Disclaimer: Tite está vendiendo Bleach en e-bay, a cambio de "eso", ¿no?


Capítulo XXXIV: De rodillas, de pie


-¡¡Vooooooooooyyyyyyy!!

Kurosaki Ichigo (quien fuera shinigami sustituto y héroe de la Sociedad de Almas para luego ser olvidado por esta y ahora involucrado en asuntos de Illuminati) corría como loco por uno de los interminables pasillos del palacio del Rey de los cielos.

-¡Eh! ¡Ichigo! ¿Qué te crees el capitán Zaraki o qué? –gritó Kuchiki Rukia (una vez teniente del treceavo escuadrón y en estos días la Illuminati número quince que acaba de recuperar sus recuerdos acerca de cierto shinigami sustituto), desde la espalda del pelirrojo-. ¡Te he dicho que vayas por la izquierda y tú simplemente pasas de mis indicaciones!

-¡Cállate! He seguido tus instrucciones durante la última media hora y lo único que has hecho ha sido perdernos.

-Hombre, es que el lugar es grande y no es que pase aquí mucho tiempo… -intentó excusarse Rukia un tanto avergonzada.

-Da igual, de ahora en adelante guío yo.

-¿Y puedo saber cómo harás eso si no conoces este palacio?

-Pues… ¡con instinto! –exclamó Ichigo con su mejor gesto de chulo. Rukia puso los ojos en blanco y le hubiera pegado si no fuera porque se encontraban perdidos por su culpa… Aunque pensándolo bien, en parte también era culpa del chico por no seguir bien sus instrucciones… Así que le pegó en la cabeza.

-¡Dolió! Hija de… -pero Kurosaki no pudo terminar su insulto porque en ese momento el piso desapareció de debajo de ellos. Ichigo se vio obligado a dar un salto no muy masculino para salvarse de caer.

-¡Idiota, nos trajiste a las mazmorras! Esta área está llena de trampas.

-¿Eh? ¿Y esto está lejos de donde está el Rey?

-¡Pues claro! Esperabas que el Rey descansara en un calabozo o qué…

-Y yo qué sé…

-No mucho por lo que parece… -murmuró Rukia. Ichigo se dio la vuelta masticando un par de insultos para la chica. Kuchiki se limitó a reírse por lo bajo.

Para salir del área de las mazmorras necesitaron de diez minutos más, fuera ya y respirando agitadamente, ninguno recordaba haber gritado tanto como lo habían hecho en ese lapso de tiempo. Por culpa de Ichigo, habían caído en todo tipo de trampas. Una lluvia de flechas les había seguido por todos lados; Hollows aparecían de la nada y les agarraban un pie o un brazo; enormes rocas les perseguían; esqueletos aparecían y no los dejaban pasar hasta que inventaran un paso de baile (si estuvieran en otra situación Rukia seguiría riéndose del baile del pelirrojo); Ichigo aún no creía que en un pasillo les hubieran arrojado fruta...

Pero eso ya no importaba, por fin estaban fuera. El chico apuró el paso, una corazonada le decía que ya estaban cerca. Y cuando pasaron por una enorme puerta de cedro, Kuchiki no podía creer lo que veía.

-¡Ichigo! ¡Estamos en los aposentos del Rey! -exclamó Rukia asombrada -. Bueno ya veo que tu instinto no está… ¿Ichigo? ¿Qué pasa?

Kurosaki poco a poco había comenzado a detenerse como si ya no diera para más, de pronto, se desplomó en el suelo. Rukia, preocupada, se agachó al lado el chico.

-¿Ichigo? ¿Qué sucede? –le preguntó colocando su mano en la espalda del pelirrojo. El chico comenzó a levantarse y ella le ayudó a incorporarse. Lucía como si hubiera recibido una paliza -. ¿Ichigo? -él negó con la cabeza.

-No sé… -comenzó a decir con voz entrecortada - fue como si de súbito ya no pudiera respirar… Ya no lo recordaba, pero esta sensación fue parecida a la que experimenté cuando me encontré por primera vez con Kenpachi –dijo Ichigo intentando regular su respiración. Rukia observó al chico y entonces recordó un pequeño detalle.

