Capítulo 37: "El Coraje de Kagome"
La tormenta era salvaje, los truenos retumbaban fuerte en el lugar, los rayos parecían caer casi encima de sus cabezas y el viento soplaba con tanta fuerza que daba la impresión volaría la frágil vivienda. Inuyasha apartó la vista de la ventana y la cerró con aquellas persianas de madera que lo protegerían de la tempestad. Volteó y caminó con lentitud hasta donde estaban las religiosas, dos de ellas, pasando un paño húmedo por la espalda lastimada de Kagome, que se mantenía acostada en la pequeña y modesta cama. Ella lo miraba fijamente y le sonrió, a pesar de las circunstancias. Inuyasha le devolvió la sonrisa y hubiera querido apartar la vista de las heridas pero no pudo evitarlo, al hacerlo su corazón se detuvo y segundos más tardes una oleada de fuego en su interior pareció apoderarse de su cuerpo por completo. Tenía la vista fija en aquella heridas, tres exactamente, de los látigos, con la carne casi viva y expuesta, roja y con aun rastros de sangre que las monjas limpiaron rápidamente mientras ponían sobre estas hierbas que aseguraron ser curativas y cicatrizantes. El hombre tragó con fuerza, la mirada se tornó hipnotizante, oscura, siniestra, su mente imaginó mil formas de vengarse de aquel que había osado tocar a su esposa. Apretó los puños de su mano y hasta sus dientes rechinaron... desgraciado... bastardo...
- No es para tanto...- Dijo Kagome y eso pareció despertarlo de sus pensamientos, alzó la mirada ansiosa hacia ella que parecía hablarles a las preocupadas monjas-... en serio... no duele tanto...
- Sólo un bárbaro como él pudo hacer algo así...- Repicó con pesar una religiosa y observando además los distintos moretones que veía, tembló y se levantó de la cama mirando a la otra-... es un animal... y que Dios me perdone...
La otra religiosa sólo sonrió con debilidad omitiéndose el comentario verbal aunque sí pensaba lo mismo que ella. La imitó levantándose de la cama y miró luego a la muchacha.
- Es tarde y necesitan descansar... ahí...- Y apuntó a la mesa tosca de madera que estaba junto a la única ventana-... dejamos ropa limpia, jabón, agua y un canasto con algo de comida... necesitan alimentarse...
- Muchas gracias- Respondió Inuyasha demasiado ansioso por quedarse a solas con Kagome. Las monjas lo miraron con respeto y algo de temor. Ahora que lo veían así vestido, era indudable que era el Mercenario del que todos hablaban. Robar era un pecado, bien lo sabían ellas, pero si lo hacían por causas nobles como dárselos a los pobres... pues bien... al menos no era para rechazarlo completamente. Aun así, le temían y sólo hicieron una inclinación con su cabeza para después marcharse.
El hombre les cerró la puerta y se volvió para mirar a Kagome. La muchacha volvió a sonreírle, y él sabía que sólo deseaba reconfortarlo, hacerlo sentir mejor... así era ella. Suspiró fuertemente y caminó hasta la botella de agua que habían traído, llenando un vaso. Luego caminó con el y se inclinó para estar a la altura de ella y llevárselo a los labios.
- Bebe...- Murmuró. Kagome quiso tomar el vaso de su mano pero Inuyasha se lo inclinó en sus labios dándole de beber él mismo.
Mientras bebía, la muchacha lo miró a los ojos. No podía evitarlo, tanto había extrañado esa mirada que ahora no se cansaba de observarla. Eran tan cálidos, tan reconfortantes, tan...
- Gracias...- Dijo al fin, cuando se lo había bebido todo. El hombre se sentó en el suelo y acarició sus cabellos, evitando posar su mirada en la espalda.
- Es una tormenta... igual a aquella vez ¿recuerdas?- Kagome le sonrió abiertamente, era como si le hubiera leído el pensamiento. Inuyasha incluso pasó un dedo en la punta de su nariz suavemente, porque ahí también tenía una pequeña herida, producto de la caída en la celda-... incluso ahí esta... parece la misma mancha de lodo...
- Pero yo vestía como novicia...
- Oh, y no sabes cuanto odié ese traje...- Respondió rápidamente y con una sonrisa seductora. La muchacha volvió a sonreír pero luego de un momento su rostro se tornó triste.
- Ellos... decían que estabas muerto... y yo pensé... te golpearon tanto... ¿estas lastimado?- Preguntó preocupada posando sus ojos en su camisa que estaba con dos botones abiertos, estiró su mano a su pecho pero Inuyasha se la detuvo rápidamente y se la posó sobre su corazón. Ella sintió los latidos de él bajo la yema de sus dedos, era tan extraño sentirlo así, lo miró a los ojos sin evitar estar preocupada.
- ¿Cómo puedes preguntarme si estoy lastimado, amor mío?- Dijo, con la voz muy ronca y frunciendo levemente el ceño- Yo no soy el que fui azo...- Tragó con fuerza, arrugó más la frente, su mano se presionó más sobre la suya y entonces se mordió con fuerza el labio, tan fuerte que estos se tornaron blancos debido a la falta de sangre, desvió la vista, sentía tanta rabia contra Bankotsu¡cómo deseaba matarlo!
- Inuyasha... por favor...- Suplicó ella, llamándolo y haciéndolo volver a la realidad. El hombre aflojó el cuerpo y la presión en su mano, resopló sintiendo un nudo en la garganta demasiado doloroso, pero se mentalizó tranquilizarse, luego de unos segundos posó sus ojos dorados en ella, con su otra mano acarició su flequillo.
- Esta bien, preciosa... esta bien... lo olvidaremos... por esta noche...- Acercó el rostro a la muchacha y tocó su nariz con la suya, ella sonrió y le acarició la mandíbula.
- Llevas el rosario...
Instintivamente Inuyasha bajó la vista y sonrió, volvió a posar su mirada dorada intensa en Kagome. Sus dedos se movieron en la mejilla de ella, la muchacha experimentó escalofríos, entrecerró los ojos y los volvió a abrir, esta vez sentía las mejillas arder y un nudo en el estómago. Él sonrió provocativamente, sabiendo de antemano lo que provocaban sus leves caricias.
