ĈâМßïÅńďō ΣĿ ΡΛšΛĐΘ


Mientras yo vuelo, ustedes se quedan aquí en tierra: encadenados a la tortura que ustedes mismos se han proporcionado.

Con estas palabras de peso, Isabella dio media vuelta y salió furiosa del gran salón. Xavier, quien para entonces ya se había levantado del suelo, corrió tras de ella cerrando la escena que sin duda la alta sociedad no olvidaría durante tal vez algunos días más hasta que, como pronosticó Isabella, la guerra comenzara y tuvieran cosas más relevantes qué comentar.

Hermione y Draco corrieron tras ellos aún impactados por lo sucedido en aquella fiesta supuestamente inofensiva. Todo había resultado un desastre¿Cómo iban a imaginar ellos acaso que la verdad se descubriría aquella misma noche y de esa forma tan espantosa?

Isabella caminaba velozmente mientras que Xavier corría tras de ella. Para alcanzarla estiró su mano y tomó su brazo obligándola a volver. Sus ojos grises se clavaron en los de ella, para no volver a dejarlos jamás. En aquellos ojos marrones había algo que jamás había visto antes, y en ese preciso instante miles de imágenes cruzaron por su mente; Isabella bañándose en el río, Isabella defendiendo a los aldeanos, Isabella desmayándose, Isabella sonriendo, Isabella enojada, Isabella gritando, Isabella altiva, Isabella sonrojada, Isabella sobre la cama, Isabella y su olor a lluvia fresca, Isabella, Isabella, Isabella….solo ella pudo llegar a sus sentidos como arte perfecto e incorruptible. Se quedó estático, con la mirada cautiva en sus ojos llameantes, ni siquiera notó cuando la lluvia helada comenzó a caer sobre ellos en aquella noche de cielo seco.

Isabella sintió el frío recorrer su cuerpo y el vestido transformarse en algo extremadamente pesado. No intentó soltarse ni alejar de él, prefería mirar en aquellos ojos fríos que no le pertenecían. Era su forma de decirle adiós. En aquel salón, en el preciso instante en el que supo que todo se había descubierto, se vio espantada ante una verdad que desconocía, en lugar de haber sentido un alivio, una presión corchó su pecho dejándola sin aire. Lo primero que llegó a su mente fue la idea de que ahora que ya no tenía que ocultar nada, ya no tenía excusas para permanecer en la casa de Xavier. Un grito ahogado se estancó en su garganta y le produjo el más grande y placentero dolor jamás sentido; sí, todo aquel tiempo se había engañado a ella misma ¿Sacrificarse por el nombre de la familia? Tal vez nunca lo hizo por eso! Tal vez se casó con Xavier para auto castigarse y al final había terminado interesándose por el ser más frívolo y vacío que existía sobre la tierra ¿Por qué¿Por qué sentía todo aquello por quien no debía?

"Tú lo sabes Isabella, por qué te sigues engañando? Xavier es el único que te mira y te considera algo importante, inclusive cuando te odiaba, le importabas."

Sí, ningún hombre a excepción de su padre la miró con importancia, haciéndola sentir relevante. Su vida se había limitado a miradas dirigidas a ella como un ser insignificante, poco llamativo y penoso. Después de la muerte de su padre, nadie la había tomado como un ser existente, ni siquiera para odiarla ¿Tan necesitada había estado de sentimientos? Su alma había estado gritando desesperadamente por que la tomaran en cuenta. Y entonces apareció Xavier, quien como todos los hombres cayó ciego por la belleza de Carmen, pero que desde el primer momento le dedicó una mirada con una mezcla de interés y odio; mas no de insignificancia. Era el único que jamás la había visto como algo pequeño e inútil, el único que la hacía sentir feliz, aunque fuera su odio el que expresaba, eso la hizo sentir viva ¿No había pasado acaso todos aquellos años ayudando a los demás para considerarse a sí misma útil? Y de repente esto no fue más necesario, porque él la tomó y la transformó en algo con valía. Por eso había accedido a casarse, y por eso se había mantenido junto a él, y por eso, se había enamorado de él.

