Disclaimer: Las Crónicas de Kane son propiedad de Rick Riordan
Una vez Poseidón hubo terminado de leer, los campistas se emocionaron. La hora de jugar al Captura la Bandera, propuesto por Ares había llegado. Los campistas se reunieron en torno a Quirón, mientras este sacaba las armas, y empezaron a escoger las suyas. Mientras los dioses, los egipcios y los romanos (aparte de Grover, Rachel, Leo y Piper) se dirigían al anfiteatro, dónde tenían planeado ver evento gracias a una pantalla de cine gigante que Hefesto había hecho aparecer.
—El equipo azul tendrá su base en el bosque. El equipo rojo cerca del Puño de Zeus. El arroyó marcará el límite de ambos terrenos —anunció Quirón—. La bandera debe de estar a la vista de todos. Las mutilaciones están prohibidas y no pueden haber más de dos personas protegiendo la bandera. Ahora que las capitanas tomen las banderas.
Dos banderas se materializaron enfrente de él. Una de ellas era azul con un águila bordada. La otra era roja y tenía bordada una lanza.
—Preparaos para perder, pringada —susurró Clarisse a Thalia en cuanto ambas se acercaron a tomar la bandera.
—Más quisieses —replicó Thalia, cogiendo la bandera y dándose la vuelta—. ¡EQUIPO AZUL! ¡ADELANTE! —gritó con fuerza. El resto de campistas gritaron con entusiasmo y empezaron a seguir a la hija de Zeus, quién se adentraba en el bosque.
Atrás suyo oyeron.
—¡EQUIPO ROJO! !ADELANTE!
Walt
Tenía que admitir que estaba bastante interesado en ver ese juego. Los griegos nos habían contado de que iba el juego durante la cena y pintaba interesante.
—Ya veo —dijo Carter, en la fila de delante, mirando con interés un panfleto en su mano—. Parece ser que el equipo rojo tienes más posibilidades de ganar.
—¿Qué es eso? —preguntó Zia junto a él.
Sadie y yo, sentados detrás de ellos, nos inclinamos para observar mejor el panfleto.
—Es un panfleto con las habilidades y poderes estándares que poseen todos los campistas de diferentes cabañas —respondió Carter. Julian, Alyssa, Cleo y Jaz, en la fila de delante, giraron sus cabezas con curiosidad—. Antes le he pedido a la diosa Atenea si me podía ofrecer algo que me ayudase a entender los poderes de las personas que competían y me ha dado eso.
—¿Así? ¿Sin más?
Entendía el escepticismo de mi novia. Los dioses no solían dar cosas sin más. Carter se encogió de hombros.
—Imagino que al ser la diosa de la sabiduría no se ha resistido a transmitir conocimiento.
—Eso o quería evitar que le estuviésemos preguntando todo el rato que es lo que sucede —señaló Alyssa.
—¿Y por qué dices que el equipo rojo tiene más posibilidades de ganar? —preguntó Jaz.
—Bueno, aparte de que son una cabaña más...
—No creo que cuenten mucho —dijo Emma, apuntando a la pantalla con la cabeza. En la mitad derecha, correspondiente al equipo rojo, se podía ver a unos cuantos chavales dormir a pierna suelta debajo de un árbol, cerca de la bandera roja.
—También tiene a los hijos de Tique, diosa de la fortuna —siguió Carter, tras mirar a la pantalla—. Ellos son capaces de manipular la suerte, así que podrían obtener buena suerte para hacerse con la victoria. Sin embargo en el otro equipo están los de Némesis, diosa de la venganza, quienes también son capaces de manipular la suerte, así que ellos pueden dar mala suerte y equilibrar las cosas.
—Entonces, las cosas están bastante empatadas, ¿no? —dije.
Carter negó con la cabeza.
—El equipo rojo cuenta con también con los hijos de Niké, diosa de la victoria —respondió Carter.
—Es decir que si el equipo azul quiere tener alguna posibilidad de ganar, deberán incapacitar a los de Niké en primer lugar y después a los de Tique, ¿no? —dijo Julian.
—Así parece —asintió Zia, echando un vistazo al panfleto—. Aquí pone que tantos los hijos de Hermes como las cazadoras de Artemisa tienen grandes habilidades en el sigilo. Cada uno estaba en un equipo distinto, ¿verdad?
