Capítulo 36: La casa de Harold


Alyssa no daba crédito a lo que estaba sucediendo frente a sus ojos. Finalmente los hechizos de destransformación que había estado practicando parecían estar surtiendo efecto. El bollo arrugado que solía ser la revista se había convertido gradualmente en una esfera de luz y, por más que estaba encandilando su vista, no pudo apartar la mirada de la misma.

-¿Al fin te salió algo? –preguntó una voz chillona, a su lado. La intriga era claramente perceptible en su tono.

Alyssa supo que se trataba del insufrible fantasma de la chica que habitaba el baño donde ella se encontraba en ese momento, en el segundo piso del castillo. Mary, Meryl, Myrtle o algo así. Nunca se había molestado en aprender del todo su nombre.

- Cállate y no molestes. –le espetó bruscamente, sin siquiera levantar la vista.

El fantasma comenzó a gritarle enfurecida, pero ella lo ignoró completamente. Lo que había sido una esfera de luz ahora se estaba convirtiendo en otra cosa, algo que parecía un fajo de pergaminos. Efectivamente y pasados unos instantes, se materializaron sobre el libro de transformaciones, donde antes había estado la revista.

Alyssa parpadeó unos instantes para descansar su ojos del encandilamiento que acababan de sufrir. Apenas pudo ver nuevamente, estiró su brazo para tomar los pergaminos, pero un momento antes de que la yema de sus dedos hiciera contacto con ellos, se detuvo. ¿Y si su madre o quien fuera que los hubiera encantado había puesto más de un hechizo de protección? ¿Y si le sucedía algo malo por tocarlos simplemente?

Lo más adecuado sería aguardar y buscar otros encantamientos que pudieran detectar qué más se había conjurado sobre los pergaminos. Sin embargo, ella había esperado más que suficiente, y últimamente no estaba en un humor que pudiera definirse como "paciente". Estaba ansiosa, irritable, aprehensiva ante el futuro, y no iba a tomar más precauciones cuando algo finalmente parecía resolverse.

De modo que, tomando aire profundamente, cerró su mano sobre el fajo de pergaminos, y contuvo la respiración esperando que algo ocurriera.

Pasaron cinco segundos.

Diez.

Cuando era evidente que nada sucedería, y el aire comenzaba a faltarle en los pulmones, soltó un suspiro de alivio. "Creo que le di a mi madre más crédito del que se merece", pensó.

Tomó el fajo de pergaminos. Eran muchos. Los fue desenrollando de a uno y se dispuso a leerlos.

Los primeros tenían el sello oficial de Gringotts. Eran bastante largos y ni se molestó en terminar de leerlos. Se trataban de autorizaciones a retirar dinero de ciertas bóvedas. En algunos reconoció el nombre de sus padres, en otros los de los señores Flint, y luego había varios más que creía haberlos leído en El profeta.

Sin embargo, no le decían más de lo que ella podía suponer por su cuenta: que sus padres estaban usando su considerable cantidad de dinero para manejar los asuntos que consideraban pertinentes en el mundo mágico.

Miró su reloj y comprobó que le quedaban pocos minutos para regresar a su sala común y no tener inconvenientes con los prefectos.

Comenzó a leerlos más apresuradamente.

El próximo que tomó estaba redactado en un estilo que se imaginaba tendrían las leyes. Pasó su vista rápidamente por el contenido y captó algunas palabras que se repetían: "Gringotts", "duendes", "magos". Considerándolo una pérdida de tiempo y más de lo mismo siguió adelante.

Había varios más del mismo estilo, aunque versaban sobre otros temas que no le parecieron relevantes. Uno nombraba a un registro, otro a evaluaciones, pruebas y reglamentos de admisión. No se detuvo a leer para qué.

¿Acaso estaban planeando reformar las leyes del mundo mágico?

Volvió a mirar su reloj.

Le quedaban apenas tres minutos.

Maldición.

Los separó con sus dedos para contar cuantos le quedaban por leer. No más de cinco o seis. Los estaba por enrollar nuevamente cuando una palabra captó su atención. "elfos". Era el último pergamino. Enrolló todos menos ese y lo leyó en detenimiento.

La palabra "elfos" estaba en la siguiente frase: "… que por la presente se disponga la revocación de la Ley 1.56-245, 'De los derechos y obligaciones de los elfos domésticos'". Antes de esa oración había toda una serie de "considerandos", y a continuación, conclusiones y resoluciones.

Intentó seguir leyendo pero las letras parecían moverse. Estaba realmente exhausta. E indignada. ¿Cómo se atrevían a hacer algo así? ¿Qué sentido tenía, de cualquier forma? ¿Acaso los elfos domésticos eran criaturas de temer? ¡Por Merlín! Eran lo más obsecuente que Alyssa hubiera conocido jamás.

- ¿Por qué todavía sigues aquí?

La chica levantó la mirada, sorprendida de que le hubieran hablado. Por un momento había olvidado donde se encontraba. Y luego cayó en la cuenta de la pregunta que el fantasma le estaba haciendo.

¡La hora!

Chequeó su reloj y vio que se había retrasado quince minutos.

Demonios.

Guardó apresuradamente los pergaminos en la túnica y salió sin más del baño, corriendo a toda velocidad hacia las mazmorras.

Cuando llegó a la entrada común vio un alumno mayor, de quinto o sexto, observándola. Un prefecto.

Genial.

- No deberías estar merodeando por ahí a esta hora. ¿Dónde estabas exactamente?

Alyssa le mostró los pergaminos que llevaba en el bolsillo, pero sin revelar su contenido.

- Estaba estudiando. Perdí la noción del tiempo.

El chico asintió, pero luego le dirigió una mirada de advertencia.

- Que sea la última vez.

"¿La última vez que estudio o que pierdo la noción del tiempo?". Alyssa se guardó la pregunta para sí para evitar tener más problemas. En cambio, pasó de largo al prefecto e ingresó a la Sala Común de Slytherin.