Hermione sintió un golpe seco en el pecho mientras se empapaba con lluvia gélida. Sí, observando la escena pudo jurar sentir lo que Isabella sentía, y entonces comprendió que no importaba ya presente y pasado, porque ambas eran una sola. La castaña sonrió¿no era acaso aquella su verdad también? Draco era el único que siempre la había mirado con odio fuerte e incorruptible y no despectivamente o con insignificancia como hacían los demás. La Gryffindoriana siempre se había sentido asqueada por no significar nada para nadie, se encontraba en aquel entonces en una etapa en la cual creía que hasta sus amigos la observaban como un ser inferior. Sin embargo, solo Draco la miraba de forma diferente, él quería lastimarla, porque la odiaba, y al odiarla; le proporcionaba cierta importancia. Por eso permaneció a su lado, por eso se quedó junto a él.

Draco sintió el frío calar en sus huesos mas esto no lo perturbó; estaba acostumbrado al hielo indestructible de su alma. Los mechones rubios húmedos caían por su frente mientras que sus ojos grises estaban fijos en Xavier e Isabella, quienes le recordaron aquella vez que durante la lluvia en Hogwarts, Hermione corría a través del campo de Quittich seguida por él ¿Cómo hubiera imaginado que terminaría arriesgándolo todo por el objeto de su venganza? Se volteó y miró a Hermione directamente a los ojos. Cuánto la amaba, cuánto la adoraba; y entonces por qué las palabras no salían de su boca? Por qué lo único que podía salir eran palabras frías y huecas?

Isabella bajó la mirada cortando el profundo contacto visual. Xavier pareció volver a la realidad y sintió las gotas de lluvia sobre su espalda y caer por su rostro.

- Voy a recoger mis cosas de tu casa, iré a la casa de Magdalena.- dijo ella con voz baja pero firme.

El rubio no dijo nada durante unos segundos. Sus ojos grises se habían nublado nuevamente con algo de rencor contenido.

- Mueres por irte verdad? Te encantaría largarte lejos y no tener que rendirle cuentas a nadie…siempre lo quisiste así, siempre fuiste así.

- Mi libertad es lo que más aprecio.- mintió la castaña. - Y ahora que la farsa a terminado...

- Ahora que terminó todo sigues siendo mi esposa!- exclamó lleno de ira. - Me sigues perteneciendo Isabella! Maldita sea eres mía!

Los ojos marrones de la castaña se encendieron mientras la lluvia seguía con su interminable caída.

- Por qué no vas mejor donde Carmen? Está libre ahora! Eso era lo que querías no es así? O no fue para eso que me usaste siempre?

Xavier se sintió agredido. Sus ojos grises se nublaron aún más que antes mientras que sus sentimientos se mezclaban en su interior ¿Qué le estaba sucediendo¿Por qué le aterraba la idea de que Isabella se alejara de su lado para siempre¿Por qué temía despertar y no encontrarla más a su lado? Su sonrisa, su voz, sus ojos, su cabello, su olor…nada de lo que ahora veneraba le había pertenecido nunca. Esa era la terrible realidad; Isabella permanecía intacta, como el más valioso cristal que alguna vez habría estado frente a él, brillando, irradiando su perfección, y sin embargo, jamás se había dejado tocar, ni siquiera acercarse había sido permitido. Isabella nunca le había pertenecido, y nunca le pertenecería; y cuánto le dolía aquello. Sentía su pecho sangrar en el interior, herido, cruelmente herido. Su boca, su cuerpo, todo en ella era puro y casto; su alma, su corazón, volaba libre lejos del alcance de sus manos mortales ¿Qué podía exigir de ella si nada nunca había estado bajo su posesión? Ella representaba aquello que jamás había podido tener, lo que nunca tocó, lo que nunca vio, lo que ni siquiera se atrevió a corromper ¿La desearía en silencio entonces para siempre¿Cómo extrañar lo que nunca fue suyo? Carmen había estado entre sus brazos, y por eso la había echado de menos…y ahora, con la tan sola posibilidad de que Isabella se alejara de su lado sentía ganas de morir ¿Carmen? Carmen no había significado nada! Un capricho, otro de sus tantos caprichos eso era lo que había sido! La castaña de intensos ojos marrones por el contrario, era amor, amor puro lo que sentía por ella. Solo así se podía explicar el dolor y la pasión que sentía con tan solo tenerla al frente. La quería, la amaba, la deseaba; y no por su belleza, sino por lo que conocía de ella y que lentamente lo había atado para siempre.

