CAPÍTULO 35
NOCHE TORMENTOSA
- ¿Qué has dicho, Kenji? – Tai pensaba que había oído mal. Estaba seguro que le había oído decir que no lo haría. Y quería pensar que no había sido así.
- He dicho que… no lo haré.
- ¡¿Pero qué estás diciendo?
- ¡Tai!
Su madre no pudo pararle a tiempo. Tai se lanzó sobre su hermano y lo estampó contra la pared. Este no opuso ninguna resistencia, ni se molestó en mirar a la cara a su hermano pequeño.
- ¡Antes has dicho que lo harías pasara lo que pasara! ¡¿Por qué ahora te niegas, eh? ¡¿Te ha entrado miedo?
No respondió. Su hermano guardaba silencio sin ni siquiera atreverse a mirarle a los ojos. Estaba decepcionado, ¿desde cuándo era tan cobarde?
- ¡Tai, ya basta! – Los separó Sora, poniéndose delante de Kenji.
- ¡¿Pero tú le has oído, Sora? ¡Piensa dejar morir a Kari!
- ¡Eres tan idiota que no comprendes nada! – Le reprochó, furiosa - ¡¿Por qué no piensas mejor en lo que ha dicho que ocurrirá si se somete a esa transferencia?
- ¿Qué?
- Si Kenji se somete a esa "operación", Diablomon quedará sellado. No es solo que ya no podrá digievolucionar, si no que se quedará para siempre en el cuerpo de tu hermano, Tai – le explicó Izzy - . En otras palabras, Diablomon jamás podrá adoptar de nuevo su cuerpo.
Pálido, por haber olvidado un dato tan importante, miró a su hermano mayor, que triste tenía la vista dirigida al suelo.
- Imagínate si fuera el caso al revés, que Agumon estuviera en tu interior. ¿Le harías eso?
- Y-Yo…
El niño se quedó mudo. No llegaba a conocer la relación que existía entre Diablomon y su hermano, ni tampoco estaba del todo seguro de si Kenji era un niño elegido o no, pero habrían vivido sus propias aventuras juntos. Seguramente algún tipo de conexión habría nacido entre ellos. Que idiota había sido al no haber pensado en eso, su obsesión porque su hermana estuviera a salvo le había cegado por completo.
- Esta noche lo pensaremos y… mañana os daré una respuesta.
Dada la conversación por terminada, Kenji abandonó la casa, yéndose hacía la que habían acomodado para sus cuidados. Tai se sentó al lado de su hermana, sintiéndose fatal y abatido por haber tachado de cobarde a su hermano mayor. Que idiota, si era más valiente que él mismo, ¿cuántas veces los había salvado como Diablomon? Ya eran tantas que había perdido la cuenta.
Sora estaba preocupada por Kenji. No sabía porque, pero algo le decía que la negativa no lo había dicho solo por Diablomon. Era el hermano de Satanmon, y no parecía querer que se saliese con la suya. Seguro que el digimon no se negaba a someterse a esa transferencia. Igual se equivocaba y eran imaginaciones suyas. Es posible que Kenji, ¿tuviese en gran estima al digimon?
Satanmon destrozó a un par de Bakemon para probar su nuevo brazo. Por suerte había podido recuperarlo, y ahora se sentía aún más poderoso. El poder de la luz le hacía temblar de la emoción, sobre todo al recordar cómo le había amputado el brazo sin ningún problema. De solo pensar en todo lo que podría hacer si la controlaba se ponía nervioso, algo que no le había pasado en su vida.
- Veo que ya se encuentra bien, mi señor.
- ¿Habéis dado con la "luz"?
- Todavía no, pero no tardaremos. ¿Qué quiere que hagamos con los humanos que hemos capturado?
- Al amanecer los hipnotizaré para que comiencen a construir el catalizador. Has dado orden de que no maten al portador de Diablomon, ¿verdad?
- Cómo usted ordenó, mi señor.
- Por más estúpido que sea mi hermano le necesito para llevar a cabo mi plan. Muy pronto, la luz será mía.
- ¿Pero está seguro de lo que va a hacer? Las antiguas escrituras no auguran nada bueno, mi señor.
- No te preocupes – sonrió - . Saldrá todo bien.
Que no hubiera nada en todo el edificio lo hacía un lugar muy tranquilo y relajante para pensar. De golpe empezó a llover de una forma muy brusca, creando una ligera neblina en muy poco tiempo que impedía ver más allá de un par de metros. Al menos, con la barrera digital creada por Izzy no tenían que preocuparse de que los Bakemon les encontrasen.
