Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece.
37/70
¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. En fin, acá estoy subiendo el capítulo 37, que espero les guste. Y como siempre quiero agradecerles por tomarse la molestia de leer mi humilde historia. ¡Gracias! Y más aún gracias a todos aquellos que me dejaron un review con su opinión, aprecio mucho su honestidad y sepan que no me molesta ni ofende en lo más mínimo. De hecho, para eso sirven los reviews, para que ustedes puedan hacerme saber lo que piensan, cómo perciben la historia, y yo pueda tomarlo en cuenta para mejorar. De eso se trata, al menos para mi, y espero que no dejen de hacerlo. Y se que a veces los capítulos dan la sensación de no avanzar demasiado, perdón si los encuentran cortos, no era mi intención. Simplemente intenté que cada capítulo, además de seguir una linealidad y el hilo de la historia, pudieran tener un cierre cada uno por sí mismo ya que son demasiados y temía que se cansaran o aburrieran. Además intenté, durante la primera parte más que nada, transmitir los idas y vueltas de la relación de ambos, y se que parece siempre que vuelve todo al mismo punto pero intenté con sutileza ir borrando los límites de la relación compleja que comparten, poco a poco, y quizá los avances son muy ligeros, o al menos esa es la impresión que da. No intento justifcarme, simplemente quería explicar el porque la hice de esta forma. Me gustaría seguir leyendo sus opiniones. Espero que los próximos capítulos les sean de su agrado, empezando por este. Y perdón por extenderme tanto. ¡Gracias a todos! ¡Nos vemos y besitos!
Grietas
XXXVII
"Hostilidad y hospitalidad"
Llegaron, sin contratiempo ni problema alguno, con la muerte del día. La tenue luz diurna siendo consumida lentamente por la oscuridad inmensa y eterna de la noche. El sol se había perdido rápidamente en el horizonte y con él la llegada de las primeras estrellas. El firmamento había abandonado paulatinamente su apacible color celeste dejando paso a un intenso púrpura, el cual en cuestión de instantes, de forma imperceptible, se convirtió en un impenetrable negro. Con la luna en lo más alto trazando alargadas sombras a su alrededor. A lo lejos, comenzaban a vislumbrar las primeras casas del pequeño poblado.
El lugar parecía apacible, no había señal de peligro alguno, de enemigo alguno al acecho. Las distintas casas repartidas irregularmente sobre el terreno estaban en silencio. Los pequeños jardines vacíos, así como también las calles. Sólo las luces en las ventanas aseguraban la presencia de gente en sus hogares. Resultaba demasiado sospechoso, tanta tranquilidad, tanto silencio. Cierto, ya era de noche y probablemente la mayoría de las personas hubiera preferido refugiarse en la seguridad de sus casa a vagar a solas por aquellas callejuelas de tierra desoladas, pero aún así, resultaba extraño. No era tan tarde aún, apenas si serían las 8. Ni siquiera era hora de la cena, entonces ¿dónde estaban todos?.
—¿Cómo sabremos cual es la casa? —preguntó Ino mirando a su alrededor, nadie. No había nadie cerca, ni un movimiento.
—No lo sé —admitió Shikamaru, examinando casa por casa en busca de alguna indicación, de alguna señal—. No debería ser difícil, el hombre que escribió el manuscrito era alguien popular aquí. Cualquiera en el pueblo debería conocer la dirección de su hija.
Chouji asintió —Pero no hay nadie a quien preguntar —dijo señalando lo obvio. El moreno dejó escapar un sonido de frustración.
—Eso parece, y podrían tomar mal nuestra llegada si golpeamos las puertas de sus casas a esta hora.
—¡Pero no tenemos opción! —exclamó Ino. El Nara, con un gesto de la mano, señaló al frente.
—Quizá si la tengamos... —Ino y Chouji siguieron la dirección en que su amigo señalaba. Allí, delante de ellos, había una casa algo más grande que el resto, con las luces de las ventanas encendidas y un cartel que leía alojamiento sobre la puerta.
El Akimichi sonrió —¡Preguntemos allí! —Shikamaru e Ino asintieron y los tres se encaminaron al interior de la pequeña posada. Siendo el moreno el primero en entrar.