- Vamos a la casa entonces.- dijo Xavier.

No podía obligarla a nada.

Le daría su libertad.

"Y sería esa libertad la que la llevaría a sus brazos nuevamente..."

Draco y Hermione sintieron la tierra temblar y ambos se tomaron de la mano para caer de pie en la misma catacumba en la que habían estado hacía poco tiempo. La castaña mordió su labio inferior; el frío la estaba matando. Definitivamente haber estado bajo lluvia iba a causarle daño, lo sabía. Los ojos grises de Draco se fijaron en Morrigan, quien con una frivolidad perfecta se encontraba sentada en el trono que alguna vez fue de su hermana. Sus ojos tenían un brillo demoníaco y su expresión era aterradora. No parecía haber sido jamás un ser humano, mas bien aparentaba ser un ser sobrenatural, terrible.

Una voz llamó la atención de todos los presentes.

- Dónde está Zulema!- exclamó Siron entrando a la cámara.

Hubo un silencio indefinido. El vampiro pareció cansarse de ello y prefirió servirse un poco de sangre.

- Toma del jarrón transparente, no del azul.- advirtió la rubia con una voz templada y tranquila.

Siron dibujó una mueca en su rostro.

- Y por qué tendría que hacerlo?

- Si no quieres hacerme caso, bien puedes tomar la sangre del otro jarrón.- dijo ella queminportista señalando la bebida mortífera de la cual había dado de beber a su hermana poco tiempo atrás. Su mirada gélida permanecía perdida.

Siron la observó con ojos penetrantes y luego molesto habló.

- Sal del trono, no es lugar para un ser tan inferior como tú.

Morrigan sonrió y se levantó.

- Te pregunté que dónde está Zulema!- gritó él al ver que ella se retiraba sin decir absolutamente nada.

La rubia se detuvo en la salida, se volteó levemente, lo suficiente como para que él pudiera apreciar su pálido perfil.

- Dijo que iría donde los Pirandello. Creo que quería alimentarse con su sangre...- mintió ella, y con esto salió.

Hermione no comprendió la importancia de aquella escena, mas Draco, quien poseía una mente más práctica y seca pudo percibir lo crucial que aquello iba a resultar para toda la historia.

Una ráfaga de viento les pegó con fuerza.

Al abrir los ojos Hermione solo pudo ver a Isabella gritando y a la vez tapándose la boca para no producir tanto ruido; Xavier permanecía estático, insensible ante el cadáver que reposaba sobre el mueble de la mansión.

Y allí descansaban los restos de Zulema.

Hermione abrió los ojos y se vio en el suelo de la sección prohibida. Una mano se extendió para ella y al mirar hacia arriba, chocó contra los ojos grises de un Slytherin que se ofrecía a ayudarla. Ella tomó su fuerte mano y logró ponerse en pie, aún con la impresión entre ceja y ceja. Había algo que su mente no podía dejar de maquinar, era como si, en alguna parte de su cerebro, hubiera un problema que estaba a punto de resolver.

Pestañeó varias veces y mordió su labio inferior. Draco pudo notar que algo le sucedía. Observó el reloj que marcaban las seis de la mañana y supo que no sería nada normal llegar al gran comedor completamente empapado como estaba, debía ir rápidamente a su sala común a cambiarse o llegaría tarde a clases.

Justo cuando quiso irse Hermione soltó un gritito y se tapó la boca con ambas manos. Sus ojos marrones irradiaban sentimientos mezclados mientras se fijaban en él. Draco la miró extrañado.

- Qué te pasa?- preguntó algo cansado por la actitud enigmática de la castaña.

- Ya lo sé! No podía entenderlo antes pero ahora sí! Cómo no nos dimos cuenta antes! Estuvo siempre frente nuestras narices! Todo fue tan obvio! Para qué entonces era tan importante ver la trayectoria de los vampiros si no era porque tenían mucho que ver con la muerte de Isabella y Xavier? Eso es! - exclamó Hermione emocionada.

William los observaba desde una esquina. Los ojos marrones de la Gryffindoriana se fijaron en los negros de él.

- Morrigan puso el cadáver en la casa de Pirandello! Siron pensará que Xavier e Isabella fueron quienes la mataron! Siron querrá vengarse de ellos! Siron es el asesino!

