente feliz.

El Uchiha casi rodó los ojos al notar su brillante corbata naranja—aparentemente, la pelirrosa no pudo hacer las maravillas a las que él se había acostumbrado. Desde la entrada de la iglesia, vio al rubio abrir la boca y se encogió en anticipación, pero para su sorpresa, él permaneció callado. Se giró para ver a su esposa callarlo con un dedo sobre sus labios y una mirada severa en los ojos, y él cambió su opinión en un instante.

Mientras Naruto sonreía, sus ojos azules parecieron brillar con travesura y Sasuke supo de repente por qué Sakura había intentado controlarlo incluso cuando ella usualmente le permitiría hacer todo lo que quisiera. Había sido testigo de muchas de sus estúpidas conversaciones. Al principio, estuvo sorprendido de ver a su esposa actuando de la forma en que lo hacía, haciendo tantas cosas infantiles sin importarle, pero luego recordó que Naruto la conocía de mucho más tiempo que él, y podía usar sus encuentros para conocerla un poco mejor. Ella nunca actuaría en su presencia de la misma forma en que actuaba en la presencia de su mejor amigo y eso estaba bien porque su relación era diferente.

Pero era agradable ver un lado de su pasado que no era doloroso—y ese lado se reflejaba en su relación. Estaba claro para él que Sakura había comenzado a ver en Naruto el hermano mayor que había perdido, considerando que los tres habían sido inseparables, de acuerdo con sus remembranzas, y él estaba contento con eso porque estaba seguro de que el rubio, por muy idiota que fuera, nunca la lastimaría.

Ignorando su consejo, él pareció insistir en que necesitaba decir algo, pero una mujer pelirroja agarró su brazo y capturó su atención. Entraron a la iglesia después de un momento, seguido por un hombre rubio vagamente familiar que le sonrió a Sakura con calidez antes de desaparecer en el interior.

TenTen frunció el entrecejo al verlo. —¿En dónde lo he visto antes? —preguntó.

—Él es su papá —respondió Sakura.

—Y la mujer con la que entró… —concluyó la castaña por sí misma y lo completó con un asentimiento de cabeza.

—Su madre. Ellos son tan amables. Te los presentaré más tarde, pero ahora deberíamos meternos —girándose hacia él, sonrió—. Por cierto, ellos dijeron que quieren conocerte a ti en particular.

Sasuke enarcó una ceja.

Ella sonrió. —Por supuesto, sé que amas las presentaciones y las charlas triviales, así que supe que estarías entusiasmado de escucharlo.

Con una radiante sonrisa en sus labios rosas y esos ojos muy muy jades, Sasuke ni siquiera tuvo la fuerza para exhibir su mirada fulminante.

~•~

Ella estuvo entonada el final de la noche.

La boda de Naruto y Hinta fue la primera a la que asistieron sin ninguna tensión en lo absoluto entre ellos —y, esencialmente, como una pareja de verdad— y ya fuera por eso o porque el tiempo que ella había pasado en Nueva York la había ayudado a repeler todas sus restricciones e inseguridades, le pelirrosa se había asegurado de disfrutarla al máximo. Cuando ella no estaba a su lado, estaba o con los recién casados, o con sus padres —y Sasuke no estuvo para nada sorprendido cuando se dio cuenta de que se había ganado incluso al padre de Hinata— o con sus amigas.

Mientras copa tras copa de champaña era bebida, ella tendió a pegarse más a su lado y reír. Amaba reírse. Rió todo el camino de regreso a casa, incluso cuando él rodeó el coche para abrirle la puerta. Sin importar lo mucho que él insistiera, ella se había negado rotundamente a ponerse el abrigo, afirmando que estaba caliente—y con lo mucho que se había estado moviendo en el interior del coche, Sasuke no lo dudó en lo más mínimo.

—Hola, hola —dijo, captando su atención mientras él cerraba la puerta detrás de ella—. ¿Viste el lazo? —al siguiente instante, ella estuvo alzando su pierna en al aire para que él pudiera ver el detalle en sus tacones.

Él casi rió, pero definitivamente hubo una sonrisa en su rostro mientas deslizaba los brazos alrededor de ella y la alzaba, ignorándola cuando dijo 'aww' y presionaba un beso en su mejilla.