- Bueno... es que esto me recuerda a ti...- Respondió al fin en un leve susurro. Se acercó y sus labios se acercaron a los suyos, Kagome jadeó fuerte-... aunque... nada se compara... – Enredó su mano tras su nuca, entre sus cabellos y la acercó a él besándola con dulzura, luego con pasión, como si la chispa entre ellos se hubiera encendido. No, en realidad era porque se habían contenido. Inuyasha resopló entre sus labios a medida que de alejaba de ellos lentamente, luego la observó con preocupación.-... Kagome... hay algo... debes contármelo todo... todo... lo que pasó mientras estuviste...
Ella bajó la mirada y eso pareció a él darle una punzada en el corazón. El hombre retuvo el aire mientras observaba como la muchacha volvía a posar su pequeña cabeza en la almohada, y entonces sus ojos castaños de fijaron en sus pupilas.
- No me hizo nada porque fui capaz de enfrentarme esta vez... le dejé una cicatriz en el rostro... por eso ahora quiere matarme... – Kagome sonrió orgullosa de su proeza, pero el hombre la observó muy serio aun.
- ¿No me... estas... ocultando nada?
- ¡Claro que no!- Respondió rápidamente volviendo a levantar la cabeza- Primero muerta que ser suya¡lo aborrezco! Y también... esta Enju... – Vio a Inuyasha levantarse de su lado lentamente y cruzarse de brazos, ella lo siguió con la mirada-... ella estaba con él... unidos... ahora sabes porqué ese hombre sabía que eras el Mercenario... seguro la tenía para espiarte... sólo que no debió ser muy lista como para descubrirte por completo. - El hombre suspiró y luego sonrió como si aquello no lo tomara con demasiada sorpresa, Kagome frunció el ceño. - ¿Acaso... ya lo sabías?- Inuyasha sonrió ampliamente, la muchacha abrió más los ojos sorprendida- ¿¿Lo sabías??
- Bueno... nunca contrato a alguien sin saber bien de quien se trata... – Respondió con un tono juguetón. Ella lo miró fijo-... más si debo cuidar mi secreto... pero la dejé porque supe que no era la suficientemente lista como para descubrirme... ni siquiera sabe donde esta la cueva...
- Pero Enju es peligrosa...- Musitó, recordando también lo que había intentado hacer con ella.
- Es cierto... en un principio sólo era una chiquilla... luego se volvió perversa... igual que él...
Kagome suspiró cansada.
- ¿Qué son exactamente?
- Parientes... primos lejanos...
La muchacha hizo una mueca. De la misma familia, ahora comprendía su parecido, tenían ambos la misma mente enferma y asesina. Se incorporó y los músculos de su cuerpo le dolieron, no le importó mucho, se movió queriendo levantarse pero el hombre se acercó rápidamente y la retuvo.
- ¿Qué haces? Debes descansar.
- Quisiera tomar un baño...- Respondió afligida poniéndose en pie con torpeza, él la sujetó de la cintura, desde atrás, las hierbas que estaban ya secas en su espalda cayeron al suelo, ella tenía los cabellos casi sobre los ojos, le costaba erguirse, la herida en la espalda pareció abrirse con levedad, alzó los ojos y ladeó el rostro mirando a Inuyasha con súplica-... oh, por favor... de verdad necesito un baño... ya no aguanto más... huelo horrible...
El hombre le sonrió y le dio un beso en la mejilla.
- Para mí sigues oliendo a rosas... rosas chinas... odaratas bancas...
Kagome lo miró sorprendida, sus labios temblaron ligeramente.
- Eran... las que yo cuidaba... en el convento...
Inuyasha le sonrió.
- Lo sé... ¿no te dije que siempre investigo a alguien que trabaje para mi? Estabas encargada del huerto de rosas... tu día transcurría entre rezos, ayunos y el cuidado de aquellas flores... tu cumpleaños es en tres meses más... te gusta el chocolate... la Madre Superiora dijo que cuando no ayunabas solías beber mucho chocolate caliente... también sé que no te gustan las tormentas... sobre todo como estas... los rayos te asustan... no sé porque... yo los encuentro... mágicos...
- Si investigaste de mí... debiste saber desde el principio lo que me había pasado con Bankotsu...
Él frunció levemente el ceño.
- No... investigué tus gustos... no lo que hacías antes... eso no me interesaba... aunque admito tuve curiosidad del porqué te hiciste monja...- Sonrió-... la Madre no me lo dijo... y... bueno, tu amiga Sango tampoco quiso contarme nada... entonces supe que no debía entrometerme más allá... ¿qué importaba? Yo te quería así como eres... nada más...
La muchacha bajó la vista, sus labios se curvaron de pronto en señal de tristeza y amargura.
- Me quieres... mucho ¿verdad?
- ¿Y porqué ahora lo dudas?
- Porque estoy horrible...- Respondió casi infantil, bajando la vista. Inuyasha rió y le volvió a besar la mejilla. Ella alzó la mirada seria otra vez- Quiero un baño...
La soltó suspirando y sonriendo. Caminó por la pequeña habitación y Kagome lo miró desde su lugar respirando con fuerza. Luego de estar tanto rato acostada le parecía que le costaba ganar fuerzas. Miró de soslayo y vio la cesta de comidas. Si, cierto, hambre, tenía mucha hambre. Caminó primero lentamente y luego casi corrió. Cuando destapó la cesta vio ahí fruta que cogió de inmediato y se la llevó a la boca. No sabía cuanta hambre tenía hasta que el aroma de esta le llegó a las narices. Ahora su estómago gruñía y exigía más. Tomó un pedazo de pan aun tibio y blando y lo comió casi de dos mascadas y luego siguió con los trozos de pavo horneado y el pedazo de tartaleta de moras. Cielos, sin dudas era la comida más sabrosa del mundo, nunca más haría ayunos, con tanta gente muriendo de hambre... ¡nunca más!
- Ey... ey... te vas a atorar...- Rió Inuyasha volteándola suavemente y sonriendo más cuando vio restos de crema y mora en el labio superior, ella siguió masticando.- ¿No querías un baño? Pues ya lo tengo preparado... – La joven asintió graciosamente, parecía una niña, pensó él, y no pudo evitarlo, se inclinó pasando sus labios por sobre sus labios quitando los restos de crema, luego la besó profundamente y ella se estremeció, lo abrazó al cuello y le respondió con anhelo. Pero luego se separó abruptamente y bajó los ojos. Él vio como subía y bajaba su pecho, le acarició la mejilla y la muchacha suspiró cansada, desviando la vista hasta la tina que estaba en un rincón y que humeaba, volvió la vista a él y sonrió.