-Oh… Es cierto… estamos en los aposentos del Rey…

-¿Qué dices?

-Ichigo, este lugar no es como cualquiera en el que hayas estado antes –el pelirrojo frunció el entrecejo.

-Un lugar sagrado, ¿eh?

-Uhm… yo no lo llamaría así, pero sí, algo así… Yo soy Illuminati así que no siento nada, pero tú… Ichigo, creo que lo mejor sería que te…

-No me importa -le interrumpió el chico poniéndose de pie -. Ya se me pasará.

-¿Eh? ¡Pero Ichigo, no se te puede sólo pasar! No es algo que puedas controlar con tu voluntad.

-Calla, he dicho que iré y eso es lo que voy a hacer –Rukia iba a replicar cuando la otra gran puerta, que estaba frente a ellos, se partió de improviso. En el momento en que cayó, una ráfaga de viento mezclada con un poderoso reiatsu golpeó a los chicos haciendo que retrocedieran un par de metros.

-¿Qué ha sido eso? –preguntó Ichigo, manteniéndose de pie con dificultad -. Qué demonios…

-No puede ser… -murmuró Rukia sin dar crédito a lo que veía. En el pasillo frente a ellos todo se había vuelto rojo. Parecía como si un riachuelo viscoso y escarlata se dirigiera hacia sus pies -. Los Ouzoku Tokumo… Todos…

-Aplastados… -Ichigo volvió a ver a Rukia. La chica, mientras contemplaba la escena, inconscientemente se estaba mordiendo el labio inferior -. Vamos -dijo el pelirrojo sujetándole la mano y con un doloroso esfuerzo comenzó a correr.

Cruzaron lo que quedaba de la puerta de cobre; Ichigo decidió ignorar el desagradable chapoteo que hacían al pasar sobre la sangre. La siguiente puerta era de plata, al chico le pareció más grande que las anteriores.

-Ichigo, luces algo…

-Ya te dije, estoy bien –le cortó el pelirrojo. Miró a la morena -. Oye, me estaba preguntando… ¿Y el resto de los Illuminati?

-También estaba pensando en eso –dijo Kuchiki cruzándose de brazos y poniendo la mano derecha debajo de su barbilla -. Por lo regular no todos los Illuminati se encuentran en el palacio, pero de ahí a que no haya ninguno…

Ichigo también se cruzó de brazos.

-Lo había planeado bastante bien.

-No es posible, Asuhara Idai no estaba encargado de asignar las misiones. Los únicos que pueden hacer eso son "Los Tres Grandes"… -Kurosaki ladeó la cabeza-. Pero no creo que Ogura-san o Kai sean…

-¿Ese tipo? Él me parece muy sospechoso –murmuró el chico. Rukia alzó una ceja.

-Es imposible que Kai sea…

Les pareció oír un agudo grito del otro lado, seguido de esto, por la puerta de plata atravesó algo estrellándose atrás de ellos.

Joder, tienen que dejar de abrirnos así las puertas, pensó Ichigo.

-Endo-san -exclamó Rukia inclinándose al lado de la Illuminati. El pelirrojo vio el número trece estampado en la capa de la mujer.

-¿Está…?

-Viva -contestó la morena con alivio.

-Ku… chiki…

Los chicos giraron el rostro con brusquedad. Bajo el umbral de la puerta estaba un hombre de rodillas.

-Kuchiki… Asuhara… Asuhara ha…

-¡Deguchi-san! -Rukia se levantó, pero antes de llegar donde él, el Illuminati se había desmayado en el piso. Ichigo se agachó y puso una mano en el cuello del hombre, asintió.

-Pero sabes… me parece muy raro, se supone que son Umillinati…

-Illuminati –le corrigió la chica.

-Lo que sea. Bueno, me parece que para ser los grandes guardianes del Rey y todo eso, les han ganado fácilmente.

-Ser Illuminati no quiere decir que serás invencible o el ser más poderoso… ya te lo había explicado.

