Tyrion esperaba sentado en el mismo alféizar de la noche anterior, contemplando la bahía. Al abrirse la puerta, saltó al suelo y fue al encuentro de Sansa. La miró expectante. Ella sonreía.
"Ha ido bien," dijo.
Él le tomó las manos. "Me alegro mucho, cariño. Bueno, luego me cuentas. Me marcho."
Ella se agachó para besarlo. "Buena suerte, mi amor."
"Tú eres mi suerte. Nos vemos más tarde," se despidió él. Le guiñó un ojo y se fue.
Daenerys lo saludó y Tyrion, tras una reverencia, se sentó en la misma silla que había ocupado Sansa. La reina lo estudiaba con atención, pero ya no tenía la actitud fría de su primer encuentro.
"Lady Sansa me ha contado cosas muy interesantes sobre su época en Desembarco del Rey. Fue una pesadilla para ella."
"Mi sobrino, mi hermana y mi padre se encargaron de ello. Le hicieron la vida imposible. Me gustaría poder decir que yo no contribuí a sus miserias, pero mentiría. El hecho de tener que casarse conmigo contra voluntad no hizo que me tuviera en gran estima," reconoció Tyrion.
"Pero la tratasteis bien. Os tomasteis en serio vuestros votos matrimoniales y la cuidasteis, pese a que ella rechazaba vuestra amabilidad."
"Ella era inocente y desgraciada. Lo único que yo podía hacer era tratar de confortarla, hacerle ver que tenía un amigo aunque ella no quisiera saber nada de mí. Era mi deber."
"¿Me vais a decir que, cuando vuestro padre os ordenó casaros con ella, os lo tomasteis como una obligación desagradable? ¿Como un deber odioso?," preguntó Daenerys, con una sonrisa escéptica.
"Ella es una muchacha hermosa, educada y dulce, de la antigua estirpe de los Stark del Norte, con derechos sobre Invernalia. Era demasiado buena para mí, más de lo que yo hubiera podido soñar en una esposa. ¿Desagradable? Claro que no. ¿Se queja el cerdo cuando encuentra un manjar entre el lodo? Pero yo no quería que ella se sintiera forzada a estar conmigo. No quería que fuera así. No tenía el menor deseo de que me despreciara más de lo que ya lo hacía por ser un Lannister. No me entusiasmaba la perspectiva de encontrarme día a día con su indiferencia y el muro de su distancia. Sansa salía perdiendo muchísimo más que yo," declaró él. "¿Cómo iba a alegrarme su infelicidad? ¿Cómo podía sentirme bien sabíendo que ella sufría y yo no podía hacer nada?"
Daenerys lo miró largamente.
"Cualquier otro hombre la habría tomado sin remordimientos ni tormentos de conciencia, no le habría importado en absoluto lo que ella sintiera y la habría obligado a consumar el matrimonio en la noche de bodas," dijo ella, con dureza, pero no lo miraba a él, sino a algún recuerdo ingrato. "Sois un hombre extraño, Tyrion Lannister."