—Así es —recordó Cleo—. Hermes en el azul y Artemisa en el rojo.
—Pero los azules cuentan también con los de Iris, quienes tienen la habilidad de comunicarse a largas distancias —dijo Carter—. Si la cosa va como me imagino, los azules mandarán a los de Hermes a buscar la localización de la bandera roja; mientras los rojos hacen lo mismo con las cazadoras.
El sonido de una caracola sonó en la pantalla y se dividió en varias pantallas más pequeñas, dando inició al juego.
Holly
Quirón hizo sonar la caracola, dando inició al juego.
—Venga, vamos —dije, sacando mi espada.
Nos dividimos en pequeños grupos de tres o cuatro y nos adentramos en el bosque. Nuestro grupo consistía de cuatro personas: Stan (hijo de Iris), Victoria (hija de Apolo), mi hermano Connor y yo, una servidora.
Caminamos por el bosque, tratando de hacer el menor ruido posible. Bueno, Stan y Victoria procuraban hacer el menor ruido posible. Al ser Connor y yo hijos de Hermes, eramos unos expertos en el tema del sigilo. Ventajas de que tu padre fuese el dios de los ladrones.
—¿Aún no aparece nadie? —masculló Victoria enfadada.
A pesar de que Victoria era hija de Apolo, ella admiraba mucho a Ares. Tanto que incluso había formado un club de fans en su honor en el campamento. Era justo por eso que la chica prefería mil veces pelear con espada en vez de con el arco, como hacían el resto de sus hermanos.
—Tienes razón —asentí—. Es raro que todavía no nos hayamos topado con nadie.
—¿Puedes preguntar como van, Stan? —pidió Connor.
—Claro —asintió Stan, pasándose una mano por su cabello teñido de verde. Se aclaró la garganta—. ¿Cómo van las cosas por ahí?
Nada más pronunciar esa palabras, una débil niebla con los colores del arcoíris brotó de sus labios y se disipó en el aire. Segundos después empecé a escuchar en mi cabeza las distintas respuestas de los hijos de Iris, algunos se habían topado con personas del equipo contrario y otros, al igual que nosotros, con nadie.
—Ojalá tener ese poder —murmuró Connor con cierta envidia. Asentí de acuerdo con él.
Los hijos de Iris tenían la habilidad de comunicarse a largas distancias y con la gente que ellos quisieran, al ser su madre la mensajera de los dioses. Y, a pesar de que nuestro padre también era el dios de los mensajeros, no poseíamos esa habilidad.
—Me preocupa el grupo de Bea —murmuró Stan—. Al parecer se han topado con algunas cazadoras.
Reprimí un escalofrío. Antes de empezar el juego habíamos acordado tratar de mantenernos lo máximo posible alejados de las cazadoras.
"¡Cuidado con los hijos de Hécate! ¡Ellos... Uah!"
Recibí ese mensaje de golpe en la cabeza, seguramente mandado por alguien de Iris.
—¿Lucy? ¿Qué ha ocurrido? ¡Lucy! —gritó Stan, usando su poder.
Pero nadie recibió ningún mensaje y, por la cara de preocupación de Stan, él tampoco.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Connor—. Ha dicho que tengamos cuidado con los hijos de Hécate, ¿verdad?
—¿Para qué vamos a tener cuidado de ellos? Solamente saben usar simples trucos de magia —resopló Victoria.
—Te sorprendería saber lo que pueden hacer simples trucos de magia —replicó una nueva voz.
De entre los árboles salió una bola blanca del tamaño de una manzana. Connor y yo nos apartamos a tiempo de su trayectoria, pero Stan y Victoria no fueron tan rápidos. La esfera impacto en el brazo de Stan y una espesa capa de humo blanco surgió. Una vez disipado nuestros compañeros habían desaparecido y dos cerditos rosados estaban dando vueltas nerviosos por ahí.
—¡Los han convertido en cerdos! —exclamé con sorpresa.
—Así es —dijo la voz desconocida.
De la espesura salieron dos chicas, una de ellas de cabello negro, cortado hasta los hombros y ojos verdes esmeraldas, La otra de cabello rubio dorado, largo hasta casi el final de su espalda y los mismos ojos verdes. Lou Ellen y Yue de Hécate.
