Nota de la autora:
Hola!
¿Qué tal? Espero que todo os vaya muy bien. Siento la tardanza pero estoy bastante liada con un proyecto que tengo que realizar, además de las prácticas después de terminar mis estudios.
Bueno aquí os dejo un nuevo capítulo que espero que os guste. Muchas gracias a todos los que me habéis dejado algún comentario y a los que me leéis. Y por supuesto también a los que me tienen en sus favoritos.
Y ahora… Disfrutadlo.
Capítulo 36: Huida.
Harry se encontraba de nuevo frente a los cuatro clanes del Fénix que formaban la Orden del Fénix de aquel mundo medieval. Sus amigos estaban detrás de él, de pie, esperando escuchar la misión que les tenían encomendada.
-En menos de cuatro semanas el Lord va a dar una fiesta en la que estará toda la nobleza de Winthex para celebrar la adultez alcanza por el niño dragón- habló Remus- hemos decidido que ese será el mejor momento para que alguno de nuestros hombres entren en el castillo y se lleven tanto al chico como al esclavo. Habrá mucha gente y todo estará patas arriba.
-Nosotros iremos a por ellos- aseguró Harry pero el rey negó con la cabeza.
-No- volvió a hablar Remus levantando la mano para acallar las protestas de Harry- vosotros esperaréis aquí, sois demasiado importantes como para arriesgar vuestras vidas.
-Entonces ¿cuál es nuestra misión?- se aventuró a preguntar Hermione.
-Cuando tanto el niño dragón como el heredero de Gryffindor estén aquí, partiréis a por la espada de Gryffindor- explicó el hombre- es el único arma que empuñada por el esclavo podrá acabar con el Lord.
-¿Qué haremos mientras tanto?- preguntó Draco.
Cedric se adelantó con una espada en sus manos y se la tendió al rubio que levantó la cabeza y le miró.
-Aprenderéis a luchar con espadas- explicó el joven, sonriendo- aquí son esenciales que sepáis usarlas.
Remus asintió y les miró a todos.
-Tenéis un viaje muy largo y peligroso por delante- todos volvieron a centrar su atención en el rey- hemos encontrado algunos escritos que sitúan la espada en el antiguo Winthex. En la Torre Negra.
Hubo algunos murmullos y Harry miró a su alrededor al ver la forma en la que todos parecían temer ese lugar.
-¿Qué es esa Torre?- preguntó.
-Está situada en la zona más peligrosa del antiguo Reino de Winthex, protegida por cientos de soldados y donde la magia negra campa a sus anchas- explicó el rey- es el lugar más peligroso y es entendible que el Lord haya decidido esconder allí la espada.
-Genial, ese tío también tiene la espada en su poder- gruñó Ron.
-No importa lo peligroso que sea, iremos a por la espada para que puedan acabar con Lord Rädsla- les aseguró Harry- Tan solo dejará en paz a mi hijo cuando esté muerto.
-¿No es posible aparecerse allí?- preguntó Ginny- sería mucho más rápido que recorrer todo los kilómetros que separan esta zona del reino que en la que está situada la Torre.
-Está prohibido desaparecerse en el reino, solo puede hacerlo el Lord y si alguien lo hace él lo sabrá- explicó el rey.
-Bien, me imaginaba que no podía ser tan fácil- asintió Ginny con un suspiro- a nosotros nunca nos ponen las cosas fáciles.
El rey sonrió con pesar mirando a la encantadora pelirroja.
-Id a entrar, es importante como ha dicho Cedric que sepáis manejar no solo encantamientos sino también la espada- le aseguró Remus- nosotros nos encargaremos de hacer un plan para entrar en Hogwarts.
oo00oo
Harry agarró con fuerza la pesada cesta de mimbre donde llevaba todas las flores que había recortado de los jardines del castillo. El Lord odiaba las flores y no quería que ninguna invadiera los terrenos de su castillo así que los esclavos estaban encargados de deshacerse de ellas cuando crecían. Los esclavos se encargaban de cortarlas y luego las utilizaban para ordenar sus propios cuartos.
Dobló la esquina de uno de los corredores y se detuvo al ver a Lady Ginevra sentada en uno de los bancos de madera, con la cabeza gacha y los hombros caídos. Se acercó a ella.
-Buenos días, mi señora- la saludó.
-Buenos días, Harry- respondió ella sin mirarle, intentando ocultar su rostro- hace un bonito día hoy.