Una rápida observación a sus alrededores le develó que el lugar estaba vaciándose lentamente de estudiantes. De hecho, sólo quedaban algunos desperdigados por ahí. Entre ellos, un alumno de segundo año con el cabello rubio platinado que la miraba fijamente. Sonriéndole, Alyssa se le acercó.

No había ni alcanzado a abrir la boca que el otro habló primero.

- ¿Dónde te metiste?

- Fui al baño.

- Estoy preguntando en serio.

- Es en serio, Scor. –ella le contestó, con un pequeño dejo de diversión en su voz. -Ahora te explico. ¿Dónde está Potter? –preguntó, al caer en la cuenta de su ausencia y extrañada de no verlo con su amigo.

- Ya se fue a dormir. Dijo que te mandaba saludos.

Alyssa elevó los ojos entre sorprendida y confundida.

- ¿De verdad?

- No. –sonrió Scorpius. - ¿Te gustaría que lo hiciera?

- En absoluto. –descartó ella inmediatamente. Miró a su alrededor para chequear que nadie los estuviera escuchando. - No sabes lo que acabo de descubrir.

Scorpius escuchó atentamente el relato de Alyssa. Desde la excursión hace unos meses a su casa hasta los hechizos de destransformación y la revista. Eventualmente, llegaron al contenido de los pergaminos y el proyecto para dejar sin efecto la ley sobre los elfos domésticos. Para cuando finalmente terminó de hablar, Alyssa le dirigió una mirada expectante.

Scorpius la miró confundido, sin entender del todo la reacción de su amiga.

- ¿Y?

-"¿Y?" ¿Cómo que "y"? - repitió Alyssa. Si bien solía controlarse bastante, últimamente estaba un poco corta de paciencia. Además, el asunto era demasiado importante como para estar hablando tranquilamente. - Scorpius, ¿escuchaste lo que te acabo de contar? Quieren…

- Sí, lo escuché. –la interrumpió él, antes de que Alyssa volviera a relatarle todo nuevamente. – No entiendo. Tampoco es para tanto.

Ella tenía una expresión de confusión incluso más profunda que la de él.

- ¡Por supuesto que es para tanto! Se trata de…

- De elfos domésticos, Liss. –finalizó Scorpius por ella. – A nadie le importa esa ley.

- ¿Cómo puedes decir eso? Tú debes tener elfos domésticos en tu casa, Scor.

- Sí. Tenemos elfos domésticos. –contestó él lentamente, como si la chica no tuviera la capacidad de entenderlo si hablaba a velocidad normal. – Ellos nos sirven, nosotros los dejamos vivir. No se necesita ninguna ley para que funcione.

Alyssa estaba segura de que si no fuera por tantos años de entrenamiento en su propia casa, ahora estaría gritando sin lugar a dudas. Sin embargo, se contuvo.

- Eso no es lo importante. Lo importante es que leyes como ésta les sirven a los magos para darse cuenta de que los elfos son personas y que…

- Liss –la interrumpió Scorpius-, no son personas. Son elfos domésticos, ¿entiendes?

Alyssa se quedó unos segundos mirándolo incrédula. Scorpius tenía que admitir que era una de las pocas veces que había visto la cara de su amiga tan cargada de alguna expresión que no fuera indiferencia.

- No, no lo entiendo. –contestó ella, negando con la cabeza. – No entiendo cómo puedes decir algo así. –Scorpius estaba por contestarle, pero Alyssa lo detuvo. – Me voy a dormir, Scorpius. Hablamos mañana.

Acto seguido se fue y dejó a Scorpius solo en la sala común, sin entender muy bien qué había ocurrido allí.

º º º

Pasaron algunos días hasta que Alyssa pudo volver a ver los pergaminos para leerlos con mayor detenimiento. Se acercaban los exámenes finales y, si bien estudiar no era su actividad predilecta, le servía para evadir su mente de otras cuestiones. Entre ellas se encontraba una persona que respondía al nombre de Kurt Flint.

A eso se le sumaba Scorpius. Desde el entredicho que habían tenido respecto a los elfos domésticos, cada vez que estaba con él se contenía para no comenzar a discutir y arruinar su amistad. Scorpius, aunque sin ser consciente de ello, había menospreciado y denigrado a la única persona que le mostraba bondad desinteresada a Alyssa, y a la que ella consideraba su familia más que sus padres: Dipsy.

Por ello, cuando finalmente dispuso algo de tiempo, se dirigió inmediatamente al baño del segundo piso para terminar de examinar los pergaminos que le había robado a su madre. Volvió a desenrollarlos y comenzó a leer su contenido.

O eso intentó.

Alyssa parpadeó varias veces para chequear que lo que estaba observando realmente fuera verdad. Revisó cada pergamino por separado, pero todos tenían el mismo aspecto: las letras no estaban en su lugar habitual, sino que parecía que los renglones que las sostenían no hubieran resistido más, y ahora estaban todas apiladas en la parte inferior. Tomó un pergamino al azar y lo abrió en su máxima longitud. Las letras se escurrieron para abajo. Luego lo giró varias veces, y comprobó con horror como las letras se deslizaban libremente por el papel luego de cada movimiento.

Cuando los leyó por primera vez había tenido la impresión de que las palabras se movían, pero lo atribuyó a su propio cansancio. Ahora resultaba evidente que aquella no había sido la razón. Efectivamente había más de un encantamiento de protección sobre los pergaminos, simplemente había sido imperceptible.

Consultó innumerables volúmenes en la biblioteca en los días que le siguieron, en los recreos que se daba del estudio. Sin embargo, todos apuntaban en la misma dirección: el texto se había tornado irrecuperable. Ahora estaba de nuevo con las manos vacías, y no tenía forma ni de probar ni de impedir que dejaran sin efecto la ley sobre elfos domésticos.

Un nuevo motivo de frustración se depositó sobre los hombros de Alyssa, acumulándose con los que ya tenía.

º º º

Durante las semanas que siguieron, Scorpius no pudo evitar notar que cada vez pasaba más tiempo con Albus y menos con Alyssa. Si no estaba estudiando con ellos en silencio, se iba a la biblioteca. Además, en las pocas ocasiones en las que hablaban, tenía la impresión de que ella estaba cuidando cada cosa que le decía, algo que antes no ocurría. Lo que le resultaba más extraño era que no tenía la menor idea de qué había cambiado entre ellos.

