Capítulo 37
Luna de Miel y Recuerdos del Pasado.
Candy se encontraba en su cuarto preparando maletas, el problema era que no sabía a dónde irían, así que no tenía idea alguna de que empacar, alguien llamó a la puerta.
-Adelante. -
-Candy, ¿puedo pasar?
-Tía abuela, claro. -
-Sólo tía, Candy. -
-Tía, ¿qué puedo hacer por usted?
Las dos mujeres en la habitación se sentían un poco nerviosas, hacía demasiados años que no tenían un tête-à-tête. Candy percibía que algo había cambiado en la tía, aún desde antes de Nueva York, y Marie, pero desde que Candy había recuperado sus recuerdos y vuelto a ser ella, la realidad era que no habían pasado tiempo a solas.
Verás Candy, no hemos hablado en muchos años, y creo que es tiempo de que lo hagamos, sé que muchas veces fui dura contigo, injusta, y muchas otras horribles cosas, pero a lo largo de estos años me he dado cuenta de que tienes el poder de hacer feliz a los hombres Andrey…-
¡Tía!
Calma, querida, no estoy insinuando nada malo, pero la realidad es que de alguna forma la vida de mis sobrinos fue mejor desde que te conocieron, Candy, la vida que los chicos llevaron, lejos de sus padres, formándose para continuar con el legado Andrey, la rigidez, la falta de afecto, no fue la vida ideal, y sin embargo sé que antes de morir Anthony fue feliz a tu lado, le regresaste la sonrisa fácil que tenía antes de perder a su madre. Y Stear, él quería hacer algo con su vida, esto nunca fue suficiente, y creo que él aprendió a ser fuerte de ti, aprendió a enfrentar la vida y luchar por lo que es correcto…- la voz de Elroy Andrey se quebró.
Tía, no tienes que decir nada. -
Quiero decirlo Candy, el legado Andrey está en tus manos, el tiempo que me quede de vida estaré a tu lado. -
Haré lo mejor posible. -
No es eso lo que me preocupa, Candy, William es un gran hombre, y durante los últimos 10 años, lo he visto amarte, en silencio la mayor parte del tiempo, y lo vi consumirse de dolor y de culpa por lo que te pasó, lo vi odiarse a sí mismo por haberse casado con Elizabeth, y ahora, después de tanto tiempo, por fin lo veo completamente feliz y en paz. Candy, él te ama, más que a su vida, y sé que tú lo amas, pero la vida no es fácil, y como tú lo sabes, mil cosas se interponen al amor, sólo quiero pedirte que luches por él con todas tus fuerzas, que seas feliz, confía en tu instinto, en esa nueva fortaleza que has encontrado, y recuerda que eres una Andrey, mantén siempre la frente en alto. –
Gracias tía, y te prometo que siempre lucharé por Albert, por nuestra familia.
Muy bien Candy, eso es lo que quería escuchar, disfruten de este tiempo juntos, porque una vez que vuelvan las cosas serán más complicadas, Albert viajará, veremos cómo enfrentar a Beatrice, etc… lo que estoy diciendo es que recargues pilas, que aprovechen este tiempo para fortalecer su relación más allá de lo físico.-
Candy se puso roja.
No quiero entrometerme Candy, solo quise decirte lo que le hubiese dicho a mi hija de haberla tenido. William, Anthony, Stear y Archie fueron los hijos que nunca tuve, y ahora si tú me lo permites, quiero que seas la hija que nunca tuve. -
Candy abrazó a la anciana, las lágrimas corrían por sus mejillas, porque después de diez años por fin escuchaba las palabras que había esperado escuchar cuando llegó a ser parte de los Andrey.
Así las encontró Albert, no podía creer lo que sus ojos veían, hacía tiempo que sabía que su tía tenía afecto por Candy, pero Elroy Andrey era una mujer que no creía en las demostraciones físicas de afecto, la mujer que ahora tenía en sus brazos a Candy, era la misma que no había hecho más que poner una mano sobre su hombro cuando su padre murió, ni siquiera había permitido que George lo levantara en brazos, lo mismo había sido con Pauna, Anthony y Stear, Elroy Andrey había aguantado estoicamente, pero ahora se encontraba con Candy en brazos y se podía ver que estaba emocionada.
¿Tía, Candy, todo bien? -
Ambas mujeres se sobresaltaron al escuchar la voz de Albert.
-Albert, la tía me dio la bienvenida a la familia…-
Albert sabía perfectamente lo que eso significaba para Candy, así que se acercó y besó a su tía, susurrando gracias en su oído.
