ATENCIÓN! Se vienen cagadas, osea en este capi se revelan cosas del pasado de los Mikaelson que son cruciales para la trama D: ojo, no se parece en nada a lo que sabemos actualmente ya que la Plec ha cambiado muchas cosas ¬¬ fue la versión que inventé en ese entonces


Capítulo 37: El origen

Kol Mikaelson

Bosque al lado de la carretera, Missouri

Como era obvio Priss estaba nerviosa. La pobre había pasado por muchas cosas y noticias impactantes desde el día anterior desde que se enteró de quien era él en realidad. Kol sabía que había hecho todo lo posible para mantenerla a salvo y evitar que estalle con tanta noticia extraña sobre su identidad, pero no había forma de disfrazar el asunto lamentablemente. Estaban en una situación extrema, su madre los perseguía y además acababa de enterarse que la sangre de su chica estaba ligado a ellos de una forma, puede decirse, mortal. Si, eso era. Por lo poco que había dicho la bruja su madre se había mandado una buena cuando empezó con la línea de sangre de Priss y ahora iban a averiguar como se inició todo. Los cuatro estaban tomados de la mano esperando que la bruja haga la conexión. Apretó suavemente la mano de Priss y ella giró a verlo. En sus ojos encontró miedo y confusión... ¡Eso le dio tanta rabia! Ella tuvo una vida normal, no merecía ser parte de ese circo. Claro que al final de todas maneras se iba a involucrar y hubiera sabido quien era él, pero no de esa manera. Kol le sonrió y ella correspondió su sonrisa, pobre de su Priss, las cosas que tenía que pasar.

- ¿Listos? - preguntó la bruja - cierren los ojos, relájense. Sentirán como si estuvieran sumidos en un sueño, será como una visión.

- ¿Y no es peligroso? - preguntó Priss - quiero decir, vamos a estar como dormidos... ¿no corremos riesgos?

- Tranquila, si siento peligro desharé el hechizo a tiempo - le dijo la bruja intentando calmarla. Ella respiró hondo, Kol podía sentir su mano temblorosa.

- Bien, hay que hacerlo de una buena vez - pidió la chica.

- ¿Demorará? - preguntó Rebekah ahora.

- No mucho, sólo lo necesario. Ahora cierren los ojos, es hora de empezar.

La bruja empezó a decir sus palabras, él también cerró los ojos. Se preguntó que clase de visión tendrían, había dicho sobre el origen de la línea de sangre de Priss y que se relacionaba con ellos, con el ritual que los hizo vampiros ¿Tan atrás en el pasado viajarían? ¿Volvería a ver sus días de humano? ¿O sus primeros días de vampiro? Le daba curiosidad. Pronto sintió adormecerse todo su cuerpo, casi no sentía las manos de Rebekah ni de Priss, fue como si se relajara por completo. Una extraña brisa fresca rodeó su cuerpo y sonidos, sensaciones, aromas y voces del pasado reaparecieron. No abrió los ojos, pero podía ver como aparecían los bosques, las cabañas... todo. Estaba de vuelta en lo que en el futuro sería Mystic Falls. Su pueblo...

(1000 años antes)

- ¡Mamá! - escuchó gritar a Rebekah. No era un grito normal, era uno lleno de alarma, de terror. Y él también se sintió asustado de pronto. El grito venía a lo lejos, era de noche y él había salido a buscar con que poder alimentarse. Ya los del pueblo empezaron a sospechar así que había que conformarse por un par de días con la sangre de algún animal, eso había recomendado mamá y exigido papá así que eso había que hacer. Con rapidez corrió hacia el pueblo, ¿qué pasaba con su hermana? Últimamente las cosas se habían puesto más feas y explosivas que nunca. Mikael gritaba por cualquier cosa y más valía que él y Klaus estén separados porque si antes Klaus se aguantaba las humillaciones ahora le hacía frente, hubo hasta un momento en que se dieron cuenta que Klaus era más fuerte que Mikael y mamá tuvo que intervenir - ayuda! - volvió a gritar Rebekah pero esta vez estaba más cerca. Llegó afuera de la choza junto con Elijah y Klaus que también estaban cerca, quizá cazando por su lado.