-Sí, han florecido muchas flores- coincidió con ella- vengo de cortarlas. ¿Se encuentra bien, mi señora?
-Sí, Harry- le respondió ella sin mirarle- solo estoy un poco cansada.
-No debería mentirme, mi señora- susurró para que solo ella le escuchase- a los amigos jamás hay que mentirlos y usted es mi amiga, o eso dijo.
Los hombros de ella se sacudieron ante el llanto pero cuando alzó la mirada, no había lágrimas en sus mejillas aunque si continuaban retenidas en sus ojos. Harry se fijó en el morado de su mejilla que había intentando ocultar sin éxito.
-El Coronel no tiene ningún derecho a ponerle el rostro así- le dijo Harry.
-Él es mi esposo- negó ella con la cabeza- tiene todo los derechos que quiera sobre mí.
-No, eso no es cierto- ella bajó la mirada- es usted una mujer hermosa, joven y…
-E incapaz de darle hijos a mi marido- ella volvió a mirarle- he vuelto a fracasar en darle a mi marido un heredero.
-No ha fracasado, mi señora- le aseguró Harry- estoy seguro de que algún día será madre y sus hijos la adoraran.
Ella suspiró, deseando que las palabras del esclavo fuesen ciertas y se sobresaltó cuando él le tendió una de las flores de la cesta. Ella la aceptó, agradecida, y le vio alejarse sin poder apartar la mirada de las heridas que adornaban la espalda de ese gran hombre.
Harry no miró hacia atrás aunque esperaba a ver alegrado un poco el día a Lady Ginevra. Esa mujer no se merecía lo mucho que estaba sufriendo a manos de su marido, era buena y la consideraba su amiga en aquel castillo.
-Harry- salió de sus pensamientos cuando escuchó que alguien le llamaba.
Al levantar la mirada se encontró con los ojos de Aya que le estaba haciendo algunos gestos para que se acercara a ella. La joven estaba oculta en las sombras y miraba a los lados del pasillo para asegurarse de que no había nadie.
Se acercó a ella y se internó en la oscuridad.
-Necesito tu ayuda- susurró asomándose al pasillo para asegurarse de que seguían estando solos- es muy importante.
-¿Qué sucede?- le preguntó en voz baja.
-Jacob y yo…- ella no parecía saber cómo decírselo y tenía la mirada baja. Harry le cogió de la barbilla y le obligó a mirarle. Ella tragó saliva y pareció coger fuerzas- nos queremos y hemos pensando en escaparnos.
Harry aferró con fuerza la cesta y la miró a los ojos.
-Hemos pensando en marcharnos antes de la fiesta de cumpleaños de Jacob pero necesitamos tú ayuda. Sé qué…
Harry dejó de escuchar las explicaciones de la muchacha. No se había quedado sorprendido de la confesión de la muchacha ni siquiera de que se quisieran escapar, pero esa declaración había hecho volver al pasado… ya no veía a Aya frente a él sino a una Suzanne de quince años, hermosa, dulce y enamorada con los ojos brillándole igual que a la joven que tenía enfrente.
Suzanne jamás le había propuesto escaparse pero él siempre había tenido la esperanza de que ella alguna vez se lo hubiese pedido. Esas esperanzas habían ido desapareciendo con el paso de los años.
-Te ayudaré- le cortó él y volvió a la realidad, mirando a Aya con cariño- os ayudaré a escapar. No importa lo peligroso que sea.
Aya sonrió y se colgó de su cuello, abrazándose con fuerza a él. Harry le devolvió el abrazo, deseando poder escapar él también de allí junto a la mujer que amaba.
oo00oo
Tres semanas después…
Harry blandió al espada y detuvo el ataque de uno de esos soldados que le estaban enseñando a pelear con esas armas. Volvió a esgrimirla pero esta vez para atacar. Hubo unos cuantos movimientos más por parte de los dos hasta que Harry consiguió desarmarle.
El filo de la espada acabó en el cuello del hombre que estaba en el suelo. Los dos se miraron a los ojos y Harry bajó el arma y le tendió la mano que el hombre aceptó, ayudándole a levantarle.
-Muy bien- le felicitó y el resto de soldados se unieron a la felicitación.
Le dieron algunas palmadas en la espada desnuda y húmeda por el sudor. Cuando todos los soldados se hicieron a un lado, pudo ver a sus amigos que le sonreían, ellos ya habían hecho su demostración y la verdad es que les había ido muy bien. Las clases habían sido productivas y habían dado sus frutos.