-¿Dónde estabas William? Te busqué para que me acompañaras a hablar con Candy…-
-Y así hubiese sido yo el que la abrazara, ¿cierto? –
- Bueno sabes lo que pienso de las demostraciones de afecto… pero aún no has contestado mi pregunta. –
- Fui a despedir a los Leegan. –
-Albert, podría haberte acompañado. – le dijo Candy
- Sí, y si los hubieses visto partir, me hubieras pedido que diéramos marcha atrás, y es algo que no estaba dispuesto a hacer, porque creo que en verdad necesitan la lección. –
- ¿Tan mal estaban? – el tono de voz de Elroy era preocupado.
- No les voy a mentir, el único en sus cabales era Leegan, Sarah y Eliza estaban apenas funcionales con tanto sedante que tomaron, Neal estaba ahogado. Fue muy lamentable. Sin embargo, vi determinación en Leegan, espero que puedan recapacitar. -
- Esperemos que sí, hijo, pero bueno los dejo solos para que empaquen, por cierto, creo que si no quieres cargar con 20 maletas debes decirle a Candy a dónde piensas llevarla. -
Albert se fijó en la cama de Candy, llena de ropa y maletas y sonrió, no cabía duda que a su tía no se le pasaba nada…
-Tía, una cosa más…-
-Dime. -
-Podrías mandar a la servidumbre a buscarnos y no a Terry…-
- ¿Ya le quedó claro a lord Grandchester que ustedes dos se aman y pertenecen juntos? –
- ¡Tía! – Albert y Candy la miraron escandalizados.
- No me vean así, no digo que ahora mismo esté pensando en ti Candy, solo creo que si pretenden ser amigos toda la vida hay cosas que deben quedar completamente claras ahora. Además, no me van a decir que no es divertida su incomodidad cuando los encuentra en situaciones comprometedoras. -
- Tía esto es…-
- ¿Indecente? Indecente es que ese muchachito se atreviera a llevarse a Candy lejos de su familia para hacerla de enfermera de su novia disque moribunda, indecente es que después de haber comprometido su honor no se apresuró a casarse, y aún más indecente que de pronto decidió que estaba enamorado de su amor de juventud, y en vez de romper con el compromiso, decidió revolcarse con su ahora honorable esposa y concebir un bastardo, pero lo más indecente de todo, es que fue descuidado y permitió que Candy los encontrara. Eso es indecente mi querido sobrino. -
-Tía, pero todo eso lo hemos dejado atrás. -
- Lo sé Candy, porque ustedes dos son imposiblemente generosos y buenos, y no me quejaré de que decidan ser sus amigos, y siempre seré cordial, pero también me saldré de mi camino para recordarle a Lord Grandchester que eres una Andrey, y que fue un tonto al dejarte ir. No porque quiera que desee tenerte de regreso, sino porque es bueno para su orgullo un poco de realidad. Y ahora si me disculpan, debo atender invitados y ver que puedo sacarle a Beatrice, o al resto de la familia sobre Beatrice. -
Albert y Candy no respondieron, solo voltearon a verse.
¿qué se siente tener a mi tía de tu lado?
Es completamente fascinante.
Lo sé, sabes, a veces creo que, si mi madre no hubiese muerto, ella seguiría vagando por el mundo. -
¿a qué te refieres?
Candy, mi tía volvió a la familia porque mi madre murió y mi padre se lo pidió, antes de ser la respetable matrona de los Andrey, Elroy Andrey era una vagabunda más.
¿quieres decir que tenía aventuras? –
Así es, por más descabellado que eso suene, se supone que yo no lo sé, pero James Machintosh me lo contó alguna vez, y George lo corroboró.
¿Crees que alguna vez estuvo enamorada?
Muy seguramente, pero el honor de los Andrey debió haberse encargado de ello.
Es tan triste, tal vez si investigamos…. –
Deja a mi tía en paz, y ahora, debo decirte que me gustaría llevarte conmigo a alguna isla exótica, o que fueras de Safari conmigo a África, o mínimo vagar por Europa, sin embargo, no creo que quieras alejarte mucho en caso de que Elizabeth tenga a su bebé, y porque no podemos irnos por un año, así que pensé que podríamos ir a Nantucket, o a Martha´s Vineyard.
¿Nantucket?
Hay una propiedad que me gustaría comprar, bueno dos, creo que cualquiera de las dos sería perfectas para nuestra familia. -
Así que me llevaras de luna de miel en un viaje de negocios. -
No, te llevaré a escoger tu regalo de bodas en nuestra luna de miel. -
Muy conveniente el enfoque, está bien, ahora sé para qué debo empacar, y debo ir a buscar a Marie, le prometí que la llevaría a montar. –
¿Quieres que las acompañe?
