* Jeny ¿A cuál verdad te refieres?

Devon tiene problemas.

* Maria Soledad Rodriguez ¡Gracias amiga! Se va poniendo cada vez más intenso.

Sí, me lo has dicho y siempre me llena de alegría 😊

* Veronica Rucci ¡Gracias Vero! Kurt va a ayudarlo mucho.

James va a tomar una decisión importante.

Aquí te traigo más... 18 páginas para que sigas disfrutando. Besos 😘

* Georgi G De nada 😊 Hoy sabrás lo que hizo James.

Blaine necesita relajarse. Kurt está siempre a su lado.

* soynathalie Las cosas van avanzando poco a poco.

No demoré nada con la actualización. Aquí tienes un nuevo y extenso capítulo.

Me emociona cada vez que leo que amas esta historia 😘


CAPÍTULO 38:

"Encuentros con el Corazón"


.

James esperó en el área de aislamiento donde los sancionados eran recluidos desde horas hasta días, dependiendo de la gravedad de su falta, pero en ese momento no había ningún alumno, por lo tanto tampoco había vigilancia, lo que le permitió tener la tranquilidad de no ser descubierto y poder pensar.

Impacientemente aguardó a que Lucas fuese llevado para poder verlo y saber cómo estaba. El hecho de que hubiese sido enviado con el dueño del internado para recibir su castigo era sinónimo de cosas malas.

Cada minuto se sintió como una eternidad hasta que la espera llegó a su fin.

Una vez que el militar se fue, James se acercó sigilosamente a la habitación y sacó su juego de llaves, agradeciendo llevarlo siempre entre sus cosas.

—Lucas… —susurró. El adolescente no respondió pero claramente se estremeció al escuchar su voz—. ¿C-cómo estás?

—Amm… No sé.

—¿Qué te hizo Bumper?

—No importa.

—Sí importa —lo tomó del brazo suavemente y lo hizo girar. El frío rostro carente de expresión junto a la mirada vacía lo hicieron estremecer—. Lucas, mírame —los dos pares de ojos se reunieron—. ¿Qué te hicieron? Puedes decirme.

—Nada de lo que quiera hablar.

—Por favor, dime.

—¿Qué haces aquí? Deberías estar en clase de… ¿Qué hora es? No sé qué materia toca en este momento, pero deberías estar en el aula.

—Necesitaba verte y saber cómo estabas.

—Estoy bien —sonrió ligeramente y caminó con dificultad hasta llegar al borde de la cama en donde se sentó—. ¿Ya llamaste a tu casa?

—Deja de pretender que nada pasó. Apenas si puedes caminar.

—Te dije que estoy bien, James —su tono fue seco y cortante.

—No lo estás, y no sé por qué no confías en mí.

—Cometí una infracción y me castigaron. ¿Qué más quieres saber?

—No lo entiendo —negó con la cabeza—. Simplemente no lo entiendo.

—¿Qué es lo que no entiendes?

—¿Por qué te gusta que te castiguen?

—No me gusta.

—Realmente lo dudo porque no hay semana en la que no estés en este lugar.

—Son cosas que pasan. Sabes que me odian y buscan cualquier pretexto para encerrarme.

—Pero también hay ocasiones en que tú provocas esto, y no logro comprender por qué lo haces.

—Aquí estoy mejor.

—¿Mejor? ¿Cómo que mejor?

—Aquí no hay nadie que me moleste. Estoy tranquilo, y ya me acostumbré a la soledad.

—Pero este lugar es horrible.

—Lo prefiero a todas las cosas por las que tengo que pasar. Me gusta esto.

—Dijiste que no te gustaba que te castigasen y ahora te contradices.

—No me gustan las sanciones, pero me gusta la tranquilidad que he encontrado. No confundas las cosas. A veces me siento tan cansado de toda la mierda que me lanzan que sólo deseo estar aquí. Y hoy más que nunca lo quería.

—¿Hoy más que nunca? ¿Por qué?

—Tengo mis razones.

—Ayúdame a entender, porque por más que lo intento para mí no tiene sentido que hicieras que te sacaran de la clase y te mandasen con Bumper. Él no tiene compasión alguna.