"Yo no soy mi padre ni mi hermana, ni tampoco mi sobrino muerto. Estoy muy lejos de ser el más bueno de los hombres y no suelo anteponer el honor a mi propia vida, salvo cuando están en riesgo otras vidas que dependen de mí, y no me gusta tener sobre mi conciencia las muertes de inocentes. Ned Stark era muy honorable y yo lo respetaba, pero su honor le sirvió para acabar perdiendo la cabeza. No soy como él. Me gusta el juego de tronos y lo juego bien. Me gustaba ser Mano del Rey." Tomó la copa y vació casi la mitad de un trago. "Pero no disfruto torturando; esa era la afición favorita de Joff. No disfruto maquinando maldades; esa es la afición favorita de mi hermana. Y tampoco disfruto con la afición favorita de mi padre, el gobierno con mano férrea y sin escrúpulos. Me agradaría que no existiera tanta muerte ni horror porque no son espectáculos que me causen placer. Es cierto que siempre me ha divertido joder a mi padre, ya que nunca conseguiría su afecto. Cada día me ha escupido que me odia por haber provocado la muerte de mi madre. Él detesta mi sentido del humor y lo he cabreado cuanto he podido desde que era un niño. Me denegó mis derechos sobre Roca Casterly y eso me dolió en lo más hondo. Yo era un putero borrachín porque sabía que Tywin aborrecía que su hijo enano deshonrara aún más el ya deshonrado apellido Lannister... Iba de burdel en burdel y bebía, porque... ¿Qué mujer iba a amarme, a mí, al Gnomo? Toda mi vida he buscado el amor y por fin lo he encontrado en Sansa. Ella es tan... increíblemente maravillosa que me pregunto qué dios se habrá apiadado de mí. Sé que no la merezco. Pero me esfuerzo por merecerla. Moriría por ella y dedicaré el resto de mi vida a amarla siquiera una parte de lo que merece ser amada. Y para lograr lo que quiero para ella, he venido a prestar ayuda a la única mujer que puede cambiar el mundo. Soy un hombre de acción, tengo una mente política y estratégica, me gustan los grandes retos en los que pongo en juego toda mi capacidad intelectual. Eso es lo que os ofrezco, majestad. Esto que soy en este pequeño cuerpo es lo que tengo para ofrecer." La miró sin vacilación ni miedo.
"Habéis hablado con el corazón, Lord Tyrion. Sois valiente." Él intuía que Daenerys estaba profundamente conmovida pero mantenía su férrea compostura. "Empiezo a vislumbrar que vamos a comprendernos muy bien y que podemos ser grandes aliados. Mi empresa es muy dura; yo no soy una de esas reinas que viven entre algodones. Me debo a mi pueblo. Ellos me llaman Madre. No puedo abandonarlos."
"Lo sé, majestad. Yo no habría venido hasta aquí con mi esposa, atravesando miles de leguas por menos de lo que vos tenéis para dar."
Ella sonrió por primera vez.
"¿Debo entender entonces que soy digna de vuestros servicios?," preguntó divertida, recordando su primera audiencia.
"Lo sois, majestad. Luchad sin descanso por seguir siéndolo. El trono no está hecho para acomodarse en él."
"Como el Trono de Hierro," apuntó ella.
"Como el Trono de Hierro," afirmó él. "Debo consultaros una cuestión."
"Adelante," animó Daenerys.
"Los niños huérfanos que nos atienden son encantadores. Nos estamos encariñando con ellos y a mi esposa le gusta enseñar y educar. Durante el viaje ha estado instruyendo a nuestra amiga Leena y desea continuar con esa ocupación. Se nos ha ocurrido que podría formar una escuela en nuestra sala adyacente para los huérfanos que tenéis en la Gran Pirámide."
A la reina le brillaron los ojos de interés.
"Es una gran idea. Decidle a Lady Sansa que dispondrá de todo lo que necesite para sus clases." Se quedó pensativa unos instantes. "Se me ocurre que todos los niños libertos podrían recibir educación. Tengo vuestra primera misión como mi ayudante y consejero, Lord Tyrion. Sondead quiénes de mis seguidores tienen formación de escribas y educadores y si están dispuestos a ser los maestros de todos los niños a partir de los cinco años de edad. Acondicionaremos dependencias aquí, en la Gran Pirámide, para que dispongan de espacios para el aprendizaje. ¿Podéis empezar cuanto antes?"
"Por supuesto. Hoy mismo."
"Podéis retiraros. Comunicad a vuestra esposa que este proyecto se debe a ella y que le estoy muy agradecida por su iniciativa. Por cierto," añadió. "Veré si puedo buscaros alojamiento definitivo. Por ahora acomodaos cuanto podáis en vuestras habitaciones y ya se verá."
"Muchas gracias, majestad." Le dedicó una reverencia y se retiró, con el alma más ligera de lo que la había sentido en su vida.
