DESPISTES DE SABUESOS

DISCLAIMER: Los personajes y demás cosas del Potterverso son de JK Rowling.

CAPÍTULO 37

ELLA DIJO SÍ

Febrero de 2019

A Molly Weasley nunca le había gustado demasiado el día de San Valentín. En su opinión, no era más que un invento de las tiendas para hacer que la gente gastara galeones inútilmente. La parte romántica carecía de importancia para ella y ese año, para colmo, aún se sentía un poco deprimida después de su ruptura con Gordon McAvoy y no le hacía ninguna gracia la proximidad de un día tan señalado. La mayor parte de sus compañeros de curso ya tenían pareja para la salida a Hogsmeade, pero ella iría sola, muchas gracias.

Después de que McAvoy hiciera ciertos comentarios insidiosos sobre su persona, algunos chicos habían empezado a mirarla con renovado interés. Molly había tenido fama de inaccesible hasta que Gordon comenzó a hablar sobre ella de aquella manera y en ocasiones, cuando la gente susurraba a sus espaldas y luego se reía, la joven tenía ganas de aplastar la cabeza de alguien. A ser posible la de McAvoy. Sin embargo, la mayor parte del tiempo se las arreglaba para fingir que nada le importaba. Molly sabía que era mejor así, que Gordon se enfurecería al saberse ignorado, pero no siempre era fácil. Desde que a Lucy se le había ocurrido la disparatada idea de convertir a su ex-novio en un diablo azul de dientes puntiagudos, el chico había estado especialmente insoportable.

McAvoy sabía perfectamente que lo que le había pasado tenía mucho que ver con las hermanas Weasley, pero hasta el momento no tenía ninguna prueba en su contra y era seguro que no iba a encontrarlas jamás. Se limitaba a rumiar su rabia en solitario mientras esperaba a que alguna de las dos cometiera un error. Pero Molly era demasiado lista y Lucy parecía demasiado buena para levantar sospechas. Y además estaba el pequeño detalle de que la mayor parte de las cosas que le habían ocurrido a McAvoy no eran responsabilidad de ninguna de las dos.

Molly, que a esas horas de la tarde había salido a dar un paseo, observó a Johan Kepler. Un par de noches antes había caído una nevada monumental y hacía un frío que pelaba, pero la joven Slytherin necesitaba respirar aire puro para despejar la mente y poco importaba que el tiempo no invitara a salir al exterior. A veces la acompañaban sus amigas o Lucy, pero ese día estaba sola. Literalmente. Los demás estudiantes preferían dedicarse a sus cosas dentro del castillo, allí donde no tenían que preocuparse de sufrir una muerte por hipotermia, así que la figura de Kepler resaltaba en mitad de la nieve. Estaba de pie en mitad del camino que llevaba a la cabaña de Hagrid y tenía un trozo de pergamino entre las manos. De vez en cuando miraba al cielo y hacía algunas anotaciones antes de seguir concentrado en lo que quisiera que estuviera haciendo.

En otras circunstancias, Molly se hubiera dado media vuelta y no le habría dicho nada, pero después de que Johan le echara una mano para vengarse de McAvoy, la chica se veía obligada a mirarlo con otros ojos. Se conocían desde primer año y eran algo así como amigos a pesar de todas las cosas que les distanciaban. Johan le había pedido salir una vez y Molly lo rechazó sin apenas pensárselo. Cuando recordaba la cara que el pobrecito puso después de esa negativa, aún se sentía un poco culpable. Aunque Kepler era un tipo bastante raro, Molly sentía por él cierto afecto y no le había gustado nada tener que hacerle daño. Después temió que fuera a perderlo como amigo, pero Kepler sólo se mantuvo esquivo durante un par de semanas. Luego volvió a sentarse con ella en la biblioteca, a hablarle de su estúpido club de ciencias y a contarle todo lo que pensaba hacer cuando abandonaran Hogwarts. Molly se había sentido bastante aliviada, pero cuando le dio el sí a Gordon, Johan se había alejado de ella.