No, quisiera pasar tiempo con Marie a solas, trabajar en nuestra relación, ya no puedo ser solo su compañera de juegos como hasta hace unas semanas, debo ser también una figura adulta y de confianza para ella…-
Eres increíble mi amor, ve disfruta de tu paseo, le diré a Dorothy que empaque tus cosas para el viaje.
Gracias.
Candy besó a Albert en los labios y salió de la habitación para buscar a Marie.
En el solárium de los Andrey las matronas de la familia bombardeaban a Elroy con preguntas sobre los Leegan, las mujeres ahí presentes eran de la misma edad, o mayores que Elroy Andrey, y al igual que a ella, los convencionalismos las tenían sin cuidado, además se sentían con derecho a saberlo todo. Estas mujeres en teoría no tenían más poder que el ser madres, esposas o abuelas de hombres poderosos, sin embargo, sabían que algunas palabras dichas en el lugar y momento apropiados a sus hombres, podían significar una diferencia.
Y dime Elroy, ¿es cierto que William los mandó a México? - preguntó una de las señoras
Querida, en realidad tu sabes que William no toma esas decisiones por sí solo. –
Muy bien, entonces, la pregunta es, ¿es cierto que los Leegan fueron enviados a México?
Pues, si, aunque si esperas que te cuente los detalles, sabes bien que no sucederá, deberán esperar a que el consejo de su reporte oficial.
No te molestes querida, pero es más divertido enterarnos por este medio, a esperar la carta oficial del consejo. - Elroy no respondió.
Dicen que Sarah y Eliza estaban completamente devastadas, tener que irse sólo porque Candy no las soporta, definitivamente no es agradable. –
Además, Neal no ha parado de beber desde el día de la supuesta presentación de Marie.
¿A que te refieres con supuesta? – preguntó fríamente Elroy.
Pues a que todos sabemos que en realidad lo que William quería hacer era restregarles en la cara su matrimonio con Candy a los Leegan, no presentar a su pequeña bastarda. – La voz de la mujer era provocadora.
Elroy Andrey sabía que había que ponerles un alto, no podía permitir que hablaran así de su familia, y menos de William, apenas iba a hablar cuando la voz de Candy la sorprendió.
Señoras, buenas tardes, si no me equivoco las buenas costumbres dictan que no está bien hablar a espaldas de la gente. - Candy dijo esto con una sonrisa y un dulce, pero firme tono de voz.
Las matronas guardaron silencio, nunca se esperaron que Candy les llamara la atención de esa forma.
La misma mujer que había hablado antes sobre el propósito de la fiesta le comentó.
También indican que debes llamar antes de entrar, que uno debe ser virgen al casarse, y que debes respetar a tus mayores.
Cierto, solo le recuerdo que esta es mi casa, y puedo entrar y salir de sus habitaciones, y precisamente venía a ver si no se les ofrecía nada. En cuanto a respetar a mis mayores, no fui grosera, solo honesta. Y en referencia al otro comentario, no sabía que en esta época aún fuera necesario colgar la sábana manchada de sangre, pero sí usted gusta, la mando pedir para que pueda satisfacer su curiosidad. – todo lo anterior fue dicho con calma y cordialidad.
Elroy observaba a Candy con aprecio y admiración. Las demás guardaron silencio.
Ahora bien, como mi tía ya se los hizo saber el consejo rendirá su informe, y explicara la situación de los Leegan, pero si apreciaría que no se dedicaran a levantarnos falsos. Si deben saberlo, esa es precisamente la razón por la que los Leegan partieron a México esta mañana; los pormenores, yo misma pediré al consejo que se los haga saber lo más pronto posible. Ahora, si no hay algo en lo que pueda servirles me retiro, espero disfruten su tarde. -
No dijiste nada acerca de la pequeña bastarda, ¿acaso no sabes que será competencia para tus hijos? –
Candy apenas podía contenerse, sin embargo, respiró profundo, sabía que no sería la última vez que se enfrentaría a situaciones así, esta era su casa, y las mujeres ahí presentes estaban emparentadas con ella, sin embargo, había muchos otros salones en Chicago, con mujeres que no eran de la familia que seguramente pensaban lo mismo. Cautelosamente, Candy les contestó.
Marie, es legalmente la hija de Albert, si no la reconoció antes, fue porque no sabía de su existencia… -
Muy conveniente.
Sí, así como ha sido muy conveniente para los hombres de más de alguna de ustedes, solo pasar una pensión y no reconocer a los hijos cuando se enfrentan a una situación como esta, en muchos casos pensé que sólo era decisión de los hombres, pero, escuchándolas a ustedes me doy cuenta que también es decisión de sus mujeres hacerse de la vista gorda.
