Advertencias
Los personajes, salvo excepciones, no me pertenecen
La historia contiene escenas explicitas de sexo, violencia y lenguaje soez.
NO soy escritora, esto es por diversión, estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.
No todos sale de mi imaginación, con lo que es posible hallar diálogos, escenas, etc inspiradas o tomadas de los juegos u otros lugares. Igualmente, el hilo argumental de la historia coincide en puntos con los de los primeros juegos, pero sólo será en parte, otras cosas serán inventadas y no coincidirán.
Capítulo 37
Ezio abrió lentamente la puerta de la alcoba de Nuray tras observar que nadie lo observaba en el largo pasillo de las habitaciones, en aquella nueva mañana silenciosa y fría.
El italiano cerró igual de suave que al entrar, y contempló el cuerpo de Nuray bañado por la claridad que entraba de la ventana de la derecha, creando un estupendo contraste entre el tostado brillante de su piel y las sábanas blancas.
La mujer estaba de espaldas a la puerta, tumbada sobre su costado. Las sábanas revueltas mostraban trozos de su piel que anunciaban que la joven dormía desnuda en aquella ocasión, tal y como solía ser frecuente.
Ezio sonrió mientras se acercaba con sigilo, tumbándose a su lado con cuidado para no despertarla, mientras acercaba su cara al pelo desparramado por el gran almohadón de la turca, inhalando su aroma.
Poco después el italiano se apoyó sobre su brazo, teniendo el otro libre para recorrer el cuerpo de la asesina con lentitud, acariciando las curvas de su cadera, llegando hasta la cintura.
-No te esperaba tan pronto, extranjero. –Habló la voz de Nuray sin moverse, anunciando que acababa de despertar.
El hombre sonrió y se inclinó sobre ella para besar su cuello, continuando con las caricias por el vientre de la joven, aferrándola contra sí mismo para tenerla más cerca.
-Estaba impaciente por verte a solas. ¿Cómo no iba a estar aquí desde tan temprano?
-Bueno, te creía en brazos de Caterina Sforza aún.
Nuray se giró con una mueca burlona en su rostro, mirando a Ezio quien sonrió con la misma malicia encubierta. El hombre tomó la palabra mientras se incorporaba para sentarse, llevando su mano al rostro de la chica, quien igualmente se incorporó.
-Eso no podía ser. Ella ya lo sabe.
-Estará muy triste, vistas sus ganas. Estás siendo poco hospitalario, extranjero. Quizá nos eche.
Ezio rió ante las bromas de Nuray, quien se dejaba acariciar y besar por el italiano, mientras este a su vez se centraba en el cuello de la chica y en acariciar su vientre y caderas.
-Tendrá que resignarse, amor. Yo sólo te pertenezco a ti. Caterina ahora es sólo una buena amiga.
-Sí, eso se nota, desde luego. –Agregó sonriendo mientras Ezio estaba paseando sus manos por las piernas de Nuray, posando un beso en una de sus rodillas antes de responder.
-¿Qué pasa, no me crees? ¿O es que estás celosa? Ya te he dicho que sólo soy tuyo. ¿Acaso no lo notas?
La turca sonrió mientras él continuaba su mofa e ironías, ascendiendo después al pecho de la morena, empezando a besar sus senos y a tocarlos. Nuray no perdió la concentración y volvió a hablar con firmeza, aunque comenzando a acelerar su respiración.
-Las palabras están vacías, extranjero. Además, eres un lujurioso. ¿Por qué tendría que creer que vas renunciar a pasarlo bien con una bella mujer que se te pone en bandeja?
Ezio se detuvo en aquel instante para buscar los ojos negros de la turca, algo preocupado ante la idea de que Nuray pudiera sentir celos de verdad. Cuando posó su mirada en la de ella, trató de hablar con seriedad.
-Nuray, de verdad que no pretendo nada con ella, yo...
-¡Eh, tranquilo! –le interrumpió con una leve sonrisa–. Sólo estaba tomándote el pelo, extranjero. No estoy celosa, confío en tu palabra y me demuestras que son verdaderas. Además, sé bien cuánto te gusto.
La sonrisa seductora de la mujer contagió enseguida a Ezio, que tomó su rostro con ambas manos para besarla con efusividad mientras le murmuraba que no se hacía a la idea.
Ambos volvieron a recostarse en el lecho, y Nuray tomó el control, posicionándose sobre el asesino, quien trató de guiar sus manos a la cadera de la joven, pero esta le detuvo con un brusco fervor.
