Mención de otros personajes de Disney a lo largo del fic. Modern AU. Helsa.

Disclaimer: Lastimosamente nada de esto es mío, solo mi cada vez más alocada imaginación.


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37

Franqueando la distancia


De alguna manera u otra, el tiempo había conseguido pasar en París más rápido de lo que Elsa se imaginó. Los días en casa de sus abuelos se volvieron más tolerables y aunque el recuerdo de sus vivencias en Oslo y sobretodo con su hermanastro, continuaba persiguiéndola como una sombra que insistía en hacerla sentir incompleta; descubría con gran alivio que cada día era más sencillo adaptarse a su nueva vida.

Logró terminar el semestre con más esfuerzo del que se había imaginado, al hacerlo en un idioma al que también comenzaba a adaptarse. Los estudiantes tuvieron una preciosa ceremonia de graduación en la que sobresalió por ser "la chica extranjera". Y aunque todas las miradas estuvieron puestas en ella, igual las arregló para recoger su diploma.

Aquello la hizo sentirse terriblemente orgullosa y triste al mismo tiempo, pues siempre se imaginó viviendo ese momento especial al lado de sus amigos. Pero le tocaba descubrir que las cosas siempre acababan tomando rumbos inesperados.

Sus amigos la felicitaron por Skype y le mostraron sus respectivos diplomas y las fotografías de su propia ceremonia, que traicioneramente le sacaron unas cuantas lágrimas.

Cuanto los echaba de menos a todos.

Incluso Hans se permitió hacerle una videollamada para felicitarla personalmente, haciendo que su corazón latiera desbocado. Las cosas estaban cada vez más tensas entre ellos, tan distantes que lentamente perdía las esperanzas. En el fondo, no se atrevía a decirle que seguía amándolo de la misma manera que antes que irse. Pero trataba de resistir, creyendo que un buen día se olvidaría.

Era realmente una suerte que las cosas con Adam se hubieran suavizado considerablemente. En un inicio, los medios hermanos comenzaron tolerándose tratándose con cordialidad, para regocijo de sus abuelos. Luego, sin que pudiera darse cuenta, se encontró compartiendo con él más cosas de las que imaginaba que tenían en común. El joven a veces se acercaba a ella interesado por las cosas que hacía, como los libros que leía y los platillos que a veces se ponía a cocinar, (había adquirido la costumbre desde que Hans le enseñara a preparar tantas cosas, aunque todavía tenía mucho por mejorar).

Sus abuelos tenían razón, su hermano no era tan malo una vez que se le trataba bien. Tenía un genio difícil y un humor irónico que a veces podía herir susceptibilidades, pero fuera de eso, tenía que admitir que Adam era buena persona.

Hasta se ofrecía a ayudarla con sus deberes en algunas ocasiones, cuando Bella no podía acudir a casa para asistirla.

Juntos hablaron un poco de sus respectivas infancias y él accedió a comentarle ciertas cosas sobre su padre cuando mostraba curiosidad. Era obvio que le resultaba difícil hablar de un hombre a quien no había tenido mucho en estima.

Inesperadamente terminaron siendo amigos, sino los mejores, al menos dos que podían conversar amenamente y sin discutir tan a menudo.

Era un día resplandeciente cuando decidieron ir a ver una película con Chip. La rubia había podido darse cuenta de lo mucho que el muchacho parecía querer al niño; incluso parecía que tenía más facilidad para relacionarse con él que con el resto de las personas. Todos habían paseado por las calles al salir de la función y Adam le había comprado al pequeño un helado de su sabor favorito antes de volver a nuevo a casa.

Ahora estaban sentados en los elegantes muebles del jardín, mientras el chiquillo corría por los alrededores jugando con su nuevo balón, regalo también de parte de su "hermano mayor".

—Míralo, juro que ni yo tenía tanta energía cuando tenía su edad—dijo Adam mientras lo observaban patear la pelota con fuerza una y otra vez—. Se acerca su cumpleaños, ¿sabes? ¿Tienes idea de algo que le pueda obsequiar? He estado rompiendo la cabeza con eso.

—No tengo la menor idea, la verdad es que ya le has dado muchas cosas—Elsa tomó un sorbo del té helado que estaba bebiendo—, es difícil tratar de pensar en algo que no tenga.

—¿Y qué dices de un paseo? Podemos ir al campo—sugirió él—, en serio quiero que sea un día especial para él. Se lo merece con todo lo que se ha esforzado en sus clases.

—Adam de Forestier preocupándose por alguien que no es él mismo. Definitivamente el fin de los tiempos está cerca—con la cara oculta detrás del libro que estaba leyendo, Bella habló con socarronería.

No había despegado sus ojos de ese tomo desde que se habían sentado a tomar el sol. Adam extendió una mano y tiró el libro de un brusco manotazo al suelo, haciendo que los ojos avellanas de la castaña lo fulminaran con enfado.

Elsa trató de reprimir una risa. Definitivamente esos dos eran un desastre ocultando sus sentimientos.

—Quizá podamos ir a Bretaña y dar un paseo en yate. Invitaremos también a la señora Potts para ir en familia.

—Sí, eso suena lindo. También a mí me gustaría ir allá, he escuchado que las playas son preciosas—dijo Elsa.

—Si estás pensando en asolearte no son lo ideal, la costa de Bretaña es muy fría—intervino Bella tras recoger su libro y sacudir el polvo de la portada—, no es la típica playa soleada que le encanta a todo el mundo.

—Bueno, ir de excursión a un lugar por más frío que esté definitivamente es mucho mejor que quedarse con la nariz pegada a un libro—añadió Adam con obvias intenciones de molestar, logrando que la muchacha se volviera a él con una ceja arqueada.

—¿Estás queriendo decirme algo?—preguntó cortantemente—Por que las indirectas no van conmigo y hasta donde yo sé, ni siquiera con alguien como tú.

—No es ninguna indirecta, es la verdad—Adam le devolvió una mirada desafiante—, ¿sabes qué te haría malditamente bien? Despegar tu cara de esos libros que cargas a todas partes y mirar lo que hay a tu alrededor para variar, ¿sabes lo raro qué es encontrarte leyendo en todas partes? Llevas la expresión "ratón de biblioteca" a un nuevo nivel.

—Oh, pues disculpa por querer enriquecer mi mente con un libro de más de cien páginas y sin dibujos para niños, como seguramente deben ser los que tú lees.

—¿Qué? ¡Claro que no!

—Oh claro, se me olvidaba que incluso eso es demasiado para ti—Bella rodó los ojos—, y perdona, pero no estaría todo el tiempo pegada a mis libros si algo de lo que me rodeara fuera mínimamente interesante. Prefiero por mucho esto—sacudió su ejemplar en una mano—, que mirar como buscas excusas con las que desatar tu mal genio, para variar.

—Para ser así te veo muy a gusto aquí—Adam se cruzó de brazos y levantó una ceja.

—Eso es porque alguien tiene que acompañar a Elsa y aprovechar esa enorme biblioteca que tú no usas.

—¿Quién dice que no la uso? ¡Por supuesto que sí!

—¿Sí? La computadora tal vez.

Elsa pasó su vista de uno a otro con curiosidad. Era frustrante y fascinante al mismo tiempo ver sus enfrentamientos; ahora entendía porque el morbo de Eugene en casa por grabarlos a ella y a Hans.

—¿Y por qué todo para ti tiene que basarse en cuanto lee una persona o no? Hay otras cosas importantes, ¿sabes?

—¿Cómo cuáles?

—Como la manera en que luces por ejemplo. ¿Alguna vez has pensado en quitarte esas gafas? Pareces uno de esos jodidos hipsters.

—Ay por favor, eso es tan superficial—se quejó Bella.

—No te hagas la intelectual conmigo. Sabes que tengo razón, ¿de cuándo a acá te haría daño arreglarte un poco? No te sentaría mal usar un vestido de vez en cuando, ¿te enteras?

—¡Agh, qué cretino!—Bella se levantó de su asiento haciendo un mohín de disgusto—¿No te cansas de ser tan bestia?

—Otra vez esa palabra de mierda, ¡¿qué te dije de llamarme así?!

—Es lo que eres, un bestia—la morena alzó la nariz con gesto altivo—. Me voy a casa. Nos vemos mañana, Elsa. Vengo como a las doce.

—Anda, márchate. Quizá llegues temprano para acabar otro libro aburrido—se mofó Adam—. Tu vida es tan fascinante.