-No te entendí, jamás entiendo tus explicaciones.

-Es que no ando mi libreta…

-Con tus dibujos menos voy a entender…

Rukia iba a pegarle cuando recordó que este no era el momento adecuado para estar discutiendo tonterías. Con cuidado dejaron al Illuminati número ocho al lado de su compañera. Avanzaron hacia el siguiente pasillo, al final de este estaba la última puerta. Era de oro y en ésta estaba grabado un largo mensaje en una caligrafía que Ichigo no comprendía.

Kurosaki y Kuchiki intercambiaron miradas y asintieron. Antes de que intentaran empujar la puerta, ésta, como cobrando vida, comenzó a abrirse con pesadez.

--/--

-Idai… maldito…cómo pudiste...

Hatoyama Shinsei se tambaleaba a mitad de la estancia. Catón lo observaba con alegría. Atrás del monstruo, sentados en las primeras gradas, estaban dos hombres.

-Siempre son los amigos los últimos en enterarse -dijo Kaido Takeshi. Asuhara Idai, quien estaba sentado a su lado, sonrió aún más. Dirigieron la mirada hacia la puerta cuando ésta empezó a abrirse.

-Oh… excelencia parece que más han venido a protegerle -dijo Idai con sorna volviendo la vista hacia atrás.

Al final de la gradas, en la parte más alta de la cámara, un hermoso y violáceo velo se extendía de un extremo al otro de las columnas. A través de este podía distinguirse un monumental trono; alguien estaba sentado en él.

No hubo respuesta.

Idai se encogió de hombros y Takeshi se rió de forma desagradable.

-¡Acaba ya!

Catón lanzó con furia sus enormes brazos hacia Shinsei quien no pudo moverse. Parte del piso fue levantando por el golpe provocando una nube de polvo. Catón dio un aullido de dolor que sorprendió a Takeshi y a Idai. El polvo se disipó.

Un extraño hombre de cabello anaranjado estaba deteniendo el brazo de Catón con una pequeña espada negra. A su lado, la Illuminati número quince sostenía al ahora inconsciente Shinsei.

-Oh así que has sobrevivido -dijo Idai poniéndose de pie -. Y mira nada más, te encontraste con un viejo conocido.

-Kurosaki y Kuchiki, juntos de nuevo… ¡Qué emoción! -exclamó Takeshi con sorna.

Ichigo frunció aún más el entrecejo y apuntándolo con la espada volvió a ver al Ninguno. Por alguna razón, esa cara se le hizo familiar…

-Tú eres… -comenzó a decir Rukia. Idai sonrió - el shinigami que salvé en Hueco Mundo hace un mes…

Ichigo abrió más los ojos por un segundo, ya lo recordaba y no podía creerlo.

-¿Takeshi? -inquirió el pelirrojo -. ¿También era un Ninguno?

-Me han pillado -dijo el chico rascándose la cabeza -. Al menos se lo han tomado de manera más calmada que Haku o que todos los de mi división… No paraban de decir: ¿Por qué haces esto? ¡Para, Takeshi! ¿Qué no éramos amigos?

-¡No me jodas! –gritó Ichigo empujando con fuerza a Catón y dirigiéndose hacia donde Takeshi e Idai -. ¡Ustedes han engañado a tantos! ¡Les hicieron creer que eran sus amigos y luego les traicionaron de forma cobarde! ¡A sus nakama!

-¡Ichigo, cuidado! -exclamó Rukia -. ¡Atrás de ti!

Por la emoción, el pelirrojo no se había fijado que Catón apenas se había balanceado con su ataque. Ahora el monstruo se había abalanzado hacia él y estaba a punto de cogerle.

-¡Siguiente danza: Ola blanca!

El ataque de Rukia logró congelar el brazo de Catón, este lanzó un grito de frustración.

-Oh, ha liberado su zanpakutô sin pronunciar la invocación -comentó Takeshi.

-No se esperaba nada menos de la Illuminati número quince -apuntó Idai.