Candy sin duda pisó más de un callo con esa afirmación.
En cuanto a que Marie será competencia para los hijos, que aún no tengo, pues, no tiene por qué competir, legalmente es la hija de Albert, tiene su propia fortuna por ser una Andrey, y otra fortuna por ser la heredera de los Van Heusen. Con respecto al afecto, Marie es bien recibida en mi casa, y si ella me lo permite puede tener en mi a una segunda madre, y en mis hijos, hermanos… aunque seguramente eso no es lo que les preocupa.
Muy bien querida, me queda claro que tienes una respuesta para todo, me disculpo por mi impertinencia, que sin embargo es una prerrogativa de mi edad y posición. Pero también te aplaudo, ahora sé que William no se casó con la chiquilla llorona y frágil de hace algunos años, sino con una mujer fuerte y capaz de pelear por su familia, y eso es lo que hace a una Andrey una gran señora, así que de mi parte agradezco tu hospitalidad y te ruego nos acompañes a tomar el té, y nos digas en que podemos apoyarte. –
Candy estaba sorprendida, al parecer había pasado la prueba. Tomó asiento y platicó con las señoras, sabía que tenerlas de su lado era importante, escucho de buen grado los consejos sobre las caridades a apoyar, y el manejo de la casa y los sirvientes, después de todo estas mujeres llevaban años haciéndolo.
Elroy Andrey solo sonrió y se mantuvo al margen, Candy debía aprender a manejar a estas señoras, ya que cada una de ellas era miembro de los diferentes comités de caridad en los que se esperaba que Candy formara parte.
Por cierto, Margaret, quería preguntarte qué opinas de que invitemos a Beatrice Adams a formar parte del comité que ayuda al hospital. – preguntó casualmente Elroy a la mujer que finalmente le había dado la bienvenida a Candy.
No lo sé Elroy, para empezar ella solo está aquí porque es la viuda de Víctor, y forma parte del consejo por la misma razón, sin embargo, tu sabes que su historia es complicada. –
Me temo que tendrás que refrescar mi memoria, yo no me encontraba cerca cuando todo aquello sucedió. –
Es cierto, había olvidado que por aquella época tú eras la hija rebelde de los Andrey, la que vagaba por los lugares más exóticos del mundo…-
¡Margaret! ¡Que va a pensar Candy!
Que eres mucho más interesante de lo que se ve a simple vista. –
Los ojos de Candy brillaron ante la mención de las aventuras de la tía Elroy.
Margaret, quiero conocer la complicación de la historia de Beatrice, no de la mía, esa la conozco de sobra. -
Hace ya tantos años que tal vez no lo recuerdo bien… pues bien si mi memoria no me falla, ella no estaba enamorada de Víctor, de hecho dicen que por eso nunca le dio hijos.
Por Dios Margaret, hace veinte años pocos se casaban por amor.
Tienes razón, por eso era mejor no casarse, verdad Elroy, y así conservar la independencia.
Ya Margaret, por Dios ve al punto.- intervino Ariadne Machintosh, la esposa de James.
Está bien, el problema no era que ella no estuviese enamorada de Víctor, sino que dicen que estaba enamorada del esposo de su hermana gemela y que tuvo que ver con la muerte de él.
Eso es escandaloso, no creo que sea verdad.
-Elroy, todo nuestro mundo es escandaloso, solo pretendemos que en realidad somos las personas más morales. No tengo que ir muy lejos, y sin afán de ofender a ninguna de las presentes, pero piénsalo, hace más de 30 años era escandaloso que en vez de casarte decidieras vagar por el mundo, algunos aseguraron que lo hiciste porque el hombre del que estabas enamorada estaba prohibido. También era escandaloso que yo amara a mi marido y fuese descaradamente feliz llamándolo por su nombre de pila. O que tal Ariadne, se casó con James a pesar de que el consejo Andrey no estaba de acuerdo con la unión. Y así cada una de las aquí presentes hasta llegar a Candy, quién es adoptada, desposada por su padre adoptivo, y ahora pretende formar una familia feliz con él y su hija bastarda, claro, después de haber vivido durante 5 años bajo el mismo techo que Terrence Grandchester, con quién ahora todos somos amables, y al parecer hasta mejores amigos.
Margaret… -
Tía Margaret, Candy, y no te alteres, solo quería ilustrar mi punto. Pues bien, como les decía Beatrice y su hermana eran las únicas hijas de los Douglas, eran gemelas, su madre murió en el parto. Ciertamente eran muy hermosas, Beatrice no se ni la sombre de lo que solía ser. La familia estaba compuesta por ricos hacendados y plantadores del sur, sus ancestros vienen de la realeza irlandesa.