- Es Tatia - dijo Elijah. Aunque claro, desde la elección de la joven él se había ido alejando de todo lo que tenía que ver con ella, incluso lo del embarazo, en realidad no tenía contacto con ella desde antes del embarazo o al menos eso dijo y todos le creyeron. Pero de lo que si tenían seguridad era que a pesar del matrimonio arreglado de Tatia con uno de los chicos del pueblo el padre de esa criatura era Klaus. Apenas hace poco más de un mes que habían sido convertidos y estaban aprendiendo a controlar todo lo que eran, esas sensaciones intensas llegaban a ser insoportables. Por ejemplo, Kol sabía que su hermano sufría al no poder acercarse a Tatia por miedo a lastimarla a ella y al bebé .

- ¿El bebé? ¿Ya va a nacer? - preguntó con preocupación Klaus.

- Eso parece, es mejor que no... - pero a Klaus no le importaron las palabras de Elijah, entró rápidamente hasta donde estaban. Tatia se había caído y Rebekah la levantó, pero entonces se dieron cuenta de que ya se había roto la fuente, era la hora.

- No sé que hacer Nik - decía Rebekah desesperada al borde de las lágrimas, Tatia estaba semi-inconsciente y apenas abría los ojos. Kol entró detrás de él junto con Elijah, aunque este se quedó en la puerta.

- Tranquila amor, todo va a estar bien - le dijo Klaus suavemente intentando inspirar calma, pero algo le decía a Kol que eso iba a terminar mal. El embarazo de Tatia había sido complicado según había escuchado y las matronas del pueblo decían de que o ella o el bebé morirían en el parto, sino eran los dos.

- Oh Klaus... - dijo Tatia con ternura y acarició despacio su rostro esbozando una sonrisa - estás aquí... no me dejes...

- No, claro que no te dejaré - la sostuvo con fuerza y la recostó en la cama, acomodó sus cabellos y le dio un beso en la frente, Tatia empezaba a respirar con dificultad y lanzó un grito de dolor, eran las contracciones.

- ¿Dónde está mamá? ¿Por qué nadie la ha buscado? - dijo Kol mientras miraba alrededor. Le preocupaba Tatia, se había criado con ellos y a pesar de todo lo que había pasado con su familia él sentía una especie de cariño por ella y no quería que le pasara nada.

- Está cerca, voy por ella... - empezó a decir Elijah cuando de pronto tuvo que lanzarse rápidamente sobre Rebekah para hacerla a un lado. Había sacado los colmillos. Pronto Kol también lo percibió y casi sin querer sus colmillos afloraron. Sangre. Tatia estaba sangrando y ellos lo sentían, aún no podían controlarse bien. Kol retrocedió, pero la verdad tenía tantas ganas de beber. Klaus parecía controlarse más pero aún así se fue para atrás, hasta Elijah luchaba por controlarse.

- ¡Rápido! ¡Salgan de acá! - Esther llegó justo a tiempo, su voz los hizo entrar en razón y salieron rápidamente. El olor a sangre seguía siendo fuerte y a pesar de ya haber salido de la estancia aún luchaban por no sacar los colmillos. Lo más probable es que hubiera más sangre y sea imposible resistirse. Al cabo de unos segundos Esther salió. Dentro se escuchaban los gritos de dolor de Tatia. Rebekah estaba angustiada, eran amigas de toda la vida después de todo. Y los dos hermanos que la amaban estaban ahí luchando por contener su sed de sangre y por calmar la angustia, cosa que no pasaría hasta que no escucharan el llanto del bebé y supieran que Tatia estaba bien - tienen que irse, miren como están - les dijo llamándoles la atención - no podré atender este parto con ustedes hambrientos alrededor.