Suzanne se le acercó y sin importarle lo mucho que estaba sudando, le rodeó el cuello con los brazos y le besó.
-Pronto estará con nosotros- le aseguró Harry al ver los ojos de preocupación de su novia.
Ella asintió sin mirarle a los ojos y él la besó la frente.
-Mírame- ella lo hizo- estará con nosotros pronto.
-Pero… y si ellos tienen razón y si su corazón es oscuro.
-No- negó Harry y le agarró con las dos manos la cara, obligándole a que le mirara- no- limpió las lágrimas con los pulgares- no…
Ella asintió y sorbió por la nariz. Él la apretó contra su cuerpo y suspiró, cerrando los ojos con fuerza. Ella le rodeó el cuerpo con los brazos.
-Le pediremos a Kingsley unas buenas vacaciones cuando volvamos- comentó ella consiguiendo una sonrisa por parte de Harry- necesitamos estar más con Lily y James… ellos también están sufriendo nuestra ausencia.
-Estoy totalmente de acuerdo- asintió Harry.
Harry solo esperaba que llegase pronto el momento de volver a casa. Por suerte la fiesta para Jacob sería en unos días y los soldados de los cuatro Clanes del Fénix estaban listos para entrar en el castillo.
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Aya observó, sobrecogida, el caballo que relinchaba delante de ella y que Jacob sujetaba después de haberlo ensillado. Se mordió el labio, nerviosa, bajo la capucha de su capa negra.
-Vamos, Aya, tienes que subirte- le susurró con vehemencia.
-¿No puedo ir en tu caballo contigo?- preguntó angustiada- jamás he montado a caballo y este es enorme.
-No puedes venir en el mismo que el mío, iremos mucho más lento- explicó él rápidamente, debían marcharse ya o les atraparían- Es Eclipse, un buen caballo, elegí al más tranquilo.
Jacob no lo había tenido fácil para salir del castillo, se había encontrado con algunos soldados a los que había informado que pensaba ir a dar un paseo por los terrenos del castillo, sabía que los soldados no habían dudado al fin y al cabo él iba muchas noches a dar paseos pero había soldados por todo el perímetro, vigilando, y en cualquier momento irían a las caballerizas haciendo su ronda.
-Vamos, cariño- la cogió la mano y tiró de ella- no podemos entretenernos más. Harry, está de camino a la salida principal para deshacerse de los dos soldados que la custodian. No podemos perder más tiempo.
Cogiéndola de la cintura, la alzó y ella pasó una pierna por encima de la montura hasta quedar a horcajadas. Se aferró a las riendas y se sobresaltó cuando el caballo se puso un poco nervioso. Jacob le tranquilizó y luego se subió a Bruma, la yegua negra que una vez el Lord le regaló.
-Recuerda lo que te he enseñado, cariño- ella asintió- y no tengas miedo o ella lo notará y se pondrá nerviosa.- acarició el cuello del caballo- Arre, preciosa.
La yegua se puso en marcha, caminó despacio para salir por la parte de atrás de la caballeriza, sintiendo que Aya le seguía de cerca. Se caló la capucha de su capa, ocultando más su rostro en las sombras.
-Jacob- susurró la joven.
El chico detuvo a su caballo cuando vio como dos soldados salían de las sombras, poniéndose en la puerta por la que pretendían salir. Miró por encima de su hombro y vio como otro soldado más se colocaba en las otras.
Bruma relinchó pesadamente y se removió nerviosa en su sitio. Jacob sacó su espada al ver que los soldados extraían también sus armas.
-Sígueme, Aya- le susurró a la joven- y no mires atrás.
Jacob redirigió a la yegua hacía la salida por la que habían pensado salir y le espoleó. El animal comenzó la carrera hacía los dos soldados que se prepararon con sus armas.
El chico agarró con fuerza la empuñadura de su espada y venció el cuerpo levemente hacía delante, sincronizando su movimiento con el del animal. Con un único movimiento, blandió el arma y golpeó con la hoja a uno de los soldados consiguiendo salir.
Cuando estuvieron fuera de las caballerizas, bajó el inmenso manto de estrellas, continuaron con el rápido paso, sabiendo que los soldados habrían dado la alarma, y esperando que Harry ya estuviese delante del rastrillo que había en la muralla.
