nada me pertenece excepto mis ideas.


Tengo algo que contarte

Severus No había podido pegar ojo en toda la noche. Hermione se había dormido sobre su pecho dejando que su melena castaña y suave se desparramara sobre su cuerpo y las sábanas oscuras. Adoraba verla respirar con suavidad sentir el calor de su cuerpo, la delicia de su piel contra su cuerpo. Le llenaba de un sentimiento que no había conocido antes en su vida. Le preocupaban muchas cosas. ¿Qué diría la gente cuando se enterase? ¿Qué pensarían los padres de Hermione de su relación? Y sobre todo el embarazo. Aquello sólo complicaría más su relación. Sin embargo. Así como unos meses atrás aquello le torturaba hasta el punto de haberla dejado escapar. En ese momento la idea de que Hermione fuera a ser la madre de su hijo, la idea de ser padre, y de una nueva vida , le volvía el hombre más feliz del mundo. Las cosas llegarían poco a poco. Y ya irían viendo qué sucedía. De momento sólo quería disfrutar de ella. Y de aquel momento. Pero el sol asomó perezoso por los orificios de la persiana y atravesó las finas cortinas. Miró el reloj en la mesilla y ya marcaba las ocho. Él tenía obligaciones en Hogwarts. Se movió con suavidad para no despertarla y se dio una ducha en el baño de la habitación. El agua fresca ayudó a despejarle las ideas. Y a centrarse en sus clases de ese día.

Cuando salió a medio vestir ella aún estaba dormida entre las sábanas. Con las mejillas sonrosadas y los labios entreabiertos, como suplicando por un beso. Las sábanas se habían deslizado dejando al descubierto la espalda de piel suave y tersa.

Severus se acercó a ella y deslizó su nariz por la línea media de la espalda hasta su cuello aspirando el suave perfume a rosas de ella. Besó con ternura su hombro y salió de allí conteniéndose de mirar atrás, o llegaría tarde a Hogwarts.


Hermione despertó más tarde. Se desperezó y estiró en la cama. El lado de Snape ya estaba frío, pero no era extraño puesto que sabía que el tenía clase. Sin embargo después de todo el tiempo que había pasado sin estar con él tenía miedo de que no volviera. De perderle nuevamente. Su corazón martilleó y parpadeó rápido para deshacerse de un par de lágrimas rebeldes que asomaban en sus ojos.

Hormonas.

Últimamente lloraba por todo.

Desayunó tranquilamente mientras leía en el periódico los ataques de los muggles. Aquello se estaba yendo de las manos.

A media mañana miró el reloj de la pared que a penas marcaba las once. Mandaría una lechuza a Ginni para ver si quería comer con ella. Faltaba bastante para que Snape saliera de Hogwarts. Y tenía cosas de las que hablar con su mejor amiga.

Ginny llegó hasta su amiga castaña diez minutos más tarde de la hora pactada, sin embargo Hermione la recibió con una sonrisa y un abrazo.

- lo siento- se excusó. – mi madre se ha puesto pesada con lo de limpiar. Ya sabes por lo de la boda.

-pero si aún falta bastante.

- lo se, pero ya sabes como es mi madre. – Hermione sonrió ante el gesto enfurruñado de su amiga.- siempre controlándolo todo.

Pasearon por el centro de Londres buscando un buen sitio donde comer y charlando de banalidades. Era agradable. Le recordaba a Hogwarts, y Ginny era una persona con la que se sentía realmente a gusto. Deseaba compartir su felicidad con ella. Era lo justo.

Eligieron un restaurante italiano tranquilo y decidieron comer en el interior, puesto que no hacía demasiado calor fuera. Las mesas eran de madera, con los típicos manteles a cuadros rojos y blancos. Le recordó a su infancia, cuando sus padres la llevaban a comer.

-mmm comida muggle Me apetecía un montón. – dijo Ginny mientras el camarero les ponía una botella de agua, pan y se llevaba las cartas. – bueno hablando de todo un poco que tal tu vida. A penas has abierto la boca, me has dejado a mí que ocupara el centro de la conversación y realmente no creo que hayas quedado para oír el gran número de colores que hay para los ramos de flores de novia.

Hermione rió y sintió el hormigueo de los nervios al mirar los ojos de Ginny. Tenía que decírselo.