Una vez dentro vislumbraron un rústico mostrador de madera junto a una escalera que llevaba a un segundo piso, detrás de éste se encontraba una anciana mujer sentada, con ambos codos sobre la mesa sosteniendo su rostro entre sus manos, dormida. Su aspecto algo decrépito y, sin embargo, detrás de sus arrugas aún podían verse las finas facciones que una vez pertenecieron a una mujer probablemente bella. Su suave respiración acompasada eventualmente dejaba escapar un leve ronquido que hizo a Ino reír suavemente.
—¿Crees que debamos despertarla? —preguntó Chouji observando con detenimiento la figura de la mujer descansar plácidamente sobre el mostrador. Shikamaru se encogió de hombros. Realmente no tenía deseos se hacerlo, pero no veía otra forma de solucionar su pequeño problema por lo que deberían interrumpir su apacible descanso.
Los tres se acercaron lentamente —¿Señora? —la mujer no respondió por lo que Shikamaru insistió una vez más subiendo levemente el tono de su voz—. ¿Señora?
Ino dio un golpecito contra la mesa esperando que la mujer reaccionara, pero no lo hizo —No creen que esté muerta ¿Verdad?
Shikamaru la miró como si hubiera dicho la estupidez más grande que pudiera habérsele ocurrido, y de hecho, lo hizo —Ino la gente muerta no ronca, de hecho no respira así que lo veo difícil que haya fallecido.
Chouji rió ante la aclaración de Shikamaru e Ino dirigió a ambos una mirada de fastidio. ¡¿Por qué debían actuar como completos idiotas?! ¡Solo porque ella fuera mujer no significaba que debieran tratarla como si fuera tonta! Aunque debía admitir que el comentario había sido bastante estúpido en sí, pero no lo diría en voz alta. No les daría la razón, nunca lo haría.
—Bueno, genio, entonces despiértala. No tenemos toda la noche —exclamó enfurruñada. Shikamaru se encogió de hombros.
—¡No se despierta! —la joven puso los ojos en blanco.
—Eso es porque lo estás haciendo mal —lo apartó de un empujón, ubicándose ella frente al escritorio—. Déjame a mi.
Inclinó su rostro hacia delante, con sigilo, examinando la expresión de la mujer. Debía estar soñando algo agradable pues en sus labios había una sonrisa y sus facciones parecían relajadas, odiaba tener que hacer aquello, pero algo debía hacerse. Tomó aire y golpeó fuertemente el escritorio con ambas manos, simultáneamente gritando a todo pulmón, con su voz más potente y chillona —¡¡Despierteeeeeeeee!!
Shikamaru y Chouji la miraron horrorizados, los métodos poco ortodoxos de Ino harían que los echaran del pueblo. Pero, para sorpresa de ambos, la mujer no dio un salto –como habitualmente cualquier persona normal hubiera hecho si hubiera sido despertada de esa forma- sino que simplemente parpadeó un par de veces antes de enfocar sus pequeños ojos azules en los de Ino. Al verla, inmediatamente se incorporó, entonces Shikamaru notó la tensión en los hombros de la mujer y la expresión de miedo en su rostro.
—¡Hola! —exclamó Ino con una sonrisa, la mujeres torció el gesto y se alejó de Ino como si fuera peligrosa. La muchacha la observó desconcertada y luego miró a Shikamaru en busca de alguna razón lógica para la actitud de la mujer. Él simplemente se encogió de hombros, tan desconcertado como su amiga por aquello.
—¿Quieren una habitación? —preguntó la mujer, dejando entrever cierto tono de hostilidad en sus palabras. Ino miró a Chouji en busca de ayuda pero éste no dijo nada, no se movió, continuó observando a la mujer confundido.
—No —contestó Shikamaru con un tono calmo y sereno—. Queríamos saber donde vive —sacó el papel y releyó el nombre— Chiyo Hanari, hija de Hayato Hanari.
La expresión de miedo de la mujer se acentuó aún más —¡Déjennos en paz!
Shikamaru enarcó una ceja ¿Eh? —No queremos molestarlos simplemente queríamos saber donde vive esta mujer.
—¡Dejen a esa pobre gente en paz! ¡Son gente honesta! —Shikamaru la observó aún más desconcertado ¡¿De qué demonios hablaba esa mujer?!
—No entiende, somos shinobi —intervino Ino y la mujer retrocedió un paso.