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El esclavo Harry agarró con fuerza el mango del cuchillo que había cogido de las cocinas y se mantuvo escondido entre los matorrales más cercanos al rastrillo que estaba encargado de levantar para que Jacob y Aya pudiesen salir. Lo custodiaban dos soldados con sus armaduras y un par de lanzas.
Hablaban, aburridos por la guardia que estaba siendo muy tranquila, contándose sus escarceos sexuales con las cortesanas del pueblo.
Sentía cada musculo de su cuerpo en tensión, los dedos rodeaban el arma apretándola con fuerza, haciendo que sus nudillos se pongan en blanco y respiraba con fuerza.
Salió de las sombras, pegado a la pared del muro, acercándose al soldado que estaba de espaldas a él, contándole alguna de sus batallas al otro tipo que no se percató de que algo se movía en las sombras. Se mantuvo unos segundos más, camuflándose con la oscuridad.
Caminó hacía el soldado cuando vio como el otro soldado se giraba para lanzar un esputo al suelo. Harry rodeó el cuerpo del soldado, tapándole la boca, y le cortó el cuello. Cuando el cuerpo del hombre cayó ante él, pudo ver la mirada de sorpresa del otro soldado que para cuando quiso reaccionar fue demasiado tarde. Harry había cogido la lanza del otro hombre y la había lanzado con todas sus fuerzas atravesándole el pecho.
Respirando con fuerza se miró las manos machadas de sangre. Era la primera vez que asesinaba a alguien y no supo ver como sentirse. No era agradable, había quitado la vida a esos hombres que serían llorados por sus seres queridos, pero por otro sentía que en parte había hecho algo de justicia. Durante años había soportado las burlas y maltratos de soldados como aquellos, la mayoría de ellos habían cometido un montón de fechorías crueles y malvadas.
Escuchó los cascos de algunos caballos que se acercaban y reaccionó. Corrió hacía la enorme manivela que tenía que utilizar para abrir el rastrillo, la celosía de rejillas de metal, del castillo. Aferró con ambas manos la manivela y con todas sus fuerzas le costó unos minutos ser capaz de moverlo, gruñó con todas sus fuerzas, sabiendo que no podía fallar.
Las verjas comenzaron a moverse pero si no se daba prisa no podría conseguirlo. Para su sorpresa unas manos agarraron también la manivela. Miró a Anne que estaba mortalmente sería mientras le ayudaba en su misión. No se molestó en explicarse sino que continuaron trabajando en equipo hasta que la puerta estuvo totalmente subida y ella la ancló para que no se cerrara.
Le agarró del brazo y tiró de él haciendo que se ocultara en las sombras. Pocos segundos después Jacob y Aya pasaron por las puertas, montados en dos grandes monturas, seguido por algunos soldados también montados a caballo.
-Estás loco, si descubren que fuiste tú, te matarán- ella le cogió del hombro y le obligó a que le enfrentara- ¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué los has ayudado a fugarse?
-Porque esos chicos han tenido la valentía que tú y yo no hemos tenido en todos estos años- respondió Harry en un susurro vehemente.
-¿Aún me culpas por lo que viste entre el Lord y yo?- ella le miró, angustiada- ¿Crees que a mí me gusta estar con él? No, pero lo hago por nosotros, todo lo que hago es por nosotros.
-No, no te atrevas a decir que matas a gente por nosotros. Tus manos están manchadas de sangre y no es por nosotros...
-Te recuerdo que acabas de matar a dos personas- le acusó ella, furiosa.
-Sí, pero esos soldados no eran inocentes, esos soldados han hecho cosas atroces…
-Siguiendo órdenes- le recordó ella.
-¡Que le jodan a las órdenes!- gruñó Harry- no deberías seguir órdenes en las que no crees, y si esos soldados han matado es porque tienen los mismos pensamientos que el Lord. ¿Y tú, Anne? ¿También tienes las creencias del Lord? Al fin y al cabo sigues las órdenes que te dan…
-¡Le debo lealtad!- gritó- mis padres me entregaron al amo cuando tan solo era una niña, me cuidó y...
-Te convirtió en una asesina, te quitó la virginidad, mato a la niña de la que me enamore. Si tu padre te viera, tu verdadero padre, estaría decepcionado, se moriría.
-Él no era mucho mejor que yo- escupió Anne con rabia- me vendió al rey sin pestañear.