Los ojos grises de Draco se ensombrecieron y ninguna palabra logró salir de su boca. Sí, todo ahora tenía sentido. Pero¿Cómo había podido deducirlo tan perfectamente? La verdad había estado allí siempre y ella la había captado de inmediato mientras que a él jamás se le habría ocurrido aquella posibilidad.

William sonrió y sus ojos negros irradiaron una luz de ferviente esperanza.

- Si es así como sucedió todo, entonces ya podemos vigilar de cerca cada uno de los pasos de Siron y estar atentos para evitar la muerte de ambos!

Hermione sonrió sumamente emocionada por el momento y miró a Draco, quien dibujó una media sonrisa en su rostro dedicada a ella.

El final se estaba acercando.


Ginny se restregó los ojos al levantarse, miró el reloj y notó que ya era bastante tarde; no le importó en lo más mínimo. Su mirada se quedó perdida durante varios minutos en el techo del gran cuarto. Por un momento olvidó lo que había ocurrido la noche anterior, mas repentinamente las imágenes saltaron a su mente como bombas y sintió el impulso de ahogarse a sí misma con la almohada.

Ya tendría tiempo para hacerlo, pero aún no.

Lágrimas corrieron tranquilas y discretas por los costados de sus ojos mientras ella permanecía en un estado vegetativo sobre la cama, sintiéndose ya sin vida. No entendía cómo podía respirar y seguir existiendo cuando por dentro se estaba descomponiendo. Ya no le quedaba nada, absolutamente nada.

Se levantó y se vistió. No se preocupó por cepillar su cabello rojo sangre mas eso no importó; éste permanecía liso y perfecto sin necesidad de tocarlo. Antes de salir abrió una nota que había recibido de Paul aquella misma noche, durante la reunión de la sociedad.

Desplegó el papel y las letras saltaron a sus ojos miel.

"¡Se acabó!

¡Estúpida palabra!

¿Por qué acabó?

¿No equivale esto a decir que todo quedó reducido a la nada?

¡Qué significa la eterna creación si todo lo creado ha de desaparecer para siempre!

El mundo, al dejar de existir,

Será como si no hubiese existido nunca.

Y sin embargo, lo vemos agitarse incesante,

Como si realmente fuese algo.

En verdad, prefiero mi eterno vacío."

Mefistófeles, Fausto.

Cuánta verdad tenían aquellas palabras! Ginny sintió, por primera vez en aquel día, algo que la emocionó al leer el trozo extraído de la obra Fausto. Solo las palabras eran capaces de regresarla a la vida aunque fuera por tan solo unos segundos. Mas inmediatamente, al guardar el papel, la oscuridad regresó para no irse más.

No pudo ni siquiera entrar al gran comedor.

Sus padres la esperaban a la salida de la sala común.


Hermione entró al gran comedor y notó a las veelas distribuidas por diferentes casas. Seguramente habían realizado la ceremonia de elección provisional al principio, y bueno, ya era bastante tarde. Al sentarse a la mesa notó que sus amigos ya casi acababan de desayunar, tan solo le quedaban cinco minutos para comer un poco. No se angustió, pues de cualquier forma no tenía mucha hambre. Sus ojos marrones se fijaron en unos espacios más allá de la mesa de Gryffindor y se sobresaltó, lo que encontró no se lo esperó jamás.

- Es la más hermosa de todas las veelas, tiene una belleza extraordinaria!- dijo Dean notando cómo los ojos de Hermione permanecían estáticos en la pelirroja de cabello rizado que charlaba con unas alumnas de sexto. - Ya averigüé cómo se llama, tiene un nombre extranjero bastante llamativo; Sara Toscanini.

- Sara...- dijo ella en voz baja mientras miraba fijamente a la altiva pelirroja. Sus ojos verdes centelleantes irradiaban perfección insuperable y sus labios rojos dibujaban una sonrisa falsa y elegante. No había duda, era idéntica a Carmen; cada uno de sus gestos se reflejaban en ella.