- ha sido un tema muy instructivo. Me valdrá mucho para cuando me case.

- primero tendrás que encontrar con quien- bromeó la pelirroja con picardía. Hermione parpadeó y frunció los labios con culpabilidad fijando en una mirada cargado de significado en su amiga – oh dios mio… ya tienes pareja.

Una sonrisa tímida asomó los labios de Hermione que tenía un nudo en la garganta.

-¿Quién?- había curiosidad en la mirada de Ginny. Hermione abrió los labios pero la voz se quedaba atascada en su garganta. Cogió aire profundamente y sonrió con inocencia.

- Severus Snape.

El trozo de pan que Ginny tenía entre los dedos cayó sobre el mantel fuera del plato de cerámica. La pelirroja parpadeó sorpendida.

- Dime que hoy no es el día de los inocentes, ni nada por el estilo- Hermione negó con la cabeza haciendo que sus ondas castañas se escurrieran por los hombros. La sonrisa de Ginny se ensanchó y se rió con ganas. ¿Se había vuelto loca? –Hermione Jane Granger, ¡con un profesor! Esa si que no me la esperaba.

- técnicamente no es mi profesor ya. –murmuró la castaña sonrojada y sofocada.

- si si si si lo que tu digas – la pelirroja seguía riéndose, sin maldad, absolutamente sorprendida. - pero no te quedes así, cuéntamelo todo quiero saber todo sobre vosotros. ¿Cómo fue?

- no lo se… Cuando me quise dar cuenta Severus, no era el murciélago odioso de Slytherin. He compartido muchas cosas con él. Supongo que la convivencia ha sido un dato importante. De la noche a la mañana me molestaba que se viera con Narcissa Malfoy, que se mostrara frío conmigo… quería algo más. Por supuesto me lo negaba a mi misma. Era una absoluta locura Severus Snape y yo…-una sonrisa se le escapó de los labios mientras lo contaba.- pero se fijó en mí. Algo vería.

- No lo digas así. Si alguien puede ser la mujer prototipo de Snape esa eres tu. Guapa, inteligente, atrevida. Aunque no imaginé que Snape pudiera enamorarse.

- el amaba a Lily Potter.

La boca de Ginny se abrió sorprendida. Al parecer Harry no se lo había contado. Hermione sentía una ligera punzada de dolor en el pecho al pronunciar aquellas palabras. Pero habían sido la realidad en la vida de Snape. Tenía que admitirlas.

- ¿y crees que no siente lo mismo por ti?

- oh, no… no es eso. Sólo que no es el hombre que creíamos que era en Hogwartrs.

Ginny se quedó en silencio. Mirándola fijamente. Sin decir nada. – no tienes nada que decir. Pareces, decepcionada. . Susurró Hermione.

- no, para nada, sólo quiero que seas feliz Hermione. Mi hermano ya te ha hecho bastante daño. Y Snape… Temo que te use de juguete y luego te rechaze.

- no lo hará.

- ¿cómo estas tan segura?

- estoy embarazada Ginny.

Se miraron, fijamente, y la pelirroja, entrecerró los ojos evaluándola.

-¿cómo? Creo que no he oído bien. ¿Has dicho embarazada? – Hermione asintió sonriente – ¡dios mio Hermione! – Ginny saltó de la silla y rodeó la mesa para abrazarla con fuerza.

La emoción embargó a la castaña por el recibimiento de la noticia con ese entusiasmo y se echó a llorar. – Mione, no llores. ¿Qué te pasa?

- Nada, es que aún no me he hecho a la idea y pensé que me odiaríais por ello. Temía perderte Ginny.

- estas loca, ese bebe es una bendición. De cualquiera de las maneras.- Hermione suspiró aliviada y la abrazó con fuerza. Se miraron, y Ginny le cedió un pañuelo para que limpiara las lágrimas de sus ojos.

-¿Qué me miras tan pensativa?- preguntó Hermione.

La expresión de Ginny no cambió. Sólo la miró fijamente sin moverse.

- es que no me lo puedo creer- su amiga rió y Hermione sonrió levemente, - ¡Severus Snape va a ser padre!