—¡Como todos los demás que atacaron! —los tres la miraron con incredulidad. Finalmente comprendiendo lo que la mujer insinuaba.
—Somos de Konoha —explicó entonces Shikamaru—. Ella misma nos contactó para que nos hiciéramos cargo del manuscrito.
La anciana los miró con desconfianza —¡¿Por qué debería creerles?
Ino, harta, dio un paso al frente. Su mirada revelaba claro fastidio —¡Estúpida mujer! Si hubiéramos venido a atacarlos no habríamos pasado por esta posada a preguntar ni a decir nuestras intenciones, hubiéramos atacado y listo.
La anciana pareció entender la lógica detrás de las palabras de Ino pues sus facciones se suavizaron y sus ojos pequeños, antes desbordantes de terror, parecían ahora casi amables. La rubia sonrió, satisfecha, viendo que sus palabras habían logrado su cometido. Shikamaru y Chouji simplemente la miraron con incredulidad, resultaba increíble ver como Ino siempre se salía con la suya. Aún en las situaciones más absurdas y extrañas. Ella siempre lograba lo que quería, a toda costa.
—¡Entonces ustedes son quienes vienen a llevarse el manuscrito! —exclamó la mujer haciendo una cortés reverencia. Shikamaru asintió.
—¿Podría decirnos donde la podemos encontrar? —preguntó Ino comenzando a impacientarse, aquella mujer estaba haciéndoles perder el tiempo y ellos no tenían tiempo que perder.
—¡Oh! Claro, al final de la calle. La pequeña casa de tejas azules... —los tres asintieron, mascullaron un "gracias" desganado y se marcharon, ansiosos de abandonar aquel lugar y la extraña viejecita fastidiosa que atendía allí.
Una vez afuera siguieron la indicación, resultó inmediatamente fácil identificar la casa. Sus tejas color azul claro eran las únicas en los alrededores y, afortunadamente para ellos, había luces encendidas que podían verse desde las ventanas. Lo que indicaba que probablemente la mujer se encontrara en casa, haciendo las cosas un poco más fáciles para ellos.
Llamaron a la puerta suavemente y esperaron, podían oír desde el interior sonidos, por lo que estaban seguros que alguien se encontraba allí. Por un momento temieron lo peor, que alguien hubiera atacado, pero toda preocupación se disipó al instante en que la puerta se abrió y del interior de la casa apareció una joven de pequeña contextura, no demasiado alta, con delicadas facciones femeninas, grandes ojos verdes y corto cabello caoba con las puntas despuntadas. Sonriendo. La muchacha no era nada de lo que habían esperado, habían imaginado alguien de más avanzada edad y menos bonita quizá.
—¿Si? —preguntó a los tres, su voz melodiosa acorde a su apariencia alegre. Ino, Chouji y Shikamaru intercambiaron miradas antes de explicar el motivo de su visita, del cual se encargó Shikamaru.
—Nos enviaron de Konoha... para buscar un manuscrito —la joven inmediatamente asintió, haciéndose a un lado y dejándolos pasar al interior de su morada, tranquilamente, como si los hubiera estado esperando. Quizá, probablemente, así fuera.
—Soy Chiyo —se presentó. Ino sonrió animadamente, extendiendo la mano a Chiyo, la cual tomó en la suya gustosa.
—Ino, y estos son Chouji y Shikamaru —Chiyo sonrió. Su expresión de alivio.
—Un gusto —replicó—. No saben lo feliz que estoy de que estén aquí. Desde que mi padre murió la aldea ha sido una pesadilla. Hemos sido atacados repetidas veces por personas que querían el fruto de la investigación de mi padre. Una y otra vez, debo admitir que hemos sido afortunados en salir con vida. Pero ya casi no confiamos en extraños, cualquier viajero resulta una probable amenaza y estamos siempre en guardia. No podemos vivir así...
Ino sonrió —Nos dimos cuenta de la desconfianza —la mujer se disculpó por ello, realmente arrepentida.
—¡Lo lamento! No es justo para muchos, ser tan poco hospitalarios. Solíamos ser una aldea apacible pero ya no.