—No sabía que me mandarían con él, pero no me arrepiento. Lo valió completamente.

—¿De qué estás hablando? ¿Cómo que lo valió?

—¿Realmente no puedes verlo, James?

—¿Ver qué?

—Estar en este lugar es la única forma de pasar tiempo contigo.

—¿Haces que te castiguen para estar conmigo? Sabes que eso no está nada bien, ¿cierto?

—Eres la única persona con la que hablo, a la que le importo. Bueno, está Mateo también, pero con él no cruzo palabra hace mucho.

—Porque tú prefieres esto. Las cosas podrían ser como antes.

—Todos saben que soy gay, James. Ya nada es ni volverá a ser como antes.

—Lo lamento tanto. Es mi culpa.

—No pienses en eso. Lo que importa es que podremos compartir este último instante ya que mañana te irás y no volveré a saber de ti.

—No es así, Lucas. Yo…

—Te irás y regresarás a tu vida perfecta con tu familia perfecta.

—Mi vida está lejos de ser perfecta.

—Aun así te irás y te olvidarás de mí.

—Eso no va a pasar.

—¿Por qué? ¿Acaso te vas a quedar? Porque si yo tuviese a donde ir, no lo pensaría dos veces. Así que no creo que vayas a dejar pasar la oportunidad de alejarte de este lugar.

James lo miró lleno de dudas. Las mismas dudas que habían estado dando vueltas en su cabeza durante los últimos días: ¿Se iría a casa y acabaría con todo su padecimiento? ¿O se quedaría para ayudar a Lucas e intentar hacer las cosas un poco más llevaderas?

кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε

—¡Hola Devon! ¡Qué gusto verte!

El joven, que se hallaba en su trabajo intentando terminar unos documentos, levantó la mirada y se encontró con Iris, una chica de descendencia asiática que le coqueteaba en cada ocasión que podía, y que como era usual, llevaba un vestido ajustado y revelador.

—¿Se te ofrece algo? —preguntó secamente.

—Sólo me acerqué a saludar. ¿Por qué tan pensativo? Luces ansioso.

—Estoy ocupado —siguió trabajando en la computadora.

—Puedo ayudarte a relajarte. No sólo eso, sino que cualquier cosa que desees estoy dispuesta a hacerla realidad.

—No quiero ni necesito nada de ti.

—Supe que estuviste en el banco solicitando un préstamo que te fue negado.

—¿Qué? —la miró intrigado— ¿Cómo?

—Hay un dicho muy popular: "las paredes tienen oídos". Deberías ser más cuidado con lo que dices y donde lo dices.

—Bueno, desde ahora observaré a todos lados, aun cuando me encuentre aparentemente solo en el baño de hombres realizando una llamada privada.

—Es un pequeño consejo nada más —se sentó sobre el escritorio, muy cerca de él—. Y centrándonos en tu problema, si necesitas dinero, ¿por qué no se lo pides a tus padres? Sí —sonrió ante la mirada atónita del chico—, sé muy bien quien eres y por ende lo famosos que son tus padres.

Ellos tienen el suficiente dinero como para que no estés aquí trabajando sino viajando por el mundo y divirtiéndote. ¿Por qué debes buscar un préstamo? No me digas que son unos egoístas que…

—¡Con mis padres no te metas! ¡No sabes nada de ellos!

—Lo siento. No quise ofender, sólo fue un comentario ya que no me explico por qué estás aquí y mucho menos que haces solicitado un préstamo.

—No vivo de mis padres y su dinero. Ellos fueron demasiado buenos y me dieron una vida plena, pero ya tengo la edad suficiente como para valerme por mí mismo, aunque nada de esto es algo que te incumba.

—Me gusta cuando te pones así de serio —cruzó las piernas.

Devon inhaló profundamente intentando contenerse para no ser grosero. —Veo que no tienes nada que hacer. Bien por ti, pero yo tengo mucho trabajo, así que por favor déjame solo.

—Marcy está sacando unas copias que necesito así que quise aprovechar para acercarme a ofrecerte mi ayuda. Puedo facilitarte el dinero, y no te voy a cobrar intereses como un banco ni te voy a poner una fecha límite para que me lo devuelvas.