Hermione la acalló y miró a su alrededor pero la gente del restaurante eran Muggles, no conocían a Snape. Suspiró aliviada por haber elegido Londres muggle para pasear.

- ¿Y Cuál es el problema?

- ¿dónde has visto su atractivo?

Una ceja perfectamente delineada castaña se alzó en mientras que una ligera sonrisa malvada curvó sus labios. Podría hablarle a Ginny de esos maravillosos y fuertes brazos, de la dureza de sus músculos y si seguía bajando de las otras muchas sorpresas de su anatomía masculina.

-creo que no deberías subestimar a Snape, es un hombre lleno de sorpresas.

- desde luego.- Ginny alcanzó su copa y tomó un sorbo de agua.- bueno y ¿por donde vais a empezar?

- ahora lo primero es presentárselo a mi familia.

- ¿cúando lo vais a hacer público?

- aún no lo hemos hablado. Pero imagino que de momento no. Vamos a tomárnoslo con calma. Excepto mis padres, claro. Ellos quiero que lo sepan ya.

-Ay Hermione. Ni te imaginas el revuelo que se va a armar. Y eso- dijo mirando su barriga – no es algo que se pueda ocultar.

- lo se, ya estoy de tres meses, pronto empezaré a no poder ocultarlo.

Las dos chicas rieron complices. Y Ginny acercó su mano para sujetar con fuerza la de su mejor amiga. – Sabes que estoy para lo que necesites. Y me alegra que hayas confiado en mí para esto. – Hermione sonrió. – y ahora cuéntame la parte interesante, Algo que solo le contarías a tu mejor amiga- Ginny dibujó un sonrisa traviesa- ¿cómo es el sexo con Snape?

Había pasado una tarde muy agradable con Ginny, se habían reído y habían compartido confidencias, sonrojándose y riendo. Su amiga le había prometido mantener su secreto. LA acompañó hasta su piso donde había quedado con Snape y estuvieron charlando y viendo revistas de bodas, hablando sobre vestidos, flores, invitados.

Cuando Snape apareció por la tarde, escuchó al voz de Hermione y la de otra mujer con ella en el salón. Se sorprendió de encontrar allí a la pequeña de los Weasley. La joven le miraba con un brillo diferente en sus ojos. Hermione se acercó a él sonriente y le abrazó. Parpadeó sorprendido bajo la atenta mirada de Ginny.

- tranquilo, lo sabe todo- susurró Hermione con una sonrisa.

Aquello le bastó para relajarse, aquella sonrisa y verla a ella bien, con buen color de cara y feliz le bastó.

- ¿estas bien?- le preguntó llevando la mano con suavidad a su vientre casi plano.

- si, todo está perfecto.

Ginny se enterneció ante la imagen. Desde luego iba a ser verdad lo que le había contado su amiga. Ver la ternura que iluminó los ojos de Snape, la preocupación en su voz y la suave sonrisa en sus labios cuando ella le acarició, era tan tierno.

Parpadeó ¡por todos los magos! Estaba llamando tierno a Snape. Se levantó del sofá decidida a irse antes de que su cerebro se confundiera más.

- bueno tortolitos. Es mi hora de volver a casa.

- si claro, perdona. ¿Nos vemos pronto?

- cuando quieras. Podrías venir a la madriguera cuando salgan las patrullas nocturnas. Así no estarás sola aquí.

- oh sería una idea fantástica. – Se abrazaron con fuerza- gracias Ginny.

Cuando se cerró la puerta las manos de Snape la rodearon por la cintura.

- ¿tenemos una cita pendiente no es así?

Hermione asintió. Iba siendo hora de que sus padres conocieran la verdad.


A Hermione le temblaban las rodillas mientras se acercaba a la casa de sus padres por el jardín delantero. La figura de Snape la seguía de cerca. Había optado por ropas muggles que no fueran totalmente negras. Cierto era que se notaba que era bastante mayor que ella. Pero lo cierto es que él tenía un aire juvenil debido a su mejor humor y al cambio de ropas que nunca había esperado ver en él. Se sorprendió mirándolo mientras se ponía a su lado junto a la puerta de su casa. Era un hombre realmente atractivo.

Sacudió levemente la cabeza para mantener la mente fría, tenía que ponerse seria era un tema delicado.