-Cállense -les espetó Ichigo. Esos dos tipos le irritaban de verdad. Lamentablemente, el chico se distrajo justo en el momento en el que Catón se había liberado del hielo. El monstruo golpeó sin piedad a Kurosaki haciendo que este se estrellara en la pared.

-¡Ichigo! -gritó Rukia corriendo hacia donde el pelirrojo. El monstruo se lanzó hacia ella.

Mierda, pensó la chica antes de que Catón la aprisionara entre sus manos. Comenzó a aplastarla mientras Rukia se retorcía por el dolor.

-¡Rukia! -usando el shunpo, Ichigo apareció al lado del enorme Ninguno. Con furia cortó de un tajo una de las manos de Catón. Este soltó a Rukia y el pelirrojo la atrapó en el aire mientras Catón se giraba bramando por el daño.

-Gracias -murmuró Rukia cuando aterrizaron en el suelo. Kurosaki quedó de rodillas como si estuviera haciendo una reverencia a la chica. Rukia se agachó, preocupada. El muchacho estaba muy pálido -. Ichi… ¡Se regenera!

En el momento, Ichigo no entendió de qué iba la morena, pero al darse la vuelta entendió qué era lo que se regeneraba. Al pestilente y purulento Ninguno le estaba creciendo un nuevo brazo.

-Tengan cuidado, ahora sí lo han enfadado -les aconsejó Idai.

En un instante, Catón había golpeado a los dos chicos enviándolos uno a cada extremo de la cámara. Como usando el shunpo, el Ninguno emergió frente a Ichigo y comenzó a golpearle sin tregua.

-Mah… ¿Excelencia? –preguntó Idai viendo hacia el trono -. ¿Acaso piensa quedarse sin hacer nada mientras más inocentes son atacados de esta forma?

No hubo respuesta.

-Qué asco de Rey…

Catón se detuvo y también volvió a ver hacia el trono.

-Pobre Catón, le hacía bastante ilusión ver al Rey en acción -dijo Takeshi encogiéndose de hombros.

-Ustedes… -masculló Ichigo comenzando a levantarse, pero Catón no se lo permitió y sin que el chico pudiera defenderse el Ninguno siguió golpeándolo.

Al otro lado de la sala, Rukia comenzaba a salir de debajo de los escombros de la pared.

-¡Ichigo! -gritó al ver la paliza que estaba recibiendo el pelirrojo. Quiso ir a ayudarle, pero su pie izquierdo estaba aprisionado entre unas piedras y Sode no Shirayuki estaba a unos cinco metros de ella -. ¡Maldición! –exclamó la morena, intentando soltarse; por la desesperación se le olvidó que podía usar kidoh…

Una sombra cubrió a la shinigami, levantó el rostro y se encontró con la desagradable sonrisa de Catón quien ahora estaba frente a ella.

Ante la atónita chica, quien se estaba preguntando qué habría pasado con Ichigo, el Ninguno elevó uno de sus enormes pies y antes de que ella pudiera reaccionar, lo dejó caer sobre el delgado brazo derecho de la muchacha.

Kuchiki no gritó, pero el espantoso crujido que quebró el momentáneo silencio que se había dado en la cámara fue suficiente para que Ichigo volviera en sí.

En el instante en el que brazo se rompió, Idai podría jurar que quien estaba en el trono se había movido un poco.

-¡RUKIA! –vociferó Kurosaki. El pelirrojo estaba tumbado de espalda sobre un pequeño montículo de piedras, desde ahí lo único que podía ver era la espalda de Catón. No podía moverse y tenía la sensación de que sus propias costillas estaban estrujando sus pulmones.

El monstruo volvió a levantar su pie, esta vez apuntaba a la cabeza de la chica. Ichigo abrió mucho los ojos, la morena no iba a poder esquivarlo.

Idai apartó la mirada del trono y junto con Takeshi observó la escena con avidez.

-¡Rukia! -volvió a gritar el muchacho, incapaz de ir a ayudarla-. Maldición… muévete… muévete… ¡muévete! -se dijo apretando los dientes por el dolor. Sin saber cómo, Ichigo logró ponerse de pie, pero tuvo la impresión de que algo le había explotado dentro, lo único que pudo hacer es observar lo que sucedió.