Se dejó caer sobre la barandilla, cansado. Aún no se había recuperado del todo de las heridas del encuentro con Satanmon, y estaba realmente preocupado por su hermana. Pero, ¿qué podía hacer? ¿Condenar a Diablomon al olvido? No era una decisión que pudiese tomar él solo.
"Sabes perfectamente que por detener a mi hermano estoy dispuesto a lo que sea, Kenji", le habló a su mente.
- No voy a condenarte a eso… da igual si eres uno de los tres Emperadores de la oscuridad, no te lo mereces.
"¿Desde cuándo te importo tanto? Me sorprendes. Pensaba que tu hermana estaba por encima de tu vida."
- De la mía sí, pero no de la tuya. Que estemos unidos no significa que pueda elegir cuando poner fin a tu vida.
"Eres un ser extraño…"
El joven se rió por lo bajo ante esa puntualización del digimon.
- Tienes razón… pero, ¿sabes? No seré un niño elegido como mis hermanos y sus amigos, pero, para mi eres como mi compañero digimon. Y no puedo lanzarte a una posible muerte.
"¿Así es como me ves?", el digimon parecía sorprendido.
- En el mundo oscuro vivimos muchas aventuras juntos… tantas que no soy capaz de recordarlas todas. Confiaba en ti como tú lo hacías en mí. Acaso, ¿eso no crea unos lazos lo suficientemente fuerte como para considerarnos compañeros? No… para mi eres mi amigo, Diablomon. Me has ayudado tanto, a seguir adelante, a proteger a mis hermanos… no soy capaz de verte con otros ojos.
"Kenji…"
- Quiero que te lo pienses bien, ¿vale? Te dejaré salir para que te decidas.
"Sabes que no hay nada que decidir. Haré lo que sea necesario para detener a Diablomon"
- ¿Seguro?
"Sí. Pero, aun así, aceptaré esa propuesta de salir. Por lo menos por última vez"
- Adelante, así aprovecharé para irme yo a dormir.
En pocos segundos, Diablomon estaba sobre la barandilla, cruzado de brazos y oculto entre sus alas de murciélago. A pesar de la pesada lluvia, y el estruendo provocado por algunos truenos, la vista no era para nada mala. En su interior sentía como Kenji ya estaba dormida y era una pena, porque a través de sus ojos podría ver con total claridad las vistas.
Que no estuvieran los humanos era una suerte, pues así toda la ciudad estaba a oscuras, incluso en la casa de Izzy únicamente estaban usando unas velas para no llamar la atención de los Bakemon. Seguramente habría otros digimon rastreando la ciudad, Satanmon no era tan estúpido como para solo traer Bakemon. Ya se enfrentarían más adelante a ellos, eso estaba claro. Desgraciadamente, parecía que Diablomon no iba a tener esa oportunidad. En fin, al menos podía detener los planes de su hermano.
- ¿Diablomon?
No le hizo falta girarse para saber quién era la dueña de esa temblorosa y, a la vez, cariñosa voz. La llevaba escuchando desde el día en que Kenji nació, desde su interior.
- ¿Qué hace aquí? Debería estar durmiendo, señora Kamiya.
- Quería… hablarte de una cosa.
- ¿Mm?
La mujer tuvo sus reparos, y se le notaba que estaba nerviosa. Era normal, estaría acostumbrada a tratar con Agumon y Gatomon, quizás con alguno de los otros digimon de los niños elegidos, pero no con uno que tenía el aspecto de un demonio del averno. O igual lo que la incomodaba era otra cosa.
- Kenji ahora mismo está dormido, dígame lo que quiera que no la oír.
- Oh, ¿en serio?
De nuevo un silencio entre los dos, roto únicamente por la terrible lluvia que estaba cayendo sobre Odaiba. Hasta para un digimon acostumbrado a las pocas palabras, comenzaba a resultar pesado.
- ¿Y bien?
- Me gustaría… pedirte un favor.
- ¿Mm?
- Por favor… ¡por favor, no dejes que mi hijo se someta a esa "operación"!
La petición sorprendió hasta a uno de los mismísimos señores de la oscuridad. Tal fue su asombro que se giró para mirar a la mujer, que con lágrimas cayéndole por las mejillas, mostraba una mirada bastante decidida.
- Es la única forma de curarlos a los dos, ¿lo sabe no?
