Capítulo 34: El escorpión

El viejo brujo nórdico apartó un momento el báculo mientras recitaba palabras en un idioma extranjero. En ese instante los dos ninjas de la arena golpearon el suelo, y mientras uno lanzaba el shuriken gigante hacía el brujo, el otro abría parte de su rollo, y con un kunai se rajaba la mano, para untar de sangre la parte del pergamino que había dejado libre.

-¡Técnica de invocación! ¡Escorpión de la arena!-Gritó Yachiru golpeando el suelo con la misma mano ensangrentada, mientras el brujo golpeaba el shuriken con la parte inferior del báculo y apuntaba hacía ellos.

-¡Llamas a mil!-Gritó mientras del báculo salía un fogonazo.

En el instante que la llamarada salía del báculo de Finnur, del suelo apareció un gigantesco escorpión marrón, de cosa de dos metros de alto y diez de largo. Encima suyo se había situado Yachiru, el cual había escapado del fogonazo, ya que el escorpión había usado una de sus pinzas para apartar la llamarada.

-¡Octet!-Gritó Yachiru desde arriba del monstruo, mientras formaba sellos con sus manos.-¡El veneno!-

-Ahora va, ahora...-Murmuró con gran voz el escorpión.

Finnur observaba al gigantesco insecto mientras dibujaba en el aire un símbolo extraño con su báculo mientras lo hacía rodar entre sus manos.

-¡Katon. Llamarada venenosa!-Gritó Yachiru mientras el escorpión abría la boca y de esta salía una gigantesca nube tóxica, la cual se unió al fogonazo que salió por la boca de Yachiru al terminar de invocar su técnica.

Finnur saltó hacía atrás, mientras la llamarada se lanzaba contra él con intención de reducirlo a cenizas.

-¡No puedes pasar!-Gritó Finnur mientras golpeaba la llamarada con la punta de su báculo, el cual brillaba con una extraña aura azul. Tanto ataque como receptor eran arrastrados hasta la gigantesca concentración de árboles,y parecía que el viejo había conseguido parar parcialmente el hecho que las llamaradas no se lo llevaran por delante, pero, la trayectoria seguía siendo la misma.

-¡Ahora!-Gritó Maku apareciendo de entre los árboles con un manojo de kunais en sus manos.-¡Sello de destrucción. Puntería!-

Impulso sus brazos hacía atrás, y lanzo los kunais los cuales se dirigieron contra el báculo del viejo. Finuur se dio cuenta de eso, y mientras alzaba su mano, hizo que el báculo disminuyera el angulo de distancia con la llamarada, sin dejar que la punta superior de su arma abandonara la punta del ataque. Los dos seguían siendo arrastrados y cada vez estaban más cerca de los arbustos, y sabía que si llegaban allí, estaba todo perdido. Entonces, desplazo un poco su cuerpo hacía donde los kunais se dirigían, y dejó que se clavaran en su espalda, mientras le sonreía de reojo a Maku.

-¡Todavía no!-Sonrió Maku mientras formaba otro sello, y saltaba del árbol en el que estaba situado hacía la claraboya-¡Sello de autodestrucción. Presa cogida!-

Y entonces la espalda del viejo explotó, dejando que los kunais salieran volando del lugar, y volvieran a dirigirse hacía el baculo.

-¡Que no vais a romperme el báculo, coño!-Gritó Finnur mientras de debajo la tierra aparecían tres kunais los cuales se clavaban en su cuerpo con bastante crueldad. Él viejo escupió sangre que se evaporo antes de llegar al suelo, mientras sus ojos perdían el sentido.

Su mano soltó el báculo, el cual chocó dos veces con la llamarada antes de que esta lo carbonizará. El viejo brujo rodó varias veces por el aire antes de que la llamarada volviese a coger velocidad y se precipitará de forma calamitosa contra el bosque, y los árboles más cercanos empezaran a arder instintivamente, después de marchitarse por el veneno.

Maku se puso una de sus manos en la boca y empezó a toser, al sacar la mano de allí, se dio cuenta de lo ocurrido, había aspirado el veneno.

-Hay que ver que estúpido que soy...-Murmuró antes de desplomarse contra el suelo. Una vez en el suelo abrió lentamente los ojos, y tan solo vio oscuridad, y un rayo azul lanzándose a toda potencia hacía los árboles.

El escorpión había desaparecido, y Yachiru jadeaba mientras se acercaba a Maku.

-Eh... creo que nos ha subestimado-Dijo con una sonrisa mientras observaba a su amigo tumbado.-Anda, levantate-

-Lo haría con sumo gusto, pero, ¿Nadie ha osado decirte que el veneno de tu mascota es realmente... fuerte?-Dijo esbozando una sonrisa mientras su cuerpo temblaba y sudaba.

-No...-Murmuró Yachiru acercándose corriendo hacía su compañero, y tocándole la frente.-¡No!-

-¡Eh! Si no importa. De verdad, no te guardo rencor. Hemos vengado a nuestro maestro, aún así... me gustaría volver a ver la arena de nuestra villa.-

-¡No digas tonterías! La verás-Dijo Yachiru mientras ponía su mano dentro de una pequeña bolsa dentro de su ropa, una pequeña botella llena de un líquido verde.-Tomate esto...-

Yachiru abrió el tapón de la botella, mientras la desplazaba hacía los labios de su compañero.

-¡Venga...! ¡Bebe...! ¿Maku?-Murmuraba mientras bajaba su cabeza para observar como los ojos de su amigo se habían cerrado mientras sonreía. El líquido que había entrado en su boca, caía por el otro extremo.-¡¿Maku?! ¿Maku?-

Aparco la botella en el suelo, mientras con sus manos empezó a zaracear el cuerpo de Maku, el cual siguió inmóvil, sin vida.

-¡Eh! ¡Maku! ¡Maku!-Gritó mientras seguía moviendolo frenéticamente.-¡Responde! ¡Responde!-

Y entonces dejó de moverlo, seguía sin moverse, con esa sonrisa en sus labios. Yachiru se mordió el labio, mientras apretaba el puño y golpeaba el suelo.

-¡Mierda!-Dijo mientras giraba su mirada hacía donde había dejado la botellita con el antidoto. Y ya no estaba allí.