—No creáis que podéis ganar —exclamó Lou Ellen con una nueva esfera blanca en su mano. Nos la arrojó—. ¡Cogedla!
—¡Cómo si fuéramos a hacer eso! —replicó Connor, mientras retrocedíamos.
—Por favor, Connor —dijo Lou, poniendo cara de pena.
Desde luego fue efectiva. Connor se adelantó un par de pasos de forma inconsciente y levantó la mano, dispuesta a coger la esfera.
—¡Connor, idiota! —grité.
Connor pareció darse cuenta de la estupidez que iba a cometer.
—¡Oh, mie...!
La bola le dio antes. Estalló y humo blanco surgió de nuevo. Al disiparse un nuevo cerdito blanco estaba en el lugar.
—Connor —suspiré. Genial, ahora eramos uno contra dos, y yo estaba en desventaja.
Pero parecía ser que la suerte no me había abandonado del todo, algo curioso teniendo en cuenta de que los Tique estaban en el equipo rojo. Lou Ellen se quedó en silencio mirando al cerdito Connor.
—¿Lou? —murmuró Yue, mirando a su hermana. Esa era la primera vez que la oía hablar y me sorprendió al darme cuenta de que su voz era muy suave. Aunque coincidía con su aspecto de muñeca de porcelana.
—Adorable... —murmuró Lou maravillada con el cerdo de mi hermano. Entonces tomó al cerdito Connor entre sus brazos, lo apretó contra su pecho con expresión de felicidad y salió corriendo hacia algún lugar mientras soltaba pequeña risitas. Yue y yo nos quedamos en silencio, asimilando lo que acababa de ocurrir. Sabía que Lou estaba enamorada de Connor, pero jamás esperé algo como eso.
La hija de Hécate y yo nos miramos, y entonces pareció que ambas recordamos que eramos enemigas. Yue sacó un cuchillo y se puso en guardia mientras yo levantaba la espada. Ambas nos miramos. Sus ojos verdes brillaron.
Entonces oí pasos apresurados atrás de mí. Me di la vuelta, pero al ver que solamente eran Chris y Travis me relaje y volví a mirar a Yue. Ahora eramos tres contra uno...
¿Pero Chris no estaba protegiendo la bandera? pensé demasiado tarde.
Me di la vuelta en pánico, solamente para toparme con dos chicas idénticas que me apuntaban con sus espadas. Holly y Laurel Victor, de Niké.
—Mierda —murmuré mientras dejaba caer mi espada y levantaba las manos en señal de rendición. Miré a la hija de Hécate—. Has manipulado la Niebla, ¿verdad?
—Así es —asintió ella—. Una suerte que Holly y Laurel llegasen justo a tiempo.
En ese momento sonó la caracola, anunciando el fin del juego.
Nico
El campista y yo hicimos entrechocar nuestras espadas. Retrocedí un par de pasos por culpa del golpe y me puse en guardia. Ese campista era uno de los más recientes, porque no recordaba su nombre, aunque si recuerdo haberlo visto en la mesa de Hebe.
—Eres bueno —le dije.
El campista dijo algo que no entendí.
—¿Qué? —pregunté.
—Es que Paolo solamente habla portugués —respondió una nueva voz. Cerca del campista llamado Paolo, apareció el consejero de Hebe, Arthur—. Aunque entiende el inglés perfectamente. Por cierto, antes te ha dicho "Gracias. Tú también".
—Ya veo. —Levanté un poco más mi espada—. Entonces, ¿vamos a seguir hablando o pasamos a la acción?
Paolo murmuró algo en portugués. Arthur asintió.
—Paolo tiene razón. Somos dos contra uno y los de Hebe tenemos una capacidad de recuperación más alta que los otros semidioses. ¿Aún así quieres pelear? —me advirtió Arthur. Me lancé al ataque—. Lo tomaré como un sí.
Dirigí mi primer golpe contra su mano para desarmarlo, pero Paolo se puso por el medio, desviando mi espada con la suya. Arthur aprovechó ese momento para lanzarme una estocada que rebotó contra el peto de mi armadura.