—¡Bestia!—Bella le lanzó otra mirada desdeñosa y cruzó muy dignamente el jardín, solo deteniéndose a despedirse de Chip para luego tomar su bicicleta, colocar su lectura en la cesta y marcharse pedaleando sin mirar atrás.

Elsa se volvió a su hermano arqueando una ceja.

—¿Qué fue todo eso?

—¿Qué?—Adam se hizo el desentendido y tomó un sorbo de su propio vaso de té.

—Oye, en serio tienes que mejorar tu modo de hablarle a Bella—le advirtió la platinada—, si sigues así nunca conseguirás gustarle.

—¿Y por qué querría hacer eso?—inquirió él sarcásticamente, sonriendo de lado cuando Chip le hizo de lejos una señal para indicarle el truco que hacía con su balón.

—No te hagas el tonto, ya te dije que sé muy bien que te gusta pero no estás yendo por buen camino. Alguien tiene que enseñarte como tratar a las mujeres.

—Tonterías.

—¿Has pensado en pedirle una cita?

—¿Una cita? ¿Bromeas? Me rechazaría de inmediato, con lo especial que se pone—Adam rodó los ojos y se bebió el resto de su té de un trago—. No es que me interese, claro. Pero sé que así sería.

—En serio no sabes nada—Elsa suspiró y negó con la cabeza—. Ella en serio es tan necia como tú. Si pudieran entenderse bien estoy segura de que lo pasarían increíble.

—Por favor, esas son estupideces.

—Nada de eso. Alguien tiene que poner orden entre ustedes dos—dijo Elsa con decisión—. Por eso te voy a ayudar a pasar un día entero con ella. Solo ambos. Sin pelear.

—¡¿Qué?! ¡Estás loca!—Adam frunció el ceño—¡¿Cómo se te ocurre?!

—Vamos, no sería tan malo y lo sabes bien. Me encantaría ver como ustedes pueden sostener una conversación completa sin insultarse para variar—repuso ella—. Además, Bella no sería tan cruel como para rechazarte, querrá darte una oportunidad.

—¿Y qué tal si algo sale mal y termina arrojándome uno de esos pesados libros que lee a la cabeza? Una vez lo hizo—espetó el joven sombríamente.

—Confía en mí. Es tiempo de que hagas las cosas bien con Bella—la chica le palmeó un brazo—. Considéralo un favor entre hermanos.

—¿Qué demonios? No vas a dejarme opción, ¿o sí?—refunfuñó él.

La platinada sonrió de lado. Esos dos se entenderían de una vez por todas, tuviera que hacer lo que tuviera que hacer.


El resplandor proveniente de la pantalla mostrando una película en blanco y negro, era lo único que llenaba la confortable estancia. Sentado en el centro del sofá, Eugene miró con fascinación el filme que ya estaba llegando a su fin y se metió en la boca otro puñado de palomitas del tazón que sostenía en sus rodillas.

—Mira eso viejo, no hay nada más increíble que Casablanca*, hay algo en esta película que te hace estremecer por dentro, ya te digo—murmuró, sin despegar sus ojos de la pantalla—. Esto es puro arte visual.

—Eso es gay—Hans lo miró con fastidio a su lado y recibió un violento codazo de parte del castaño.

—¡No sabes apreciar nada! Hice este maratón de películas solo para levantarte el ánimo y así me lo agradeces. Pues te diré algo, eres un culo ignorante, eso es lo que eres.

El colorado bufó. Ciertamente una ridícula maratón de películas viejas no era la mejor opción para levantarle el ánimo. Últimamente nada lo era. Lo único capaz de hacerle sonreír a ratos eran los pequeños mensajes que Elsa le mandaba o los breves momentos que compartían online, preguntándose cosas tan rutinarias como que tal les había ido en las clases o lo que pensaban hacer el fin de semana.

La rubia poco a poco estaba rehaciendo una vida feliz. Sin él. Debería sentirse feliz por eso pero lo cierto era que tal cosa solo lo hacía sentirse como una mierda.

Echado en la alfombra, Maximus gruñó en dirección a Eugene y le mostró los dientes cuando hizo ademán de pararse por el control remoto apenas la película empezó a mostrar los créditos.

—Oye, controla a tu pulgoso—se quejó el moreno—, no entiendo que pasa con ese animal. ¡Todos me aman! Marshmallow me ama y ni siquiera la rana de Punzie es tan idiota. Algo anda mal con ese perro—sus ojos pardos se posaron en el pelirrojo, que no daba señales de haberlo oído. En cambio, solo miraba hacia la alfombra con gesto sombrío—. Eh vamos, vamos viejo, quita esa cara. En serio estás deprimiéndome. Maldición, Punzie necesito ayuda aquí. Punz—extendió una mano para mover por el hombro a la muchacha, que yacía durmiendo a su otro lado.

Tenía un brazo apoyado sobre el posabrazos del sofá y su cabeza encima de manera desfachatada. Marshmallow se encontraba acurrucado en su regazo y de vez en cuando le echaba miradas recelosas a Maximus, despatarrado en la alfombra.

Eugene movió el hombro de la chica con más fuerza y esta se levantó sobresaltada.

—¡No, tía Gothel! ¡Deja mi cabello en paz!—chilló moviendo los brazos, como si tratara de ahuyentar a alguien.

—¡Woah, mujer! ¡Controla esas manos! ¿Pues qué es lo que estabas soñando, florecita?

Rapunzel se frotó los ojos y luego hizo un gesto de espanto.

—Awww ¡fue tan horrible! Había una torre como de quinientos metros, ¡y tú estabas allí! ¡Y Pascal estaba allí! Y yo estaba allí pero mi cabello tenía como un kilómetro de largo, súper extraño. Y la tía Gothel era tan pero tan vieja, ¡uuuugh!—se estremeció como si un escalofrío le hubiera recorrido la espalda—No debí fumar esa cosa…

Eugene carraspeó y señaló con los ojos al cobrizo, que seguía enfurruñado en su asiento sin prestar atención a lo que hablaban.

—Oh—Rapunzel pareció comprender lo que trataba de decirle y se levantó rápidamente, haciendo que Marshmallow saltara de sus rodillas y se fuera a meter debajo del sofá, siempre con sus ojos amarillos puestos inquisitivamente en el perro, que no parecía tener mucho interés en el minino—. ¡Hey, Hans! ¿Qué pasa? Ya sé, te aburriste con esas películas sin color que nos puso Flynn, je je je. Yo también.

—Discúlpame, pero estas películas son joyas del cine y son muy entretenidas—se defendió el aludido frunciendo el entrecejo.

—Ay Flynn, tus películas son lo que en el Patito Modosito llamamos, ¿cuál es la palabra que busco?… Ah sí, gay. Son muy pero que muy gay. Eso—afirmó la trigueña con un asentimiento de cabeza y una sonrisita satisfecha.

—¡Ustedes son gay!—refunfuñó el joven, levantándose a parar el DVD y encendiendo las luces mientras murmuraba por lo bajo algo acerca de la gente que no apreciaba el verdadero cine.

—¡Anímate, Hans! Podemos ir a mi casa a pintar con los dedos—el colorado le dirigió una mirada de fastidio—, hey, quita esa cara muchachote. Esto te hará sentir mejor—Rapunzel rodeo su cuello con los brazos y lo atrajo hacia ella, enterrándole la cara en su estómago mientras le frotaba el pelo como si fuera un perro o algo por el estilo—, ya, ya, todo está bien. Eres un buen chico.

—Quítateme de encima o te voy a hacer tragar todos tus pinceles, jodida comeflores—amenazó Hans por lo bajo, tensando todos sus músculos.

—¡Ay! Que energía tan negativa tienes el día de hoy—la castaña lo soltó intempestivamente—, en serio Hans, ya no te reconozco. ¿Cuándo cambiaste tanto? Antes eras tan alegre y gentil y caballeroso. ¿Dónde quedó ese chico amable y encantador al que le gustaba bromear con todo el mundo?

—No existe, igual que tu inteligencia—le espetó Hans—. Apestas a hierba, como este idiota—volteó a ver al moreno que recogía sus DVD's y los vasos medio llenos de soda que reposaban en la mesita frente al sofá.

Rapunzel frunció el ceño y tiró de su camiseta hacia adelante, para hundir la nariz en el interior y olfatear.

—Demonios, es cierto.