En cuanto a Albus, el chico también notó el cambio de actitud de Alyssa. Sin embargo, atribuyó su comportamiento ensimismado, y en ocasiones irritado, al inminente compromiso con Flint. Albus esperaba que el plan que tenían con Rose funcionara. Bajo la promesa de prestarle su propia escoba hasta que repararan la suya, había conseguido que James lo ayudara a conseguir los ingredientes más complejos de la poción multijugos.

A pesar de no haber sido descubierto, James terminó castigado de todas formas, por estar "sospechosamente alegre" luego del incidente, según el profesor de Pociones. Terminó siendo castigado junto a Tom, ya que el chico había contestado que no era culpa de James que Bullstrode no tuviera motivos para alegrarse y por ello encontrase sospechosa la felicidad de los demás.

Finalmente llegó la última salida a Hogsmeade del año, y James supo que debía aprovecharla para hacer el mapa de la ciudad. Sus padres le habían dicho que solía ser un pueblo, pero él no les creyó del todo. ¿Hogsmeade? ¿Un pueblo? No tenía mucho sentido. De acuerdo, el aspecto del lugar, con sus calles adoquinadas, guardaba cierto parecido con lo que podía ser un pueblo. Pero era tan grande como cualquier ciudad. De modo que no, no les creía a sus padres en absoluto. Y no pensaba chequearlo en un libro, ¿por quién lo estaban tomando? ¿Por Sue?

De modo que, abrochándose su capa de viaje, tomó aire y salió con paso decidido hacia el exterior del castillo. A pesar de que los días estaban mucho más cálidos, en ese día en particular corría un fresco viento que sin duda terminaría haciendo descender la temperatura. Después de todo, pasaría varias horas recorriendo Hogsmeade para hacer el mapa.

Se preparó para un excesivamente efusivo recibimiento de Camille, quien estaba aguardando junto a Tom a la salida del colegio. Apenas lo vio acercarse le sonrió ampliamente.

- ¡Mon cher!

Parecía estar dispuesta a abalanzarse sobre James, pero dos cosas la detuvieron. En primer lugar, una mano en el hombro de Tom, que al parecer, finalmente se había compadecido de su amigo. En segundo lugar, pero no menos importante, Sue acababa de alcanzar al chico y lo tomaba de la mano.

La sonrisa de la rubia alumna de Hufflepuff flaqueó por unos instantes, pero finalmente se repuso.

- ¿Pagtimos? Traje todo lo necesaguio. –dijo alegremente, tomando por un instante la tira del bolso que llevaba colgado.

James supuso que llevaría varios pergaminos y lo necesario para hacer el dibujo de la ciudad. Asintió, y los cuatros comenzaron a emprender el camino hacia Hogsmeade. No era muy largo, pero sí lo suficiente como para poder entablar una conversación. Para evitar tener que hablar con Camille más de lo estrictamente necesario, James apresuró el paso y quedó caminando junto a Sue varios metros por delante.

Al ver el semblante triste de su amiga, Tom chocó amistosamente el hombro de Camille con el suyo para distraerla de la vista. La chica dirigió su atención hacia él.

- No estés triste. Créeme, es mejor así.

- Pero…

- Es mi mejor amigo, y es increíble. Pero si lo dejas, se pasará horas hablando de lo genial que es, y ni tú, por mucho que te guste, podrías aguantártelo. –le dijo en voz baja, para que James no lo escuchara.

Camille no pudo evitar reír.

Hablaron de cualquier tema mientras recorrían la distancia que separaba Hogwarts de Hogsmeade. Tom creía que eso era algo extraordinario de Camille. Podría pasar todo el tiempo del mundo hablando de hasta los temas más insignificantes que no se aburriría en lo más mínimo. Y a diferencia de James y Sue, que siempre parecían tener la necesidad de estar haciendo algo, ya sea estudiar, hacer bromas, ir a volar, o lo que fuera, con Camille podía simplemente estar sentado y relajarse, algo que encajaba muy bien con su resistencia natural al esfuerzo. Y es así que, para cuando se quiso acordar, ya estaban entrando al otrora pueblo y ahora ciudad de Hogsmeade.

James y Sue se habían detenido, pero seguían conversando animadamente.

- … así que, aunque Slytherin gane, si no hace la suficiente cantidad de tantos podría quedarse con el partido, pero perder la copa. –resumió James. – Y de paso yo podría mirar a los ojos a Albus de nuevo.

- ¿Cuál es la diferencia? ¿Doscientos puntos? –preguntó Sue, sonriendo levemente por el comentario sobre el hermano menor de James.

- Doscientos diez. –acotó Tom, alcanzándolos. Al ser el comentarista, tenía muy presentes en su cabeza las estadísticas y los resultados de los encuentros. Al momento, faltaba sólo uno: Slytherin contra Hufflepuff. Gryffindor había vencido contundentemente a Ravenclaw, y todos los leones estaban soñando con la posibilidad de que ganaran la copa.

- No entiendo. ¿Cómo se puede ganag un partido pero pegder la copa? ¡Es injusto! –exclamó Camille.

Sue la miró como si dudara de su capacidad mental.

- No es "injusto". Es Quidditch. –rebatió.

- ¿Y eso que tiene que veg?

Tom observó como Sue estaba a punto de estallar de impaciencia y decidió intervenir. Por el bien de todos: Camille tampoco era lo que se dijera una chica con poco carácter. Simplemente estaba obsesionada con James.

- ¿Por qué no vamos a tomar algo a las Tres Escobas? En el camino te lo explico. –se ofreció. Dirigiéndole una última mirada a Sue, Camille asintió y se puso en camino, con Tom caminando a su lado.

Se habían alejado unos pasos cuando el chico escuchó que Sue hacía un último comentario.

- En serio, James, a veces me pregunto si es que no consiguieron la forma de meter a un troll en el cuerpo de una veela.