-Nunca me he creído esa patraña, tu padre te adoraba- negó Harry con la cabeza y luego la miró- Esos chicos- señaló las puertas por donde han salido- han sido capaces de hacer el que ha sido mi sueño, realidad y por eso les he ayudado. Si por ello tengo que morir, que así sea.
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Jacob sabía que debían llegar al bosque, que allí él y Aya tendrían la oportunidad de despistar a los cinco soldados que los seguían. Los animales resoplaban pesadamente mientras cabalgaban con los cascos golpeando fuertemente en las calles empedradas de Hogsmeade. Algunos de los habitantes se asomaban desde sus hogares para saber el motivo del alboroto.
Jacob sabía que el bosque estaba demasiado lejos así que detuvo a su caballo y se giró para enfrentar a los soldados. Aya tardó algo más en reaccionar.
-¡Vamos, Jake!- le gritó ella, asustada.
Con un sutil giró de su muñeca, una serie de chispas negras salieron de su varita golpeando a uno de los soldados que se precipitó al suelo, pero su tobillo quedó enganchado en las espuelas, golpeando al soldado que iba al lado haciendo que también se precipitara al suelo.
El caballo del segundo soldado tropezó con su propio jinete cayendo sobre él mientras el caballo del primer soldado siguió cabalgando descontroladamente arrastrando a su jinete.
Jacob volvió a lanzar otro hechizo que golpeó a otro de los soldados que quedó inconsciente sobre su caballo. Sacó una daga de entre sus ropas y se la lanzó a un cuarto soldado, clavándosela en el pecho. Cuando el último de los soldados estuvo cerca Jacob blandió su espada y luchó contra él, no le resultó difícil vencerle.
Guardó la espada en el cinto e hizo que Bruma girara en redondo, retomando la rápida cabalgada, pasando por al lado de Aya que le siguió a la misma velocidad.
Los caballos galoparon velozmente con una suave brisa que les alborotabas los cabellos, dejando atrás el pueblo y dirigiéndose rápidamente hacía el bosque de las afueras. Jacob había pensado buscar algún sitio de aquel lugar en el que pasar la noche y luego seguir por la mañana hacía el siguiente pueblo.
No sabía muy bien que iban a hacer, sabía que el Lord tenía muchos ojos en todos lados y que, quizás, jamás podrían vivir tranquilos, pero sabía que había hecho lo correcto. Prefería vivir un día libre junto a Aya, que mil años ocultando su relación.
De vez en cuando miraba por encima de su hombro, Aya le seguía muy de cerca subida en Eclipse. Volvió a dirigir la mirada al frente, por suerte aún quedaban muchas horas de oscuridad y eso les ayudaría a camuflarse.
Cuando alcanzaron el bosque y se internaron en él, redujeron la velocidad hasta que el caballo caminó despacio. Eclipse se ha puesto a su altura y cuando Jacob miró a Aya, sus ojos se fueron directamente a una mancha roja que tenía en la ropa que él le había prestado de su propio armario y que había encogido mediante magia hasta ponerlo a su talla.
-¿Qué te ha pasado?- detuvo a la yegua, preocupado y la cogió del codo, observando su brazo herido.
Ella bajó la mirada y observó el corte en su brazo, donde la ropa estaba rasgada y manchada de sangre. Jacob miró la herida, apartando un poco la tela desgarrada, con el ceño fruncido.
-Debió suceder cuando salíamos de las caballerizas- la chica se encogió de hombros, despreocupadamente- cuando pasé por al lado de aquel soldado, sentí un pequeño dolor pero no es nada.
-Deberíamos detenernos y así te podría echar un ojo a ese corte- arrugó el ceño.
-No es nada- ella le cogió de la barbilla para que le mirara- sigamos un poco más, debemos internarnos más en el bosque, luego podrás revisarme todo lo que quieras.
-Está bien- asintió aunque no estaba completamente de acuerdo. Sin mediar palabra la cogió de la cintura y la desmontó, haciendo que se sentase en su silla con él- pero vendrás conmigo.
-Pero podríamos tener que huir y…
-No nos siguen, tardaran unas horas en darnos alcance- le aseguró él- le hemos pillando durmiendo.
Ella asintió y se acurrucó en su pecho. Jacob agarró la rienda de Eclipse y tiró del animal, poniéndose de nuevo en marcha.
El silencio les envolvió mientras caminaban entre los altos arboles. Los únicos ruidos procedían de los animales nocturnos y de las ramas que se rompían bajo los cascos. Aya se quedó dormida contra su pecho y Jacob la arrulló.