- ¿Estará bien? - preguntó Klaus preocupado. Tomó las manos de su madre y las apretó asustado - madre dime que ella y el bebé estarán bien.

- Hijo no te puedo asegurar eso, sabes bien como ha sido su embarazo.

- ¡Es tu nieto mamá tienes que salvarlo! ¡Tú puedes hacerlo! Tú puedes salvarlos a ellos dos si quieres, por favor... no dejes que me abandonen, no lo soportaría yo... ¡Tienes que hacer algo! - las lágrimas empezaron a correr por el rostro de Klaus. Estaba desesperado. Kol se acercó a sostener a Rebekah que parecía muy afectada con todo, lloraba por lo bajo y sabía no era sólo por la situación, sino por el dolor que sentía de ver a su hermano así.

- Haré lo que pueda, te lo prometo.

- ¡Toma mi sangre! - gritó Klaus mordiéndose y haciendo que unas gotas de las sangre de sus venas cayeran al suelo - la puede curar ¡Yo lo vi! Sin querer se la di a una mujer luego de beber de ella y la herida se le curó... mamá nuestra sangre puede curar heridas, dale mi sangre, ¡sálvala!

- Claro, yo sabía algo de esto...deben ser consecuencias del hechizo. Voy a traer un frasco rápido y... pero hijo no sé si será suficiente...

- ¡Toma toda mi sangre! ¡Toma toda si es necesario pero sálvala por favor! - rogaba Klaus. Adentro la madre de Tatia la atendía, pero por lo que decía y escuchaba no parecía que iba bien.

- ¡Toma mi sangre también! - gritó Rebekah separándose completamente de Kol - seguro si tomas la sangre de todos sirve más mamá ¡Yo quiero ayudar toma!

- La mía también - Elijah se acercó y se puso al lado de Rebekah. A lo lejos de escuchó el galopar de un caballo. Era Finn.

- ¿Qué sucede? ¿Por qué están todos así?

- Es Tatia - explicó Kol - tiene problemas con el parto, hay mucha sangre... mamá toma un poco de la mía también si eso ayuda, s¿i? - le dijo. Era lo menos que podía hacer, necesitaba ayudar e irse de una vez. Ese aroma de sangre lo abrumaba y no creía poder resistir más.

- Escuché que necesitan sangre... bueno si eso ayuda estoy dispuesto - un gemido de dolor de Tatia los alertó nuevamente.

- ¡Rápido mamá no resistirá mucho! - le pidió Klaus haciéndose un nuevo corte con sus colmillos.

- Si, trae algunos recipientes Finn...¡Rápido! - su hermano no perdió el tiempo en unos segundos tenía unas dos vasijas pequeñas que servirían y los cinco derramaron su sangre en ellas hasta que Esther les dijo que era suficiente - ahora váyanse, no quiero que la sangre los abrume y cometan alguna locura - ellos asintieron pero cuando Esther caminó hacia la choza Klaus fue detrás de ella - hijo, ¿no escuchaste lo que dije? Es por seguridad - le dijo con ternura y hasta llevó suavemente una mano a su rostro y secó sus lágrimas.

- No voy a abandonarla ahora mamá, me necesita. Podré controlarme, lo juro - su voz era un ruego. Kol se fue alejando poco a poco y jaló a Rebekah a su lado. La sangre seguía tentándolos.

- Hijo estaré ocupada tratando de salvarle la vida si pasa algo no podré ocuparme de ti. Confía, haré todo por salvarla - de pronto Elijah apareció a su lado, Kol pensó que de seguro él también quería entrar.

- Klaus mamá tiene razón es peligroso para ella y el bebé será mejor que nos vayamos de aquí, sabes que también quiero verla... - había una expresión dolorosa en él, se notaban sus ansias, su miedo, su impotencia por no poder hacer nada. Quizá fue por eso que Klaus cedió, por ver en su hermano lo mismo que él estaba sintiendo.