—Maldición, parece que alguien se despertó con su período el día de hoy—bromeó Eugene sonriendo torcidamente—. ¿Qué pasa, Hansy? ¿Necesitas un calmante para los dolores menstruales?

—Si quieres te puedo traer la caja de tampones que guardo en el baño—añadió Rapunzel.

Los dos rieron socarronamente, obteniendo a cambio una mirada fulminante.

—¿Por qué no se largan a drogar por ahí de una vez y me dejan tranquilo? Malditos hippies de mierda.

—Sip, definitivamente esta en sus días—replicó Eugene ensanchando su sonrisa irónica—. Esto va a ameritar algo más que una caja de tampones de máxima absorción, florcita.

—Algo debe haber que podamos hacer por él, no podemos dejarlo así. Míralo, está amargado y todo resentido, como la tía Gothel cuando el cirujano plástico le dice que ya no puede estirarle más la piel porque esa zona ha sufrido demasiadas intervenciones—dijo Rapunzel inocentemente—. Pobre tía Gothel.

—¿Y qué se supone que vamos a hacer? Míralo nada más—Eugene le dio una ligera patada a la pierna del cobrizo y Maximus le volvió a gruñir—, está deprimido.

—¿Qué podemos hacer? ¿Qué podemos hacer?—Rapunzel se llevó la mano a la barbilla y se puso a dar pequeñas vueltas por la habitación como si estuviera pensando—¡Ya sé! ¡Hay que llevarlo a París! Un encuentro romántico es todo lo que necesita y si Elsa está allá, ¡podemos reunirlos como las parejas de tus películas gay!

Hans la miró ceñudo.

—Punzie, París está a miles de kilómetros de aquí—Eugene la miró con una ceja arqueada.

—Ajá.

—Los boletos de avión cuestan una fortuna.

—¿Ah sí?

—Puede que para ti no sea mucho, pero yo no estoy seguro de que mi tío nos vaya a dejar gastar así como así. Además—Eugene extendió una de sus manos para empezar a enumerar con el índice de la otra mano—, hay que encontrar donde hospedarnos, documentar equipaje, reservar el vuelo… ¡son un montón de cosas!

—Ay Flynn, ¡eso no es ningún problema! Uno de los amigos de papá tiene su propio avión privado y lo sabe volar muy bien. Le pedimos que nos lleve de viaje relámpago, vamos y regresamos en un día. Y si no, nos quedamos en el departamento que mamá tiene en el centro de París, ¡y listo!—propuso Rapunzel entusiastamente.

—Claro, ¿cómo no pensé en eso?... Que tonto soy, je je—Eugene sonrió de manera forzada.

Para la chica todo era siempre tan sencillo, la vida de los ricos.

—¡Pues ya está! Hoy mismo hablo con mi papá para que arregle todo y también…

—No—Hans la interrumpió y se incorporó en su asiento para sentarse derecho—. No quiero que hagas nada de eso.

La pareja lo miró con sorpresa.

—¿No quieres reunirte con Elsa?—Rapunzel adquirió un semblante confuso—Oh vamos, Hans. Ustedes necesitan verse, estoy segura de que ella te extraña tanto como tú, ¡le encantará que vayas!

—Yo no estoy tan seguro de eso. Ella está bien sin mí.

—Oh vamos viejo, eso no es verdad.

—Es la verdad, no tienen ni idea de lo mal que la traté antes de que se fuera. No se merece estar con alguien como yo—el bermejo se levantó de su lugar—. No quiero ir a buscarla, ella ya está haciendo su vida en otro lugar y no debo interferir con eso.

—Ay Hans, no seas dramático, ¡todos sabemos que ustedes son el uno para el otro!

—Sí viejo, ya calma tus ovarios. No es tan mala la idea de Punzie, digo, si eso va a lograr que dejes de andar arrastrándote por ahí…

—Háganme un favor y déjenme tranquilo—dijo él pasando en medio de los dos y siendo seguido de inmediato por su perro, que lo miraba de manera decaída con sus grandes ojos oscuros—, no quiero escuchar nada más del asunto.

Antes de que ninguno de los dos pudiera replicar, Hans se encerró en su habitación con un golpe seco de la puerta. Los castaños se miraron entre sí con preocupación y Eugene dejó escapar un suspiro.

—Este hombre es más terco que una mula.


—Esto es completamente ridículo—se quejó Adam mientras su hermana le acomodaba el cuello de la camisa que le había escogido, una prenda de color cobalto que realmente resaltaba sus ojos—, ¿estás segura de lo que estás haciendo?—insistió, moviéndose con incomodidad.

—Por supuesto que sí, deja de quejarte—Elsa terminó de acomodarle la camisa y luego movió su cabello dorado, recogido como siempre en su usual cola de caballo—. ¿Nunca has pensado en cortarte el pelo? Te verías interesante con un estilo diferente…

—Me gusta mi cabello como está—farfulló el rubio mirándose en el espejo—. Vas a estar cerca, ¿no? Porque si hago o digo algo estúpido, juro que voy a necesitar ayuda. Esa mujer es terrible.

—Oye, eso no pasará. Pero sí, voy a seguirlos de cerca solo por si las dudas—dijo ella—. Vamos, quita esa cara, parece que te estoy enviando al matadero y no a una cita. Trata de mostrarme una sonrisa—a regañadientes, el joven sonrió esbozando una mueca sonrisa—, bien, quizá no debas sonreír tanto. Solo sé gentil, escucha todo lo que te diga y no la insultes. Ustedes jamás dejan de pelear y eso tiene que cambiar.

Adam suspiró, todavía sin poder creer como se había metido en aquello. De alguna manera milagrosa, Elsa se las había arreglado para conseguir esa estúpida cita y ahora, Bella lo estaría esperando cerca de la Torre Eiffel para dar una vuelta.

Lo peor de todo era que aunque no lo admitiera, estaba emocionado. ¡Estaba emocionado por pasar el día al lado de esa come libros!

Cada vez le costaba más entenderse a si mismo.

Se dirigieron al lugar acordado llegando con quince minutos de anticipación y tras darle unos últimos consejos, Elsa se retiró para ocultarse en las inmediaciones de aquel sitio repleto de turistas.

Si hubiera comprendido lo divertido que era hacer de celestina antes, habría comprendido mejor a Anna y Rapunzel cada vez que hacían sus locuras.

Mientras observaba a su hermano a lo lejos, aprovechó para tomar unas cuantas fotos y subirlas a Instagram, no tardando en ser comentadas por la hiperactiva pelirroja que a diario checaba sus imágenes en la red social.

¡Tarde cerca de la Torre Eiffel! Qué envidia te tengo, ¿cuándo vienes por mí para invitarme? #ILoveParis, fue el comentario que podía leerse de ella.

Elsa rió por lo bajo y luego compartió la misma foto por Whatsapp. La respuesta que buscaba no tardó en llegar, haciendo latir a su corazón como un desquiciado.

[ Hans Westergaard: Tú en la Torre Eiffel y yo encerrado en casa con este maldito ensayo. No sabes lo que te espera en la Universidad. Pásala bien, copo de nieve. Recibido: 12:41 ]

Elsa sonrió con tristeza. Hacía tanto tiempo que no la llamaba de esa manera. Lo que daría por que él estuviera a su lado de nuevo para escucharlo hablar de tonterías y que la hiciera reír.

Negó con la cabeza y guardó el teléfono. Ya se veía a Bella llegar a lo lejos.

Adam abrió levemente los ojos al verla, sorprendido gratamente. La castaña estaba más bonita que nunca ese día. Llevaba puesto un sencillo vestido rosa con zapatos planos que dejaba ver las estilizadas piernas que poseía y en lugar de arreglarse el cabello en la cola de caballo que usaba siempre, había optado por recoger la parte delantera, dejando que la mayoría cayera por sus hombros.

Bonjour—saludó ella tan de buen humor como siempre, incluso para tratarse de él—. Cierra la boca, ya sé que me veo distinta pero no es para tanto—bromeó, aunque sin poder evitar ruborizarse por su reacción.

Se había esmerado en su arreglo personal ese día y se alegraba de ver que al menos estaba surtiendo efecto.

—Yo… eh… —Adam balbuceó torpemente y luego recompuso su expresión carraspeando—. Te ves bien—dijo escuetamente.

—¿Te lo parece? Hace tiempo que no me ponía un vestido—dijo la muchacha alisando la falda de su prenda con una mano—, pero en fin, decidí tratar, ya que "no me sentaría mal usarlo de vez en cuando", ¿no?—añadió con un retintín irónico.