Caminaron un rato más hasta que llegaron a un sitio donde los árboles estaban más juntos y eso les ayudaría a ocultarse. Despertó a Aya y la ayudó a bajar del caballo, atando después a un árbol a ambos. Encendió una pequeña hoguera y sacó algo de comida que ella había cogido para mantenerse durante unos días.
-¿Qué vamos a hacer?- preguntó la joven mientras aceptaba la comida que él le daba y se mantenía pegada a su cuerpo.
-Tendremos que buscar un lugar seguro aunque todavía no sé donde- respondió el chico dándole un mordisco al mendrugo de pan que tenía en las manos- he pensado viajar a las tierras del sur.
La chica asintió y cuando terminó con su porción de comida se acurrucó contra el pecho del chico que la abrazó.
-Duérmete, Aya- le susurró al oído- yo cuidaré de ti.
-Deberías dormir tú- le pidió ella, mirándole- yo he dormido en el caballo y tú tienes que estar agotado. Yo vigilaré.
-Ni hablar. Yo estoy bien. Duerme y descansa- le pidió él, apretándola contra su pecho.
Ella suspiró pero terminó obedeciendo, quedándose dormida contra el pecho del joven. Él la apretó contra su cuerpo y la acarició el cabello mientras observaba las llamas crepitar. A decir verdad, si estaba agotado pero no había querido privar a Aya de un buen sueño, en el caballo apenas habría podido descansar.
No supo en qué momento, quizás solo fuesen unos segundos o tal vez se quedó dormido pero cuando Jacob quiso abrir los ojos, lo hizo porque sintió el frio acero de una espada en la garganta.
-Yo que tú no haría eso, muchacho- dijo una voz varonil al ver como la mano de Jacob descendía hacía la empuñadura de su espada.
El chico abrió los ojos y apretó con más fuerza a Aya contra su pecho. Esta se despertó y soltó un gritito cuando vio a los cuatro hombres, grandes y armados que les rodeaban. Sus ojos aterrorizados observaron al que tenía la espada contra el cuello de Jacob. Este también alzó la mirada y miró al hombre que le amenazaba.
-Interesante- sonrió mirando fijamente al chico- muy interesante. El niño dragón.
-¿De verdad crees que siendo el niño dragón estaría a estas horas por estos bosques?- espetó Jacob sin despegar los ojos de los de ese hombre- ¿crees que Lord Rädsla permitiría que estuviese aquí si fuese ese niño?
-Vivimos en Hogsmeade, muchacho- rió el hombre- te hemos visto paseando por las calles del pueblo.- miró a Aya- aunque jamás te habíamos visto con esta jovencita. ¿Quién eres, muchacha?
-No la dirijas la palabra- gruñó Jacob- no te atrevas a mirarla- apretó a Aya más contra su pecho y miró con rabia al hombre- os mataré a todos antes de permitir que la toquéis.
-Vaya, vaya, interesante- el hombre parecía verdaderamente sorprendido mientras se agachaba y observaba a los dos jóvenes, apartando la espada del cuello de Jacob- el niño dragón protegiendo a una jovencita.
Se puso en pie y les lanzó en el regazo dos vendas.
-Vendaros los ojos, os venís con nosotros- les ordenó el hombre.
Jacob sabiendo que no tenían otra posibilidad, asintió a Aya que obedeció y se vendó los ojos como le habían ordenado. Él también lo hizo, sin saber donde les llevarían esos hombres y lo que harían con ellos pero no como había dicho no pensaba dejar que tocaran a Aya. Cuando sus ojos estuvieron tapados, ella buscó la mano del joven y este se la apretó, trasmitiéndole seguridad.
oo00oo
Harry observaba mapas de todo el reino junto al resto de sus amigos mientras escuchaba las explicaciones de los soldados y de los mismísimos reyes quienes les explicaban donde estaba situada la Torre Negra a la cual tendrían que ir en busca de la espada de Gryffindor.
Estaban escuchando las explicaciones de Cedric cuando un hombre entró en la sala donde se reunían y haciendo un gesto al rey Remus, este se acercó a su súbdito que rápidamente comenzó a susurrarle el motivo por el que se le requería.
El resto no prestó atención al intercambio de palabras por lo que no vieron la mirada de sorpresa del rey. Cuando terminó de hablar con su súbdito se acercó a al resto mientras el hombre esperaba paciente en la entrada de la sala.