Con todas las puertas y sus manos ocupadas, le tomó un momento un poco más largo de lo usual para llegar a su habitación. Una vez que lo hizo, dejó que su esposa, todavía riendo, se desplomara en la cama, luchando contra otra sonrisa al ver la escena. No estuvo seguro de que ella supiera qué era exactametnte lo que estaba encontrando tan gracioso.

Dándole la espalda para poder ir a cerrar la puerta principal, algo que se había negado a hacer con ella colgada de su cuello, estuvo seguro de que tendría que aguantar más de su ebria diversión antes de tener la oportunidad para cerrar los ojos. Él tuvo un pequeño desvío a la cocina, de donde agarró una botella de agua, viendo que uno de los tontos hábitos de noche de su esposa era siempre tener algo para tomar en buró, en caso de que se despertara a la mitad de la noche.

Sin embargo, para el momento en que regresó a su habitación, ella ya estaba dormida, acurrucada en el lado de la cama de Sasuke con la cabeza escondida en su almohada. Se veía tan calmada y tan pacífica —totalmente angelical— que esta vez, Sasuke conscientemente se permitió sonreír. No se molestó en despertarla para poder luchar en sacar las sábanas debajo de ella, así que optó por agarran una manta del clóset y cubrir su pequeño cuerpo con ella, aunque no sin antes haberle quitado los zapatos.

Quitando los rizados mechones de cabello rosa de su rostro, se inclinó para besar su frente—ella ni siquiera se removió. Negando con la cabeza con una sonrisa socarrona en su rostro, contempló darse un baño. Pero luego cambió de parecer y se acostó a su lado. Ella estaba demasiado cansada como para sentir el colchón hundirse ligeramente con su peso o acurrucarse siquiera cerca de su cálido cuerpo como la hacía cuando estaba sobria.

Pero a Sasuke no le importó. Tenerla a su lado era suficiente.

~•~

La puerta principal se abrió, se estampó contra la pared y luego fue cerrada de un portazo tan fuerte que todo el marco vibró.

Dos pares de pesados pasos resonaron furiosamente por el vestíbulo y luego por la sala, donde ellos se detuvieron de repente cuando una voz masculina desafió, —¡Estás siendo irracional!

El cabello rosa voló alrededor de un rostro en forma de corazón para caer sobre los hombros de su dueña mientras ella se volteaba para mirarlo con la mandíbula desencajada. —¿Yo estoy siendo irracional? —exigió—. Bueno, si yo estoy siendo irracional, entonces lo siento, Sasuke, ¡pero tú estás siendo la reina del drama más grande que el mundo hubiera visto alguna vez!

—¿Soy dramático? —argumentó, apuntándose a sí mismo con indignación—. Sakura, ¡sal de tu burbuja!

—¿Mi burbuja? —chilló, en shock. En ese momento, ella apenas pudo sentir algo más que la ira al verlo. Se aguantó la necesidad de soltar un frustrado rugido. En cambio, optó por gritar lo que estaba pensando—. ¿Sabes qué? ¡Eres un completo cabrón egoísta que me pregunto que fue lo que vi en ti!

Sasuke bufó. —¿Tú crees que no me pregunto que fue lo que vi en ti?

Apretando la mandíbula, agarró una almohada del sillón más cercano y se la arrojó directo al rostro. El hecho de que él la hubiera atrapado antes de que pudiera tocarlo siquiera, hubiera extendido la mano y la hubiera arrebatado en su propia molestia, sólo sirvió para alimentar su enojo. —¡Ugh, algunas veces no puedo soportarte! —dándole la espalda rápidamente, se marchó de la habitación sin una segunda mirada.

La mirada fulminante de Sasuke la siguió al subir las escaleras. Lo último que vio de ella fue el cabello rosa cuando ella rodeó airadamente la esquina en la cima de las escaleras—la puerta de su habitación estampándose detrás de ella fue lo último que él escuchó.

Así que, naturalmente, él respondió al irse a su oficina como un huracán y cerrarla de un portazo.

~•~

La noche había llegado para el momento en que Sakura salió de su habitación y caminó por el pasillo que la llevaría al que había sido originalmente de su esposo. Abriendo la puerta sin tocar, estuvo sorprendida de verlo en medio de la habitación, vestido con sólo unos pants y una toalla alrededor de sus hombros, su cabello puntiguado húmedo por lo que ella pudo adivinar había sido un baño reciente. A donde fuera que estuviera dirigiéndose, se había detenido ahora, mirándola con el ceño fruncido y confundidos ojos ligeramente ensanchados más de lo usual.