—Y tenía razón, ¿o no?

Bella se encogió de hombros y se acomodó su bolso al hombro.

—Admito que no es tan terrible, no quisiera empezar el día discutiendo, así que dejémoslo así—dijo conciliadoramente—. Entonces, ¿cuál es el plan, Su Alteza? ¿Subiremos hasta la cima de la torre?

—¿Es en serio? He subido esa cosa como diez veces ya—Adam miró la construcción con una ceja alzada.

La Torre Eiffel no dejaba de ser hermosa, pero cuando uno había vivido en París toda su vida, recorrer el interior dejaba de ser tan emocionante.

—¿Entonces?

—Entonces, vamos a almorzar. Conozco un lugar cerca de aquí donde venden los mejores emparedados del mundo. Al estilo americano. Te gustarán.

—¿Emparedados? Y yo que creí que me harías entrar a un algún restaurante súper fino a comer caracoles o algo así—la joven rió por lo bajo.

—¿Lo dices de verdad? ¿Qué tan snob crees que soy?

—Tanto como tú crees que yo soy un ratón de biblioteca.

Touché. Dejémoslo así, ¿quieres? Quisiera tener al menos el estómago lleno si vamos a hacer lo de siempre.

—Muy bien—inesperadamente, Bella enredó su brazo con el suyo y le dirigió una sonrisa—, vamos por esos emparedados.

A unos cuantos metros de distancia, Elsa contempló anonadada como se alejaban tomados del brazo y se apresuró a seguirlos, luego de que Adam hubiera mirado brevemente atrás para asegurarse de que seguía cerca. Ya decía que había demasiado magnetismo entre esos dos como para no hacer el intento de juntarlos.

Discretamente, los siguió a través de unas cuantas calles hasta que llegaron a un pequeño establecimiento de comida rápida, dentro del cual se sentaron junto a la ventana.

La albina ocupó una mesa en la terraza del café de enfrente, pidió un cortado y un aperitivo pequeño, fingiendo que leía una revista cuando en realidad no despegaba los ojos de la pareja. Se sentía como en una película de detectives.

Era fascinante la serie de reacciones que ambos tenían. Por sus gestos sabía que estaban discutiendo (tal parecía que no tenían remedio), pero también reían, conversaban tranquilos y en una ocasión, incluso vio como Adam estiraba una de sus manos para acomodarle a la muchacha un mechón de pelo castaño tras la oreja.

Los dos se veían con timidez y a cada segundo que pasaba, parecían estar más cómodos con la presencia del otro.

Después de almorzar, se dirigieron hacia el barrio de Montmartre al que llegaron abordando el funicular, con Elsa sentada unos cuantos asientos atrás y esforzándose por permanecer de incógnito. Por suerte parecían estar demasiado pendientes el uno del otro como para Bella sospechara nada.

Había una exposición callejera en la Place du Tertre que se entretuvieron viendo y en algún momento, la platinada se percató de como se tomaban de la mano con toda naturalidad, sin soltarse cuando comenzaron a recorrer las calles empedradas del vecindario, siempre charlando y dedicándose sonrisas. Su última parada fue en una librería que a Bella le encantaba y en donde no dudó en tomar tres o cuatro libros que de inmediato llamaron su atención.

—Déjame pagar eso por ti—Adam agarró los tomos que había elegido y llevándolos a cobrar con el dependiente—. Vas a tener unas semanas muy entretenidas, ¿eh?

—No tienes que hacerlo, traje dinero suficiente—ella trató de disuadirlo yendo tras él.

—Nada, yo te invité y voy a pagar todo. Quiero hacerlo—aclaró él sacando unos cuantos euros de la cartera—, dame el gusto. No todos los días tengo la oportunidad de hacer esto por una chica linda.

—Vale, pero la próxima vez invito yo—repuso la trigueña, tratando de obviar lo roja que se había puesto por su halago.

—¿De verdad quieres que haya una próxima vez?

—¿Y por qué no? Ya nos dimos cuenta de que después de todo, podemos mantener una buena conversación sin discutir… tanto—Bella tomó los libros que el encargado del mostrador le tendió en una bolsa y salieron de la librería—. Supongo que podemos decir que después de todo somos buenos amigos.

—En realidad yo esperaba quedar como algo más. Ya sabes, no soy bueno con las palabras o las personas—Adam se llevó una mano a la nuca y desvió la mirada, nervioso—, pero yo… tú me… bueno yo… —odiaba balbucear cuando no sabía como expresarse.

La joven sonrió comprensivamente y se acercó a él, se puso de puntillas e inesperadamente lo besó, atrayéndolo hacia sí con la mano en su mejilla en un contacto que el rubio no tardó en responderle.

—No digas más, entiendo—los orbes avellanas de Bella lo miraron con cariño—. Tú también me gustas, aunque tengas un genio terrible. Pero creo que podremos solucionarlo—le dio un golpecito juguetón en el hombro—. Anda, se está haciendo tarde. Dile a Elsa que salga de su escondite y vamos al café de mis amigos, quiero tomar algo caliente.

—¿Cómo dices?—el blondo parpadeó estupefacto.

—Por favor Adam, ¿en serio creían que no iba a darme cuenta? La vi desde que estábamos almorzando. Aprecio mucho sus buenas intenciones pero no soy tan tonta—dijo Bella con una sonrisa—, ¡ven, Elsa! ¡Vamos a tomarnos algo!—gritó volteando hacia atrás con diversión.

Una avergonzada y anonadada platinada salió de detrás del pórtico de una tienda, preguntándose como había sido posible que la descubriera cuando había actuado con el mayor de los cuidados. Su amiga solo se echó a reír y tomó a ambos hermanos del brazo para tomar un taxi e ir al sitio antes mencionado.

Ahí, se sentaron a consumir unos cortados mientras eran atendidos por el regordete amigo de la castaña, que al parecer ese día andaba más refunfuñón de lo normal.

—Bueno Elsa, supongo que debo agradecerte por salirte con la tuya—le dijo Bella amenamente—. No me hagas aceptar que tenías razón, ¿vale?

—Me alegra que estén juntos—dijo ella correspondiéndole el gesto con sinceridad.

—Y a mí me alegra que ustedes se lleven como la familia que son. Tal parece que todo va tomando su lugar, ¿eh?

—Tal parece que así es—Adam probó su café y le hizo una seña al mesero para que le acercara un poco de azúcar.

El rechoncho joven se acercó y colocó la azucarera en la mesa, sin disminuir su semblante molesto.

—Cuando ese bueno para nada vuelva por aquí, le voy a enseñar. Dejarme atendiendo solo las mesas…

—No seas tan duro con Lu—lo atajó Bella—, seguro tiene una buena razón para llegar tarde. Relájate un poco Ding-Dong.

—¡Maldita sea, no me digas así! ¡Tengo nombre!

La puerta del café se abrió haciendo que el aludido dejara de hablar y fulminara con la mirada al rubio que acababa de entrar, llevando a una guapa morena de la cintura. La muchacha de ojos oscuros y un lunar cerca de los labios, sonrió pícaramente apenas llegaron a la mesa donde se encontraban.

—Hola a todos, lamento llegar tarde amigo. Quería traer a Marie a conocer el lugar—dijo Lumiere intercambiando con la aludida una mirada sugestiva.

—¡Lo que nos faltaba!—Ding-Dong se quejó cruzando los brazos.

—¡Oye! Yo te conozco—Marie se dirigió a Elsa mirándola con repentino asombro—, eres esa chica de Internet.

—¿Qué?—Elsa parpadeó confundida.

—¡Sí! La que se peleó en el supermercado con ese pelirrojo guapo. Mon Dieu, que lindo es—la platinada abrió sus ojos como platos al recordar el bochornoso vídeo del que hablaban, mientras Adam le dirigía una mirada interrogante.

Ese maldito vídeo, ¿a tanto había llegado que ya hasta lo conocían en Francia? ¡Eso no podía ser!

Antes de que pudiera hacer nada, la muchacha de oscuros cabellos sacó con entusiasmo su móvil y proyectó en él aquel estúpido incidente. Los colores le subieron al rostro al escuchar su propia voz junto con la de Hans y la de Mérida surgir del aparato y lo que era peor, con un remix de música techno de fondo.

—¡Oh la lá! Eso sí que es patear con fuerza—Lumiere sonrió al ver el vídeo, riendo junto con su novia.

