Luego de esa tensa conversación con Edward prefirió darse un tiempo para ella y evitar contacto, o podría decirse que se aisló de nuevo. Por su mente pasaban los peores pensamientos y remordimientos, no tenía idea de como enfrentar la situación. Dos días sin verlo eran un infierno pero necesitaba ese tiempo, necesitaba desintoxicarse.

Esa mañana aprovechó que era el día de descanso para visitar la oficina del club, no era masoquista pero realmente Jasper quería saber todos los movimientos que se realizaban después de lo ocurrido con el cheque. Se vistió cómodamente, si se cruzaba con Edward no quería tener inconvenientes.

Los empleados al verla caminar por los pasillos murmuraban, era inevitable ya que siempre había llamado la atención por su pose fría e inalcansable. Era algo que solía disfrutar en su adolescencia ahora sólo se sentía aislada ya que nadie se atrevía a tratarla cómodamente, siempre solían intimidarse y más aún si eran sus empleados.

Tuvo que respirar hondo más de una vez cuando estuvo caminando a unos metros de la oficina, tenía que tomar valor.

- No Edward. - una voz varonil se escuchó ya que la puerta había sido abierta.

- Pero esta de viaje. - aseguraba serio e incluso molesto.

- Yo estoy seguro que la vi, no puedes negar algo que vi con mis propios ojos. - muy molesto el hombre salía.

Ambos no giraron en dirección contraria a la suya. Edward volvió a entrar a la oficina para tomar una maleta.

- Esta en Londres hace semanas. Quizás era alguien similar a ella.

- Edward. - gruñó el hombre.

El cobrizo se quedó callado mientras caminaban lentamente hacia recepción. Edward llevaba la maleta en la mano sana mientras que el hombre cojeaba lentamente hasta la recepcionista con la que habló brevemente.

Pronto ambos traspasaron las puertas del hotel y de esta manera los perdió de vista.

- ¿Señorita Swan? - preguntó alguien junto a ella. Giro para encontrar a un empleado del club, no lo conocía personalmente pero sabía que estaba encargado del almacén.

- Si, ¿Malcom verdad? - preguntó.

- Si. ¿Necesita algo de la oficina? - preguntó algo nervioso.

- Si. - le confirmó dispuesta a acercarse a la oficina.

- Espere por favor, Ed... el señor Masen esta en una reunión. - carraspeó incómodo.

Bella entendió entonces que ese visitante era alguien más importante de lo que creía por lo que dejó a su empleado parado mientras ella caminaba con rapidez fuera del hotel. Salió lo más rápido que pudo sin importarle que a más de uno le pareció extraño su comportamiento. Los ojos de sus empleados estaban sobre ella mientras trotaba hacia la puerta. El hombre que abría las puertas a los visitantes se sorprendió al verla de pronto, abrió rápido la puerta para ella. Afuera el clima frío de Seattle la recibió con un golpe helado. Edward estaba afuera mirando hacia el final de la calle por la que seguramente estaba pasando el auto que se llevaba al hombre qué había estado con él unos minutos antes.

Al girar sus miradas se trabaron, Edward tenía el rostro pétreo sin demostrar emociones, paso junto a ella para entrar al hotel sin darle una mirada. Bella por su parte contó unos segundos antes de entrar detrás de él. Los empleados seguían vigilandola con la mirada por lo que tuvo que disimilar una llamada telefónica mientras subía al ascensor junto a él.

En silencio subieron algunos pisos hasta llegar al que le correspondía a las habitaciones de los empleados. Edward bajo suponiendo que ella no se atrevería a seguirlo ahí pero así fue, su rostro cambio a uno colérico mientras revisaba los pasillos incómodo y abrió su puerta acelerado para entrar con ella.

Una vez dentro cerro la puerta luego de vigilar de nuevo los pasillos.

- ¡¿Qué demonios te pasa?! - le reclamó molesto. - ¡Pudieron verte!

- ¿Quién era él?

Edward puso un gesto de incredulidad.

- ¿De qué hablas?

- Del hombre que acompañaste fuera del hotel.

- Yo no acompañe a nadie.

Su respuesta la dejo impactada.

- No puedes ser tan sinico. Yo te vi. - le reclamó sorprendida, él sólo se cruzó de brazos indiferentemente.

- No sé de que hablas. Salí un minuto a fumar.

- Mierda Edward. No puedes estar hablando en serio, te acabo de ver, incluso Malcom... él me dijo que tenías una reunión.

- Deje la oficina cerrada seguro pensó que estaba cogiendo con alguien y no quería que me encuentres. Es un muchacho leal. - su burla la lastimó.

Impotente al ver como le mentía en la cara retrocedió como si la hubiera golpeado. Su entorno se le hizo borroso gracias a las lágrimas y a la sensación de vértigo que tuvo de pronto. Su tambaleo la llevó a chocar contra la cama que se encontraba a la derecha de la pequeña habitación.

- Hey... - el cobrizo la tomo entre sus brazos para ayudarla a sentarse. - ¿Estas bien?

- Si. - mintió y trato de levantarse pero el cobrizo la retuvo.