- Gracias.
Inuyasha volteó apoyándose en el contorno de la mesa y observando sus suaves movimientos. Se cruzó de brazos y enanchó una sonrisa el ver como ella se quitaba el harapiento vestido. Levantó una ceja seductora cuando la joven comenzó a quitarse la ropa interior, rasgada, manchada de lodo. Respiró con fuerza al imaginársela a ella defendiéndose de Bankotsu. Bankotsu, cuanto lo odiaba, cuanto deseaba acabar con su vida... nunca se había atrevido a hacerlo porque siendo el Gobernador tenía mucho poder y seguro él terminaría en la cárcel... o la horca. Y no quería terminar así por culpa de ese malnacido... pero ahora... ahora... poco le importaban las consecuencias aunque... ¿Qué sería de él si se alejaba de Kagome?... ¡No! Eso sería peor que la muerte misma. Bien... Bankotsu... un hombre intocable por donde se le mirase pero... ¿sería tan intocable ahora? Es decir... era una Guerra Civil... todo valía en una guerra ¿no? Inuyasha tomó una dulce manzana y la observó con minuciosidad. Acabar con su vida en estos momentos... sería muy fácil... muy fácil...
- ¡Dios!... ¡Esto esta delicioso!
Volteó rápidamente y vio a Kagome ya metida en la tina, con la cabeza recostada en el borde, los ojos cerrados y sonriendo ampliamente. Caminó con lentitud y ella entreabrió los ojos cuando lo sintió cerca, le sonrió y sus mejillas se ruborizaron por completo de pudor, pero luego se repuso y hundió la cabeza en el agua, mojando sus cabellos. Cuanto ansiaba sacarse por completo aquella suciedad y olor. Cuando salió a la superficie Inuyasha sonrió y se hincó en el suelo, tomó el jabón y luego tomó su brazo donde lo restregó con suavidad. Kagome le agradeció con la mirada, sabía que lo que estaba haciendo era por voluntad propia. Aun así deseó quitárselo de las manos, sentir el tacto de él la estaba poco a poco haciendo despertar sus emociones... sensaciones... lo miró de reojo respirando con fuerza ¿lo estaba haciendo a propósito?
- ¿Te gusta?- Susurró el hombre deslizando el jabón en su vientre. Kagome posó su mano sobre la de él y lo miró seria.
- Si... pero yo sigo...- Inuyasha no movió su mano y ella frunció el ceño-... Inuyasha...
Algo anda mal aquí, pensó él escudriñando su mirada. Se levantó y le dio el jabón, después salió de la habitación dando un portazo, ella lo llamó asustada, allá afuera la tormenta era horrible, pero el hombre pareció no escucharla, la dejó allí sola y Kagome después de un momento se estremeció de miedo por completo. La soledad comenzaba a asustarla, a recordarle los instantes que estuvo en aquella oscura y sucia celda. Sus ojos se llenaron de lágrimas y ella se mordió el labio con fuerza, encogió las piernas y gimió al ver los moretones y rasguños. Tenía tantas heridas, estaba tan horrible¡sentía tanta vergüenza de su estado!
Dejó que el agua escurriera por su rostro y no le importó empaparse por completo y hasta los huesos. Tenía los ojos cerrados, el rostro tenso, el pecho agitado, estaba apoyado contra la pared de la casa, dejando que el viento se azotara contra su musculoso cuerpo y que la lluvia limpiara su mente y también, porqué no, el alma. Entendía la actitud de ella, o eso creyó él, con pesar. Había estado días sola quizás soportando quizás qué horrores, tal vez acabaría con otro "trauma" como el que la llevó a esconderse hacía más de un año ya en el convento. ¿Sería eso? Su Kagome se estaba volviendo esquiva por eso ¿volvería a temerle?... ¿Volvería a desconfiar de las personas?... ¡Eso no podría ser posible no! Apretó los puños de las manos y pegó un golpe seco contra la pared. Maldito desgraciado de Bankotsu, cómo deseaba vengarse. Sentía un nudo en la garganta... si su Kagome volvía a ser la esquiva muchacha de antes... ¿Qué haría?... tanto le había costado conquistarla, tanto le había costado ganarse su corazón... ¡Dios!... ¡Si ella decidía alejarse moriría! Ya no podía vivir sin Kagome... no...
Entró justo en el instante en que ella se envolvía un gran trozo de tela sobre el cuerpo. Estaba de espaldas y pegó un brinco al sentir la puerta cerrarse con fuerza tras suyo. Volteó el rostro y entonces sonrió. Inuyasha estaba ahí, había vuelto. Se giró pero se sorprendió al verlo tan empapado, arrugó la frente e iba a decir algo pero él se acercó rápidamente y la besó. No permitió que lo esquivara, que se alejara de su cuerpo, la besó con la pasión y el fuego que sentía en su interior, ella pareció querer luchar un segundo pero enseguida se rindió. Los besos se volvieron más suaves y él acarició el interior de su boca con el ápice de su lengua, recorriéndola y saboreándola por completo, deseaba tanto hacerle entender que a pesar de todo él la amaba con locura y que era suya, sólo suya. Se apartó un poco y la observó. Kagome jadeaba y tenía los ojos cerrados aun. La abrazó con fuerza susurrando en un oído.
- No quiero que te alejes de mi... nunca más...
- No lo haré- Respondió ella jadeando aun. Entreabrió sus ojos cálidos y los posó sobre sus pupilas inquisidoras- No te dejaré... tú no me dejes...
El hombre la abrazó más fuerte contra sí, su mano se deslizó bajo la nuca y se enredó en sus cabellos húmedos y suaves, la miró a los ojos queriendo traspasar todas sus emociones y que le llegaran a su corazón.
- Yo, jamás.
Volvió a besarla con ímpetu otra vez. Ella sostenía sobre su pecho la tela, entre sus pechos, sintió la mano de él sobre la suya obligándola a soltarla, lo hizo, quedando desnuda entre sus brazos. Inuyasha deslizó su mano en su cadera, acercándola más contra él, a pesar de estar mojado hasta los huesos el calor que comenzó a sentir le fue insoportable. Su piel suave bajo la yema de los dedos pareció despertar el flujo de su sangre... y sus sentidos. Bajó sus besos a su cuello, su mano que estaba tras su nuca bajó lenta y suavemente, ella entreabrió los ojos y apoyó la cabeza en su pecho, sollozando cuando él tocó con sus dedos las heridas de los látigos.