Entonces la puerta sonó una vez más y la joven, disculpándose un instante, se acercó a abrirla. Un hombre de aspecto cansino y profundos ojos grises ingresó a la casa, suspirando y arrastrando los pies a causa del agotamiento. Sin embargo se detuvo en sus pasos al comprobar que no estaban solos, su cuerpo se envaró y su mirada vagó hacia la joven, la cual sonrió en respuesta.
—Cariño —dijo afectuosamente al hombre, Ino entonces notó la alianza en el dedo anular de la mano izquierda de ambos—, éstos son los shinobi de Konoha que vinieron por el manuscrito de mi padre.
La tensión en el cuerpo del hombre pareció desvanecerse y en sus labios delgados y tensos se dibujó una amable sonrisa. Extendió su mano a los tres —Un gusto, soy Kouta —los tres la estrecharon en un gesto cortes.
—¡Yo soy Ino! Y estos son Chouji y Shikamaru —el hombre inclinó la cabeza levemente, sujetando a su esposa por la cintura y pegándola contra su costado. Chiyo le sonrió felizmente, volviéndose inmediatamente a sus invitados.
—Kouta y yo queríamos intentar tener un bebé —confesó tímidamente, sus mejillas tiñéndose levemente de un suave color rosado— pero pensamos que es demasiado peligroso hacerlo en esta situación.
Ino asintió, sintiendo simpatía por la joven chica— No te preocupes. Nos llevaremos el manuscrito y puedes estar segura de que estará en buenas manos.
Chiyo asintió —Gracias. Es muy importante para mí, es lo último que dejó mi padre y sé que el querría que se le diera un buen uso. Pero, por favor, en agradecimiento, acepten mi hospitalidad. Pronto prepararé la cena, sería un honor que se quedaran. Deben estar cansados y pueden sentirse libres de usar nuestro baño para asearse. Además, tenemos un cuarto extra. Podrían pasar la noche aquí si lo quisieran.
La sonrisa de Ino se extendió de lado a lado de su rostro y antes de que Shikamaru pudiera declinar la invitación, Ino aceptó feliz y gustosa. Emocionada de poder darse un baño caliente y dormir en una cómoda cama, en lugar de una horrible bolsa de dormir —¡Claro, sería un placer!
Shikamaru le dedicó una mirada de reproche pero la rubia la ignoró deliberadamente, volviendo inmediatamente sus ojos azules a Chiyo quien sonrió amablemente a los tres.
—Entonces empezaré a preparar la comida, pueden darse un baño antes o después de cenar, como gusten. El baño queda al final del pequeño pasillo y la puerta a la izquierda es la habitación de huéspedes. Pasen y dejen sus cosas.
Chouji sonrió realmente agradecido —¡Muchas gracias!
Los tres recogieron sus mochilas del suelo y se encaminaron por el pequeño pasillo indicado hasta la última habitación cuya puerta se encontraba a la izquierda, como Chiyo había indicado, al lado de la puerta que probablemente diera al baño. Abrieron lentamente la puerta, la cual crujió suavemente, y entraron. El interior era pequeño, reducido. Al lado de la entrada había un ropero y en la pared opuesta a la entrada había un ventana, no muy grande ni muy chiquita y contra esta misma pared una cama de una plaza. Paralela a esta se encontraba otra cama, del mismo tamaño lo suficientemente alejada de la primera como para que cupiera una cama más en medio de ambas. Y allí se encontraba, en medio, un colchón contra el piso. Arreglado con una vieja almohada, algunas mantas y frazadas. Y el mismo edredón desgastado de las dos camas.
Ino, rápidamente, corrió a la cama junto a la ventana depositando sus cosas sobre esta, clamándola como suya —¡Aquí dormiré yo! —canturreo. Shikamaru y Chouji negaron con la cabeza. Su amiga podía ser realmente infantil.
—Tú toma la cama, amigo —ofreció Shikamaru.
—No, no. Tómala tú —replicó Chouji pero el moreno ya se había ubicado sobre el viejo colchón—. Gracias—dijo entonces.
Shikamaru se encogió de hombros —No hay problema.
Ino se incorporó de un salto —¡Iré a darme un baño!
Shikamaru se dejó caer de espaldas contra el colchón, dando a entender sin necesidad de pronunciar palabra alguna, que él descansaría allí, hasta que la cena estuviera lista. Posiblemente se bañara después de que Ino terminara. Si es que acaso terminaba antes de la cena.