Tom giró su cabeza para ver como James soltaba una carcajada. Les dirigió una mirada fulminante y luego observó a Camille. Afortunadamente, no parecía haber escuchado nada.

"Sue me va a tener que escuchar", pensó Tom, mientras entraban al lugar.

º º º

- Voy a repasar para los exámenes finales con Rose a la biblioteca, ¿vienes?

Joss levantó la vista de la revista que estaba leyendo. Estaban en la sala común de Gryffindor, la cual estaba bastante desierta dado que muchos de los alumnos mayores todavía se encontraban en Hogsmeade. Rose, ante el advenimiento de los exámenes de fin de año, había puesto en marcha su plan de estudios. La fase final. El plan de estudios había comenzado en Septiembre.

- No, Annie. Gracias. Estoy bien aquí.

- Pero, Joss, ¿cómo piensas hacer para aprobar los exámenes si no estudias? –se preocupó su amiga.

- Estaré bien. –le aseguró Joss. – Ya sé la mayoría de las cosas. –argumentó.

- ¿Ah, sí, cómo cuáles? –insistió Anne.

- Eh… como el "Wingardium Leviosa". –contestó.

- Es un hechizo de primer año. –rebatió Anne.

- Bueno… pero realmente lo sé hacer muy bien. –se excusó. - Lo estuve perfeccionando.

- ¿Y qué hay de Transformaciones?

- Transformaciones. Soy muy buena en Transformaciones.

Anne tomó un puffskein que rondaba por ahí, seguramente la mascota de algún compañero de Gryffindor, y lo puso enfrente de Joss.

- ¿Por qué no me muestras? Transfórmalo en una copa.

- ¿Quieres que lo transforme? De acuerdo, lo transformaré. –rebatió Joss. Se puso de pie y sacó su varita. Hizo unas florituras con la varita, y finalmente tocó con la punta a la criatura.

El puffskein emitió un chillido mientras su redonda panza se hundía. Sin embargo, la transformación no siguió, y el animal perdió el equilibrio, cayendo hacia atrás y se quedó tambaleando sobre su espalda.

- Annie, espero que sepas que la palabra "copa" es muy confusa. –comenzó Joss. – La próxima vez tienes que ser más clara.

Anne le dirigió una mirada de censura y luego volvió al puffskein a su tamaño normal. Si bien eran en general muy amistosos con los magos, la criatura se apresuró a alejarse de las dos chicas una vez que se vio físicamente capacitado de hacerlo.

- Joss, si no comienzas a estudiar vas a desaprobar todos los exámenes. –le advirtió Anne. - ¿Por qué no estudias hoy?

- Hoy no puedo. –contestó la otra rápidamente.

- ¿Y por qué no? Puedes venir con Rose y conmigo a la biblioteca.

- Tengo que… hoy me pienso tomar el día para descansar. –finalizó.

- ¿Descansar? Joss… -comenzó Anne.

- Annie, yo sé lo que hago, ¿de acuerdo? –la interrumpió Joss.

- No entiendo, ¿por qué hoy…? –Anne se detuvo a mitad de la pregunta, y cayó en la cuenta de algo. – Hoy piensas ir a Hogsmeade, ¿no? A encontrarte con… con… con Ashton o como se llame. –la acusó.

- ¡Sh! –la chistó Joss. Siguió hablando en un susurro. - Sí, Anne, ¿está bien? Hoy pienso ir a Hogsmeade. –al ver que su amiga abría la boca para protestar, se le anticipó. – Prometo que voy a estudiar cuando vuelva. Voy a aprobar los exámenes. En serio.

Anne se quedó en silencio unos instantes mientras la miraba preocupada.

- ¿Estás segura de que podrás?

- Los voy a aprobar. –la reaseguró Joss.

Anne estaba a punto de agregar algo más, pero finalmente no lo hizo. No podía ayudar a Joss si ésta no estaba dispuesta a que la ayudaran. Resignada, se encaminó hacia la biblioteca a preparar los exámenes.

º º º

- Debemos irnos. Si no, no llegaremos a tiempo a recorrer la ciudad. –dijo James. Camille asintió, levantándose y poniéndose el ligero abrigo que había llevado. James se dirigió luego a los otros dos. - ¿Vienen?

- No, tengo que hacer algunas compras. –se excusó Sue. En realidad los habría acompañado si estar con Camille no le resultara tan exasperante. De paso aprovecharía para comprar una nueva pluma, aunque no era tan necesario.

James se dirigió entonces a su amigo, su última esperanza para no quedarse a solas con Camille. No obstante, Tom ya había decidido aprovechar el momento para hablar a solas con Sue.

- ¿Tom?

- ¿Realmente me estás preguntando si quiero pasar siglos caminando por la ciudad, James? ¿A ? –le sonrió.

Aunque a James hubiera preferido mil veces contar con su presencia, finalmente admitió su derrota.

- Perdón, Tom. No sé en qué estaba pensando. –se disculpó, con una expresión de profundo arrepentimiento.

El aludido sacudió la cabeza en un gesto de desenfado.

- No hay problema. Pero ten cuidado con lo que me pides. –le advirtió luego. – Estas cosas son serias.

James asintió, y acto seguido, finalmente sonrió.

- Nos vemos en unas horas. No se metan en nada que merezca una expulsión sin mí. –los saludó, y, junto a Camille, quien le dirigió una última sonrisa a Tom, salió de las Tres Escobas.

- De hecho preferiría no estar nunca en riesgo de ser expulsada, pero no le digas a James porque me va a odiar. –confesó Sue, antes de tomar unos sorbos de su cerveza de manteca.

Tom rió.

- Lo prometo. –imitó a Sue con su propio vaso, y luego decidió abordar el tema que tenía en mente. – Sue, ¿por qué no puedes ser así con ella?

La chica en cuestión lo miró confundida.

- ¿De qué estás hablando, Tom?

- De Camille. –Sue soltó un bufido de exasperación. – No, en serio. ¿Por qué no la puedes tratar de la misma forma en que me tratas a mí?

- Porque ella no es mi mejor amigo. –respondió Sue con simpleza. - ¿Realmente es necesario que hablemos de ella?