Molly había aceptado la pérdida de Johan con más o menos facilidad. En esos días estaba demasiado ocupada disfrutando de su noviazgo con McAvoy como para prestarle atención al tipo raro de la escuela, pero incluso entonces lo había extrañado un poco. Johan parecía dispuesto a eliminar cualquier tipo de relación existente entre ellos y ni siquiera le dirigía la palabra cuando se juntaba con Lucy para dedicarse a los problemas de física y matemáticas. Quizá por eso le sorprendió tanto descubrir que Johan había ayudado a hacerle la vida imposible a Gordon.

Había pasado un mes desde aquello y McAvoy aún seguía teniendo cierto tono azulado. Todo lo demás había vuelto a la normalidad y Molly sentía cierto orgullo fraternal cada vez que recordaba que Lucy había sido la principal responsable del cambio en el color de piel de aquel imbécil. Aunque su hermanita pareciera una criatura inofensiva, Molly sabía que podía ser terrible cuando se lo proponía. En todo caso, Molly había querido hablar con Johan en multitud de ocasiones, pero por el momento no había surgido la ocasión propicia para hacerlo. Bien era cierto que la joven no había puesto demasiado interés por buscarla, pero esa tarde no podía darse la vuelta y olvidarse de Kepler como si nada. Necesitaba hablar con él ya mismo.

Echó a andar en su dirección con decisión. Con demasiada decisión porque apenas había dado media docena de pasos cuando se escurrió en la nieve y cayó de culo, deslizándose ladera abajo durante unos cuantos metros. No recordaba haber gritado, pero debió hacerlo porque Johan la había visto caer y corría hacia ella todo lo rápido que podía.

Molly, que se había quedado como paralizada después del golpe, reaccionó cuando vio la mano de Johan frente a ella. El chico había sido sorprendentemente rápido.

—¿Estás bien, Molly? ¿Te has hecho daño?

Quizá cualquier otro alumno de Hogwarts se hubiese reído después de ver el tortazo que se había dado, pero Kepler no lo hizo. Tenía la punta de la nariz roja por culpa del frío y jadeaba un poco después de la breve carrera que acababa de darse. Molly parpadeó y lo miró, descubriendo una expresión de genuina preocupación en su rostro, y no dudó a la hora de agarrarse a la mano que Johan le tendía para ayudarla a levantarse. Ciertamente le dolía un poco el trasero, pero el golpe únicamente había dañado su orgullo y le había quitado las ganas de hablar con Johan.

—Estoy bien –Musitó una vez pudo sostenerse sobre sus pies otra vez. Kepler aún la sostenía por los codos y no le quitaba ojo de encima, examinándola detenidamente para asegurarse de que no le había pasado nada— Ha sido una caída tonta.

—Menudo susto me has dado. ¿Seguro que no te ha pasado nada? Deberíamos ir a la enfermería por si te has roto algo.

Mientras hablaba, Johan prácticamente la arrastraba en dirección al castillo. Molly no quería volver allí por el momento.

—No te preocupes, Kepler. Si tuviera algún hueso roto, lo sabría. Puedes creerme.

En cualquier otra situación, Molly hubiera encontrado el comportamiento de Johan ridículo y molesto, pero la preocupación que ese chico mostraba por ella hizo que se sintiera profundamente halagada. Ni siquiera el hecho de que Kepler se hubiera expuesto a una expulsión con todo el asunto de McAvoy había logrado que Molly se sintiera de esa forma.

Johan permaneció callado unos segundos, aún examinándola exhaustivamente. De pronto, y sin que viniera demasiado a cuento, le dio un golpecito en el hombro a Molly que pretendía ser un puñetazo y que no resultó más que un gesto repleto de impotencia.

—Deberías ir con más con cuidado, Molly. Podría haberte pasado algo.

Molly definitivamente no se esperaba que ese chico fuera a regañarle, pero lo estaba haciendo. Le estaba echando la bronca. A ella, Molly Weasley. Podría haberse enfadado porque seguramente Johan no tenía ninguna clase de autoridad moral sobre ella, pero estaba demasiado perpleja para hacerlo.