Rozó con sus dedos el timbre de la puerta y oyó el sonido en su interior. La mano de Snape acarició la suya para mostrar su apoyo en silencio antes de que la puerta se abriera y apareciera su madre con un delantal de flores sonriente. Snape se sorprendió de ver que la señora Granger era prácticamente igual que su hija, aunque probablemente unos diez años mayor que él, aparentaba más joven. Su pelo era más oscuro y corto que el de su hija y su nariz un poco aguileña, pero por lo demás no había mayor diferencia.

-Hermione! cariño que sorpresa. No te esperábamos.

- oh lo se, mama, lo siento por no llamar, pero tenía ganas de veros y muchas cosas importantes que contaros.

- vuelve a haber problemas con ese lord volodort

- Voldemort mama, no eso ya…ya pasó mientras estabais fuera.

- ah que bien. Pero Hermione, no te quedes así no nos han presentado. – La mujer fijó sus ojos miel en Snape y le alcanzó la mano para presentarse- Jane Granger.

- Severus Snape, es un placer señora Granger.

Hermione se fijó como su madre evaluaba con interés la imponente figura del Mago.

- Jane, ¿Quién es a estas horas? – la figura del señor Granger apareció en el pasillo. Era un hombre alto y de constitución delgada. Con el pelo castaño peinado hacia atrás. También aparentaba ser joven.

- La niña ha venido a cenar con nosotros – contestó su mujer. Y el señor Severus Snape la acompaña.

- ¿cómo está la nueva médico de la familia? – su padre la estrechó con fuerza y sonriendo.

Snape tendió su mano al padre de Hermione que la estrechó con firmeza y una sonrisa cálida en su cara. ¿Duraría después de decirles la verdad?

- estaba preparando la cena. ¿por qué no os quedáis a cenar?

Hermione se puso tensa. Quería contarle a sus padres la verdad de una vez por todas.

-lo cierto es que antes de nada me gustaría hablar con vosotros. ¿Vamos al salón?

Sus padres se sentaron en un sofá y ella se sentó junto a Snape en el brazo del orejero.

- ¿ha pasado algo?. Preguntó su madre

- no, nada malo mama, pero quería hablaros del tiempo que habéis estado fuera.

- ¿de nuestras vacaciones en Australia?

- em…si, bueno, son más que unas vacaciones. Habéis estado fuera un año.

- pero no entiendo…

- os hechicé, para que nada malo os sucediera. Me daba miedo que os asociaran a mí Y os mataran. Sabéis que tomé parte muy activa en la guerra.

- Hermione, Debiste consultarnos eso. – su padre parecía indignado. - ¿Qué has hecho un año tu sola aquí?

- de eso precisamente quería hablaros. Se que a penas lleváis aquí un par de semanas pero… mi vida ha continuado desde que os fuisteis. He sacado mi titulo, y he conseguido el trabajo en el hospital para magos aquí en Londres. – sus padres asintieron.- bueno pues además… ahora tengo una vida nueva y la comparto con alguien. Ella tomó la mano de Severus y miró a sus padres que parecían sin entender muy bien- lo que quiero decir es… que Severus y yo estamos juntos y que vamos a formar una familia.

El silencio se instauró en el salón. Ella soltó aire y sintió la mano de Snape estrechando fuerte la suya.

- nos estas diciendo que… vosotros….- su madre no pudo continuar.

- os estoy diciendo que es mi pareja y que vais a ser abuelos.

Su madre se llevó la mano a la boca y su padre, adoptó una posición rígida y seria. Miró A Snape y se enfrentó a él levantándose del sofá.

- ¿se ha vuelto loco? Hermione es una niña a su lado.

- papa basta, no soy una niña.

-¡claro que lo eres!

- le quiero…

-¿te ha engañado? ¿Te ha dejado embarazada y por eso estás con él?

-¡papa!

-no se atreva a insinuar eso señor Granger- Snape no quería intervenir pero en aquellas palabras había un insulto velado a Hermione y eso no lo iba a permitir.

- Basta, los dos.- se interpuso entre los dos hombres- Es mi vida papa, siento si no puedes entender mi decisión. Pero la he tomado yo sola. Ya soy adulta.