—¿Elsa? ¿En serio eres tú?—Bella arqueó sus cejas y luego dibujo una sonrisa amplia—Lo veo y no lo creo. ¡Eres una salvaje!

—"Idiotas en el supermercado, 2016 Remix", vaya, vaya—Adam sonrió a su vez irónicamente—. Ya mismo me estoy descargando este vídeo. ¿Cómo es qué no supe de esto antes?

Elsa estrelló su cabeza contra la mesa y la dejó allí mientras escuchaba reír a todos. Tal parecía que había cosas con las que uno siempre tendría que cargar y más si Internet estaba de por medio.


Si la señora Potts hubiera entrado en ese instante a la enorme cocina de la residencia de los Solberg, probablemente habría pegado un grito en el cielo al ver el estado en que se encontraba. Había un montón de ingredientes dispuestos en desorden sobre la mesa, cacerolas manchadas y varios electrodomésticos fuera de lugar.

Cerca de la estufa, dos jóvenes trabajaban afanosamente en preparar algo.

Elsa vertió un poco de pimienta en la salsa que se cocinaba en el fuego y luego subió la llama para que rompiera a hervir.

—Si estás segura de lo que haces, ¿no? Creo que el extintor estaba aquí cerca—dijo Adam sarcásticamente.

—Calla, ya he hecho esto muchas veces—repuso ella con una sonrisa ladina.

—¿Sin supervisión?—la rubia le dio un manotazo al muchacho tomándolo por sorpresa—Está bien, ya cierro la boca.

—Vas a agradecerme que te enseñe como hacer estas cosas algún día—dijo Elsa, terminando de mover el contenido de la olla—, así no te vas a morir de hambre.

—No te mueres de hambre cuando puedes pagarle a una cocinera—repuso el blondo, aunque sin dejar de picar las setas como le había enseñado—. ¿Cómo es qué sabes tanto acerca de cocinar? Pensaba que no eras más que una muñequita que apenas y movía el trasero.

—¿No te mordiste la lengua?—Elsa arqueó una de sus finas cejas—Yo… mi hermanastro me enseñó en casa a preparar varias cosas. Cada vez que él cocina algo, es imposible no querer repetir aunque ya estés lleno—sin darse cuenta, una tierna sonrisa se dibujó en sus labios.

—Tal parece que ese tal Hans es una caja de sorpresas—Adam la miró de reojo, inquisitivamente.

—Sí, lo es—la sonrisa de la menor se desvaneció—. Esto ya está listo—atajó, bajando el fuego y dejando de mover la salsa—. Pon esas setas aquí y yo voy a meter la carne.

Obedeciendo las instrucciones de la platinada, Adam continuó revolviendo todos los ingredientes que colocaron en la olla hasta que el platillo estuvo listo. Un delicioso aroma se había apoderado de la cocina y a decir verdad, lo que estaba en la cacerola tenía muy buen aspecto.

Él, que nunca en su vida había cocinado nada aparte de un par de huevos, estaba realmente impresionado.

La albina sacó un par de platos y sirvió dos porciones de comida iguales en ellos.

—Y ahora tenemos que poner encima la crema agria—dijo, halando otro pequeño cazo y vertiendo un poco de crema del interior ante los ojos atentos de su hermano.

—Se ve bastante bien.

Bon appetit—le deseó Elsa, para que a continuación los dos se sentaran frente a la isla a saborear su improvisada cena.

Después de un día tan largo y lleno de sorpresas (incluyendo las burlas y explicaciones que había tenido que dar por su vergonzoso vídeo), realmente necesitaban reponer energías.

—¿Cómo dices que se llama esto?—preguntó Adam, tomando un poco de la carne con salsa, setas, cebollas y pasta que descansaba en su plato.

—Strogonoff, es de Rusia.

—¿Tu hermanastro siempre hacía cosas como estas en casa? Que fino.

—Siempre le dije que debió haber sido chef en lugar de querer dedicarse a la administración—la joven miró como él probaba un bocado, expectante—. ¿Y? ¿Qué tal está?

El muchacho saboreó por unos momentos su comida, antes de emitir un sonido de aprobación.

—Si eres capaz de cocinar cosas como esta, vamos a tener que despedir a la señora Potts—bromeó de buena gana.

—¡Qué dices! Ella es una experta, yo apenas sé que preparar unas cuantas cosas—Elsa rió y removió un poco su propio alimento con el tenedor—, creo que esto es lo más elaborado que he hecho. La cocina no es mi fuerte.

—Está realmente bueno—le dijo su hermano con sinceridad—. Tendré que empezar a practicar para superarte, no creo que me salga igual a la primera.

—Créeme, hasta yo estoy sorprendida. Espero que no nos dé una indigestión—Elsa volvió a reír y comió otro bocado haciendo un sonido de deleite.

Realmente estaba sabroso.

—Pues, parece que Hans te ha enseñado muy bien—dijo Adam—. Es un alivio, con todo lo que me contaste de él, creí que solo se había dedicado a hacerte la vida imposible.

—Nuestra relación es muy complicada, ya sabes, no es sencillo empezar a convivir con una persona a la que apenas conoces en el mismo lugar.

—Dímelo a mí—Adam comió un poco más de su plato con gusto y tragó sin apenas masticar, haciendo que su hermana contuviera la risa. Podía ser un chico de clase de alta pero a veces Bella tenía razón, se portaba como una bestia… literalmente—, sin embargo—dijo con la boca llena—, parece que al final te entendiste con él, ¿no es así?

—Ahm… sí, podría decirse que sí—respondió ella, comiendo con más refinamiento que el joven.

Sus ojos azules habían adquirido un semblante de tristeza.

—Lo extrañas, ¿no?

—¿Eh?—Elsa levantó la mirada y se topó con los orbes de Adam, que la observaban con entendimiento.

—A Hans, lo extrañas—repitió él al tiempo que se limpiaba la comisura de los labios con la servilleta—. Se te nota en la mirada.

—Extraño a todos mis amigos y a mi padrastro—Elsa enredó un poco de pasta en su tenedor haciéndose la desentendida—y a mi gato. Todos los días hago que Eugene me envíe fotos de él, lo adopté a los doce. Es muy bonito, ojalá pudiera tenerlo aquí.

—Apuesto a que no es lo único que desearías que estuviera aquí—Elsa frunció el entrecejo y lo miró de nuevo—. Sé que aún no te conozco lo suficiente, pero si de algo me he dado cuenta, es que cada vez que hablas de ese sujeto pareces, no sé… triste—le dijo—. ¿Pasó algo entre ustedes?

Elsa se quedó en silencio, sosteniendo el escrutinio de esos ojos profundos. Luego, se encogió de hombros y devolvió la vista a su plato.

—No pasó nada en especial, nosotros nos gustábamos y luego… luego nos dimos cuenta de que no iba a funcionar, así que lo dejamos cuando yo decidí venir aquí—respondió en voz baja—. No es como si no fuéramos a superarlo algún día… pronto.

—Ya veo—Adam asintió comprensivamente—, estás enamorada de él—ella no tuvo fuerzas para rebatirle esa afirmación—. ¿Quién lo diría? Eres más complicada de lo que creí, muchacha—rió por lo bajo.

Elsa alzó sus ojos sin entender.

—¿Por qué terminaron? ¿Es por qué decidiste venir?

—Sí, a él no le pareció que me marchara. No sabíamos cuanto tiempo iba a estar aquí, así que solo decidimos terminar—suspiró pesadamente—, fue lo mejor.

—¿Y sus padres sabían lo de ustedes? No me imagino como…

—No, no lo sabían—la chica frunció un poco su ceño mientras volvía a revolver su plato, de repente el hambre se le había desvanecido—. Honestamente, no quiero hablar de esto. No tiene caso y si sigues preguntándome sobre eso, te diré que lo único que tienes que saber es…

—¿Qué haces aquí?

Elsa parpadeó.

—¿Disculpa?

—Eso, ¿qué estás haciendo aquí?—repitió Adam—Es obvio que tú todavía lo quieres, que te hace falta. ¿Por qué no vuelves con él? No me malinterpretes, no es que me siga molestando que estés en casa—se excusó, despreocupadamente—, pero Elsa, ha pasado tanto tiempo y es obvio que no te sientes del todo feliz en este lugar. Mírate, ¿cuántos meses has tratado de olvidarte de ese sujeto? Ya me he acostumbrado a verte suspirar por los rincones cada vez que crees que nadie está mirando—los orbes de su hermana se abrieron de sorpresa—, revisas tu teléfono a cada rato y estoy seguro de que es porque tiene que ver con ese hermanastro tuyo. ¿Has hablado con él?