—No, gracias. Estoy bien.

—Escuché que realmente te urge, y si no puedes contar con el banco ni quieres acudir a tus padres, no deberías rechazar una oferta como la que te hago —se inclinó hasta que sus rostros estuvieron cerca—. Así que piénsalo bien porque no estará disponible por mucho tiempo.

—¿Con qué objetivo haces esto? —se apartó y la miró molesto.

—Me ofendes. Lo único que busco es…

—Por favor. Sabes muy bien que quieres algo a cambio.

—¿Qué tal si salimos a cenar y ahí lo platicamos con calma? —le guiñó el ojo y le acarició el hombro.

—Tengo una novia a la que amo mucho y que me espera en casa.

—Invéntale cualquier excusa. Ella no tiene por qué saberlo.

кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε

Luego de dejar a Lucas tras una extensa plática, James se condujo por el corredor de una de las áreas que sabía que no eran utilizadas a esa hora del día, pensando en tantas cosas que la cabeza le dolía.

Ser voluntario en diferentes actividades le había servido para conocer bien el internado, los horarios de los guardias y movimientos de sus superiores.

Estarse saltando las clases equivalía normalmente a una fuerte sanción, pero como estaba a nada de realizar su llamada telefónica para irse de ese lugar, no le importó en lo absoluto.

Cansado y adolorido decidió sentarse y cerró los ojos tratando de despejar su mente, mas resultó en vano. Frustrado empezó a realizar movimientos circulares en sus sienes a la vez que apoyó la cabeza en la fría pared.

Volver a casa representaba diversas cosas, como el hecho de que querer vivir con su mamá al no sentirse listo para ver a sus padres, y cómo estos lo tomarían era una idea continua en su cabeza. Por otro lado estaba el tener que hacerle frente solo a lo que le estaba pasando porque no podía hablar de ello con nadie… o quizá no quería.

Necesitaba poner su cerebro en pausa, acallar sus pensamientos y encerrar con llave sus emociones porque se sentía a punto de colapsar.

"¿Por qué a mí?" susurró antes de que los recuerdos se hiciesen presente.

Sentado bajo el árbol de cerezo en el patio de su casa se encontraba el adolescente tirando con fuerza de los bordes de su ropa. Había tenido un día terrible y trataba de calmarse un poco. De pronto alguien se acomodó a su lado.

—James, hijo, ¿qué te ocurre? —preguntó Blaine preocupado— Has estado muy callado desde que regresaste del colegio.

—Nada. ¿Qué va a pasar?

—No lo sé, por eso te pregunto.

—Estoy cansado. Es todo.

—Sabes que puedes hablar conmigo de cualquier cosa. Si algo te preocupa o te molesta…

—Me molesta que no me dejes tranquilo. Lo único que quiero es un momento a solas para relajarme y vienes a interrumpirme con tu interrogatorio.

—No tienes por qué hablarme de esa forma. Si me acerco a conversar es porque te amo y me preocupo por ti.

—No tienes por qué hacerlo. No necesito nada que venga de ti —se levantó y se fue dejando a su padre hablando solo.

Dejando escapar un sonido, cerró los ojos con fuerza y cubrió su cabeza con ambos brazos.

кℓαΐиε

Un James de siete años caminaba en dirección de la recámara de sus padres llevando un libro en la mano. En el curso de su lectura había encontrado una palabra cuyo significado desconocía y quería que Kurt despejase su duda.

A mitad del pasillo se detuvo y dejó caer el libro al ver a Blaine salir de la habitación. La emoción que sintió sólo se podía comparar con su nivel de alegría mientras sonreía tan ampliamente que su rostro después dolería.

—¡Papá! —gritó y corrió hacia él. Este se había ido de gira por cinco meses, y durante ese tiempo el único contacto había sido mediante video llamadas.

—¡James! —avanzó para darle alcance.

—¡Papá! —dio un salto con ímpetu y se enganchó del cuerpo de Blaine, abrazándolo con cada gramo de fuerza que tenía— ¡Volviste! ¡Por fin volviste!

