Capítulo 35: Tormenta
¿Ahora qué nos ocultando, Lily? Está escrito en tu rostro, ¿algo más pasó, cierto?
¿Cómo puede una persona leer tan fácilmente a otra? O, más importante aún, ¿en qué momento comencé a tener tantos secretos?
No les conté lo que casi hice en mi horrible borrachera, ni lo que pasó en su cuarto ni, mucho menos, de la vez que me quedé en la Sala Común cuidándole el sueño. Tampoco les conté acerca de los padres de James, no saben que me escapé del castigo ni que casi muero en brazos de los dementores.
¿Por qué estoy guardándome tantas cosas?
No es que no confíe en ellas... tal vez tengo miedo de lo que puedan decir. Aunque lo que ya han dicho ya es suficientemente malo.
Trato de sacármelas de la cabeza y me acuerdo de algo que había olvidado que había olvidado preguntar.
- James –lo llamo suavemente para llamar su atención, él hace un ruidito para indicarme que me escucha.
Vamos, Lily, no te vas a volver a acobardar. Este es el momento.
- ¿Podrías enseñarme a hacer el encantamiento Patronus? –Me cuesta hacer salir las palabras de mi boca, pero me obligo a seguir respirando y miro hacia adelante para no encontrarme con los ojos oscuros que ahora están puestos sobre mí.
- ¿De dónde salió esa idea?
- Tú sabes de dónde –le respondo- no quiero volver a sentirme así de indefensa nunca más.
Él guarda silencio y sigue caminando sin alterar su paso. Los ronquidos de los retratos y el eco de nuestros pasos son lo único que se escucha. Algo en esto es pesado, incómodo, pero a la vez agradable.
De repente, considero la posibilidad de que pueda negarse y la perspectiva es demasiado embarazosa. No puedo controlar la necesidad de explicarme, de convencerlo.
- Sé que sabes hacerlo, Remus me lo dijo – le digo-pero si no quieres, no importa, puedo decirle a...
¿Por qué no le dije a alguien más? Remus hubiese sido una opción más inteligente. Para empezar, ¿por qué le pregunté por James y no se lo pedí a él de una vez? ¿Por qué solo pensé en él? Morgana, no sé qué está pasando conmigo.
James se aclara la garganta.
- Claro que te enseñaré –lo miro sorprendida y él me regala una sonrisa torcida- Jamás pensé que llegaría el día en que sabría algo que tú no.
Esto lo dice en un tono bromista y yo suelto un bufido y le pego en el brazo. Al mismo tiempo, una oleada de alivio me recorre el cuerpo y aparto la mirada para que no lo note.
- No te sientas tan afortunado.
Él suelta un sonido que es entre burla y reconocimiento y seguimos caminando. Está más callado de lo habitual, algo cabizbajo. Probablemente se deba a sus padres, a esa última carta sellada que no ha querido mencionar.
Mientras tanto, solo camina haciendo un comentario de vez en cuando, haciendo un esfuerzo por bromear para no preocuparme. Es inútil. Últimamente siempre estoy preocupada por ellos.
Vamos, Lily, no puedes negar que algo más está pasando ahí.
¿Por qué tienen que decir cosas como esas? Se me quedan grabadas en la cabeza...
- Lily, es solo curiosidad... –su voz me saca de mis pensamientos, estamos en el vestíbulo y él se ha detenido a amarrarse un zapato. Se incorpora y da unos cuantos pasos para indicarme que sigamos -¿De qué quería hablar mi madre contigo?
Yo me detengo en seco y siento mi corazón dispararse. Él se gira con la mirada extrañada y yo me aclaro la garganta y camino un poco más rápido.
- ¿No te lo dijo? –le pregunto en mi tono más tranquilo.
- Me dijo que fue una conversación privada –hace un ruido que expresa su frustración con la respuesta.
- Entonces ya lo sabes –le respondo, agradeciéndole mentalmente a la señora Potter su silencio.
Él suelta un gruñido.
- Estuvieron hablando de mí, ¿cierto? ¿De qué más iban a hablar ustedes dos?
Idiota presumido.