-pero…- el señor Granger se quedó sin palabras. Parecía abrumado, sorprendido, asustado. Miraba A su pequeña como si la hubiera perdido. Su mujer le tomó del brazo y se puso a su lado solo una mirada de su esposa bastó para calmarle.

-¿por qué no os quedáis a cenar? A tu padre y a mi nos gustaría saber más de vosotros.

La cena había sido todo lo pacífica que había podido ser teniendo en cuenta la situación y al bomba que acababa de soltar. Las miradas fulminantes que su padre dirigía a Snape podrían haber hecho temblar hasta a los mortífagos. Pero Snape se tomaba con calma ese desprecio. Una vez terminada la cena Hermione recogía las cosas con su madre en la cocina y rezaba por que Snape y su padre no terminaran a golpes en el salón.

- ¿estas segura de todo esto Hermione?- ella levantó la mirada. Su madre no la juzgaba, pero parecía realmente preocupada por ella.

- si, claro que lo estoy.

- ¿estás con el por el bebe? dímelo en confianza

- no, para nada. Se que no era algo planeado por ninguno de los dos pero te aseguro que mi decisión de estar con el no tiene que ver con el embarazo. Si que me anima aún más a que todo salga bien pero ya quería que fuera así desde antes.

- ¿de cuanto estás ya?

- trece semanas. – se levantó al camiseta – ya se me va notando un poco.

-es una complicación bastante inesperada.

- lo se, pero Alan me ha prometido que podré compaginarlo con el trabajo. Os tengo a vosotros y a mis amigos que me pueden ayudar. Es un bebe no una tortura.

- ¿por qué no nos lo dijiste antes?

- No lo se. Supongo que me daba miedo vuestra reacción.

- Hermione, somos tus padres y te queremos pase lo que pase.

-Papa debe de odiarme

- en absoluto, te adora, eres su niña y precisamente por eso se comporta así. Porque te pierde. Ahora eres de otro hombre. ¿él te cuida bien?

- si, genial.

-supongo que es todo lo que un padre puede pedir. Es bastante más mayor que tu, pero eso no significa que las cosas salgan mal si realmente sentís algo. – su hija asintió-por cierto has elegido un hombre muy atractivo

Hermione sonrió y abrazó a su madre. Era genial que fuera tan comprensiva con ella.

Desde el salón Snape escuchaba el suave murmullo de las voces de mujer en la cocina. Se había vuelto a sentar en el sofá individual, y estaba situado frente al padre de Hermione que no le quitaba la vista de encima.

La incomodidad hacía que sintiera un nudo en el estómago. No quería llevarse mal con los padres de Hermione pero el padre se lo estaba poniendo muy difícil. Soltó el aire y inspiró con fuerza. Tenía que intentar arreglarlo.

- escuche señor Granger. Entiendo que es su hija y la quiere. Pero yo no le haré daño.

- Y eso quién me lo asegura.

- yo.

- señor Snape, puede que haya engañado a mi hija, pero no a mi, y si alguien le hace daño a mi pequeña…

- yo mismo lo mataré con mis manos. – la voz calmada y fría de Snape dejó congelado en su sitio al señor Granger.

- ella es mi vida, y el bebe que hay en ella nuestro futuro. Puede que no le guste la idea de tenerme con su hija, pero vaya haciéndose a ella porque no voy a dejarla ir y quiero que sea del todo feliz, cosa que no logrará con usted amargándole porque me odia a mi.

-vamos a marcharnos ya- la voz de Hermione se siguió de su figura en la puerta. Parecía relajada y sonreía levemente mientras abrazaba a su madre. Snape se levantó del sofá. Y se dirigió a la puerta donde se reunió con ella. La señora Granger les despidió con un beso pidiendo que volvieran pronto. El señor Granger, abrazó con fuerza a su hija, recordándole cuanto la quería. Y después de unos segundos en silencio le tendió la mano a Snape en símbolo de paz.


perdooooon se que me merezco crucios por el retraso pero he estado liada con trabajo y estudios. todo no puede ser :) espero compensaros esta semana con doble capitulo.

muchismimas gracias a todas las que me escribisteis un fic en el ultimo capitulo os adoro! os contesto enel próximo capitulo que voy a seguir escribiendo ahora. miles de gracias también a todos los que me seguis. un besazo enoooooorme

nos leemos!