—¡Mi niño! ¡Mi hermoso niño! —lo envolvió con sus brazos y los dos permanecieron en silencio durante unos segundos, absorbiendo el momento.

—¡Te extrañé tanto papá!

—Y yo a ti —le acarició el rostro— Te extrañé muchísimo.

Los dos se miraron con lágrimas en los ojos y grandes sonrisas haciendo juego.

»¡Mira cuánto has crecido! Me voy unos meses y ya casi estás de mi porte.

El niño carcajeó. —No es cierto, pero algún día voy a ser como tú —una sonrisa amplia se dibujó en su rostro al imaginarlo.

—¿Cómo estás?

—Feliz de que estés aquí.

—¿Qué tal la escuela?

—Todo bien, papi. Tenemos que hacer un experimento para la clase de ciencias y papá Kurt me está ayudando.

—¿Un experimento? Ya quiero verlo.

—Nos está quedando genial.

—Estoy seguro de eso. Tú y tu papá hacen un gran equipo.

—Sí, y vamos a ganar.

—Claro que sí —le sonrió— ¿Tus hermanos dónde están?

—Devon va a pasar el fin de semana en casa de Ralph. Lizzie está en la fiesta de cumpleaños de Laura. Su mamá la va a traer después —suspiró—. ¿Por qué no nos llevaste contigo como la vez pasada?

—En esa ocasión estaban de vacaciones, pero ahora es distinto. Lo sabes porque lo conversamos antes de que me fuera.

—Pero te extrañé. Todos te extrañamos.

—Y yo a ustedes. Son lo más importante y hermoso de mi vida.

James sonrió. —Te hice unos dibujos.

—¿De veras? Seguro que están hermosos.

—Pero el último no lo terminé. Lo siento.

—No sabías que venía hoy, así que, ¿qué te parece si lo continúas y me lo entregas cuando esté listo?

—Sí, eso está bien —volvió a sonreír antes de mirarlo pensativo—. ¿Por qué papá no fue a recogerte al aeropuerto?

—Porque él tampoco sabía que llegaría hoy. Quería sorprenderlos.

—Y fue una gran sorpresa —enterró su rostro en el cuello de su padre y ajustó su agarre—. ¿Ya no te vas a ir?

—No por ahora —le besó el costado de la cabeza—. Tengo trabajo que hacer y eventos que atender, pero estaré en casa mucho tiempo.

—¿Vamos a poder leer juntos otra vez?

—Claro que sí mi niño lindo.

—¿Siempre vas a leer conmigo?

—Por supuesto.

—¿Y hasta cuando sea más grande?

—Claro que sí.

—Por ejemplo si tengo veinte años.

—Mientras quieras que leamos juntos, así tengas cien años, lo haremos.

—¡Cien años! —abrió los ojos asombrado.

Blaine rio y le alborotó el cabello. —Te traje algo que estoy seguro te va a gustar.

—¿Qué es? ¿Qué me trajiste?

—Una sorpresa.

James saltó hacia el suelo y empezó a rebotar emocionado. —¿Qué es? ¡Quiero saber qué es!

—Vamos a buscarlo y lo averiguarás. Pero primero, recoge tu pobre libro que lo dejaste ahí tirado.

El niño se iluminó y corrió a levantarlo. —Hay una palabra que no sé lo que significa.

—¿Y qué palabra es?

Padre e hijo caminaron hacia la habitación mientras conversaban alegres.

James empezó a llorar y se abrazó a sus piernas.

кℓαΐиε

Sentados en la sala se encontraban Kurt con sus tres hijos alrededor mientras este les contaba una de las tantas anécdotas de su vida junto a Blaine.

A sus doce años a James le encantaba escuchar todos esos relatos e imaginar que algún día sería él el protagonista.

—Eso es increíble y tan romántico —dijo Lizzie con un suspiro—. Yo quiero una historia de amor como la de ustedes.

—De seguro la tendrás, princesa.

—No lo sé, papá. Es que la historia de ustedes es única.

—¿Cómo sabes que encontraste a la persona indicada? —preguntó Devon— Porque no todos van a encontrar al amor de su vida tan rápido ni va a ser la primera persona de la que se enamoren como sucedió con ustedes.