- Si pero… el doctor Jefferson, quiero decir… Ginnae ya me ha dicho que las probabilidades de que Kenji sobrevivan son muy bajas y… que la operación va a ser más peligrosa y dolorosa de lo que él piensa. Por eso… ¡no quiero perder a un hijo para salvar a otro! ¡Te lo ruego, haz que cambie de parecer! ¡Seguro que hay otro modo!
Se notaba que esa mujer quería a sus hijos, incluso a uno que de niño los odiaba y había desaparecido de su vida durante cinco años, hasta fingido una muerte para lograr desaparecer más fácilmente del recuerdo de su familia. Para un digimon perteneciente al mundo oscuro, era un sentimiento difícil de comprender, como cuando Kenji había dicho que era su amigo. Para él eran solo palabras, con un contenido vacío.
- No servirá de nada, lo hará le diga lo que le diga.
- ¡¿Eh? Pero-!
- Será su forma de redimirse, supongo.
- ¿Qué quieres decir?
- Usted lo sabe. De niño no soportaba a sus hermanos, ¿cuántas veces se pegó con Tai o hacía llorar a Kari? ¿Cuántas veces les detestó a usted y su padre por haberle traído a un mundo en el que solo conocía la soledad y el sufrimiento? Cuando descubrió hace tres años la verdad, de porque estaba enfermo, le inundó un terrible sentimiento de culpa. Aún carga con él, y someterse a esta operación para él es como exculpar todo lo les hizo a sus hermanos en su infancia.
- ¡Pero ellos apenas se acuerdan de eso! Mi hijo no…
- Pero él sí que se acuerda. Es por eso que no le importa el dolor que vaya a sufrir si con ello expía lo que hizo en el pasado. Y mucho menos le preocupa si va a salvar a su hermana. Si le sirve de consuelo, le diré que estaría dispuesto a hacer eso por cada uno de los miembros de su familia, sin dudarlo un segundo.
La mujer miró al digimon. Podía creérselo, de su hijo se lo creía. Aun así, ¿tanto era el sentimiento de culpa que cargaba sobre sus hombros? De niño había sido muy problemático, pegaba a su hermano, y alguna vez también a Kari, era cierto. Incluso Susumu se acordaba de un día que le lanzó un jarrón de flores que le llevó al hospital una de las veces que estuvo ingresado. Ella jamás le había culpado de nada, y ni siquiera había podido ver lo mucho que se castigaba su hijo.
- No se preocupe, le prometo me todo saldrá bien. Su hijo se curará, y será como cualquier otra persona. Como sus hermanos.
- ¿Y qué pasará contigo? Dicen que no quieres que ese tal Satanoseque tenga esa "luz", pero, ¿están de acuerdo con dar también tu vida a cambio?
- Si le soy sincero… creo que estoy comprendiendo lo que significa la palabra "amistad".
La mujer miró interrogante al digimon.
- Llevo viendo a través de los ojos de Kenji el mundo humano desde el día en el que nació. En sus primeros años experimente lo mismo que en mi mundo: soledad, desdicha, tristeza, amargura… pensé que este mundo no era tan distinto del mío. Y sin embargo, también vi como experimentaba otros sentimientos: la amistad, el compañerismo, el amor… para mí aún a día de hoy esas cosas no tienen mucho significado. Pero la amistad… - se rió - . Su hijo no hace mucho ha dicho que me ve como un amigo, que por eso no puede decidir por mí lo que hacer… le seré sincero, esas palabras me han hecho muy feliz. Porque, por primera vez en mi vida, alguien me ha dado la opción de decidir que quiero hacer con mi vida.
- Debes… haber sufrido mucho, ¿cierto?
- El mundo oscuro es lo que Diablomon pretende traer al mundo de los humanos. Y no son sentimientos que quiero que conozca nadie. Por eso, permita que su hijo lleve a cabo lo que quiere hacer. Y, sobre todo, confíe en que saldrá con vida. A fin de cuentas ya ha muerto una vez, ¿no?
- Si… - rió ligeramente ante la broma del digimon.
- Será mejor que descanse, Kenji debe hacer lo propio. Mañana será un día duro para todos.
- Tienes razón y… Diablomon…
- ¿Mm?
- Gracias por cuidar de mi hijo durante todos estos años – agradeció con una reverencia y luego desapareció.
En toda su vida, era la primera vez que alguien le daba las gracias por algo. Ni Kenji lo había hecho desde el día en que se presentó a él como tal. Eso le hizo sentirse incómodo y a la vez le transmitió un cosquilleo agradable en el pecho, que no le disgustó. Quizás estuviera más cerca de comprender a los humanos de lo que creía.