Hermione no podía comprenderlo ¿Qué hacía ella en Gryffindor? Siempre la imaginó en Slytherin, simplemente no encajaba con su personalidad el estar en la casa de los valientes. La castaña notó que todo el alumnado tenía su atención fija en Sara, quien con su sola presencia sobrenatural parecía atraer todo lo que se encontraba cerca. Durante unos breves segundos sus miradas chocaron, mas Hermione volteó el rostro sintiéndose incapaz de enfrentar a la culpable de toda su infelicidad tanto en el pasado como en el presente. Ella representaba una amenaza, y como tal no la toleraba.

Humedeció sus labios y luego, al levantar la mirada se encontró con unos ojos grises que la observaban desde el otro extremo del comedor. Con un ligero gesto, Draco Malfoy la obligó a mirar a su derecha, lo cual provocó que la Gryffindoriana notara que Krum permanecía mirándola del otro lado. Ella le sonrió al chico como saludo cordial y con ojos temerosos trató de transmitirle que no se acercara, lo cual pareció funcionar pues el jugador famoso de Quittich no se movió de donde se encontraba y siguió comentando con algunos amigos que ya había hecho. Aliviada, regresó la mirada hacia la mesa de Slytherin y notó que el rubio se encontraba satisfecho; hasta ahora todo marchaba bien.

Snape se levantó de la mesa de profesores junto con McGonagall y su voz resonó en todo el lugar.

- Acompáñennos los prefectos de cada casa, ahora!- ordenó él caminando hacia la salida del gran comedor junto con la profesora.

- Y ahora qué querrán contigo...- dijo Ron a Hermione quien se levantó al igual que Paul en la mesa de Ravenclaw, Hammy en la de Hufflepuf y Draco Malfoy por la de Slytherin.

Todos atravesaron el lugar y salieron para encontrarse con los profesores de las casas rivales esperándolos afuera. McGonagall pasó la mirada por cada uno de los prefectos asegurándose de que estaban todos y habló.

- Se acerca el baile y ustedes, como Prefectos, tendrán tareas específicas que cumplir.- dijo con firmeza. - Se les asignarán ciertos trabajos que realizarán a cabalidad por ser precisamente los representantes de sus casas. Espero no nos defrauden.

Los cuatro alumnos asintieron. Snape dio un paso adelante.

- Tú y tú se encargarán de la organización debida del baile de graduación.- dijo refiriéndose a Hammy y a Paul. Luego volteó despectivamente hacia la castaña. - Señorita Granger, usted va a organizar el partido de Quittich que se dará el lunes contra las veelas. Queremos que todo alga a la perfección no sé si comprende...

- Entiendo profesor.- respondió Hermione no dejándose intimidar.

- Malfoy, tú te encargarás de ser el guía de las veelas durante su estadía; quiero que arregles un tiempo en el horario en el que ellas puedan acompañarte para que les muestres todas las instalaciones del colegio.

- Necesito el horario de las veelas para eso.- replicó el rubio.

- Habla con Toscanini, ella es la líder.

Los ojos marrones de Hermione se fijaron como dos llamas sobre él. No podía ser verdad, lo que tanto había temido parecía querer realizarse ¿Por qué justamente le tocaba a él hablar con Sara¿Por qué no a Paul¿o a Hammy? No pudo impedir que la sangre comenzara a calentarse dentro de su suave y tersa piel dorada. Temía demasiado de lo inevitable.

Sin embargo, a Draco parecía no importarle para nada la situación; su actitud queminportista no solo se dirigía hacia el deber encomendado, sino también ante los celos de la Gryffindoriana. A estas alturas, a tan poco tiempo de graduarse y unirse a la guerra con Voldemort, lo que menos que le preocupaba eran los caprichos de Hermione. Sí, ella podía resultar ser una niña en múltiples aspectos, y cuando algo se le metía en la cabeza, era difícil sacárselo. Hasta tal punto la había llegado a conocer que sabía descifrar sus miradas, sus gestos, su tono de voz. Simplemente, no había nadie quien la conociera como él lo hacía. Él sabía que la castaña temía por Sara Toscanini, ya que tenía la misma belleza que había hipnotizado a Xavier en el pasado. Todo se debía a esa inseguridad que Hermione había cargado consigo siempre y que él no sabía cómo eliminar. Draco no sentía nada hacia Sara, ni siquiera atraído hacia su aparente perfección; nada en ella lograba llamarle la atención, ni robarle un simple pensamiento. Sin embargo, la castaña no lo sabía, no podía imaginar siquiera que ella era la única que significaba algo para él en el mundo. Aquellos celos infundamentados hasta resultaban insultantes.