—Eso es verdad —comentó James—. Papá fue tu primer novio, pero para algunos no resulta y después tienen otras parejas, así que, ¿cómo te das cuenta cuál de ellas es la correcta?

—Porque es el tipo de cosas que se sienten, que se saben en el corazón ya que con esa persona se tiene una conexión especial.

—¿Una conexión? —preguntó el menor de los hermanos con real curiosidad— ¿Cómo es eso? ¿Qué clase de conexión?

—Tu alma gemela o como le quieras decir es alguien con quien te sientes seguro y conectado al nivel más profundo e íntimo que pueda existir. Tanto que no hay palabras para describirlo.

Es una persona con quien eres tú mismo, con todo lo bueno y lo malo que hay en ti, con tus virtudes y defectos, permitiéndote incluso mostrarte vulnerable porque te sientes cómodo a su lado y confías en ella plenamente. A la vez esa persona se presenta ante ti como un libro abierto para que puedas leerla todo el tiempo.

Son dos seres independientes e individuales pero al mismo tiempo son uno solo compartiendo sentimientos, emociones y necesidades, perteneciéndose en cuerpo y alma en total libertad.

Tu compañera o compañero de vida será alguien que te impulse a crecer en todos los sentidos y a ser la mejor versión de ti.

Alguien que te produce mil sensaciones especiales con una mirada o el roce de una mano, y que te acelera el corazón y te roba el aliento con su presencia y hasta su recuerdo, pero a la vez te llena de calma.

—¡Guau! ¿Y tú sentiste todo eso con papá?

—Sí, James. Desde que lo conocí hasta el día de hoy.

—¿Y todavía están conectados?

—Cada día de nuestras vidas.

—Suena muy complejo —dijo Devon—. Hermoso, pero complejo.

—Sí —Lizzie estuvo de acuerdo—. Parece complicado darte cuenta cuando has encontrado a tu otra mitad, pero quiero tener eso que papá y tú tienen.

—Puede parecerlo, pero cuando encuentren a esa persona, realmente lo sabrán. A veces toma un poco de tiempo darse cuenta debido a las circunstancias que pueden rodearlos, pero al final sentirán en su alma que han encontrado a su par.

Y vas a tener tu propia historia, mi niña. Y será única y maravillosa.

James se quedó pensando en ese último recuerdo en particular. Él había experimentado en los últimos meses mucho de lo que Kurt describió años atrás… pero… no… no era posible que… Ni siquiera estaba seguro de las cosas que sentía ni de quien era. No había manera que hubiese encontrado a su alma gemela. Además, era muy joven… aunque sus padres tenían su misma edad cuando se conocieron.

Con un último suspiro y luego de limpiar su rostro se puso de pie para dirigirse a la oficina donde se realizaban las llamadas telefónicas.

кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε

Blaine se encontraba sentado en el consultorio médico junto a Kurt y Rachel, estando la chica en el medio, sosteniendo sus manos con fuerza.

La doctora Prime, experta en fertilidad, estaba sentada frente a ellos revisando unos papeles.

—Me gustaría tener noticias positivas en este día —levantó la cabeza y los miró serenamente—, lamentablemente no es así.

Comprendo que no es fácil luego de tantos intentos, pero ustedes están al tanto de la situación y…

—Yo soy el problema —dijo Blaine intentando ocultar sus emociones.

—Es complicado —continuó la experta—, pero no imposible. Concebir a Lizzie no fue fácil, sin embargo ahí la tienen.

—Es verdad, amor —intervino Kurt dándole ánimos—. Vamos a seguir tratando, y pronto tendremos un nuevo bebé en camino.

—Tampoco nos tomó tanto tiempo. Sí costó, pero a este punto Rachel ya estaba embarazada.

—Respecto a eso, tengo dos recomendaciones —dijo Prime—. La primera es que Rachel debe descansar un tiempo para…

—Estoy bien —refutó ella—. Puedo hacerlo cuantas veces sean necesarias.

—Puedes sentirte bien, pero no es aconsejable. Y si queremos conseguir resultados positivos es importante tomarlo con calma.

—No es justo que pases por todo esto una y otra vez —dijo Blaine—. Si debemos esperar, que así sea.