Por un largo momento, todo lo que hicieron fue observarse. Luego ella suspiró y bajó la mirada, torciendo sus manos juntas.

—No hablabas en serio sobre lo que me dijiste, ¿o sí? —preguntó en voz baja, atisbándolo a través de los mechos rosas que habían caído sobre sus ojos.

Sasuke pareció la perfecta imitación de un creído y arrogante mocoso mimado cuyo orgullo había sido herido. —Hn —gruñó en respuesta.

Alzando la cabeza, ella puso su cabello detrás de su oreja. —Yo tampoco lo dije en serio —admitió—. Es sólo que… —un gruñido salió de sus labios mientras sus hombros se desplomaban—. Tú puedes ser muy frustrante algunas veces, Sasuke.

Eso hizo que él enarcara una ceja. —¿Lo dice quién? ¿? ¿La terca?

—¿Me estás diciendo terca cuando yo soy la que vino a disculparse? —argumentó, dirigiéndole una mirada exasperada.

Presionando los labios, se negó a responder y simplemente volteó la cabeza.

Sakura arrojó un suspiro y se le acercó, envolviendo los pequeños brazos alrededor de su cintura y descansando la cabeza en su pecho sin otra palabra. Al principio, él permaneció rígido como un tablón. Pero luego, mientras dejaba salir un pesado suspiro, toda la tensión pareció abandonar su cuerpo y sus brazos se alzaron para envolverse alrededor de su pequeño cuerpo mientras sus labios se presionaban encima de su cabeza.

—¿Acaso esta fue nuestra primera pelea? —preguntó después de un minuto de silencio, su voz amortiguándose en su piel.

—¿Nuestra primera pelea irracional? —aclaró—. Sí.

Ella contuvo las ganas de sonreír. —¿Qué fue lo que lo desencadenó de todos modos?

Él frunció el entrecejo mientras colocaba su barbilla encima de su cabeza y trataba de encontrar una respuesta. Él se quedó corto. —¿A quién le importa? —dijo eventualmente e inclinó la cabeza para presionar sus labios con los de ella.

—Te amo —murmuró en su beso—. Y lo siento.

—Aa. Yo también.

~•~

Era una fría noche de febrero cuando Sasuke tuvo la sorpresa de su vida.

Él estaba en su habitación, sentado en el borde de la cama, echándole una ojeada al contrato que había llevado a casa desde la oficina. Un toque resonó en su puerta ya abierta y él dio un pequeño gruñido antes de alzar la cabeza y congelarse.

Ahí estaba ella, apoyada en el marco de la puerta, vestida con sólo un pequeño babydoll negro casi transparente y un par de pantis a juego que apenas dejaban algo a la imaginación.

—Hola —lo saludó con un tono suave, sonriendo casi con timidez bajo su intensa mirada.

Tragó grueso cuando ella comenzó a caminar hacia él, su postura perdiendo su confiado encanto que tuvo alguna vez, reemplazado en cambio por algo parecido a la sumisión. Bajo circunstancias normales, eso lo hubiera angustiado, de no haber sido por el hecho de que él pareció darse cuenta de algo de gran importancia—junto con su sumisión, vino la fácil calma y la comodidad que siempre habían querido, pero que nunca consiguieron encontrar.

Ella ya no necesitaba invocar la confianza que no tenía para esconder sus inseguridades—ella se le estaba ofreciendo sin los hilos negros de la duda. Ella descansaba perfectamente a salvo en la certeza de que él nunca la lastimaría, que ellos estaban juntos en esto y que, sin importar lo que ocurriera o lo que se les cruzara, él la ayudaría en sus momentos más difíciles, así como ella lo ayudaría a él.

Y debajo de eso, estaba la verdadera confianza que una mujer independiente como ella debería tener. La seguridad que tuvo en hacer la mejor elección—en darle a él todo, en poner toda su confianza en él—en su esposo, su amante, su mejor amigo—y confiar en que él la protegería tanto como la protegería a ella. Si era posible, él se enamoró de ella aun más.