- Estas pálida. - susurró el hombre junto a ella. - ¿Quieres un poco de agua?

- No. Estoy bien. - volvió a mentir cerrando los ojos para concentrarse y tratar de equilibrarse.

- Recuéstate. - como una muñeca de porcelana la tomó en brazos para colocarla debidamente en su cama. Tocó su frente preocupado. - ¿Qué sucede?

- Fue un breve mareo.

Edward suspiró antes de pararse para cubrirla con una manta.

- Descansa. - preocupado se quedo sentado junto a ella mientras el repentino sueño la abandonaba.

Ella luchó por salir de ese mareo y pesadez sabiendo que no era el momento de enfermarse. Dejo que pasen algunos minutos antes que volviera a intentar pararse.

- Ya se paso. - admitió sentándose.

- Espera. - el hombre volvió a retenerla. - ¿No necesitas que te revise un médico?

- No, sólo fue un mareo. A veces me pasa. - admitió queriendo ya salir de la habitación.

El cobrizo se veía en conflicto, no parecía dispuesto a dejarla ir. Para su buena suerte su teléfono sonó.

La mujer palpo su chaqueta buscando el teléfono pero este estaba bajo la manta, Edward lo tomó antes que ella y no pudo evitar ver el identificardor de llamadas antes de entregárselo.

- Hola Dimitri. - incómoda saludo y alejó la mirada del cobrizo.

- Bella. - se notaba la sonrisa que debía tener mientras hablaba. - ¿Cómo estas?

- Bien, un poco ocupada. - admitió queriendo safarse rápido.

- Espero que te desocupes pronto ya que acabo de registrarme en el hotel. - le contó con ese tono de voz que usaba cuando intentaba ser encantador.

- ¿Tú? - preguntó tontamente llena de nervios.

- Así es, vine a ver algunos negocios. - soltó una leve carcajada. - Y verte.

- Oh. - nerviosa reviso el rostro de su acompañante.

Edward estaba serio. Escuchando atentamente.

- Te vere cuando me desocupe. - acepto, Dimitri era su amigo.

- Esperare tu llamada, no demores.

El silencio se apoderó de esa habitación. Edward seguía serio mirando un punto fijo en la pared. Bella aprovechó para descansar unos minutos su vista.

- Edward, debo irme. - suspiró empezando a salir de la cama.

El hombre no reaccionó en ningún momento, se quedo quieto mirando la pared.

- Puedes subir a mi habitación esta noche. - le aseguró sintiendo la necesidad de darle seguridad. - Quiero saber quien era ese hombre. - agregó ya que no quería darle una idea equivocada.

Al ver que él no iba a contestar decidió empezar a caminar hacia la puerta.

- No salgas por ahí. - la detuvo con voz ronca. - Sube por las escaleras de emergencia.

El hombre se paro y abrió su ventana mostrándole que habían unas escaleras a la vista.

- Es mejor que subas por aquí, al menos un par de pisos, para que no te vean. Conecta con las puertas de emergencia de todos los pisos.

- No había visto estas escaleras.

- Escogí esta habitación porque es una de las pocas que tiene conexión con ellas.

Bella paso junto a él para trepar e intentar salir por la ventana pero al estar un poco alto necesitaba ayuda.

- ¿Puedes ayudarme? - susurró incómoda.

El hombre la tomó como si no pesara nada y subió a la ventana.

- Gracias. - pero él no la soltó.

Estaban cerca, tanto que si Edward quería podía besarla. Nerviosa intento girar para salir de sus brazos.

- ¿Estas apurada? - preguntó el hombre apegándose ligeramente a ella.

- Estan esperándome. - admitió.

- Le dijiste que estabas ocupada.

- Pero no lo estoy.

Sus palabras parecían molestarlo.

- No estas ocupada. - se burló apegándose más. - Bella Swan cuando dejaras de mentir.

Ella no pudo evitar temblar, el frío del viento acariciaba su espalda mientras Edward se acercaba a sus labios lentamente.

- No lo hagas. - susurró.

- ¿No? ¿No quieres que tu novio sienta mi olor en tu piel...?

- No es así. - le aseguró al entender sus pensamientos. - No es mi novio, no es nada mío. Es sólo un amigo.

- ¿Y yo que soy ? - le preguntó presionando sus piernas para separarlas pero ella se resistía.

- Edward. - suplicó nerviosa. - No hagamos esto ahora, no por los motivos que tienes en la cabeza.

- ¿Por qué no ? - le reclamó ya sobre sus labios.

- Porque no lo haré por algo que no sea amor, no quiero sexo, quiero hacerte el amor. Ahora quieres marcarme, estas celoso. - admitió ella cerrando las piernas. Edward la tenía abrazada de la cintura evitando su caída de la ventana mientras que apretaba su pelvis contra sus piernas queriendo separarlas.

- No estoy celoso. - aseguró sobre sus labios.

- Hace unos minutos no estabas con este humor. - le recordó.

- Hace unos minutos estabas acusándome y reclamándome.

- Edward. - suplicó de nuevo. - Déjame ir.

- Quieres verlo. - La acusó con una burla. - Tuvieron mucho tiempo en Londres, te lo cogiste semanas.