—Algunas veces, sí—admitió ella con recelo—. Quiero decir, después de todo somos de la misma familia y el hecho de que hayamos terminado no significa que…

—Para con eso—la corto él alzando una mano—, no hagas eso, no conmigo. Nunca me ha gustado escuchar ese tipo de discursos sentimentales y no voy a empezar ahora, qué demonios. Lo que tú tienes que hacer es regresar y encontrarte de nuevo con Hans, porque si permaneces un día más aquí sin intentar arreglar lo suyo, tendrás que quedarte soltera y amargada por sabrá Dios cuanto tiempo, ya que es obvio que este método tuyo no está funcionando. Y mira que lo digo yo.

Elsa bufó.

—Tú no entiendes nada, si terminamos fue porque él dijo que no iba a esperarme. ¡No hay nada más que hacer! No me quiere, punto.

—Te dijo eso solo porque en realidad no quería perderte—dijo Adam con convicción—. Tú no has terminado de entender como somos los hombres. Tenemos esa maldita costumbre de ser territoriales con todo lo que queremos y cuando nos damos cuenta de que en realidad no podemos controlarlo, pues bueno… pasa esto, lo mandas todo a la mierda, solo para prometerte que nadie va a lastimarte de nuevo. El hecho es, Elsa, que no puedes impedir que nadie te lastime de vez en cuando o seguir sintiendo cosas por alguien especial. Créeme, no te va a hacer nada bien guardarte tus sentimientos, yo lo hice durante muchos años y ya ves… siempre actúo como un imbécil con la gente.

Elsa negó con la cabeza, melancólicamente.

—Estoy seguro de que él se siente igual que tú. Pero en este instante, debe haberse dado cuenta de que prefiere que vivas tu vida a obligarte a permanecer junto a él.

—Pero nadie me estaría obligando a nada, yo tomo mis decisiones.

—Pero Hans no lo sabe. Él no puede adivinar lo que pasa por esa cabecita tuya—el rubio la apuntó con su dedo índice brevemente—, los hombres somos realmente idiotas en estas cuestiones del corazón, pero más sentimentales de lo que piensas.

—¿Tú crees que él de verdad me siga queriendo?—un destello de ilusión brilló en los ojos de hielo de la joven.

—Yo lo único que sé es que si no regresas para averiguarlo, te vas a arrepentir toda tu vida—Adam tomó otro enorme bocado y lo ingirió con apetito antes de seguir hablando—. ¿Qué es lo peor qué puede pasar?

Elsa también se lo preguntó para sus adentros y sorpresivamente, se descubrió sintiéndose más esperanzada que nunca. Su corazón latió con fuerza y su rostro se iluminó por un momento… solo para volver a mostrarse decaída al instante.

—No, no puedo volver todavía—musitó—. Yo… no estoy lista para enfrentar a mamá.

El semblante de Adam se ensombreció ante la mención de la mujer.

—Me duele mucho recordar lo que hizo, como separó a tu familia… tu madre no se merecía nada de esto—prosiguió ella casi en un susurro, agachando la cabeza.

—No, no lo merecía—el muchacho suspiró fuertemente.

Ni él mismo creía lo que estaba a punto de decir.

—¿Sabes, Elsa? Tal vez jamás pueda perdonarle lo que ocurrió, pero me he dado cuenta de una cosa. Debí esforzarme por vivir mejor mi vida en lugar de dejarme amargar por esa situación. Y probablemente mi madre también debió hacerlo. Ni siquiera quiso separarse de mi padre, ¿y para qué? Por puro orgullo, para amargarle la vida. Y entonces un día tuvo el accidente y ya no estaba más aquí… pudo haber hecho tantas cosas en lugar de atormentarse por lo ocurrido.

Elsa lo miró con tristeza.

—Ahora lo comprendo, hay situaciones que no podemos cambiar así que no ganamos nada siendo infelices por ellas. Si mi madre todavía estuviera aquí hay tantas cosas que me gustaría decirle. Me gustaría al menos poder hablar con ella una última vez, para poder despedirme—confesó él—. Al menos tú todavía tienes la posibilidad de hablar con la tuya.

—¿Pero qué hay de lo que hizo? ¿Eso no te importa ya?

—Claro que sí, pero eso es algo con lo que solo yo debería cargar. La relación que tú tienes con ella es diferente. He tenido mucho tiempo para pensar y la verdad es que, nuestro padre también tuvo la culpa, nunca supo valorar a su familia. Y conociéndote mejor, me doy cuenta de que al menos tu madre pudo cambiar en algo para criarte decentemente… es lo único amable que voy a decir para con ella—replicó con seriedad—. Pero en fin, si quieres un consejo, tú no deberías olvidarte de todos estos años. Nunca sabes si el día de mañana te puede hacer falta.

Elsa pensó en sus palabras y tuvo que darle la razón. Idun no era perfecta y había hecho algo terrible, pero a final de cuentas, la había criado con todo su cariño. Era a causa de ese amor que le dolía tanto haberse enterado de la verdad, pero también de que tenía una posibilidad de perdonarla.

—¿Qué pasará con los abuelos? Van a sentirse muy mal cuando sepan que quiero volver.

—Ellos van a estar bien, son más fuertes de lo que parece. Es seguro que te van a echar de menos, pero comparado con los años en que no supieron nada de ti, esto será más sencillo.

—¿Y si llegó a casa y me doy cuenta de que todo ha cambiado? ¿Y si no puedo perdonar a mamá? ¿Y si Hans ya no quiere saber de mí?

Adam sonrió de lado.

—En ese caso puedes regresar, ya sabes que nadie te pondrá impedimentos. Esta vez mi recibimiento será muy distinto, te lo prometo.

La mirada de la chica estaba cristalina.

—Vuelve a casa, Elsa—su hermano colocó una mano encima de la suya—, vuelve y trata de arreglar las cosas. Si no funciona, yo mismo iré a buscarte esta vez. En serio.

—Oh—ella se limpió una pequeña lágrima de la comisura de uno de sus ojos.

Impulsivamente se levantó de su asiento y rodeó con sus brazos al blondo, que le devolvió el gesto un poco sorprendido. Era la primera vez que compartían un contacto así de cercano.

—Gracias—le murmuró Elsa—, por todo.

El agarre de los brazos de su hermano se hizo más firme.

—No es nada, Elsa. No es nada.

Habrían permanecido de esa manera unos segundos más, sino fuera por la regordeta mujer que ingresó en ese momento a la cocina. La señora Potts miró el desastre de cacerolas, ingredientes y demás y abrió sus ojos con espanto.

—¡Dios santo, ¿qué ha pasado aquí?!


La mañana siguiente hacía un precioso día en las afueras, cuando Elsa irrumpió en el despacho de su abuelo, una estancia cálida y con oscuros muebles de caoba revestidos en telas marrones y verdes. Kai y Gerda se encontraban sentados en un sofá de la habitación, mirando unos cuantos folletos de la Universidad a la que ya habían enviado sus papeles. Los dos levantaron la vista al verla entrar y sonrieron.

—Elsa querida, justo iba a mandar a uno de los empleados a buscarte—le dijo el anciano, indicándole que se acercara—. Siéntate, cariño. Tu abuela y yo estábamos mirando unos folletos que envío la Universidad. Sería bueno que les echaras una ojeada.

—Te va a encantar el lugar, querida. El campus tiene instalaciones maravillosas—comentó Gerda animadamente—, hay un salón de computadoras, piscinas, gimnasio y el edificio en donde están los dormitorios es una belleza. Tienen…

—Abuela, abuelo—la rubia se paró frente a ambos con la frente en alto y actitud decidida, aunque por dentro se sentía tan nerviosa como un ratón acorralado.

Los aludidos clavaron su vista en ella con consternación, comprendiendo que iba a decirles algo importante. La muchacha inspiró profundamente y luego exhaló, soltando la noticia que sabía podía romperles el corazón.

—Quiero volver a Noruega.

Gerda y Kai abrieron los ojos de la impresión. La mujer adquirió una expresión entristecida, mientras él solo suspiraba, sabiendo que había tomado una decisión. Nunca antes había visto a su nieta tan determinada a hacer algo, pero ya la conocía lo suficiente como para saber que nada la haría cambiar de opinión.