—Sakura… —murmuró cuando ella se puso en frente de él, sus dedos revoloteando a través de las gruesas hebras de su cabello puntiagudo. Sus uñas rascaron su cuero cabelludo con suavidad y él cerró los ojos, tanto de alegría como de placer, haciendo su mejor esfuerzo en ignorar las reacciones que ella despertaba en él con una caricia tan simple como esa. Él no había tenido a una mujer en un largo tiempo y hubiera estado dispuesto a mantenerlo de esa forma. La idea de tocar a otra mujer —alguien que no fuera su esposa— sonaba casi repulsivo ahora y sabía que nunca se volvería a rebajar a ese nivel de nuevo. Sin embargo, eso no significaba que no extrañara tener sexo. Después de todo, él era un hombre y mentiría si dijera que no había estado esperando este momento desde que Sakura regresó. Eso se volvió especialmente lógico cuando tomó en consideración el hecho de que había dormido a su lado cada una de las noches desde entonces—y que su esposa no era alguien que usara pijamas normales.

Brevemente se preguntó si este no era otro de sus tortuosos sueños. Pero luego la mano de Sakura se movió de nuevo, quitándole el flequillo del rostro y se dio cuenta de que esto era real, esto realmente estaba ocurriendo. Lentamente, abrió los ojos, fijando su mirada en la de ella. Ella le sonrió, esa dulce sonrisa que reservaba sólo para él y se inclinó para besarlo, suavemente tocando sus labios con los de él.

Todo se perdió entonces. Los papeles en sus manos fueron abandonados y se desparramaron en el piso en una desordenada pila cuando los dedos de él encontraron el suave material que cubría su cintura. Lentamente, se reclinó hasta que su espalda tocó el colchón y ella lo bajó con él—la sensación de sus curvas sutiles presionándose contra él y su suave piel en la de él casi le quitó el aliento.

Cuando el beso se rompió, se encontró mirándola mientras una cortina de sedoso cabello rosa los aislaba del resto de la habitación.

—¿Estás segura de esto? —preguntó mientras se lo quitaba del rostro y lo ponía detrás de sus orejas, su aliento chocando con los labios de Sakura.

Sakura asintió. —Lo estoy —respondió, sus propias manos recorriendo sus oscuros mechones—. Sé que puede parecer pronto, especialmente después de todo lo que ha pasado en nuestra relación, pero no creo que esperar nos haga ningún bien. ¿ crees eso? —preguntó, bromeando ahora, su sonrisa moldeándose en una socarrona.

Sasuke enarcó una ceja, divertido. Ella lo miró a los ojos, retándolo con su propia ceja enarcada. No estuvo para nada preparada para lo que él hizo después: la agarró de la cintura y la volteó de modo que él estaba encima ahora, sacando un sorprendido grito ahogado de su garganta y haciendo que todo su cabello rosa se esparciera sobre las almohadas azul marino. Mientras se acomodaba encima de su cuerpo considerablemente más pequeño, él —intencionalmente, notó ella en un instante— conectó sus caderas con las de ella. Ella falló en contener otro grito ahogado cuando él hizo eso, sus ojos jade cerrándose por las sensaciones que su simple acción había provocado. No había duda en su mente de que este período de abstinencia, si podía llamarse así, había sido necesario para que su relación se curara por completo, pero eso no significaba que ella no hubiera extrañado las noches que pasó en sus brazos. Sin embargo, sólo hasta ahora que ella lo tenía encima y sabía totalmente lo que estaban a punto de hacer fue que se dio cuenta exactamente de lo mucho que lo extrañó.

Acercando los labios a su oreja tanto como fuera posible, susurró con voz ronca:

—¿Qué crees tú?

Pasó un rato antes de que la pelirrosa recuperara el porte y fuera capaz de hablar e incluso entonces, sintió como si tuviera que hacer un esfuerzo casi sobrehumano para mantener su voz constante. —Sé que ambos hemos tenido dudas sobre intimar de nuevo… quiero que sepas que las mías ya desaparecieron —susurró, sus ojos jade brillanto fuertemente con una emoción que, para ahora, se había vuelto extrañanamente familiar para él—amor.

Era casi gracioso, para ser honestos. Una vez había pensado que él nunca necesitaría algo tan 'estúpido' y 'superficial' como el amor. Y ahora—ahora que le había permitido entrar en su vida… no estaba seguro de poder vivir otro día sin verlo en sus ojos jade, sin escucharlo en sus palabras, sin notarlo en sus acciones. No estaba seguro de poder vivir otro día sin mostrarle a ella, con todo lo que él tenía, que la amaba, que la adoraba, que se preocupaba por ella como nunca nadie lo había hecho, como nunca nadie tendría la oportunidad de hacerlo ahora. Ella era de él—y esta vez, era real, no alguna pretensión que él hubiera creado porque se sintiera con el derecho y adicto a la felicidad que ella le ofrecía de manera tan desinteresada. Ahora era real—y se sentía mucho mejor que en sus sueños más salvajes.

