La maldición del verdadero amor
Treinta y cinco: Sólo para calentarse

"Hace frío." Juudai se estremeció, mientras envolvía sus brazos alrededor de su cuerpo. Había leído en alguna parte que los desiertos eran fríos por la noche y ése lo era, sin duda.

"Deberías haber traído una manta." Lo reprendió Johan cuando se sentó a su lado. Juudai sacudió la cabeza.

"Rei las necesita más que yo." Al día siguiente podrían ir a buscar la medicina que la chica necesitaba, pero esa noche sólo tendría que descansar. Si tan sólo no hiciera tanto frío...

Johan le miró y luego pasó un brazo alrededor de su hombro. "¿Esto ayuda un poco?"

Los ojos de Juudai se abrieron como platos, después él empezó a sonreír, mientras se inclinaba hacia Johan. "Sí, lo hace. Gracias."