El deforme pie descendió, aplastaría a la chica sin remedio… Por un instante a Rukia se le vino el aroma del enebro…

Súbitamente, algo se interpuso entre su rostro y el atacante.

-Tsk, que en los mismos aposentos del Rey, un feo Ninguno peleé contra un Vizard y una Illuminati que acaba de cruzar el puente es bastante injusto, ¿no?

-Kai… -dijo Rukia casi sin voz.

-Ossu, peque-chan…

Ichigo tosía sangre, tendría que haberse dado cuenta de que era mala… ¡¿Qué demonios?! ¿Ese Umillinati qué hace aquí?

El Illuminati número uno estaba frente a Rukia mientras, como si nada, detenía el pie de Catón con una mano.

-¡Shihouin Kai! –gritó Idai sorprendido, con brusquedad giró el rostro hacia atrás. El velo se había partido en dos y no había nadie en el trono -. ¡Shihouin! ¡Tú eras el Rey!

-¡Lo tenían todo planeado! -exclamó Takeshi -. Y el muy infeliz no movió ni un dedo al ver como lastimaban a sus nakama.

-¿Kai? -murmuró la chica. El Illuminati tenía una extraña expresión.

-Perdona, Rukia. No podía hacer nada hasta estar seguro de que la familia real estuviera a salvo -la chica desvió la vista del Illuminati para buscar al quejumbroso Ichigo con la mirada. Kai miró de reojo al pelirrojo.

-Duele… estar cerca de este hombre duele… -dijo de pronto Catón con voz de ultratumba, era como oír hablar a un Hollow. Rukia se sorprendió, pensaba que esa cosa no podía hablar -. ¡Duele! -bramó atacando de nuevo a Kai.

Kai sostuvo al Ninguno y lo arrojó al suelo, se volvió hacia Takeshi e Idai.

-No quiero pelear contra él, no tiene conciencia de lo que hace -dijo el moreno. Takeshi soltó un bufido.

-¿Cómo estás tan seguro de que podrás ganarle? -inquirió Idai sonriendo.

-Ya lo he dicho, no es lo mismo que peleé contra un Illuminati que contra ellos -murmuró Kai -. Por más fuerte que sea ese Vizard estaba condenado a perder desde el momento en que cruzó la primera puerta de roble y ya conoces la situación de la Illuminati número quince.

-Pues Catón no es Illuminati y está bien -replicó Idai con sorna.

-Acerca de eso te felicito, siempre serás el mejor jefe del departamento de investigación del Rey.

-¿Y qué me dices de los otros Illuminati? Tú mismo los viste, estaban bien y aún así Catón les pateó el trasero, ¿sigues sintiéndote tan seguro? –comentó Takeshi.

-Bueno, digamos que yo no soy igual que el resto de los Illuminati -dijo Kai sonriendo. Con el puño izquierdo se golpeó la palma de la mano derecha -. Han intentado atacar al Rey de esta forma, han lastimado a mis compañeros, han traicionado a los suyos. No me pidan… -Catón apareció atrás del Illuminati, sin darse la vuelta, Kai elevó su reiatsu obligando al Ninguno a agacharse - ¡piedad!

Con una patada lanzó al enorme Ninguno hacia donde sus compañeros, Takeshi e Idai lo esquivaron usando el shunpo.

Ni siquiera usa su zanpakutô, pensó Ichigo sorprendido. Estaba de rodillas mirando la pelea, intentando recordar a quién más había visto pelear así. Hakudô... ¿era?

Dirigió la mirada hacia donde Rukia quien se estaba sosteniendo el brazo derecho mientras veía la pelea. Como si hubiera notado que él la estaba observando, Rukia volvió a ver al chico. Le sonrió débilmente e Ichigo, inconscientemente, le devolvió la sonrisa.

El momento se rompió cuando, de pronto, Catón se estrelló en el piso. Kai cayó sobre él golpeándole en el estómago. El Ninguno intentó pegarle, pero el Illuminati se limitó a saltar y esquivarlo.