—Eso es lo mejor —confirmó la doctora—. Mi segunda recomendación es que para aumentar las posibilidades de conseguir un embarazo, Kurt debería ser donador también.

—¡Claro que no! —Hummel fue enérgico en su respuesta— Acordamos que Blaine sería el donante, y yo no voy a intervenir.

—Como dije antes, es sólo una sugerencia. De ustedes depende.

—Blaine será el único donante.

—Kurt —se estiró para tomar la mano de su esposo—, te agradezco que quieras respetar lo que habíamos decidido, pero quizá deberíamos hacerlo así. Queremos un bebé, y sin importar quién sea el padre, los dos lo vamos a amar infinitamente.

—¿Qué? ¡No! Acordamos algo, amor, y…

—Creo que deberían conversarlo con calma —intervino la mujer—, incluyendo lo de hacer una pausa, la cual no sólo sirve para que Rachel pueda descansar sino que en caso de que Blaine continúe como único donador, su conteo aumente y tengamos una mejor muestra, de esta manera aumentamos las posibilidades.

Entre los tres se miraron y Rachel les sonrió. —Lo que ustedes quieran hacer, por mí estará bien. Saben que los amo y nada me haría más feliz que darles otro bebé.

кℓαΐиε

Los esposos Anderson-Hummel se dirigieron a casa de Rachel para conversar y despedirse antes de partir hacia Roma donde residirían por un tiempo debido a que a Kurt se le había presentado una gran oportunidad de trabajo que no pudo rechazar.

—No puedo creer que se vayan todos. Los voy a extrañar tanto.

—Es algo por lo que Kurt ha trabajado muy duro, y nadie merece esto más que él —dijo Blaine con una gran sonrisa y una mirada llena de orgullo.

—Las cosas se dieron finalmente —comentó emocionado el de ojos azules—, y no quiero separarme de mi familia, así que nos vamos todos ya que hay la posibilidad de hacerlo. Aunque nos sentimos culpables por ti.

—No, por favor. Son sus hijos. Yo estoy más que agradecida de que me permitieran formar parte de su crecimiento. Sé que las mujeres subrogantes no están presentes y…

—Jamás te habríamos dejado fuera —dijo Blaine tomándola de la mano—. Por ti tenemos a Devon y a Lizzie. Eres su madre, y estamos felices de que seas parte de sus vidas.

—Eso es correcto —concluyó el castaño—. Y somos nosotros los que estamos agradecidos contigo por ayudarnos a realizar nuestro sueño.

—Los amo chicos. Son los mejores. Y no se preocupen, comprendo que es su familia y el hecho de que tengan que irse por un tiempo. Realmente me alegra mucho que te llegara esa oportunidad, Kurt. Sé que vas brillar como siempre.

También creo que esta es una clara señal de que debíamos esperar más para volver a intentar lo de la fecundación. Hace unos días acordamos que un mes sería tiempo suficiente, pero ahora ustedes se van por casi un año.

—Gracias, Rachel. Y yo también creo en las señales, así que concuerdo contigo. No obstante, en cuanto regresemos lo retomaremos si aún quieres y puedes.

—¿Cómo que si aún quiero? ¡Kurt Anderson-Hummel, sabes muy bien que sí! Y en cuanto a poder, acomodaré mi agenda para que esté libre para cuando ustedes regresen. Deseo este bebé tanto como ustedes, y estoy segura que lo conseguiremos.

La pareja se despidió poco después de su amiga y partió rumbo al hogar de los Hummel para darles la noticia y luego proceder a hacer lo mismo con los Anderson.

кℓαΐиε

Blaine jugaba con Devon y Lizzie en el patio de la casa. Los tres corriendo y riendo sin parar. Kurt no tardó en unirse a ellos hasta que fue la hora de comer.

Un par de horas después los cuatro veían televisión en la sala cuando el teléfono de Kurt sonó, así que se levantó y se retiró para contestar debido al ruido. Minutos después volvió y abrazó a su esposo por detrás con una gran emoción.

—Te amo. Te amo mucho —le besó la mejilla.

—También te amo —respondió el de ojos como la miel, y sonrió.