Beatrice y Violet eran inseparables, hasta que llegó a vivir con ellos un muy lejano primo francés. Jacques Beaumont, Jacques era encantador, con todo ese carisma y sensualidad francesa, recuerdo haberlo conocido cuando recién llegó a la plantación en Georgia. Al poco tiempo comenzó el estira y afloja, Beatrice estaba inequívocamente enamorada de Jacques, y por un tiempo pareció que ella se quedaría con él, pero entonces algo cambió y él se decidió por Violet.
Yo creo que fue por el temperamento, Violet siempre fue más dulce y complaciente, además de bondadosa. El caso es que se casaron, y por un tiempo parecieron felices, Beatrice los acompañó a su casa en Chicago, al poco tiempo Violet se embarazó, pero murió en el parto junto con el bebé. Dicen que Beatrice intentó conquistar a Jacques, pero él estaba sumido en su pérdida, hay quienes dicen que ella lo mató por despecho, otros que se suicidó, y otros más que murió de amor. A los pocos meses su padre la llevó de regreso al sur, y la prometió con Víctor, recuerdo el día de su boda, ella no mostraba emoción alguna, pero Víctor estaba feliz.
¿Entonces Víctor si la amo?
No es un cuento de hadas Candy. -Ariadne Machintosh intervino. -Creo que, si la amaba, pero Víctor no era un santo, y sin embargo debía convenirles a ambos el matrimonio, ya que nunca se separaron. Y en honor a la verdad, cuando el enfermó ella se dedicó a cuidar de él.
¿Entonces no la podemos incluir en el comité porque hace mucho tiempo estuvo enamorada del esposo de su hermana? – preguntó Candy incrédula.
Jajajajaja, no, hace mucho que no contaba su historia, eso es todo, yo creo que no podemos admitirla básicamente porque no me cae bien. - Fue la franca respuesta de Margaret
Margaret… -
Está bien Elroy, inclúyela, estoy segura que tienes una buena razón para querer tenerla cerca, aunque si me lo preguntas esa mujer es demasiado oscura.
Candy se quedó pensando un rato.
-Tía Margaret, ¿Qué pasó con los Beaumont y los Douglas?
- Pues los Douglas eran los últimos de su familia, el apellido estaba destinado a perderse. Las plantaciones fueron vendidas a la muerte de ellos, Beatrice es una mujer extremadamente rica en realidad.
Los Beaumont, los padres de Jacques nunca quisieron volver a América después de la muerte de su único hijo, sin embargo, lo último que escuché es que el anciano aún vive en el Valle de Loira, tienen grandes viñedos y producen excelentes vinos. Pero no hay herederos. Aunque cada año surgen nuevos impostores. –
¿A qué te refieres?
Pues tiene años que corren los rumores de que en realidad el bebé no murió con Violet, sino que Beatrice lo desapareció, y cada tanto tiempo le salen supuestos nietos a Monsieur Beaumont. –
La conversación vagó por trivialidades, y al poco tiempo las mujeres se despidieron, dejando a Candy y a Elroy a solas.
¿Qué piensas de lo que dijo Margartet, tía?
Hay que investigar más con estas mujeres nunca puedes estar 100 por ciento segura de que parte de lo que dicen es cierta.
Tía, pero Beatrice tenía una gemela…
Candy, yo no vivía acá por ese tiempo, así que no estoy segura, es mejor decirle a George que averigüe, por el momento no digas nada. –
Está bien tía, voy a cambiarme para la cena. –
Candy salió de la habitación dejando a Elroy Andrey sumida en sus pensamientos.
Hacía toda una vida desde que las riendas de los Andrey por fin la habían atrapado. Un poco más de 30 años atrás había recibido la llamada de su hermano, William estaba devastado, su querida esposa Rosemary había muerto en el parto del ansiado heredero de los Andrey.
¿Elroy?
William, ¿cómo estás?
Mi querida hermana… lamento tener que pedirte esto, pero debes volver.
William, ya hemos hablado de esto antes, mi vida no es entre matronas de sociedad, aprecio los privilegios que el dinero de los Andrey me da, pero no pienso volver.
Elroy, te necesito, Rosemary …. – la voz de William se quebró.
William, ¿Qué ha pasado?
Rosemary murió en el parto…
Saldré en el próximo barco, pero tomará tiempo.
Está bien Elroy. Gracias.