Retrocedí varios pasos por culpa del impulso y apenas tuve tiempo para echarme hacia un lado, esquivando el golpe de Paolo que, al igual que yo antes, buscaba desarmarme.
—Te dije que era mala idea pelear dos contra uno —dijo Arthur con su espada levantaba. Supuse que planeaba asestarme un golpe en la cabeza con la parte plana de la hoja y dejarme inconsciente. Pero yo también tengo mi pequeño truco guardado.
Rápidamente golpeé el anillo plateado en forma de calavera de mi mano izquierda con mi mano derecha. Este giró sobre si mismo y empezó a expandirse, formando un escudo redondo de Hierro estigio.
—¿Cómo...? —bufó Arthur en cuanto su espada rebotó contra mi reciente escudo—. ¿Desde cuando tienes eso?
Me encogí de hombros.
—Desde hace un par de días —respondí—. Jake Mason me hizo el favor de hacérmelo.
—Anda que Jake avisa —murmuró Arthur—. Bueno, da igual. Con o sin escudo, seguimos teniendo la ventaja numérica.
—Deberías repasar las matemáticas. McArthur. —Malcolm salió de entre los árboles, blandiendo su espada en su mano derecha y su daga en la izquierda, ambas hechas de Bronce celestial—. Dos y dos no es ventaja numérica. Es igualdad numérica.
—¿Te llamas Arthur McArthur? —solté en ese momento, mirando con lástima al hijo de Hebe—. Tío, eso debe ser duro.
Arthur se sonrojo.
—Cállate —murmuró con la cara roja.
Se abalanzó sobre mí, blandiendo su espada. Detuve el golpe con mi escudo y le devolví el tajo, obligándole a retroceder para impedir el impacto. Mientras Malcolm empezó a combatir con Paolo, quién soltó una serie de palabras en portugués que supuse que no serían un halago a la familia Pace.
Los dos lados empezamos a intercambiar golpes y espadazos, pero pronto los de Hebe se dieron cuenta de que estaban perdiendo.
—Mierda... ¡Paolo, retrocede! —exclamó Arthur. Paolo soltó un comentario en portugués—. No me vengas con tonterías ahora. ¡Claramente estamos perdiendo!
—Me alegra de que al menos lo pilles rápido —dijo Malcolm.
Fue entonces cuando paso una cosa muy extraña.
De repente me resbalé con una piedra suelta que había tirada por ahí y caí hacia un lado. Casualmente, a Malcolm le pasó algo similar y cayó hacia mi lado, de manera que ambos acabamos enredados en una maraña de brazos y piernas de semidiós.
—¿Qué? —farfullamos ambos, intentando desenredarnos.
—¿Qué ha pasado? —dije.
—Ni idea —dijo Malcolm—. Esto ha sido muy mala... —Ambos nos miramos—. ¡Némesis! —exclamamos.
—Correcto —respondió una voz femenina con un tono burlesco. Levanté la mirada y vi a Alyson Libra, la consejera de Némesis, mirarnos con diversión—. Ya sabéis que los de Némesis tenemos la capacidad de manipular la suerte. Así que un poquitín de mala suerte...
En ese momento la caracola de Quirón sonó, dando fin al juego. Los cinco nos quedamos paralizados. Malcolm y yo pensábamos lo mismo: "Ojalá el plan de Annabeth haya funcionado."
Segundos después escuchamos la voz de Quirón:
—¡Gana el equipo rojo!
Thalia
Me fastidiaba admitirlo, pero el plan de Annabeth, aparte de ser sencillo era eficaz.
Dos cazadoras irían en sigilo hasta la ubicación de nuestra bandera y esperarían la señal para pasar al ataque a los dos vigilantes, que eran Chris Rodríguez de Hermes e Isaac Schuster de Hefesto. Una vez dada la señal, se abalanzarían sobre ellos ellos para pelear y Annabeth iría oculta con su gorra de béisbol de los Yankees y tomaría la bandera. Después simplemente corrió hacia el arroyo. Rápido, sencillo y eficaz.
Fue demasiado tarde cuando nos dimos cuenta de nuestra bandera había sido atrapada, pero igualmente Percy pudo acorralarla, aunque aún no me explico como lo hizo, ya que Annabeth iba oculta con su gorra. Imagino que cosas del amor y esas tonterías.