—Sólo me he resbalado, Kepler. No es para tanto.

—¿Cómo que no? –Johan elevó el tono de voz y al fin le soltó los codos— ¿Es que no sabes que hay piedras por todas partes? Podrías haberte golpeado en la cabeza con una y haber perdido el conocimiento. ¿Qué hubiera pasado si yo no hubiera estado por aquí? Podrías haber pasado horas inconsciente. ¡Podría haber empezado a nevar, Molly, y tú hubieras quedado sepultada bajo toneladas de nieve! Para cuando hubiéramos dado contigo, sería demasiado tarde.

Ante tal cantidad de estupideces, Molly únicamente pudo alzar las cejas. Sin duda alguna Johan estaba perdiendo la cabeza y resultaba extrañamente encantador mientras lo hacía. Después del discursito, se había quedado con los brazos caídos, los puños apretados y la respiración agitada. Y Molly, que seguía estando bastante flipada, no supo qué pensar de sí misma cuando fue consciente de que encontraba a Johan Kepler bastante guapo.

—En serio, Johan, no seas paranoico –Molly chasqueó la lengua y fingió un desdén que estaba muy lejos de sentir— Tú, el gran genio de las matemáticas, deberías saber que existen muy pocas probabilidades de que todo eso que acabas de decir suceda. ¿No te parece?

Kepler parpadeó y abrió la boca como si fuera a dar un discurso sobre todo el asunto de las probabilidades, pero pareció cambiar de opinión. Molly había dicho algo mucho más importante.

—¿Me acabas de llamar Johan?

Molly asintió con una sonrisa. Había utilizado su nombre deliberadamente. Quería hacerlo callar y pegarle o hechizarle no le pareció una buena idea.

—Es la primera vez que me llamas Johan.

—Los amigos se llaman por el nombre de pila. ¿No?

En esa ocasión le tocó a Johan alucinar. Sonrió como un idiota y no acertó a decir nada. Molly, que esperaba a que él dijera algo, se sacudió los últimos rastros de nieve que tenía en la túnica. Después, decidió que era el momento de cambiar de tema.

—¿Qué estabas haciendo?

—¿Eh? –Kepler agitó la cabeza y se quedó serio nuevamente— Estaba observando las nubes.

—¿Para qué?

—Estoy interesado en la meteorología.

Molly frunció el ceño. Johan podía ser bastante agradable aún sin proponérselo, pero siempre sería un tipo extraño. En serio. ¿Meteorología? ¿Qué mago sentía curiosidad por algo así?

—¿Las nubes pueden decirte qué tiempo va a hacer mañana? –Molly sonó burlona a pesar de que esa no había sido su atención.

—Quizá si las estudio durante el tiempo necesario puedan hacerlo, pero de momento sólo puedo augurar que va a empezar a nevar de un momento a otro.

—No hace falta ser muy listo para darse cuenta de eso. ¿Sabes?

Johan sonrió y conjuró todas las cosas que se había dejado tiradas cuando Molly se había caído.

—Hace un frío que pela. Deberíamos volver al castillo. Creo que me estoy resfriando.

—Al final serás tú quién tenga que ir a ver a la señora Pomfrey.

—Por favor, Molly. No me digas esas cosas.

La joven se rió. A pesar de que la enfermera era bastante mayor, seguía realizando su trabajo con una gran profesionalidad. A los alumnos no les gustaba demasiado vérselas con ella porque,aunque seguía siendo una enfermera excepcional,su carácter se había ido agriando con los años y era una mujer bastante temible. Kepler no llevaba demasiado bien el tener que enfrentarse a sus exámenes médicos y evitaba la enfermería siempre que le era posible. En opinión de Molly, era un cobardica; Kepler afirmaba que lo único que hacía era evitar el peligro.

Johan no tuvo que insistir mucho para convencer a su compañera de que buscar refugio en el castillo era la mejor opción. Juntos recorrieron el camino de vuelta y cuando les faltaban unos cincuenta metros para llegar comenzó a nevar. Una vez estuvieron bajo techo, Johan sonrió y le echó un vistazo al cielo. La noche se presentaba complicada.