- Sí, es necesario. –contestó él. Por la expresión de la cara de su amiga, Tom dedujo que no le había gustado la respuesta. – No estoy diciendo que debas ser su mejor amiga, Sue, pero al menos dale una chance. –pidió.

- No, Tom. No la soporto.

- ¿Por qué no? –insistió él.

- ¡Porque es idiota! –exclamó ella, perdiendo la paciencia. - ¿Acaso la escuchas cuando habla? ¿O estás muy ocupado pensando que es linda para darte cuenta de que una troglodita?

Aunque se podía decir que Sue había explotado, no era nada comparada a la expresión que tenía ahora el rostro de Tom.

- ¡Por supuesto que la escucho! ¡Es mi amiga! Y a mí no me importa que sea linda o no.

- Es mentira. –le espetó Sue. - ¿Qué fue lo primero que notaste en ella?

Tom desvió un instante la mirada al ser derrotado en ese argumento. No podía negar que Camille le había resultado atractiva. Pero ya lo había superado, y ahora no la veía de la misma forma, por más que ella no hubiera cambiado en absoluto.

- Sí, está bien. Lo primero que noté es que era linda. –admitió. - ¿Y qué? Ahora es mi amiga.

- Sigue siendo una idiota. –rebatió Sue. – No entiendo como puedes hablarle.

- ¡No es idiota! ¡Deja de llamarla así! –se enfadó Tom. – Y puedo hablarle perfectamente. Tal vez no sea tan inteligente como tú, pero a mi me da igual. Hay cosas más importantes que eso. No necesitamos hablar de Transformaciones para divertirnos. –hizo una pausa, en la que desvió un momento la mirada de Sue mientras pensabas las palabras exactas que diría a continuación. – Mira, tan sólo dale una oportunidad, ¿está bien? Una. No es tan mala como piensas.

Sue le dirigió una mirada escéptica pero finalmente suspiró, resignada.

- De acuerdo. Una. ¿Podemos hablar de otra cosa, ahora?

Tom le sonrió, asintiendo. La insistencia siempre ganaba.

º º º

James sacó su rana de chocolate del envase y la dejó sobre el pergamino que Camille estaba dibujando. La chica soltó un pequeño grito de sorpresa cuando el animal de cacao le saltó en la mano. No le gustaban las ranas, fueran reales o golosinas. Camille sacudió su mano quitándosela de encima, pero James logró atraparla antes de que cayera al suelo.

- ¿No te gustan las ranas? –preguntó el chico sonriente, dándole un mordisco. Acababan de salir de Honeydukes, donde James le había indicado el pasadizo que llegaba a Hogwarts desde el sótano.

- Les tengo miedo. –admitió ella. - En Beauxbatons, Dominque y yo estábamos practicando Transformaciones, y la gana que ella estaba usando me saltó encima.

- ¿Por qué haría eso? Tal vez te tenía más miedo la rana a ti.

- Puede seg. Nunca lo sabgué. No pude hablar del asunto con la gana. –sonrió ella, mientras hacía trazos con su pluma en el pergamino.

James soltó una pequeña risa ante el comentario. Camille levantó la vista sorprendida y lo miró algo embobada.

- No empieces. –le advirtió él. – Venías bien.

Ella se sonrojó y siguió dibujando. Lo que había dicho James era cierto: Camille había estado controlando sus avances y no había hecho nada demasiado pegajoso. Tampoco tenía muchas opciones: si quería dibujar el mapa correctamente tenía que observar el lugar y no a James.

El alumno de Gryffindor, por su parte, estaba sorprendido de lo fácil que estaba resultando todo. Había previsto que se tendría que sacar de encima a Camille todo el tiempo, pero hasta ese momento, y ya llevaban varias horas caminando, no había tenido necesidad.

- Ven por aquí. –le indicó, saliéndose del camino principal a una de las calles secundarias.

Camille lo siguió mientras miraba alternativamente a sus alrededores y al pergamino que tenía delante. A medida que se iban alejando del centro, los edificios iban tomando un aspecto más residencial. Giraron unas veces más, y, minutos más tarde, James se detuvo y miró con orgullo contenido al edificio que tenía enfrente.

- Llegamos.

Camille observó el lugar que James estaba señalando.

- ¿Estás segugo?

- Totalmente.

Delante de ellos había una casa de tres pisos de aspecto abandonado. Las ventanas tenían los vidrios partidos o rotos y el interior se veía lúgubre. Del techo se habían desprendido varias tejas y las paredes tenían quiebres en varias partes. Contrastaba con los edificios contiguos, de aspecto prolijo y cuidado.

Al ver que James se acercaba a la puerta, Camille susurró, como si temiera que ocurriera algo si hablaba muy fuerte.

- ¿Vamos a entrar? ¿No es peligroso?

- Mmm. Un poco. –admitió James. – Pero no por lo que tú crees.

Se acercó y comenzó a abrir la puerta, la cual emitió un chirrido, pero, antes de que pudiera terminar de empujarla para entrar, algo que parecía un murciélago salió del lugar a toda velocidad. Detrás de él, Camille dio un respingo. James sonrió.

- ¿También le tienes miedo a los murciélagos? –le preguntó, una vez adentro de la habitación.

- Nunca había visto uno. –repuso ella, siguiéndolo.

Miró a su alrededor. La habitación estaba toda desordenada, con los muebles en mal estado, cuadros caídos y un aspecto de decaimiento general. El piso de madera estaba sucio y se podían ver telarañas por doquier. Había algunos portarretratos, pero estaban con los vidrios rotos y desperdigados por el suelo.

- Nadie vive aquí, ¿vegdad?

- No exactamente. –contestó James de forma algo ausente, mientras miraba a su alrededor, como si estuviera buscando algo. Finalmente sus ojos se posaron en un gato que estaba en un rincón, mirando hacia un costado. Sonrió. Lo había encontrado. Acto seguido, sacudió su varita e hizo levitar una silla, estrellándola en la dirección en que el animal había estado mirando.