Sora estaba únicamente vestida con un delantal de color rosa con el estampado de un león en una caseta, preparando la comida en la cocina. Cuando Kenji entró, se quedó maravillado por las vistas desde atrás. Lo único que cubría por esa zona el delantal era la cintura, por el lazo en forma de mariposa que ataba los cordeles del delantal.
El chico no entendía muy bien que hacía Sora vestida así, pero se quedaba maravillado viéndole mover su culito respingón de un lado a otro mientras seguía el ritmo de algo que estaba tarareando. Si era una canción conocida no tenía ni idea de cuál era. No estaba muy metido en el ocio musical de Japón tanto como quisiera.
- ¿S-Sora?
La niña se giró, lo que aterró al chico. Su cara no era la de la niña que tanto quería, si no la de Satanmon. Su cuerpo también se transformó y el digimon lo atacó. Con un grito, Kenji se despertó de golpe, respirando agitado. Miró a su alrededor varias veces, e incluso estuvo a punto de encender la lámpara o la luz del techo, para asegurarse de que no había nadie. Se detuvo a tiempo al comprobar que estaba en la habitación de la casa de los vecinos de la familia de Izzy.
El joven se pasó la manga de la camiseta por la frente para quitarse el sudor. No sabía cómo había llegado hasta allí, seguramente habría sido cosa de Diablomon. Al mirar el reloj averiguó que eran las 24:30. En teoría no debería de llevar ni media hora dormido. Y para su desgracia ya empezaba con las pesadillas, mal iba la cosa entonces. Se volvió a tumbar, esperando poder volver a dormirse.
El golpeteo de la lluvia en el patio del primer piso era algo relajante, pero estaba tan nervioso por la pesadilla que no era capaz de volver a dormirse. Igual el digimon estaba descansando, así que no considero necesario molestarlo. Entonces, alguien llamó a la puerta.
- Kenji, ¿estás dormido? – Era la voz de Sora.
- No, pasa.
La niña, cargando con una manta entró en la habitación, cerrando la puerta tras de sí. No podía evitar preguntarse porque demonios no estaba ya dormida. Tras lo que había pasado tendría que estar muy cansada.
- ¿Qué haces aquí?
- Es que… yo… - su cara se sonrojó levemente, lo que hizo entender al joven lo que pasaba.
- Anda, ven – le ofreció un sitio en la cama levantando las sábanas y haciéndose a un lado.
Sin esperar más la niña se metió dentro y Kenji la tapó. Sinceramente, no podía haber llegado en mejor momento. Tras la pesadilla que acababa de tener, que Sora estuviera a su lado, era lo que necesitaba. Y más aún cuando no sabía si al día siguiente iba a seguir con vida.
- No te molesta que duerma contigo, ¿verdad?
- Para nada, de hecho me alegro que hayas venido. Acabo de tener una pesadilla terrible.
- ¿En serio? ¿Y cómo era?
- Pues… em…
La niña lo miraba curiosa. Sin embargo, había un problema: ¿le podía decir que había soñado con ella desnuda y vestida con un solo delantal? Como se le ocurriese decirle eso seguro que se enfadaba. El problema era que de solo recordar ese sueño se sonrojaba tanto que sentía como si le subiera la fiebre de golpe.
- Yo también he tenido una pesadilla… en la que morían mañana.
Las perversiones que ocupaban su mente desaparecieron con las palabras de Sora, que lo rodeo con sus brazos, temblando. Comprensivo, la correspondió, tapándola mejor para que no cogiese frío.
- Lo de mañana es muy peligroso y… tengo miedo de que te pase algo Kenji… ¡tengo miedo de que mi pesadilla se haga realidad!
- Sora…
- Ya te perdí una vez… y no quiero volver a pasar por eso… no quiero…
La niña estuvo a punto de empezar a llorar. Sin saber que palabras de ánimo decirle, le acariciaba el cabello a la vez que le acercaba la cabeza a su pecho. Las probabilidades de morir eran altas, lo sabía muy bien. Era natural su miedo, hasta Kenji lo tenía. Procuraba no pensar en eso, pero era un hecho. Estaba aterrado.
- No me va a pasar nada. Ya lo verás. Me curaré y ya no tendré que preocuparme por que vaya a morir.
- Pero…
- Ey, ya morí una vez, ¿no es así? No creo que esto sea tan malo como que te caiga encima un edificio.
- S-Supongo… - se rió - ¿Y cuál ha sido tu pesadilla?
- ¿E-Eh?
- Yo te he dicho la mía, ahora te toca a ti decirme la tuya.