- No... por favor...
El hombre deslizó sus labios hasta su oído, acariciando con suavidad su espalda, a pesar de sus sollozos ella jadeó y aferró más sus dedos a su camisa, arrugándola por completo.
- Te deseo... ¿es que no... lo entiendes?- Susurró escalofriante en su oído, Ella se estremeció y alejó un poco el rostro, permitiendo así poder mirarlo directo a los ojos. Los ojos de Inuyasha se fijaron en sus pupilas llenos de deseo, Kagome entreabrió sus labios, él siguió acariciando su espalda, su mano en su cadera se movió suave y tentadora otra vez, se estremeció y gimió, posando otra vez el rostro en su pecho.
- Pero... tengo heridas... y... soy horrible... ¿me quieres aún así?
Lo escuchó reír, otra vez se estremeció, él buscó sus labios nuevamente y la besó, Kagome esquivó sus besos, ansiosa por una respuesta, lo observó dolida y expectante. Inuyasha besó sus labios suavemente.
- Yo también tengo mil cicatrices... y aún así a ti no te importó como me veía... ¿crees que me preocupa eso? Yo te amo a ti ¿porqué no lo entiendes?
Ella lo observó expectante, sollozó y lo abrazó, Inuyasha volvió a besarla, lamió el sabor de sus lágrimas, la acurrucó más contra sí, la atrajo hacia la cama sentándola primero y queriendo tumbarla, pero la joven hizo una leve mueca esquivando sus labios y tomando la rienda en sus manos, se sentó sobre su pelvis y posó ambas palmas de las manos sobre su pecho. Inuyasha jadeó entre su amplia sonrisa, los ojos dorados brillaban lujuriosos, a pesar de ser alumbrados por un par de velas, Kagome podía distinguir hasta los pequeños matices naranjos de sus pupilas, siempre estaban ahí, cuando hacían el amor. Le acarició el pecho y luego desabotonó su camisa completamente. ¡Dios! Se quedó de piedra cuando vio que estaba completamente vendado. Luego intentó levantarse pero él la sostuvo con fuerza de los brazos y se irguió, quedando sentado sobre la cama, los senos de Kagome le rozaron el pecho desnudo.
- Qué sucede...- Gimió.
- ¿No te duele? No deberíamos estar haciendo esto... y aquí... - Sus últimas palabras fueron un susurro. Inuyasha quiso reír, ella parecía estar cometiendo pecado en la propia Iglesia.
- Argg, te he extrañado tanto... – Respondió impaciente y bajando el rostro, aspirando el aroma de su cuerpo, el aliento tan caliente hizo estremecer a Kagome y al mismo tiempo sentir escalofrío.-... además... esta es una casa común y corriente, donde supongo vivía gente común y corriente¡por Kami! No estamos en el convento...
Ella jadeó. Cierto, aquella casa había sido el refugio de la persona que cuidaba el convento, alguien que murió hacía mucho y luego de él tenían a Sango, pero ella rara vez se quedaba en esa casa, pues prefería irse por las noches con su familia que vivía en el templo. En realidad Sango no era una cuidadora, sino su contacto con el mundo real. Era común ver aquella desolada casa solitaria y derruida.
Se relajó y entreabrió los ojos ladeando el rostro, se movió inquietante sobre él mientras sus manos se posaban sobre su pecho, esperando ver una mueca de dolor en los labios de Inuyasha pero lo único que provocó fue el deseo irrefrenable del hombre, que la tomó entre sus brazos y comenzó a besar con desesperación. El calor se apoderó de sus cuerpos, la mano de él tomó la de la chica y la condujo hasta su pantalón, quería que ella terminara de desnudarlo, cada toque de Kagome era una nueva sensación de alcanzar el cielo en éxtasis. La mano se introdujo lentamente en la prenda, él la miró con brillo perverso en los ojos, la chica lo acarició y tuvo el placer de sentirlo rendido bajo ella. Su ronco jadeo le encendió aún más las mejillas, ella se mordió el labio, sentía la piel arder a pesar de estar completamente desnuda en la habitación. Él, que tenía los ojos cerrados y la cabeza sobre la almohada, de pronto los abrió y sus pupilas doradas casi se clavaron en su corazón, le tomó nuevamente la mano que mantenía entre sus piernas y él se los quitó casi con torpeza y desesperación, sabiendo que si no estaba unido pronto a ella explotaría. La unión fue dulce y lenta al principio, luego el deseo los envolvió con desesperación. Ambos se necesitaban el uno al otro, necesitaban sentir al otro, probar al otro.
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- ¿Crees que la gente sigue luchando?
Inuyasha besó el flequillo húmedo de Kagome. Debido a las heridas de su espalda, la joven se mantenía con su pecho sobre el suyo, de una forma tan mimada y protegida que a ratos sentía que no había guerra civil, ni que había pasado por la pesadilla del calabozo y los maltratos. Pero la tormenta había pasado ya y la aparente calma los hacía sentirse extrañamente nerviosos. Al fin ella se incorporó y salió de la cama mientras él la seguía con la mirada. Comenzó a vestirse con aquella ropa barata y vieja, que a él inevitablemente le recordó a la Kagome que recién dejaba el convento. Aquello parecía tan lejano ya.
- Inuyasha...- Dijo la muchacha mientras se acomodaba el vestido de color café, de mangas largas y sin escote, muy señorezco que él sólo hizo una mueca burlona para ocultar su malestar-... sé de un lugar... donde hay revólveres...y balas...
Inuyasha se incorporó en la cama afirmándose de los codos, le sonrió nuevamente con perversidad.
- Vaya manera... de acabar esto, mi amor...
- No podemos dejar a la gente que luche sola... no es justo... – Respondió con los ojos iluminados a pesar de la sombra del recuerdo doloroso-... no hay que permitir... que se sigan cometiendo injusticias si podemos hacer algo para cambiarlo...
Ahhh ¡Kami Sama! desde que ella había llegado a su vida también él sentía que todo lo hacía con un propósito altruista y ya no por el egoísmo ni la ambición. Se apartó la sábana de golpe y Kagome volteó de inmediato, con las mejillas encendidas y una pequeña sonrisa en los labios.
- Tienes razón, amor mío... mataré a Bankotsu ahora mismo.
Kagome abrió los ojos de golpe y volteó frunciendo demasiado el ceño. Mientras él se vestía ella lo observó con reproche.