Yo hago una exclamación incrédula que suena algo falsa.
- En momentos como estos me doy cuenta de la excesiva y poco realista confianza que te tienes, Potter –le digo en un tono irónico- si crees que tu mamá y yo tenemos que sentarnos a hablar de ti es que no sabes nada en absoluto.
- ¿Entonces de que hablaban? –me espeto.
Yo digo lo primero que se me viene a la mente:
- Recetas de cocina.
Él suelta una risotada. No me cree nada. Yo tampoco lo hago.
- Vamos, dime.
Yo suelto una risa algo tensa y no digo nada. Solo lo dejo insistir un rato hasta que se aburre de no recibir respuesta. Luego bufa y para cambiar de tema le pregunto por cómo aprendió a hacer el patronus y él me suelta una historia claramente falsa sobre un desencuentro con dementores, Sirius y Madame Rosmerta.
Lo dejo terminar su elaborada mentira sólo para escuchar sus ocurrencias. Sin decir nada, tomo mi camino al separarnos por la ruta acostumbrada e ignoro sus infantiles protestas, mientras me alejo de él. Hoy es uno de los días malos. Hay días buenos y días malos y nunca sabes cuando uno bueno se convertirá en malo, o al revés. Cada vez más, trato de adivinarlo o descifrarlo en los primeros minutos que pasamos juntos. A veces es fácil, otras, no tanto.
Sin embargo, los merodeadores, la rutina, Hogwarts y el paso de la vida lo ayudan. No solo trata de estar bien con una mirada distante, ahora protesta, busca pelea, sonríe dulcemente y ha vuelto a hacer algunas bromas. Parece el mismo de siempre, a pesar del dolor en su mirada. Diría que es un poco más maduro, con cierta firmeza en su mirada, al hablar...
Ya no es Potter, es James. Tampoco es el imbécil narcisista, sino el idiota. Ya no dices que no lo puedes soportar, sino que lo verás en un rato. Vamos, Lily, ¿no ha cambiado nada?
Otra vez estoy pensando en él...
Sacudo la cabeza y trato de distraer mi mente con los cuadros, el frío de la noche, los chismes de Thalia o cualquier excusa. Sin embargo, es claro que ya el daño está hecho. Cada vez más me encuentro perdida en mis pensamientos, usualmente sobre él. Es como recibir un abrazo y una bofetada al mismo tiempo.
- No me digas que estás pensando en mí.
Yo pego un salto que me lleva al otro lado del pasillo y me freno a medio camino de tomar mi varita y hechizarlo. Cuando lo veo no sé si tomar aire y respirar tranquila o esconderme en una armadura.
- ¿No deberías estar del otro lado?
- Creí escuchar algo –me contesta y se encoje de hombros- esta es una noche de lo más aburrida.
- Así que te inventas sonidos para salir del aburrimiento –le digo con algo de burla- ¿también tienes amigos imaginarios?
- ¿No será que estás haciendo sonidos para llamar mi atención?
- ¿Para qué querría llamar tu atención? Más bien estoy buscando uno para poder alejarte, ya que las palabras no funcionan contigo.
- Pues yo no recuerdo la última vez que intentaste apartarme –me dice con una sonrisa- pero sí la última que quisiste acercarte.
Yo abro la boca en un gesto lleno de incredulidad y le espeto con ira
- Seguramente quería matarte con mis propias manos, como hoy.
- Estoy seguro que tus intenciones eran mucho más... pasionales.
- ¿Acaso hay algo más pasional que el asesinato?
- Se me ocurren un par de cosas – me dice parándose justo al frente de mí.
Si eso dices, de seguro no te molestará que continúe asegurándome que él se comporte como un amigo...
Yo intento hacerme a un lado para seguir avanzando y él se mueve para evitar mi paso.
- Y estoy seguro de que te mueres por descubrirlas conmigo.
Yo lo miro sorprendida y con el corazón disparado.
- Definitivamente quieres morir –le digo mientras le doy un pisotón y él suelta un gritito.
Solo cuando me alejo unos pasos de él puedo volver a respirar. Él hace un sonido de protesta y se recompone después de quejarse durante una eternidad.