- P-Pues la verdad… es que… es difícil de contar.
- Jo – bufó - . No seas malo, y dímela.
Que gran dilema, ¿decirlo o no decirlo? Que cuestión más importante. Al mirar a la niña, que le pedía con esos preciosos ojitos que se la contase, finalmente cedió. No omitió ni un solo detalle, y al acabar de contarla tenía a la chica guardando absoluto silencio, levemente sonrojada. Así estuvieron por lo menos diez minutos.
- Así que… desnuda con delantal…
- ¡N-No ha sido a posta, ¿vale?
- Acaso… acaso… ¿te gustaría?
- Pues… no me importaría la verdad – confesó rascándose la mejilla.
¿Para qué negarlo? Que la chica a la que quería se la encontrase preparando el desayuno vestida únicamente con un delantal no era una fantasía que le desagradase. Según la palabrería popular, era el sueño de muchos chicos y hombres japoneses. En el resto del mundo parecía que les iba otra cosa. Al menos en América, Kenji no había escuchado que nadie tuviera una fantasía así. Sí que recordaba que uno de los compañeros de una de sus clases había dicho que su sueño era que una mujer le diera latigazos. Jamás lo comprendió, pero había gente para todo, ¿no?
- Es por eso que… ¿se te ha puesto así?
- ¿Así el que…?
Kenji enseguida se dio cuenta a lo que se refería. De solo pensar en la imagen de Sora preparándole el desayuno con ese modelito y completamente desnuda, y el movimiento de su culito de un lado a otro, su miembro se había despertado de su letargo. El chico se apartó, nervioso y algo avergonzado. ¿Cómo podía excitarse en un momento así?
- ¡L-Lo siento… yo….!
Sora se rió. Se había estado preocupado por nada, Kenji seguía siendo tan payaso como siempre. Había notado la erección de su miembro desde que se había metido en la cama, pero había decidido no decir nada. En cambio, oír esa historia dio un giro total a la situación. No le importaba que Kenji tuviera sueños eróticos con ella, y algo así era muy propio en los chicos, sus amigas y compañeras de clase se lo decían. Al menos soñaba con ella y no con otra chica, como hacían muchos.
- Así que… si lo hiciera, ¿te gustaría?
- ¿E-E-Eh?
Sora se rió un poco, y el joven no se dio cuenta, pero era como si unos cuernecillos y una cola de diablesa apareciesen en su cuerpo. Al menos parecía que podría jugar un poco con el chico.
- Si sobrevives… una vez termine todo esto, prometo que lo haré para ti.
- ¿Q-Q-Qué? – De su cabeza salió una pequeña humareda al mismo tiempo que se le ponía la cara completamente roja, lo que divirtió a Sora. Jamás imaginó a un Kenji tan reservado en algunas cosas.
- Pero antes… esto está así por mi culpa, ¿no? Tendré que hacerme cargo…
La niña se metió entre las sábanas, ante un Kenji desconcertado que parpadeó varias veces sin entender nada. Las respuestas vinieron enseguida unas manos frías bajaron la cremallera de su pantalón y rebuscaron en el interior su miembro, acariciándole con cariño.
- ¡S-Sora!
Levantó las sábanas y allí estaba Sora, acariciando con cariño su miembro. Sus manos estaban frías, pero era más placentera la sensación que el frío que sentía, siendo casi imperceptible.
- La otra vez tú me lamiste ahí… ¿recuerdas? Ahora me toca a mí darte placer aquí…
- P-Pero oye… eso es…
La niña paso tímidamente su lengua por la punta, lo que le dio un escalofrío a Kenji. Nerviosa, comenzó a recorrer de lado a lado su falo, hasta centrarse en la punta, que por lo poco que sabía, era lo que más les gustaba a los chicos. Estaba un poco excitada tenía que reconocerlo, y al principio le daba un poco de reparo lo que se le había pasado por la cabeza, pero… ahora ya lo estaba haciendo.
Mientras lamía la punta, movía su mano de arriba abajo al compás, lo que sacaba algún que otro gemido a Kenji, que ya no sabía si eso era un sueño o la realidad. Daba igual, le gustaba. Finalmente la niña se metió esa parte de su cuerpo en la boca, y fue una parte pequeña, pero suficiente para que Kenji notase el contacto de sus dientes, lo que le produjo un pequeño dolor.
- ¡Ay! – Se quejó.
- ¡Lo siento, ¿te he hecho daño? – Sora se sacó eso de la boca y miró preocupada a su novio, que soltaba alguna lágrima. No sabía bien que había hecho mal, pensaba que había seguido correctamente los pasos.