El caso es que Percy y Annabeth empezaron a combatir, dejando de lado la bandera. Momento que aprovechó Clarisse para tomarla y cruzar al otro lado, dando como ganadores al equipo rojo.
—Felicitaciones por ganar, Annabeth —le dije una vez todos nos reunimos. El equipo azul lamentando la perdida y el equipo rojo celebrando la victoria.
—No ha sido para tanto —respondió Annabeth, encogiéndose de hombros—. Todo dependía de si conseguía llamar la atención de Percy el tiempo suficiente mientras Clarisse cruzaba el arroyo.
Recordé como Percy había estado peleando contra Clarisse durante el juego.
—¿Todo fue plan tuyo? —exclamé, sorprendida. Annabeth asintió.
—Clarisse conduciría a Percy hasta el arroyo para que cuando yo llegase, ella pudiese coger la bandera y cruzar. Pensé, ya que Ares había sido quién había propuesto el juego, que uno de sus hijos ganase el juego —explicó Annabeth.
Negué con la cabeza, sorprendida por la idea de mi amiga. Annabeth me sonrió con cierta burla. Pasó un brazo por mis hombros.
—Venga, Thalia. Vamos a celeb...
La voz de Annabeth se apagó lentamente. Sus ojos perdieron todo enfoque y entonces cayó desmayada hacia delante.
—¡Annabeth! —chillé, cogiendo a la chica antes de que su cabeza golpease contra el suelo—. ¡Annabeth!
—¡Annabeth! —Percy se acercó corriendo, con el rostro pálido—. ¡Thalia! ¿Qué ha pasado?
—Ni idea —respondí—. Estábamos hablando y de repente se ha desmayado.
Quirón se acercó al trote.
—Ponedla sobre mi lomo —nos dijo. Percy y yo levantamos a Annabeth y nos aseguramos que estuviese bien sujeta en el lomo de Quirón—. La llevaré a la enfermería. Will, ven conmigo.
Will asintió y miró entre sus hermanos. Tomó la mano de una de ellas.
—Kayla ven conmigo por si acaso —dijo. Kayla asintió.
—Quirón, yo también voy —dijo Percy rápidamente.
—Si Percy va, yo también —añadí.
Quirón nos miró a ambos, evaluando si llevarnos o no.
—De acuerdo, pero nada de ruido —nos advirtió.
Los dos asentimos y seguimos al resto hasta la enfermería, mientras el resto de campistas se marchaba por su lado.
Me encontraba rodeada de oscuridad. Rápidamente me di cuenta de que era agua de mar.
¿Dónde...? ¿Dónde estoy? pensé mientras intentaba salir a la superficie. Pero el cuerpo no me respondía.
Algo sonó débilmente, obligándome a darme la vuelta. ¿Lo que acababa de oír era una voz? No estaba seguro de ello. Entonce la oí de nuevo.
—da... Ayu... da
Magnus
Me levanté sobresaltado, mirando alrededor mío. No estaba bajo el agua, sino en uno de los sucios callejones de Boston, en Nueva York.
Blitz, uno de mis compañeros, me miró con los ojos entornados.
—Menuda cara más mala, Magnus. ¿Has tenido una pesadilla?
No supe que responderle.
Hola gente.
Bienvenidos al capítulo trigésimo quinto. Uno mucho más largo de lo que había planeado la verdad. No estaba muy seguro de como hacer el Captura la bandera, pero al final me he limitado a ponerlo desde dos puntos de vista de cada uno de los equipos, usando a Holly y a Nico.
La parte del sueño del final, si os dais cuenta, el principio esta escrito desde el punto de vista femenino (Annabeth) y el final desde el masculino (Magnus). Por cierto, Magnus va a estar en la lectura, pero será el único nórdico en hacerlo.
Bueno, espero que os haya gustado.
Se despide,
Grytherin18-Friki
PD: Si alguien no recuerda los equipos, aquí los pongo de nuevo:
-EQUIPO AZUL
Zeus
Poseidón
Deméter
Apolo
Hefesto
Hermes
Iris
Némesis
Hebe
-EQUIPO ROJO
Ares
Atenea
Artemisa
Afrodita
Dioniso
Hades
Hipnos
Niké
Tique
Hécate