Era tan obstinada como su hermano y su padre.

—Siéntate, Elsa—le dijo con tranquilidad, a lo que ella obedeció tomando asiento en el sillón individual que estaba al lado. Se sentó derecha y con las manos cruzadas sobre el regazo—. ¿Puedo saber por qué quieres regresar? ¿Ha ocurrido algo que te haya hecho decidir eso?

—¿Acaso no te sientes cómoda con nosotros?—Gerda se veía más ansiosa que su marido—¿Alguien te ha dicho algo desagradable? Volviste a pelear con tu hermano, ¿verdad?

Elsa alzó una de las comisuras de sus labios y negó con la cabeza.

—Todos aquí me tratan muy bien, incluso Adam—respondió con sinceridad—. Me gusta mucho estar aquí con todos ustedes.

—Entonces, ¿por qué quieres irte?—Gerda la miró con melancolía.

La blonda se miró un momento las manos antes de responder.

—El caso es, que extraño mucho mi casa y a mi familia—confesó—. Quisiera ver de nuevo a mis amigos… y a mi madre.

Sus abuelos se miraron entre ellos con algo de sorpresa.

—Así que has decidido perdonarla por lo que ocurrió—afirmó Kai.

—Sé que puede ser difícil para ustedes, después de todo lo que pasó entre ella y mi padre y su familia—dijo Elsa—, pero he tenido mucho tiempo para pensar desde que estoy aquí. A final de cuentas, es mi mamá y aunque no apruebe nada de lo que hizo, tengo que reconocer que siempre se esforzó por mí. Me ha demostrado que me quiere de verdad y yo también a ella, así que puedo perdonarla por lo que sucedió—se encogió de hombros—. Sé que no es fácil de asimilar.

—Nosotros hace mucho tiempo que hemos perdonado a tu madre, Elsa—le aseguró Kai, sorprendiéndola.

—Tu madre se equivocó, cariño y nos costó mucho trabajo entenderla—dijo Gerda—, pero después de la muerte de Aren y con todo el tiempo que ha pasado, uno aprende a adaptarse a las circunstancias. Tal vez no le hizo mucha gracia que te apartáramos de ella pero ahora has podido conocer a tu familia completa—mostró una sonrisa que era triste y cálida al mismo tiempo—, y entre todas las cosas que pudo hacer, conservarte y cuidar de ti fue la mejor sorpresa de todas.

—Por mucho tiempo temimos que se hubiera separado de ti de alguna otra forma, pero luego de localizarla nos dimos cuenta de que la juzgamos mal. Además—Kai también sonrió—, no hizo un mal trabajo al criarte. Eres una muchacha buena y gentil.

—Si tu padre viviera aún se sentiría muy orgulloso, Elsa.

Ella asintió y volvió a mirar hacia su regazo pensativa. Hasta hace poco, no se había dado cuenta de que tal vez, se había apresurado a juzgar a su madre.

—Todavía me duele saber lo que hizo—dijo en voz baja—, pero luego recuerdo como me ha tratado estos años y me doy cuenta de lo mucho que ha cambiado… por mí.

—Las personas no son perfectas, Elsa. Cuando somos jóvenes podemos cometer muchos errores de los que no nos damos cuenta hasta que nos hacemos más viejos—le dijo su abuelo comprensivamente—, tu padre también tuvo muchos, nunca supo apreciar lo que tenía en casa sino hasta que el tiempo fue pasando. Si no se hubiera encontrado con tu madre… posiblemente terminara repitiendo su historia en otra parte. Pero para nosotros tú nunca serás una equivocación.

—No, tú siempre serás parte de nuestra familia—le aseguró Gerda—, no importa si estás aquí… o si decides regresar.

Las últimas palabras las pronunció con un notorio deje de tristeza. Elsa los miró con pena.

—¿No están molestos porque decida irme?—inquirió, preocupada.

Ellos volvieron a mirarse una vez más entre sí para luego negar con la cabeza.

—Nos sorprende mucho esta decisión, creímos que necesitarías más tiempo para querer regresar con tu madre—dijo Kai—, Noruega es tu casa, sabíamos que tarde o temprano querrías volver. Solo no esperábamos que fuese tan pronto. En fin—suspiró—, supongo que ya no será necesario terminar con los trámites de la Universidad.

La chica se mordió el labio y negó con la cabeza.

—Siento haberles causado molestias.

—Tú nunca podrías hacer tal cosa, querida.

—Lo que más nos importa es que seas feliz—dijo Gerda—, respetaremos lo que decidas. Aunque es difícil, ya nos habíamos acostumbrado a verte aquí. La casa se va a sentir tan sola.

—No digas eso, mujer—la consoló Kai tomándole una mano y apretándola entre las suyas—. Aún tenemos un nieto con el que batallar—bromeó—y un montón de personas aquí que nos estiman. Además, Elsa puede volver de vez en cuando, estoy seguro de que no le negará unas cuantas visitas a sus abuelos.

—¡Por supuesto que no!—se apresuró a asegurar la aludida—Les prometo que volveré todos los años—se inclinó y tomó la otra mano de su abuela—, ustedes también son muy importantes para mí. Y hablo de todos.

Gerda ensanchó su sonrisa, aunque sin dejar de mirarla tristemente. Nunca era fácil tener que despedirse.

—Te vamos a estar esperando con muchas ansias, cariño.

—Esta siempre será tu casa, Elsa. Podrás volver cuando quieras.

La joven se levantó de donde estaba para abrazar a ambos ancianos, que le devolvieron el gesto afectuosamente. Ahora tenía una familia más grande que realmente la quería, pero la principal se encontraba en Oslo, con su madre y sus amigos.

Y con la persona a la que más amaba en el mundo.


Hans sostuvo frente a si el dibujo que celosamente guardaba en uno de sus cajones, aquel que hace bastante tiempo le habían obsequiado y seguía mostrando a una muchacha rubia y sonriente patinando en medio de un paisaje invernal. Sus dedos acariciaron lentamente el papel, como si tratara de grabarse en la memoria cada trazo en él.

Echaba tanto de menos a Elsa. La necesitaba tanto que a pesar del tiempo transcurrido, cada día sin ella era insoportable.

Las breves pláticas que sostenían por sus teléfonos o en Skype eran un recordatorio doloroso de lo vacío que se sentía sin ella. Ni siquiera quería intentar salir con nadie más de nuevo; le costaba admitir que en el fondo todavía tenía esperanza.

Desde el suelo, Maximus se acercó a él y frotó su hocico debajo de su palma para que lo acariciara. El pelirrojo lo frotó suavemente y suspiró. ¿Qué estaría haciendo Elsa en ese momento? ¿Estaría pensando en él? ¿Sería realmente feliz en París?

"No vas a olvidarle realmente, ¿no?", le preguntó su consciencia. Siempre lo atacaba en los peores momentos.

—Soy un idiota, muchacho—le dijo a su mascota, que lo miraba comprensivamente sentado en la alfombra—. Un verdadero idiota.

Maximus hizo un sonido triste y le lamió la palma de la mano.

Hans se incorporó en su cama y colocó el dibujo al lado de la mesita de noche. Su teléfono vibró alertando un nuevo mensaje al que atendió de inmediato.

[ Elsa Sorensen: La luna se ve preciosa esta noche, espero que desde casa la puedas ver tan hermosa como yo lo estoy haciendo. Buenas noches. Te quiero. 11:17]

El corazón del joven dio un vuelco y releyó esas palabras de nuevo. Había algo distinto en el tono que mostraban, algo que se alejaba bastante de los mensajes melancólicos y cortos que Elsa se había acostumbrado a enviarle. Y lo más importante, era la primera vez en meses que ella le decía que lo quería.

Lo quería.

Hans colocó lentamente su móvil sobre el colchón, escuchando la fuerza de sus latidos acelerados y mirando una vez más hacia el dibujo.

Y entonces se dio cuenta. No importaba cuanto se esforzara por olvidar a Elsa, por empeñarse en dejarla hacer su vida lejos. Lo que ellos habían compartido por tanto tiempo no podía simplemente acabarse de un día a otro, al menos no sin hacer un último intento. La había dejado ir pensando en no ser tan egoísta, pero lo cierto era que, si no luchaba una última vez, si no era capaz de decirle lo que sentía nuevamente, probablemente estaría cometiendo un enorme error.