- No debes decir eso... aunque él sea...- Inuyasha alzó la vista a ella incrédulo ante sus palabras, la chica dudó un poco al sentirse de esa forma escrutada, luego tragó y agudizó los ojos en él- ... una vida es una vida...
- Oh si ¿¡aunque sea la del mismo demonio!?- Contraatacó el hombre poniéndose la chaqueta de terciopelo negro con enfado y desviando la mirada de reproche. No podía creer que su Kagome estuviera perdonándole la vida a ese desgraciado, menos ahora, donde el matar a ese sujeto no sería ni un inconveniente. No sería ni siquiera juzgado por eso.
La muchacha se quedó quieta pero respiró fuertemente. Afirmó ambas manos en sus caderas, se tranquilizó. Entendía su naturaleza desenfadada y arrebatada... el rencor y el odio, a pesar de todo, siempre estaría ahí. Inuyasha no sería capaz de perdonar...
- Es una vida...- Respondió al fin. El hombre la enfrentó duramente y la joven no apartó los ojos de los suyos-... no somos bárbaros para llegar y matar a quienes nos hacen mal... esas personas deben ser juzgadas primero... para eso existe la ley.
Se hubiera echado a reír en su propia cara, pero se contuvo conociendo la forma sensible de ella. La ley... como si la ley la hubiera salvado de Bankotsu... Se acercó peligrosamente con ese aire felino y seductor que sólo él tenía. Kagome relajó el rostro y alzó la barbilla para mirarlo. El hombre pasó el dorso de su mano por su cálida mejilla, estaba serio, muy serio ahora, pero luego de un tenso instante le sonrió.
- Sólo alguien como tu... – Dijo con la voz muy ronca-... puede decir eso... ¿porqué tienes que tener un alma tan samaritana?... y aun eres su esclava... ¿no te daría la libertad si él se muriera?
Ella lo miró a los ojos, Inuyasha notó el brillo súbito en ellos, parecían dos pozos de agua a punto de derramarse, eso creía, pero no fue así. Kagome pareció dominarse y entonces ella le respondió decidida.
Aun así, no estoy de acuerdo con matar a las personas a diestra y siniestra.
Inuyasha frunció mucho el ceño.
- Tal vez es... porque tú no estas es mi lugar...- Kagome no pudo evitar la turbación que eso le causó-... yo veo lo que estas sufriendo... y me duele más a mi... – Gruñó con ira-... porque no puedo tolerar que ese mal nacido diga que le perteneces... que te haya golpeado... que se haya atrevido a... si yo veo que la persona que amo esta en peligro, que sufre por culpa de alguien¡lo mato!- Se mordió con fuerza los labios, ella notó la vena sobresaliente del cuello, el rostro bronceado intenso, enrojecido, furibundo, los ojos brillaron diabólicamente-... tú tienes alma de mártir¡YO NO!
Y esas palabras quedaron suspendidas en el aire por un momento que pareció eterno. Finalmente Inuyasha apartó el rostro de ella y caminó con lentitud hasta la ventana, la cual abrió con lentitud y observó el moribundo anochecer de allá afuera. Se respiraba aire fresco, a mar y a bosque. A algo nuevo. Un nuevo amanecer pronto vendría. Y en él no estaba considerado Bankotsu. Volteó y sus ojos brillaron como el fuego. Ella bajó la vista.
- Mis amigos aun deben estar allá afuera y necesito saber si están bien...- Agregó. Kagome se relamió los labios dubitativa y luego asintió. Caminó con decisión hasta la puerta y en el umbral volteó el rostro a él con seriedad.
- Sígueme.
La noche era silenciosa, extrañamente silenciosa después de tan horrible tormenta. La siguió con el rostro tenso, era casi un laberinto entre tantos arbustos y árboles. Hubiera querido decirle algo para distender la actitud entre ellos, pero no se le ocurrió qué. Él era un bruto y su corazón no se quedaría tranquilo hasta acabar con la venganza. Las mujeres tendían a pensar las cosas más suavemente. Lo comprendía de todas formas. Más en Kagome, que había sido una casi religiosa.
Ella lo condujo hasta un almacén que se encontraba cerca del edificio principal del convento. Se detuvo frente a la puerta que estaba sin seguro. Kagome la abrió y entró. La siguió hasta el interior. Estaba oscuro y le costó un poco distinguir las cosas que habían allí. Luego de que sus ojos se acostumbraron a la penumbra, vio los muchos toneles, herramientas y otros baúles antiguos. La joven caminó hasta uno que estaba en el rincón, se arrodilló en la paja y pasó la mano en la tapa polvorienta. Cuando él estuvo ya a su lado, Kagome abrió la caja y ahí encontró varias pistolas y balas de las cuales Inuyasha supuso tenían bastantes años ya. Ella tomó una entre sus manos y se la mostró.
- ¿Servirá?
El hacendado se acercó pero no miró el arma que ella le mostró, sino que revisó el interior del baúl. Tomó un puñado de balas y las puso en el cargador de sus dos pistolas. Luego les aseguró el gatillo.
- Con esto es suficiente... además tengo la espada.
Kagome asintió y se levantó del suelo. El hombre caminó y luego se detuvo en seco, volteó observando con seriedad a la chica.
- No salgas ni por un segundo del convento, vendré cuando todo acabe.
Ella se sorprendió de sus palabras, lo miró horrorizada, las mejillas se encendieron de súbito debido a la conmoción.
- Me... ¿me dejarás aquí? No, yo voy contigo- Respondió resuelta y sólo alcanzó a dar un paso antes de que él la detuviera posando una mano firme en su brazo.
- Te quedas aquí, Kagome.
- Siempre has pensado que soy débil ¿verdad? Pero no es así, yo puedo ayudarte en esto.
Él entornó los ojos. La verdad es que sí consideraba a su joven esposa débil. Aun recordaba sus frecuentes desmayos. Tenía más en la retina a la joven novicia casi enferma y delgada que recién llegaba a su mansión, no a la Kagome de ahora. No a la que había desfigurado el rostro de Bankotsu. A la que prefería morir antes que ese hombre la tocase nuevamente.
- ¿En serio?- Murmuró, pero luego frunció más la frente- Mejor quédate aquí. Volveré por ti, lo prometo.