Elroy Andrey nunca había podido decir que no a su hermano mayor, William era 18 años mayor que ella, y había sido su adoración cuando era pequeña. A los 20 Elroy Andrey había decidido que la vida de la alta sociedad de Chicago no era suficiente, habiendo rechazado una propuesta matrimonial más había recurrido a su hermano y con lágrimas en los ojos le había dicho que quería irse. Su hermano le había dado dinero y había instruido a los abogados para que pusieran en sus manos todos los recursos que pudiese necesitar, por los siguientes diez años Elroy Andrey había vagabundeado por el mundo, sin restricciones, había montado camellos y elefantes en África. Conocido los palacios islámicos de Turquía. Vivido en la India entre tigres y plantaciones de té. Incluso había posado para Renoir.
Siempre se mantuvo en contacto con William, la realidad es que también amaba a su cuñada Rosemary, y a su única hija Pauna. Había habido varios embarazos entre Pauna y William Albert, pero ninguno se había logrado, y ella pensaba que Rosemay y William Sr. se habían dado por vencidos, pero por lo que parecía un maravilloso milagro a los 40 Rosemary se había embarazado de nuevo, y esa vez había llevado su embarazo a término. William era 18 años menor que su hermana. Y ahora Rosemary estaba muerta. Elroy sabía que el tiempo de ser ella misma se había acabado, debía regresar a la realidad, su familia la reclamaba y ella haría lo que fuera por su familia.
Por lo que parecía una última vez contempló desde el balcón de su apartamento el barrio bohemio de Paris. Un hombre llegó, y la abrazó por detrás mientras besaba su hombro.
Ce que mon cher?
Je dois partir.
Él la había obligado a verlo, era un hombre muy guapo, con ese encanto francés. Un artista de la Belle Époque. Elroy lo había visto a los ojos y le había dejado saber que esa sería su última noche juntos. Esa noche no durmieron, a la mañana siguiente él la había llevado a la estación, tomaría el tren hasta Calais y de ahí el barco a Dover, y finalmente de Southampton a Nueva York, quince días después se encontró con un avejentado William que aparentaba mucho más de sus 48 años.
A partir de ahí la vida de Elroy había cambiado, ella había sido educada para ser una gran señora, así que el manejo de las mansiones y el personal nunca fue un problema, en poco tiempo también se había involucrado en los negocios. Al principio había tenido la esperanza de que su hermano se recuperaría, que reharía su vida. Y entonces ella sería libre de nuevo para volver a su vida errante. Sin embargo, seis años después William había muerto, y con él la última esperanza de ser libre de nuevo, desde ese momento, a la edad de 36 años Elroy Andrey sería la matrona de los Andrey, y su palabra debía ser ley ante el consejo y los demás miembros de la familia. Toda esperanza de una vida amorosa era imposible, no podía comprometer los intereses de los Andrey. Se dedicó a cuidar de William, y cuando Pauna murió algunos años después también cuidó de Anthony. Los Cornwell le pidieron que también acogiera a Stear y Archie ya que el consejo no les permitiría exponer a los chicos a los peligros de la India. Y a partir de ahí el resto fue historia.
Elroy Andrey se puso de pie y se dirigió a su habitación a cambiarse para la cena. Tenía más de 60 años y nunca había dejado de luchar por su familia, ahora no se detendría, quería ver a Candy y a William seguros y felices, y entonces tal vez sería libre para volver a Paris, o a Bombay, a cualquier lugar dónde pudiese ser libre.
Para cuando la semana terminó y los invitados se fueron, en Lakewood solo quedaron Elizabeth, Annie, Sarah y Elroy.
Archie, Richard y Terry habían partido a Chicago. Terry debía volver a Nueva York para escoger el nuevo proyecto de teatro, y Archie y Richard debían atender los negocios.
Las mujeres se quedarían a esperar el momento en que Elizabeth diera a luz.
Albert y Candy también partieron a Chicago, y de ahí hacia la costa.
Dos semanas después.
Albert había perdido la palidez que los años lejos de las aventuras le habían regalado, ahora su piel estaba deliciosamente bronceada, las líneas de su torso desnudo se dibujaban seductoramente.
Candy lo contemplaba tumbada sobre la arena cerca de la orilla del mar. Ella llevaba un atrevido traje de baño a rayas blanco con azul marino, su piel estaba hermosamente dorada, su cabello se había aclarado aún más por la sal y el sol.
Albert llegó a su lado chorreando agua, y se dejó caer a un lado de ella, giró para ponerse sobre ella, pero sin recargar su peso, manteniendo una aposición elevada con sus fuertes brazos, Candy enredó su mano en sus cabellos mojados y lo atrajo hacia ella para besarlo.
Y bien señora Andrey, ¿qué propiedad le parece más bella?