- N-No debes dejar que tus dientes la toquen… Sora…
- ¡Ah, lo siento!
De sopetón, Kenji la cogió y la tiró sobre la cama, haciendo soltar a la niña un pequeño grito de sorpresa. Se colocó sobre ella y la miró, juguetón.
- Ahora me toca a mí jugar.
- P-Pero… por favor… sé más amable… - fue una voz de súplica tan infantil e inocente, tan acorde a su edad, que Kenji se la quedó mirando maravillado. Le parecía tan mona.
Sus mejillas estaban sonrojadas, sus ojos temblorosos y su cuerpo estaba ardiendo. Seguramente de la excitación.
- Sora… ¿estás segura de hacer esto? Yo... – la niña lo silenció poniendo un dedo sobre sus labios, y dirigiéndole una mirada cariñosa con una sonrisa.
- Tuviste mi primera vez… quiero que también tengas la segunda y… que sea la tercera y todas las que sigan… porque quiero que solo tú puedas tenerme, Kenji.
- S-Sora…
- Te amo, Kenji – confesó - . Y no quiero que otra persona me haga esto más que tú… así que por favor… házmelo como si fuese la primera vez. Quiero sentirte como aquella vez, quiero que…
De golpe la beso, colando su lengua en la boca de ella. Sora la buscó y ambas se unieron en una sola, acariciándose una a la otra. Juguetonas, ambas daban vueltas de un lado a otra en la boca de Sora, como intentando unirse en una sola, queriendo no separarse nunca más. Pero como a todo, la falta de aire les obligó a separarse. Ambos se miraron, como hipnotizados. La chica asintió y Kenji comenzó a recorrer con su lengua su cuello, mientras le iba desabrochando la blusa, luego le subió la camiseta para descubrir sus aún no desarrollados senos. La niña se los tapó avergonzada.
- No me han crecido mucho…
- Y espero que no lo hagan, ¿sabes? Me encantan así…
Se calentó las manos, con su aliento, antes de tocarlos. Seguidamente los masajeo con ternura mientras la besaba con furor, con pasión, con lujuria. Ambos se habían olvidado por completo de lo que pasaría al día siguiente. De que quizás Kenji moriría. De que Satanmon podría atacarles en cualquier momento. Para esos dos amantes todo había quedado reducido a lo que pasaba ahora en esa habitación, a ellos dos.
Relamió uno de los pezones mientras pellizcaba el otro, con cariño, sacándole algún que otro gemido a la niña. Cuando lo mordió, Sora dio un pequeño respingo, del cosquilleo que recorrió toda su espalda. No se lo esperaba, y aunque sentía cierto dolor, era más placentero que otra cosa.
- U-Ugh…
Sin dejar de relamer el pezón con la puntita de la lengua, le fue desabrochando el pantalón vaquero. Acto seguido lo fue deslizando lentamente hasta sus rodillas, dejando al descubierto unas braguitas de color verde, con un estampado de ositos sujetando un corazón. Kenji se las quedó mirando un buen rato, hasta que Sora reaccionó.
- ¡N-No las mires! – Rogó la niña tapándose la cara de la vergüenza - ¡Me da mucho corte que las veas!
- ¿Por qué? A mí me gustan.
- No sé ven bien en mi…
- Eso no es cierto…
Bajó desde su pecho hasta su ombligo, recorriendo todo el trayecto con su lengua. Lo tenía largo y estrechito. Le faltaba el cordón umbilical, así que introdujo su lengua, moviéndola en círculos. Eso le produjo cosquillas a la niña. Tras unos minutos siguió su trayecto, hasta llegar a su entrepierna. Esa zona estaba algo humedecida, cosa que se notaba gracias al color claro de la prenda. Beso esa zona mientras masajeaba con ternura sus elegantes piernas. Terminó de quitarle el pantalón a la vez que comenzaba a lamer su sexo a través de su ropa interior, logrando que a su amante se le escapase algún que otro gemido. Finalmente, la parte del sexo de la joven se humedeció, terminando de empapar sus braguitas.
- Parece que… estás húmeda, Sora-chan.
- ¡No digas eso! ¡Es vergonzoso, tonto!
Sin avisar, Kenji se tumbó poniendo a Sora encima de él pero del lado contrario, lo que la sorprendió.
- ¿Q-Qué? – Se sorprendió la niña, que lo miró.
- Así podremos darnos placer el uno al otro, ¿no crees?
- P-Pero si antes te he hecho daño… no sirvo ni para esto…
- Yo creo que lo harás bien… todo es probar, ¿no?