-Si nos lo matan, se va a molestar mucho -comentó Takeshi entrecerrando los ojos.

-Tendrá razón -murmuró Idai dando un paso -. Qué remedio…

Un intercambio de golpes más y Catón volvió a caer. Kai se limpió la boca con el dorso de la mano, al final el monstruo había logrado pegarle. Sus pensamientos fueron interrumpidos por el grito del Vizard. Shihouin se dio la vuelta rápidamente.

Idai estaba delante de Rukia con el dedo índice puesto en la frente de la chica.

-¡Hadô 4: Byaku…!

El traidor no pudo terminar pues Kai había aparecido a su lado dándole un puñetazo en el rostro sin siquiera preocuparse por controlar su fuerza. Idai traspasó la pared derribando casi la mitad de esta. Acabó en un jardín lleno de enebros. Kai exhaló y volvió a ver a la chica.

-Uff, peque-chan, salvarte es algo cansa…

-Bakudô 1: ¡Sai! -gritó Takeshi atrás del Illuminati.

-Mier… da -masculló Kai.

-Esa mujer es un verdadero objeto de distracción -comentó el Ninguno divertido. Rukia frunció el entrecejo y Takeshi le sonrió maliciosamente, entonces algo llamó la atención de ambos. Catón estaba de nuevo de pie -. Anda, aprovecha.

Catón no se hizo de rogar y golpeó a Kai con todo lo que pudo arrojándolo hacia el trono. Por alguna razón no lo siguió, sino que volvió su mirada hacia Ichigo. Corrió hacia él, y entrelazando sus descarnados dedos se preparó para arrojar un golpe mortal al pelirrojo, pero no logró terminarlo.

-¡Hadô 90: Kurohitsugi!

Catón fue encerrado en una especie de ataúd negro. Los demás volvieron a ver hacia la pieza del trono donde estaba Kai con una mano alzada y respirando un tanto agitado. El ataúd se disolvió y, sangrando de pies a cabeza, Catón se desplomó. Ya no volvería a levantarse.

-Maldición -farfulló Takeshi -. No habrá quien aguante a Tsuki nee-san…

-¿Tsuki? -Kai miró a Takeshi -. ¿Te refieres a Sonoda Tsuki?

El Ninguno no contestó, usó el shunpo y volvió a aparecer en el jardín ahora con Idai sobre su hombro.

-Hasta la próxima, dale mis saludos al Rey.

-¡Espera! –exclamó Kai, pero Takeshi ya había desaparecido.

--/--

-Ya vienen -comentó un hombre volviéndose a sus compañeros.

-Les fue mal, les fue mal -canturreó el más bajo y delgado de los tres.

-Cállate, Muss -le riñó el hombre.

-Jooo… Tsuki nee-san, Shikida-san me regañó…

-Shhh…

En ese momento, Takeshi e Idai aparecieron en la sala, bajo el peso de su compañero, Takeshi se tambaleó un poco.

-¡Qué golpe le dieron a Idai-kun! -exclamó Muss asombrado.

-¿Qué sucedió? -preguntó Sonoda Tsuki levantándose de su asiento. Takeshi inclinó la cabeza.

-Tsuki nee-san llegó el Illuminati número uno.

-¿Llegó? No se suponía que… -murmuró Shikida. La mujer se mesó el cabello.

-El Rey tiene suerte de tener a Shihouin Kai de su lado… -comentó Tsuki.

-Y no sólo él, también llegó el héroe de la Sociedad de Almas, Kurosaki Ichigo -dijo Takeshi.

-¿Kurosaki Ichigo? ¿Por qué querría involucrarse de nuevo con este mundo tras haber sido olvidado por el Seireitei? -inquirió Tsuki.

-En el Seireitei es un secreto a voces la afición que el chico tiene por ser salvador de todos… -apuntó Takeshi.