- Vámonos ya - dijo dando unos pasos hacia atrás - madre prométeme que...

- Haré lo que pueda, lo juro.

Elijah y Klaus retrocedieron hacia donde estaban los demás, lo mejor era irse al bosque de momento, pero no lo suficiente para así poder escuchar lo que pasaba. Fueron juntos y se quedaron en silencio todo el tiempo mientras escuchaban a Esther atender el parto junto con la madre de Tatia. Y entonces Kol dejó de ser sólo un observador del pasado, ahora tenía conciencia del presente y de los años que habían pasado desde entonces. Él se quedó en el bosque pero en ese momento y por el hechizo de la bruja podía ver lo que de verdad hizo Esther. Fue la madre de Tatia quien atendía el parto, nadie se lo decía, pero debía de ser el poder de la bruja pues entendió lo que sucedía.

Esther estaba preparando un ritual, para crear una especie de "veneno - antídoto" para ellos, esa era la clave para entender que pasaba con Priss. Y entonces se dio la revelación sorpresa que lo dejó atónico. Tatia dio a luz pero no un solo bebé. Eran gemelos. Y Esther se encargó de que ninguno de los dos bebés llorara. Para qué? Para que creyeran que el bebé murió. Porque eso les dijeron cuando volvieron a acercarse, que fue un parto complicado y el niño murió. Por supuesto, luego descubrieron el engaño pero en ese momento hubo mucho sufrimiento. Tatia estaba muy mal, sangraba demasiado y se desvanecía, apenas si pudo pronunciar algunas palabras.

- Mi bebé... mamá mi bebé... quiero verlo... - se le cerraban los ojos y antes de que la madre de Tatia haga algo Esther usó su magia para dormirla. Tatia seguía despierta y mirando todo sin entender - mi hijo Esther... mi hijo... - pero Esther no le daba respuesta. En ese momento entró el marido de Tatia en silencio y Esther le dio a uno de los bebes.

- Llévate a este, el otro se lo daré a tu hermano en un momento. Ve tú ahora - el tipo asintió, aparentemente habían acordado previamente eso. El hombre desapareció con el hijo de Klaus, el hijo que llevaba la sangre de Tatia, y con esa sangre habían sellado el conjuro para sellar la otra naturaleza de Klaus.

- ¿Por qué? - preguntó Tatia - ¿por qué te llevas a mi hijo? - decía agonizante - Klaus... Klaus ven... - dijo débilmente. Kol no entendía porque no escucharon todo esto. De seguro su madre usó algún hechizo para que no pudieran oír todo eso. En aquel tiempo no oyeron ni una palabra, sólo llanto, suspiros, silencio – Esther, ¿por qué se llevan a mi hijo?

- Es por su bien. Por el bien de todos Tatia, debes de entender.

- ¿Entender qué? ¿Cómo va a ser bueno que lo separes de sus padres?