La niña asintió y volvió a intentarlo. Esta vez cubrió sus dientes con los labios y se metió de nuevo una parte del miembro de su novio, humedeciéndolo con su saliva. Seguidamente comenzó a mover la cabeza, sacando de su boca aquella cosa dura y salada. De vez en cuando lo mantenía en el interior de su boca, relamiéndolo con su lengua. Kenji por su parte apartó las bragas y comenzó a lamer su vagina. Estaba húmeda y calentita, y a pesar de la oscuridad podía ver lo rosada que era. De golpe insertó su lengua, saboreando el interior dulzón de esa parte de su amante, mientras con su dedo pellizcaba su clítoris hasta ponerlo bien durito. Ambos estaban descontrolados, ajenos a todo.
Finalmente Sora se levantó, se quitó las bragas, y se comenzó a sentar levemente sobre el miembro de Kenji, introduciéndolo levemente en su vagina. Primero la punta, y luego fue descendiendo poco a poco. Se resbaló y de golpe todo el miembro se introdujo en su interior, haciéndose un poco de daño y emitiendo un leve quejido.
- ¡Ay…!
- L-Lo siento… ¿te duele, Sora?
- Un poquito… pero no como la primera vez… esta vez es mínimo.
- ¿Vas a poder moverte?
- Movámonos juntos.
El joven asintió y ambos comenzaron el proceso, pero con una sincronización de como si lo hubieran hecho ya cientos de veces. Cuando Sora alzaba las caderas, Kenji las bajaba y luego el proceso contrario, mientras tanto también acariciaba sus pechos con afecto a la vez que pellizcaba sus ya duros pezones. Y así durante más de un cuarto de hora, aumentando cada vez más el ritmo. Cambiaron de posición, esta vez tumbándose Sora en la cama.
La lluvia se volvió más fuerte. Varios relámpagos y rayos desgarraron el cielo, pero eso les importó bien poco a esos dos amantes, que estaban fusionando su cuerpo en uno solo por segunda vez en su corta vida, uniéndose una vez más en un fogoso y largo beso.
Colocó las piernas sobre sus hombros, y mientras la insertaba en su interior, lo besaba con ganas, con un completo descontrol. No quería que ese momento acabase nunca. Se sentía tan bien así, era tal el placer que notaba ahora en su interior cuando Kenji estaba dentro que no quería que acabase. Sin embargo, como todo en esta vida, todo tiene que acabas.
- K-Kenji… voy a…
- Y… yo también estoy a punto…
- ¡Entonces… juntos… hagámoslo juntos!
Kenji la cogió entre sus brazos y se sentó en la cama. Sora comenzó a cabalgar sobre su miembro mientras él la metía y la sacaba. Para no separarse, pues ninguno de los quería estar lejos del otro, la niña lo rodeo con sus piernas por la cintura y sus brazos por el cuello, mientras lanzaba pequeños gemidos.
Eso la mataba de la vergüenza. Estaba disfrutando tanto de eso que no podía evitar que los sonidos sensuales de su boca representasen el gozo que estaba teniendo, así que mordió a Kenji en el cuello, justo en el momento que sentía que tenía un orgasmo brutal y descontrolado. Al mismo tiempo, Kenji se corría en el interior de la niña, llenando sus entrañas con su esperma. Ambos sintieron como el otro acababa al mismo tiempo, sumidos en una rueda de placer efímero.
Exhaustos, cayeron rendidos sobre la cama, con la respiración agitada. Aún tenía su miembro en su interior, pero eso no le importó. No le molestaba estar tirados así, unidos. Se tapó a ambos con la sábana, más que nada para que Sora no se resfriase. No era bueno estar tirado en la cama y destapado tras "ese ejercicio", claro.
- Te he… ¿hecho disfrutar, Kenji? – Preguntó con algo de reservas.
Su respuesta fue un cariñoso beso en los labios, correspondido inmediatamente por la niña. Esa era la mejor respuesta que podía darle.
- Tonto… con que me dijeras que si me bastaba.
El chico sonrió, e iba a darle otro beso cuando alguien llamó a la puerta. Eso los asustó a ambos.
- ¿Kenji? ¿Estás despierto?
La voz era de Tai, lo que asustó a ambos. Si los pillaba en ese momento a saber que podían decir. Y aunque se hiciera el dormido, igual su hermano abría la puerta para ver si era verdad que dormía, ¿así que qué podían hacer?
- ¡S-Si, un momento!
