Por fin despiertas - dijo Sherlock con calidez -. ¿Estás bien? - al oírle, Greg apagó la televisión y se acercó a la camilla.

Me duele la cabeza... - respondió John con voz somnolienta.- ¿Qué ha pasado...? Salí fuera del camarote para ir a buscarte, y... no recuerdo más... ¿Estás sudando? - preguntó extrañado al notar la humedad de la ropa de Sherlock y el pelo revuelto y enredado.

Te atacaron por la espalda y te arrojaron a la bodega - explicó el detective, obviando la última pregunta -. Necesitarás hacer reposo unos días.- John intentó incorporarse, pero Sherlock le detuvo inmediatamente. Entonces, John se dio cuenta de que tenía puesto un collarín.

De acuerdo... ¿por qué llevo esto?

Te arrojaron a la bodega - repitió Sherlock -. Te has lesionado, por eso necesitas reposo. Tendrás que quedarte aquí un rato más.

Al menos... explícame qué ha pasado.- pidió el médico recostándose de nuevo.

Inspector, te lo dejo a ti. Tengo cosas que hacer en Baker Street.- replicó Sherlock antes de marcharse sin dar opción a protestas. Greg se giró hacia John.

No sé cómo le aguantas... - murmuró sentándose junto a él -. Bueno, puedo decirte que estuvisteis a punto de estrellaros contra el puerto. El que llevaba el barco se enzarzó en una pelea con Sherlock y se cayeron por la borda y el barco quedó sin control por unos minutos. En la caída, tuve que disparar al tipo para salvar a Sherlock, pero como estaban forcejeando, se movió en el último momento y le maté - explicó con un suspiro -. No era así como tenía que haber acabado todo, pero... tenemos al resto de la banda bajo custodia en un hospital. Pronto irán al calabozo hasta que se celebre el juicio, y con todas las pruebas que tenemos, irán a la cárcel seguro. Con respecto al Geoffrey, le encontramos en el último rincón de la bodega; creo que está en este mismo hospital, y con suerte, mañana le darán el alta y volverá a casa con su madre.- sonrió.

¿Y Christian? - al oír aquello, Greg se puso serio de nuevo.

Sherlock dice que su propio padre le pegó un tiro. Analizaremos la sangre de la ropa y la de Christian para aclarar eso, y buscaremos la bala para cotejarla con las armas que había en el barco.- John asintió en silencio. Greg encendió la televisión y dejaron que el sonido de la misma llenase la habitación.

Mientras tanto, Sherlock detuvo un taxi y se dirigió a Baker Street para darse una ducha rápida y comer algo mientras revisaba el periódico. La señora Hudson se acercó a él.

Sherlock, querido, ¿qué ha pasado? ¿Dónde estábais? ¿Y dónde está John?

John está en el hospital. Ha tenido una caída, nada grave. Esta tarde volverá a casa.- explicó él antes de darle un trago a su té, ignorando la mueca de disgusto y pesar de su casera al conocer la noticia.

¡Oh, dios mío! - exclamó llevándose una mano al pecho.

Está bien, sólo necesita reposo.- dijo con calma mientras pasaba las páginas del periódico con rapidez. No había casos nuevos.

Bueno... me alegro de saberlo... iré a comprar verduras para hacerle un caldo como los que hacía mi madre y se repondrá enseguida - sonrió suavemente. Sherlock no respondió, seguía embebido en la lectura del periódico, aunque más bien parecía que quería meterse dentro del mismo. La señora Hudson suspiró y se acercó a él tocándole el hombro para llamar su atención -. Duerme un poco. Tienes ojeras y él se dará cuenta. Por cierto, han dejado esto, lo colaron por debajo de la puerta.- añadió dejando un sobre en la mesa antes de marcharse. Sherlock apartó el periódico y echó un vistazo al sobre; era blanco, sin sellos, sólo con su nombre en el reverso escrito con un bolígrafo de tinta negra. Con calma, cogió el sobre con cuidado y lo observó al contraluz. No parecía contener nada peligroso, pero aún así, echó mano de un abrecartas y rasgó el lateral del sobre, dejando caer en su mano una hoja de papel doblada en tres partes iguales. Era una carta breve acompañada de una tarjeta con un teléfono escrito en el reverso.

"Señor Holmes:

Sé que ha venido a la redacción buscándome. Sé que se ha atrevido a incomodar a alguien muy importante para mí. Si tiene algo que decirme, le atenderé con mucho gusto. Llámeme y acordemos una cita. Sea valiente y de la cara.

Harriet Watson."

Sherlock se levantó de la mesa para coger su móvil y tras marcar el número, se acercó a la ventana para mirar hacia la calle.

¿Diga? - respondió la voz de una mujer al cabo de un par de tonos.

Soy Sherlock Holmes. Quiero concertar una cita.

Le estaba esperando, señor Holmes. Por desgracia, ahora mismo no me es posible atenderle. Tendrá que esperar a las cinco.

Bien. ¿Dónde desea que nos reunamos?

Seamos discretos. Iré a su casa.

Como desee. Aquí estaré.- replicó antes de colgar la llamada. Sherlock se apartó de la ventana y se sentó pensativo en su sofá. Mientras tanto, en el hospital, Greg recibió una llamada de parte de la sargento Donovan.

Lo siento, tengo que irme. Están procesando la ropa y las armas del padre de Christian.- se disculpó poniéndose de pie.

De acuerdo...- asintió John – Espero tener la misma suerte que tú y salir pronto de aquí.- bromeó.

Para ser médico, hay que ver qué poquito aguanta los hospitales, doctor Watson.- sonrió una mujer acercándose a él. Greg ahogó una risilla y tras despedirse, abandonó la habitación. John se volvió hacia la recién llegada sonriendo ampliamente.

No sabía que vendrías, Stef.

Sólo estoy de visita - dijo la enfermera sentándose junto a la camilla -. Ha faltado usted a su cita con el psicólogo, pero como me lo acabo de encontrar así, imagino que está perdonado – bromeó -. Desde luego, le han dejado para el arrastre, ¿qué ha pasado?

Me caí - explicó brevemente -. ¿Quién ha avisado al doctor?

Su amigo Greg. Nos explicó que había estado liado con un caso y que prácticamente todos habían acabado en el hospital – sonrió ella -. ¡A ver si tiene más cuidado!

Bueno, yo me voy en unas horas... así que puedo acudir a la cita en cuanto sea posible.

Pues hasta dentro de un par de días, no va a poder ser. Pero no se preocupe y recupérese primero.

Un par de horas después, el médico que estaba al cargo de John le dio el alta. Greg, que había salido del trabajo, se acercó para recogerle, en vista de que Sherlock seguía sin aparecer.

Nada, tiene el móvil apagado.- protestó Greg colgando la llamada.

Entonces será mejor darse prisa.- dijo John, tratando de acelerar su paso; por desgracia, esa misma idea le dejó clavado en el sitio mientras una punzada de dolor recorría su cuerpo por completo. Greg se giró enarcando las cejas.

Creo que tú no estás para darte muchas prisas... Vamos con calma, tengo el coche cerca. Y además, Sherlock tiene más vidas que un gato, ya lo sabes. De hecho, ya empiezan a llamarle "Sherlock el inmortal".

Lo que faltaba... - murmuró John avanzando como podía hacia el coche.

Mientras tanto, el timbre de la puerta sonó en Baker Street. Sherlock dejó de tocar el violín y se giró hacia las escaleras en completo silencio; poco después, la señora Hudson abrió la puerta y Harriet subió las escaleras vestida con elegancia. Sherlock no se inmutó. Había llegado el momento de aclarar las cosas.