La soltó y volteó sin hacer caso a sus objeciones. El hombre subió al caballo y se alejó, Kagome sentía que la abandonaba, le dolió el corazón verlo alejarse así, sin ella. Y hasta le tuvo rencor por no llevarla. Respiró rápidamente sintiendo un cúmulo de emociones. Frustración, rabia, tristeza, nostalgia y nerviosismo. Entonces volteó y corrió hasta el almacén donde volvió a abrir el baúl, extrajo un arma, la mano le tembló debido a la emoción, tomó algunas balas e imitó lo que Inuyasha había hecho antes. Respiró con fuerza otra vez y se levantó. Ella no se iba a quedar allí esperando a que todo acabase, ella iba a ayudar, como fuera, esta vez no se quedaría con los brazos cruzados a esperar.
Caminó presurosa hasta el establo, allí tenían las religiosas un caballo. Lo tomaría "prestado", pensó mordiéndose el labio y sacándolo de su cubículo. Le puso la montura y lo llevó hacia el exterior. Lo montó con un poco de dificultad, mientras acomodaba el arma en su mano, hizo andar al caballo rápidamente siguiendo la ruta hacia el poblado. Si el pueblo luchaba, ella también lo haría.
El caballo de Inuyasha galopó lentamente en el empedrado de la plazoleta. Él arrugó la frente. De pronto un disparo lo puso en alerta, el caballo relinchó y se alzó asustado en sus dos patas traseras haciéndolo caer. Se golpeó torpemente la cabeza pero a pesar de eso tanteó de inmediato el cinto en donde estaba una de las pistolas y apuntó hacia el frente. Cerró con fuerza los párpados al darse cuenta que veía casi nublado. Maldijo en silencio el golpe que se había dado en la cabeza, la mano le tembló y entonces respiró con fuerza cuando escuchó la voz de Miroku.
- Cielos¡Inuyasha! Debes tener cuidado.- El joven criado lo tomó de un brazo obligándolo a levantarse con rapidez, casi lo arrastró hasta atrás de una edificación de piedra en donde había un grupo de hombres armados. Lo que más le llamó la atención fue que habían algunos muy pobres y otros que él conocía muy bien pues habían acudido a las fastuosas fiestas de su mansión. Los nobles que tanto detestaba. – Estabas en fuego cruzado... Kami Sama, menos mal que no te dispararon en el cuerpo...
- Pe... ¿qué sucede?- Preguntó turbado aun apoyando la espalda en la pared y recuperando la conciencia por completo.
- Bankotsu esta parapetado en la Gobernación junto a sus fieles soldados. Es cosa de tiempo para que caigan todos. – Respondió un noble. Inuyasha pareció no comprender.
- ¿Esta acabado?- Le costaba creer que la gente común estuviera ganando.
- Fue su propia culpa- Dijo Sango acercándose a ellos. Ella llevaba el rostro sucio y el cabello algo despeinado. También tenía un brazo atado al cuello, con restos de sangre en la manga del vestido. Lo debía tener roto o herido, pensó Inuyasha- Es que anoche vino un enviado del rey con la derogación de la esclavitud, pero dicen que Bankotsu rompió el documento y mató al enviado. Esta acabado, lo sabe, porque viene un ejercito esta tarde para sacar a Bankotsu y juzgarlo por traición. No queremos entrar aun... es mejor actuar con prudencia...
Inuyasha hizo una mueca. ¿Bankotsu juzgado? Algo no lo convencía. Estaba seguro que de alguna forma ese hombre lograría salvarse de cualquier condena y luego tendría otra vez su libertad.
- ¿Qué diablos hace ella ahí?
Frunció el ceño y miró en dirección a donde Miroku observaba. Casi se le paralizó el corazón al ver a Kagome bajarse del caballo en medio de la plaza y mirar a todos lados. De inmediato se dejó escuchar un disparo que rosó su cabeza. El hombre palideció y se levantó de golpe a sacarla de allí. No escuchó a los demás que le pidieron que se quedara, Inuyasha corrió dispuesto a sacar a Kagome del fuego cruzado. Demasiado tarde. Apareció Bankotsu con una pistola en su mano apuntando a la chica. Se escucharon cargar armas, el Gobernador frunció el ceño acercándose a la muchacha.
- ¡Será mejor que les diga que no me disparen, porque si lo hacen no moriré sin antes no apretar mi gatillo y matar a tu novicia!
La muchacha abrió los ojos con sorpresa, su cuerpo tembló al sentir la proximidad del sujeto, quien le puso la boca del arma en la nuca y la tomó del brazo con su acostumbrada rudeza.
- ¡Mátala Bankotsu, mátala!- Gritó Enju desde el umbral de la Gobernación. Inuyasha no podía creer lo que aquella chiquilla estaba diciendo. Apretó los puños conteniendo el aliento, la vena en su cuello se sobresaltó palpitante. Volteó evitando el sentimiento de rencor contra aquella...
- ¡Suéltala Bankotsu!- Bramó posando sus ojos fieros en él- ¡Tú deseas matarme a mi¿eso quieres verdad?... ¡Hazlo!... ¡Dispárame!- Extendió sus brazos enfrentando su pecho. Kagome se horrorizó, ladeó el rostro hacia Bankotsu mientras sentía que sudaba por completo.
- ¡Oh!... ¡No, por favor no!... ¿por qué?... ¿por qué no podemos arreglar esto?... ¿qué es lo que quieres Bankotsu? Dímelo- Gimió desesperada. Los ojos del hombre se posaron con crueldad sobre los suyos.
- ¿Yo? Realmente... no sé si deseo más matar a Inuyasha... o a ti... – Ella tuvo escalofríos-... pero... – Apuntó con su arma a Inuyasha mientras sujetaba a Kagome contra su pecho utilizándola casi como escudo-... contigo puedo jugar un rato más... hacer lo que nunca terminamos de hacer... luego podré matarte...- Susurró en su oído mientras su mirada se posaba con ironía en el joven hacendado. La chica se horrorizó por completo. Era malvado, perversamente malvado.
Y entonces Bankotsu quitó el seguro del gatillo apuntando a Inuyasha. Los demás que estaban allí escondidos se sentían impacientes y frustrados porque no podían disparar al ex Gobernador si tenía a una rehén en frente. Maldijeron la situación.