Desde el otro lado de la puerta, a Tai le pareció oír bastante revuelo. ¿Qué es lo que estaba haciendo su hermano? Finalmente le dio permiso para entrar.
Estaba tumbado en la cama, y lo miraba bastante desconcertado. En verdad estaba nervioso, pero Tai ni lo noto. Cogió la silla del escritorio que había al lado de la cama y se sentó a su lado.
- ¿Cómo estás?
- B-Bien… me iba a ir a dormir ahora. ¿Qué haces que no estás dormido?
- Es que… quería pedirte disculpas.
- ¿E-Eh? ¿Por qué?
- Por lo de antes… por haber dudado de ti. No pensé en cómo afectaría eso a Diablomon.
- ¡A-Ah, eso! No te preocupes. No tiene importancia y-yo habría actuado igual, creo.
Los dos comenzaron a hablar y Sora, oculta bajo las sábanas, estaba comenzando a sentir mucho calor. Vale que hacía frío, pero ahí debajo se estaba demasiado caliente como para estar oculto mucho tiempo. Esperaba que Kenji lograse que Tai se marchase pronto, porque vamos, no había otro para que los pillase en esa situación. Rezaba por que no se diese cuenta, se moriría de la vergüenza y encima no sabría cómo explicárselo. En verdad no había mucho que explicar, Kenji era su novio, pero… aún no había aclarado las cosas con Tai. Era su mejor amigo, casi como un hermano, y no quería hacerle daño. Esto igual lo mataría. Sobre todo tras todo lo que había pasado las dos últimas semanas.
- Supongo que querrás dormir, mejor me voy.
- T-Tenemos que descansar para mañana, será lo mejor – asintió nervioso.
Tai se puso en pie y se preparó para irse, cuando sus zapatillas lanzaron algo por el suelo. Curioso, lo cogió. Se llevó una sorpresa al ver que eran unas braguitas verdes con estampado de ositos.
- ¿Y esto? – Se lo enseñó a su hermano, que comenzó a sudar nervioso - ¿De dónde han salido estás braguitas? – Ahora era el turno de Sora, que comprobando la ropa que tenía entre sus brazos se dio cuenta que no estaban sus bragas.
- S-Serán de los que vivían aquí antes, ¡digo yo!
- Ah, sí, claro.
- ¡D-Déjalas por ahí!
- Mmm… vale.
Las dejó sobre el escritorio y se despidió de su hermano. Cuando iba a cerrar la puerta, vio que un pie sobresalía de las sábanas. Era extremadamente pequeño y fino. Se sorprendió que su hermano tuviera así los pies, pensaba que serían más robustos. En fin, lo mejor era dejarle dormir. Se despidió y cerró la puerta.
Kenji respiró ya más calmado, y Sora se levantó tirando las sábanas a un lado, deseando respirar aire fresco. Casi se ahoga ahí metida.
- Ha faltado poco…
- Tai estaba muy mal, ¿verdad?
- Se sentía culpable por lo de antes.
- No me extraña… por cierto, muy buena excusa lo de mis braguitas. En esta casa no viven niñas.
- Esperemos que Tai no sepa eso.
Los dos se rieron ante ese último comentario. Sora ni se molestó en volverse a vestir, se taparon los dos con la sábana y se dispusieron a dormir. Mañana sería un día duro, y quizás el último de Kenji. Así que querían pasar el máximo tiempo posible juntos.
Tai se sentó a al lado de la cama en la que reposaba su hermana. Ahora estaba plácidamente dormida, y parecía un completo angelito. Agarró con cuidado su mano, para no despertarla, y la acarició. Estaba bastante fría, todo lo contrario de cómo había estado durante el resto del día.
Su hermano le había perdonado por lo de antes, pero aún seguía sintiéndose mal por lo que le había dicho. Es más, se sentía fatal porque la vida de Kari solo dependiese de su hermano mayor y él no pudiese hacer nada por ella. Al final, siempre era el mayor quién se haría cargo del pequeño, y el mediano tendría que observar.
Apoyó la frente sobre la fría y delicada mano de su hermana, con mucho cuidadito, como si fuera de cristal, y empezó a llorar. No le gustaba nada como estaban evolucionando las cosas, y no quería perder a ninguno de los dos. Deseaba de todo corazón que los dos se curasen, que Kari se recuperase y volviera a dibujarle una de sus sonrisas, que se metiera con él… del mismo modo que deseaba que los tres pudieran seguir juntos a partir de mañana.
- Por favor… que salga todo bien mañana… por favor… Kari… Kenji… recuperaos.