-Esto supone un problema, sabíamos que sería imposible hacerle algo al Rey este día, pero al menos dejaríamos a su defensa en una mala posición… -murmuró la mujer cruzando los brazos. Los demás la observaban fijamente -. Sin embargo, ha sido lo contrario. En algún momento tendríamos que enfrentarnos contra Shihouin Kai ya lo habíamos previsto, pero ahora también Kurosaki Ichigo…

-Son nuestro Mar Rojo… Es imposible que lo crucemos.

-No del todo, Tsuki nee-san… -replicó Takeshi sonriendo -. Sé como podrá separarse, lo he comprobado. Esos dos hombres tienen una debilidad: Kuchiki Rukia.

-¿Eh? ¿La número quince? –preguntó Shikida. Takeshi asintió.

-Hasta alguien como Shihouin Kai tiene su talón de Aquiles. Aunque, por lo que vi ella está más apegada a Kurosaki Ichigo.

-Pooobre, Kai-kun, según lo que había dicho Idai-kun ella estaba liada con él… –se lamentó Muss. Tsuki se sentó de nuevo y volvió a ver a Shikida.

-Ese Kurosaki Ichigo a pesar de todo no deja de ser un humano… Es más vulnerable que Kai, pero ¿iría con él la número quince?

-Por su culpa se inmiscuyó en esto, eso no le dejaría en paz –le dijo Shikida.

-Sería una grave falta a la reglas… -apuntó Tsuki.

-Nadie más les ayudaría -comentó Shikida.

-Ni el Seireitei, ni el séquito del Rey.

-Pero, él sí.

-No podrá escaparse de nuestra flecha guiada por la diosa…

-Sin él, la corona se cae.

-Odio cuando estos dos comienzan con sus raras pláticas –murmuró Takeshi, Muss asintió con cara de no entender nada. Del pobre Idai, nadie se acordaba.

-Así que… -comenzó a decir Tsuki alzando la mirada - ¿quién quiere ir al mundo de los humanos?

--/--

Ichigo quería ir hacia donde Rukia, pero seguía sin poder moverse. Derrotado, pensó. Vio como Kai se acercó a la chica y le decía algo para luego agacharse y poner sus manos en los hombros de ella. Ichigo deseó poder gritar algo; no pudo puesto que todo ante él se volvió negro. Antes de perder la conciencia por completo, lo último que percibió fue el intoxicante aroma del enebro.


¡Qué tarde! ¡Cómo me cuesta escribir últimamente! Para colmo de males la computadora se fundió, bueno, la fuente se fundió, pero aún así… Y "para variar", estas cosas suceden cuando uno está pasando por una crisis económica, ja, ja, ja. (¡Y es cierto! o.o)

He podido avanzar con la historia porque la otra computadora que tengo aún anda, lo malo es que no tiene Internet (no pregunten) y cerca de mi casa no hay ni un mísero ciber-café… ¡Aprovecho que estoy en casa de un amigo y que está hablando por teléfono! (Venía preparada…)

Gracias por su paciencia, no actualizo tan rápido como debería (es una vergüenza, lo sé), así que a cambio hago los capis bastante largos (no es que sea algo muy bueno, la verdad…)

A este fic ya le queda poco (o eso digo yo…) unos cuantos capis más y esto acaba. No creo que llegue al capítulo cuarenta tampoco… Además ya he decidido que después de esto, haré una nueva historia ¡que tendrá más IchiRuki! (porque esta, hasta el momento, no tiene mucho…) y que actualizaré de forma más decente. Lo que pasa es que me da lástima porque ya se acabará este…

Pues nada, acabo ya esta perorata sin sentido…

¡Gracias por seguir leyendo la historia! Y también por comentar, sus comentarios me animan a seguir escribiendo y no duden en sacarme prisa (es lo mejor). Ah y mientras publico el siguiente capi subiré un nuevo one-shot, espero les guste. Nos vemos.

Adelanto:

Capítulo XXXV: Hojas secas y alianzas (parte I)

Observó como servía el té y ver esa simple acción hizo que se le viniera a la mente un momento similar que sucedió dos años atrás. Ese momento que recordaba con afecto, pero que ahora, muy a su pesar, le hacía sentir culpable…