Sin embargo la joven posó la boca de su revolver en el propio estómago de Bankotsu. El hombre la miró frunciendo el ceño y en un gesto de destreza le dio un golpe rápido en la mano lanzando el arma lejos. Ella gimió y recibió una bofetada en su mejilla. Lo miró con rencor cuando le apuntó otra vez la cabeza. Los soldados dispararon hacia los que estaban escondidos tras los edificios. Bankotsu arrastró a Kagome hacia el interior de la Gobernación mientras todo volvía a ser un caos.
Inuyasha corrió y entonces se encontró frente a frente con él. Bankotsu lo miró con rencor mientras lanzaba a Kagome en un rincón. Levantó el arma y luego la disparó sin remordimientos. El hacendado gimió al sentir entrar la bala en su estómago. Cayó de inmediato al suelo con la vista que comenzaba a nublarse. Kagome gritó su nombre acercándose a él y Bankotsu sonrió triunfal.
- ¡Inuyasha!... ¡Inuyasha! – Lo miró horrorizada, la sangre manaba profusamente de su estómago. A ella le temblaron las manos, deseó contener la herida, vio con pavor como el hombre entrecerraba los ojos, su respiración fuerte sonaba como si él se estuviera asfixiando. – ¡Oh! Inuyasha... quédate quieto... aguanta un poco... yo...- Sollozó al ver que él casi perdía el conocimiento- ¡Inuyasha!
- Apártate- Musitó siniestro Bankotsu a su espalda. La muchacha se tensó por completo, tragó con amargura evitando llorar, un sentimiento terrible se apoderó de ella. Respiró agitadamente y luego bajó la vista, tomó con rapidez la espada de Inuyasha y entonces se levantó enfrentándolo con ella. El hombre al principio se sorprendió de ese rápido e inesperado movimiento. Luego sonrió perversamente.
- ¡¡Si te acercas te mato, maldito!!- Bramó, con las mejillas encendidas y mirándolo con odio.
Bankotsu se sorprendió otra vez de su inesperado e inusual comportamiento. Parecía una fiera herida. ¿Estaba así por ese Inuyasha? Hizo una mueca de desprecio.
- Vaya, vaya... la fierecilla quiere jugar...
- ¡Inuyasha tenía razón!- Bramó ella en cambio sin perderlo de vista, mientras él caminaba lentamente y tomaba luego con rapidez una espada que colgaba de la pared.- ¡Debes morir!
- ¿Y quien lo va a hacer?- Respondió él con burla y luego levantó una ceja desafiándola con la espada - ¿Tú? No me hagas reír.
La enfrentó y la muchacha se defendió torpemente. El hombre sonrió y Kagome supo que debía controlarse. El hombre volvió a hacer chocar la espada contra la suya, esta vez ella fue más diestra, le devolvió el golpe. Bankotsu frunció el ceño y se acercó más deseando desarmarla. Sin embargo la joven respondió a todas sus embestidas.
- Así que has practicado...- Dijo él arrugando la frente. Luego sonrió con malicia-... pero no lo suficiente.- Hizo un movimiento rápido y el filo de la espada rasgó la tela de su vestido en el brazo. La joven sintió la herida arder. No era muy grande, pero sí algo profunda. Hizo una mueca y embistió otra vez contra Bankotsu.- No sacas nada con hacer esto...- Dijo el hombre sonriendo, se acercó a ella y la empujó desde el pecho con todas sus fuerzas. La muchacha calló un par de metros más allá y vio con horror como él esta vez se acercaba rápido a Inuyasha-... vas a perder... estas acabada... pero primero debes ver morir a tu Inuyasha.
Se acercó al hombre que yacía aun respirando débilmente el piso y alzó la espada en el aire. Lo mataría, lo mataría sin remordimientos y sin importarle nada.
- Te odio maldito... no sabes cuanto te odio...-Musitó con rencor mirando al hacendado que entrecerró los ojos.
Kagome palideció y se levantó en segundos, antes de que le diera una estocada cruel en pleno pecho a Inuyasha, ella lo alcanzó, la espada del propio Inuyasha se clavó en la espalda de Bankotsu. Kagome tenía las manos fuertemente apoyadas en la empuñadura, con el corazón casi en la boca y el rostro sudado. Soltó la espada y retrocedió un paso, Bankotsu volteó lentamente y cuando la miró con sorpresa comenzó a salir sangre de su boca. Y en ese momento ella lo comprendió. Comprendió las palabras de Inuyasha. "Si yo veo que la persona que amo esta en peligro, que sufre por culpa de alguien¡lo mato!"
Bankotsu cayó de rodillas mientras Kagome corría otra vez donde Inuyasha, le tomó la cabeza y sollozó al ver su palidez y lo frío que estaba.
- ¡Inuyasha!... ¡¡¡Inuyasha!!!
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- Vi a esa niña... Enju... vagando en un pueblo que esta a tres días de aquí... pidiendo limosna... y también vi a esa mujer... Kikyo... casada con un hombre rico pero muy cruel... Naraku... creo que se llama...
Miroku suspiró pesadamente mientras Sango lo miraba con atención.
- No podemos hacer nada... pienso que... es como un castigo... – Respondió en cambio mientras volteaba y se miraba la horrorosa humita que estaba en aquel tieso cuello de su camisa. Se sentía ridículo, pero qué más daba, así estarían vestidos todos. Sintió un abrazo protector desde la espalda, sonrió y miró a la muchacha a través del espejo- Luces hermosa... – Volteó y observó a la joven con ojos lleno de amor. Estaba vestida con un traje azul claro, muy elegante y distinguido. Llevaba una coleta graciosa adornada con una flor con piedras preciosas del mismo color del vestido entre sus cabellos. No había ya rastros de la herida en su brazo. Él sonrió. Esta noche le pediría matrimonio.
- Me siento ridícula...- Musitó ella tomando el borde del vestido-... esto no es para mí... no...
Se acercó a ella y la besó con suavidad en los labios.
- Pareces una reina...- Murmuró. Sango se ruborizó y luego le sonrió. Se tomó de su brazo y ambos caminaron hasta el salón.
Habían pasado ya casi dos meses desde que existía un nuevo Gobernador en el pueblo. Había sido elegido por decreto del propio Rey y nadie se había opuesto a sus deseos, al contrario, estaban convencidos que no había una persona más idónea para ese cargo que él.
Cuando Miroku y Sango entraron al salón estaban todos allí esperando. Vieron a Shippo al lado de Rin, que venía otra vez de visita junto con su serio padre, que estaba no muy lejos observando incómodo el lugar, pero Miroku sonrió, sabía que había venido no por obligación. Los ancianos estaba también allí, fieles como siempre, esta vez no como criados, sentados el uno al lado del otro conversando animadamente.