Camille soltó una exclamación de sorpresa al ver que una silla volaba por el medio de la habitación y se partía estruendosamente contra la pared, levantando una pequeña nube de polvo. Se quedo aún más estupefacta al escuchar una maldición en un tono de voz gruñón.

- ¡Maldita sea! Ahora estoy lleno de polvo. ¿Cómo me encontraste, Potter?

El que había hablado era un hombrecillo muy pequeño, suspendido en el aire, quien, hasta instantes atrás, estaba escondido detrás de un sucio y raído sofá. A Camille le recordó inmediatamente a Peeves, el poltergeist de Hogwarts. Sin embargo, había unas notables diferencias entre ambos: si bien aquél tenía aspecto de ser de mediana edad, éste tenía gran parte de su cabeza pelada y algún que otro cabello entrecano. Su vestimenta, además, estaba muy deteriorada, dándole un aspecto de demacrado. Y finalmente, mientras que Peeves solía tener una expresión de malicia y travesura, éste hombrecillo tenía cada facción de su rostro torcida en un gesto de malhumor y enfado.

- Te traicionó Freckles. –respondió James, señalando con su cabeza al gato que seguía en el rincón, que no se había inmutado en lo más mínimo por el escándalo.

Camille lo miró detenidamente y entendió el porqué de su nombre. El animal era totalmente blanco a excepción de unas pequeñas motas de pelaje marrón que tenía en su cabeza, que le daban el aspecto de tener pecas. Estaba algo delgado para lo que era su tamaño.

- Maldito animal. –refunfuñó el pequeño hombre. Acto seguido, con un movimiento de su brazo, hizo levitar los restos de la silla que James le había lanzado para sacarlo de su escondite, y se los lanzó al gato. En esta ocasión, sin embargo, el animal se escurrió rápidamente a una habitación contigua, no sin antes emitir un maullido de protesta.

- Y bien, Harold, cuéntame: ¿me extrañaste? –le preguntó James, ignorando el episodio, y dirigiéndose a paso tranquilo a la habitación hacia donde el gato había escapado. Camille lo siguió inmediatamente, mirando recelosa al hombre en cuestión.

Harold voló sobre ellos, y se colocó frente a James, a la altura de sus ojos, vociferándole en un tono cargado de furia.

- ¡Maldigo el día en que entraste a este lugar! ¡Por qué no entiendes que quiero estar solo, en paz! ¡Detesto tu presencia con cada fibra de mi ser! ¡VETE DE UNA MALDITA VEZ!

Luego de unos segundos de silencio en los que intercambiaron miradas fijamente, James sonrió.

- Voy a tomar eso como un sí.

Harold soltó un gritó de frustración, alejándose de ellos y haciendo que un candelabro volara hacia donde estaban parados. Camille soltó un grito y se cubrió la cara con los pergaminos, al mismo tiempo que James murmuraba algo en voz baja, sacudiendo su varita y haciendo que el objeto en cuestión perdiera velocidad, cayendo inofensivamente a sus pies con un ruido metálico.

- Harold, ¿cuántas veces te he dicho que es de mala educación lanzarle cosas a la gente? –le recriminó el chico, como si estuviera hablándole a un niño pequeño.

- ¡Déjame en paz! ¡TE ABORREZCO!

- Tonterías. –descartó James despreocupadamente. – Te aburrirías sin mí y los chicos. –inmediatamente después, adoptó una expresión sorprendida, como si acabara de recordar algo. - Oh, casi lo olvido. Qué descortés de mi parte. Harold, ésta es Camille. Camille, Harold. –los presentó.

El hombrecillo en cuestión la observó detenidamente, aparentemente formando un dictamen.

- Otra asquerosa molestia que soportar. –masculló, dirigiéndole una mirada desagradable. Camille apretó los pergaminos contra su pecho, algo atemorizada.

- Creo que le caíste bien. –le susurró James a Camille. Ella le dirigió una mirada de confusión.

Bajo la atenta mirada de Harold, James se dirigió hacia unas escaleras que descendían y llevaban a lo que se veía como un sótano.

- Vamos a bajar, Harold. Nos vemos en un rato.

- Ojalá queden atrapados allá abajo. –les espetó, y se dio vuelta, regresando a la habitación principal.

James y Camille descendieron por las escaleras, cada peldaño emitiendo un crujido bajo sus pies. La chica tenía un montón de preguntas dando vuelta por su cabeza. Decidió empezar de a poco.

- ¿Entonces Hagold es el único que vive aquí?

James asintió, mientras murmuraba "Lumos" y su varita se encendía.

- En realidad, por lo que lo escuchamos decir entre todos los insultos que grita, antes vivía una pareja de ancianos, quienes, increíblemente, lo soportaban. Pero cuando la mujer murió, y el hombre le siguió poco después, Harold se apoderó del lugar. –explicó. – Por aquí.

A diferencia de la habitación principal, ésta estaba prácticamente vacía de muebles. Era más pequeña y había tan sólo una mesa contra la pared, con un candelabro que tenía todas sus velas consumidas. El piso, a diferencia de la madera que cubría la sala de estar –o lo que había quedado de ella-, era de piedra, haciendo que el lugar fuera más frío que la planta superior. Las paredes también eran del mismo material, y, si no fuera por la mesa, Camille hubiera pensado que estaban en un calabozo.

James, por su parte, estaba mirando fijamente la pared que tenía enfrente. Le señaló a Camille una piedra en especial para que dibujara y marcara en el mapa. Acto seguido, la tocó con su varita y dijo en voz clara para que ella lo pudiera escuchar:

- Emri oreiuq.

Ella lo miró confusa.

- "Quiero irme" al revés. –explicó James, mientras las piedras empezaban a deslizarse y rotar sobre sí mismas, para hacer lugar a un pasaje oculto. – Sí, no era muy original en esto de hacer contraseñas.

Cuando finalmente la pared dejó de moverse, se había formado un arco, y algunas entorchas se habían encendido delante de ellos, pero a partir de cierta distancia, el camino volvía a ser oscuro e impenetrable nuevamente.

- ¿Vamos a entgag ahí? –preguntó Camille con cierto recelo.