- Es sólo mi amigo.

- Al que te cogiste.

- Edward.

- Dime, dime la verdad por una maldita vez. Sé que te has acostado con él. Admítelo y te dejaré ir. - insistió molesto.

Nerviosa por su reacción alejó la mirada. Debía ser honesta, con él debía serlo.

- Hace años lo hice. - admitió. - Pero lueg...

- Lo sabía. - se burló. - Soy un idiota.

- Fue hace años. - empezó a explicarle. - Hace años que no ha vuelto a pasar, tenemos una buena amistad y él es...

Sus palabras salieron rápidas y nerviosas, era estupido sentirse infiel pero cada vez que había estado con otro hombre se había sentido de esa manera. Entregarle su cuerpo a otro se sentía como deshonrar el recuerdo de todas las veces que se entrego en cuerpo y alma a Edward, se sentía vacía luego de cada encuentro.

- Tú siempre has tenido buenos amigos. - se burló.

- No puedes reclamarme, no estábamos juntos. - le recordó. - Pero te puedo asegurar que nadie se comparó contigo.

- Mientras me buscabas te entretenías, lo entiendo.

- Edward... - suplicó. - Tú has estado con muchas mujeres luego de estar conmigo. Yo no te lo he echado en cara jamás. Estabamos solos, ahora ya no. - acarició su mejilla. - Ahora sólo tú vas a tocarme, tranquilízate, soy tuya y te amo. Nadie ha podido sacarte de mi mente en diez años, no puedes dudar ahora.

Le dio un beso que estaba destinado a ser dulce pero él empezó a insistir con su lengua, quería invadirla. Su presión empeoró contra sus piernas tanto que terminó bajándola de la ventana. Bella respondía a su beso insistente con tranquilidad, manteniendo el control. El hombre se desesperaba al no lograr que ella cediera, acariaba sus costados pasando por sus nalgas apretando ligeramente. Ella tuvo que alejarse para respirar y él atacó su cuello, iba a dejar una huella, sabía que estaba haciéndolo al propósito.

- No. - decidida lo empujó. - Sin marcas.

Simuló no molestarse pero su rostro denotaba su ofuscamiento. Regreso a sus labios para insistir otra vez, Bella suspiró al sentirlo amaba sus besos. La empujaba ligeramente hasta la cama mientras ella hipnotizada se dejaba besar. Cuando chocaron con la cama Bella sorprendida se cayó sobre el colchón y Edward se quito la camiseta quedando con el torso desnudo.

- No pasará. - le advirtió.

El cobrizo sonrió sobre sus labios como si lo que escuchó le sonara divertido.

- ¿No?

- No. - cortó sus avances con determinación.

Sus manos fueron a su pantalón para abrirlo. Bella tomó sus manos para detenerlo.

- ¿Ya no quieres hacerlo? Hace unos días me dejaste seco. - sus palabras bruscas siempre eran una sorpresa para ella. El antes no solía ser tan poco caballeroso.

- De esta manera no. - contestó ocultando el dolor al escuchar sus palabras.

- ¿De que manera? ¿Cuándo tu novio no este en la ciudad? ¿O cuando otra mujer me busque?

Bella aguanto las acusaciones pero incomoda lo empujó para sacárselo de encima. Edward cedió liberándola de su peso.

- Debo irme.

- Bien. - aceptó molesto. - Ve. Como siempre Bella Swan dejándome en una habitación para largarse con otros.

La tomó en brazos para subirla a la ventana.

- Ese hijo de puta puede cogerte. - gruñó dejándola ahí.

Bella se quedó ahí sin intenciones de bajarse mientras el cobrizo como león enjaulado se sentó en su cama. Bella inevitablemente se sintió mal por dejarlo y mal por dejarlo tratarla de esa manera.

- Quiero estar contigo por los motivos correctos. - admitió desde la ventana. - Quiero hacerlo bien contigo esta vez.

Edward no dijo nada. Bella suspiró sintiendo la pesadez de la relación en sus hombros, quería tanto a ese hombre que su vanidad y orgullo habían quedado de lado.

- Me quedaré si me lo pides. - le aseguró. - No me importa Dimitri. Pídemelo y me quedaré contigo.

El hombre no respondió.

- Es una palabra. - ella insistió de nuevo. - Sólo dila y termina de unirnos.

Silencio de nuevo.

- Dame esta oportunidad que estoy pidiéndote hace semanas. - le recordó y la voz se le fue rompiendo. - Por favor Edward, estoy cansada de estar ahí para ti y tú no te decides. Me odias pero me buscas y me tomas en más de un sentido. Decídete, dime que me quede y lo haré por siempre. - su corazón hablaba por ella. - No me importa nada ni nadie, sólo tú. Te amo por favor sólo respóndeme.

El cobrizo no respondió ni tampoco volteó a verla.

Ella no pudo evitar llorar ante su rechazo.

- Edward... - sollozó.

Con el corazón roto se alejó de esa ventana y subió las escaleras que la separaban de él .

o

o

o

Capítulo nuevo!!! Que les pareció? Tenemos más pistas esta vez y Edward sigue siendo un hueso duro de roer.