-¿Sucede algo, mi señor?- preguntó Tonks que se había percatado de que la mirada de su esposo.
-Han encontrado a alguien en los bosques- explicó el hombre y miró a los forasteros- el niño dragón ha sido hallado en las inmediaciones de este cuartel- Suzanne dio un paso al frente y se aferró a la mano de su futuro esposo. Harry la apretó con fuerza con el corazón latiéndole con rapidez- ha sido traído aquí. No saben lo que hacía allí pero estaba junto a la joven.
-¿Dónde está mi hijo?- preguntó Suzanne con voz temblorosa.
-Lo están trayendo hacía aquí.
Suzanne no tuvo que escuchar más, soltó la mano de Harry y alejándose de todos ellos, pasó por al lado del súbdito que había avisado al rey y corrió por el corredor en busca de su hijo. Harry corrió tras ella alcanzándola rápidamente mientras el resto les seguía unos metros más atrás.
Harry sabía la ansiedad que estaba sintiendo Suzanne, porque era la misma que se había instalado en su corazón. No sabía cómo iba a ser el reencuentro, ni siquiera sabría lo que ese chico conocería sobre su familia pero lo que si sabía es que lo único que deseaba era poder verle, saber que estaba bien y estrecharle entre sus brazos.
Alcanzaron la sala principal que siempre estaba abarrotada de gente pero que en esos momentos estaba completamente vacía. Era de madrugada y todos los habitantes de aquel pueblo subterráneo dormían, excepto ellos.
El pecho de Harry y Suzanne se elevaba con cada forzosa respiración, sintiendo como el resto se detenía tras ellos. Ambos miraron hacía el otro lado de la sala donde unas personas salían del túnel que había justo frente a ellos.
No distinguieron los rostros de ninguno por la distancia pero vieron que cuatro personas caminaban hacía ellos, rodeando a otras dos que quedaban ocultas tras sus cuerpos y que caminaban con torpeza debido a la venda que les tapaba los ojos.
Suzanne miró a Harry y volvieron a correr hacía ellos. Cuando los alcanzaron, Harry apartó al hombre que ocultaba a los dos jóvenes y observó al chico que se alzaba ante él.
Unos centímetros más alto que él y con una constitución fuerte, Jacob se alzaba poderoso ante ellos. Su mandíbula dura y cuadrada le hacía recordar al rostro de su abuelo materno y Harry sabía que si apartaba esa venda podría ver los mismos ojos que Suzanne tenía. Era condenadamente atractivo y viril. Era su hijo.
-Jake…- susurró Suzanne estirando las manos temblorosas para apartar la venda que cubría los ojos de su hijo.
Jacob abrió los ojos y se sorprendió al encontrarse a su tía Anne con los ojos llenos de lágrimas ¿Qué hacía ella allí? Y luego miró al hombre que estaba junto a ella y vio a ¿el esclavo? De pronto comprendió que no eran ellos, sus ojos se posaron en el pelo corto y la cara afeitada del hombre que tenía en frente y luego se dirigieron al cuello de la mujer donde pudo distinguir la marca del dragón que él tenía igual en el pecho.
Y supo quienes eran, los había contemplado en sus sueños junto a dos niños. Su tía Anne le había dicho que ellos eran sus padres. Los mismos que le habían repudiado.
Aya que también se había quitado la venda, observaba sorprendido a las dos personas que miraban a Jacob. Apretó con más fuerza la mano del chico y se acercó a él sin comprender que le había pasado al pelo de Harry y a su espesa barba.
-Jake…- volvió a repetir con la voz rota Suzanne.
Dio un paso, acercándose a él pero Jacob dio un paso atrás, poniendo a Aya detrás de él. Les miró con rabia y gruñó cuando vio las intenciones de Suzanne de tocarle. Esta se detuvo en su avance y miró preocupada la reacción de su hijo.
-Jake, soy…
-Sé quién eres- gruñó, molesto por su presencia. No iba a dejar engañarse por esa mirada llena de tristeza y angustia. Su tía Anne le había dicho que ellos no lo quisieron, que lo abandonaron y ella nunca le había mentido. Odiaba a esas personas con todo su corazón- se quienes sois.
-¿Qué pasa, Jacob?- preguntó Aya asomándose desde detrás suyo para observar a esas dos personas comprendiendo que no se trataba de Harry y la Teniente, aunque fueran idénticos a ellos- ¿Quiénes son?