- Eso no era necesario.
- Tú te lo buscaste.
- ¿Por qué no puedes simplemente...
Aquí vamos otra vez.
~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~.~
Cuando nos volvemos a encontrar, en vez de dejarlo decir otra bobada, levanto una pequeña bolsa para mostrársela. Él corta su idea en seco y sus ojos se iluminan.
- Está bien, ¿dónde quieres comer?
Yo sonrío y nos sentamos en el suelo, con la espalda recostada en la pared. Está helado, claro, pero no nos quedaremos mucho tiempo. Él trae un poco de té caliente y yo saco los panecillos que logré rescatar del comedor.
Mientras comemos, esta vez soy yo quien habla. James me pregunta por el libro del que no había podido apartar los ojos desde la cena y eso desata una apasionada charla sobre Víctor Hugo y su obra más reconocida. James no es un lector, ni siquiera sabe quién es él, pero me escucha atentamente, con gran interés y ojos brillantes. Pregunta de vez en cuando e, incluso, debate conmigo frente a la moral, lo real, la sociedad. Nos vemos tan absorbidos por la conversación que nos olvidamos de dónde estamos hasta que la Sra. Norris aparece al final del pasillo.
Yo me levanto de un salto y me acomodo el uniforme y James la mira con desprecio sin moverse. Parecen competir por quién puede mirar más feo al otro. James pierde, aparta la mirada, suelta un bufido, se levanta y corre inesperadamente hacia ella, quien huye aterrorizada.
Yo intento suprimir una risa para poder recriminarlo, pero me es imposible. Odio a esa gata. Corremos en la otra dirección y soltamos una risotada que retumba por los pasillos, antes de volver a ponernos en marcha para evitar a Flitch.
Caminamos un tiempo juntos y nos volvemos a separar. Es otra noche tranquila, seguramente porque todos están demasiado cansados para buscar problemas. Hasta los retratos duermen, y yo mantengo mi varita baja para no molestarlos.
Tengo que dejar de pensar en mi conversación con Thalia, Sophia y Alice de esta tarde o empezaré a hablar con los recuerdos. No entiendo qué me pasa hoy, por qué, si es una conversación parecida a otra que ya habíamos tenido, se siente tan diferente. Me siento tan mentirosa. Por qué cada momento que paso con James me acerca más a su versión que a la mía. Por qué me siento tan perdida y, al mismo tiempo, contenta.
Algo cambio. Lo siento en tus energías, lo veo en tus ojos. Y no hablo de él, sino de ti. Algo cambio en ti. ¿Por qué no quieres admitirlo?
Debo dejar de pensar en esto.
Camino a oscuras por el camino que me sé de memoria, disfrutando estar en Hogwarts y deseando estar pronto en mi cama. Solo falta una hora, me recuerdo mientras sigo caminando.
Un escalofrío pasa por mi espalda incluso antes de que lo escuche. Un suave gemido, una risa apagada. No suena como una típica pareja, sino como algo más doloroso. Me pongo en guardia, subo mi varita y trato de seguir los sonidos que se han apagado.
Tengo un mal presentimiento y me obligo a respirar profundo para armarme de valor.
Camino a pasos más rápidos, atenta a cualquier sonido. Cuando lo vuelvo a escuchar: un pequeño lloriqueo que parece venir de cualquier parte.
Vamos, concéntrate.
Me detengo con el corazón disparado y escucho. Pasan cinco, diez, quince segundos. Ahí está. Abro los ojos y me encuentro con los pasillos más oscuros y largos que nunca, como si quisieran disuadirme, asustarme. Corro en la dirección del sonido, invoco un lumus y trato de enfocarme en la risa sofocada, que resuena con un enorme eco... Por aquí. Sigo caminando y estoy segura de que me estoy acercando. Bajo el ritmo y levanto mi varita. Suena otra vez el quejido y luego un sonido sordo. Silencio.
Estoy cerca, lo sé. ¿Dónde está?