La música cesó entonces todos posaron su vista a la entrada de la puerta del salón. Allí estaban ellos, tomados de la mano, sonrientes y felices sin lugar a dudas.
Inuyasha dio un paso y Kagome lo siguió. Se escuchó de inmediato un "¡Vida el nuevo Gobernador!" al cual todos respondieron con "¡Viva por siempre!".
La ex novicia se quedó de pie mientras veía como el que ahora sí era su esposo era saludado y honrado por todas las personas que se encontraban allí. Incluso Sesshoumaru le dio la mano y lo felicitó por su cargo. El joven hacendado sonrió y apretó extrañamente más la mano esquiva de su medio hermano, agradecido.
- ¿Sabes? De alguna forma debo darte las gracias...- El otro frunció el ceño sin entender-... si no hubieras venido a mi hacienda... si no te hubieras enamorado de Kagome... si no le hubieras enseñado a utilizar una espada... ahora estaría muerto.
- Si fue Kagome quien te salvó de las garras de la muerte...- Respondió el otro con frialdad-... no deberías agradecerme a mi, sino a ella.
Inuyasha ladeó el rostro hacia la chica y le sonrió bobamente enamorado.
- Créeme que se lo he agradecido muchas veces...
Sesshoumaru entornó los ojos sin poder evitarlo.
El nuevo Gobernador fue saludado por muchas personas y así fue transcurriendo la velada. Un momento más tarde se escabulló de la gente y caminó rápido hasta el balcón de la habitación continua en donde sabía estaba ella. Y no equivocó. A Kagome siempre le había gustado aquella mansión, ahora reconstruida por completo después del incendio. Tenía una vista hermosa al mar, se sentía protegida y casi en el cielo. Inuyasha entonces deslizó sus manos suavemente en su cintura, desde atrás y susurró en su oído.
- ¿Qué haces?
Ella sonrió y volteó quedando encerrada en su abrazo.
- Agradezco... otra vez a Dios por tenerte a mi lado... - Respondió, alzándose un puntitas y besando furtivamente sus labios. El pestañeó confundido y luego sonrió.- Estoy muy orgullosa de ti ¿sabes?- Agregó la muchacha con emoción.
- ¿Si?
- Eres el Gobernador... podrás hacer mucho por toda la gente del pueblo... sin necesidad de esconderte bajo el personaje del Mercenario... aunque...- Los ojos de Kagome brillaron demasiado y él sonrió abiertamente-... me gustaría verlo otra vez... esta noche... - Agregó en un susurro.
Lo escuchó reír y luego el agarre en su cintura se hizo más firme, Inuyasha bajó el rostro y besó con suavidad su cuello.
- Por ti cualquier cosa... eres una tentación demasiado difícil de ignorar...
Kagome sonrió y se abrazó a su cuello con firmeza.
- No, Inuyasha... tú eres la tentación... - Kagome sintió un nudo en la garganta al recodar aquella vez. Lo creía casi muerto y sólo su fuerza interior lo había salvado. Lo miró directo a los ojos con completa devoción-... y si te hubiese pasado algo... yo, me muero.
El hombre se acercó a su boca y la besó. El sabor de sus labios, el dulzor de su lengua, el cálido tacto de sus dedos le encendió la sangre otra vez. Inuyasha se separó rápidamente y sus ojos tomaron un matiz oscuro y libidinoso que ella reconoció en seguida. Agitada y deseada, respiró con fuerza sonriendo luego con ternura.
- Oye...- Susurró Inuyasha tomando su mano, la argolla de matrimonio brilló a la luz de la luna-... ¿no quieres... ver al Mercenario ahora mismo?
Kagome rió y luego de un momento meneó la cabeza.
- Mmm... pensándolo bien... creo que no... quisiera estar mejor con mi esposo... a él es a quien amo más que a nada... más que a nada en el mundo.
Inuyasha sonrió y la abrazó fuertemente. La muchacha sonrió y acercó el rostro a su pecho. Aspiró el aroma varonil de su loción y su corazón latió con fuerza. Sí, ella ahora entendía que daría todo por él. Desde el principio fue así, una tentación difícil de dejar escapar, tanto así como para hacerla actuar de la forma en que lo había hecho. No se arrepentía, había sido su vida o la del otro demonio. Y no había duda, haría una y mil veces lo que fuera necesario para tenerlo a su lado. Era una tentación, sonrió, irresistible de no caer en ella...
FIN
N/A: Muchas gracias a cada uno de ustedes por todos sus comentarios y por seguirme hasta aquí. Como siempre, el amor triunfa. Ahora me tomaré mis siempre ignoradas "vacaciones"... en realidad creo que esta vez lo haré porque tengo una muñeca medio lastimada así que apenas me dejó escribir este capítulo jeje (la mala suerte del escritor es lastimarse la mano jeje) ya sanará, no es nada grave en todo caso, un ligero distendimiento del tendón jaja.
Bueno, gracias otra vez por hacer de este fic un exito tan grande, por los más de mil reviews, por querer tanto como yo a la pareja Inuyasha y Kagome y por creer en el amor incondicional y sincero de ellos. Es el fic más largo que he escrito y el que más tiempo me ha tomado escribir ¡casi 5 meses! n.n Todo un logro personal. Un nuevo fic terminado y mi conciencia queda tranquila jaja.
¡Ah! con respecto al fic "Corazón de Piedra" que vieron aparecer por ahí, jeje, lo que pasa es que como fue uno de los primeros en publicar tenía varios problemas de configuración, no le hice ningún cambio de contenido, no agregué ni quité ni una palabra, lo único que hice fue poner este símbolo "-" (el guión) antes de cada conversación, nada más... ah! y tiene 22 capítulos en vez de 21 porque cuando recien puse el fic, hace como dos años atrás ya, el capítulo 1 y 2 los puse juntos como capítulo 1, ahora los puse por separado.
¡Ah! y si quieres publicar este fic o cualquiera de los que he escrito en alguna página, PRIMERO DEBEN ESCRIBIRME A MI MAIL PARA PEDIRME PERMISO, de lo contrario hay problemas de plagio que realmente son desagradables.
Bien, me despido porque realmente estoy muy cansada, cuídense mucho y espero verlas muy pronto.
Lady Sakura Lee
Septiembre 02 de 2007.