-Nadie- respondió sin apartar su mirada de desprecio de ellos.
Harry le pasó el brazo por encima de los hombros a Suzanne que había comenzado a llorar al ver el odio en los ojos de su hijo. La apretó contra su pecho y se tragó los deseos que tenía de poder abrazarle. Su hijo no se lo permitiría.
-Somos tus padres- sollozó Suzanne ocultando el rostro entre las manos y Aya miró a Jacob, sorprendida- y te hemos echado tanto de menos.
-Oh, claro- rió sin humor el joven- ya lo creo. Sé lo que hicisteis, sé que no me quisiste porque era diferente a mis dos estúpidos hermanos. Aborrecisteis la sangre que corría por mis venas y me abandonasteis.
-Eso no es cierto- susurró Suzanne.
-Cállate, maldita zorra- gruñó Jacob.
-No voy a permitir que hables así a tu madre- soltó Harry, furioso y agarrando de la cara hizo que le mirara. El chico lo hizo y el odio que vio en sus ojos, rompió el corazón del padre- te han mentido. Nunca te abandonamos, hemos venido a por ti ¿entiendes?
Jacob intentó soltarse del amarre de ese hombre pero no pudo hacerlo. Furioso se revolvió hasta que consiguió quitárselo de encima y le asestó un puñetazo.
-Jake- gritó Suzanne, angustiada.
Harry se limpió la sangre que escapaba de su labio y observó a su hijo que estaba convencido de la historia que le habían contado. Poniendo una mano en la espalda de Suzanne la atrajo a su cuerpo para consolarla.
-¿No se supone que soy un prisionero?- espetó, furioso ante la presencia de esas dos personas- entonces llevadme a una maldita celda.
-No- sollozó Suzanne y se giró a los reyes. Sus amigos los observaban con pesar- él no es un prisionero.
-Lo será hasta que sepamos cuáles son sus intenciones y si podemos confiar en él- le aseveró Remus y Suzanne supo que no podría hacerle cambiar de opinión- llevadles a unas celdas.
-Ella va conmigo- Jacob apretó con fuerza el cuerpo de Aya contra el suyo. Sabía que no estaba en situación para andar con exigencias pero no pensaba alejarse de ella.
Suzanne y Harry observaron por primera vez a la hermosa joven que iba junto a él. Vieron la dulzura, bondad y miedo que se escondían en sus ojos y Suzanne sonrió levemente entre lágrimas para luego mirar a su hijo.
Aún había esperanza. Su hijo estaba dispuesto a proteger a esa chica y un corazón oscuro jamás pensaría en nadie más que en sí mismo.
-Llevadlos a la misma celda- pidió el rey Remus y los cuatros soldados que los habían llevado hasta allí asintieron y obedecieron perdiéndose por otro de los túneles- sé que es vuestro hijo pero tenéis que comprendedme, no sabemos porque estaba en el bosque con esa chica y si sigue siendo leal al Lord.
Harry sabía que tenía razón pero era doloroso para él pensar que su hijo iba a ser llevado a una celda.
-Deberíamos matarle- gruñó Snape y todos le miraron- es peligroso, conoces muchas artes oscuras y podría acabar con este sitio en un abrir y cerrar de ojos.
-Le necesitáis- soltó Harry, furioso- os recuero que la profecía dice que él tiene un poder que decidirá esta guerra.
-Ellos tienen razón, Severus- le dijo Remus- además el chico aún no nos ha causado ningún problema.
-Sé que tenéis miedo de que este sitio caiga- les dijo Harry- pero él ha venido con los ojos tapados y no sabe cómo encontrarlo. Y si no lo queréis tener aquí, podría acompañarnos a buscar la espada.
-¿Pensáis que podrías seros útil en la misión?- preguntó Remus.
-Si es tan poderoso como decís es probable- asintió Harry- además, así podríamos intentar convencerle de que nunca deseamos abandonarle y por tanto conseguir que se ponga de nuestro lado.
-Tenéis que trabajar mucho para eso- le dijo el hombre y todos recordaron el golpe que Jacob le había dado a su padre y las palabras que les habían dirigido- pero probablemente sea una buena idea.
Suzanne miró a Harry y este la dio un beso en los labios y la abrazó, pero nada podría reconfortarles antes el desprecio y el odio que habían visto en los ojos de su hijo.