- Calma, todo acabará pronto - Esther tomó la vasija en donde sus hijos echaron su sangre desesperados pensando que eso salvaría a Tatia, en realidad eso la hubiera salvado. Pero Esther necesitaba esa sangre para otra cosa. La bruja sacó una especie de fuente de plata brillante. Aquella noche era luna llena, Kol sabía de alguna manera que ya su madre había realizado el hechizo de Klaus y que esto que venía era el turno del Priss, o de su sangre mejor dicho. Esther comenzó a decir unas palabras y vertió la sangre en la fuente - Niklaus - pronunció y una parte de la sangre se separó a un lado - Rebekah, Finn, Kol, Elijah - lo mismo sucedió con la sangre de ellos. Ahora habían cinco partes. De sus bolsillos sacó un frasquillo con sangre y lo vertió al centro - Mikael - ya estaba todo casi listo al parecer. Se fue a un lado y tomó al bebé de Tatia, al otro gemelo. La joven gemía, reclamaba, intentaba levantarse mientras se desangraba. En verdad su parto había sido doloroso y si alguien hubiera detenido esa hemorragia las cosas hubieran sido diferentes. Esther levantó al bebé y a Kol le pareció que lo observaba con ternura - mi pequeño nieto... ¡Lo siento tanto! Pero es lo que tengo que hacer. Yo lo sé, y espero que tú también me sepas comprender Tatia, lo siento... es mi deber - la mujer empezó a pronunciar las palabras en voz alta usando toda su energía y sosteniendo al bebé en alto. Mientras lo hacía la sangre de sus hijos y esposo empezaba a mezclarse otra vez pero ahora de una manera extraña. Esther sacó una cuchilla y le hizo un pequeño corte al bebé en el brazo. Su tierna sangre cayó gota a gota sobre la sangre de los primeros vampiros y empezó a llorar. Cuando la sangre del niño y de los vampiros se mezcló empezó a cambiar de tonalidad. Ya no era de un rojo vivo, sino que empezó a aclarar poco a poco hasta hacerse tan cristalina como el agua ¿Cómo era posible eso? Bueno, si su madre había logrado darles vida eterna nada le sorprendería. Esther vertió aquella agua en otro recipiente y luego se la dio de beber al bebé. Extrañamente el bebé no la rechazó pero al cabo de unos segundos empezó a moverse extrañamente, su pequeño cuerpecito se sacudía mientras asimilaba aquel líquido. De pronto todo el cuerpo del bebé empezó a brillar, cuando Kol observó bien vio que lo que brillaba eran las venas, al parecer ese líquido lo estaba recorriendo todo. Poco a poco todo volvió a la normalidad, había terminado - ahora estás limpio y tu sangre y la de tus descendientes será parte de un futuro antídoto. Tu sangre, pequeño, será un veneno para aquellos que se vean arrastrados a esta enfermedad que es el vampirismo. Tú sangre es el arma definitiva para luchar con el mayor error de mi vida.

- Maldita... - escuchó decir a Tatia con su último aliento, alrededor de ella un charco de sangre. Conque así murió Tatia. A Kol le dio rabia pensar lo mucho que confiaron en su madre. Como la vieron como la pobre víctima y "madre coraje" si lo único que hizo después fue empezar a preparar todas las armas para destruirlos sin importarle los sentimientos de sus hijos. Ellos no pidieron esa transformación, y Klaus rogó tanto por la vida de la mujer que amaba y de su hijo, que confió en su madre para que lo traicionara de esa manera. Entendía que su madre hubiera hecho todo eso para impedir que Klaus se convierta en el hibrido todopoderoso que era ahora y así mantener el equilibrio... ¿pero usar a sus hijos? ¿A sus nietos? Eso estuvo terrible. Quería creer que su madre hacía todo eso porque no le quedaba de otra y no porque así lo haya decidido. Quiso creer que su madre hizo todos esos sacrificios porque así lo dictaba el hechizo y no por decisión propia. Si, tenía que ser eso. Era su madre, no le cabía en la cabeza aún después de 1000 años que alguien fuera así de malvada. Así que así empezó todo... supuso que luego se llevaron al bebé y consiguieron un pequeño cadáver para engañarlos. De prono las imágenes empezaron a alejarse, a hacerse borrosa. Escuchó el sonido de las aves... una suave brisa, las manos de Rebekah y Priss...

(Ahora)

... estaba de vuelta. Aún no se atrevía a abrir los ojos después de todo lo que vio y escuchó bien. Si madre dijo que de momento la sangre de ese bebé sería un veneno para los vampiros, pero había algo más. Lo dijo, ella era el arma definitiva. Y Kol sólo había escuchado sobre el arma definitiva una vez: la cura. La dichosa cura que esos desgraciados cazadores mencionaron. Quizá Esther no llegó a concretar su plan, quizá pensó hacerlo luego. Quizá el momento había llegado ya. Quizá su madre estaba lista para retomar el plan que nunca terminó en el pasado. Abrió los ojos y miró a Priss, ella también acababa de reaccionar y su expresión lo decía todo. Estaba confundida y asustada por todo lo que había visto y de seguro no entendía absolutamente nada.