—¿Y tú qué hacías fuera? –Preguntó repentinamente Johan.

—Estaba aclarando mis ideas –Molly, que también había estado mirando el exterior, se giró para encararlo— Fue una suerte encontrarte porque quería hablar contigo.

—¿En serio? ¿De qué?

—De Gordon –Molly se maldijo por llamar a ese idiota por su nombre. No se merecía esa deferencia.

—¡Oh, McAvoy!

Era una suerte que Johan aún tuviera la cara enrojecida por el frío porque así era imposible darse cuenta de que se acababa de ruborizar por completo. A Molly no le resultó nada difícil notar su nerviosismo y una vez lo encontró monísimo. ¿Cómo no se había dado cuenta antes de que Kepler tenía un montón de atributos positivos? Había estado tan empeñada en destacar sus defectos que no se había dado cuenta de que era un chico genial.

—No espero una confesión ni nada. Sólo quería darte las gracias.

Kepler asintió y miró furtivamente a su alrededor, temeroso de que alguien pudiera escucharlos.

—¿Te lo dijo Lucy?

—En realidad lo adiviné yo sola –Kepler asintió y se metió las manos en los bolsillos. Siempre lo hacía cuando estaba nervioso— ¿Por qué lo hiciste?

—Ya lo sabes, Molly.

Sí, lo sabía, pero esa tarde necesitaba escucharlo de sus labios. Quería saber cómo se sentiría al oírselo decir otra vez.

—¿Por qué?

Johan agachó la cabeza y pasó tanto tiempo mirándose las puntas de los pies que Molly pensó que no le respondería. Era evidente que se encontraba bastante incómodo y la chica no quería que lo pasara mal. Se disponía a seguir con la conversación cuando Kepler la miró directamente a los ojos.

—Sigues gustándome un montón, Molly. Ese imbécil es un bocazas y un cabrón y yo…

Johan suspiró, recordando sin duda las veces que Molly le había rechazado, y negó frenéticamente con la cabeza antes de echarse a andar.

—Tengo mogollón de cosas que hacer.

Iba a huir, pero Molly no se lo consintió. No cuando el corazón le latía a mil por hora porque seguía gustándole un montón a ese chico. Ahora le tocaba a ella dar un paso adelante. Kepler ya lo había hecho muchas veces en su lugar.

—Espera, Johan –La mirada mortificada del chico la enmudeció durante un segundo— ¿Has quedado con alguien en San Valentín?

Seguía odiando ese día, pero después de romper con McAvoy, ir con Johan no sonaba del todo mal.

—No se lo he pedido a nadie.

—¿Por qué no?

—Porque la persona con quién quiero ir seguramente me dirá que no.

¡Oh, pobrecito Johan! Molly podría habérselo comido a besos en ese momento, pero en vez de eso sonrió como si tuviera un lindo cachorrito delante y dio un paso hacia él.

—¿Por qué no lo intentas?

Johan entornó los ojos y sopesó sus opciones durante un segundo. Después, sonrió con timidez y volvió junto a ella, tan cerca de Molly que casi podían tocarse.

—Molly. ¿Te apetece venir a Hogsmeade conmigo?

—Sólo si prometes que no iremos al salón de té de madame Pudipie.

La sonrisa de Johan ya no era tímida. Resplandecía. Literalmente.

—¿No sabías que prefiero el café? Me hice adicto a él durante las vacaciones de verano.

—Entonces no hay problema.

Molly podría haberse despedido de él en ese momento, pero necesitaba culminar ese momento de forma especial. Podía sentir como las rodillas le temblaban un poco, algo extraño en una chica como ella, y cuando le dio un beso en la mejilla a Johan creyó que no podría seguir soportando los nervios. Luego no dijo nada más. Se despidió de Johan agitando una mano y el chico se quedó solo en mitad del vestíbulo, con la mano sobre la piel que Molly había rozado y con la sensación de estar frotando en el aire.

¡Molly Weasley acababa de decirle que sí!