Pasos. Pasos fuertes que parecen alejarse. Yo corro de nuevo, giro en otro pasillo y me encuentro en un gran espacio, poco iluminado con camino a cualquier dirección del castillo.
- ¿Quién está ahí? –pregunto con voz firme y fuerte.
Veo algo moverse en el medio de la galería. Es una chica que está en el suelo, llora y trata de incorporarse trabajosamente. Sus sollozos retumban por las paredes con más fuerza ahora. Corro hasta ella y la ayudo a levantarse. Es menuda, pequeña. Tendrá unos 14 años. Le doy la mano y la miro a los ojos.
- ¿Estás bien? ¿Qué pasó? –le digo preocupada por su palidez.
Otro sollozo se escapa de su boca y niega con la cabeza mientras intenta respirar.
-Ya, tranquila –le digo, mientras aprieto su mano- se acabó, yo te protegeré.
Otro sollozo se escapa, las lágrimas caen por sus mejillas y se abraza a sí misma.
Por Merlín...
- ¿Cómo te llamas? ¿De qué casa eres? –yo miro a nuestro alrededor, solo hay tinieblas. Esto no me gusta.
- Me llamo...
No logra terminar la oración. En un instante, todo el aire escapa de su boca y suelta un gemido de profundo sufrimiento. Yo solo la veo con la boca abierta y, justo cuando estoy a punto de alzar mi varita, todo desaparece.
El dolor atraviesa cada centímetro de mi cuerpo, como cuchillos ardientes. Me escucho caer al suelo por debajo del grito desesperado que corre por mi garganta. Mi cabeza quisiera estallar, mis músculos y mis huesos parecen derretirse. Un relámpago me atraviesa como si mi cuerpo fuera despedazado.
No más, no más, no más... que termine de una vez.
Siento mi cuerpo retorcerse, escucho mis gritos, pero no puedo concentrarme en nada más que el dolor que me destroza. Debería haber muerto ya. Tanto sufrimiento no es posible.
Ayúdame...
Escucho otro sollozo, unos pasos dudosos que se alejan. Una voz que pide perdón. Todo se esfuma.
Que pare, no más, no... Mátenme ya.
De repente, todo termina. Mi cuerpo se desploma en el suelo sin fuerzas y me toma un momento recordar cómo respirar. Tomo aire, las lágrimas se escapan de mis ojos y no puedo controlar mis manos para secarlas.
Estoy viva.
Escucho ruidos a mi alrededor, pero no soy capaz de procesarlos. Trato de hacer un esfuerzo por incorporarme, pero me he quedado sin fuerzas. Tiemblo incontroladamente. Me doy la vuelta y me siento para recuperar el aliento. Mis sentidos comienzan a enfocarse.
Alguien corre hacía a mí y me encuentro con un par de ojos almendrados llenos de angustia frente a mí.
- Lily, ¿estás bien? ¿Qué sientes? –sus ojos me miran llenos de angustia.
Al reconocerlo, el alivio, la alegría, la tranquilidad que me recorre es tan grande que solo puedo decir:
- James... oh James, James.
Lo abrazo con fuerza, que poco a poco regresa a mí, y entierro mi rostro en su hombro. Jamás había estado tan contenta de ver una cara amiga, tan aliviada de respirar este aroma.
Suelto un sollozo y me aparto de él. Le pido que me ayude a levantarme, no podemos seguir aquí. Él me toma de la cintura y me vuelve a abrazar.
-Estaba tan angustiado... oh, Lily, estás bien. Estarás bien.
Yo vuelvo a tomar aire y recupero mi capacidad de pensar. Estoy bien. Lo abrazo más fuerte. Su presencia, su tacto, su respiración me hacen sentir más segura.
- ¿Y la chica?
- Salió corriendo... estará bien –me dice, pero yo no puedo evitar sentirme algo preocupada, él lo nota- los malditos correrán a su Sala Común para evitar sospechas, ella estará bien.
Yo asiento. Eso tiene sentido.
- Vámonos de aquí.
Él me abraza y me lleva a la Sala común y yo me dejo llevar, aunque no lo necesito, porque su brazo y su presencia ayudan a calmar el latido de mi corazón. Me dejo inundar por él.