—Yo iré a ver si Chiyo necesita ayuda con la cena —anunció Chouji atravesando la puerta de camino a la cocina. Ino desapareció detrás de él, dejando a Shikamaru nuevamente solo. Y rendido al cansancio. Sus ojos se cerraron pesadamente, su respiración comenzó a acompasarse y todos los músculos de su cuerpo se distendieron. El silencio era absoluto, tanto que hasta podía oír el débil repiqueteo del latido de su propio corazón. La soledad de la habitación le traía paz, tranquilidad. Le daba un instante de reflexión, uno que realmente necesitaba.
Chouji e Ino eran personas muy diferentes, además de las diferencias obvias. Su amigo era alguien simple, parecido a él, con una lógica racional. Despreocupado, honesto, casi transparente. Sencillo y estar en compañía de él resultaba refrescante pues Chouji no tenía esa compulsión que tenía Ino de llenar todos los silencios. Con él no necesitaba forzarse a entablar una conversación, no necesitaba mantener una apariencia. Ellos, a su manera, se entendían. En cambio Ino era radicalmente diferente en ese aspecto. Ino no era transparente, sólo en algunas ocasiones y la mayoría de ellas triviales, no era sencilla. Su lógica no tenía lógica alguna. Era absurda, irracional, demasiado emocional a veces, demasiado impulsiva. No soportaba el silencio, odiaba el mutismo. Ella necesitaba quebrarlo, en todo momento, ya fuese hablando de cosas sin sentido o de cosas realmente importantes para ella. Era del tipo de persona que inunda de su presencia cada lugar que pisa, como si con cada paso derramara su esencia a su alrededor. Afectando, de forma negativa o positiva, al mismo tiempo, a todos aquellos que estuvieran próximos a ella. Imposible de ser ignorada, Ino se aseguraba de serlo. Pero esa cualidad resultaba también agobiante, la joven rubia era como una gran ola implacable que arrasaba por encima de todos. Sin piedad, sin vergüenza. Y eso era justamente lo sofocante de su persona. Eso era justamente lo que lo asfixiaba de Ino, y ella lo empujaba al límite. A cada momento, para dejarlo pendiendo del filo sin permitirle caer de un lado o del otro de la línea.
Entonces la puerta se abrió, lentamente, el suave crujido acompañando el movimiento de la puerta. Unos pasos desnudos ingresaron a la habitación seguidos de un suave y constante –casi imperceptible- tamborileo. Shikamaru abrió los ojos y la imagen que encontró acabó de barrer con toda su paciencia y cordura. Ino permanecía allí, en la misma habitación que él, sólo cubierta por una pequeña toalla. La cual apenas llegaba a su pecho y cubría hasta debajo de su cola, dejando entrever la delgada y esbelta figura de la joven, el contorno de sus pechos apenas cubiertos y la carnosa forma de sus muslos. Su pálida piel tersa salpicada de pequeñas gotas cristalinas, las cuales reflejaban la luz y corrían pícaramente a su antojo por su curvilíneo cuerpo adhiriendo su larga cabellera rubia –empapada- a la silueta de su espalda.
Miró el suelo, en un intento de apartar su mirada de ella, siguiendo el camino de gotas de agua contra la madera pero una vez más sus ojos terminaron en ella. En sus delicados tobillos y pequeños pies. Suspiró, sabía que Ino lo hacía adrede. Sabía que intentaba ver su reacción y sabía también que lo hacía sólo por él. Lo cual en cierta forma algo retorcida, en su opinión, le provocaba satisfacción. Lo cual era totalmente indebido. Y lo sabía, pero no podía evitarlo porque ella seguía empujándolo. Una y otra vez lo presionaba, lo ponía a prueba. Ponía a prueba su relación, su amistad. Él no debía verla de esa forma, esa era la cuestión central. ¿Cuál sería el inconveniente de pasearse de aquella forma enfrente de un amigo en todo caso? ¿Si la toalla que vestía no resultaba más reveladora que el atuendo que habitualmente usaba? En teoría, ninguno. Porque, efectivamente, se trataba de un amigo. Y un amigo jamás debería sentirse atraído por ella. Chouji no lo hacía... entonces ¿por qué debía él? En todo caso, lo hacía. Y no podía evitarlo. Y odiaba la impotencia que eso aparejaba.