Creo que… la de Martha´s Vineyard, la casa es increíblemente hermosa, y las playas son más apropiadas para los pequeños. -
¿pequeños? - preguntó el esperanzado
Aún no Albert, pero los habrá.
Dígame cuando necesite ayuda en ese sentido.
Ella sonrió y lo besó, esas semanas juntos habían sido maravillosas, una parte de ella deseaba no tener que volver, habían caminado a la orilla de la playa a la luz de la luna. Enfrentado el mar embravecido al amanecer. Comido langosta en algunos de los pintorescos restaurantes de la zona. Y hecho el amor más veces de lo que podía recordar. La conexión entre ellos era más que maravillosa, simplemente profunda.
Dime, que haremos al regresar…-
Pues, debo empezar a ir a la oficina de Chicago. –
Lo sé, ¿nos quedaremos en la mansión?
Mmm, estaba pensando que como el bebé de Elizabeth está por nacer, tal vez te gustaría ir a Lakewood, yo me quedaré en la semana en Chicago y el fin de semana viajaré con Archie y Richard a Lakewood.
Pensé que me querías a tu lado. – le dijo ella haciendo un puchero.
Claro que te quiero a mi lado, pero también sé que quieres estar con Elizabeth, y que le prometiste a la tía que aprenderías de ella… si no estás de acuerdo podemos cerrar Lakewood y pedirles a las chicas y a la tía que vayan a Chicago. –
Intentemos tu plan por un tiempo, si siento que te extraño demasiado puedo escaparme a Chicago durante la semana. –
¿Ah sí? ¿Y cómo pretendes hacer eso?
Albert, si seguí a Terry a través del océano a los 15 años, te aseguro que por seguirte a ti iría al fin del mundo, y no hay nada que pueda detenerme. Además, soy la señora Andrey, solo necesito decirle al chofer que me lleve, o bien que me enseñe a manejar y asunto arreglado.
Con que esas tenemos, está bien amor, pero te enseñaré a manejar yo, y te pediré que hasta que no crea que es seguro no viajes sola, aunque tu manejes lleva a Stewart contigo.
¡¿es en serio Albert!? Pensé que me dirías que no.
No tengo porque hacerlo, sabes que también amo tu independencia, y sabiendo que pasarás tiempo sola creo que debes ser capaz de valerte por ti misma igual que siempre. También he dispuesto que la mitad de la fortuna Andrey se ponga a tu nombre y que George te enseñe a manejarla, no sabemos las vueltas que da la vida, y es mejor que tu tengas tus propios recursos, manejados más discretamente y con menos riesgos que con los que muchas veces se maneja el capital de los Andrey.
Albert, ¿Por qué dices que a veces estaré sola?
Porque es la realidad amor, mi puesto implica viajes, en algunos podrás acompañarme, pero tal vez cuando tengamos hijos no querrás ir siempre, a menos que como los padres de Archie busquemos una persona de confianza que sea su tutor o tutora.
¡Nunca! – Candy estaba asombrada ante esa propuesta.
Bueno, también podemos buscar un internado, ¿sabes?
¡Albert! –
Estoy jugando amor, sabía que no estarías de acuerdo con ninguna de las dos propuestas, yo mismo no estoy de acuerdo… bueno al menos no mientras no sean adolescentes, creo que tal vez sería bueno para ellos pasar un tiempo en el Real Colegio San Pablo cuando ya tengan 14, pero en su momento lo discutiremos.
¿Crees que el consejo nos dirá que hacer al igual que lo hicieron con los padres de Archie y Stear? – había una leve nota de preocupación en la voz de Candy.
Candy, no te voy a mentir, si hay cosas que tenemos que seguir con el fin de preservar el apellido Andrey, sin embargo, te prometo que dentro de esa lista no estará que nuestros hijos crezcan lejos de nosotros. –
Gracias amor, y bien que te parece si vamos a la casa, aún hay mucho que empacar.
Está bien, vamos.
Él se puso de pie y luego le ayudó a levantarse, recogieron sus cosas, y caminaron tomados de la mano hacia la hermosa casa de playa.
Chicago.
En la estación del tren Archie esperaba a Albert y a Candy. Por fin los divisó, caminaban como siempre sin prisa y envueltos en una burbuja personal. Archie contempló por un momento a Candy, se veía radiante, y el corazón de Archie se alegró, parecía que por fin vería el sueño de Stear y Anthony cumplido, ver feliz a Candy, poco sabían cuando adolescentes que ninguno de los tres estaban predestinados a hacerla feliz. También observó a Albert, hacía muchos años que no veía en el esa chispa, esperaba con todo su corazón que nada pudiese apagarla.
¡Tío Albert, tía Candy!