El agradecimiento que siento me abruma mientras volvemos a la Sala Común. Siento que no hay palabras para decirle lo mucho que le debo. Lo mucho que agradezco su paciencia, su cariño.
Mientras caminamos, todo el temblor, todo el miedo van desapareciendo y comienzo a sentirme un poco más como yo misma.
Cuando atravesamos el retrato y se cierra, él me toma de los hombros, se para frente a mí y estudia mi rostro.
- Lily, ¿cómo te sientes? –su voz está cargada de angustia- ¿Estás mejor?
Ni el miedo ni el dolor están. Solo queda la impotencia, la ira, el deseo de haber podido hacer algo. Me prometo a mí misma que lo pagarán. Atraparé a los responsables de esto. Sin embargo, todo eso queda atrás cuando veo su mirada angustiada.
- Estoy bien, James. Gracias... gracias por ayudarme.
Él me abraza con fuerza y me dice al oído.
-Si algo te pasara... yo... –su voz se quiebra.
Yo me alejo un poco para poder mirarlo a los ojos.
-Estoy bien, gracias a ti.
Trato de que mi voz exprese todo el agradecimiento que siento.
- Cuando sepa quién fue el responsable, lo mataré.
¿No lo vio?
Su voz está llena de ira. Yo niego con la cabeza.
- No, James, no...
Lo haré yo.
Él me mira y me toca el rostro con su mano. La Sala Común está casi a oscuras, así que solo nos divisamos en las sombras, pero sus ojos brillan en la oscuridad.
- Me alivia tanto que estés bien...
Yo también.
Su mirada sigue fija en mis ojos, su mano en mi rostro y un hormigueo recorre mi cuerpo. El calor y la delicadeza de esa mano se convierten en todo lo que siento. Su mirada angustiada me llena de agradecimiento, ternura y cariño.
Yo abro mi boca para decir algo, pero toda su presencia me confunde.
Él me está mirando con gran intensidad y yo siento que todos los sistemas de mi cuerpo han colapsado. Solo atino a sonreír tenuemente. Nada más existe. Solo James, sus ojos, su sonrisa aliviada, su intoxicante y adictivo aroma.
En un segundo todo cae en su lugar. El mundo se detiene y no existe nada más que sus suaves y tiernos labios sobre los míos, su cálido aliento, el roce de mis dedos con su pelo, sus manos en mi cintura, acercándome.
En mi mente no hay espacio para nada más que su respiración en mi mejilla y nuestros labios moviéndose al mismo ritmo, con ternura, miedo, descubriéndose. Su calor ahora me inunda y no quiero que nunca se aleje. Su lengua toca mis labios y yo sonrío.
Y de un momento a otro, todo el bienestar, la satisfacción y la felicidad que siento, termina.
Él separa sus labios de los míos y yo tomo una bocanada de aire frío. Sus brazos siguen en mi cintura y los míos en su cuello, pero los bajo lentamente y él también toma distancia.
No, no te detengas. Acércate otra vez.
El pensamiento me sorprende y miro a James con los ojos muy abiertos. Siento en mis manos un cosquilleo agradable y la necesidad de volverlo a tocar, a tener cerca. Mis rodillas tiemblan.
¿Qué demonios fue eso?
Me muerdo el labio y lo único que logro hacer es desearle buenas noches en un susurro y escapar tan rápido como me es posible, dejándolo con una mirada brillante y una sonrisa tonta detrás.
¡Hola a todos!
He vuelto con otro capítulo para esta historia. ¡Y no han pasado meses!
Espero que con este si me gane algunos comentarios, porque si con este no lo logro, debería rendirme ya... Mentiras. Pero si espero leerlos, saber si les gustó la escena, si la odiaron, si desean saber que pasará después. ¡Espero leerlos a todos!
Gracias por estar pendientes de la historia después de tanto, trataré de seguir actualizando seguido. Aun así, espero que me tengan un poco de paciencia, porque no puedo garantizar nada.
Les mando un abrazo a todos y feliz San Valentín algo atrasado.
Andrea.