La turca sonrió mientras aprisionaba las manos de Ezio contra la cama, mordiendo y chupando su garganta y cuello, haciendo descender a la par una de sus manos hasta el miembro del hombre, agarrándolo por dentro de los pantalones.
Nuray no dejó moverse al italiano ni tocarla mientras lo desnudaba y besaba a la vez, para después pasar a introducirse el miembro de este en la boca, chupándolo cada vez con más velocidad.
Tras unos poco minutos, el hombre no pudo resistir más y se incorporó mientras obligaba a la turca a imitarlo hasta quedar de rodillas en la cama, tumbándola hacia el lado contrario para posicionarse sobre ella, y con total pasión, empezaba a penetrarla con rapidez y poca delicadeza.
La mujer no podía reprimir sus gemidos ante el placer que le provocaba aquello, y enterró sus uñas en las nalgas del asesino, empujándola hacia ella hasta que ambos llegaron al final, deteniéndose después de varios minutos.
Ezio abrazó a la mujer y rodó sobre sí mismo para que esta quedara tumbada sobre él. Nuray entonces recibió un beso lento de parte del hombre, y esta habló con una sonrisa burlona.
-Cada vez aguantas menos, extranjero.
-¿Eso piensas? –Preguntó con voz seductora mientras le apartaba el pelo de la cara, poniéndoselo tras la oreja derecha. –Te voy a demostrar lo equivocada que estás, amor.
-Sabes que Yusuf nos espera dentro de no mucho. –Susurró alejándose de su boca, evitando que la besara.
-Ese campamento de templarios no va a irse a ningún lado. Además, esto es ya cuestión de orgullo, amor.
Nuray entonces le devolvió la sonrisa, y se dejó atrapar de nuevo por la pasión del hombre mientras el sol calentaba sus cuerpos desnudos.
Una hora y media más tarde, Ezio salía de su cuarto, preparado con sus ropas de asesino, encontrándose a Yusuf apoyado en la pared de enfrente en actitud de espera. Nuray aún no había terminado de cambiarse, con lo que el italiano se acercó a su amigo para hacer tiempo.
-Buenos días, amigo.
-Para algunos está siendo mejor que para otros –dijo con una sonrisa cómplice. –Voy a tener que decir que me cambien de habitación. Ha debido escucharos medio castillo.
-Te pido disculpas si te hemos despertado. La culpa ha sido mía.
Yusuf se rió mientras lo miraba sonreirle con aire pillo, cuando Nuray apareció saliendo de su alcoba, también preparada para empezar a trabajar.
-¿Qué os hace tanta gracia? –Preguntó la chica mirándolos.
-Nada. Sólo estábamos bromeando con nuestras cosas. -Respondió Tazim, haciendo que ella alzara entonces una de sus cejas.
-Pues dejaos de tonterías y abandonad vuestra característica holgazanería. Tenemos trabajo.
Acto seguido la mujer comenzó alejarse tras sonreírlos, siendo seguida por los dos asesinos, quienes comenzaron a bromear sobre la rudeza y crueldad de la turca.
Poco después, y tras un breve y ligero desayuno, el trío partió de la ciudad en sus caballos para examinar el terreno y al propio enemigo, y así colarse en el campamento y conseguir averiguar la estrategia y el día en que asaltarían la ciudad.
Los asesinos abandonaron los animales varios metros antes de llegar a las inmediaciones del campamento enemigo, avanzando entre la maleza para poder llegar lo más cerca posible al claro del valle donde los templarios se encentraban.
El asentamiento era enorme, y parecía estar formado al estilo romano de un castrum. El grupo apenas podía avanzar más, ya que varios soldados patrullaban alrededor del perímetro, y desde las torres los centinelas escrutaban el alrededor.
Finalmente decidieron subir a las copas de los árboles para poder hacerse una idea del número y la distribución verdadera dentro del campamento, y así empezar a planear una estrategia para entrar.
-Eh, chicos. Mirad en el centro. Ese debe ser el capitán. ¿Quién ese con quién habla que no lleva uniforme ni nada?
Ante las palabras de Yusuf, Ezio y Nuray guiaron la vista al punto indicado, observando un hombre alto vestido a la moda, con una capa oscura, y de pelo negro no muy largo peinado hacía atrás, que conversaba con el capitán, quien le entregaba una bolsista de dinero.
-No lo puedo creer. Es Luigi Russolo. –Murmuró Nuray sin apartar la vista del atractivo hombre, que tras una sonrisa afable se alejaba del centro del campamento al recibir alguna clase de recompensa.
Espero que os guste. Y feliz año nuevo a todos!