La pareja volteó a ver a Archie con mirada de molestia.
¿De cuando acá soy tan vieja como para ser tu tía?
Jajajajaja sabía que te pondrías furiosa. – Archie abrazó a Candy dulcemente, también le dio la mano a Albert seguido de un abrazo de esos que dan los hombres, golpeando la espalda del otro para disimular la muestra de afecto.
¿Archie, porque no mandaste a alguien a buscarnos?
Porque tenía tiempo de venir yo mismo, además Annie me bombardeará con preguntas sobre su bienestar en cuanto llame en la tarde, y más me vale tener noticias. –
Te tienen bien controladito ¿verdad sobrino?
No es control cuando uno lo hace voluntariamente, ¿o me dirás que el hecho de que el más mínimo deseo de Candy sea cumplido por ti es porque te controla?
Touché mi querido Archie, ya encargamos que las maletas sean llevadas a la mansión, mañana en la mañana partimos para Lakewood y el lunes en la mañana estaré de regreso, ¿vendrás con nosotros?
Claro, Annie y Stear me esperan, solo debo pasar por nuestra casa para ver que todo esté en orden, la verdad es que he pasado estos días en la oficina y el fin de semana en Lakewood.
¿Cómo que en la oficina? -Candy lo miró de arriba abajo sorprendida, su elegante atuendo e impecable aspecto no hablaban de noches dormidas en un sofá.
Lo que Archie quiere decir es que pasó sus noches en mi pent-house en el corporativo Andrey. Aunque con el afán de hacerse más interesante dijo en la oficina. –
¿Hay un pent-house en el corporativo Andrey?
Pues sí, lo mandé construir cuando me casé con Elizabeth, había mucho trabajo y…-
Preferías no pasar las noches en la mansión. –
Así es.
¿Y ahora que estás casado conmigo también pasaras tus noches en el pent-house?
Sólo si amenazas con preparar tú la cena. –
Jajajajajaja, mi querido tío, aún tienes mucho por aprender, entonces ¿los veo en la mansión o en el pent-house?
¿Candy?
Me temo que a Albert en el pent-house, con eso de que insulta mi comida. – dijo ella haciendo un puchero y sacándole la lengua a Albert.
Perdón linda, prometo comer todo lo que hagas, ahora dime que prefieres, si la mansión o el pent-house.
Las cosas las llevaron a la mansión, vayamos para allá, aunque tal vez la próxima vez que venga será mejor que nos quedemos en el pent-house si solo somos los dos.
Bueno entonces vamos, los llevaré a la mansión.
Al día siguiente partieron a Lakewood, al llegar los esperaba una pequeña recepción. Candy se sorprendió de encontrar ahí a sus madres, Tom y los niños del hogar junto con los padres de Archie, James y Ariadne Machintosh, y Beatrice Adams.
Queridos, que bueno que llegaron, los extrañábamos.
Gracias tía, y gracias por traer a mis madres y a los niños…-
No tienes que agradecer, recuerda que es tú casa, y sabía que te gustaría verles.
Candy y Albert saludaron a los presentes, incluyendo a Beatrice quién los observó detenidamente antes de hablar.
Candy, Albert, seguro les sorprende encontrarme aquí todavía, pero Elroy fue tan amable al invitarme a pasar un tiempo con ella que no pude negarme. –
Descuide Beatrice, está es su casa. – dijo Albert formalmente.
Candy percibió que Elizabeth los observaba y después de saludar se acercó a ella.
- ¿Está todo bien?
- Sí…-
- Pero hay algo que te inquieta. –
- ¿cómo lo sabes?
- Me lo dijiste con los ojos. –
- Ven te acompañare a tu recamara para que te refresques y te lo contaré. –
Candy se disculpó y tomó a Elizabeth del brazo, juntas se dirigieron al interior de la antigua mansión. Beatrice siguió sus pasos sin apartar la mirada ni por un momento.
En eso alguien más se integró a la reunión, un hombre alto, y apuesto, de edad mediana acompañaba a George. El corazón de Beatrice se detuvo… no podía ser, él estaba muerto, y sin embargo Jacques Beaumont caminaba junto a George en dirección a William para presentarle sus respetos.
Nota:
Agradezco sus reviews que sin duda me dan nuevas ideas y en especial agradezco a anmoncer1708 quién me dio la idea de que Elroy mandaba a Terry a propósito.
Chicas a las que no les gusta la historia, con todo respeto no es necesario que la lean, escribo porque me apasiona y estoy enganchada con esta historia que me sorprende con nuevos giros cada vez que me siento a escribir, así qué si no la disfrutan, seguro hay muchas otras que les pueden gustar. Gracias.