- Por supuesto. –contestó James sonriente, mientras comenzaba a caminar. – Este lugar es la gloria.

Camille lo siguió, pero no encendió su varita para poder seguir la dirección que iba tomando el pasaje y plasmarla en el mapa. A medida que se adentraban en la oscuridad, las paredes se iban haciendo más rústicas, hasta llegar a ser de roca y tierra, con solo algunas maderas sosteniendo el techo en su lugar. James siguió hablándole a lo largo del camino.

- Por lo que pudimos deducir, el hombre que vivía aquí era muy huraño y prefería evitar a la gente. Creo que la mujer era igual. –explicó. – Según Harold, después de la muerte de ella él se volvió incluso peor. Entonces, para evitar tener que salir de su casa, construyó estos pasajes a algunos lugares de Hogsmeade. Hay un camino que nos lleva al sótano de Cabeza de Puerco. Supongo que se habrá llevado bien con el tabernero del lugar, que, dicho sea de paso, es un viejo algo gruñón. Aunque en el fondo no parece malo. –repuso.

Camille hizo un ruido afirmativo con la boca para indicar que había escuchado, pero estaba dibujando esmeradamente un nuevo pergamino que había sacado.

- Después hay otro que nos deja muy cerca del Monumento a los Caídos, ¿lo viste alguna vez? –ante la negativa de ella, explicó: - Lo construyeron en honor a los que murieron en la segunda guerra. Los padres de Teddy tienen su nombre ahí, ¿sabes?

- ¿Los padres del Profesor Ted Lupin?

James asintió, y siguió hablando.

- Supongo que la mujer habrá muerto en la guerra, aunque no sé cómo si salía tan poco de esta casa. Y finalmente, hay un último pasaje que no está terminado, y que lleva cerca de las afueras de Hogsmeade. Creo que se debe haber agotado antes de terminar y no siguió construyéndolo.

Pasaron unos segundos de silencio hasta que Camille lo interrumpió.

- ¿Y cómo encontraron este lugag?

- En realidad primero nos llamó la atención la casa casi destruida. –respondió James. – Además, la puerta estaba abierta y ni siquiera tuvimos que molestarnos con un "Alohomora". Nos llevamos un buen susto cuando Harold nos atacó por primera vez, creyendo que éramos parientes de los dueños y veníamos a reclamar la casa. O al menos eso nos gritó. Con el tiempo nos terminó aceptando. –ante la mirada escéptica de Camille, James agregó: - A su manera, claro.

Caminaron unos cuantos metros más, y finalmente James anunció que habían llegado. Cuando las antorchas se encendieron, pudieron ver con más claridad que el pasaje se dividía en tres caminos, en apariencia idénticos.

- Ese va hacia Cabeza de Puerco. –indicó, señalando al que estaba en el extremo derecho. – Ése al Monumento a los Caídos. –dijo, en referencia al del medio. – Y ése es el que está sin terminar. –explicó respecto del restante.

Camille hizo las indicaciones en su mapa, y luego miró a James, esperando que éste tomara alguno de los pasajes.

- No tenemos mucho tiempo para recorrerlos a pie, así que te diré como funcionan. –Camille adoptó un gesto confundido ante el comentario, de modo que James siguió explicando. – Tienes dos opciones: o recorrerlos a pie… o hacerlo de la forma divertida. –sonrió. Inmediatamente aclarándose la voz, dijo en voz fuerte: - El tiempo apremia.

Ante los ojos estupefactos de Camille y los entusiasmados de James, el suelo de los pasajes se transformó frente a ellos. Lo que antes había sido un suelo perfectamente nivelado, ahora se había inclinando de tal forma que Camille estaba segura de que deslizarían por él rápidamente. Miró los pasajes con algo de recelo.

- Oh. Muy integuestante. Pero no piensas…

Antes de que pudiera comenzar a inventar alguna excusa para no bajar, James la había tomado del antebrazo y arrastrado al que había indicado que conducía a Cabeza de Puerco. Soltando un grito de sorpresa, la chica alcanzó a proteger los pergaminos contra sí misma e inmediatamente después comenzaron a deslizarse por el pasaje a una velocidad mayor de la que había previsto.

Si bien James había logrado mantenerse de pie con agilidad, Camille había tropezado a pesar de que el chico la sostenía, y ahora se deslizaba sentada y algo dolorida por la caída. Recorrieron lo que supuso sería una gran distancia, y finalmente el piso comenzó a nivelarse de nuevo, con lo que su velocidad se redujo, hasta que eventualmente se detuvieron.

Mientras la ayudaba a levantarse y Camille se sacudía la suciedad que se había impregnado en su ropa, James le sonrió.

- Luego de un par de veces te acostumbras. –luego agregó. - En cualquier momento…

Camille lo miró confundida sin saber a qué se refería, pero cuando el suelo comenzó a temblar bajo sus pies, se agarró de James atemorizada. Sintió que se elevaban, y comprendió que el pasaje estaba volviendo a su altura normal, dejándolos cada vez más cerca de lo que parecía una pequeña escalinata que llevaba hacia una puerta trampa.

Para cuando finalmente todo se había quedado quieto, la chica respiraba agitadamente.

- Dime que esto es todo lo que me tenías que mostrar.

James rió.

- Sí, los otros dos pasajes son parecidos. Aunque el que está sin terminar no funciona del todo bien y si intentas hacer esto te terminarás dando un buen golpe. Créeme, lo hemos intentado y dolió bastante. –le aseguró, aunque en tono despreocupado.

Camille no estaba muy segura de qué responder a eso, de modo que hizo otra pregunta.

- ¿Vamos a subig?

James negó con la cabeza.

- No hoy. No sé si el tabernero sabe que estamos usando este pasaje, y no hemos traído nada para hacerte invisible. –contestó el inmediatamente.

- ¿Puedes hacerte invisible? –exclamo ella, estupefacta.

- Eh… -James se rascó la cabeza, algo reacio a dar detalles ya sea sobre la capa de su padre o los encantamientos desilusionadores. -… algo así. Creo que se está haciendo algo tarde. Deberíamos empezar a volver.