—¿Podemos hablar un momento?

—Seguro —se puso de pie y siguió a su pareja a la cocina—. ¿Qué pasa?

—Rachel llamó.

—¿Está bien?

—Sí, está muy bien en realidad.

—¿Entonces?

—Estuvo en la clínica de fertilidad y la Dra. Prime le dijo que se encuentra en las mejores condiciones por lo que las posibilidades de conseguir un embarazo son muy altas.

—¡Oh Dios! ¡Y mañana regresamos!

—Esa es otra señal, Blaine.

—Sí, lo es —dijo con los ojos cargados de un brillo especial—. ¡Vamos a tener un bebé!

—Así será. Estoy seguro. En unos meses seremos padres nuevamente.

кℓαΐиε

—Te amo mucho —dijo Blaine tomando con fuerza la mano de su esposo.

—Te amo más —respondió reafirmando el agarre de sus manos.

Rachel había recibido el tratamiento adecuado y sólo faltaba su parte, así que dándose una mirada llena de esperanza entregaron sus respectivas muestras en la clínica de fertilidad, anhelando tener resultados positivos.

Quince días después fueron llamados al consultorio donde recibieron una noticia que los hizo llorar.

кℓαΐиε

Minutos después de que Kurt cortase el cordón umbilical, Blaine sostuvo contra su pecho al pequeño bebé sin dejar de repetirle entre lágrimas y sollozos lo mucho que lo amaba.

El de ojos claros se unió a su esposo y acarició al niño. —Te amo Blaine —dijo con la voz entrecortada sin poder evitar que sus lágrimas corriesen por su rostro.

—Te amo —respondió con igual dificultad y compartieron una de las miradas más significativas e íntimas de su vida.

—Eres tan hermoso —la blanca mano acarició la cabecita del bebé antes de besarla—. Te amo mucho mi pequeñito. Papá Blaine y yo te amamos con todo nuestro corazón y estamos tan felices de que estés aquí con nosotros —el de cabellera oscura asintió ante cada palabra—. Bienvenido al mundo James.

Blaine respiró profundamente. —No sabes por cuánto tiempo te esperamos. Eres nuestro pequeño milagro —soltó el aire retenido—. Papá Kurt y yo te vamos a cuidar, proteger y amar inagotablemente y para siempre.

—Amor, ¿qué sucede? ¿Te sientes mal? —preguntó preocupado el diseñador al entrar a la habitación y ver a su amado con lágrimas rodando por sus mejillas, así que corrió hacia él— ¿Quieres que llame el médico?

Anderson, que había despertado un par de horas atrás y a quien ya le habían realizado todos los chequeos pertinentes, negó con la cabeza.

—Estoy bien —se limpió el rostro—. Sólo pensaba en algunas cosas.

—¿Estás seguro? —lo tomó de la mano.

—Sí… Pensaba en James y en todo lo que ha ocurrido en estos meses. Antes de darme cuenta fui retrocediendo en el tiempo hasta llegar a todo lo que tuvimos que atravesar para poder tenerlo —suspiró—. Pasamos por mucho.

—Así fue, pero lo valió completamente.

—¿Sabes? Voy a llamar al internado. No me importa si no es permitido. Necesito saber que está bien.

—También había pensado en hacerlo, e iba a hablar contigo al respecto cuando estuviésemos en casa.

—Tenemos que llamar ya.

—Por favor, debes tomarlo con calma —le secó un par de lágrimas que se abrían camino—. Angustiarte no te ayuda en lo absoluto.

—Estoy bien, mi ángel. Emotivo por los recuerdos, pero bien.

—Necesito que te relajes y estés tranquilo —le acarició el rostro—. No quiero que tengas otra crisis.

—Voy a mantenerme tranquilo, y te diré todo lo que me esté pasando. Te lo prometo.

—Gracias —le besó el dorso de la mano.

—¿Vas a llamar?

—En este momento no, cariño. Pero cuando estemos en casa llamaremos, y si es posible programar una visita, lo haremos.

—Sí, eso sería perfecto. Sé que falta poco para que las clases terminen, pero no puedo esperar más. Quiero y necesito verlo.