—Ya lo sabía —confesó, mirándola a los ojos con la misma intensidad, la misma emoción, la misma adoración incondicional—. ¿Sabes por qué? Por que esta vez, te conozco —y él se estaba enamorando lentamente con cada una de las piezas nuevas que descubría de ella, paso a paso.

Conmovida por sus palabras, la pelirrosa no pudo contener la sonrisa de felicidad que jaló de las comisuras de sus labios. Él tenía razón. Todo era diferente ahora, comenzando con el hecho de que ambos se conocían y se entendían; era sólo ahora que realmente podían hablar sobre el amor verdadero—porque era sólo ahora que habían conseguido deshacerse de todas sus fachadas y abrirse uno al otro al punto en donde estaban dispuestos a compartir cada parte de ellos.

Jalando su cabello ligeramente, ella bajó la cabeza de Sasuke para darle un beso apasionado, amando la forma en que él lo respondió con entusiasmo.

Se besaron por un largo tiempo, hasta que sus pulmones necesitaron oxígeno, sus manos explorando el cuerpo del otro. Se separaron jadeando, ligeramente mareados e incluso desorientados por un momento—Sasuke atacó de inmediato su cuello, besando y arañando la piel con sus dientes y ocasionalmente succionando cuando encontraba un lugar particularmente sensible. Él lentamente fue abriendo paso hacia abajo, sensualmente lamiendo el valle de sus pechos mientras sus manos se alternaban entre masajear sus muslos y agarrar sus caderas.

Todo el tiempo, Sakura jadeó y se retorció debajo de él, mareada con el placer y completamente abrumada por su presencia. Era como si él estuviera en todos los lugares al mismo tiempo, alabando su cuerpo. Todo lo que ella pudo hacer fue jalar su cabello oscuro y jadear y gemir apasionantemente, tratando de encontrarle sentido al hecho de que, sin importar qué, ella probablemente nunca tendría suficiente de él.

Mientras el tiempo pasaba, sus manos subieron por su cuerpo, acariciándolo con gentileza, con delicadeza. Sus labios se encontraron una y otra vez. Cada bocanada de aire que tomaban estaba alimentada del otro, cada gemido y gruñido que salía de sus labios era absorbida por el otro. Pronto, los dedos de él se entrelazaron con los de ella encima de su cabeza.

Fue todo lo que debió haber sido esa noche y no lo fue. Sakura no pudo decir que se arrepintió de haberse entregado a él ese día. No pudo decir que hubiera hecho las cosas de otra forma si pudiera regresar en el tiempo. No pudo decir que hubiera sido un error. Pero esto, ahora—este era el verdadero trato.

Era una recompensa física, no había manera de que pudiera negarlo, pero era más que eso. Era emocional. Era alentador. Todas las barreras se había derrumbado esta vez y si ella pensó que lo había disfrutado en ese entonces, entonces no había palabras para describir lo que estaba sintiendo ahora. Ni siquiera intentó hacerlo. Simplemente se dejó llevar, se permitió sentir. Era abrumante, en cierto modo, estar tan cerca del hombre que amaba así como tener la certeza de que esta vez nadie los separaría. Tenía completa confianza en él de que no permitiría eso.

Y así—así es cómo sus nuevas vidas comenzaron.


Bueno, ciertamente este es uno de mis capítulos favoritos. Who knows, who knows. En fin, espero que les haya gustado mucho el capítulo. Ya todo comienza a quedar en su lugar. :D

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¿Quién no está emocionada por todo lo que se viene este 2016 respecto a Naruto, Boruto y demás? Yo muero. Tehee.

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Ah, nunca me cansaré de decirlo: Katte es un pansito.

...ustedes también.

...los anónimos también.

Y aunque no dispongo del mismo tiempo como antes, quiero que sepan que siempre leo todas las cosas motivacionales y hermosas que me ponen. A pesar de que hay temporadas largas en las que me desaparezco, siempre estoy pendiente de ustedes y de esta página y nunca ha sido mi intención (ni lo será) desaparecer de por aquí. Al menos no pronto y no por mi propia voluntad. :D

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¡Nos vemos pronto!

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sasuke-glamour off!

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Obvio no me iba a olvidar: ¡peluches de Sasuke para todas! :D