Ella asintió.

- ¿Volvemos caminando?

James sonrió con picardía.

- ¿Bromeas? Caminar es aburridísimo.

Soltando un gruñido de resignación, Camille lo siguió.

º º º

Dos hombres encapuchados ingresaron apresuradamente al Callejón Knockturn ante la mirada atenta de un pequeño niño de no más de siete años, que estaba sentado a la entrada del pasaje. Ellos lo ignoraron.

El pequeño en cuestión tenía su vestimenta algo sucia y desarreglada, y sostenía en su regazo a un gato bastante grande color canela. Una vez que los separó una corta pero apreciable distancia, se levantó y comenzó a caminar en su misma dirección. A pesar de los metros entre ellos, podía escuchar la conversación clara como si la estuvieran teniendo a su lado.

- … exactamente. La anunciaron para el primer domingo luego de finalizadas las clases. –comentó uno de ellos.

- ¿En serio? ¿Por qué? ¿Qué tiene que ver? –preguntó el otro, al parecer confundido.

- No seas idiota. –le espetó. - Llorch quiere mejorar su imagen. Quedará mejor si las familias asisten con sus hijos que si van sólo magos adultos.

No dijeron nada más mientras se adentraban en el lúgubre pasaje. Finalmente, el primero de ellos habló nuevamente.

- Allí está. –señaló, y se dirigió a una tercera persona, apoyada contra una pared, que parecía estar aguardando a alguien. El niño se ocultó detrás de una columna, y distraídamente le rascó la cabeza al gato, que ronroneó plácidamente. - ¿Tienes todo? –escuchó que preguntaba el mago.

- Bien, Crookshanks. Ya sabes lo que tienes que hacer. Ve por ellos. –le susurró el niño, en una voz falsamente infantil. Al mismo tiempo que el gato saltaba de su regazo, el pequeño sacaba su varita, e instantes después, no se lo vio más.

Al ver que un gato de un tamaño descomunal le saltaba encima, uno de los magos dejó caer el vial de la poción que tenía en la mano, que se estrelló en el suelo. Sacó su varita y comenzó a lanzarle hechizos al gato, que, sin embargo, ya se había escurrido a toda velocidad. Entre la conmoción, ninguno notó que los restos de vial que contenían lo que quedaba de poción habían desaparecido.

Fuera del alcance de su vista, el niño volvió a aparecer y pasó los remanentes de poción a un nuevo vial que había hecho surgir de la nada. Lo guardó en su bolsillo y también aprovechó para sacarse las orejas extensibles mejoradas de sus oídos. Acto seguido, comenzó a caminar hacia la salida.

- ¿Crookshanks? –llamó, y su voz infantil resonó en el lugar, que estaba algo desierto. Los pocos transeúntes, no obstante, ignoraron al pequeño que parecía haber perdido su mascota. - ¿Dónde estás, Crookshanks?

Escuchó un maullido en una calle secundaria, y se dirigió hacia allí. El pequeño se detuvo en seco: había un mago bastante fornido que estaba aplastando con el pie al animal, el cual estaba soltando unos maullidos de protesta. Era un callejón sin salida.

- ¡Crookshanks! –exclamó.

- Oh, ¿has perdido a tu gatito? –le preguntó el otro en tono burlón.

El niño le dirigió una mirada amenazante que perdió algo de su efecto por la corta edad que parecía tener.

- ¡Devuélveme a mi gato! –le espetó.

El otro sonrió, mostrando unos dientes amarillentos.

- ¿Y si no quiero qué me harás?

El pequeño no le contestó, sin embargo, y a una velocidad sorprendente que no le dejó tiempo de reacción, sacudió su varita, haciendo que el hombre se estrellara con fuerza contra la pared que tenía detrás. Inmediatamente después, unas cuerdas lo amordazaron, aunque no había sido del todo necesario. El hombre estaba aturdido por el golpe, y tenía la vista perdida.

El niño se acercó a Crookshanks y lo levantó dispuesto a volverse. Antes de irse, no obstante, le dirigió una última mirada al hombre y le sacó la lengua en un ademán burlón.

Caminó hasta estar fuera del alcance de ojos curiosos, y luego se detuvo.

- ¿Kreacher? –llamó en voz baja.

Un elfo se materializó de la nada frente a él.

- ¿Sí, señor? –el elfo adoptó una expresión de sorpresa al ver que quien lo había llamado era tan sólo un niño pequeño. ¿Cómo había entonces sentido el llamado de su amo?

- Ya te dije que me dijeras "Harry", Kreacher. –le dijo amablemente el chico, sonriendo y mostrando dientes pequeños. - ¿Me llevarías a la mansión Malfoy? No puedo aparecerme allí.

Aún con expresión sorprendida, Kreacher asintió.

- Por supuesto, señor.

- Harry. –corrigió.

- ¿Disculpe, señor?

- …Olvídalo.


No se ustedes, pero a mí personalmente me encantó este capítulo, y no es porque lo haya escrito yo jaja.

Primero porque es largo, pero además, pasaron cosas interesantes. Y Harold me cae muy bien.

AAHH! Hay un poco de todo así que no sé por dónde empezar.

- Alyssa y las leyes! Es un gran anticipo de lo que se viene. Atentos.

- Scorpius: entiendan su reacción. El chico es un Malfoy, y no son precisamente amantes de los elfos domésticos.

- Joss: sí, la chica es una rebelde del estudio en potencia. Me causó mucha gracia escribir lo que le pasó al puffskein.

- Sue y Tom: bueno, hoy vimos uno de los lados menos lindos de Sue, pero de todas formas sigue siendo buena persona :)

- Hogsmeade: ¿qué les pareció todo lo de la casa de Harold? A mí me dio una sensación de tercer libro mal jaja.

- ¿Y quién se había dado cuenta que Harry era el inocente pequeño que sabe como estrellar a alguien contra una pared si pisan a Crookshanks?

PD: Reviews? Sí, te estoy hablando a ti / vos, que nunca me dices / decís qué te parece :D