Sara era solo superficialidad.

Hermione era profundidad.

Por supuesto que, Draco Malfoy no era de aquellos que expresaba con palabras lo que sentía o pensaba; prefería demostrarlo con hechos. Le molestaba terriblemente la desconfianza de la castaña, y en definitiva no quería saber de ellos. Tenía cosas mucho más importantes en que pensar como en su plan y en lo que los mortífagos parecían querer tramar.


Ginebra Weasly no hay réplicas! Tu padre y yo hemos tomado una decisión y tú vas a respetarla! No vamos a permitir que sigas por el camino que vas! - dijo Molly consternada.

Lágrimas de rabia caían por las mejillas pecosas de la pelirroja.

- Lo que me pasa no tiene nada que ver con Paul mamá¿Qué es lo que Ron te ha contado! Su versión de los hechos! Por qué no me escuchas aunque sea una vez en tu vida!

- No le hables así a tu madre Ginny!- intervino algo nervioso Arthur. - Siempre hemos sido unos padres comprensivos y hemos estado allí cuando nos has necesitado. No nos acuses de no escucharte, ni mucho menos a tu madre, quien siempre ha sido más que eso, ha sido tu amiga.

Molly estaba a punto de echarse a llorar mas se contuvo.

- Lo sé! Lo sé! Perdónenme! Perdónenme por todo!- dijo Ginny sollozando mientras se sostenía la cabeza. - Hay demasiadas cosas que no entiendo, están dentro de mí y me hacen daño. Me duele, me duele demasiado...

- Pero habla Ginny! - suplicó su madre. - Por qué no hablas con nosotros? Qué es eso que te perturba tanto! Dime amor! No me dejes así! Crees que no sufro al verte en este estado! Esta no es la hija que yo dejé en el andén hace unos meses atrás!

Los ojos de Molly irradiaban preocupación extrema mientras se humedecían con cristalinas lágrimas. Arthur trataba de permanecer firme, mas sus manos temblaban. Nunca antes había visto a su hija en aquel estado, y aquello lo estaba destrozando.

La pelirroja humedeció sus labios mientras trataba de tranquilizar su desesperado llanto. Tomó un poco de aire y miró a sus padres, las dos personas a quienes más quería en todo el mundo. Se sentía tan pequeña, tan inútil e inservible; incapaz de complacer siquiera a aquellos seres amables y gentiles que siempre la habían amado por lo que ella era.

Nunca se odió tanto como en aquel momento.

Sabía que aquello iba a suceder, sabía que si sus ojos chocaban con los de sus padres entonces querría morir, pues vería en ellos reflejada la imagen patética y sin sentido de su vida. Ron la había obligado a aquello, él la estaba atormentando; también lo odiaba a él.

Ginny tragó su agudo dolor y sus pensamientos oscuros y muertos y miró a sus padres a los ojos.

- No sé lo que me pasa.- mintió tragándose el veneno que cargaba consigo durante más de dos meses. - Solo quiero que sepan, que sea lo que sea que yo decida hacer conmigo...pase, lo que me pase...quiero que sepan siempre que han sido los mejores padres que he tenido y que los quiero.

- Oh Ginny por qué hablas así!- sollozó Molly aterrada.

- Es ese chico… sé que él influyó en ti todo este tiempo.- argumentó Arthur tratando de culpar a alguien.

- Voy a ir al baile con él quieran o no.- dijo ella secándose las lágrimas. - Esa noche todo acabará lo prometo.

- A qué te refieres?

- Les prometo, que después de esa noche, toda esta pesadilla va a terminar para siempre.- repitió Ginny, y con esto dio media vuelta para caminar lejos del lugar.

Molly y Arthur sintieron una presión en sus pechos mas ninguno dijo nada.

Nadie se atrevía a pronunciar la palabra temida que acudía a sus mentes en aquel preciso instante.


Una pregunta...como saber ke tanto les gusta si no nos dejan reviews? O sea de vdd significan mucho porke asi sabemos si de vdd kieren ke siga actualizando dejen reviews! keremos llegar a los 300 vdd?