- ¿Qué rayos fue todo eso? - musitó la joven.

- No me lo puedo creer - decía Rebekah con indignación. Su voz estaba llena de amargura y parecía que las lágrimas quisieran aparecer - ¿cómo pudo hacer algo como eso?

- No lo sé - contestó Kol. No pues, no lo sabía. Apenas estaba empezando a entender el plan de su madre y sólo pensaba en una cosa: tenía que proteger a Priss, tenía que llevársela lejos y no dejar que nadie sepa de ella. Ni Klaus, mucho menos él. Si él se enteraba de su existencia la mataría sin dudarlo ¿Y por qué quería protegerla? Ella era el arma para matarlo... ¿por qué? Aún no lo entendía, sólo tenía claro que no quería perderla por nada del mundo.

- Yo... emmm... por favor, ¿puedo ir con mamá? Necesito despejarme, me duele la cabeza - les dijo Priss poniéndose de pie.

- Si, ve. Nosotros vamos en un instante - le dijo Kol y ella asintió. Inocente de Priss, ahora habría que explicarle todo lo que vio y que quería decir todo aquello. Pero primero había que hablar con Rebekah y la bruja, ella debería guiarlas un poco más sobre lo que sucede con Priss y cuál sería el próximo paso. Las dos se pusieron de pie y Kol también lo hizo. Bien... ahora venía la parte más difícil. Entender que demonios sucedía y tomar una decisión inmediata. Esperaron unos minutos hasta que Priss desapareció por completo, ya debía de estar cerca de donde dejaron los autos. Había oscurecido... ¿cuánto tiempo duró ese hechizo? Bueno, también habían llegado tarde a ese lado de Wisconsin.

- ¿Y ahora qué? - empezó Rebekah - ella es el arma, quizá un ingrediente de la cura o lo que sea... ¿Kol cómo la encontraste?

- Yo... - iba a empezar a hablar cuando a lo lejos escuchó un quejido. Fue algo leve, pero lo escuchó claramente. Priss había intentado gritar y eso sólo quería decir que estaba en peligro. Algo en él se disparó y salió como un rayo hacia allá. Cuando llegó vio a una mujer que no conocía sosteniendo a su chica por la espalda. Le había puesto un cuchillo al cuello y la estaba amenazando ¿Una ladrona? No tenía la pinta. Más bien parecía otra cosa, habían algo en ella que se le hacía raro... algo que lo hizo desconfiar.

- Suéltala - dijo serio y mirando fijamente a los ojos a esa chica.

- Eso no se puede cariño - dijo burlona y Kol frunció el ceño ¿Y esa igualada qué? ¿Quién demonios se había creído para amenazar a su chica y burlarse de él? Esa zorra sea quien sea se iba a llevar su merecido.

- ¿Pero qué rayos? - apareció Rebekah. Perfecto, esa zorra se las iba a ver con los dos. Buscaba la mirada de Priss, ella estaba conteniendo su llanto. La tipa le tapaba la boca y su chica estaba inmóvil. El cuchillo de la mujer esa se clavó despacio sobre la piel de Priss y un hilo de sangre corrió por su cuello. Kol apretó los puños, sabía que era lo suficientemente rápido para ir hasta allá y desnucar a la zorra sin tener que esperar más... pero tenía miedo. Si, era eso. Tenía miedo de que en ese segundo de duda la mujer le clave la navaja a su Priss. Maldito sea el amor y sus miedos.

- Ya verán - dijo la chica con una sonrisa burlona. Los ojos de Priss se abrieron sorprendidos o quizá asustados y un segundo después Kol escuchó un grito. Cuando giró vio a ese Tyler que se suponía estaba muerto clavándole una daga de ceniza de roble blanco a Rebekah.

Empezaba el juego.