No había sido la persona que Elsa se merecía realmente, pero podía esforzarse por serlo. Quería esforzarse por serlo. Porque tal vez ella hubiese empezado a olvidarlo pero él, él no lo haría nunca.

Y se le estaba agotando la paciencia con esa soledad que lo envolvía.

Maximus pareció intuir su nuevo estado de determinación, porque enseguida levantó la cabeza y movió la cola, soltando un ladrido. Hans le sonrió y volvió a guardar el dibujo, esta vez en uno de los bolsillos de su sudadera. Acto seguido, salió de su habitación y entró intempestivamente en la de al lado, sin molestarse en tocar.

Un extraño olor a quemado llegó hasta sus fosas nasales. Desde su cama, Eugene se incorporó sobresaltado y tiró a un lado el encendedor que estaba usando para quemar una pipa pequeña.

—¡Maldición, Hans! ¡Toca antes de entrar! ¡Toca!—exclamó, entre molesto y sorprendido—¿Qué quieres? ¡Estoy ocupado!

—¿Haciendo qué? ¿Drogándote?—el colorado lo miró con desdén y tomó su teléfono del escritorio para lanzárselo—Llámale a tu novia, necesito que me haga un favor.

—¿Qué? ¿Qué clase de favor? Viejo, estoy un poco atareado ahora, si pudiéramos dejar esto para mañana…

—He dicho que le llames a esa hippie—ordenó Hans autoritariamente—, tengo que hablar con ella.

—¿Por qué carajos?—el castaño lo miró con el ceño fruncido.

—Me largo a París—respondió él como si nada—, si de verdad es cierto lo del amigo de su padre tendrás que hacer que me ayude, porque no tengo mucho tiempo, ¿entiendes?

—Oh—Eugene relajó su semblante y desbloqueó su teléfono—, bueno, haberlo dicho antes hombre. Voy a tener que despertarla…

El tiempo que la línea se mantuvo sonando en el altavoz se tradujo en tortuosos segundos para Hans. Finalmente, luego del quinto sonido de espera, una vocecita amodorrada tomó la llamada, murmurando algo incoherente.

—¿Punzie? ¿Estás despierta, florecita?

¿Batman? ¿Eres tú?—Rapunzel habló con cansancio al otro lado de la línea.

—No, no, soy yo, preciosa.

¿Flynn? ¿Qué pasa?—la escucharon bostezar—¿Tienes idea de la hora qué es?

—¡Lo sé, lo sé! Pero Punz esto es urgente, escucha con atención. ¿Recuerdas lo que le mencionaste a Hans esta tarde? Acerca del amigo piloto de tu padre, te acuerdas ¿no?

—…

—…

Hans frunció el ceño, esperando ansioso por una respuesta.

—¿Punzie?

¿Batman?—el pelirrojo se palmeó la frente al oír de nuevo la voz cansada de la castaña.

—¡Maldición, hippie! ¡Despiértate!—bramó, haciendo que la chica gritara espantada.

¡¿Qué?!—Rapunzel volvió a contestar, esta vez completamente levantada y como si estuviera al borde de un ataque de nervios.

—¡Necesito volar a París! ¿Puedes ayudarme con eso? ¡¿O vas a quedarte ahí a seguir soñando estupideces como este demente?!—el bermejo le arrebató a Eugene su teléfono para hablar con fuerza a su interlocutora.

Un nuevo silencio inundó la línea, haciendo que los muchachos se miraran entre sí.

—¿Punzie?—un grito de la mencionada hizo que se sobresaltaran.

¡Vas a buscar a Elsa! ¡Qué emoción! ¡Sabía que lo harías tarde o temprano! ¡Eso es tan lindoooooo!

—¿Eso significa que puedes ayudar?—Eugene sonrió de lado.

Eso significa que tienen que ir preparando sus pasaportes, muchachos—Rapunzel habló emocionada y ya con la voz completamente despejada—. Hagan sus maletas, ¡por qué nos vamos a París!—una risita inundó el altavoz.

—¿Estás segura? ¿No tendrás problemas con tu padre? ¿Qué dices si le preguntas primero?

¡Descuida! De eso me encargo yo, pero no se preocupen por nada. ¡Este mismo fin de semana presenciaremos un reencuentro único!

Hans esbozó una sonrisa arrogante, sintiendo una emoción que no había sentido en días. Esta vez lucharía por lo que sentía y no dejaría que nada lo detuviera.

"Espérame, Elsa. Ya voy".


* Casablanca. Película de 1942 con Humphrey Boggart.


Nota de autor:

Y aquí es cuando todos decimos "¡Ya era hora!" y le damos de zapes a Hans. x3 Venga, desahóguense, pero no muy fuerte *una lluvia de collejas cae sobre la cabeza del pelirrojo*, ¡ok, ya! No me lo vayan a malbaratar *aleja al colorado y este se retira con cara de enfurruñado*.

Sí, ya sé, nuestros queridos Helsa tardaron demasiado en darse cuenta de lo que debían hacer, son un par de orgullosos pero al fin recapacitaron. Y ahora Hans irá en busca de copo de nieve, ¿llegará a tiempo? ¿Qué tendrá para decirle? ¿Entraran Punzie y Flynn a rehabilitación? Tantas cosas por descubrir y aún queda una semana para averiguarlo, ¿no les encanta? xD

Espero que les haya gustado la cita entre Bella y Adam, casi nunca se tiene la oportunidad de ver algo de esta pareja así que quise hacer algo especial. :3

VoodooHappy: ¡Hola! Quise responderte por MP pero al parecer no los tienes habilitados, así que aprovecho para contestarte por aquí. Antes que nada, bienvenida al oscuro fandom del Helsa, nos da gusto tenerte entre nosotros. xD Gracias por disfrutar tanto con esta adicción que es el Helsa, en realidad no sé de donde sale esta obsesión por la pareja pero en fin, aquí estamos. Tu nickname es adorable, por cierto, jajaja. Espero que te complazca ver que por fin Hans ha recapacitado (en realidad los dos lo han hecho) y ahora, va en busca de su pequeño copo de nieve. Si eso no es amor, entonces que alguien me corte los ovarios. xD Yo sé que los personajes han estado actuando extraño, pero bueno, las historias evolucionan de esa manera cuando menos lo esperamos y esta parejita en especial tenía que pasar por lo suyo. Lo de Idun sorprendió mucho a todos; en realidad no fue como si ella supiera, sino que sospechaba, por eso ahora se lo toma con tranquilidad; su hija está lejos, ya que podía hacer, ¿no? En fin, tomé tu sugerencia de hacer que alguien reconociera a Elsa por Internet como ya ves, pues me encantó, debo decirte. De los personajes que mencionas, veré si puedo aunque sea mencionar a Moana porque de la otra la verdad no tengo ni idea, jejeje y de Moana sabemos muy poquito, pero bueno, es la más reciente. Respondiendo a tu pregunta, tengo planeada una pequeña historia Helsa junto con otra autora, pero de eso les hablaré después. Si tienes una idea puedes decírmela por MP, a veces me sirve de inspiración para oneshots o cositas, así que me encantaría saberla. n.n

Ari: Hola, panquecita del Helsa. :) Ya sé, muchas cosas geniales ocurrieron en el capítulo anterior y me imagino como te habrá sentado este. Mantén esa atención, porque aún me quedan un par de sorpresas bajo la manga.

Samantha: Oye, el chocolate y el Helsa van de la mano, eso que ni que. xD Editora y escritora de la saga de libros Helsa, jajajaja, eso me encantaría aunque dudo que Disney ceda tan fácilmente. LOL A menos que obtengan un porcentaje, lo cual no estaría mal para que de una maldita vez por todas hicieran canon a la parejita. e.e Pero en fin, sí, me temo que esta historia como todas se tiene que terminar, pero no desesperes, porque todavía me quedan un par de cositas por contar. Aunque ya no tenga tanto tiempo como antes, intentaré seguir presente por aquí de tanto en tanto porque la verdad es que aún tengo demasiadas ideas. D: ¡Adelante el Helsa!

En el próximo capítulo, el gran final de "Bajo el Mismo Techo". Así es maripositas, esto se acaba ya, ¡sentimientooooooos! Awwww. T-T Pero aún hay un montón de cosas por ver, así que no dejen de leer para averiguar si nuestros tortolitos lograrán quedarse juntos.

¡Hasta la próxima! ;D